Examen independiente sobre la asistencia técnica que presta la ompi en el marco de la Cooperación para el Desarrollo




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4. Resumen de las recomendaciones


Las recomendaciones que se formulan en el presente Informe surgen de las conclusiones extraídas por el equipo encargado del examen, así como de la información proporcionada por los Estados miembros mediante las respuestas al cuestionario, y de las recomendaciones recogidas en el transcurso de las visitas a los países y las consultas mantenidas con ellos, de un proceso abierto de consulta, así como de las entrevistas con el personal de la OMPI.

Las recomendaciones se formulan para instar a la reflexión y al debate tanto en el seno de la Secretaría de la OMPI como con sus Estados miembros y los sectores interesados. Se dividen en tres secciones: i) recomendaciones relacionadas con cada uno de los temas centrales destacados en el mandato del examen; ii) las recomendaciones que atañen a cada uno de los seis pilares correspondientes a las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo analizados en el presente Informe; y iii) las recomendaciones formuladas específicamente en relación con los países beneficiarios. Nótese que las recomendaciones que atañen a cada uno de los seis pilares mencionados incluyen también las recomendaciones relacionadas con los temas señalados en el mandato del examen.

En muchas de las recomendaciones presentadas se insta a introducir mejoras en los procesos internos de planificación y gestión que inciden en la orientación, la incidencia y los resultados de las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo y no exigen la utilización de recursos adicionales. Algunas recomendaciones redundan en oportunidades de ahorro y, de aplicarse, podrían aliviar de forma significativa los problemas de derroche de recursos. También hay algunas recomendaciones cuya aplicación haría necesaria la asignación de nuevos recursos.

5. Selección de recomendaciones, por tema


Las recomendaciones de esta sección abarcan cuatro temas clave incluidos en el mandato de este examen: i) pertinencia y orientación; ii) incidencia; iii) gestión; iv) costo-eficacia; y v) coordinación interna y externa.

Pertinencia y orientación

Integración de los principios de la Agenda para el Desarrollo, las directrices, y las prácticas más difundidas en ese ámbito

En la Agenda para el Desarrollo se delinean claramente los principios que deberían regir las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo, a saber, que éstas deben estar orientadas a potenciar el desarrollo y obedecer a una demanda, ser flexibles y adaptarse a los distintos intereses, realidades socioeconómicas y niveles de desarrollo de los Estados miembros (véase, en particular, la categoría A de las recomendaciones de la Agenda para el Desarrollo). El desafío actual consiste en velar por que los avances logrados al integrar las prioridades y principios de la Agenda para el Desarrollo en la esfera de la planificación se traduzcan en mejores resultados en la esfera de la aplicación.

Las actividades deben orientarse en mayor medida a potenciar el desarrollo

Las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo deberían ajustarse a principios, directrices y prácticas óptimas de aceptación generalizada en el campo de la cooperación para el desarrollo (por ejemplo, los principios de la Declaración de París de la OCDE). El personal y los consultores de la OMPI que participan en actividades de cooperación para el desarrollo deberían conocer y seguir esos principios y prácticas. También deberían recibir capacitación continua sobre las novedades fundamentales que se producen en el ámbito de la asistencia para el desarrollo en general.

La Secretaría de la OMPI debería elaborar “directrices en materia de desarrollo”, detallando la forma de planificar y realizar actividades de asistencia orientadas en mayor medida a potenciar el desarrollo, tanto en lo que atañe al fondo de la cuestión como al proceso en sí mismo, a partir de los principios de la Agenda para el Desarrollo. Para complementar dichas directrices debería concebirse un manual específico que enumere las prácticas óptimas y el contenido adecuado para cada uno de los principales temas y modos de ejecución de la cooperación relacionada con la P.I. Las directrices en materia de desarrollo deberían ser utilizadas por todos los programas y los sectores que intervienen en las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo, y ello incluye a los consultores, combinándolas con un código de ética profesional para los proveedores y los expertos, trátese de personal de la OMPI, consultores u oradores/expertos sin beneficio de honorarios (véase al respecto la parte 5 del presente Informe en lo que atañe a la gestión).

Es preciso seguir afinando los resultados previstos que constan en el presupuesto por programas de la OMPI, con el fin de abordar expresamente la forma de integrar en los programas, proyectos y actividades de la OMPI los distintos componentes que orientan a las actividades a potenciar el desarrollo (por ejemplo, los que se exponen en el punto 2.2 del presente Informe).

