A los docentes y equipos de mis instituciones




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¿QUE ES EL ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA?
Inspirado en el recomendable libro de John Keit Wood y colaboradores, ¨Abordagem Centrada na Pessoa¨, editado en Brasil, realizaré algunas consideraciones acerca de que es el ECP, como propuesta de pensamiento y acción.

Según los autores mencionados el ECP (o ACP en tanto Abordaje es como lo han traducido en Brasil), no es una teoría, una terapia, una psicología, ni una tradición.

No es una línea, como por ejemplo las líneas Sistémicas, Comportamentalistas, o Cognitivas.

No se lo puede enmarcar como una Filosofía, aunque tenga en sus raíces conceptos claramente explicitados de Existencialismo y Fenomenología.

Tampoco es un movimiento de la Psicología o la Sociología.

¿Entonces qué es?:

Meramente un abordaje, un enfoque, una aproximación, nada más y nada menos que eso. Como nos dijo Carl Rogers es un modo de ser, una posición o postura existencial, un reto que nos impulsa a encarar las relaciones desde algunos puntos de vista que lo sintetizan y consisten en una:

- perspectiva de vida positiva

  • creencia en una Tendencia Formativa direccional del universo, y que por lo tanto, siendo parte del mismo, la compartimos en su orden de despliegue, desde cualidades propias de nuestra especie.

  • intención de ser eficaz en nuestros propios objetivos. En el caso de la Terapia Centrada en la Persona del Cliente, por ejemplo, la intención de ayudar a un otro ser humano a realizar cambios constructivos en su personalidad.

- respetabilidad por el individuo, por su autonomía y dignidad.

  • flexibilidad de pensamiento y de acción, que conduzca a la apertura hacia lo que la experiencia nos dice, sin prejuicios teóricos.

  • tolerancia a la ambigüedad y a la incerteza.

  • Humildad, sentido del humor, y curiosidad.


Si no es lo que parece ser ( según los autores mencionados), y es lo que es, un todo que engloba todos los pareceres mencionados no siendo, como Enfoque o Abordaje, ninguno en particular, es difícil decir que el ECP posee una teoría unitaria que englobe todos los aspectos que abarca.

Desde esta posición no podemos dar cuenta de una teoría del ECP, tampoco contaríamos con un método específico, en tanto este puede variar en función de lo que las circunstancias demanden.
Según John K. Wood, observamos que la única teoría que poseemos, coherente y bien documentada, así como fundamentada en la experiencia y en las investigaciones, es la Terapia Centrada en la Persona del Consultante.

Es por eso que a partir de ella (de la teoría de la terapia y la personalidad) existe un método, no tan bien especificado como su teoría, una técnica personal de Carl Rogers, para conducir las entrevistas o sesiones, y el proceso de ayuda, sea desde la Psicoterapia como desde el Counseling.
Sin embargo desde la teoría y práctica de la Psicoterapia y el Counseling, surgen conceptos que van derivando hacia una praxis en los campos educacionales, laborales, sociales, y pastorales.
Este proceso tuvo el siguiente devenir, con hitos puntuales que lo fueron marcando, y de los cuales dieron cuenta algunas publicaciones, entre los más de 20 libros que C. Rogers escribió.


  1. Actitudes del Counselor y Psicoterapeuta. ¨Counseling y Psicoterapia¨ 1942.

  2. Métodos de la Terapia. ¨Psicoterapia Centrada en el Cliente¨. 1951

  3. Experiencia de los procesos internos. ¨El proceso de Convertirse en Persona¨. 1961

  4. Facilitación del Aprendizaje. ¨Libertad y Creatividad en Educación¨.1969

  5. Relaciones interpersonales. ¨Grupos de Encuentro¨.1970

  6. Procesos sociales, y transformación cultural. ¨El poder de la Persona¨ 1977, y ¨ El Camino del Ser¨ 1980.


Es interesante observar dos grandes períodos, uno que abarca los primeros veinte y cinco años dedicados a los procesos de cambio de los individuos, y los segundos a las interacciones sociales y los cambios culturales.
Desde otra perspectiva, la de Germain Lietaer, la evolución del paradigma de C. Rogers devino de una inicial actitud no directiva, hacia una actitud experiencial.

A mi entender, el aporte de este autor remite al accionar terapéutico, y sus observaciones, de las cuales podré dar cuenta más adelante, nos serán útiles para reflexionar acerca de los ejes del ECP y sus aplicaciones, entre ellas la terapéutica.
En ese camino de traslado y amplificación, tanto conceptual como práctico, y en cuanto podemos observar una manifiesta congruencia en lo que se postula esencialmente, se constituye el ECP.
Abordo desde aquí la pretensión de captar el eje, la esencia, el espíritu de nuestro modelo, que se mantiene invariable, el Mi del ECP, tanto en su práctica de las relaciones de ayuda, como en sus campos más abarcativos de aplicación.

