Examen independiente sobre la asistencia técnica que presta la ompi en el marco de la Cooperación para el Desarrollo




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ad hoc en relación con el apoyo a las estrategias de P.I. El equipo encargado del examen descubrió varios defectos en la orientación a potenciar el desarrollo de las herramientas que constituyen la base del proyecto del CDIP, pero destacó que el personal encargado está muy comprometido con la modificación de la metodología a la luz de la experiencia acumulada conforme avanza el proyecto. El equipo encargado del examen considera que la importancia que se presta al desarrollo en los dos proyectos de estrategia de P.I. hará que sea necesario colaborar de forma activa con las partes interesadas y los expertos externos (como por ejemplo, la OMC, la OMS, la UNCTAD, los organismos de desarrollo y las ONG), y que haya una permanente coordinación interna en relación con los aspectos sustanciales y de procedimiento de los proyectos.

En lo que se refiere al apoyo que presta la OMPI a los marcos en los ámbitos legislativo, regulador y de política de los países en desarrollo, los esfuerzos realizados por el equipo encargado del examen a fin de evaluar la orientación hacia la potenciación del desarrollo del asesoramiento legislativo que proporciona la OMPI (como por ejemplo pruebas de la incorporación de las recomendaciones formuladas en materia de flexibilidades a los tratados internacionales) se vieron frustrados por el carácter confidencial del asesoramiento legislativo específico que presta la OMPI a cada país. El equipo encargado del examen concluyó que la OMPI ha dejado de basar la asistencia legislativa que presta a los países en leyes tipo. Las pruebas recabadas por el equipo encargado del examen ponen de manifiesto que el apoyo relacionado con los sistemas legislativos de los países en desarrollo no se facilita tan sólo mediante asesoramiento jurídico, sino también por medio de seminarios y de planes y estrategias de P.I. respaldados por la OMPI. En estos casos, el equipo encargado del examen concluyó que a la hora de debatir sobre tratados internacionales, los planes se orientan más a promover la adhesión a los tratados internacionales administrados por la OMPI. Aún cuando se destaca la importancia que tienen las flexibilidades, hay poco asesoramiento práctico y proactivo acerca de cómo aprovechar dichas oportunidades. El equipo encargado del examen detectó que la OMPI facilita asesoramiento a los países en desarrollo sólo de forma esporádica y previa petición en relación con las negociaciones internacionales bilaterales o multilaterales en curso, o en relación con la aplicación de acuerdos bilaterales (aunque se facilita también algo de asesoramiento teniendo en cuenta todas las obligaciones de los países). Si bien hay países que solicitan y reciben asesoramiento acerca de la aplicación de las disposiciones relativas a la P.I. presentes en los acuerdos de libre comercio, la OMPI no proporciona asesoramiento a la hora de analizar la incidencia que estas o cualesquiera otras opciones de aplicación o negociaciones internacionales sobre P.I. puedan tener en el desarrollo. En lo que respecta a las actividades destinadas a mejorar los sistemas de apoyo a los usuarios del sistema de P.I., el equipo encargado del examen concluyó que hay una tendencia cada vez mayor a apoyar la utilización de la “P.I. para el desarrollo”. Sin embargo, en la concepción y planificación de dichas actividades, se carece por norma general de una visión crítica. El equipo encargado del examen observó, por ejemplo que no se presta suficiente atención a evaluar las necesidades de varios posibles usuarios y partes interesadas a nivel nacional, ni tampoco a establecer una estrategia a fin de definir las necesidades que son prioritarias para el desarrollo. Sin evaluar estos aspectos, la atención se sigue centrando en promover la utilización del sistema en los países en desarrollo y su utilidad para los actuales titulares de derechos y los que podrían serlo. Aún siendo esta una prioridad importante en algunos países, también es necesario prestar más atención a las actividades que pueden ayudar a los gobiernos y a otras partes interesadas a nivel nacional a afrontar el reto de garantizar un marco de P.I. en los ámbitos legislativo, reglamentario o de política equilibrado y orientado a potenciar el desarrollo.

Con respecto al apoyo que presta la OMPI para la modernización de la infraestructura de las oficinas de P.I. en los países en desarrollo, el equipo encargado del examen concluyó que las actividades de la OMPI se centran más en los ámbitos de las patentes y las marcas que en otros ámbitos que para algunos países son más prioritarios, como los derechos de autor, las industrias creativas, los conocimientos tradicionales y los diseños industriales. Por otra parte, se presta muy poca atención a las actividades de modernización que se basan en apoyar la colaboración, el intercambio de información y la coordinación entre los países en desarrollo, en relación con la totalidad de las actividades en curso.

