Noemí M. Girbal-Blacha conicet-unq-unlp




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fecha de publicación27.10.2015
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Mujeres y Ciencia en la Argentina. Un diagnóstico desde las Ciencias Sociales y Humanas en el CONICET.

Noemí M. Girbal-Blacha

CONICET-UNQ-UNLP


Disertante Mujer&Sociedad 2005
1.- Introducción.
En América Latina existe, sin duda, una preocupación creciente por tener en cuenta la dimensión del género en el diseño de las políticas públicas de las cuales forma parte la política científica; pero esta decisión es aun insuficiente si el foco de análisis se sitúa en el sector de la ciencia y la tecnología.1 Este proceso es aun “embrionario y fragmentado”, si se siguen las apreciaciones de los estudios de la CEPAL como parte de un problema más amplio, el de la equidad social y el género.2

“A las mujeres les cupo demasiado frecuentemente el papel de heroínas trágicas”, se ha sostenido desde los medios periodíaticos3 de Buenos Aires, como prólogo a una serie de ejemplos que encuentran una singular expresión en el diccionario biográfico Doce Mil Grandes, dedicado a las ciencias físico-matemáticas y donde de 1.200 entradas sólo 6 corresponden a mujeres. La noticia procura reflejar, a partir de las conclusiones del encuentro sobre Ciencia y Tecnología organizado en FLACSO Buenos Aires por la Cátedra Regional UNESCO Mujer en el 3003, el largo camino que aun queda por recorrer para alcanzar la equidad de género, por los menos en el ámbito latinoamericano. La desigualdad de oportunidades, aunque sea a través de formas sutiles, existe y se hace presente de manera manifiesta en el ámbito científico tecnológico con la consolidación del “investigador profesional” 4, la aparición del gestor de la ciencia y ante la mayor jerarquía, el aumento en la responsabilidad y el mejor salario del cargo científico tecnológico a que se haga referencia. Así se desprende de los cálculos derivados de los indicadores de ciencia y tecnología para América Latina5 y de las recientes conclusiones de las ponencias presentadas por los representantes de México, Uruguay, Venezuela, Cuba, Brasil y la Argentina, en la mencionada reunión llevada a cabo en Buenos Aires.6

A fines de los años ´50 y en la década siguiente, como producto de la segunda posguerra, la mayoría de los países de América Latina crean -con rasgos más menos comunes- los llamados “Consejos de Ciencia y Tecnología” en respuesta a un modelo de política científica centralizada, reclamado por sus actores principales. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) responde a este tipo de modelo; es el máximo organismo científico tecnológico de la República Argentina. Creado en 1958 por el médico, biólogo y Premio Nobel Bernardo Houssay, concentra hoy casi 4.000 investigadores científicos, de los cuales menos de una cuarta parte pertenecen a las Ciencias Sociales y Humanas, al punto de permitirnos preguntar si el diagnóstico propuesto ¿ es algo más que un problema de género?

Desde sus orígenes como hoy existe un “infame límite” 7entre estas ciencias y las Ciencias Naturales. Un límite que como cualquier otra frontera admite un “tráfico” epistemológico y metodológico; transgredir ese límite ofrece en la actualidad menos riesgos que las oportunidades que franquearlo trae consigo. A pesar de estos cambios auspiciosos, la “eficacia particular de las metáforas científicas” sigue dependiendo de los recursos sociales tanto como de los tecnológicos y materiales, porque es sabido que el lenguaje científico cumple funciones cognitivas pero también políticas y que -como acaba de afirmar el filósofo francés Alain Badiou- “las ideas existen y tienen poder”.8

En este contexto y por razones históricas resulta interesante estudiar el caso del CONICET, por lo que institucionalmente representó y representa para la ciencia argentina. Conocer su forma de gobierno, su composición por áreas del conocimiento, por regiones, por categorías; sus rasgos etarios y, muy especialmente, de género, en el contexto de las ciencias y de la educación superior argentina, resulta necesario. Más aún es conocer las particularidades que caracterizan al campo de las Ciencias Sociales y Humanas, en relación con el universo científico en general y en la perspectiva de género.