EL MÍ DEL ECP
Con estas proposiciones iniciales, que deben servir para contextualizar mi propuesta de acceder a lo propio, al mi, del que consideramos nuestro Enfoque, he considerado acceder desde una aproximación fenomenológica, a partir de la cual, haciendo una reducción o epogé, ir descartando variables comunes a otros modelos, que por su formulación no sean esenciales, o se enmarquen en otros conceptos que los abarcan.

Pretendo alcanzar el concepto o idea, que de no darse el Enfoque no sería lo que es.
Me propongo una aproximación a lo general, y no a los innumerables detalles que están explícitos e implícitos en la teoría de Carl Rogers, con el objetivo de acceder a ejes primarios que, colocados en un carné de identidad, nos diría que somos lo que queremos decir que somos y no otra cosa.

Además, ir a los detalles de todo el trabajo del ECP, podría en esta instancia detenernos en discusiones bizantinas, lo cual no descarto como probable trabajo a desarrollar en el futuro.
Una primera aproximación me hace descartar la pertenencia a la Filosofía Existencial, al Humanismo, e incluso a la Fenomenología como método, dado que si bien es indudable que conforman su ideario de base y su cosmovisión, otras líneas teóricas también adhieren a los mismos.
Por tanto decir que somos Humanistas, Existenciales y Fenomenológicos, no nos define, sino que nos ubica dentro de la tercera fuerza, lo cual no alcanza para darnos la identidad esencial, que marca la diferencia aún en la similitud.
Vale, en este momento, reforzar la idea de que una identidad define lo propio, sin negar la pertenencia a un género más amplio, que por supuesto también es parte de su modo de ser.
La identidad de un modelo es un recorte por sobre otros recortes, y lo que aquí pretendo es alcanzar el recorte máximo posible, cual disección hasta llegar a la célula primaria de un órgano.
Decir que somos parte de la Psicología Humanística, es primero referir que somos Psicología (recorte por sobre otras disciplinas humanísticas), y luego ubicarnos en un nicho más acotado, el de los Humanistas (recorte de diferencia por sobre otras líneas de la Psicología).
Este espacio de pertenencia, en el cual nos sentimos muy cómodos, y acompañados por Escuelas y Teorías que poseen profundas coincidencias ideológicas, filosóficas y metodológicas, es como el de una familia, claramente diferenciada de otras, en la cual cada uno de sus miembros se autodefine en si mismo, diferenciándose, aún cuando diga coparticipar de la misma ¨sangre¨.
De la construcción de la teoría de la Personalidad de C. Rogers, podría decir que es única e irrepetible en todos sus aspectos, por ello me atrevería a decir que su conocimiento y aplicación como un todo da cuenta del ECP o la TCPC, y después se traslada hacia el Enfoque como propuesta más general en ciencias humanas.
Sin embargo hay inevitables aspectos de coincidencia con otros counselors y psicólogos humanistas (incluso con el mismo Freud, y el Comportamentalismo).

Por supuesto que nadie piensa, elabora y escribe desde el vacío, y en esos aspectos comunes se puede observar la incidencia de la formación previa del creador de nuestro enfoque.
Entonces si bien su construcción es propia y exclusiva, en su contexto holístico podríamos decir por ejemplo que:

  • Hablar de defensas del modo que lo hace, lo acerca a Freud.

  • Mencionar al experiencing, libertad de experiencia, aquí y ahora, es común a la Gestalt y varias psicologías humanísticas.

  • Referir a distintos niveles de conciencia es común a los existenciales.

  • Definir la noción de si mismo, es como concepto, equiparable a varias teorías del Self o Noción de Sí Mismo.

  • Brindar importancia a la aceptación de las personas criterio, en un adecuado clima de relación cálida y amorosa, se aproximaría a algunos conceptos de Winnicott.

  • Explicar la influencia conductual de la percepción y las conductas de los padres o educadores, es de índole similar al neoconductismo, en tanto formación de las construcciones perceptuales.

