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fecha de publicación02.02.2016
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UNIVERSIDAD PANAMERICANA DE GUATEMALA

Facultad de Ciencias Económicas

Técnico Universitario en Gerencia Administrativa



Curso

Contexto y Convivencia

(Habitabilidad y Expansión Humana)

Abner Alexander Velásquez García (Estudiante)

Erika Guadalupe Hernández Reyes (Estudiante)

Virginia Floridalma González Francisco (Estudiante)

Maricelda Yaneth Mendoza Carillo (Estudiante)

Eulalia Milca Juan Andrés (Estudiante)
M.A. Sandra Haydeé Rivera (Facilitador)

Barillas Huehuetenango, Septiembre de 2,010

Curso

Contexto y Convivencia

(Habitabilidad y Expansión Humana)

Abner Alexander Velásquez García (Estudiante)

Erika Guadalupe Hernández Reyes (Estudiante)

Virginia Floridalma González Francisco (Estudiante)

Maricelda Yaneth Mendoza Carillo (Estudiante)

Eulalia Milca Juan Andrés (Estudiante)
M.A. Sandra Haydeé Rivera (Facilitador)

Barillas Huehuetenango, Septiembre de 2,010

Introducción
El desarrollo del presente trabajo, "habitabilidad y expansión humana", nos invita a profundizarnos en un estudio detallado sobre nuestros orígenes y nuestra evolución, Entonces comprenderemos la habitabilidad de todos los seres vivos en la tierra.

Encontramos interesantes artículos de investigación e información sobre los orígenes de nuestra expansión, consideramos conveniente recopilar muchos aspectos, de manera especial sobre este tema apoyados de la ciencia que recientemente está mereciendo la atención de la humanidad, todos los hombres debemos defender nuestro suelo, el agua, el aire que respiramos, nuestra propia supervivencia y la de nuestra población.
Nuestro ecosistema es la evolución y el proceso de cambio a lo largo del tiempo, es lo que conecta a la enorme diversidad del mundo una inmensa cantidad de evidencias indica que la tierra ha tenido una larga historia al igual que el ser humano surgieron en el curso de esa historia, porque el hombre, depende de su medio, de los alimentos, de la humedad del aire, del calor, etc. En este sentido forma parte del ecosistema y el hombre es el único ser capaz de actuar, hasta ahora se ha hablado de las distintas interpretaciones y aplicaciones más o menos parciales o sectoriales de la idea de sostenibilidad al estudio de la expansión humana.

A lo largo de millones de años, el proceso evolutivo se ha visto favorecido por la existencia de los seres vivos y su expansión al igual que su habitabilidad.
Uno de las investigaciones científicas y lo que nos permite conocer la historia y la evolución de los ecosistemas es la especie que se desarrolló posteriormente a esta se denomina Homo Erectus, hace 1.5 millones de años. La diferencia fundamental del Homo Erectus y los homínidos que lo antecedieron radica en el tamaño, sobre todo del cerebro. Su cuerpo es la culminación de la evolución biológica de los homínidos: era más alto, más delgado, capaz de moverse rápidamente en dos pies, esta así como otras historias veremos en este trabajo.

Habitabilidad y Expansión Humana
El concepto de hábitat humano que se utiliza en la ecología humana y sobre todo en urbanismo es una extensión por analogía del concepto ecológico de hábitat. Se refiere al conjunto de factores materiales e institucionales que condicionan la existencia de una población humana localizada. En arquitectura el término se emplea también para referirse a las condiciones que la organización y el acondicionamiento del espacio interior de un edificio, residencial o de trabajo, ofrecen a sus habitantes.
Hasta ahora se ha hablado de las distintas interpretaciones y aplicaciones más o menos parciales o sectoriales de la idea de sostenibilidad a los sistemas económicos. Pero carecería de sentido el afán de mantener establemente estos sistemas en el tiempo, si no se asegura que apuntan inequívocamente a enriquecer la vida humana. Por lo tanto, no tiene nada de extraño que el objetivo de la sostenibilidad se haya solapado normalmente en los sistemas urbanos con aquel otro de la habitabilidad, es decir, con la pretensión de mantener la calidad de vida en estos sistemas. Aspecto éste cuyo enunciado responde al hecho de que en muchos casos se observa que la pérdida en las condiciones de habitabilidad, corre paralela a la mayor insostenibilidad de los sistemas urbanos, considerando éstos en un sentido amplio.
Así, la Unión Mundial de la Conservación (Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza) indicaba en 1991 que "el desarrollo sostenible implica mejora de la calidad de vida dentro de los límites de los ecosistemas". Y con el fin de acomodar la idea de sostenibilidad a la ciudad, el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales propuso la siguiente definición: "el desarrollo sostenible es aquel que ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales, construidos y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios".