Sobre la base de este diagnóstico ¿Cuál es el grado de participación y de oportunidades que tienen las mujeres en la ciencia argentina?; ¿Cuáles son las condiciones -desde la perspectiva de género- en que se encuentran las que representan a las Ciencias Sociales y las Humanidades.
2.- El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET) y un poco de historia.
Desde sus inicios -en los albores de 1958- el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) es una institución integrada por científicos y sólo entre el personal administrativo y técnico se registra una mínima presencia de mujeres.

En el campo estricto de la investigación científica, el sexo femenino sólo tiene alguna opción en el área de otorgamiento de becas. En el llamado a concurso de 1958 son 4 las becarias designadas y pertenecen a las Ciencias Médicas y Naturales. Gabriela Gustava Hassel de Menéndez es la primera becaria del organismo; se dedica a la botánica y su lugar de trabajo se asienta en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” radicado en la Capital Federal, siendo su director el Dr. Oscar Kühnemann.9

Por su parte, en las Ciencias Sociales y Humanidades, el 1º de abril de ese año ganan el concurso 3 becarios pertenecientes a las disciplinas Psicología, Sociología e Historia. De ese acotado número se destaca una becaria: Daisy Rípodas Ardanaz -quien ostenta hoy el mérito de haber sido la primera académica de número en la Academia Nacional de la Historia- dedicada al estudio de la Historia del Derecho. Su tema de beca se refiere a “Libros e ideas en Charcas (1680-1825). Los estudiantes rioplatenses”, bajo la dirección del Dr. Luis Aznar.10 En julio recibe su beca de perfeccionamiento otra mujer, que se destacará en las Ciencias Sociales argentinas: María Esther Alvarez de Hermitte.11 En todos los casos, las direcciones de estos becarios corresponden a científicos varones de reconocido prestigio.

La Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) se compone de 5 categorías; son ellas las que proyectan el progresivo ascenso de quienes ingresan a la CIC luego de un severo proceso de multievaluación. Hasta los 35 años puede ingresarse a la primera meta de este escalafón, es decir, a la categoría de Investigador Asistente en la cual se permanece si se aprueban informes académicos anuales y donde no es posible revistar por más de un quinquenio. La siguiente es la categoría de Investigador Adjunto; el ingreso directo a esta categoría no permite al candidato superar los 40 años y debe tener antecedentes académicos que muestren su conocimiento del trabajo científico. La categoría de Investigador Independiente, que es la que le sigue, implica que el investigador puede ingresar hasta los 45 años y siempre que demuestre una sólida producción científica consignada en publicaciones de primer nivel, debe ser capaz de conducir y diagramar su propia investigación, formar recursos humanos y encarar la conducción y orientación de un grupo científico. La cuarta categoría es la de Investigador Principal, y en ella el investigador debe dar muestras acabadas de la originalidad, aportes y trascendencia nacional e internacional de sus investigaciones, de la formación e inserción de los recursos humanos que de él dependen o dependieron, así como de la conducción de institutos o centros de investigación científica. Por último, la categoría de Investigador Superior, es la culminación de una carrera científica exitosa en términos de reconocimiento de la comunidad científico-tecnológica. Actualmente la pirámide original de esta carrera, muestra deficiencias; toda vez que el sistema se ha envejecido por el deterioro en la inversión científica y la consecuente falta de incorporación de jóvenes investigadores asistentes, hoy parcialmente revertida, así como por la dificultad para dar lugar a los ascensos académicos en la CIC. Una gran cantidad de investigadores adjuntos que encuentran su cuello de botella en la categoría de Investigador Independiente, es el resultado de ese retraso en el sistema y el diagrama romboidal de la planta del CONICET.

