Resumen En el estudio de las emociones las aportaciones científicas de los últimos años han incorporado elementos relevantes para la comprensión de las experiencias de los hombres y de las mujeres, en las condiciones sociales concretas en las que se generan.




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títuloResumen En el estudio de las emociones las aportaciones científicas de los últimos años han incorporado elementos relevantes para la comprensión de las experiencias de los hombres y de las mujeres, en las condiciones sociales concretas en las que se generan.
fecha de publicación05.02.2016
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XI Congreso Español de Sociología

Madrid, 10-12 Julio 2013

GT. Sociología de las Emociones
Emociones y experiencias en la cultura contemporánea. Un proyecto emergente: el Centro de Investigación e Innovación Henri Lenaerts

Ana Aliende Urtasun*, Martine Jourdain Bernard, Roberto Ciganda, Fernando Cañada

Departamento de Sociología. Edificio de los magnolios.

Campus Arrosadía. 31006 Pamplona

*ana.aliende@unavarra.es, famille.jourdain@ono.com,

roberto@muraria.com, info@muraria.com

Resumen

En el estudio de las emociones las aportaciones científicas de los últimos años han incorporado elementos relevantes para la comprensión de las experiencias de los hombres y de las mujeres, en las condiciones sociales concretas en las que  se generan. Esto implica revisar categorías conceptuales y superar barreras disciplinares. Los avances de la neurociencia, la progresiva constatación empírica de la importancia de la dimensión emocional en la construcción de la racionalidad y sus consecuencias en los procesos de cambio en las sociedades desarrolladas, hacen necesaria la sistematización de una nueva metodología, basada en la integración de saberes, que permita incorporar al análisis las condiciones que producen seguridad y la adaptación creativa de los individuos.

Se trata de integrar las denominadas “dos culturas” que caracterizan el conocimiento contemporáneo: por un lado, las humanidades y, por otro, las ciencias. Conocer la verdad de las ciencias –verdad siempre cuestionable y cuestionada también por los propios científicos– supone poner en relación existencial todo lo que significa conocimiento y verdad, amplificando la conciencia, abriendo el cuerpo y la mente a experiencias nuevas, con el fin de integrar la subjetividad en el conocimiento. O, dicho de otro modo, implica aprender desde las ciencias a mirar de otra manera, enriqueciendo y trastocando lo dado con miradas que desean intervenir en el mundo para mejorarlo.

El objetivo de esta ponencia es presentar el Centro de Investigación e Innovación Henri Lenaerts. La inquietud por saber, por comprender al ser humano, es el eje de la obra y del pensamiento del escultor belga Henri Lenaerts. Su labor creativa nos lleva a plantear una idea inicial del proyecto: “La verdadera experiencia, escribe, es ver la realidad con otros ojos”. Con este trasfondo, planteamos iniciativas culturales dirigidas hacia la indagación sobre la conexión entre emoción y racionalidad y nos servimos de los conceptos de investigación e innovación. Estos son ejes en los que pivota en el mundo contemporáneo el desarrollo económico, científico y social. Si bien, en el campo de la cultura son conceptos difusos, la innovación no tiene un significado preciso y depende del ámbito y de quién lo utiliza. La cuestión radica en plantear si es aplicable este concepto al campo de la cultura. Este es el reto que afrontamos en el centro de Investigación Henri Lenaerts, cuyo objetivo es explorar conexiones entre creatividad, investigación, ciencia, tecnología, comunicación, arte y cultura, así como, profundizar en el campo de la producción cultural, entendido como espacio de participación y diálogo que crea, difunde y transforma saberes.
Palabras clave: cultura, investigación, innovación, emociones, experiencias


  1. Introducción

Pensar colectivamente en el papel que cumple el conocimiento en nuestro mundo es, en la actualidad, un reto. Y, concretamente, la ciencia –como paradigma contemporáneo del saber– (Agazzi, 1996), y las ciencias sociales en particular dentro de ese paradigma para nutrirlo, para enriquecerlo. Se trata de unir las denominadas “dos culturas”, científica y humanista. No hay ciencia sin cultura, ni posibilidad de hablar de cultura sin colocar dentro ella el importante espacio que ocupa la ciencia y sus aplicaciones. La cultura es más amplia que la ciencia pero sin introducir el potencial tecno científico que poseemos en la actualidad no podemos hablar de cultura. En la creación de espacios de interrogación para la mirada humana convergen las descripciones del universo –en las que a partir de la teoría de la relatividad de Einstein, el espacio-tiempo no puede aislarse de sus contenidos (materia y energía)– y la experiencia existencial con su firme anclaje biológico y cultural.