  • En relación a estas últimas, los aportes del cognitivismo en la formación de los constructos, es de índole similar a como lo formula Rogers ( en realidad el lo realizó primero)


En esta instancia de mi escrito no puedo obviar que, como dije en un principio, muchas de las concepciones de nuestro maestro inspirador han sido, por su condición de verdad, subsumidas en otras teorías, por lo tanto se hace difícil considerar aspectos que le siguen perteneciendo y le son exclusivos, sino son integrados en un ECP totalizador, que posea una columna vertebral inmutable y esencial.
Continuando esta reducción a la idea base, de manera espontánea y en forma deductiva, voy descartando lo no esencial tanto en lo específicamente terapéutico, como en los campos más amplios de nuestro enfoque.
- La tendencia a la actualización, coincide con la noción de tendencia formativa, y se asimila a la de auto actualización de K. Goldstein y autorrealización de A. Maslow. Incluso, si bien posterior, a la noción de auto poiesis de H. Maturana. Varios autores del Humanismo, y pensadores Orientales, coinciden en estas hipótesis acerca de la “energía” motivadora hacia el crecimiento. Más aún, si bien desde un orden diferente, la concepción Freudiana de Pulsión de Vida, podría asimilarse como antecedente.

- La importancia del clima y atmósfera en una relación de ayuda es común a muchas concepciones que hablan de calidez y actitud positiva.

- El valor que explicita acerca de la comprensión, se observa previamente en la Psicología Comprensiva de Dilthey.

- La noción de no posesión del poder de la cura, ha sido planteada posteriormente por Jacques Lacán.

- La concepción positiva y liberal del hombre es común al humanismo.

- Acuerdo- desacuerdo interno, congruencia-incongruencia, autenticidad- inautenticidad, reacciones ante la amenaza o la no amenaza, son polaridades que varias teorías poseen, sobre todo las humanísticas existenciales.

- La confianza en la persona, la noción de totalidad, de no estar dividido en partes, la importancia del encuentro, la mirada teleológica acerca de la intencionalidad u orientación por el sentido, la concepción de conciencia, de autonomía y otras afines, son también comunes al movimiento general de pertenencia, el humanismo.

- La congruencia o autenticidad como actitud, y el método fenomenológico en la terapia, son también planteados por los Gestaltistas, y los fenomenólogos existenciales. (Si bien aquí haremos un apartado especial sobre como se toma en cuenta la congruencia desde el ECP)

- La noción de proceso terapéutico, si bien planteado de manera original en sus cuatro etapas: Descripción, Análisis, Valoración e Integración

(Proceso DAVI como suelo denominarlo tomando sus siglas como regla mnemotécnica)), podría ser asimilado con facilidad por otros, incluso en las nociones de camino de la desorganización hacia la integración.

- Otro tanto podríamos decir de aquella descripción que nos hace Carl Rogers acerca de las siete etapas o momentos posibles del desarrollo de un consultante, de mayor a menor nivel de rigidez perceptual, que acercaría nuevamente a otros autores de lo humanístico que planteen un camino terapéutico de apertura experiencial.

- El tema de lo experiencial, que algunos autores consideran propio del ECP, es compartido por variadas modalidades del humanismo y lo transpersonal, aún quizás por lo freudianos cuando hablan del insigth.

- La noción de encuentro, tan cara al enfoque, podría ser compartida por J. Moreno, así como su planteo de la telé se acerca al nuestro de empatía vincular.
Instalado en este devenir, pienso por ejemplo en los aportes de E. Gendlin y el Focusing, de R. Carkuff y su propuesta del como conducir los procesos de ayuda, así como sus replanteos teórico-prácticos.

Observo las consideraciones de A. Lazarus, un neoconductista que integra a Rogers en su terapia multimodal.

Leo a David Brazier, y sus colegas, en ¨Más Allá de Carl Rogers¨.

Estoy consustanciado con la propuesta de Natalie Rogers y su Arteterapia.

Conozco los planteos teóricos de Claudio Rud y su integración del Psicodrama de Moreno, así como los de Manuel Artiles y su inclusión del Ensueño Despierto, y de Alberto Morra con la PNL y las neurociencias.

Presencio y comparto la entrama que hace Roberto Braude de la Homeopatía y el Enfoque.

Coparticipo, y he intercambiado profundas ideas con mis amigos del Brasil, tales como Afonso H. Lisboa Da Fonseca, Rachel Lea Rosemberg, y el querido recordado John Wood, asi como más actualmente con Antonio Coppe en los cuales he observado adherencias, modificaciones a ciertas maneras de pensar o encarar el Enfoque.

Recuerdo y releo el artículo sobre ECP y Anarquismo de mi colega Luiz Enrique de Sa, y la asimilación que hace entre uno y otro, y allá por los noventa, aconsejándonos ser ¨conservadoramente anárquicos¨, en nuestro proceso de institucionalización del Enfoque en Latinoamérica.