El último aspecto que valoró el equipo encargado del examen en relación con la orientación fue la diversidad y el grado de compromiso de las partes interesadas externas con la prestación de asistencia en el contexto de la OMPI y como beneficiarios de dicha asistencia. El equipo encargado del examen concluyó que la diversidad de beneficiarios a nivel nacional no para de aumentar, y abarca desde las universidades y las Pymes hasta las comunidades indígenas y los Ministerios de Ciencia y Tecnología. No obstante, los principales beneficiarios y participantes de las actividades que se realizan a nivel nacional siguen siendo las oficinas nacionales de P.I. y las organizaciones que defienden los intereses de los titulares de derechos de P.I. y de la comunidad jurídica. Los casos de beneficiarios que provienen de la sociedad civil o de las comunidades de ONG son mucho menos frecuentes. En la parte 4.2.2 del presente informe se destaca que la mayoría de los ponentes que participan en los actos organizados por la OMPI a nivel mundial son titulares de derechos de P.I. o provienen de las oficinas de P.I., el ámbito jurídico de la P.I. u otras partes interesadas dentro de la industria. El equipo encargado del examen halló asimismo ejemplos individuales de casos en los que las actividades de asistencia se subcontrataron a consultores y a otros proveedores que se sabe que están financiados por clientes de los países desarrollados o que trabajan fundamentalmente en beneficio de dichos clientes. No se encontraron ejemplos de acuerdos similares con institutos de investigación u organizaciones de la sociedad civil de los países en desarrollo para la prestación de asistencia en el marco de las actividades de la OMPI (aunque el equipo encargado del examen reconoce que para determinadas actividades sí se contrató a consultores individuales que trabajan con ONG o con institutos de investigación de países en desarrollo). Ante la falta de información acerca del contenido material de determinadas actividades (como por ejemplo el contenido de la asistencia legislativa y el de las ponencias realizadas en los actos a nivel nacional e internacional) o de un registro del grado de implicación de las distintas partes interesadas en el abanico de actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI, al equipo encargado del examen le fue imposible confirmar o descartar la existencia de problemas derivados de la excesiva influencia que pudieran tener determinadas empresas, asociaciones industriales internacionales u organizaciones de titulares de derechos, sobre la orientación de la asistencia.

Incidencia

La cartera de actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI comprende una gran cantidad de actividades y proyectos individuales con resultados diversos respecto de numerosos aspectos que benefician a toda una serie de partes interesadas. Las visitas y los resultados de la encuesta llevada a cabo por el equipo encargado del examen constatan que la mayoría de las oficinas nacionales de P.I. consideran que el apoyo que prestan la OMPI y algunos países desarrollados que realizan donaciones es de gran valor para sus actuaciones.9

Incluso en los casos en los que la suma total de dinero empleado es pequeña en relación con la de organismos de desarrollo más grandes, la labor de modernización de los sistemas de P.I. que realiza la OMPI en los países en desarrollo es significativa, sobre todo en lo que se refiere a los marcos legislativo y reglamentario. En este sentido, la cantidad de recursos asignados a actividades de desarrollo concretas no refleja necesariamente la incidencia que puedan tener estas en los resultados en el ámbito del desarrollo. Un ejemplo de esto es que, a pesar de que la prestación de asesoramiento en materia legislativa y de política no requiere por lo general de muchos recursos (en comparación con las actividades destinadas a modernizar la infraestructura de las oficinas de P.I.), las repercusiones de dicho asesoramiento sobre la distribución de los costos y los beneficios derivados del sistema de P.I. en los países, tanto a nivel interno como externo, podrían ser profundas y duraderas.

La capacidad del equipo encargado del examen en cuanto a evaluar la incidencia de las actividades de la OMPI en los países en desarrollo se vio limitada por la ausencia de supervisión, presentación de informes y evaluación sistemáticas de la incidencia de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI frente a un desglose de los resultados previstos por categorías de actividades o por países durante el período objeto del examen. Por consiguiente, el equipo encargado del examen tampoco pudo llevar a cabo una evaluación comparativa independiente de la incidencia de las actividades con el paso del tiempo.