Se trata siempre de descubrir una verdad o demostrar un error, de enterarse bien de esa verdad y poseerla para volver a formular preguntas y explorar en nuevos niveles de conocimiento. Con capacidad –por tanto– para integrar la subjetividad –conocer es existencial, corporal– en conocimientos profundos que no segreguen lo natural de lo social. “Apenas por encima de la superficie de lo cotidiano, escribe Greene, hay un mundo que apenas habíamos reconocido” (Greene, 2006). Alcanzar una “verdad”, dentro de las ciencias, supondría poner en relación existencial todo lo que significa conocimiento, con potencial por tanto de “situar la construcción de la mente humana en la historia de la biología y de la cultura” contribuyendo de ese modo a “abrir el camino que lleva a reconciliar el humanismo tradicional con la ciencia moderna” (Damasio, 2010). Se trata de unir la subjetividad al conocimiento, amplificando la conciencia, abriendo el cuerpo y la mente a experiencias nuevas. O, dicho de otro modo, aprender a mirar de otra manera, enriqueciendo y trastocando lo dado con miradas que desean intervenir en el mundo.

Este planteamiento armoniza con el modo de concebir la cultura de Bourdieu, “no como un patrimonio, como cultura muerta a la que se rinde el culto obligado de una devoción ritual (…) sino como un instrumento de libertad que supone libertad. Como un modus operandi que permite la superación permanente del modus operatum, de la cultura cosa y cerrada” (Bourdieu, 1992). Bourdieu se detiene en el papel capacitador de la cultura. Un papel que queremos destacar en esta ponencia para plantear –como objetivo implícito de la misma– de la mano de Bauman, la ambivalencia entre creatividad–actividad del espíritu libre, invención de la autocrítica y de la auto trascendencia– y regulación normativa –continuidad, rutina y orden social– que caracteriza a esta “herramienta fructífera de percepción y de pensamiento” que es la cultura (Bauman, 2002).

El objetivo de esta ponencia es presentar el proyecto de “Centro de Investigación e Innovación Henri Lenaerts” desde una perspectiva integradora de saberes que contribuya a edificar la sociedad del conocimiento y del talento abriendo caminos hacia “unas humanidades nuevas, de base científica, a la altura de las necesidades provocadas por las grandes crisis del siglo XXI” (Galanter, 2011). Planteamos el conocimiento como un elemento esencial de la cultura que “se relaciona con el desarrollo de las competencias y relaciones humanas” (Krüger, 2006). En primer lugar, abordamos el concepto de innovación explorando su aplicación en el campo de la cultura. A continuación, en segundo lugar, detallamos los contenidos básicos de la experiencia creativa a la luz de los avances de la neurociencia para la comprensión de las emociones. En tercer lugar, presentamos el perfil del artista belga Henri Lenaerts y su legado para terminar esbozando, en cuarto lugar, los fundamentos y la estructura del Centro de Investigación e Innovación que lleva su nombre.
  1. Aproximación al concepto de innovación en el campo de la cultura


En las últimas décadas el concepto de innovación ha ido adquiriendo un mayor protagonismo en todos los ámbitos. Una parte de la explicación de los procesos de cambio social relacionados con el denominado “nuevo espíritu del capitalismo” (Boltanski y Chiapello, 2002) coloca la investigación y la innovación en un lugar central, vertebrador de las transformaciones económicas, políticas y culturales. Concretamente, las fuentes de riqueza, de poder y de calidad de vida que el conocimiento y sus aplicaciones –la denominada tecnociencia– pueden generar, se relacionan con la capacidad de transformar lo aprendido en prácticas innovadoras en todos los ámbitos de la vida social: energía, comunicación, salud, medio ambiente, etc.

Las estrategias políticas de los países desarrollados –en el caso de España en el marco europeo de investigación– se desarrollan con sus respectivos Planes Nacionales. Estos recogen, junto a la investigación y el desarrollo, la innovación. Se trata –como todos sabemos– de la i pequeña del I+D+i. Investigación, desarrollo e innovación quedan así entrelazados para fundamentar el progreso económico y social, en cada una de las comunidades que conforman el Estado de la autonomías.