Tras haber clarificado conceptualmente la idea de sostenibilidad como condición necesaria para hacerla operativa, aclaremos ahora las de calidad de vida y habitabilidad que, al apoyarse por fuerza en juicios de valor, resultan mucho menos objetivables que la propia idea de sostenibilidad. ¿Cuáles son los "servicios ambientales, sociales y económicos básicos"? ¿Se pueden "ofrecer a todos los miembros de la comunidad" servicios propuestos sin que ello redunde en contra de la sostenibilidad? El problema global estriba en que los patrones de vida y de comportamiento propios de las metrópolis del mundo "desarrollado", son tan exigentes en recursos y tan pródigos en residuos, que su generalización al resto de la población planetaria se revela hoy a todas luces insostenible. Por lo que, como se subrayó en el apartado anterior, el objetivo de la sostenibilidad global se encuentra hoy más relacionado con la equidad que con el desarrollo.
Hasta ahora se ha hablado de las distintas interpretaciones y aplicaciones más o menos parciales o sectoriales de la idea de sostenibilidad a los sistemas económicos. Pero carecería de sentido el afán de mantener establemente estos sistemas en el tiempo, si no se asegura que apuntan inequívocamente a enriquecer la vida humana. Por lo tanto, no tiene nada de extraño que el objetivo de la sostenibilidad se haya solapado normalmente en los sistemas urbanos con aquel otro de la habitabilidad, es decir, con la pretensión de mantener la calidad de vida en estos sistemas. Aspecto éste cuyo enunciado responde al hecho de que en muchos casos se observa que la pérdida en las condiciones de habitabilidad, corre paralela a la mayor insostenibilidad de los sistemas urbanos, considerando éstos en un sentido amplio.
Así, la Unión Mundial de la Conservación (Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza) indicaba en 1991 que «el desarrollo sostenible implica mejora de la calidad de vida dentro de los límites de los ecosistemas». Y con el fin de acomodar la idea de sostenibilidad a la ciudad, el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales propuso la siguiente definición: el desarrollo sostenible es aquel que ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales, construidos y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicio.
Tras haber clarificado conceptualmente la idea de sostenibilidad como condición necesaria para hacerla operativa, aclaremos ahora las de calidad de vida y habitabilidad que, al apoyarse por fuerza en juicios de valor, resultan mucho menos objetivables que la propia idea de sostenibilidad. ¿Cuáles son los «servicios ambientales, sociales y económicos básicos? ¿Se pueden «ofrecer a todos los miembros de la comunidad» servicios propuestos sin que ello redunde en contra de la sostenibilidad? El problema global estriba en que los patrones de vida y de comportamiento propios de las metrópolis del mundo desarrollado, son tan exigentes en recursos y tan pródigos en residuos, que su generalización al resto de la población planetaria se revela hoy a todas luces insostenible. Por lo que, como se subrayó en el apartado anterior, el objetivo de la sostenibilidad global se encuentra hoy más relacionado con la equidad que con el desarrollo. En la última década, vastos sectores de la comunidad científica han tomado conciencia de la progresiva pérdida de la riqueza que constituye la diversidad biológica de nuestro planeta. Esta preocupación se ha reflejado en algunos gobiernos y en los organismos internacionales como el sistema de las Naciones Unidas. Una de las acciones más significativas al respecto lo fue la reunión de Río de Janeiro de 1992, donde se efectuaron diversos llamados a enfrentar el problema. En el presente año, un estudio, elaborado por el Instituto de Recursos Mundiales y varias agencias, replantea el problema con un panorama mucho más preocupante aún. A lo largo de millones de años, el proceso evolutivo se ha visto favorecido por la existencia de nichos ecológicos con características muy diversas, lo que ha permitido la generación de millones de especies, animales y vegetales, con características tales que se adaptan a esos diferentes "hábitats". Todo esto se produjo en un proceso dinámico desde la aparición de las formas más simples de vida sobre el planeta, con grandes cambios consecuencia de catástrofes o cambios climáticos globales, que aparejaron desapariciones masivas de especies. Si bien la mayor masa biológica está constituida por las bacterias, y el grupo con mayor número de especies lo son los insectos, la especie que ha tenido mayor expansión, e influenciado más sobre otras, lo es la especie humana. Esta realidad se debe al progresivo desarrollo del sistema nervioso central y a la actividad intelectual, que transformó a un primate superior en un “homo habilis” primero, y en la realidad de nuestra especie hoy.