El organismo tiene desde sus comienzos y aun conserva, un estricto sistema de evaluación científico tecnológico, que se integra con evaluadores y comisiones asesoras de un Directorio que decide y ejecuta la política científica del CONICET. En 1958 existen 7 comisiones asesoras: Ciencias Biológicas; Ciencias Matemáticas, Físicas y Astronómicas; Ciencias Médicas; Ciencias Químicas y Tecnología Química; Ciencias Sociales y Humanidades; Ciencias de la Tierra y Tecnología. Aquí la presencia femenina está casi ausente. Sólo en la Comisión de Ciencias Sociales y Humanidades que preside el Dr. Rolando V. García e integran el Profesor Gino Germani (fundador de la sociología moderna en la Argentina), el Dr. Marcos Morínigo, el Dr. Risieri Frondizi (hermano del Presidente de la Nación y Rector de la UBA), se incluye la participación de la Dra. Telma Reca.12

La presencia de las mujeres se reduce, entonces, a excepciones que confirman la regla que considera a la ciencia y la tecnología como un mundo de hombres. Posiciones subordinadas, temporarias -como ocurre con las becas-, personal de apoyo a la investigación científica y asuntos administrativos del organismo, son las tareas para las cuales se considera competentes a las mujeres. A más de 45 años de la creación del CONICET resulta interesante considerar los cambios y continuidades que registra la institución en sus funciones fundamentales y conocer qué lugar ocupan actualmente las mujeres en el sistema científico-tecnológico argentino, tomando como centro del análisis a esta institución madre de la ciencia y la tecnología en la Argentina, que respondiendo a los principios de su fundador cree que “la jerarquía y el poderío de una nación dependen en grado fundamental de su desarrollo científico y técnico en perpetua evolución”, porque de ese patrimonio son tributarios, como él mismo afirmara en 1958, “la salud, el bienestar, la riqueza, el poder y hasta la independencia de las naciones”.13
3.- La situación de las mujeres que hacen ciencia y tecnología en el CONICET.
La Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva dependiente del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación Argentina acaba de dar a conocer los indicadores de Ciencia y Tecnología. El capítulo IV está dedicado a estimar los investigadores científicos y becarios por género y edad en el último lustro. El total de individuos participantes del sistema se mantiene casi constante; oscila en un promedio de 28.000, producto de los recortes presupuestarios que ha sufrido el sector y de su escasa representatividad en relación con el PBI del país. Si se atiende a la edad de los investigadores y becarios, es evidente un envejecimiento de la planta, predominando la franja que va de los 40 a los 59 años, con un notorio descenso de quienes tienen menos de 30 años. El resultado gráfico de este cálculo estadístico, como figura geométrica, es romboidal y no piramidal.

Si la atención se pone en la cuestión del género, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos y otros países desarrollados, los datos muestran casi una paridad de varones y mujeres que integran el sistema científico tecnológico argentino; aunque con interesantes distinciones si el relevamiento estadístico incluye variables etarias y de cargo. En este caso se advierte desde el 2000 un predominio de mujeres en la franja que va hasta los 36 años; un guarismo que seguramente está influido por las responsabilidades familiares, el ingreso a las categorías más bajas de la carrera del investigador científico -por ésta u otras razones- y el tope de edad para las becas, que no supera los 32 años.
Cuadro1: Investigadores y becarios I+D, según género y edad (1998-2002)

Grupos de

Edad

1998

V M

1999

V M

2000

V M

2001

V M

2002

V M

- de 30 años

1961 1746

1800 1725

1617 1870

1416 1618

1385 1499

30 a 39 años

4236 3668

3814 3760

3555 3769

3265 3641

3162 3504

40 a 49 años

3835 3039

4059 3424

3948 3517

3885 3523

3893 3619

50 a 59 años

2738 1847

2811 1925

2829 2106

2803 2208

2896 2338

60 a 69 años

905 453

925 475

998 541

1096 547

1187 686

70 y + años

238 71

250 82

254 114

220 170

313 201

TOTAL

13913 10824

13659 11391

13201 11917

12685 11707

12836 11847

Fuente: Secretaría de Ciencia, tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Indicadores de Ciencia y Tecnología. Argentina 2002, Buenos Aires, SeCyT, 2003, p. 69.

