Paper La economía del entretenimiento (la civilización del espectáculo y el pastel de las redes sociales)




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En fechas más recientes (sin “tretas” no hay paraíso: “todos a la venta”)

Del Paper - “Tiempos modernos” (“realidades cercanas” de un capitalismo sin control) Parte II (15/8/12)

“La vida es una tragedia si la ves de cerca, pero una comedia si la miras con distancia” -Charles Chaplin

Desnudándose en las redes sociales (“síndrome del famoso” en beneficio ajeno)

Espiados por voluntad propia: el que quiera entender que entienda

- Lo que dicen de ti las redes sociales (BBCMundo - 23/3/12) Lectura recomendada

(Por Anahí Aradas)

En los tiempos que corren, pocos con un mínimo acceso a la tecnología e internet pueden escapar de las redes sociales.

Se han convertido en una especie de ventana a través de la cual se divisa gran cantidad de información sobre nuestra vida y personalidad.

Es por ello que muchos psicólogos tratan de averiguar lo que esconden y, en especial aquellos dedicados al coaching y recursos humanos, aseguran que a través de ellas logran conocer la cara “real” del futuro empleado.

Los siete pecados

En una entrevista concedida el año pasado al diario estadounidense Wall Street Journal, Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, dijo que las redes sociales reflejan los siete pecados capitales: Facebook es “ego”, Zynga es “pereza” y LinkedIn es “codicia”.

Isidro Maya, psicólogo social y analista de redes sociales de la Universidad de Sevilla, explicó a BBC Mundo que lo que en la práctica revela nuestra personalidad en internet es nuestro grado de interacción con otros perfiles.

“No hay nada virtual en las relaciones online. Si uno es un freaky en la vida real lo es virtualmente, si uno es extrovertido y se relaciona mucho también lo va a hacer mucho online”, apuntó.

Uno de los rasgos que muchos psicólogos han destacado a través del análisis de las interacciones en la red es el narcisismo.

Es el caso los de investigadores de la Universidad Western de Illinois en Estados Unidos, quienes publicaron un informe titulado “El Narcisismo en Facebook: comportamiento antisocial y de autopromoción”.

Personalidad “exhibicionista”

Según esta investigación, ciertos comportamientos en la red no sólo reflejan vanidad sino un narcisismo disfuncional, que se manifiesta en el modo en que seleccionamos a nuestros amigos en las redes, cantidad y frecuencia de actualizaciones, así como la interacción con otros usuarios.

El primer caso es el de la personalidad “exhibicionista”, que tiende a aceptar cualquier invitación de amistad (cuanta más audiencia mejor) y a actualizar continuamente su perfil sin interaccionar mucho con los demás.

Un caso más grave es el de los usuarios “explotadores-agresivos”. Estos también buscan tener una gran audiencia y además de ser “escuchados” exigen ser “respondidos”, además raramente dan esa clase de reporte virtual a otros usuarios, lo suyo es recibir.

En ocasiones, señala el estudio, esta personalidad puede llegar a ser agresiva, reaccionando negativamente cuando alguien no comenta en su estado o respondiendo agresivamente a críticas en la red.

No obstante, psicólogos como Maya, afirman que lo que genera este tipo de comportamientos sería parecido al “síndrome del famoso”, personas públicas que al contar con una gran audiencia tienden a actuar con cierto narcisismo.

“Esto se acaba viendo en las redes sociales a nivel más reducido”.

Ventanas a nuestro ser “real”

Recientemente, los psicólogos dedicados al coaching y recursos humanos también se han aficionado a hurgar en la red con el fin de evaluar la personalidad del futuro empleado.

“Las redes sociales son ventanas que muestran de forma más natural cómo se comportan las personas, ya sea para bien o para mal”, afirma Alfonso Alcántara coaching de profesionales y emprendedores en reputación digital.

“Si un joven nunca publica en Facebook que se lo está pasando bien con sus amigos a lo mejor eso demuestra que no sabe relacionarse”, explicó. “También pasa lo contrario, que se publica algo en internet y eso arruina su reputación”.