El desarrollo de la “inteligencia” en la especie humana, es la causa de lo que podríamos llamar “escapes” a los controles habituales del tamaño de las poblaciones naturales, en diferentes grupos biológicos. En este sentido, podemos mencionar el progresivo escape a o eliminación de las especies predatorias del hombre, así como la producción regular de alimentos generada por el sedentarismo, la agricultura y la domesticación y cría de animales. Debe sumares a esto, el constante incremento, durante el último siglo, en los medios desarrollados por el hombre para mejorar su salud, y por tanto aumentar en forma progresiva pero sostenida, el promedio de vida de la mayoría de sus poblaciones. Esta tendencia en la evolución de la especie humana ha generado un progresivo aumento en su población y por ende, en las zonas del planeta que ha ido ocupando, junto con un aumento, a veces desmesurado de la densidad de su población en determinadas zonas, (recordemos cuantas ciudades del planeta, tienen hoy más de 10 millones de habitantes). Este aumento de la población humana y su dispersión sobre el planeta, se ve reflejada también en la modificación del paisaje, del que es responsable el hombre. Quienes hemos viajado en avión, tenemos bien presente, las enormes extensiones en las que el hombre hace agricultura, cría ganado de diversas especies, construye ciudades, puentes, represas, tala bosque naturales y planta otros con especies de otras regiones, y contamina suelos, aguas y costas.
Modificación de Hábitats
La actividad del hombre, al plantar un grupo reducido de especies (hortícolas, frutícolas o forestales), introducir ganado, alambrar, produce el desplazamiento o la desaparición de las especies animales y vegetales autóctonas, que constituyen la muestra de especies naturalmente adaptadas al nicho ecológico de que se trate, con la consiguiente pérdida de su patrimonio genómico. La deforestación, provocada por la necesidad del hombre de dedicar progresivamente más tierras para la agricultura o la ganadería, genera en sí misma un doble problema: por la desaparición de la biodiversidad propia de esa región, y por la pérdida progresiva de áreas verdes, captadoras de anhídrido carbónico y generadoras de oxígeno. Esta pérdida no solo es importante en los bosques tropicales de América, África y Asia, sino también en zonas subtropicales y templadas. Baste decir que Europa ha perdido ya el 70% de su forestación natural. En nuestro continente, no solo disminuye la superficie de la selva amazónica, sino que se ha reducido también dramáticamente la llamada “mata Atlántica” del Brasil Como producto de las muy diversas actividades de la población humana, se generan deshechos y subproductos varios, que son los responsables de la contaminación de suelos, aguas dulces y la franja costera. Pensemos en la enorme cantidad de aguas servidas, incluyendo detergentes, basura (incluyendo plásticos de muy lenta degradación), plaguicidas e insecticidas de uso masivo en la agricultura altamente tecnificada, que se vierten diariamente a nuestro alrededor. Quienes hayan visto fotos satelitales de las franjas costeras de Europa o los Estados Unidos, pero también, quienes puedan oler los arroyos que desaguan en la Bahía de Montevideo, podrán comprender la magnitud de la contaminación de las franjas costeras ocupadas masivamente por el hombre. La actividad industrial y el consumo cada vez mayor de combustibles fósiles, han generado también un muy alto grado de contaminación en la atmósfera. Si pudiéramos ver desde lejos, con una perspectiva adecuada nuestro planeta, podríamos tener conciencia de lo pequeña y frágil que es la zona habitable del mismo, ya que va desde unos pocos cientos de metros por debajo del nivel del mar, hasta apenas unos 4.000 metros sobre el nivel del mismo. Por encima de unos 2.500 metros, las condiciones de vida se hacen bastante dificultosas para la mayoría de las especies. Esa contaminación de la atmósfera, no solo se expresa en gases, algunos de ellos tóxicos, sino también en partículas de polvo de diferente naturaleza, que sostenidas en el aire, afectan la calidad del mismo, interfieren con la absorción de la luz y la energía solar, y contribuyen, junto con el aumento del al llamado “efecto invernadero”, es decir el progresivo aumento de la temperatura promedio de la capa atmosférica, que tendrá consecuencias importantes sobre las masas de agua dulce congeladas, el aumento del nivel de las aguas oceánicas y la modificación de las condiciones climáticas a las que están adaptadas muy numerosas especies de animales y vegetales. Como resultado de esas acciones del hombre: modificaciones de “hábitats” por introducción masiva de especies, deforestación, contaminación de suelos, ríos y lagunas, zonas costeras, contaminación atmosférica, hemos ido minando el proceso natural de renovación y conservación de las especies que ocupaban las zonas afectadas, con la consiguiente y muy preocupante pérdida de diversidad biológica. Frente a esta realidad incontrastable, pensemos que la población mundial ha aumentado un 30% en tan solo los últimos 20 años, llegando a los 6.000 millones de personas, será responsabilidad de nosotros mismos, como integrantes de nuestras sociedades y por medio de los gobiernos, sobre los sectores productivos, tomar las medidas que permitan compatibilizar, el aumento de la población de nuestra especie, con la preservación de las condiciones de vida que no sigan destruyendo la riqueza que constituye la diversidad biológica, en las diferentes zonas del planeta,
Los primates

