Paper La economía del entretenimiento (la civilización del espectáculo y el pastel de las redes sociales)




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Pese a ser una herramienta útil para padres y equipos de rescate, se vuelve peligrosa en manos de acosadores.

(Por Justin Scheck) Lectura recomendada

Los celulares de las víctimas de violencia que llegan al albergue A Safe Place en New Hampshire son desarmados.

Las operadoras de telefonía saben dónde están los celulares de sus clientes, en ocasiones dentro de un radio inferior a 30 metros. La tecnología de rastreo ha rescatado a conductores perdidos, ayudado a las autoridades a encontrar personas secuestradas y permitido a los padres a controlar a sus hijos.

Aun así esta tecnología no siempre se usa de la forma que pretende la compañía telefónica.

Hace aproximadamente un año, Glenn Helwig tiró a su esposa al suelo de su dormitorio en Corpus Christi, Texas, según alegó la mujer a la policía. La señora Helwig cargó sus cosas en el auto y condujo a casa de un amigo, cuenta. No esperaba que él la encontrara.

Al día siguiente, afirma, su esposo “apareció de repente”. Según informes de la policía, entró a empujones, la golpeó y se marchó con el auto.

La policía dijo en un informe que Helwig encontró a su esposa usando un servicio ofrecido por su operadora de telefonía, que le permitió seguir los movimientos de su mujer mediante el microchip del sistema de posicionamiento global (GPS) instalado en su celular.

En una entrevista, Helwig admitió haber rastreado en ocasiones el paradero de su esposa usando el servicio, que contrató el año pasado. “AT&T tenía una oferta para encontrar a un miembro de la familia a través del teléfono”, afirma. Sin embargo, dice que no usó el servicio para localizar a su mujer ese día. Helwig, ya divorciado de su esposa, se declaró inocente y está a la espera de ser juzgado por agresión. No quiso hacer más comentarios sobre el asunto.

Las acusaciones ponen de relieve el precio, en gran medida oculto, que se paga por la proliferación de la sofisticada tecnología de seguimiento: la pérdida de privacidad.

Los GPS y otras tecnologías usadas por las operadoras de telefonía han facilitado el seguimiento de las víctimas por sus agresores. Un informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos divulgado el año pasado estimó que más de 25.000 adultos en EEUU son víctimas de acoso con GPS anualmente, incluyendo teléfonos celulares.



La industria de telefonía dice que los programas de rastreo pretenden proveer un servicio útil para las familias, y que la mayoría de las operadoras adopta medidas para evitar abusos. Mike Altschul, jefe del departamento legal del grupo de firmas de telefonía celular CTIA, afirma que entre los “mejores procedimientos” recomendados por los proveedores de estos servicios se incluye la notificación a las personas a quienes realizan el seguimiento.

La esposa de Helwig había recibido uno de estos avisos de AT&T por mensaje de texto. Un portavoz de la telefónica dijo que la compañía notifica a todos los usuarios cuando se activan las funciones de rastreo. Pero los usuarios no tienen derecho a negarse a que el titular de la cuenta los rastree.

Las operadoras de telefonía celular desactivan la función de rastreo si las fuerzas de orden público les informan de que se está usando para acosar a alguien. Altschul afirma que las autoridades no han solicitado a las operadoras que cambien sus programas, y añade que las compañías telefónicas llevan mucho tiempo ofreciendo programas para entregar celulares no rastreables a víctimas de violencia doméstica.

En un posible caso de asesinato-suicidio el año pasado cerca de Seattle, un mecánico llamado James Harrison supuestamente localizó a su esposa en una tienda usando el sistema de rastreo de su teléfono. Tras encontrarla con otro hombre, mató a sus cinco hijos y se suicidó, según la policía local.

Los terapeutas que trabajan con víctimas de violencia doméstica dicen que han visto un aumento en los casos de rastreo con teléfonos celulares. En el albergue para mujeres maltratadas Next Door Solutions for Battered Women en San José, California, la directora, Kathleen Krenek, dice que las mujeres suelen tener la misma queja: “Sabe dónde estoy a todas horas y no entiendo cómo me está siguiendo”.

En estos casos, dice Krenek, el agresor generalmente rastrea a la víctima mediante su teléfono. Este sistema sorprende a muchas víctimas de acoso, afirma la experta, ya que a menudo creen que llevar un celular las hace sentirse más seguras ya que pueden llamar al 911, el número de emergencia en EEUU, si las atacan.