“En principio, ya por estar en las redes se demuestra una personalidad más abierta, que está a la vanguardia”, explicó.

Preferencia en redes

“Los que acuden más a Twitter suelen ser los que más interesados están por la información y los contenidos. Por su parte, los que usan más Facebook, son personas con más inteligencia emocional, ya que le dedican más tiempo a las personas que a los contenidos”.

Hay personas que aceptan cualquier invitación lo que según algunos psicólogos demostraría un narcisismo exacerbado.



“Por otro lado, los que se dedican más a LinkedIn suelen ser personas más centradas en el negocio, personas que están enfocados en objetivos muy concretos”.

En el caso de LinkedIn, donde muchos cuelgan su curriculum vitae, Alcántara señaló que aquellas personas que suelen presentarse con su título educativo en primer lugar demuestran “inseguridad”.

“Es mejor poner tus habilidades, tu puesto de trabajo, si eres director o comunicador”.

El triángulo de las Bermudas

Pero uno de los elementos más importantes, señaló, es que esté balanceado lo que llaman: el “triángulo de las Bermudas”, es decir, que haya cierta coherencia entre la foto, el nombre y la biografía.

“Esas tres cosas influyen. Si soy una persona emprendedora salgo con una foto en el trabajo. Si pongo una en una piscina doy la impresión de que soy un vigilante de la playa, pero lo importante es que se alinee todo, que todo coincida”.

Así que a la hora despedir trabajo, ya no basta con un buen traje y controlar los nervios en la entrevista, ya que una “entrevista paralela” se lleva a cabo en línea y puede detectar cualquier incoherencia en la información que proporcionamos a le empresa…

Snippet” de verano (agosto europeo)

¿Qué “datos” (¿avatares?) permiten actualizar la información presentada en mi Paper “Desnudos en la red…”?

  • Se prevé que Facebook lograra llegar a los mil millones de usuarios antes de diciembre del 2012.

  • Los datos más recientes dicen que Twitter tiene más de 500 millones de cuentas registradas (3/3/12).

  • Paul Allen dijo recientemente que la red social de Mountain View, Google+, alcanzaría los 400 millones de usuarios a finales de año (3/3/12).

  • Una búsqueda en Internet sobre el “Valor de Facebook” produce resultado tras resultado que el valor asciende a 100.000 millones de dólares (9/2/12).

  • El gobierno británico quiere más poder sobre internet (BBCMundo - 2/4/12)

  • P.D. (para que no se olvide lo inolvidable): El Gobierno de EEUU quiere “pinchar” las redes sociales (Expansión - 27/9/10)

Conclusión preliminar (por mi cuenta y riesgo): Estábamos mal, pero vamos peor…

Usted está a la venta en Facebook

Hasta hace poco, el software era un producto conocido, que se vendía en las tiendas en cajas envueltas en plástico transparente y, para comprarlo, sólo tenía que dar su número de tarjeta de crédito o unos cuantos billetes.

Ahora predominan las “apps” o aplicaciones: programas elegantes y discretos de software que residen en línea o en su teléfono inteligente. Para “comprar” una aplicación, basta con hacer clic en un botón. A veces cuestan unos dólares, pero suelen ser gratis, al menos en términos monetarios. Sin embargo, a menudo se paga de otra manera. Las aplicaciones son puertas de acceso y cuando uno las compra, es muy probable que esté proveyendo a sus desarrolladores uno de los “commodities” más cotizados en la economía actual: sus datos personales.

Algunas de las aplicaciones más populares en Facebook, es decir los juegos, concursos y servicios para compartir contenido que definen la red social y le conceden gran parte de su atractivo, están recopilando cantidades copiosas de información personal.

Un examen de The Wall Street Journal de 100 de las aplicaciones más utilizadas en Facebook reveló que algunas buscan las direcciones de correo electrónico, la ubicación actual y orientación sexual, entre otros detalles, no sólo de los usuarios de la aplicación sino también de sus amigos en Facebook. El popular servicio de llamadas en línea Skype, por ejemplo, pide fotos de Facebook y las fechas de nacimiento de sus usuarios y contactos. (The Wall Street Journal - 8/4/12)

Skype asegura que solo busca la información para personalizar su servicio y promete proteger la privacidad de sus clientes.