Otro factor que dificultó la evaluación de la OMPI a este respecto fue la falta de un sistema metódico de gestión de la información en el que se ofrezca información detallada acerca del contenido de los proyectos. Aunque en los documentos del presupuesto por programas y en los informes sobre el rendimiento de los programas se facilita algo de información sobre las distintas actividades, esto no se hace de forma específica, sino muy general. Otra fuente de información es el informe anual que presenta la OMPI ante el Consejo sobre los ADPIC de la OMC, acerca de las actividades que realiza la OMPI en relación con la aplicación del Acuerdo sobre los ADPIC. Sin embargo, ni en dicho informe ni en la nueva Base de datos de asistencia técnica de la OMPI se aporta más que una descripción básica de la información (el título, la fecha y el emplazamiento de las actividades). Incluso si se emplean de forma conjunta, estas fuentes siguen sin aportar información lo suficientemente detallada acerca de las actividades de la OMPI, desglosadas por objetivos, contenido, resultados previstos, países, regiones o temas, ni tampoco acerca de los gastos correspondientes. En resumen, no se dispone de la base empírica necesaria para que la Organización, los Estados miembros o las partes interesadas puedan realizar una evaluación de la incidencia, una gestión eficaz, una supervisión de los avances alcanzados o una evaluación crítica.

El equipo encargado del examen concluyó que el personal de la OMPI cada vez entiende más que es necesario cuantificar la incidencia de las actividades y demostrar los resultados obtenidos en materia de desarrollo, pero que los desafíos al respecto son grandes. Por lo general, la OMPI no dispone de la información adecuada a nivel nacional a fin de evaluar la incidencia de las actividades a corto y a largo plazo. El equipo encargado del examen concluyó además que existe confusión en la Organización acerca del significado que adquiere la expresión “incidencia en el desarrollo” a distintos niveles y dentro del amplio abanico de actividades en las que participa la OMPI.

A este respecto, el equipo encargado del examen observó que la evaluación de la relación que existe entre los sistemas de P.I. y el desarrollo, y de la función que ejerce la asistencia al desarrollo se enfrenta a importantes obstáculos de carácter empírico, metodológico y conceptual. Al atribuir la incidencia a determinadas actividades de cooperación para el desarrollo, se corre un riesgo elevado de excederse en dicha atribución así como de infravalorar las repercusiones derivadas de la aparición de obstáculos no previstos o circunstancias que no son responsabilidad de la Organización. Además, en el caso de muchos proyectos y actividades de cooperación para el desarrollo, no existe una relación directa entre las actividades concretas y su incidencia final, la cual se puede evaluar a distintos niveles. Se puede realizar una evaluación a nivel general, sectorial o individual; a corto o a largo plazo; o en la medida en que las actividades tengan una incidencia concreta en el conjunto de los indicadores de desarrollo nacional (como pueden ser el PNB per cápita o las inversiones extranjeras directas (IED)) o en indicadores socioeconómicos concretos (como el acceso a la salud pública o el nivel educativo). Asimismo, es necesario contar con distintos tipos de medidas e indicadores de la incidencia en función de la finalidad de las actuaciones (como por ejemplo realizar cambios a nivel institucional, obtener marcos legislativos equilibrados, sensibilizar al público, aumentar los conocimientos técnicos nacionales sobre P.I. o crear un entorno regulador coadyuvante para alcanzar los objetivos en materia de desarrollo). El equipo encargado del examen concluyó que, hasta la fecha, la OMPI carece de la diversidad de metodologías y herramientas que son necesarias para ayudar a los países a calibrar la incidencia que tienen los cambios de las políticas y la legislación sobre P.I. en el desarrollo y en otras metas estratégicas, o a fin de evaluar la influencia que ejercen las actividades de cooperación para el desarrollo sobre la consecución de dichas incidencias.

El equipo encargado del examen concluyó que las evaluaciones internas que se realizan se centran por lo general en los resultados a corto plazo (por ejemplo, a dos años vista) y no en la incidencia acumulada o a largo plazo. Así, en lo que respecta a la formación, aunque aparentemente las actividades que realiza la OMPI en este ámbito están muy bien valoradas por los Estados miembros y la Secretaría podría hacer una extensa relación de personas e instituciones que las han realizado, no hay una explicación ni una supervisión adecuada de la incidencia final que tienen en el desarrollo. Por ejemplo, la OMPI realiza una serie de cursos de formación con el objetivo de incrementar el número de examinadores de patentes en los países en desarrollo, pero no se lleva a cabo una evaluación de aspectos tales como si por medio de dichos cursos se consigue aumentar la capacidad o la eficiencia de los países en cuestión para procesar solicitudes. Las visitas realizadas por el equipo encargado del examen pusieron de manifiesto que varios seminarios, cursos de formación profesional, actividades y conferencias no se adecuan a las necesidades específicas de los distintos países y que no se realiza el seguimiento necesario a fin de garantizar la utilidad y el aprovechamiento de los beneficios derivados de estas actividades.

Además de los obstáculos que genera sobre la incidencia en el desarrollo la incorrecta evaluación de las necesidades, el equipo encargado del examen halló ejemplos de variaciones en el grado de implicación local en las actividades, en la atención que se presta para que garantizar que los resultados perduren y en el seguimiento por parte de la Secretaría de la OMPI.