La Secretaría de la OMPI y sus Estados miembros deberían afinar y orientar nuevamente las metas estratégicas de la Organización, los resultados estratégicos y los indicadores de resultados del plan estratégico a mediano plazo, para reflejar con claridad el propósito de potenciar el desarrollo. En particular, deberían queda mejor reflejados los dos objetivos centrales de las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo, según se declara en el mandato de este examen (es decir, reducir la brecha de conocimientos e intensificar la participación de los países en desarrollo en los beneficios que se derivan del sistema de P.I. –reduciendo sus costos). La importancia de los programas y las actividades dedicados a esos dos objetivos debería ser más evidente en la jerarquía institucional y en el presupuesto de la OMPI, al igual que en las actividades realizadas en el plano nacional y regional. Podría crearse un grupo de trabajo para preparar un documento sobre estrategias destinadas a avanzar en esas dos esferas.

Mejorar el establecimiento de prioridades y el equilibrio en las actividades que se realicen

Es preciso que la Secretaría de la OMPI y sus Estados miembros fijen objetivos y prioridades claros para sus actividades de cooperación para el desarrollo, creando un procedimiento para establecer prioridades y fijando criterios para determinar qué actividades abarcan dichas prioridades. Debería haber mayor transparencia tanto en los procesos internos de establecimiento de prioridades en relación con las actividades, por programa, resultado previsto y país, como en la consignación de fondos en el proceso presupuestario. Las metas de desarrollo y las prioridades en los distintos programas de la OMPI deberían integrarse y agilizarse, en sentido descendente a lo largo del proceso presupuestario, y en sentido ascendente velando por que los programas, las actividades de cooperación para el desarrollo y las prioridades, en los distintos sectores de la Organización, respondan a las necesidades y las prioridades de los países y estén en sintonía con ellas.

Para establecer prioridades y planificar las actividades de cooperación para el desarrollo que es preciso integrar, puede recabarse información de seis fuentes. En primer lugar, a partir de la evaluación de las necesidades en los distintos países y los procesos de planificación correspondientes, debería aplicarse regularmente una perspectiva ascendente, entre otras cosas, a la hora de establecer prioridades en el proceso presupuestario. En segundo lugar, el reconocimiento de las prioridades fundamentales y su integración en los programas deberían tener mayor peso en el proceso presupuestario. En tercer lugar, debería incorporarse la perspectiva de la Agenda de la OMPI para el desarrollo acerca de la función de la OMPI en la P.I. y en el desarrollo. En cuarto lugar, al mejorar el proceso de evaluación (según se examina infra), se pondrían en evidencia los aciertos en el establecimiento de prioridades y las actividades realizadas, y ello debería quedar reflejado en la planificación futura. En quinto lugar, el CDIP de la OMPI está en condiciones de identificar y proponer proyectos y actividades. Por ejemplo, el CDIP podría crear un “grupo de expertos” sobre cuestiones de desarrollo para asesorar a la Secretaría y los Estados miembros sobre iniciativas dirigidas a varios países y destinadas a promover un sistema de P.I. más equilibrado y complementar las propuestas que obedezcan a la demanda en los distintos países.

Integrar los presupuestos y la planificación para todas las actividades de cooperación para el desarrollo

Un prerrequisito fundamental a la hora de establecer prioridades es que todas las actividades y recursos destinados al desarrollo se integren en el proceso presupuestario ordinario de la OMPI. Las actividades financiadas mediante fondos fiduciarios y los recursos conexos deberían quedar reflejadas en los procesos ordinarios de la OMPI de presupuestación, programación y presentación de informes. Las actividades financiadas mediante fondos fiduciarios también deberían integrarse en la planificación por país. La OMPI debería adoptar directrices respecto de las actividades financiadas mediante fondos fiduciarios para que estas últimas estén en sintonía con las metas, las prioridades y los resultados previstos en materia de desarrollo descritos en el proceso presupuestario de la OMPI y el marco de gestión por resultados. Los Estados miembros deben intensificar la supervisión del contenido y la evaluación de los planes de trabajo correspondientes a los fondos fiduciarios. Debería considerarse la posibilidad de crear fondos financiados por múltiples donantes para determinados temas, antes que fondos individuales correspondientes a cada donante.