Yo mismo he elaborado para las relaciones de ayuda, el Enfoque Holístico Centrado en la Persona, que he desarrollado en tres de mis libros anteriores (Estar Presente, Que es el Counseling y Desplegarse)
¿De quien o de quienes podríamos aseverar que son o no son copartícipes del modelo que planteamos, aún en sus correcciones, modificaciones o replanteos, tanto teóricos como técnicos, y hasta ideológicos?
En el momento de la construcción de este trabajo, el Dr. Bernardo Kerman, Secretario Científico de la Universidad de Flores, me obsequia su libro ¨Nuevas Ciencias de la Conducta¨, de editorial UFLO, en cual dedica un capítulo a Carl Rogers y su teoría.

En el mismo, en su página 174, se pregunta: ¿Cuales son los puntos en común que tiene esta psicoterapia con otras escuelas? Veamos algunos para enriquecer lo que venimos diciendo, en este caso en el ámbito terapéutico:
Con la terapia Gestáltica

Concepción Humanística Existencial

Énfasis en las perturbaciones del contacto

Auto actualización

Trabajo en el aquí y ahora
Con el Análisis Transaccional

Enfoque Humanista

Énfasis en la autodeterminación

Actitud terapéutica

Modelo de aprendizaje en lugar del modelo médico de enfermedad

Caricias positivas incondicionales

Padre nutritivo en el vínculo
Con la Logoterapia

Concepción Humanística Existencial

Sentido de la Vida de V. Frankl, como similar a la auto actualización

Actitud Terapéutica de similares condiciones.
Con la Terapia Cognitiva

Concepción Humanística

Trabajo central con las cogniciones, en comparación con los reflejos cognitivos.
Con la PNL

Trabajo en el aquí y ahora

Importancia del proceso

Acompañamiento

Uso de los mismos canales de comunicación

En este camino de reducción y desmenuzamiento me invade una sensación de parálisis mental, prototípica de todo intento de este tipo.

Puedo así sentir que estoy encontrando algunos conceptos que por ahora me detienen y no puedo reducir o subsumir en otros, por lo tanto me tiento a tomarlos y considerarlos nodales o nucleares, y de difícil reducción, como el átomo que luego se hace quarz.
Conceptos Nodales tal como aparecen hasta ahora en mi reducción
- La no directividad, no la no dirección o desgobierno en palabras de Luiz de Sa.

- La incondicionalidad o aceptación positiva incondicional, como actitud esencial, y no la falta de límites, o carencia de valores, como algunos siguen pensando.

- La empatía como actitud de presencia centrada en el otro, no como técnica generadora de clima para acciones terapéuticas posteriores como la utilizan E. Kohut o A. Lazarus.

- La respuesta empática, reflejo o chequeo de percepciones, como resultado de los puntos anteriores, en una acción terapéutica concreta, no como una técnica más, sino como un estar ante un otro en forma coherente con la ECP o TCPC.

Hasta donde he llegado, considero que las nociones de no directividad, aceptación incondicional, comprehensión empática, y la respuesta empática como acción o dispositivo, tal como nosotros las comprendemos nos definen y ubican en el Enfoque, y no en otra línea de las denominadas humanísticas.
Entonces, ¿podríamos decir que alguien que abraza la no directividad, la empatía e incondicionalidad en sus relaciones interpersonales, y si es terapeuta o Counselor, utiliza esencialmente la respuesta empática o el reflejo (aunque agregue otros recursos) en su trabajo profesional, pertenece a nuestro enfoque?
Recuerdo en este instante los párrafos iniciales de mi primer trabajo escrito para la cátedra de Psicología de la Personalidad, de la cual era docente, en la Universidad Nacional de Buenos Aires: “Introducción al Pensamiento de Carl Rogers: ¨ Es muy difícil poder unir el estudio intelectual del Dr. Carl Rogers con una formación en esta orientación. Es imposible formarse ¨rogeriano¨ solamente leyendo a Rogers. Se puede saber Rogers y no ser ¨rogeriano¨, como se puede ser ¨rogeriano¨ y no saber Rogers, porque ser ¨rogeriano¨ implica una actitud personal hacia el otro, basada en el respeto por la individualidad, y la confianza en las tendencias hacia el desarrollo potencial¨. (Ver mi libro Estar Presente, pág. 27).
Es curioso lo que me pasa, aquello fue lo primero que escribí como parte de mi rol docente, aquello inicia el trabajo, entonces es de verdad totalmente lo primero que dije para otros sobre Carl Rogers, han pasado treinta años, y los adscribo desde su inmutabilidad hasta hoy.
Este ha sido mi eje, mi epogé de identidad profesional, el del respeto por el individuo, y la confianza en las tendencias hacia el desarrollo potencial, que está en todo vínculo que se imprima desde la intención de no influir en alguna dirección, que por lo tanto sea incondicional con el mundo valorativo del otro, y que trasmita presencia empática, en lo posible mutua.
Recuerdo, también ahora, el aporte de D. Brazier, en lo que respecta a que de alguna manera nuestra tarea es ser empáticos e incondicionales, y que si el consultante logra asimilar ese modo de ser en el mundo, para consigo mismo y los demás, todo cambia para bien. (¨ Más Allá de Carl Rogers¨, parte primera, cap. tres, ¨La condición necesaria es amor¨)
¿Es entonces lo esencial de nuestro modelo el considerar posible que el otro despliegue sus potencialidades, aunque esto pueda ser común con otros denominados también humanísticos existenciales, y que eso depende del modo de vínculo que se establezca, haciendo una propia propuesta ¨Centrada en La Persona¨?
¿Que sería, entonces, lo que conlleva a ese centramiento, y que es solo propio e indiscutible de la propuesta de Rogers?
Al principio de este trabajo mencioné la concepción del Mi con la fuente, con el origen de lo que somos inmutables toda la vida, por más que le agreguemos aditamentos yoicos, cual es el Mi de la propuesta rogeriana, que como todo Mi se genera en sus comienzos y persiste inalterable.