Para los paleontologos el punto de inicio de la historia de la humanidad empezó con la aparición de los primates, hace unos 65 millones de años. Los primeros de ellos eran unos pequeños seres que empezaron a vivir en los árboles en lugar de permanecer en el suelo, como la mayoría de los mamíferos. Entre las especies que pertenecen a los primates están, además del ser humano, los simios, monos y musarañas. Durante su desarrollo evolutivo, estos primates se hicieron de ciertos rasgos especiales: buena visión, manos con las que se pueden sujetar firmemente objetos y un cerebro relativamente grande. Por pertenecer a la misma familia, las diferentes especies de primates, en especial monos y simios, guardan similitud con el ser humano. Según algunos estudiosos, el último ancestro común entre el ser humano y el chimpancé, nuestro primo más cercano, existió hace 6 ó 7 millones de años. Después de esta separación apareció el primero homidios, el llamado Australopitecos, que posteriormente dio lugar al Homo habilis, el primer espécimen del género Homo, al que pertenecemos los seres humanos modernos.
Los cambios en la biología de los primates que desembocaron en los primeros homínidos se dieron en África: en el Este y en el Sur. El noreste de África, es uno de los lugares donde se han encontrado los fósiles más antiguos que aportan datos sobre la historia evolutiva del ser humano.
Homínidos
Los límites que señalen el comienzo y el final de los distintos homínidos no son exactos, se calcula que aparecieron hace 4.5 millones de años y se extinguieron hace unos 2 millones de años. Durante mucho tiempo debieron coexistir diferentes tipos, y el final de una especie se entremezcló con las generaciones de otra en el transcurso de miles de años. Los científicos distinguen entre varias especies de homínidos. Todos ellos comparten algunas características básicas:
Pueden mantenerse erguidos y caminar en dos pies
Tienen un cerebro relativamente grande en relación con el de los monos
Su mano tiene un dedo pulgar desarrollado que les permite manipular objetos. El Australopitecos es el homínido más antiguo que se conoce. Australopitecos quiere decir "simio sudafricano" y se estima su antigüedad hasta en 4 millones de años.
En 1925, el paleontólogo Raymond Dart descubrió el cráneo de un Australopitecos en Taung, al sur de África. El descubrimiento de este fósil, ancestro del ser humano e íntimamente relacionado con el mono, provocó polémica porque se encontró en África y hasta entonces se había fundado el origen del ser humano en Europa. En lugares cercanos a este descubrimiento se encontraron otras especies de Australopitecos (afarensis, africanos, robustus, boisei), que confirmaron el origen del hombre en África.
Sus restos demostraron que estos homínidos medían más de un metro de estatura y que sus caderas, piernas y pies se aparecían más a los de los seres humanos que a los de los simios. El cerebro se asemejaba al de estos animales y tenía un tamaño similar al del gorila. La mandíbula era grande y el mentón hundido. Caminaban erguidos y podían correr, a diferencia de los simios. Sus largos brazos acababan en manos propiamente dichas, con las yemas de los dedos planas, como las de los seres humanos. Se cree que estos seres eran carnívoros, pues a su alrededor se han encontrado huesos y cráneos que habían sido machacados para extraer el tuétano y los sesos.
Quizá la especie más famosa de Australopitecos es la Australopitecos afarensis, gracias al descubrimiento, en 1974 en Hadar, Etiopía, de los restos de Luky, una joven mujer de la que se encontraron 52 huesos de un esqueleto semicompleto, con una edad aproximada de 3.2 millones de años. Esta especie trepaba árboles pero también podía caminar en dos pies. Durante mucho tiempo se pensó en Lucy como la abuela de la humanidad. Sin embargo, esta especie pudo haberse extinguido sin que a partir de ella se continuaran las ramas de la evolución humana.
El género Homo
La mayoría de los científicos aceptan que hay dos grandes grupos, o géneros, de homínidos en los últimos 4 millones de años. Uno de ellos es el género Homo, que apareció hace 2.5 millones de años y que incluye por lo menos tres especies: Homo habilis, Homo Erectus, Homo sapiens. Uno de los grandes misterios de los estudiosos de la prehistoria es cuándo, cómo y dónde el género Homo remplazó a los Australopitecos. En zonas del este de África se encontraron restos de otros homínidos que existieron al mismo tiempo que los Australopitecos, lo que viene a demostrar que esta especie de homínidos no era la única sobre la Tierra hace dos o tres millones de años. Como los homínidos que se encontraron parecen mucho más "hombres", se les ha puesto el nombre de Homo. La primera especie del género Homo apareció hace 2.5 millones de años y se dispersó gradualmente por Africa, Europa y Asia.