Si se toman las últimas estadísticas es posible advertir que la mayoría de los investigadores científicos del sistema tienen lugar de trabajo en las universidades públicas, pero mientras allí trabaja un 44 % de los varones, lo hacen un 63 % de las mujeres. El resultado se invierte para quienes radican su lugar de trabajo en universidades privadas y empresas. Los mejores sueldos explican por qué mientras el 16% de los varones se radica allí, sólo el 8 % de las mujeres consigue esa radicación para su labor científica.14


Por otra parte, actualmente la mayoría de quienes terminan el grado universitario son mujeres (66%) las que se destacan -además- por obtener los mejores promedios de la carrera
1; en la finalización de estudios de posgrado, tanto maestría como doctorado, se da un predominio de graduados varones (7% y 23 % respectivamente).2 Una tendencia que aunque se ha nivelado en los últimos años, sigue respondiendo a los lineamientos históricos, que por razones diversas (salarios, familia, etc) consolidan al género masculino en los más altos niveles académicos y de decisión.

En cuanto al número de proyectos de investigación y desarrollo, el país muestra un estancamiento que procura ser corregido en los últimos tiempos. Desde el 2000 su número ronda los 15.500 proyectos en ejecución, dedicados en un 29 % a la investigación básica, en un 51 % a la aplicada y en un 20% al desarrollo experimental.3 Estos proyectos se encuentra radicados de modo desigual. Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba y Santa Fe atraen el 75 % de los recursos financieros dedicados a las actividades científicas y tecnológicas y un porcentaje casi similar representa a las personas dedicadas a estas tareas en esos lugares.4

El CONICET no es una excepción a esta realidad descripta. Al interior del organismo el análisis de sus estadísticas, permite diseñar algunas precisiones mayores que en el universo científico tecnológico considerado. El número de investigadores ha pasado de 2924 en 1994 a 3965 una década más tarde.

Cuadro 2: CIC-CONICET. Varones y mujeres (1994- 2003)

Año

Varones

Mujeres

Total

1994

1742

1182

2924

1995

1861

1284

3145

1996

1865

1299

3164

1997

1892

1328

3220

1998

1996

1466

3462

1999

2028

1542

3570

2000

2034

1547

3581

2001

2023

1569

3592

2002

2071

1637

3708

2004

2242

1723

3965

Elaboración propia en base a datos brindados por la Gerencia de Desarrollo Científico del CONICET

En términos absolutos la presencia masculina en la Carrera del Investigador Científico (CIC) es una constante, aunque el porcentaje global por género no marque una distancia sustantiva entre varones y mujeres para los cómputos generales. No ocurre lo propio si se desagregan estos totales por categorías. Hasta el presente las mujeres son mayoría en las categorías más bajas de la CIC que corresponden a Investigador Asistente e Investigador Adjunto, aunque en esta última categoría también fueron desplazadas por los varones entre 1994 y 1998, en que los salarios medios de la CIC eran más altos que los actuales. La situación se hace más complicada para el ascenso e ingreso de científicas a partir de la categoría de Investigador Independiente, que implica autonomía en las investigaciones, dirección de grupos de investigación y formación constante de recursos humanos, además de resultar este estadio de la Carrera el que implica un mayor incremento salarial de todos los ascensos anteriores y posteriores.

