Resumen ejecutivo 7




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2IMPORTANCIA DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA


En un siglo, la producción de granos en la Argentina aumentó un 1,000%, pasando de 10 millones de toneladas de trigo y maíz en la década de 1910 hasta los 102 millones en 2010-11. En el promedio de las campañas 2010-12 el 97% del volumen estuvo integrado por principalmente por soja (47%), maíz (23%) y trigo (15%); y en menor medida por sorgo granífero (4%); cebada cervecera (4%) y girasol (4%). Si bien la agricultura extensiva de granos, principalmente desarrollada en la región pampeana, es la que más se destaca por su dimensión y dinamismo, también en las otras regiones se desarrolla una diversidad de producciones agrícolas y pecuarias que permiten satisfacer todas las necesidades alimenticias de la población y generar importantes exportaciones.

La producción de maíz, sorgo, y de los integrantes de su cadena de valor, es significativa en materia de contribución al PBI. Es así que el valor de dichos cultivos medido a precios corrientes represento en el 2007 el 0.66% del Valor Agregado Bruto (VAB). Cabe recordar que el sector Agricultura, Ganadería, Caza y Servicios conexos equivalen al 9.2% del VAB. En cuanto a la contribución a la recaudación tributaria nacional de la cadena del maíz, en el 2007 la recaudación de recursos tributarios, sin aportes y contribuciones represento $9,585.6 millones, de los cuales el 13% es contribución directa “pura” del maíz y sorgo; y el 87% restante proviene de la contribución fiscal de los integrantes de la cadena del maíz, en forma indirecta. Estos valores representan, para el maíz y sorgo, el 0.8% de participación sobre el total de impuestos nacionales relevados, y el 5.5%, para la cadena en su conjunto, llegando al 6.3% de participación total en la recaudación total nacional.

Como se mencionó el sector agroalimentario tiene su fuerte orientación exportadora. No solo se satisface la totalidad del consumo nacional de alimentos, sino que cada vez una mayor parte de la producción se destina al mercado internacional. La producción agroalimentaria argentina es altamente competitiva en el mercado mundial, superando el promedio global en la mayoría de los rubros y participando con alrededor del 3% en el mercado mundial en el último quinquenio. Mientras en 1993 se exportaba del 16% del valor de la industria de alimentos y bebidas, en 2011 la proporción exportada fue del 36% del valor de la producción total. En esto ha influido el fuerte crecimiento de la industria oleaginosa, pero también ha ocurrido en muchos otros productos agroalimentarios. Los complejos derivados de la soja, el girasol y los cereales tienen una participación mayoritaria en las exportaciones argentinas de origen agropecuario. En particular en soja y los productos derivados, así como en trigo y maíz, su participación es muy superior a la del resto de los países. Representando en el año 2011 el 72% de las exportaciones de este origen y el 37% de las exportaciones totales del país.
    1. Importancia económica y social


La agricultura es una de las bases de la economía de la Argentina. El crecimiento del área sembrada, cosechada, rendimientos y producción es permanente y se viene acelerando en los últimos años. El área sembrada fluctuó en torno a las 20 millones de hectáreas entre 1950 y 1995. Recién a mediados de la década del ‘90 se inicia un proceso de crecimiento. En 2001 en el país se sembraron alrededor de 27 millones de hectáreas con diferentes cultivos mientras que en 2011 la superficie agrícola total rondó las 35 millones de hectáreas. Los cereales y oleaginosas son los principales cultivos del país; destacando en el primer grupo la producción de trigo y maíz; y en el segundo la de soja y girasol. Otros cultivos cuyas áreas superan el millón de hectáreas son la avena, la cebada cervecera y el sorgo. La soja es de lejos, el principal cultivo del país con 18.6 millones de hectáreas sembradas en la campaña 2011/12. Si analizamos la evolución de los principales cultivos en la última década se destacan los incrementos del área sembrada con soja (60%) y maíz (63%) y la merma en la producción de trigo (-34%). De esta forma el maíz, con 5 millones de hectáreas sembradas se transformó en la campaña 2011/12 en el segundo cultivo en superficie después de la soja, desplazando al trigo; aunque con una relación de área de casi 4 hectáreas de soja por cada hectárea de maíz.

Figura 1. Argentina: Evolución del área sembrada con los principales cultivos. 2001-2011




Fuente: MAGyP
A partir de la campaña 1997/98, producto de una serie de factores locales e internacionales, se verificó un gran crecimiento del área sembrada con soja. En cambio, en el caso del cultivo de maíz por requerir tecnología intensiva su costo de implantación resulta elevado y por esta razón le cuesta competir frente a cultivos como el de soja. Presentado la soja y el maíz una tasa anual de crecimiento promedio durante el periodo estudiado de solo 7 y 4%, respectivamente.