En sus primeras manifestaciones se le conoce como Homo habilis, y tenía una capacidad craneana de 680 cm3 y su altura alcanzaba el metro y 55 cms. Era robusto, ágil, caminaba erguido y tenía desarrollada la capacidad prensil de sus manos. Sabía usar el fuego, pero no producirlo, y se protegía en cuevas. Vivía de recolectar semillas, raíces, frutos y ocasionalmente comía carne.
La especie que se desarrolló posteriormente a esta se denomina Homo Erectus, hace 1.5 millones de años. La diferencia fundamental del Homo Erectus y los homínidos que lo antecedieron radica en el tamaño, sobre todo del cerebro. Su cuerpo es la culminación de la evolución biológica de los homínidos: era más alto, más delgado, capaz de moverse rápidamente en dos pies, tenía el pulgar más separado de la mano y su capacidad craneana llegó a ser de 1250 cm3. También fabricó herramientas, como el hacha de mano de piedra, y aprendió a conservar el fuego, aunque no podía generarlo. Los científicos creen que esta especie se propagó hacia el Norte, por Europa (hasta Francia) y Asia, durante 4 000 años. Esta especie duró diez veces más tiempo de la que lleva sobre la tierra el ser humano moderno. Entre los Homo Erectus que se han encontrado restos están el "Hombre de Java".
Una o más subespecies del Homo Erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens, un nuevo tipo físico. Los restos más antiguos del Homo sapiens tienen una edad entre 250 mil y 50 mil años. En sentido estricto se le denomina Homo sapiens neanderthalis: el hombre de Neanderthal. Recibe este nombre por el lugar dónde se encontró el primer cráneo que demostraba la existencia de su especie, en el valle de Neander, en Alemania. Los hombres de Neanderthal tenían el cerebro de mayor tamaño y el cráneo distinto que del Homo Erectus. Su mentón estaba hundido y su constitución era muy gruesa. Esta especie se encontró desde Europa occidental y Marruecos hasta China, pasando por Irak e Irán. Los neanderthales estaban más capacitados y eran mentalmente más avanzados que ningún otro ser que hubiera habitado en la Tierra anteriormente. Esta especie humana vivió la última glaciación y se adaptó a ella construyendo hogares excavados en el suelo o en cavernas y manteniendo hogueras encendidas dentro de ellos. Los neanderthales que vivían en las zonas del norte de Europa fueron cazadores y se especializaron en atrapar a los grandes mamíferos árticos: el mamut y el rinoceronte lanudo, cuyos restos llevaban arrastrando hasta la entrada de sus cuevas, en donde los cortaban en pedazos. Los hombres de Neanderthal se cubrían con pieles y disponían de mejores útiles de piedra que sus antepasados. Además realizaban una actividad novedosa: enterraban a sus muertos con gran esmero (en Asia se encontró un niño de Neanderthal enterrado entre un círculo de cuernos de animales). Los muertos no sólo eran enterrados cuidadosamente, sino que también el muerto era provisto de utensilios y comida. Es posible que los enterramientos y los vestigios de rituales en los que aparecen animales señalen los inicios de la religión. Tal vez creían ya en una especie de continuación de la vida después de la muerte.
El hombre de Neaderthal desapareció bruscamente, su lugar fue ocupado por los hombres modernos, hace unos 35 mil años. Después del Neanderthal vino el Homo sapiens, que es la especie a la cual pertenecemos los seres humanos modernos. Se han encontrado restos de los primeros miembros de esta rama en el Cercano Oriente y los Balcanes, fechados entre el 50 mil y el 40 mil antes de Nuestra Era. Quizá avanzaron hacia el norte y occidente a medida que retrocedía el hielo. Estos seres humanos también cruzaron el estrecho de Bering, penetrando así en el continente americano y llegaron a Australia hace unos 25 mil años. Los Homo sapiens se extendieron por la Tierra más que ninguno de los primates anteriores. Un grupo prehistórico de esta especie fueron los hombres de Cro-Magnon (32 mil años), llamados así por la cueva cercana a la aldea de Les Eyzies, Francia, donde fueron hallados sus restos óseos. Los cro-magnones vivieron la última glaciación y aunque su cerebro no era mayor que el del hombre de Neanderthal, le dieron nuevos usos pues, entre otras cosas, hicieron y mejoraron muchos instrumentos y armas. Los cro-magnones son también los artistas más antiguos. El hombre actual no difiere básicamente ni en capacidad cerebral, ni en postura, ni en otros rasgos físicos, del modelo que la evolución había logrado en el hombre de Cro-Magnon. Para los biólogos, todos los seres humanos formamos parte de la misma especie (Homo sapien) aunque hay distintas razas. Las líneas generales de distribución racial se iniciaron en la Prehistoria. Desde el punto de vista físico se pueden reconocer por lo menos cuatro categorías raciales fundamentales: negroide, caucasoide, mongoloide, australoide. Lo que dio al hombre moderno su control sobre la Tierra no fue su físico, sino su capacidad de aprovechar y transmitir a sus descendientes la información cultural por medio de su inteligencia.
A) Etapas hasta llegar al ser humano (sus antepasados):