Aunque las mujeres acentúan su participación en el conjunto de científicos del CONICET, en la categoría de Investigador Principal su porcentual en el total se mantiene entre el 7% y el 8 %, en tanto los varones duplican el porcentual en el último decenio. En la categoría que corona la carrera de un científico, es decir, la de Investigador Superior, la situación es completamente desigual, y si bien las mujeres han aumentado el cupo de un 1 a un 2 %, la representatividad es absolutamente minoritaria comparada con los 135 varones que hoy integran esta franja del escalafón científico.

Mérito académico, reconocimiento profesional, capacidad de decisión en la formación de equipos de investigación, mejores salarios y posibilidades de conducir las tareas de gestión, parecen identificarse con el universo y los códigos masculinos, al mismo tiempo que postergan -frente a igualdad de méritos- el ascenso a edad mediana de las mujeres, aunque tengan las mismas condiciones que los varones para culminar con éxito un posgrado, especializarse, hacer ciencia y publicar sus resultados.



Fuente: elaboración Propia en base a datos brindados por la Gerencia de Evaluación y Acreditación – CONICET.


Mejores oportunidades encuentra el sexo femenino a la hora de concursar por las becas de posgrado y posdoctorales que acuerda el CONICET , que se han incrementado notablemente en los últimos 3 concursos Las becarias representan desde 1995 al 2004 entre un 53% y un 60 % del total, con mayores diferencias a su favor en la primera clase de becas que en la segunda. Un predominio que, como se dijo, conservan al ingresar a la CIC en las categorías más bajas, que conllevan menores responsabilidades y salarios inferiores en relación con las otras categorías.

Esta situación se hace menos permeable a las científicas cuando se trata de dirigir proyectos de investigación. Las mujeres representan una sustantiva minoría en la dirección de Proyectos de Investigación Plurianuales que reúnen a importantes equipos científicos con trayectoria indiscutida (PIP), predominando en cambio cuando se trata de Proyectos para jóvenes investigadores que no superen los 35 años de edad (PEI). Una vez más la ecuación se dirime en perjuicio del género femenino cuando los montos adjudicados son mayores y las responsabilidades crecen en términos de conjunto y reconocimiento académico.

Cuadro 3: Proyectos de investigación CONICET. Directores por género (1996-2001)

Concursos, año y tipo de proyecto

Directores

varones

Directores

mujeres

Total de proyectos

PIP 1996

488

174

682

PIP 1998

345

216

561

PIP 2000

308

182

490

PEI 1996

100

111

211

PEI 1997

134

187

321

PEI 2001

214

278

492

Elaboración propia en base a datos brindados por la Gerencia de Desarrollo Científico del CONICET.Por falta de recursos desde 2000-2001 y hasta la fecha no hubo nuevas convocatorias a estos proyectos.
El CONICET cuenta con institutos y centros propios de investigación científica y tecnológica que se encuentran bajo su exclusiva dependencia y cuyo número superior al centenar ha ido variando desde sus orígenes. Se los conoce como Unidades Ejecutoras del organismo. En la actualidad su número es de 117 y están distribuidos en todo el país. En la dirección de los mismos la presencia femenina ha sido y es absolutamente minoritaria, aunque la representación de las mujeres ha logrado crecer de un 16 % en 1995 a un 25 % en 2004.

Por último, es preciso consignar la participación femenina en las 21 Comisiones Asesoras del CONICET, que si bien es una actividad “ad honorem” otorga a sus miembros un lugar significativo en el área de evaluación, en tanto es considerada también una distinción académica. Si bien estas comisiones se han mantenido con una participación creciente de evaluadores que las integran (373 en el 2003), ha sido oscilante respecto del número de mujeres participantes, no sólo a través del tiempo, sino según la gran área del conocimiento a que se haga referencia. Las Ciencias Sociales y Humanas (50 mujeres), seguidas por las Ciencias Biológicas (34 mujeres), se han destacado en términos de participación femenina en crecimiento a medida se avanza hacia la actualidad.