Figura 2. Argentina: Evolución del área sembrada con maíz y soja. 1991-2011




Fuente: MAGyP
A pesar que los rendimientos obtenidos por los principales cultivos se vienen incrementando, el mismo no es lineal; sino que se ve afectado principalmente por factores climáticos. Así vemos que en campañas buenas (2004/05, 2006/07 y 2009/10) los rendimientos en maíz vienen acercándose a los 8 t/ha, en cambio los de soya solo a las 3t/ha; a pesar que ambos crecen a tasas similares (1.2% promedio anual).

Figura 3. Argentina: Evolución de los rendimientos de los principales cultivos. 2001/2011




Fuente: MAGyP
En la última década la producción total de granos promedio las 85 millones de toneladas (t), sin embargo, hasta mediados de la década del ‘90 difícilmente superaban las 40 millones de toneladas. Resulta evidente que la adopción masiva de materiales genéticamente modificados en soja y maíz permitió un sostenido incremento de la producción. Durante el periodo 2001-12 se observa una producción promedio de 41.2 millones de toneladas para la soja y de 18.9 millones para el maíz; no obstante el maíz es el que presento una tasa anual de crecimiento más alta (8.6%) que la soja (6%). La producción de soja alcanza el pico máximo de 52.6 millones de toneladas en la campaña 2009/10, no pudiendo conseguirse los mismos niveles de producción en las dos campañas siguientes dado que los cultivos fueron severamente afectados por la sequía. Por su parte, el maíz alcanza su pico máximo de producción en la campaña 2010/11.

Figura 4. Argentina: Evolución de la producción de los principales cultivos. 2001/2011




Fuente: MAGyP

Una parte importante de la población argentina está vinculada con el sector agroalimentario. Los pueblos y ciudades del interior del país –las poblaciones de hasta 20.000 habitantes- están estrechamente relacionados con la actividad agropecuaria y de producción de alimentos. En 2001 residían en esos pueblos y ciudades 8.4 millones de personas, el 23% de la población nacional, a las que habría que sumar las que están vinculadas y residen en ciudades de más de 20.000 habitantes. En 1997 el empleo directo en el sector agroalimentario puede estimarse en torno al millón y medio de puestos directos ocupados, de acuerdo con los datos proporcionados por el sistema de Cuentas Nacionales del INDEC, de los cuales dos terceras partes correspondían al sector primario y una tercera parte a la industria de alimentos y bebidas. Estas cifras no han variado mucho en los últimos diez años, lo que muestra -dado el fuerte aumento de la producción- un paralelo aumento en la productividad del trabajo.

Asimismo, es importante considerar el impacto indirecto del sector sobre el empleo general, ya que este sector demanda productos del resto de la industria (ej. metalmecánica, química, siderúrgica, papelera) y de los servicios (comerciales, financieros, transporte). Se estima que el efecto “multiplicador de empleo” del sector agroalimentario es de 3.58; que significa que el sector agroalimentario genera en total 5.37 millones de puestos ocupados en el conjunto de los sectores de bienes y servicios, vinculados directa e indirectamente con la actividad agroalimentaria a lo largo de la cadena. Este multiplicador es el más alto de la economía. Es así que IERAL (2011) estima que la cadena del maíz en su conjunto en el año 2009 genero 450,496 puestos de trabajo, distribuidos tanto en la producción primaria, industrias, transporte y distribución de la materia prima y los productos derivados, asi como los puestos de trabajo indirectamente generados en empresas que prestan distintos servicios a las cadenas o que proveen insumos relevantes. Empleando así en conjunto la cadena del maíz al 2,59% del empleo total del país (ILSE, 2011).

Figura 5: Argentina: Empleo generado por la cadena del maíz. 2009




Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea.
      1. Producción de maíz


En Argentina el maíz es un cultivo secundario, que interviene principalmente en la rotación con otros cultivos como la soja, el algodón o el arroz, según las distintas zonas agroecológicas. También se encuentra como cultivo secundario que ingresa en la rotación con pasturas en las zonas ganaderas de producción de carne vacuna o de leche. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, los sistemas de producción no tienen una especialización prioritaria como ocurre en el caso del cultivo de soja.

La producción Argentina de maíz hasta mediados de la década del ‘90 promediaba las 10 millones de toneladas; pero a partir de la campaña 1996/97 comienza a experimentar un constante crecimiento, pasando de una tasa anual de crecimiento del 3.3% a una del 8.8%. La producción de maíz llego a 23.8 millones de toneladas de maíz comercial en la campaña 2010/11, superando el máximo volumen alcanzado hasta el momento; y a este volumen se le debe agregar unas 850 mil hectáreas que tienen destino forrajero y que no ingresan al circuito comercial.