Actualmente, existen diversas tecnologías para rastrear el teléfono de una persona y, con la rápida expansión de los teléfonos inteligentes, surgen otras constantemente. Hace unos meses, investigadores de la firma de ciberseguridad iSec Partners describieron en un informe cómo cualquiera puede seguir un teléfono en un radio muy reducido. Lo único que se necesitaba era el teléfono celular de la persona objetivo del seguimiento, una computadora y cierto conocimiento de cómo funcionan las redes de telefonía celular, revelaba el informe, que pretendía exponer una falla de seguridad.

El resultado, dice el especialista de iSec Don Bailey, es que “tipos como yo, que no deberían poder ubicarlo a usted, lo pueden hacer de forma muy, muy, muy barata”.

Esta posibilidad es, en parte, consecuencia involuntaria de las regulaciones federales en EEUU que exigen a los fabricantes de teléfonos celulares que instalen microchips de GPS u otras tecnologías de ubicación en casi todos los teléfonos. La Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU exigió a los proveedores de celulares que al menos 95% de los teléfonos en sus redes fueran localizables por satélite u otras tecnologías para fines de 2005. La intención de la agencia federal era facilitar la localización de personas en caso de emergencias. Los microchips con GPS envían señales a los satélites que permiten a la policía y servicios de rescate localizar a las personas.

Sin embargo, a medida que proliferaron los teléfonos con GPS, las compañías tecnológicas encontraron otros usos para los sistemas de seguimiento. Un software llamado MobileSpy puede “grabar en secreto mensajes de texto, ubicaciones con GPS y los detalles de las llamadas” en teléfonos iPhone, BlackBerry y Android, según el fabricante del programa, Retina-X Studios LLC. En EEUU, por US$ 99,97 al año, una persona puede instalar el software de MobileSpy en el teléfono de alguien y rastrear la ubicación de ese celular. Craig Thomson, director de operaciones de Retina-X, afirma que la compañía ha vendido 60.000 copias de MobileSpy.

Los centros que acogen a víctimas de violencia doméstica han aprendido la lección. En el momento en que la víctima llega a uno de los albergues de A Safe Place, “desarmamos literalmente los teléfonos” para desactivar los sistemas de rastreo, dice Marsie Silvestro, directora de la organización, en New Hampshire.

Otra fuente para rastrear celulares: los sistemas diseñados para ayudar a la policía y los bomberos. Algunas operadoras de telefonía celular ofrecen servicios a las fuerzas del orden público para localizar a personas en emergencias. El uso de estos sistemas exige que una persona visite un sitio web especial o que llame a un número de emergencia y afirme que la solicitud de los datos es para uso de las autoridades.

Las operadoras de telefonía celular afirman que intentan verificar que las llamadas sean legítimas. Un portavoz de AT&T señala que sus operadores piden a los agentes del orden público que les envíen órdenes judiciales.

Los tentáculos de Google (la explotación de “lo que sabe” de sus usuarios)

Una “declaración de objetivos” confidencial de siete páginas de Google Inc. muestra al gigante de la era de la información sumido en un profundo dilema sobre una pregunta básica: ¿cuáles son los límites a la hora de beneficiarse de las joyas de su corona, es decir, la inmensa cantidad de información que posee sobre lo que la gente hace en Internet?

¿Debería sacarle más provecho a todo lo que sabe sobre los usuarios de Gmail? ¿Debería crear una amplia “plataforma de negociación” para comprar y vender datos en la web? ¿Debería permitir que la gente pagara para no ver ningún anuncio publicitario?”… La publicidad personalizada y el dilema de Google sobre privacidad (The Wall Street Journal - 9/8/10)

Estas y otras ideas se discutieron en el documento, revisado por The Wall Street Journal y creado a finales de 2008 por Aitan Weinberg, un gerente de producto para publicidad basada en los intereses del usuario de Google. Junto con entrevistas a más de una docena de empleados y ex empleados de la compañía, el documento -compilado tras varios meses de conversaciones internas- ofrece una perspectiva franca e introspectiva del esfuerzo de Google por permanecer a la vanguardia de la economía de la información.

Google está entrando en territorio desconocido, afirman estas personas. Hasta hace poco, la empresa se oponía a usar sus propios datos sobre los usuarios para lucrarse, por temor a las reacciones negativas. Pero la rápida aparición de rivales que siguen las actividades en línea de los cibernautas y venden los datos, además del crecimiento de Facebook, está obligándola a reconsiderar su planteamiento.