Gestión

El Equipo encargado del examen concluyó que en el período objeto del examen la gestión y la supervisión de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI fueron deficientes.

Como se señala con anterioridad, la Secretaría de la OMPI no fue capaz de facilitar los resúmenes o evaluaciones coherentes de las actividades de desarrollo para la cooperación, los presupuestos o gastos por países o regiones, o los resultados previstos para el período objeto del examen. Además, en los Presupuestos por programas de los bienios 2008-2009 y 2010 2011, la OMPI carecía de una definición adecuada de lo que se considera como actividades de cooperación para el desarrollo a los fines del proceso de preparación del presupuesto por programas. No se contaba con mecanismos eficaces para la supervisión y evaluación de las actividades de cooperación para el desarrollo. De hecho, resultaba imposible llevar a cabo la supervisión y la evaluación de forma eficaz debido a la ausencia de un sistema de gestión de la información eficaz con el que poder disponer de información actualizada y sustantiva acerca de las actividades finalizadas, planificadas y en curso, así como acerca de los presupuestos y gastos correspondientes (de personal y no relativos al personal), o del contenido, la incidencia y la evaluación de las actividades. Esta mala gestión comprometió los esfuerzos encaminados a promover un marco sólido, orientado a potenciar el desarrollo y basado en los resultados, tanto a nivel institucional como a nivel de los programas y los países, y dificultó las iniciativas destinadas a aumentar la orientación a potenciar el desarrollo y a mejorar la costoeficacia y la incidencia de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI o las orientadas a supervisar los avances alcanzados en relación con las 19 recomendaciones de la Agenda para el desarrollo que deben aplicarse inmediatamente.

En el período objeto del examen, no se habían formulado aún los resultados previstos adecuados para muchos de los programas, y la supervisión de dichos resultados se vio obstaculizada por una compilación de datos deficiente a nivel nacional e institucional. Incluso en los casos en los que se compilaron datos acerca de los resultados de las actividades, había problemas metodológicos a la hora de establecer la relación causal entre las actividades específicas de la OMPI y los resultados inmediatos, y para medir la conexión existente entre dichos resultados y la incidencia sobre el desarrollo a más largo plazo. El equipo encargado del examen destacó asimismo que la OMPI no ha elaborado aún un marco de gestión por resultados para sus actividades de desarrollo a nivel regional y nacional.

Aunque en el período objeto de examen los Estados miembros de la OMPI aprobaron los presupuestos por programas de la OMPI, no se les facilitó una visión estratégica adecuada de las prioridades, las actividades y las asignaciones presupuestarias de la OMPI en materia de desarrollo. A la luz del deficiente funcionamiento observado en lo que respecta a la presentación de informes, la supervisión y la evaluación, el equipo encargado del examen concluyó que es imposible que el equipo directivo de la OMPI o los Estados miembros lleven a cabo una supervisión eficaz de las actividades de cooperación para el desarrollo de la OMPI. Por consiguiente, hay deficiencias en lo que respecta a la transparencia y la rendición de cuentas. En el período objeto del examen, algunos Estados miembros de la OMPI aprovecharon la oportunidad que se les brindó de hacer llegar sus impresiones acerca de las actividades de desarrollo a la Secretaría de la OMPI mediante procedimientos propios del Comité del Programa y Presupuesto como la aportación de opiniones y observaciones acerca de los documentos del proyecto de presupuesto por programas y de los informes sobre el rendimiento de los programas. No obstante había (y sigue habiendo) falta de definición respecto de cuál es el foro adecuado y las oportunidades de las que disponen los Estados miembros a fin de desarrollar la función de supervisión de las actividades de desarrollo de la OMPI de forma permanente. Se solicitan observaciones y la opinión del Comité del Programa y Presupuesto de la OMPI respecto del proyecto de presupuesto por programas de la OMPI y los informes sobre el rendimiento de los programas, pero en ellas no se hace referencia de forma específica ni se ofrecen detalles sobre la asistencia al desarrollo en su conjunto, ya sea por regiones, por países, por temas o por orientación. Además, si se analizan las actas de las reuniones del Comité del Programa y Presupuesto, se observa que en el seno del Comité del Programa y Presupuesto escasea el debate sustantivo acerca de la orientación estratégica general y el contenido de las actividades de cooperación para el desarrollo. Del mismo modo, aunque en el CDIP se debaten asuntos relacionados con la avenencia de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI a las recomendaciones de la Agenda para el Desarrollo y se aprueban proyectos específicos, este Comité no participa en la planificación ni en la evaluación de las actividades de cooperación para el desarrollo que, de forma regular, realiza la Organización en su conjunto (aunque sí que solicitó la elaboración del presente examen externo). El equipo encargado del examen destacó que en algunos órganos de la OMPI (como por ejemplo el Grupo de Trabajo del PCT) se está debatiendo acerca de cuál es la mejor manera y el mejor lugar para replantearse las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la Organización en el ámbito de las patentes.