Como en el famoso seminario “La Carta Robada” de J. Lacan, estaba ahí, a la vista, desde sus comienzos. Veamos porqué considero que con ese solo concepto damos cuenta de todo lo demás, que inevitablemente hubo que construir ¨Yoicamente¨, para fundamentarlo y adornarlo (porque parece demasiado simple).
Es muy curioso observar como nuestras madres saben de qué se trata aquello que nos define desde chiquitos, aunque hoy tengamos más de cincuenta y tantos años como yo.

De la misma manera los que saben del mundo Psi, definen a los ¨rogerianos¨ sin dudar como terapeutas no directivos.
Lo obvio, y como tal lo rápidamente descartado por muchos, ha sido el concepto y la denominación inicial que propuso Carl Rogers para su sistema de pensamiento y acción, “Psicoterapia No directiva ¨.
Podemos decir que lo hizo para diferenciarse de otros, y como después le pareció insuficiente denominarse por lo que no era, buscó otras formas de autodenominar lo suyo, y aunque hoy seamos el E.C.P., su columna vertebral sigue siendo la concepción de la no directividad.
Ya no como negación, sino como afirmación de lo que es.
Pienso con Mariano Yela, cuando en 1967 escribió el prólogo a la edición castellana del libro ¨Psicoterapia y Relaciones Humanas¨ de C. Rogers y M. Kinget, editado por Alfaguara, y lo tituló ¨Una Psicoterapia de la Libertad¨.

En ese texto, en la página once, nos dice: ¨La psicoterapia de Rogers no sólo es psicoterapia de la libertad, sino que es solo psicoterapia de la libertad. De ahí la terminología negativa con que abundantemente describe Rogers su teoría y su método:

No-directivo, no-técnico, no-interpretativo, no-diagnóstico. Nadie puede ser libre por otro. Nadie puede hacer libre a otro desde fuera. Cada uno tiene que liberarse a si mismo. No se puede ser quién es, sino siéndolo, buscándose.

El psicoterapeuta no dirige, es decir, no aplica ningún procedimiento al paciente para obtener de él tal o cual resultado. Hacerlo sería manejar al otro, decidir por él, tratarlo, en suma, como cosa, enajenarlo.¨
El concepto de no directividad, si bien surge de la profesión de psicoterapeuta que ejercía C. Rogers en ese entonces, que luego denominó Terapia Centrada en el Cliente , fue trasladado como basamento a los campos educacionales, pastorales, laborales y sociales, en donde ya como E.C.P ha hecho grandes desarrollos.
Me atrevo a decir que este concepto esconde el germen de una mirada y posición filosófica, sociológica y política, que culmina como exposición tentativa en las cuarta y quinta partes de su libro ¨El poder de la Persona¨, que tituló ¨Una nueva Figura Política ¨ y ¨En una Cápsula¨, respectivamente.
Considero que si nuestro Enfoque es algo más que una Psicología, una excelente Terapia, y más que ella, una posición ante las relaciones humanas en general, es por haber sostenido, ampliado y aplicado un concepto eje: la noción de no directividad.
Ser no directivo es una posición existencial, una profunda convicción de que el poder de la persona está en si misma, solo hay que crear las condiciones para que emerja, y esas condiciones son las que Rogers luego desarrolla metodológicamente.
Ser no directivo es una decisión que asume alguien a quién se le atribuye por su rol una dirección directiva, y la cambia para pro-mover la relación no directivamente.
Las atribuciones de rol son las que lo definen ante otros, y le dan su nominación, y tal como se le nombra, es que se espera una serie de respuestas de acción.
Hay roles, los de terapeutas, educadores, padres, sacerdotes, pastores, directores de empresas, o secciones de las mismas, políticos, economistas, personas influyentes y líderes en general, de los cuales cada cultura construye y espera un modo de ejecutarlos.
La cultura constructora del rol, elabora su propuesta con el objetivo que la ejecución del mismo consolide su estructura, y de esa manera confirme sus valores y su sentido.
La decisión de ser no directivo, en un rol del cual se espera lo contrario, coloca al que lo decide en un subversivo, un generador de otro modelo, y en ello ha residido el gran valor de la propuesta de C. Rogers.