Respecto de la integración de la última instancia jerárquica de asesoramiento al Directorio del organismo, representada por la Junta de Calificación y Promoción de la actividad científica y tecnológica, la excepcionalidad de la presencia femenina es aun mayor y confirma la ecuación invertida que indica que cuánto mayor es la responsabilidad y el mérito académico, menor es la presencia femenina, independientemente de la paridad de antecedentes inter-género. De un total de 22 científicos destacados que componen hoy la Junta, sólo 8 son mujeres y a todas ellas se les reconoce un notable prestigio internacional.

Los argumentos más utilizados para explicar las diferencias en perjuicio del género femenino son comunes a casi toda América Latina y van desde el gen de la paciencia (“ellas pueden combinar la familia y el trabajo porque están genéticamente preparadas”), hasta los mandatos culturales (“el hombre tiene un mandato social muy particular, puede desconectarse mucho más de los problemas cotidianos”), el elogio de la neutralidad (“las mujeres son iguales que los hombres, pero que no se embaracen”), la irrelevancia (“no debe de haber mucha discriminación, porque es un problema que no se discute”), o bien la creencia de que el tiempo cura todo (“las nuevas generaciones van a tener esto resuelto”).5 De todos modos, en la Argentina, en las 23 universidades nacionales sólo 3 mujeres ocupan el rectorado, en el Directorio del CONICET hay sólo una mujer y 8 hombres, en la Junta de Calificación y Promoción de organismo sólo se registran 8 mujeres y 22 hombres, por citar sólo algunos ejemplos sugerentes.
4.- El caso de las científicas del CONICET en las Ciencias Sociales y Humanas.

Los avances científico-tecnológicos van más allá de los laboratorios y las experiencias fácticas ligadas a las ciencias exactas y naturales, al ciberespacio, a las comunicaciones. También las Ciencias Sociales han mutado rápidamente sus objetos y formas de análisis, han experimentado una renovación y han pasado progresivamente del individuo al actor social, de la sociedad a las redes sociales, de lo macro a lo micro, de las mentalidades a las representaciones. Los cambios se han generado en un contexto de crisis, pero también de multidisciplinariedad, de cambios en la escala de observación. La concepción misma de la ciencia es la que ha mutado frente a la ausencia de los grandes paradigmas y la desaparición de los llamados grandes maestros del pensamiento (Jean-Paul Sartre; Roland Barthes y Jean Piaget, en 1980; Jacques Lacan en 1983; Michel Foucault en 1984; Fernand Braudel en 1986; Luis Althusser en 1990; Pierre Bourdieu en 2002).

Los gastos en investigación y desarrollo que hace el Estado argentino para atender las necesidades básicas de los diversos campos disciplinares, registran tan solo un 15 % del total de los recursos presupuestados para las Ciencias Sociales y las Humanidades; mientras ingeniería y tecnología absorbe un 36 %, y ciencias exactas y naturales un 18 % de ese total. Ese porcentaje dedicado a las Humanidades y a las Ciencias Sociales se reduce al 11% si se trata de consignar la distribución de los recursos del CONICET.

En el CONICET las Ciencias Sociales y las Humanidades, en los últimos años, han procurado alcanzar el cupo del 25 % que le corresponde en relación con las otras áreas científicas todavía queda mucho por hacer; quizás por esta razón la población científica femenina ocupe un lugar más destacado que en esas otras ramas de la ciencia. Son disciplinas no privilegiadas por las políticas científico tecnológicas nacionales, tanto en el CONICET como en la Universidad, y por esta razón -tal vez- las mujeres ocupan más espacios que en las llamadas “ciencias duras”, aunque la situación no distingue especialidades cuando se trata de ocupar cargos de gestión y de ejecución de políticas científicas.