En primer lugar contemplamos a los Primates: que son especies que presentan una serie de adaptaciones que indican un origen arborícola (habitantes de los árboles). Existen aproximadamente unas 185 especies de primates en la actualidad, que estarían clasificados en los subórdenes de los prosimios y los antropoides.
Los primates aparecieron hace 60 millones de años. A la hora de clasificarlos se tiene que hacer de forma horizontal:
Evolucionismo

Es la teoría que intenta demostrar que unas especies derivan de otras, que las especies evolucionan.
El evolucionismo biológico

Tomamos conciencia de nuestro grado de parentesco con otros animales, con los que compartimos una bioquímica muy similar. Se inicia con un cambio de la frecuencia genética. Estos cambios se pueden explicar de tres modos:
En la actualidad, se considera que el humano evolucionó de una línea directa de los primates, se cree que él y algunos primates tienen un antepasado común que fue cambiado durante millones de años. El orden de los primates incluye a los lémures, los monos, los antropoides y el ser humano. El conjunto de cambios que, durante varios millones de años, hicieron evolucionar algunos superiores hasta diferenciarse y constituir la especie humana se conoce como hominización. Nuestros antepasados pertenecen a la familia homínida. Los homínidos continuaron su evolución como individuos erectos y terrestres.
El ser humano y los antropoides probablemente evolucionaron a partir de un primate muy parecido al chimpancé moderno, el procónsul, que vivió hace unos 25 millones de años. De él surgieron dos líneas evolutivas. De una, derivaron los póngidos y los gigantopitecidos actualmente extintos. Australopitecos: los científicos sostienen que el primer homínido, antepasado del ser humano actual fue este, género procedente de las sábanas africanas, donde se han encontrado los fósiles humanos más antiguos, era pequeño (más que las personas actuales pesaba unos 40kg, tenía aspecto simiesco, con la cara corta y ancha, la frente muy pequeña, las mandíbulas muy robustas y poco prominentes y dientes fuertes. Homo Habilis: en 1964 se hallaron los restos de un homínido; se le consideró el primer usuario de herramientas que se encontraron en el mismo sitio. El cuerpo del homo habilis era menos pesado que el de los australopitecos, tenía un cráneo con una capacidad cerebral de 670 a 770 cm³, mentón retraído, dientes pequeños, rasgos simiescos menos acentuados y caminaba erguido. Se cree que estos homínidos surgieron de cierta población de australopitecos.
Homo Erectus: los científicos dieron este nombre a los fósiles de homínidos que fluctúan entre las edades de 1.5 a 0.5 millones de años, los rasgos del homo Erectus eran distintos a los del australopitecos y más aproximados a los del ser humano actual; su cuerpo estaba perfectamente adaptado a la postura erguida y a la locomoción de dos pies, la frente inclinada, ausencia de mentón y las mandíbulas pesadas y protuberantes.
Homo Sapiens: hombre de Neanderthal, que apareció en Europa, Asia y África. El hombre del Neanderthal era poderoso y de corta estatura, vivía en un ambiente rigurosamente frío, construyó armas eficaces, cazo grandes animales para su alimentación y enterró a sus muertos con ceremonias. Su cerebro era tan grande o más que el de un humano actual, su avanzada cultura sugiere que era inteligente. Las dos variedades de Homo sapiens coexistieron durante 20 mil años. Aunque pudieron mezclarse ocasionalmente, hace 30 mil años los neandertales habían desaparecido. De ahora en adelante, ya no nos referiremos a homínidos sino a personas o seres humanos pertenecientes a la especie Homo sapiens. Respecto a su distribución geográfica, se cree que hace más de 25 mil años migraron -desde África, Asia, Europa y algunas islas próximas a la costa-, aprovechando el descenso de las aguas a causa de las glaciaciones. De esta manera poblaron toda América, hasta Tierra del Fuego, y Australia, incluida Tasmania, isla situada frente a su costa sudoriental. La Antártida fue la única masa continental que permaneció inhabitada hasta la época contemporánea.
La última edad del hielo terminó hace unos 10 mil años, con lo que el clima se hizo más templado. Crecieron de nuevo los árboles y reaparecieron los bosques. Al mismo tiempo, desaparecieron los mamuts.
Con todos estos cambios del entorno, y producto de la distribución de la población por todo el planeta, lo que implicaba hábitat distintos -sol o hielo, bosque o llano, humedad o sequedad, altura y latitud-, alimentación diferente y herencia genética variada, se produjo una diversificación étnica. La distinción entre una raza y otra probablemente se produjo entre el 8.000 y el 4.000 a.C., con diferencias de altura y proporción, estructura facial y color de piel, matices y contextura del cabello.
El hombre Evoluciona
El hombre existe desde hace miles de años sobre la Tierra, sin embargo, él no siempre ha sido igual. Ha ido evolucionado en el tiempo, es decir, ha ido cambiando y adaptándose a las necesidades que se le han presentado. Los primeros hombres tenían una boca muy grande, con poderosos dientes y una mandíbula muy fuerte, porque cortaban todo con sus dientes. En la actualidad, en cambio, nuestros dientes y mandíbula son más pequeños, porque contamos con diversos utensilios que nos ayudan en nuestras actividades. Los primeros seres humanos que habitaron la Tierra, vivían de una manera muy simple: se alimentaban de los animales que cazaban, y de vegetales. Con el paso de los años, fueron creando herramientas que les permitieron matar animales más grandes que él, y su alimentación mejoró. Tras varios siglos, el hombre descubrió que si plantaba una semilla, esta le entregaba nuevos frutos. Surgió así la agricultura, y junto a ella la necesidad de quedarse en un mismo lugar para cuidar lo que se había plantado. Como los hombres ya se instalaron, comenzaron a construir casas más sólidas, utilizando piedras o adobes. Además, debido a su necesidad de estar con otros como él, poco a poco surgieron grupos de "casas" o aldeas. Después, estas aldeas se convirtieron en pueblos más grandes, luego en ciudades y más tarde, en algunos casos, en una gran civilización.
De este modo, podemos definir el concepto de civilización como agrupaciones humanas con un gran nivel de desarrollo.
El genetista Steve Jones, profesor del University College de Londres, asegura que la evolución del ser humano ha llegado a su fin, aunque matiza que de momento, debido a un cambio en las costumbres y usos sociales de Occidente. Según este científico, existen tres componentes que favorecen la evolución, la selección natural, la mutación y el cambio al azar, y el hombre occidental está acabando con el segundo de esos factores. Al parecer, la tendencia de los hombres occidentales de tener descendencia antes de los 35 años está reduciendo significativamente la probabilidad de nuevas mutaciones como la que, en su día, dio origen a nuestro dedo pulgar.