Las instituciones, organismos y departamentos que financian la cultura movilizan también estos discursos “innovadores” cuyo objetivo final es el “mejoramiento tanto sociopolítico como económico” (Yúdice, 2002). Se trata de una expansión sin precedentes del papel de la cultura. Expansión que, a su vez, transforma el concepto de cultura tal y como lo entendíamos, generando consecuencias relevantes en el diseño de las políticas culturales. Se trata de un planteamiento en el que la cultura se convierte en un recurso (Yúdice, 2002) que, por un lado, apunta hacia el fomento de la creatividad y, por otro, en relación con ello, ha de proporcionar usos y utilidades acompañados de ganancias contrastables que justifiquen la inversión realizada. El fomento de la creatividad, entendida como ideas originales que tienen un valor, se relaciona con el de contextos innovadores que lo hagan posible. De ahí que –en ocasiones– se confunda el concepto de innovación con el de creatividad y, ambos, con la importante vertiente tecnológica que caracteriza al mundo contemporáneo. Así, tecnología e innovación quedan estrechamente relacionados e incluso en ocasiones se confunden.

Las humanidades nuevas de base científica, a la altura de las circunstancias, demandan un modo de conocer –de articular lo intelectual y lo intuitivo, la imaginación y el rigor– cuestionando los procedimientos con que habitualmente se representa lo real. O, dicho de otro modo, indagando y poniendo de manifiesto aspectos subjetivos e intersubjetivos no percibidos. Son las denominadas “dos culturas” por las que Snow mostraba su preocupación hace décadas (Snow, 1993) por considerar que planteaban de modo aparentemente irreconciliable dos cosmovisiones contradictorias: la de la ciencia y la de las humanidades (Galanter, 2011).

En este sentido, el conocimiento es una apuesta por la integración de saberes que preserva la unidad fundamental de la práctica humana, avanzando en la creación de marcos epistemológicos que posibiliten la verdad científica, es decir, objetividades que se corresponden con diversos planos de realidad (Debray y Bricmont, 2004) colocando las aportaciones de las distintas ciencias y disciplinas en el centro (Bourdieu, 1995; Changeux, 2010). Esto implica, desde el punto de vista intelectual, continuas revisiones conceptuales que vinculen los resultados de las especialidades científicas para ponerlos al servicio de los desafíos económicos, políticos y culturales en los que estamos inmersos. Las divisiones disciplinarias hacen factible la investigación, pero dificultan, a veces, el diálogo y la coordinación necesarios para disponer colectivamente del potencial teórico y metodológico que el conocimiento requiere en un momento en el que se da un asalto a la razón y a la ciencia (Sokal y Bricmont 1999) y en el que, además, hay que descifrar y confirmar teórica y metodológicamente el alcance de los efectos colaterales –no deseados– que inducen decisiones basadas en el conocimiento experto (Beck, 1998).

Así, la ambivalencia entre creatividad y regulación normativa que caracteriza a la cultura la convierte en un recurso con fines y utilidad que invitan a la exploración. Concretamente, el concepto de innovación aplicado al ámbito de la cultura implica concebir este “especial” recurso como un espacio de investigación, de producción de conocimiento, capaz de desarrollar iniciativas que podrán contribuir a producir cultivo y renovación del saber, participando de un diálogo con la contemporaneidad, con la tradición y con el futuro. Se trata de la configuración de contextos innovadores más que de objetos innovadores. Contextos en los que pueda ocurrir algo que habitualmente no ocurre.

  1. La experiencia creativa

El legado de experiencia creativa lleva a indagar en el proceso que origina a una exploración en el ámbito de las percepciones, emociones y mediaciones. En este sentido, la creación artística se revela como una perspectiva innovadora. Para crear, es necesario que el cuerpo y la mente aprendan a emanciparse de sus propios hábitos, que rompa los modos ordinarios de percepción y que se abra a nuevos espacios. A través del lenguaje artístico se movilizan energías latentes y se conciben formas nuevas de expresión que contribuyen –a su vez– a educar la mirada, la sensibilidad y el pensamiento. El arte, igual que la ciencia, rompe con la identificación del entorno real, con las evidencias. Modela universos posibles e invita a la búsqueda de experiencias, de conocimiento. El investigador –en el arte o en la ciencia– celebra siempre la duda, no se aferra a los conceptos que carecen de consecuencias observables y, de esa experiencia, surge el pensamiento. Los instrumentos de búsqueda se vuelven contra el sujeto de conocimiento para reforzar y controlar su quehacer (Bourdieu, 2003). Así, la cultura supone una experiencia de vida constante donde lo más íntimo es, también, lo más universal.