Hacia el final del período objeto del examen se estaban realizando esfuerzos importantes a fin de mejorar el marco de gestión por resultados de la OMPI y su aplicación. Estos esfuerzos representan un avance significativo en la dirección correcta. A nivel de la Organización, el equipo encargado del examen encontró pruebas del enorme esfuerzo que realiza el equipo directivo a fin de aumentar la consistencia entre los resultados estratégicos y los indicadores de cumplimiento de los objetivos. A nivel del presupuesto por programas se están llevando a cabo el mismo tipo de esfuerzos en relación con la calidad de los resultados previstos, los indicadores de rendimiento y las referencias de base. Algunos de estos esfuerzos encuentran reflejo en el presupuesto por programas propuesto para el bienio 2012-2013. A medida que se vaya implantando el marco de gestión por resultados de la Organización surgirá una necesidad constante por parte de la Secretaría de la OMPI, los Estados miembros, las partes interesadas y los expertos de afinar y actualizar los resultados previstos y de contar con referencias de base e indicadores de rendimiento adecuados a fin de evaluar dichos resultados. Dado el carácter extraordinario de los obstáculos mencionados en relación con la orientación general de la asistencia que presta la OMPI, se ha de reconocer que esta labor no se limita a realizar mejoras marginales o leves modificaciones de forma relacionadas con el lenguaje o la terminología que se emplea, sino que ha de estar asociada a cambios sustantivos en la mentalidad del personal y de los colaboradores externos respecto del diseño y la aplicación de actividades a largo plazo que mejoren los resultados y aumenten la orientación a potenciar el desarrollo de los sistemas de P.I. Hay más cambios pendientes en lo que respecta al fortalecimiento del marco de gestión por resultados a fin de supervisar el rendimiento y los resultados en el ámbito de la evaluación y de desarrollar herramientas apropiadas para la presentación de informes a las partes interesadas que se encuentran al final de la cadena de resultados.

El equipo encargado del examen detectó también una utilización incorrecta de los instrumentos de gestión de proyectos para la planificación, concepción y ejecución de actividades por parte de la Secretaría de la OMPI. Los beneficiarios de la asistencia que presta la OMPI no siempre tienen experiencia con el manejo de instrumentos de gestión de proyectos y de supervisión. En efecto, estos instrumentos a veces desbordan la capacidad de las oficinas que han de emplear una gran variedad de instrumentos que utilizan los distintos donantes a la hora de analizar la importancia y la incidencia de los proyectos. Por parte de la Secretaría, la introducción de informes sobre la marcha de proyectos individuales del CDIP de la OMPI representa una base importante sobre la que cimentar una cultura más orientada hacia la responsabilidad por los resultados en la Organización, que debería generalizar su utilización.

El equipo encargado del examen detectó problemas con la aplicación puntual y la finalización de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI. Estas dificultades ponen de manifiesto que la Secretaría de la OMPI y los Estados miembros beneficiarios no han llevado a cabo una evaluación ni un debate adecuados acerca de los riesgos derivados de las actividades de cooperación para el desarrollo propuestas, ni acerca de la preparación de los países al respecto, las limitaciones institucionales o de recursos en los países beneficiarios o la capacidad de absorción de estos. Aunque muchos beneficiarios a nivel nacional afirman que su comunicación con la Secretaría de la OMPI es fluida, el equipo encargado del examen detectó que esta interacción no se suele basar en un intercambio franco y en un diálogo acerca de los posibles problemas que puedan surgir en relación con las actividades, con lo que se limita la posibilidad de prevenirlos y anticiparse a ellos. El equipo encargado del examen constató asimismo que la premura en los plazos de tiempo para la aplicación de los proyectos socavó la eficacia de estos. Muchas actividades se realizaron de forma aislada o se concibieron con un plazo de ejecución de 1 a 2 años, cuando lo más correcto habría sido integrarlas en un proceso a más largo plazo, de 3 a 5 años, que constara de varias etapas.

En algunos ámbitos el equipo encargado del examen llegó a la conclusión de que la OMPI intenta hacer más de lo que puede en función de su volumen de personal, su capacidad y su grado de especialización. Aún cuando a veces puede ser necesario recurrir a conocimientos especializados externos, sobre todo cuando se requieren conocimientos o aptitudes técnicas específicos de un lugar, el equipo encargado del examen detectó una dependencia excesiva de los consultores a la hora de solventar las deficiencias existentes en aspectos a los que la Organización debería destinar recursos a fin de dotarse de personal más cualificado, y que la Organización no siempre está capacitada para supervisar de forma adecuada la calidad o la orientación del trabajo que realizan los consultores.