Durante una conferencia en el University College de Londres titulada 'Human evolution is over' (La evolución humana ha terminado) el reputado genetista explicó hoy que "los cambios sociales de la humanidad a menudo modifican nuestro futuro genético". Como ejemplos citó los patrones de matrimonio, los anticonceptivos, los fármacos o la polución, pero subrayó especialmente, como uno de los factores más importantes, la edad de los hombres que se plantean tener hijos.


Según el profesor Steve Jones, los hombres de más de 35 años tienen más posibilidades de transmitir mutaciones a sus descendientes que los varones más jóvenes, debido a que las divisiones celulares en los hombres se incrementan con la edad. "Cada vez que hay una división celular, hay una oportunidad para el fallo, para la mutación, para el error", asegura el genetista, según informaciones del diario británico.


Para un padre de 29 años de edad -la edad media de reproducción de un hombre en Occidente- hay alrededor de 300 divisiones celulares", explica el científico, que asegura que en "un padre de 50 años de edad, esta figura está por encima de las 1000 divisiones celulares". Por tanto, "una caída en el número de padres mayores tendrá un efecto importante en los índices de mutación", lo que influirá en la evolución humana, asegura.


El profesor Jones habla de tres factores de evolución en el ser humano: la selección natural, la mutación y los cambios al azar o diversidad genética. "Inesperadamente hemos eliminado el factor de la mutación por los cambios en los modelos reproductivos", argumentó el científico durante su exposición. Cabe recordar en este sentido que fue precisamente una mutación la que produjo la aparición del dedo pulgar en el ser humano.
La evolución biológica es el proceso continuo de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones, y que se ve reflejado en el cambio de las frecuencias alelicas de una población. Generalmente se denomina evolución a cualquier proceso de cambio en el tiempo. En el contexto de la ciencia de la vida, la evolución es un cambio en el perfil genético de una población de individuos, que puede llevar a la aparición de nuevas especies, a la adaptación a distintos ambientes o a la aparición de novedades evolutivas. A menudo existe cierta con función entre echo evolutivo y teoría de la evolución. se denomina hecho evolutivo al hecho científico de que los ser vivos están emparentados entre si y han ido transformándose a lo largo del tiempo. La teoría de la evolución es el modelo científico que describe la transformación evolutiva y explica sus causas. Charles Darwin y Alfred Russel Wallace propusieron la selección natural como principal mecanismo de la evolución. Actualmente, la teoría de la evolución combina las propuestas de Darwin y Wallace con las leyes de Mendel y otros avances genéticos posteriores; por eso es llamada síntesis moderna o teoría sintética. En el seno de esta teoría, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos en una población o a lo largo de las generaciones. Este cambio puede ser causado por una cantidad de mecanismos diferentes: selección natural, deriva genética, mutación. La teoría sintética recibe una aceptación general en la comunidad científica aun que también ciertas críticas. Han sido enriquecidas en su formulación, en torno a 1,940, por avances en otras disciplinas relacionadas, como la biología molecular, la genética del desarrollo.