A la luz de las aportaciones que la neurociencia ha realizado en las últimas décadas, las relaciones entre cuerpo, mente, emociones, percepciones, sensaciones, sentimientos, pensamiento y acción adquieren nuevos contenidos y nos proporcionan datos sobre el funcionamiento de la mente, del cuerpo, de la conciencia y de los procesos emocionales (Damasio, 2000; 2001; 2010). Se trata de las pautas de activación del cerebro y cómo la mente las utiliza para crearse, durante toda la vida, con relación a las condiciones y a las experiencias -seres humanos reales en cada situación (Collins, 2004)– que van conformando la arquitectura permanente del cerebro y ayudan en la comprensión de la relación de los procesos materiales e inmateriales del cuerpo. Las emociones son los hilos que tejen la vida mental y en cada actuación se modulan. Las emociones son la pauta relacional que vincula el cuerpo como fundamento de la mente consciente, el yo y el entorno. Esos trabajos suponen una revolución de la investigación en estas áreas, un reto en la exploración de las relaciones entre la genética y el entorno, la continuidad entre el cuerpo (Le Breton, 1995), la mente (Wilber, 2008) y el espíritu (Weber, 1986), y el necesario encuentro (Evers, 2005; Papoulias y Callard, 2010) con la dimensión ética (Agazzi, 1996; Damasio, 2007; Giddens, 1991).

Articular los elementos de una visión integrada de la identidad humana que permite acceder a la sensibilidad de lo vivo o, dicho de otro modo, que “las ciencias de la cultura” se desarrollen de acuerdo con otros conocimientos relativos al hombre (Schaeffer, 2009), implica comprender como configuramos nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. Cada pensamiento origina una emoción y cada emoción libera cascadas hormonales que tendrán impacto en los millones de células que forman un organismo. De la misma forma que nuestras células generan nuestros pensamientos, los pensamientos modifican nuestras células. Así, el pensamiento supone una actividad cognitiva y emocional. Transformamos nuestra biología mediante lo que pensamos, sentimos y hacemos.

La creatividad tiene su fundamento tanto en el principio clásico del arte como medio de expresión del ser humano, como en los modos de percibir el mundo, las funciones biológicas del sistema nervioso y las estructuras mentales que permiten que el individuo represente el entorno en que está sumergido. La conciencia, como mente dotada de subjetividad (Damasio, 2010), es desde el punto de vista ontológico, una función biológica de las actividades neurales del cerebro. Y es, desde el punto de vista epistemológico, el modo de comprender la experiencia subjetiva que moviliza las emociones y que son la característica fundamental de la moral. Los valores -rasgos distintivos de las fuerzas motrices de la evolución de la conciencia- permiten funcionar en nuestros entornos con diferentes formas de moralidad.

Las conexiones neurales tienen consecuencias corporales en el pensamiento, en el sentimiento, en la identidad, en la conciencia y en las prácticas. Fomentar la creatividad significa amplificar la experiencia y enriquecer el pensamiento dado que es un modo de percibir y activar recursos emocionales para innovar en todos los ámbitos de la vida. A la inmediatez de lo nuevo hay que añadir los tiempos, más lentos, que se precisan para captar el interés o implicarse emocionalmente en el momento, llamando la atención sobre las experiencias y las prácticas, abriendo espacios de sensibilidad que proporcionen imágenes con las que enriquecer la percepción de lo real, su representación y el nexo entre ambos.

  1. Henri Lenaerts, el artista

Henri Lenaerts (1923/2006) es un artista de proyección internacional, representada entre otros por sus obras para el Ministerio de Trabajos Públicos de Bélgica (Escuela de Reeducación de Wauthier-Braine, Reloj Monumental de l’Albertine de Bruselas, etc.) o las que forman parte de las más destacadas colecciones públicas (Museo de Arte Moderno de Bruselas, plazas públicas de Ostende, Turnhout, Meise y Bruselas) y privadas (Générale de Banque, la Morgan Guaranty Trust, Universidad Católica de Lovaina, etc.). Su labor fue reconocida con numerosas distinciones como la Orden de Leopoldo, Premio Luis Schmidt, Premio Berthe Art, Premio Koopal, Premio de Escultura en Forest, Premio de la Obra Nacional de Bellas Artes, Oficial de la Orden de Leopoldo, Oficial de la Orden de la Corona, etc.