The Wall Street Journal puso a prueba su propia aplicación, “WSJ Social”, que busca datos para configurar un perfil básico de sus lectores, incluyendo sus direcciones de e-mail, y solicita publicar una actualización cuando un usuario lee un artículo. Una vocera del diario dijo que la compañía sólo pide la información que necesita para que la aplicación funcione.

El apetito de información personal refleja una verdad fundamental sobre Facebook y, por extensión, de la economía de Internet: las redes sociales ofrecen un servicio aparentemente gratuito por el que los usuarios pagan, en efecto, proveyendo detalles sobre sus vidas, amistades, intereses y actividades. Facebook, a su vez, utilizan esta información para captar anunciantes, desarrolladores de aplicaciones y otras oportunidades de negocio.

Hasta hace unos años, estas gigantescas bases de datos fácilmente accesibles repletas de información personal no existían. Ahora, están provocando un profundo debate sobre la definición de la privacidad en una era en que la mayoría de las personas acarrean aparatos que transmiten información todo el tiempo.

El negocio generado a partir de los datos personales es rentable. Facebook está inmersa en los preparativos para su salida a bolsa fijada para mayo (2012) que la podría valorar en más de US$ 100.000 millones.

Facebook exige que las aplicaciones soliciten permiso antes de acceder a los detalles personales del usuario. Sin embargo, los amigos de un usuario no son notificados si su información es utilizada por la aplicación. Un examen de las actividades de las “apps” también sugiere que, en algunas ocasiones, Facebook no cumple sus propias normas sobre privacidad de datos. Entre las posibles trasgresiones de las políticas de Facebook que identificó The Wall Street Journal, cabe destacar:

* La aplicación que solicitaba la mayor cantidad de detalles de las 100 analizadas, “MyPad for iPad”, tenía un párrafo de dos líneas sobre privacidad que decía que pronto incorporaría configuraciones de privacidad. Facebook exige que las políticas de privacidad describan cómo recopilan, utilizan y comparten la información. El desarrollador de esta aplicación no pudo ser contactado para comentar.

* Decenas de “apps” permiten el acceso de anunciantes que no han sido aprobados por Facebook dentro de la propia aplicación, lo cual deja que anunciantes como Google hagan un seguimiento de los usuarios de la aplicación, según datos recopilados por PrivacyChoice, que ofrece servicios de privacidad. Google señala que los desarrolladores de aplicaciones controlan la tecnología usada para difundir los avisos en línea.

* Algunas aplicaciones de concursos de preguntas solicitaron muchos detalles personales, incluyendo preferencias sexuales de los usuarios y sus amigos, que no parecen ser trascendentes para su funcionamiento. Sus desarrolladores, cuyos juegos hacen preguntas como “¿tiene tu amigo un trasero bonito?”, no pudieron ser contactados por WSJ para comentar sobre el tema. Facebook exige que las aplicaciones recopilen sólo la información que necesitan para operar.

Un vocero de Facebook expresó en un comunicado que “estamos abocados a ayudar a los clientes a tomar decisiones informadas sobre las aplicaciones que deciden usar. Los desarrolladores de “apps” aceptan nuestras políticas cuando se registran. Si encontramos una aplicación que las viola -a través de nuestros sistemas automatizados, equipos internos de privacidad y denuncias de usuarios- tomamos medidas”.

La clase de información que maneja Facebook, como nombres, amigos más cercanos, fotos, historial académico y profesional y otros innumerables detalles, es la joya de la corona de la economía de los datos personales. La industria de la publicidad en Internet, que mueve unos US$ 28.000 millones al año, se alimenta en gran parte de datos recopilados sobre el comportamiento de los cibernautas, a partir del cual las empresas crean anuncios personalizados.