Un ser vivo, también llamado organismo es un conjunto de átomos y moléculas que forman una estructura materia y muy organizada y compleja, en la que interviene sistemas de comunicación moléculas, que se relaciona con el ambiente con un intercambio de materia y energía de una forma ordenada y que tiene la capacidad de desempeñar las funciones básicas de la vida que son la nutrición, el crecimiento, la relación y hacer posible la reproducción, de tal manera que los seres vivos actúan y funcionan por si mismos sin perder su nivel estructural hasta su muerte. La materia que componen los seres vivos están formada en un 95% por cuatro bioelementos (átomos) que son el carbono, hidrogeno, oxigeno y nitrógeno, a partir de los cuales se forman las biomoleculas: Biomoleculas orgánicas o principios inmediatos: glúcidos, lípidos, proteínas y ácidos nucleídos. Biomoleculas inorgánica: agua, sales, minerales y gases. Estas moléculas se repiten constantemente en todos los seres vivos, por lo que el origen de la vida procede de un antecesor común. Todos los seres vivos están constituidos por células. En el interior de estas se realizan las secuencias de reacción químicas, catalizadas por enzimas, necesarias para la vida. El hombre se cuestiona tantas preguntas, ¿qué es la vida?, ¿Cómo se inicio? Las primeras noticias provienen de los griegos, pero estas no están demostradas. Hay dos teorías, por un lado unos pensadores suponían que la vida había aparecido en la tierra y que había ido cambiando; por el otro lado estaban los que crían que la vida se estaba formando constantemente en la Tierra.

Conclusión
Las actividades humanas son expresiones culturales definibles que no se puede medir, la tendencia de la investigación sobre la expansión humana es cada vez más específico, convirtiéndose en uno de los fundamentos que hoy en día han sido estudiadas dando como resultado hechos que llevan a admitir la realidad de la evolución de los vivientes entendida como en desarrollo ordenado, de una formas menos compleja o a otras cada vez más complicadas y diversificadas.
El hombre es el único ser capaz de actuar. Ejemplo: drenar un ecosistema demasiado húmedo o irrigar otro demasiado seco, por ello el hombre es un factor súper orgánico que introduce un orden suplementario ya que depende de su medio, de los alimentos, de la humedad, del aire, del calor, del agua, etc. O sea que forma parte de los ecosistemas.

Habitamos un solo planeta, pero muchos mundos.

Recomendaciones

Debemos de practicar nuestros valores ante cualquier situación que la vida nos da. Así mismo. Respetar las costumbres y culturas que posee nuestra sociedad.

Todos tenemos derecho de vivir y habitar la tierra de esa forma conseguir y mantenerlo para el futuro en buenas condiciones.

Debemos de establecer parámetros para las necesidades que tiene la sociedad proveyendo las mejores condiciones para el entorno ambiental brindándoles protección dentro del predio de la habitabilidad.

Gracias a la tecnología y a los análisis científicos podemos ver los avances y actualizarnos sobre la evolución del ser humano en sus distintas fases y creaciones.

Bibliografía
Almeida E. (2004) Conferencia Magistral: Psicología Social Comunitaria y Vil ecología del Desarrollo Humano. Una perspectiva Personal. Homenaje a Bronfenbrenner VII Congreso al Encuentro de la Psicología Mexicana y III Congreso Latinoamericano de Alternativas en Psicología. 22-25 sept. Acapulco México
Arce C. (1994) Técnicas de construcción de escalas psicológicas. Editorial Síntesis Psicología. Madrid España.
Bonfil, P. (1997) "Mujeres y Familias rurales en el México actual". En UNICEF, Ámbitos de familia. UNICEF - Colegio de México.
Bronfenbrenner, U. (1987) La Ecología del Desarrollo Humano. Editorial Paidòs. España.

Corral V. V. (2001) Comportamiento pro ambiental. Una introducción al estudio de las conductas protectoras del ambiente. Editorial. RESMA, S. L.

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