Lenaerts es un creador plástico, la escultura se muestra como un lenguaje que le sirve para expresar intuiciones e inquietudes profundas de un investigador incansable, centrado en la comprensión del ser humano –en su facultad de conocer y conocerse– en armonía con el entorno. Con el mismo trasfondo de encarnar las enseñanzas en su experiencia personal explora a través de otras vías, artísticas (dibujos y pinturas) o científicas (tesis doctoral, publicaciones, escritos). El ser humano y la naturaleza, su comprensión y la búsqueda de sintonía entre ambos, y las energías que los unen, son una constante en su obra. Su vida es un proyecto de integración del conocimiento a través del estudio de la totalidad: la naturaleza, el ser humano, sus relaciones entendidas como parte de una unidad equilibrada, del universo que es uno, dependiente, inteligente y armonioso.

Su labor creativa nos lleva a plantear una idea inicial del proyecto: “La inconmensurabilidad de la psique humana”. Esta idea inicial Henri la explora a través de los movimientos y variaciones de los ritmos corporales. En su formación en la India le interesaron las diferencias entre el conocimiento occidental –la razón teórica griega– y las visiones de la verdad que contienen la alta tradición (Zimmer, 2010), el sentimiento religioso del hinduismo (Kakar y Kakar, 2012). En sus esculturas los gestos del cuerpo, sobrios de volúmenes y posturas, poseen una gran profundidad espiritual. Particularmente la mujer se convierte en objeto de investigación. Su cuerpo es objeto de indagación constante.

Tras cinco años de investigación de la cultura hindú en la Universidad de Benarés (India) el escultor belga Henri Lenaerts (1923-2006) llega a Navarra en el año 1971 buscando tranquilidad y sosiego. Atrapado por el paisaje, la naturaleza, el silencio y la vida de sus gentes, dedicadas a la ganadería y la agricultura tradicionales, el artista se instala en un gran caserón de estilo barroco popular en Irurre (valle de Guesálaz). En este lugar pasará el resto de su vida, un ámbito en el que la creación, la reflexión y el pensamiento surgen con un intenso trabajo en equilibrio con el entorno, concretándose en una producción variada y numerosa.

Estos años son para Henri muy prolíficos, desde Irurre mantiene su relación con el círculo artístico europeo, especialmente belga, realiza muchos viajes –Italia, Grecia, Marruecos, Turquía, Egipto, Irán, etc.– y sigue siendo el “artista-amigo” de los reyes Balduino y Fabiola. La producción de obra para espacios públicos queda entonces en un segundo plano frente al interés por el disfrute del trabajo íntimo y cotidiano que da paso a una producción libre de compromisos. Adapta la casa a sus necesidades y la convierte en su espacio propio, dotándola de un importante número de obras de arte surgidas de su actividad creadora y sus preocupaciones intelectuales, así como de sus fluidas relaciones con otros artistas europeos de primera línea.

Tras su muerte deja a su compañera, Paulette Garin, el reto de crear una fundación encargada de conservar y difundir su legado material e intelectual. Esta labor se viene desarrollando desde hace más de cuatro años. De forma meditada y ordenada, se acometen trabajos que consolidarán la creación del Centro Henri Lenaerts. Pasos pequeños, adecuados a los medios económicos y técnicos del momento, pero muy sólidos. Un proyecto que se apoya en un patrimonio constituido por más de 2.500 obras de arte entre esculturas en bronce, madera y piedra, pinturas, tapices y dibujos.

  1. El Centro de Innovación e Investigación

La Fundación Henri Lenaerts es una institución privada sin ánimo de lucro constituida en octubre de 2008 con el fin, esbozado en su acta constitucional, de “divulgar, exponer y desarrollar el pensamiento y la obra del artista de origen belga Henri Lenaerts”. Parte por ello del legado material e intelectual del escultor y doctor en filosofía hindú, tratando de continuar en su afán innovador e investigador con el objetivo de mejorar las condiciones de vida del ser humano y de la sociedad a través del conocimiento.

El “Centro de Investigación e Innovación Cultural Henri Lenaerts” se plantea, por tanto, como el medio para alcanzar esta aspiración. A medio plazo, se desea convertir el Centro en un núcleo de investigación e innovación cultural, al servicio del conjunto de la sociedad, enmarcando su actividad en los siguientes objetivos generales:

  • Promover el desarrollo del pensamiento crítico y artístico.