El equipo encargado del examen detectó que los Estados miembros no tienen del todo claro quiénes son las personas de contacto adecuadas dentro de la Secretaría en lo que respecta a las actividades de cooperación para el desarrollo. A la inversa, también detectó confusión por parte de la Secretaría de la OMPI respecto de las unidades encargadas de la coordinación en los países beneficiarios. En muchas de las actividades de cooperación que realiza la OMPI, los principales beneficiarios son las oficinas nacionales de P.I. De hecho, las oficinas de P.I. siempre han sido las principales interlocutoras de la OMPI y siguen siendo las principales unidades encargadas de la coordinación en las capitales de los Estados miembros. El equipo encargado del examen detectó que el personal de la Secretaría de la OMPI prefiere en gran medida tratar con las oficinas nacionales de P.I. como sus clientes principales, puesto que consideran que estas se encuentran más próximas a la realidad y a las necesidades de sus países, sobre todo en comparación con las misiones con sede en Ginebra, cuya función es velar por los intereses nacionales de sus respectivos países. Dicho esto, el examen constató que la OMPI está trabajando a fin de ampliar sus relaciones a nivel nacional, de forma particular mediante el acercamiento a los Ministros a nivel nacional y a los Embajadores en Ginebra.

El equipo encargado del examen concluyó que las oficinas de P.I. no tienen una visión clara del tipo de apoyo que reciben de la OMPI otras partes de sus gobiernos o las partes interesadas de sus países. Es frecuente, por ejemplo, la falta de comunicación entre las oficinas de P.I., de una parte, y los Ministerios de Relaciones Exteriores o de comercio, de otra, que suelen ser los responsables de las negociaciones internacionales sobre P.I. y de las relaciones diplomáticas en la OMPI respectivamente. De forma similar, suele haber poco contacto entre los funcionarios de P.I. y los funcionarios gubernamentales encargados de la planificación general en materia de desarrollo económico, tanto en el seno de los ministerios como fuera de ellos. En la mayoría de los países beneficiarios, los gobiernos carecen de procesos eficaces de coordinación interna para la toma de decisiones relativas a la P.I., y el nivel de eficacia de las consultas con las partes interesadas y el grado de compromiso de estas varían a pesar de que el número de países que crea comités a tal efecto aumenta sin cesar. Mientras, la asistencia al desarrollo relacionada con la P.I. se solicita las más de las veces de forma aislada e independiente del resto de actividades de cooperación para el desarrollo.

El equipo encargado del examen detectó además que, en las actividades de desarrollo que realiza la Organización, se ha prestado poca atención a la transparencia con respecto al público en general, lo que resulta importante a propósito de la evaluación externa, la enseñanza, la credibilidad, y la rendición de cuentas. El sitio Web de la OMPI, por ejemplo, no está bien aprovechado como instrumento de comunicación de las actividades de asistencia para el desarrollo que realiza la OMPI, como plataforma de colaboración o de evaluación crítica, ni como fuente de asistencia técnica y de recursos para los posibles beneficiarios, ni es objeto tampoco del mantenimiento y la actualización que requieren dichas funciones.

Costoeficacia

El equipo encargado del examen señaló una serie de factores que hicieron que los costos de las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI aumentaran en exceso, entre los que se encuentran la utilización incorrecta de los instrumentos para la planificación de proyectos, la poca atención que se presta a las consideraciones relativas a los costos, la duplicación, problemas de procedimiento e institucionales y la falta de acceso a personal y consultores cualificados en el caso de determinadas actividades. La metodología empleada por la OMPI para la presentación de informes financieros en el período que va de 2008 a 2011 no facilita el análisis de hasta qué grado se utilizan ciertos modos de ejecución de las actividades de desarrollo para la cooperación, los recursos relativos que se les asignan y su costoeficacia. En los documentos del presupuesto por programas y los informes de gestión financiera del período objeto del examen se ofrece una visión general del presupuesto de la OMPI por “objetos de gasto”. Sin embargo, las categorías en las que se dividen dichos objetos de gasto no se corresponden con los modos de ejecución que utiliza la Organización en sus actividades de cooperación para el desarrollo. Por lo tanto, la información que pudo recabar el equipo encargado del examen acerca de la proporción de actividades ofertadas mediante determinados modos de ejecución y su costoeficacia fue mínima.