De los casi 4.000 investigadores con que cuenta hoy este máximo organismo de la ciencia argentina para las 4 grandes áreas del conocimiento y tecnología, corresponden a las Ciencias Sociales y Humanas 798 investigadores, 528 becarios y 280 técnicos. Del total perteneciente a las Ciencias Humanas y Sociales alrededor de un 50 % está representado por investigadores científicos, un 30 % por becarios y un 20 % por técnicos.

De las 5 categorías que reconoce la CIC, preocupa que sólo un 17 % del total de los investigadores de la Gran Área de las Ciencias Sociales y Humanas se concentre en su escala inicial: Investigador Asistente. Un 36 % de los miembros de la misma se encuentra estancado en la segunda categoría: Investigador Adjunto, en relación con el congelamiento en las vacantes dispuesta desde hace unos años por el gobierno nacional y que ahora acaba de ser derogada. Un 33 % se sitúa en la tercera categoría: Investigador Independiente; sólo un 12 % es Investigador Principal y un 2 % (22 investigadores de las Ciencias Sociales en todo el país) revistan como Investigador Superior del CONICET. La preocupación deriva de la necesidad de “rejuvenecer” la Carrera del Investigador Científico en el CONICET, que se ve impedida con el reducido número de ingresos de investigadores jóvenes. Las mujeres predominan en las 2 primeras escalas de la carrera y se reduce notoriamente su participación en las 3 últimas gradas del escalafón.
5.- Reflexiones finales.
Luis Pasteur sostenía, a mediados del siglo XIX, que ”las ciencias elevan el nivel intelectual y el sentimiento moral de los pueblos” y que su cultivo era “más necesario para el estado moral de una nación que para su prosperidad material”, ya que -afirmaba- “introducen en el cuerpo social entero el espíritu filosófico o científico, ese espíritu de discernimiento que somete todo a un razonamiento severo, condena la ignorancia, destruye los prejuicios y los errores”.6

El tiempo ha transcurrido y el proceso formativo de las sociedades contemporáneas pone de manifiesto un nuevo paradigma, el de una “sociedad en redes”, basada en dos fenómenos históricos: una mutación cultural iniciada en los años ´60 (espíritu libertario, interacciones) y una revolución tecnológica claramente visible a partir de los años ´70 (telecomunicaciones, genética), los que ejercen una influencia decisiva en la organización de las diversas esferas sociales, a través de las redes. Redes generacionales, internacionales, comunicacionales, pero siempre redes inscriptas en el contexto de una “cybercultura” (Pierre Lévy, 1997).

De todos modos, las diferencias se mantienen y las correspondientes al género son sólo una manifestación de otras conductas de exclusión. El CONICET es un caso testigo en el sistema científico tecnológico argentino. El análisis histórico y actual muestra una presencia más acentuada de las mujeres en los cargos de menor jerarquía y menores sueldos para todas las ramas científicas y tecnológicas; pero también una participación más alta del sexo femenino en las tareas de investigación, evaluación y gestión pertenecientes a las Ciencias Sociales y las Humanidades. Una Gran Área del conocimiento que -a su vez- ocupa un lugar menos representativo que otras ramas de la ciencia y la tecnología en la República Argentina, a pesar de su importante número de graduados y postulantes para el ingreso al CONICET.

Esta situación se engarza con el proceso de crisis que ha vivido el país en los últimos años y que -sin dudas- influye de manera directa en la retracción de la participación de los intelectuales, que reniegan de su compromiso con las causas públicas en debate. En una Argentina fracturada, con amplios guarismos de desempleo, pobreza y marginalidad, el compromiso de los científicos e intelectuales argentinos merece ser recreado. Ha dicho no hace mucho tiempo el sociólogo político francés Alain Touraine, refiriéndose a la Argentina -en medio del autismo y la indiferencia de la dirigencia nacional- que: “este país se construyó desde la escuela y lo pensaron mentes capaces de vincular a la sociedad civil con la sociedad política, en instituciones que incluyeran a todos7, generando con esta sentencia un renovado reclamo a la necesaria participación por parte de los intelectuales, los científicos y los tecnólogos.