Aunque personas cercanas al asunto lo calificaron como un “documento de intercambio de ideas”, algunas ideas ya se han implementado: por primera vez, Google comenzó a utilizar el año pasado sus propios datos sobre el historial de navegación de los usuarios para rastrearlos y mostrarles anuncios.

Las decisiones de Google sobre sus propios datos influirán en lo que hagan sus rivales con los suyos. Con más usuarios que cualquier otra compañía de Internet, Google tiene una habilidad incomparable para diseñar nuevos métodos publicitarios y convertirlos en el pan de cada día. Google es tremendamente importante para la privacidad en línea. Aproximadamente 75% de los usuarios globales de Internet, o 943,8 millones de personas, usaron sus servicios en junio, más que ninguna otra compañía, según comScore.

La declaración de objetivos de Google describe la inmensa base de datos de Google como “la “mejor” fuente en Internet de los intereses de los usuarios”. Las ideas más audaces colocarían a Google a la vanguardia del negocio de rastrear a gente en línea para beneficiarse de sus acciones. Por ejemplo, un mercado de intercambio de datos permitiría combinar y usar información personal de varias fuentes -incluyendo Google- para hacer un seguimiento altamente personalizado de los usuarios.

Una investigación de The Wall Street Journal, “Lo que saben”, examina el creciente comercio de este tipo de datos y las consecuencias para la privacidad individual.

Google va a la zaga en varios de estos campos por elección propia. Famosa por su lema Do No Evil (“No haga el mal”), la compañía se resistió durante años a usar cualquier método que rastreara a la gente en Internet sin su conocimiento por la feroz insistencia de sus fundadores, Larry Page y Sergei Brin. Pero ambos han decidido gradualmente que pueden comenzar a explotar los datos que controla su empresa, sin explotar a los consumidores, según afirman las fuentes entrevistadas.

“Nos estamos moviendo a gran velocidad”, dijo Page el mes pasado a una reportera que le preguntó sobre los planes de Google para con sus datos. “Hay muchos usos nuevos para esos datos. Los temores sobre el efecto negativo en los consumidores son 'hipotéticos'”, añadió. “Siempre es fácil ser temeroso con lo que puede pasar, ¿verdad?”

La venta de publicidad es una gran fuente de ingresos para Google, pero este negocio se está alejando de la “gallina de los huevos de oro” de Google: la venta de anuncios relacionados con los términos que usan los internautas en sus búsquedas. En su lugar, los anunciantes quieren captar a la gente basándose en información personal más específica tales como aficiones, ingresos, enfermedades o círculos de amigos.

Los cambios en Google reflejan un reajuste de poder en la web. Durante años, las compañías más fuertes eran las que tenían más tráfico de visitantes. Ahora, el poder lo tienen aquellas que tienen el mayor número de datos y son las más inteligentes en usarlos.

Como consecuencia, entre las compañías de anuncios publicitarios se ha desatado una guerra tan rápida que Google teme quedarse atrás. A mediados de 2008, una presentación interna llamada “Meterse en el juego” revisada por el Wall Street Journal describe la importancia de introducirse en el lucrativo negocio de vender anuncios “destacados”, anuncios más grandes con fotos en lugar de los más pequeños sólo con texto. En este segmento, Google está detrás del líder Yahoo en facturación.

Por supuesto, Google aún lidera a los demás en Internet en el plano general. Tiene más usuarios y anunciantes que cualquier otro negocio en línea. Sus ingresos, de US$ 23.700 millones en 2009, triplican con creces los de su principal rival, Yahoo. Además, su negocio de publicidad en línea está creciendo más rápido que el de sus competidores.

Pero el crecimiento de su facturación se ha reducido drásticamente, y el gigante de las redes sociales Facebook representa una creciente amenaza con su capacidad de vender anuncios a sectores muy específicos entre sus más de 500 millones de usuarios.

El temor a Facebook pesa en Google, que ahora está diseñando su propio servicio de redes sociales, según las fuentes. La velocidad a la que cambia la web se ve reflejada en el hecho de que la declaración de objetivos de Google de 2008 apenas mencionaba las redes sociales y en cambio se centraba en AOL y Yahoo, los líderes en el negocio de los anuncios “destacados”.

Ninguna otra compañía tiene el potencial de saber tanto sobre sus usuarios como Google. Consideremos el caso de Ari Brand, un actor de 26 años que vive en Manhattan, Nueva York. Google sabe que pagó US$ 733 por un televisor de pantalla plana porque descargó la información de la compra a Google Docs. Conoce el contenido de los 23.000 correos electrónicos que ha enviado con Gmail desde 2006. También guarda copias de las búsquedas de Brand en Google de los últimos 18 meses.