El equipo encargado del examen detectó que muchos empleados de la OMPI reclaman que la Organización carece de recursos (de personal y no relativos al personal) para la consecución de los objetivos. Resulta imposible determinar el grado de veracidad de dichas reclamaciones y la forma en que se podrían asignar más recursos, sin disponer de una evaluación en profundidad de cada una de las actividades.

Coordinación interna

La Secretaría de la OMPI tiene problemas para garantizar la coordinación interna de la gran variedad de actividades de cooperación para el desarrollo en las que intervienen los distintos sectores y programas de la Organización. Uno de los mayores obstáculos durante el período objeto del examen fue la ausencia de evaluaciones sistemáticas de las necesidades, estrategias nacionales en materia de P.I. y desarrollo o planes nacionales a fin de establecer un marco para la asistencia de la OMPI a nivel nacional. Además, no había una definición precisa de la función y las responsabilidades de los distintos programas y sectores a la hora de coordinarse con los Estados miembros, aplicar actividades, supervisar y evaluar que las actividades avanzan en dirección a los objetivos y los resultados previstos, y garantizar su seguimiento. Por otra parte, no se contaba con los mecanismos internos adecuados a fin de fomentar la coordinación y la colaboración.

El análisis de los pilares en los que se basan las actividades de cooperación para el desarrollo que realiza la OMPI llevado a cabo por el equipo encargado del examen destapó ejemplos de duplicación. Asimismo, evidenció problemas igual de importantes debidos al mal aprovechamiento de las sinergias que se pueden dar entre varias actividades. La responsabilidad compartida en relación con los programas no ha de ocasionar problemas, siempre y cuando se delimiten con precisión las funciones y las responsabilidades y exista una buena coordinación. Pero esta no fue la norma en el período objeto del examen. Con demasiada frecuencia, el personal tenía poco conocimiento directo acerca de las actividades de los demás programas y sectores pertenecientes a ámbitos relacionados o acerca de actividades que se realizaban de forma simultánea en un mismo país. El equipo encargado del examen detectó falta de conexión entre la asistencia que facilitan las oficinas nacionales, las oficinas externas de la OMPI y los sectores pertinentes. Había poca definición estratégica en relación con las funciones, las responsabilidades y la rendición de cuentas de las oficinas externas en lo relativo a la ejecución de las actividades de cooperación para el desarrollo y sus ventajas comparativas, de haberlas. Como se señala con anterioridad, con la aplicación de los proyectos del CDIP se ha producido un giro hacia los sectores pertinentes en la aplicación de las actividades (es decir que la mayoría de los proyectos del CDIP no los aplica el sector de desarrollo, aunque muchos de ellos se aplican en colaboración).

En el momento de finalizar el presente informe se estaban realizando importantes esfuerzos en el contexto del presupuesto por programas para el bienio 2012-2013 encaminados a simplificar la planificación a fin de delimitar las funciones y responsabilidades de los distintos sectores de la OMPI para la consecución de los objetivos y los resultados previstos de los programas, así como la aportación de los sectores que se dedican a programas concretos a la consecución de las metas estratégicas de la Organización. Por delante queda el reto de implantar mecanismos de gestión a fin de garantizar que, en la práctica, existe coordinación tanto en el diseño como en la aplicación de los programas de la OMPI.

Coordinación externa

El equipo encargado del examen constató que, en las actividades de cooperación para el desarrollo, varían el alcance y la eficacia de la coordinación de la OMPI con otras organizaciones internacionales, donantes y sectores interesados. En términos generales, los Estados miembros o la Secretaría no aplican un enfoque estratégico adecuado respecto de las distintas asociaciones y colaboraciones externas necesarias para cumplir el mandato de la Agenda para el Desarrollo. El equipo encargado del examen constató que, en el marco de los programas que llevan a cabo actividades de asistencia técnica no se efectúa un seguimiento sistemático en el terreno de las actividades realizadas por terceros ni por posibles colaboradores o competidores.

El equipo encargado del examen halló importantes ejemplos de colaboración pertinentes a la consecución de las metas de desarrollo de la Organización en algunos ámbitos. Sin embargo, en muchos casos, también comprobó que no se sacó provecho ni se recabó información de actividades similares realizadas por otros proveedores de asistencia. En ausencia de colaboración y asociación con un número adecuado de organismos nacionales de cooperación para el desarrollo, organizaciones internacionales y sectores interesados, la OMPI no ha podido aprender ni beneficiarse de la experiencia de éstos, compartir información, datos y pericia o crear sinergias con sus esquemas de programación, ya sea en el plano nacional o regional, ya sea en relación con cada una de las cuestiones en el tapete. En resumidas cuentas, en su empeño por potenciar en mayor medida el desarrollo, la OMPI ha desaprovechado la oportunidad de hacer suya la experiencia adquirida por otros en el plano internacional. Sin embargo, el equipo encargado del examen reconoce que no puede responsabilizarse únicamente a la OMPI por la escasa coordinación, pues para lograrla es necesario que también otros expresen interés en la coordinación y la colaboración.