Se calcula que la “economía de las aplicaciones”, que incluye a las de Facebook así como las de los teléfonos inteligentes, facturó US$ 20.000 millones en 2011 a través de descargas, anuncios, “bienes virtuales” y otros productos, según la firma de investigación de mercado Rubinson Partners. Por su dimensión y plataforma de más de 800 millones de usuarios en todo el mundo, Facebook está en el epicentro de la economía de datos personales.

Sin embargo, la acumulación ilimitada de datos digitales está generando desconfianza entre algunos usuarios. “Los consumidores acaban clavados en un tablero de corcho como si fueran insectos, de la manera en que están siendo estudiados”, dijo Jill Levenson, directora creativa de proyectos de la asociación comunitaria Boys & Girls Clubs of America, en Atlanta, quien acaba de eliminar casi 100 aplicaciones en Facebook y Twitter porque se sentía incómoda sobre cómo los detalles de su vida personal podrían ser utilizados.

Las aplicaciones deben pedir permiso al usuario para acceder a su información en Facebook. Pero hay un problema: las personas que reciben advertencias frecuentes empiezan a ignorarlas. El término científico es “habituación” y ocurre cuando la persona se acostumbra a seleccionar el botón de “sí” cada vez que se encuentra con una alerta o advertencia.

“Si la gente ve muchas veces una alerta y nunca pasa nada malo, el nivel de alarma se reduce” y deja de prestar atención incluso cuando debería, explica Adrienne Porter Felt, una estudiante de doctorado en informática en la Universidad de California en Berkeley, que ha estudiado las solicitudes de información personal de las aplicaciones y los teléfonos inteligentes.

Estudios también sugieren que a la gente le cuesta entender largas listas de permisos, especialmente si el vocabulario es técnico. Pero hay un tema más de fondo: aunque un usuario entienda los permisos que concede, es posible que no comprenda las maneras inesperadas en que sus datos pueden ser usados.

Un ejemplo reciente es el escándalo que se desató en torno a la aplicación para iPhone “Girls Around Me” (algo así como “Chicas a mi alrededor”). Usaba información disponible en Foursquare, una red social basada en la ubicación de sus usuarios, para permitir que hombres localizaran a mujeres en los alrededores en un mapa y pudieran ver sus datos personales y fotos de sus perfiles en Facebook. El incidente sugiere que el debate sobre si hacer que su información en Facebook (y otros servicios en línea) sea “privada” o “pública” es secundario. El verdadero problema es el uso que se le da a esa información.

Helen Nissenbaum, profesora de la Universidad de Nueva York, señala que “Girls Around Me” generó tanto revuelo porque violó normas sociales contra el acoso de las mujeres. Si las normas sociales fueran como cercas, dijo, “cualquier persona ética y que respeta la ley no las saltará”. En la ausencia de leyes sobre el uso de datos, asegura, algunas compañías tecnológicas actúan como si no tuvieran límites a la hora de usar la información de un modo que puede parecer escalofriante. Nissenbaum ha hecho un llamado para el desarrollo de lo que denomina “vallas” digitales y esgrime que las normas sobre el uso de datos deberían basarse en el contexto. La información compartida en un cierto contexto, como entre médico y paciente, por ejemplo, no debería usarse de una manera que violara ese contexto. “Estas normas que concebimos como reglas de privacidad no son sólo para el bien del individuo”, explica. “Por ejemplo, mantener la confidencialidad del voto protege la integridad de la democracia”.

La Casa Blanca incluyó “respeto al contexto” en su proyecto da una Ley de Privacidad que fijaría algunas directrices para el uso de la información personal. Actualmente, en Estados Unidos no hay una ley que provea protecciones extensas a la privacidad.

Mientras tanto, la economía de las aplicaciones es un negocio redondo. Las aplicaciones de Facebook suelen ser gratuitas pero también son una mina de oro, especialmente los juegos que venden “bienes virtuales”. La firma de software Zynga, creador de juegos como FarmVille y CityVille, facturó US$ 1.140 millones en 2011, aunque generó pérdidas. La empresa debutó en la bolsa en diciembre (2011) y su valor de mercado ronda los US$ 8.000 millones.