El proceso de establecimiento de prioridades impone una profunda reflexión sobre las ventajas comparativas de la OMPI en la comunidad de donantes y proveedores de asistencia para el desarrollo relacionada con la P.I., sobre el papel estratégico de la Organización y las modalidades más adecuadas para ella. Habrá que examinar las cuestiones siguientes: ¿En qué medida conviene que la OMPI realice actividades a escala nacional, antes que facilitar la coordinación de actividades financiadas por varios donantes o actuar de intermediaria en el acceso a nuevos recursos a petición de los Estados miembros? ¿En qué medida la OMPI debería desempeñar funciones de capacitación y cuáles deberían ser sus prioridades? ¿En qué medida puede y debería la Organización fortalecer y diversificar internamente sus conocimientos especializados para hacer frente a una demanda en constante expansión? ¿En qué medida el trabajo de la Organización debería subcontratarse a consultores o realizarse mediante asociaciones de tipo institucional?

Mejorar la gestión de la demanda, las asociaciones y la difusión de información en el marco de la cooperación para el desarrollo

Las actividades de cooperación para el desarrollo deberían concebirse como una asociación entre la Secretaría de la OMPI y los Estados miembros beneficiarios. Es preciso que los gobiernos definan y comuniquen claramente a la OMPI sus preferencias sobre cuál debe ser la principal unidad de coordinación entre su gobierno y la OMPI para las actividades de cooperación para el desarrollo. Esto es cada vez más importante porque, a medida que aumenta el alcance de las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo, se multiplica y evoluciona el número de beneficiarios en los distintos países. Para algunas actividades es posible que sea necesario flexibilizar la utilización de los canales de comunicación y las unidades encargadas de la coordinación en el plano nacional y por ello será necesario que los gobiernos nacionales procuren garantizar la coordinación general y el aprovechamiento del conjunto de actividades de la OMPI en los distintos países. Los países deben definir con mayor claridad la función de las misiones con sede en Ginebra en la manifestación de sus necesidades y las prioridades, así como en la forma de comunicar a la OMPI los detalles de la asistencia. Ello permitiría aprovechar los conocimientos locales acerca de las necesidades nacionales que poseen los ministerios y los sectores interesados que se encuentran en las capitales combinándolos con la pericia política, la visión estratégica general y la experiencia en el ámbito de las organizaciones internacionales que poseen los ministerios de relaciones exteriores y las misiones con sede en Ginebra y que constituyen su ventaja comparativa.

La Secretaría de la OMPI debe mejorar la forma en que difunde la comunicación y orienta a los Estados miembros acerca del espectro de actividades de cooperación para el desarrollo que ofrece. Debería ponerse a disposición de los países un “menú” o catálogo de actividades de cooperación para el desarrollo que indique el alcance de las actividades que podrían adaptarse a los distintos planes nacionales. Ese catálogo debería detallar qué tipos de actividades de cooperación para el desarrollo realiza la OMPI (por ejemplo, por región y por programa), el trámite de petición de asistencia, el plazo para recibir la asistencia solicitada, las modalidades posibles de cooperación (por ejemplo proyectos anuales o plurianuales, acuerdos multisectoriales de cooperación que combinen varias actividades, planes nacionales, etc.), y las unidades encargadas de la coordinación en la OMPI. Las directrices deberían aclarar si la asistencia está disponible a escale regional, nacional, provincial o municipal, qué tipo de sectores interesados pueden pedir asistencia y a través de qué canales, así como los procedimientos necesarios para dar intervención en las actividades a otros proveedores, donantes o expertos. Asimismo, en las directrices debería exponerse el procedimiento de supervisión y evaluación de las actividades realizadas, además de formularse las consideraciones correspondientes al nivel de preparación que deberían tener los países, por ejemplo, en cuanto a la capacidad de absorción, los riesgos y los recursos adecuados necesarios. Por último, en las directrices deberían preverse procedimientos para que los Estados miembros puedan guiar la planificación general y el establecimiento de prioridades en relación con las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo. Las directrices deberían revisarse y actualizarse cada año y publicarse en un lugar claramente visible del sitio Web de la OMPI.