El desafío actual está planteado, es divulgar el significado y la utilidad de la investigación científica, haciendo comprender a los dirigentes argentinos y, esencialmente, a la sociedad en su conjunto, que la ciencia es una inversión a mediano o largo plazo, y no un gasto prescindible. La ciencia y la tecnología cumplen una función social insustituible y por esa misma razón forman parte del patrimonio cultural de la Nación. Hoy, y siguiendo las reflexiones de Renée Clair, Directora del Programa UNESCO sobre Mujer, Ciencia y Tecnología, frente a tanta exclusión y desigualdad “no hay duda de que las mujeres están en el epicentro de este desafío”,8 que haga de la inclusión, la libertad y la igualdad de oportunidades los principios básicos de la ciencia y la tecnología.


1 Mario Albornoz, Política Científica, Universidad Virtual de Quilmes, Carpeta de trabajo, 2001.

2 Gloria Bonder, Las nuevas tecnologías de información y las mujeres: reflexiones necesarias, Santiago de Chile, Naciones Unidas/CEPAL/ECLAC,, Serie “Mujer y desarrollo”, 2002, pp. 5-6.

3 La Nación, Buenos Aires, miércoles 26 de noviembre de 2003, sección ciencia y salud, nota de Nora Bär, p. 1.

4 Joseph Ben-David, El papel de los científicos en la sociedad, un estudio comparativo, México, Editorial Trillas, 1974, p. 192.

5 María Elina Estébanez, “ Un enfoque de género en la construcción de indicadores de ciencia y tecnología en la Región Interamericana/Iberoamericana, en REDES-RICYT, El estado de la ciencia. Principales Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericanos/Interamericanos 2002, Buenos Aires, 2003, pp. 53-56. Martín Bell, “Enfoques sobre política de ciencia y tecnología en los años noventa: viejos modelos y nuevas experiencias”, en Redes 5, año 2, diciembre de 1995, pp. 7-34.

6 Más datos en Guardian Unlimited. Education Guardian, Arts and Humanities, UK, nov. 2003.

7 Evelyn Fox keller, Lenguaje y vida, Metáforas de la biología en el siglo XX, Buenos Aires, manantial, 2000, pp. 12-30.

8 La Nación, Buenos Aires, domingo 30 de noviembre de 2003, sección enfoques, pp.1-4. (Entrevista a Alain Badiou)

9 CONICET, Libro de Actas del Directorio, Buenos Aires, 11-13 de marzo de 1958, f. 22.

10 Ibídem.

11 Ibídem, f. 83.

12 Ibídem, fs. 45 y 51.

13 Ariel Barrios Medina y Alejandro C. Paladín (compiladores), Escritos y discursos del Dr. Bernardo A. Houssay, Buenos Aires, Eudeba, 1989, p. 348 (palabras de Bernardo Houssay).

14 Secretaría de Ciencia, tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Indicadores de Ciencia y Tecnología. Argentina 2002, Buenos Aires, SeCyT, 2003, p. 71.

1 La Nación, Buenos Aires, lunes 1º de diciembre de 2003, sección cultura, p. 14.

2 Secretaría de Ciencia, tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Indicadores de ... op. cit., p. 79.

3 Ibídem, pp. 85-87.

4 Ibídem, pp. 116-119.

5 La Nación, Buenos Aires, miércoles 26 de noviembre de 2003, sección ciencia y salud, nota de Nora Bär, p. 1.

6 Ariel Barrios Medina y Alejandro C. Paladín (compiladores), Escritos y discursos del Dr. Bernardo A. Houssay, ... op. cit., pp. 284-285.

7 Clarín, Buenos Aires, domingo 27 de octubre de 2002, p. 10.

8 La Nación, Buenos Aires, miércoles 26 de noviembre de 2003, sección ciencia y salud, nota de Nora Bär, p. 1.

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