Su gran e inicial descubrimiento fue el salirse de los modelos previamente establecidos, y que aún hoy continúan en vigencia, aquellos que atribuyen el poder de la cura y la dirección del tratamiento al profesional.
Ser no directivo, asigna una serie de condiciones muy precisas a aquel que decide conducirse de ese rol, todas ellas conducen a la entrega del poder, que inicialmente se supone posee el que toma esa decisión, y que si quisiera podría ejercerlo.
Ser no directivo conduce al traspaso del deseo, al compartirlo, al entregarlo al vínculo, al mostrar al otro que es capaz de asumir el propio, se genera un campo vincular, en donde la percepción inicial de cada uno, se transforma en el conjunto que se establece.
Ser no directivo en una relación de ayuda, tal como empezó C. Rogers, fue el inicio de una propuesta; la de que cada uno de nosotros tiene en si mismo la posibilidad de ser el deseo de ser Persona desde si mismo.
Toda su obra trató, a posteriori, de este gran descubrimiento: fundamentar los modos posibles para que esa no directividad tenga cauce en una relación, sea de ayuda (Counseling o Psicoterapia), sea entre padres e hijos, sea en una pareja, en grupos, en sociedades, y o en cualquier relación interpersonal que pretenda el crecimiento de las partes implicadas.
Ser no directivo apunta a la dirección compartida, para que desde allí cada uno encuentre la propia, es la entrega del poder para poseerlo juntos, o para que, (si así corresponde) lo posea el otro.
Es por definición un acto de respeto amoroso por el otro, que implica en su expresión relacional una intención de desapego por parte del que lo ejercita.
Su teoría de la Personalidad brilla por su coherencia cuando se la alumbra a la luz de relaciones de mayor o menor respeto por la experiencia del otro, siendo las primeras fuentes del funcionamiento óptimo, y las segundas de trabas y perturbaciones en el mismo.
Desde una postura no directiva, como átomo de nuestro estar presente acompañando al otro (sea un consultante, un alumno, un par o nuestro propio hijo), surgen las demás características que se atribuyen a ese Rol. Entre ellas los dispositivos actitudinales, y los modos en que se establecen las relaciones, de ello da cuenta la TCPC en su ámbito de acción terapéutico, y el ECP en su amplificación hacia las interacciones humanas en general.
Pensemos, y disculpen la insistencia explicativa, que lo primero que descubrió Rogers, fue que cuando no pretendía dirigir los procesos de ayuda, a eso niños que tuvieron la suerte de contar con él, en Rochester, estos se hacían dueños de sus propios sentimientos y actos.

Cuando solamente los escuchaba con atención, no los valoraba desde afuera, sino que aceptaba lo propio de esos niños, estos comenzaban a confiar en sus propias percepciones de la experiencia que vivían.

Cuando, posteriormente, aplicó esta modalidad de escucha con adultos, llegó a los mismos resultados.
Necesidades y exigencias de su rol académico lo obligaron a tener que explicar conceptualmente lo que había estado haciendo, y allí, luego del darse cuenta de su no directividad básica, pudo pensar la comprehensión empática, la autenticidad congruente y la aceptación incondicional, como sustentos instrumentales en su pretensión de no dirigirlos hacia algún camino en especial.

El resultado positivo de muchos de los procesos encarados con la disposición no directiva, y los “instrumentos actitudinales”, permitió descubrir con la ayuda de colegas y alumnos, que lo que hacia ¨tecnicamente¨ debía nominárselo e investigarlo, de esto surgió la noción de Reflejo.