Es preciso aclarar el significado de la expresión “obedecer a la demanda”. El hecho de que las actividades de cooperación para el desarrollo deban obedecer a una demanda no supone la Secretaría de la OMPI deba asumir una actitud pasiva frente a las peticiones de asistencia que se le transmiten sin que se hayan evaluado las necesidades, que no guarden coherencia con las necesidades nacionales en materia de desarrollo o con la Agenda de la OMPI para el Desarrollo, que no sean costoeficaces ni sostenibles. Las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo deben surgir de un diálogo, en el contexto de las necesidades y estrategias nacionales en materia de desarrollo y de las obligaciones de la OMPI en pos del avance de la Agenda para el Desarrollo. El eje de las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo no debería ser “responder a las peticiones”, sino promover el diálogo con los Estados miembros y entre ellos sobre las necesidades y prioridades, sin olvidar que los distintos tipos de asistencia deben ajustarse al nivel de desarrollo, de preparación, de capacidad de absorción de un país determinado y a los riesgos que puedan plantearse, teniendo en cuenta la variada demanda que pesa sobre los recursos de la OMPI y las obligaciones de ésta en pos del avance de la Agenda de la OMPI para el Desarrollo. El personal debería examinar abiertamente con las autoridades nacionales los obstáculos y los riesgos, para plasmar resultados previstos y logros realistas. Deberían realizarse mayores esfuerzos para identificar las opciones y examinar las alternativas; cuando esas actividades estén más allá del alcance de la OMPI, la Secretaría debería ayudar a los países a encontrar otros proveedores.

Los Estados miembros de la OMPI y la Secretaría deberían ponderar la posibilidad de que la OMPI modifique o complemente su ofrecimiento de actividades de cooperación para el desarrollo con el fin de hacer frente a las necesidades de determinadas categorías de países (además de la categoría de PMA que ya se utiliza). Convendría considerar la posibilidad de formar grupos con elementos en común, por ejemplo, las oficinas de P.I. pequeñas o grandes, los países que cuentan o no con mecanismos de examen (para la propiedad industrial) y los grandes países emergentes o los países en desarrollo con ingresos medios. Gracias a la creación de grupos de esa índole, la Organización podría recabar información de los distintos países sobre algunas cuestiones y adaptar sus actividades para que respondan a esas características específicas. Además, es posible que varios de los grandes países emergentes y países en desarrollo que son miembros de la OMPI dejen de ser una fuente significativa de demanda de actividades de cooperación para el desarrollo conforme a la definición actual, aunque tengan necesidades estratégicas e intereses en el cambiante entorno mundial de P.I. a los cuales la OMPI debería responder.

Prestar más atención a las actividades de cooperación para el desarrollo que permiten la cooperación Sur-Sur debería ser una prioridad. Por ejemplo, podría mejorarse el intercambio de experiencias y conocimientos especializados entre los países en desarrollo para que las actividades se orienten en mayor medida a potenciar el desarrollo y se realicen con más eficiencia.

Fomentar el sentido de identificación en los países

La OMPI debería adaptar mejor sus actividades de cooperación para el desarrollo a los objetivos y las circunstancias nacionales de desarrollo. Un enfoque orientado a potenciar el desarrollo debe integrar de forma coherente el contexto social y económico, los objetivos y las prioridades nacionales de desarrollo y el entorno amplio reglamentario e institucional del país, reconociendo su importancia.

La Secretaría de la OMPI debería dar asistencia a los países para que lleven a cabo y mantengan actualizada la evaluación a escala nacional de las necesidades en materia de actividades de cooperación para el desarrollo relacionadas con la P.I., valiéndose por ejemplo, de políticas o estrategias nacionales sobre P.I. y desarrollo formuladas a partir de la información obtenida de los departamentos gubernamentales pertinentes y los sectores interesados. Esas evaluaciones de las necesidades podrían servir para mejorar la planificación por países de las actividades de cooperación para el desarrollo vinculadas a resultados previstos, objetivos e indicadores de rendimiento expresados claramente. La Secretaría de la OMPI y los Estados miembros deberían estar informados acerca de las iniciativas emprendidas al mismo tiempo por otros proveedores para elaborar y utilizar instrumentos destinados a esas evaluaciones, y trabajar para coordinar o complementar esas iniciativas.10 Con miras a brindar asistencia, la OMPI debería seguir afinando y utilizando una plantilla flexible para la preparación de planes plurianuales por países. Esa plantilla ha de utilizarse, junto con las políticas y estrategias nacionales sobre P.I. y los instrumentos de evaluación de las necesidades, para establecer prioridades en la asistencia que presta la OMPI. Los planes por países deberían ser un punto de partida para el diálogo con los Estados miembros y para todas las actividades de planificación que el personal de la OMPI lleve a cabo en un país determinado, sirviendo para mejorar la coordinación, el establecimiento de prioridades y la utilización eficaz de los recursos. Los planes por países deberían ser compatibles con las recomendaciones de la Agenda para el Desarrollo, las metas estratégicas de la OMPI, el marco de gestión por resultados y los recursos financieros y humanos de la Organización. Deberían incluir un trazado de las actividades de otros donantes y otras partes y especificar el sector adecuado para las intervenciones de la OMPI. La OMPI también debería alentar a los Estados miembros, ayudándolos en ese sentido, a idear estrategias para solicitar asistencia y administrar la que reciben, ayudándolos asimismo a identificar y facilitar el acceso a otras fuentes de asistencia.