Hoy en día puede ser difícil de recordar lo revolucionarias que parecían las aplicaciones cuando Facebook las presentó en su primera conferencia de desarrolladores en mayo de 2007, cuando el presidente ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, les dio la bienvenida a estos desarrolladores ofreciéndoles la clase de ayuda que garantizara que su software operara sin complicaciones dentro de Facebook. En menos de dos meses había más de 2.000 aplicaciones en la red social. Los inversionistas de capital de riesgo empezaron a inyectar dinero a raudales en nuevas empresas. En 2008, Apple inauguró su tienda de aplicaciones para vender software para el iPhone y el iPod Touch.

Las quejas no tardaron en llegar y Facebook accedió a hacer algunos cambios. Ahora, salvo que el usuario especifique lo contrario, los perfiles se configuran de manera que las aplicaciones pueden obtener todos los datos de los amigos salvo su orientación sexual y sus tendencias religiosas y políticas. Eso significa que si un usuario ha configurado Facebook para que su fecha de nacimiento, ubicación o mensajes de “estado” sean compartidos sólo por amigos, sus contactos pueden aprobar una aplicación que también obtendrá esa información.

En 2010, Facebook lanzó su nueva política de notificaciones y alertas en las aplicaciones. Pero la mayoría de los usuarios siguen sin comprender qué pasa con su información personal, según un estudio del año pasado de la Universidad de California en Berkeley. Más de la mitad de las personas encuestadas no sabían de una muestra de datos cuáles podían ser recopilados por una aplicación.

A tumba abierta (con más pasado que futuro)

No es agradable para un padre y abuelo criticar a la gente más joven. Ser viejo es lamentable, pero ser viejo y tonto (iba a escribir “boludo”, pero no quiero “argentinizar” demasiado el documento, dejémoslo en “gilipollas”)… es “patético”. Espero que no sea el caso (aunque asumo el riesgo). Lean un poco más y luego piensen, ¿quién es el bobo?

Realmente, ver a los jóvenes (y no tan jóvenes) practicar “streap tease” en las redes sociales de forma voluntaria, universal y gratuita, resulta lastimoso. Observarlos todo el día pegados a los nuevos “chismes” (chucherías, los llamaba el Maestro Sabato), que les ofrecen las empresas de comunicaciones, enviando y recibiendo mensajes intrascendentes, frívolos, estúpidos…, produce consternación, o haciendo cola toda una noche para comprar la última (que mañana nomás, será la anteúltima) tableta con la que Apple los cautiva (adictos al “chupete” electrónico), provoca vergüenza ajena…

¿No se dan cuenta que están siendo vilmente espiados, violados en su intimidad, utilizados, alienados, traficados, invadidos, manipulados, arreados gratuitamente, en beneficio de unas “serpientes encantadoras de hombres”… de unos “hacedores de lluvia”… de unos “tratantes de entendimiento”? ¿no huelen que hay algo podrido en el “corazón” de las redes sociales? ¿no se ven como “teleñecos” en manos de especuladores avariciosos? ¿no creen estar ante una estructura de “corrupción moral”?

A propósito, ¿de dónde sacan los 500 euros para comprar, cada seis meses, un nuevo modelo de “tablet”? ¿ustedes, que son tan “cool” no se sienten un “poquito” (por decirlo suave) manejados en beneficio ajeno? ¿es necesario semejante esfuerzo (y humillación) para “ver y ser visto”? ¿no es un peaje demasiado alto por sentirse “famoso por un día”? ¿y al siguiente día, qué? ¿quién se acordará de ustedes una vez que los hayan usado?

De seguir por ese “camino de servidumbre”, vuestra biografía podrá caber en un “sms” o un “tweet”… Seguramente, el limitado vocabulario de 140 palabras, permitido por los “jíbaros” de las nuevas tecnologías, les alcanzará. Aunque tal vez, sea lo que estén buscando. Entonces, habrán unido a la indigencia ética la indigencia intelectual. O sea…
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