Al darse cuenta que, cuando los consultantes eran acompañados sin dirigir sus procesos amplificaba y generaba dispositivos de acción terapéutica, posibilitando que crecieran como mejores personas y desarrollaran capacidades que habían estado adormecidas (potencialidades), se acercó

teórica y prácticamente a las nociones de Autorrealización de A. Maslow y Auto actualización de K Goldstein.
El concepto de Tendencia Actualizante aparece aquí como fundamento de las observaciones clínicas y de los resultados concretos, que hicieron que tenga que pensar en la cualidad de lo humano en particular y de lo vivo en general.
Esta conceptualización, surgida de la experiencia y la observación clínica, luego se entramó con la posición de la Física en lo que respecta a las nociones de entropía y negentropía, vinculadas con la teoría acerca de la Tendencia Formativa del Universo, haciéndolo coparticipe de los nuevos paradigmas de las ciencias ¨duras¨.
El haber sido uno de los iniciadores de la cultura de los encuentros grupales, y el haberles colocado la impronta de la no directividad, generó a su vez un inmenso trabajo sobre dicho campo experiencial.

Su libro ¨Grupos de Encuentro¨ (Editorial Amorrortu), es donde expone el desarrollo de su teoría de los grupos, y un modo de trabajo que posicionó fuertemente su postura en el tema.
Otro tanto, sabemos, se manifestó en su tarea Educacional, de la cual tenemos la identidad de Educación Centrada en el Alumno, cuya base siguió siendo la no directividad en la enseñanza, como eje del aprendizaje significativo.
Los que estamos en educación sabemos de la importancia fundamental que se la da a la obra de Rogers, estando presente en todo debate profundo al respecto.
Posiblemente donde más haya tenido dificultades es en el Counseling Pastoral, porque en los ámbitos religiosos el concepto de autoridad es muy fuerte, tanto sea por la autoridad divina expresada en los textos sagrados, como en los sacerdotes, rabinos o pastores que poseen la posibilidad de ser intérpretes, trasmisores y mediadores entre los fieles y Dios.

Sin embargo tuvo, no sin esfuerzo, una importante acogida entre aquellos que creen que la gracia de Dios esta en todos nosotros, en nuestra interioridad, y que una postura no directiva facilita el encuentro con la fe, mucho más que la enseñanza doctrinal venida e impuesta desde fuera.
Otro tanto, y parecido, en el mundo de las Organizaciones, Empresas e Instituciones, en las cuales se toma cada vez más en cuenta nuestra postura, como medio para una mejor producción de los empleados en tanto mejora su calidad de vida, desarrollo y despliegue del potencial que posea. Puede que esto a algunos no les caiga bien, pero no hay dudas que un empresario tiene una empresa para su beneficio, y que si contrata un Psicólogo o un Counselor es para mejorar su objetivo.

Esto podría llevar a otro nivel de debate acerca del capitalismo, liberalismo, socialismo, que no incumbe a este trabajo, lo que si sabemos es que el ECP ha demostrado que es eficiente en las relaciones laborales, y cual paradoja desde la creación de un clima en donde la no directividad y la autogestión es la base del producto que se vende, los sectores ejecutivos y productivos se sienten y trabajan mejor.
Los que hemos estudiado el devenir de este pensamiento, y lo venimos ejerciendo en cualquiera de sus ámbitos, sabemos de la dificultad de aceptación que posee este concepto y postura de no- directividad.

Las personas han sido socializadas en un mundo de competencia, en donde los valores del poder por sobre el otro son fundantes, no solo de la economía sino de las relaciones interpersonales, aún las más íntimas.

Como sintetiza hábilmente el filósofo argentino Tomás Abraham, en su libro ¨La Empresa de Vivir¨, la filosofía de hoy es la economía, y los valores que se nos impregnan son los vinculados al éxito o al fracaso. Todo gira desde allí, y desde ese lugar interactuamos y se nos educa de niños.
La mayor parte de las personas creen casi imposible relacionarnos desde la no directividad, por ese cristal que le han puesto, aunque cuando escuchan nuestra explicaciones observan absortos y deseantes de que eso sea posible, aunque nos crean ingenuos, o en el mejor de los casos utópicos.

Puedo afirmar por otro lado, que en las relaciones afectivas, con amigos, en pareja, como hijo o como padre, cuando mejor nos va es cuando no pretendemos dirigir al otro, y valga otra paradoja cuando somos no directivos con la directividad del otro para con nosotros.
En el campo de las relaciones de ayuda, cuando se nos escucha decirnos no directivos, muchos colegas dicen serlo también, dicen a su vez que es obvio que la cura la debe dirigir el propio paciente, y es curioso porque hablan de cura y de paciente, y utilizan el modelo médico, desde el cual interpretan o leen sistemas y actúan, ambos con objetivos sanantes de patologías, individuales o vinculares.