Figura 6. Argentina: Evolución de la superficie sembrada, producción y rendimiento de maíz. 1981-2011




Fuente: MAGyP
El área sembrada con maíz muestra un comportamiento irregular en la Argentina. A partir de la campaña 97/98 se ha verificado una continua disminución del cultivo del maíz a causa de los bajos precios internacionales y el surgimiento del poroto de soja como un grano con alta demanda externa, sumados a una serie de factores locales e internacionales. Sin embargo, la imposibilidad de su reemplazo como materia prima en diversas industrias y la necesidad de una agricultura sustentable a través de su participación en la rotación de cultivos, plantea un interesante desafío para intentar revertir esta tendencia. Finalmente, el avance tecnológico sobre la genética del maíz condujo a que sea el cultivo con mayores aumentos de rendimientos en los últimos 30 años, pasando de obtenerse unos 3 t/ha en la década del 80 a alcanzarse el record de 7.8 t/ha en la campaña 2009/10. Durante el periodo comprendido entre 1989-96 el crecimiento de los rendimientos se debió sobre todo a la introducción de nuevos híbridos, siembra directa, fertilización y riego; y en el periodo 1997-2007 este se debió al uso de Biotecnología y Siembra de Precisión.
      1. Tipos de maíz


Todos los maíces pertenecen a la misma especie y los tipos o razas que los diferencian corresponden a una simple clasificación utilitaria, no botánica. Los distintos tipos de maíz presentan una multiplicidad de formas, tamaños, colores, texturas y adaptación a diferentes ambientes, constituyendo numerosas variedades primitivas o tradicionales que actualmente son cultivadas y se localizan en zonas de agricultura de subsistencia y minifundios del NOA, NEA y Comunidades Indígenas Andinas y Patagónicas, que por sus características culturales basan su alimentación en un reducido número de cultivos que poseen gran variabilidad de tipos con distintos usos, como el maíz..

Desde el punto de vista comercial, sólo un reducido número de tipos es utilizado y usualmente se clasifican de acuerdo a la dureza del grano (Tabla 1). Entre los tipos de maíces considerados extremos se encuentran numerosas formas raciales con texturas intermedias, que también son utilizadas para muchos destinos. Entre los maíces especiales, y los que adquieren mayor importancia en la Argentina se tienen los maíces colorados (Flint); el pisingallo, y los Maíces de Alto Valor (MAV). Estos distintos tipos de maíz existentes difieren en requerimiento para su producción, rendimientos, precios de venta como grano (commodity) y precio como productos transformados y procesados (Gear, 2006).

Los tradicionales maíces colorados argentinos fueron cruzados con germoplasma dentado americano a partir de fines de los ´80, mejorándose substancialmente el rendimiento potencial del cultivo, y constituyendo la base de la mayor parte de los híbridos actuales. El maíz colorado siguió un camino paralelo de mejoramiento, logrando importantes aumentos en su potencial de rendimiento y manteniendo las características especiales de los maíces Flint o Plata. A la introducción de nuevos híbridos americanos de alto potencial, en los últimos años se agregaron planes de mejoramiento nacionales, que incrementaron notoriamente el rendimiento de los maíces pisingallo El maíz MAV es una nueva especialidad que viene produciéndose desde hace unos años en la Argentina, el grano producido tiene un mayor valor nutritivo determinado por una mayor concentración de aceite (duplica el valor del maíz común) y un incremento del 20% en la concentración de proteína, incrementando así el contenido de aminoácidos esenciales.

Tabla 1. Argentina: Tipos de maíz según la dureza del grano


Nombre

Raza/endosperma

Industria / usos

Observaciones

Duros o Flint (incluye maíz Plata)

Cristalino Colorado

Molienda seca ej. polenta, cereales, alimento para animales

0.4 millones t/año de Flint como especialidad no OGM se exportan a la Unión Europea. Argentina es el único productor a nivel mundial

Pisingallo o Tipos reventadores

Endospermo vítreo, muy duro

Ej. "palomita" de maíz (popcorn)

Desarrollo acelerado en la última década, i.e. Argentina es el 1er exportador mundial con 0.25 millones t/ año

Dentados

Se destaca la raza Dentado Amarillo entre los maíces nativos

Molienda húmeda ej. alcohol, almidones y fructosa, entre otros

Son característicos los híbridos del "Corn Belt" norteamericano.

Harinosos

Destacan en la zona de altura NOA las razas Capias; y en zonas bajas del NOA y NEA la Abatí Morotí

Consumo fresco (choclo) y en la elaboración de diversas comidas tradicionales basadas en harina de maíz

Corresponden a un grupo numeroso de razas

Maíces de Alto Valor (MAV)

Asociación varietal

Industria avícola y porcina

Argentina es exportador mundial de maíces MAV.

Fuente: Gear (2006)
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