El equipo encargado del examen considera que si bien la colaboración con determinadas organizaciones internacionales y donantes ha mejorado en el plano institucional (por ejemplo, entre las secretarías de organizaciones internacionales en algunas reuniones de carácter mundial), ello no abarca necesariamente las actividades realizadas a escala nacional, pues en algunos casos varios donantes, a veces con perspectivas opuestas, brindaron asesoramiento o respaldo a los países en esferas similares de actividad; en algunos Estados miembros con capacidad limitada de absorción se realizaron varias actividades que no guardaban coherencia entre sí, originadas en iniciativas promovidas por distintas partes. Debido a la falta de planes de asistencia por países, la OMPI o los Estados miembros no lograron mantener consultas fructíferas con distintos asociados acerca de la forma adecuada de dividir el trabajo o la asociación en las actividades que podrían realizarse. En ese sentido, el equipo encargado del examen comprobó que existe duplicación y superposición del trabajo con otras partes, en particular, las oficinas nacionales o regionales de P.I. que cuentan con sus propios presupuestos y programas de asistencia para el desarrollo. Asimismo, la Organización no ha logrado beneficiarse de la labor ya realizada por otros, y este problema se pone particularmente en evidencia en la esfera de la capacitación, pero también de la modernización de las oficinas, la evaluación de las necesidades y la concepción de estrategias y políticas en materia de P.I. Por ejemplo, el equipo encargado del examen considera que no se procuró colaborar con otros organismos internacionales para formular metodologías y realizar actividades relacionadas con la evaluación de las necesidades y las estrategias nacionales de P.I. para el desarrollo.

Durante el período objeto de examen, uno de los ejes de las iniciativas de la OMPI destinadas a crear asociaciones fue la movilización de recursos, para financiar las actividades de la OMPI y ayudar a los Estados miembros a acceder directamente a la financiación con el fin de satisfacer sus necesidades en el plano nacional. Si bien son importantes, esas iniciativas de movilización de recursos no deberían opacar la necesidad de que la OMPI procure asociarse con miras a respaldar a los distintos donantes y sectores interesados, aprender de ellos o colaborar con ellos; se trata de otras partes que brindan asistencia para el desarrollo a los países en desarrollo con el fin de satisfacer las necesidades relacionadas con la P.I. y otras esferas conexas de política pública, por ejemplo, salud pública, innovación, ciencia y tecnología.

El equipo encargado del examen constató que, en el ámbito de las actividades de cooperación para el desarrollo, el carácter de la relación de la OMPI con los sectores interesados varía en función de la cuestión de que se trate (por ejemplo, conocimientos indígenas, salud pública, diseños industriales e industrias culturales) y el tipo de actividad (por ejemplo, reuniones, capacitación, seminarios nacionales). Globalmente, lo que más se evidencia es la relación de la OMPI con los titulares de derechos de P.I., las asociaciones que los representan y los expertos en P.I. del sector privado, antes que con los actores de la sociedad civil (por ejemplo, defensa del consumidor, salud pública, bibliotecas, la esfera del desarrollo o el ámbito jurídico del sector público), los institutos de investigación y las universidades, en particular las de los países en desarrollo. La OMPI intervino regularmente, como participante y copatrocinador, en reuniones con organizaciones como la Cámara de Comercio Internacional y distintas organizaciones de titulares de derechos. Por el contrario, fue relativamente limitada la colaboración de la OMPI con varias organizaciones internacionales (por ejemplo, el PNUD, el Centro del Sur, la UNCTAD) y los grupos de la sociedad civil que promueven activamente las políticas y las prácticas de P.I. orientadas a potenciar el desarrollo (por ejemplo, el Centro Internacional de Comercio y Desarrollo Sostenible, la Third World Network y Knowledge Ecology International). En el caso de esas organizaciones, la interacción con la OMPI se limitó por lo general a participar o hacer uso de la palabra en las reuniones en las que fueron invitadas. Una consecuencia del escaso nivel de relación de la OMPI con distintos sectores y partes con las que podría asociarse en el plano tanto internacional como nacional para realizar actividades de cooperación para el desarrollo, es que los países pierden la oportunidad de aprovechar el conjunto de conocimientos especializados, experiencias y opiniones. En pocas palabras, la Secretaría de la OMPI está en sobradas condiciones de establecer y mantener un amplio espectro de asociaciones, y fomentarlas de forma más sistemática para mejorar sus actividades de cooperación para el desarrollo.
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