Prefiero a aquellos que abiertamente no confían en nuestra postura ante casos difíciles, que se dicen a si mismos directivos, psicoterapeutas en el sentido usual del término, aquel que utiliza la palabra para curar a un paciente, y que creen que ante las patologías, sean graves o no, la no directividad no sirve.
Pero están los otros, los intermedios, los Lacanianos, que se dicen analistas y llaman a sus consultantes analizantes, que no se proponen objetivos psicoterapéuticos sino analíticos, que pretenden abdicar del poder del amo, ser fantasmas etc., con ellos puede dialogarse mejor, por lo menos no parecen confundidos ante el concepto de no directividad, aunque lo entiendan desde otro paradigma y por lo tanto, aunque es posible estén hablando de otra cosa, están muy cerca de nuestra posición.

En esto, la cercanía de M. Heidegger y M. Merleau Ponty con Lacán, y obviamente con Rogers, pueda ser un puente para establecer algún día.
Más curioso todavía es que algunos que se dicen del ECP, como por ejemplo el citado anteriormente Germain Lietaer, de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, cuestionan o consideran que la no directividad no es lo que identifica al enfoque.

Este colega, en un trabajo presentado en la mencionada Revista de Psicoterapia de Barcelona en su número 32, asegura que la evolución de nuestro maestro lo alejó de la no directividad. Dice textual, en la página 33 ¨ Por consiguiente, espero que el imposible concepto de no directividad, que Rogers ya abandonó en 1951!- desaparecerá como un problema candente dentro de nuestro paradigma y que prevalecerá una actitud de tolerancia y hasta de aceptación en cuanto a la variedad en el grado y tipo de directividad del proceso¨.

El autor de esa nota se muestra partidario de definir a nuestro enfoque como centrado en la experiencia, concepto que no reviste demasiado análisis, en tanto (como dijimos anteriormente) hay muchas modalidades terapéuticas que se centran en la experiencia y que no son el ECP.

Si el desea ser un experiencialista lo puede hacer desde varios modelos de la ayuda, por ejemplo desde la Gestalt, el Psicodrama o la Bioenergética, ahora si quiere serlo desde el ECP, deberá partir de una actitud esencialmente no directiva para trabajar “experiencialmente” con sus consultantes.

Sus deducciones se basan en el considerar un imposible la no dirección por parte del terapeuta de los procesos de ayuda, posiblemente por considerar que eso es la tarea de los Psicoterapeutas, o quizás por no haber tomado en cuenta su imposibilidad personal de no dirigir los procesos.

Cuando pretende fundamentar su postura cita a E. Gendlin, y lo sintetiza diciendo ¨Todas las prescripciones – se refiere al no interpretar, no responder preguntas de los clientes, no expresar la propia opinión, no manifestar agrado ni desagrado, no exponer aprecio por el cliente- apuntan siempre a no apartar al cliente de su propia senda experiencial y a no hacerlo dependiente del terapeuta¨.

En principio, la cita es correcta, pero no lo es, a mi criterio, deducir que un terapeuta ECP tiene que tener ese proceder. Por otra parte, lo que expone Lietaer, curiosamente, fortifica la idea de la no directividad como esencia de nuestro modelo.

Dice más adelante que la expresión dogmática de la no directividad quita libertad de acción a los terapeutas, porque lo reduce a adoptar una posición meramente receptiva y de espera. Afirma textualmente en la página 28 “Así la terapia centrada en el cliente evolucionó de no directiva a experiencial

(Gendlin, 1970, Pág. 549), y las intervenciones provenientes del marco de referencia propio del terapeuta ya no se siguieron viendo como fundamentalmente malas¨.

En la página siguiente dice: ¨ las antiguas reglas no directivas pueden transgredirse de una manera experiencial¨. Aunque reconoce más adelante ¨nuestra orientación terapéutica centrada en el cliente guarda sin embargo un matiz no directivo¨.

Curiosamente refuerza más adelante la idea no directiva, al compararla con la homeopatía en la búsqueda de la autocuración, desde un proceso autopropulsor de los consultantes. Dice en la Pág. 30 ¨Los terapeutas centrados en el cliente no asumen el rol de director, y de ninguna manera el de un gurú¨.

Prosiguiendo con la incongruencia teórica de este autor, y según parece de E. Gendlin, por lo menos en la opinión de Lietaer, culmina la primera parte de su trabajo con una cita de C. Rogers, que a su vez citaba a Lao- Tse:

¨Pero de un buen líder, que habla poco, que realiza su trabajo, que cumple sus objetivos, todos diremos: lo hicimos nosotros¨ ( Rogers, 1980).

SINTESIS CONCEPTUAL
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