La Secretaría de la OMPI y los beneficiarios deben entablar un diálogo más significativo sobre la preparación, los desafíos y los riesgos realizados con la asistencia. La Secretaría de la OMPI debería esforzarse más por informar a los países acerca de las exigencias que las actividades de cooperación para el desarrollo pueden imponer a sus recursos nacionales –sean éstos institucionales, humanos o financieros– ya desde la fase de la evaluación de las necesidades y hasta la concepción y ejecución de los planes por países. La Secretaría debería adaptar, ajustar o prorrogar las actividades propuestas sobre la base de una evaluación de los recursos internos disponibles en los países beneficiarios. El proceso de planificación por países debería constituir un instrumento destinado a consolidar la comprensión mutua acerca del carácter limitado de los recursos y la necesidad de establecer prioridades.

La Secretaría de la OMPI y los Estados miembros deberían idear procesos destinados a intensificar la supervisión de sus actividades de cooperación para el desarrollo en el plano regional. Asimismo, la OMPI debería revisar sus actividades de cooperación para el desarrollo dirigidas a las oficinas de P.I. regionales, entre otras cosas, mediante consultas con los Estados miembros, con miras a que las tareas de esas oficinas estén orientadas a potenciar el desarrollo, y debería fomentar la pericia necesaria para que esas oficinas puedan supervisar los acuerdos regionales en materia de P.I.

Ampliar la esfera de acción de los sectores interesados, velar por el equilibrio de las perspectivas y fomentar la transparencia

La OMPI debería respaldar los esfuerzos de los países por crear comisiones nacionales de desarrollo y P.I. en las que intervenga todo el espectro de organismos gubernamentales que elaboran políticas públicas en esferas en las que inciden las reformas de la P.I. (por ejemplo, organismos de salud, educación, cultura, agricultura e industria) y sectores no gubernamentales (por ejemplo, grupos de la sociedad civil, el sector industrial y los analistas del sector académico que trabajan en el campo de la P.I., la inversión, la innovación, la salud, la educación, el desarrollo, la ciencia y la tecnología). Ello incluye las consultas de carácter público y la participación en la formulación de planes por países, así como la concepción y ejecución de actividades de asistencia para el desarrollo relacionadas con la P.I.

Para velar por el equilibrio de las perspectivas en la asistencia que se brinda, y proteger contra la eventual influencia indebida de sectores que tengan más poder o mejores recursos, la OMPI debería supervisar de forma más sistemática los distintos sectores interesados y expertos que participan en las actividades de asistencia de la Organización (por ejemplo, consultores, oradores y formadores). En el marco de sus responsabilidades periódicas de presentación de informes, cada uno de los programas de la OMPI debería enumerar en detalle los asociados y proveedores de los que se vale en sus actividades, en particular las de cooperación para el desarrollo, en función de las categorías (por ejemplo, ONG, organismos gubernamentales de países en desarrollo/países desarrollados, institutos de investigación, asociaciones industriales o empresas).

Además de un mecanismo más detallado de presentación de informes por la Secretaría de la OMPI acerca del contenido y los resultados de sus actividades de cooperación para el desarrollo, para que esas actividades estén orientadas en mayor medida a potenciar el desarrollo es preciso que la Secretaría instaure una cultura institucional más sólida con miras a intensificar el compromiso con los distintos sectores interesados e investigadores externos y extraer conclusiones prácticas, además de dar mayor apertura a las relaciones con los medios de comunicación, destacando la importancia no sólo de llamar la atención acerca de los éxitos logrados por la OMPI, sino de abrir el diálogo sobre los desafíos que la Organización enfrenta en el campo de la cooperación para el desarrollo y sobre los debates de fondo en materia de P.I. y desarrollo.