  • Impulsar la investigación en el ámbito de las Artes y de las Ciencias.

  • Colaborar con las instituciones para la toma de conciencia del valor de la investigación en el ámbito de las actividades propias de las artes y las ciencias.

  • Impulsar la relación con otras fundaciones cuyos fines sean similares.

  • Estudiar la obra y pensamiento de Henri Lenaerts.

El “Centro de Investigación e Innovación Cultural Henri Lenaerts” posee recursos materiales como base para desarrollar su actividad. Por un lado, la que fue casa del artista en Irurre, terrenos rústicos y varias parcelas urbanas en el Valle de Guesálaz. Y, un museo de escultura al aire libre –Jardín de Paulette- con una selección de bronces que permite comprender y difundir la obra, y el pensamiento de este singular creador contemporáneo.

Por otra parte, el legado artístico e intelectual de Henri Lenaerts. El legado artístico está compuesto por más de 2.500 piezas que conformaron su colección personal. Se trata de obras de arte contemporáneo europeo donadas por el entorno más íntimo (acuarelas de su primera mujer, Marie-Josée Van Broeck, tapices de Paulette Garin) y por los amigos artistas de Lenaerts (pinturas y esculturas de otros destacados artistas belgas como A. Dasnoy, P-W. De Muylder, etc.) Y de arte antiguo. Así, además de algunas piezas señeras, como la Sagrada Familia con San Juanito de la escuela de flamenca (siglo XVII), la colección muestra el gusto de Henri por la pintura franco-belga de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, con autores como el flamenco Jakob Smits o el costumbrista Edouard Hubert. Adquirió también piezas de arte oriental que revelan el interés del escultor por una filosofía y un modo de vida que abordaría en su Doctorado. Incluyen también sedas y marfiles de China y Japón, así como algunas figuras de origen africano.

Su legado intelectual está integrado por un importante volumen de libros, manuscritos, cartas, materiales para cursos, ponencias, conferencias, artículos, tesis doctoral, etc., custodiados en el archivo de la Fundación. Resultan fundamentales para comprender, valorar, divulgar y proseguir con su ambicioso proyecto vital de investigación que se enfrenta a una realidad, la del siglo XX que le toca vivir, y que el artista contempla con preocupación.

De este patrimonio destacamos el valor excepcional de la sede de la Fundación. No por su incuestionable valor económico sino por su simbolismo, materiales y objetos. Fue taller, lugar de estudio y centro de la vida del artista desde 1971. Nos referimos a la casa localizada en Irurre donde se puede apreciar el espíritu que le rodeó en los momentos de estudio y trabajo cotidiano. En este edificio se encuentra su ambiente, sus vivencias, su documentación, sus libros, bocetos y un gran número de obra propia y ajena. Se trata de una casa de fachada de sillería de los siglos XVII-XVIII, protegida y catalogada por el Servicio de Patrimonio Arquitectónico del Gobierno de Navarra.

Resulta, por ello, un lugar idóneo para convertirse en un centro abierto no sólo al público potencial para la visita, sino a investigadores e intelectuales para el estudio de un escultor de proyección internacional, vasta cultura y con un especial interés por la tradición hindú y sus aportaciones para la comprensión de la condición humana. En el 2012 se inauguró el Jardín de Paulette con una selección de 22 esculturas de bronce. En este momento, con el proyecto arquitectónico y el proyecto museográfico en marcha, estamos dando los primeros pasos para plantear simultáneamente a la ejecución de la obra, una cátedra que, al abrigo de la Universidad Pública de Navarra, desarrolle actividades relacionadas con: arte y creatividad, naturaleza y medio ambiente, pensamiento y práctica de yoga. Esas actividades serán objeto de investigación. La cátedra se convierte en una iniciativa I+D+i en el campo de la cultura.

Junto a todo esto un grupo humano, conformado por personas con diferentes formaciones, también diferentes sensibilidades. Científicos, unidos a humanistas y artistas que desean discutir, y hacer realidad, lo explicado en la presente ponencia, que en definitiva aspiran a ser una iniciativa I+D+i. Esa punta de lanza que genera conocimiento nuevo, susceptible de llevar a cabo con él propuestas de desarrollo e innovación, dentro de un marco de creatividad y libertad.

REFERENCIAS

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