Sin embargo, Google no cruza estos datos personales independientes. Por ejemplo, no usa la información obtenida de la cuenta de Gmail de una persona para ofrecer anuncios publicitarios a esa persona cuando esté en otras páginas en la web.

Uno de los grandes obstáculos para que Google ganara más dinero en este campo era su cofundador, Page, quien se oponía fervientemente a dejar que Google instalara cookies -archivos de texto que se pueden usar para ayudar a seguir las actividades de la gente en línea- en las computadoras de la gente para ofrecer anuncios.

Estas políticas perjudican las ventas de anuncios de Google y los hace menos eficaces. Sin las cookies publicitarias, Google podría vender anuncios basándose sólo en el contenido de una página, por ejemplo, colocando un anuncio de zapatos en una página sobre zapatos. Esto es lo que se conoce como segmentación “contextual” y muchos anunciantes la consideran menos eficaz que la segmentación “por comportamiento”, que identifica a los usuarios específicos y sus intereses.

Mientras diversas facciones dentro de Google continuaron discutiendo sobre este tema, se presentó una oportunidad. DoubleClick Inc., que tenía la mayor participación de mercado del negocio de anuncios destacados, se puso a la venta, y el archirrival de Google, Microsoft, se lanzó al acecho.

Los ejecutivos de Google miraban con recelo la forma en que DoubleClick usaba cookies para rastrear a los cibernautas en línea, pero consideraron que la compra les aportaría experiencia y clientes.

En 2007, Google acordó comprar DoubleClick por US$ 3.100 millones, y comenzó a colocar cookies de DoubleClick en cada página donde Google vendía anuncios destacados.



Por vez primera, Google tenía la capacidad de presentar anuncios dirigidos a personas individuales, si bien aún había demasiada resistencia interna como para comenzar a usarlos. Weinberg, el autor de la declaración de objetivos, estaba al corriente de la delicadeza del tema: en el primer párrafo, decía que la audiencia objetivo es “de una naturaleza sensible”.

Para conseguir los datos de otras compañías, Google contempló varios modelos de negocios, según el documento. Podría pagar directamente por los datos, o compartir los ingresos de los anuncios relacionados con los datos, o incluso establecer un sistema de intercambio de datos. El documento sugiere que Google podría comenzar a vender anuncios en la web basándose en los datos de la gente en sus cuentas de Gmail, y de su servicio de pago Checkout Service, rival de PayPal, de eBay Inc.

Todo esto supondría un cambio significativo. En la actualidad, Google coloca anuncios contextuales dentro de la cuenta de Gmail de los usuarios, pero no sigue a esa persona a otras páginas web con esos anuncios. Para finales de 2008, los ejecutivos de Google se preparaban para lanzar anuncios altamente personalizados, pero los aspectos específicos seguían siendo polémicos.

Brin era más reacio que Page, según las fuentes. Pero al final dio su brazo a torcer y se aprobaron los planes para que Google vendiera anuncios dirigidos a los intereses de la gente.

Y mientras tanto, ¿qué hacía el “filántropo” Gates? (la cueva de Alí Babá y los 40 fisgones)

Los hábitos en Internet de la mayoría de la gente que usa el navegador más popular en la web son un libro abierto para los anunciantes. Pero éste no era el plan original.

A principios de 2008, los planificadores de productos para el navegador Internet Explorer 8.0 de Microsoft Corp. pretendían ofrecer a los usuarios una manera efectiva y simple de evitar que los rastrearan en línea. Su intención era diseñar un software que bloqueara automáticamente las herramientas de rastreo, a menos que un usuario modificara de manera voluntaria la configuración para disminuir su privacidad.

Esta situación provocó un acalorado debate dentro de Microsoft, que debía equilibrar intereses opuestos: ayudar a la gente a navegar la web con su navegador manteniendo la privacidad de los clics de su ratón y ayudar a los anunciantes que quieren ver esos clics.

Al final, ganaron los ejecutivos que alegaban que conceder privacidad automática haría más difícil que Microsoft se beneficiara de la venta de anuncios en la web. Microsoft acabó creando un navegador en el que los usuarios deben activar la configuración de privacidad cada vez que abren el software”... Microsoft: entre la publicidad y la privacidad (The Wall Street Journal -
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