En el marco de las actividades de cooperación para el desarrollo, debe facilitarse el acceso a la investigación y sus resultados con miras a potenciar el desarrollo

Debe prestarse más atención a potenciar el desarrollo, a la revisión interna y externa, la calidad, la estrategia de comunicación y la disponibilidad de los resultados de la investigación y los estudios realizados por la OMPI.

(Véase también la recomendación relativa a la recopilación de datos sobre P.I. y desarrollo en la parte 3 del presente Informe en lo que atañe a la incidencia.)

Incidencia

Reforzar los instrumentos y los procesos destinados a medir la incidencia de las actividades

Es preciso que la OMPI conciba y aplique instrumentos y procesos destinados a medir mejor la incidencia de las actividades de cooperación para el desarrollo en los distintos países, sectores e instituciones. La nueva División de la OMPI de Economía y Estadística debería encargarse de elaborar una serie de documentos metodológicos y estudios comparativos rigurosos sobre las prácticas a este respecto en otros campos de la asistencia para el desarrollo. Debería crearse un grupo de expertos, compuesto por personal de la OMPI y expertos externos, que ayude a revisar periódicamente los instrumentos destinados a medir la incidencia, organizando con criterio más amplio los instrumentos de gestión por resultados (véanse también, infra, las recomendaciones sobre gestión).

Deberían tomarse distintas medidas para determinar la incidencia de los varios tipos de actividades de asistencia: asesoramiento legislativo y asistencia en la materia; modernización de las oficinas; fortalecimiento de la capacidad institucional; sensibilización; capacitación; etcétera. Por ejemplo, será más fácil evaluar la incidencia de las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo en materia de fortalecimiento de la capacidad institucional si se desglosan las iniciativas destinadas a determinar su incidencia, y los indicadores correspondientes, en función de las distintas etapas de una “cadena de resultados”: 1) las mejoras inmediatas en la capacidad técnica de los beneficiarios; 2) la aptitud de los beneficiarios para aplicar y utilizar esa mejor capacidad; y 3) los resultados finales, es decir, la incidencia, en lo que atañe a la eficiencia u orientación del trabajo de las instituciones.

Consolidar los procedimientos destinados a impulsar el aprendizaje a escala institucional, el seguimiento y la rendición de cuentas en el marco de la incidencia de las actividades

Es necesario que la Secretaría de la OMPI elabore instrumentos y procedimientos para mejorar el aprendizaje a escala institucional, la supervisión, el seguimiento, la memoria institucional y la rendición de cuentas por el personal en el marco de las actividades de cooperación para el desarrollo. Podría tratarse de instrumentos y procedimientos destinados a: 1) mejorar la comunicación en sentido horizontal entre los distintos sectores y programas de la OMPI con el fin de generar ideas y compartir experiencias; y 2) velar por la recopilación sistemática, en formato electrónico, de información sobre actividades, por tema, país y resultado previsto, de manera que sea accesible a todo el personal de la Organización. Para cada tema deberían ponerse a disposición un panorama general de la cuestión o la actividad, las experiencias previas, las dificultades, las restricciones y la evaluación de los resultados.11 También es necesario introducir procedimientos destinados a mantener informado al personal acerca de las novedades que se produjeron en su esfera de trabajo e incorporar los conocimientos más recientes y las conclusiones prácticas sobre las actividades de asistencia más eficaces, en el plano interno de la OMPI y desde el exterior, aunque se trate de temas o regiones distintos.12

Respaldar la recopilación y el análisis de los datos y las conclusiones prácticas acerca de la intersección de la P.I. y el desarrollo

La OMPI debería respaldar las iniciativas destinadas a consolidar los conocimientos y la pericia dentro y fuera de la Organización acerca de la relación entre los distintos sistemas de P.I., normas, políticas y prácticas y cómo inciden en el desarrollo en los distintos niveles y sectores. Ello sentaría las bases para entender en qué medida las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo contribuyen a lograr determinados resultados en materia de desarrollo.

La OMPI debería respaldar las iniciativas emprendidas en el plano nacional para recopilar datos que contribuyan a evaluar la incidencia de los sistemas de P.I. en las metas nacionales de desarrollo. Estos datos también podrían utilizarse para definir y supervisar las referencias de base y los indicadores de rendimiento correspondientes a las actividades de la OMPI de cooperación para el desarrollo.

Reforzar la supervisión, evaluación y presentación de informes en lo que atañe a la incidencia y los resultados
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