Ética ( Hacia una versión moderna de los temas clásicos )




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Capítulo II
INTELIGENCIA Y COMPORTAMIENTO HUMANO

Fabricación de instrumentos

Adoptando el punto de vista de la teoría de la evolución y destacando sus averiguaciones más seguras y significativas (es una teoría limitada; muchos aspectos del hombre no se pueden explicar con ella), se ha visto que el proceso de especificación que se llama hominización es muy diverso del que han seguido otras especies cuya determinación se entiende básicamente como adaptación. Si acontece una radiación o dispersión de nichos ecológicos diferentes, es posible después de un largo tiempo una acumulación de modificaciones genéticas tal que impide la interfecundidad entre los grupos geográficamente separados.
En líneas generales, este enfoque es verosímil, pero no es aplicable al género homo, el cual, a partir del australopithecus, es decir, del primer bípedo, se orienta por otra línea. El alterar la relación con el medio exime de la adaptación, sustituida de una manera progresiva por la capacidad de producir, de construir instrumentos, y después de instrumentos de instrumentos, entendiendo tales instrumentos como aquellos que se han hecho con otro20.
De manera eventual, un animal puede utilizar instrumentos: un chimpancé puede, por ejemplo - algunos etólogos se maravillan de ello -, usar una rama para hurgar dentro del agujero abierto por un gusano del que el chimpancé se alimenta. El chimpancé es incluso capaz de darse cuenta de si la rama vale o no vale, es decir, si es demasiado corta o si no es suficientemente fina para entrar; y entonces llega a intentar reducir el diámetro del palito. Se da cuenta de que no entra bien, pero una vez usado, el chimpancé tira el palo. Es decir, en primer lugar, en la vida de los monos más "evolucionados" o de mayor capacidad craneal, el acudir al uso de instrumentos es muy rudimentario. Y sobre todo es un hecho esporádico. Los monos viven en términos de animal adaptado. Cuando recurre a alguna utilización para conseguir algún objetivo vital, para satisfacer alguna necesidad, el animal no la retiene, y, consecuentemente, no tiene lugar una acumulación de experiencias de uso, por lo que tampoco cabe hablar de una integración de la técnica en su vida. Ahora se habla mucho de la capacidad animal de percibir lo instrumental. Pero la característica central de los instrumentos no reside en esto ni tampoco en el ser utilizados.
Lo característico de lo instrumental es su importancia permanente para la supervivencia: por eso tiene que ser fabricado. Y al insertarse la técnica en el despliegue de la vida, al ser retenido en ella, un instrumento es usado para otro. Esta conexión sólo aparece en el proceso de hominización. Desde luego, el homo habilis y el erectus tienen una técnica, la cual, sin embargo, por los yacimientos conocidos, se sabe que está prácticamente detenida. A lo largo de cientos de miles de años no hay progreso. En cambio, en el sapiens los cambios se suceden con cierta rapidez; según la cronología, los distintos yacimientos muestran una progresiva complicación e incremento de los tipos de técnicas y de utensilios utilizados. Aparece la cerámica, la talla del hueso, etc. La utilización de instrumento para fabricar instrumentos llega, por otra parte, a una complejidad extraordinariamente alta, hasta el punto de que ni hoy siquiera podemos reproducir algunas de las técnicas que ellos emplearon. No sabemos cómo hacer el tallado del sílex con los medios que ellos emplearon. Lo que intentaban era conseguir una especie de filo. La talla del sílex consiste en ir arrancando lajas, pedazos de la piedra, utilizando otra, lo que comporta calcular el ángulo y la fuerza del golpe para conseguir alinear el filo. Al arrancar un trozo, el siguiente ha de continuar la misma línea, y lo mismo por el otro lado. Lo cual lleva consigo que estos instrumentos sólo se podían hacer si se contaba con un lugar donde apoyarlo cuya elasticidad fuera conocida (seguramente un hacha de sílex no se puede tallar apoyándola en una superficie dura; desde luego, tenían que tallarla con otra piedra, pero no apoyándola sobre otra igual, porque entonces seguramente una u otra se romperían. Hace falta apoyarlas sobre algo elástico. Seguramente sobre un montón de tierra y hierba, y todo ello calculado).
Actualmente no podemos reproducir esa técnica. Ni con computadoras (las ecuaciones que deben regular la talla seguramente ellos no las conocían, formalmente hablando, pero las estaban usando). No somos capaces de tallar una piedra como ellos; el porcentaje de fracasos cuando lo intentamos es demasiado grande. Y eso que nosotros podemos utilizar instrumentos que ellos no tenían.
De los cráneos descubiertos se infiere que la capacidad craneal del Neanderthalensis y del Cro-Magnon es superior a la nuestra. De manera que tenían un cerebro sumamente desarrollado. Tiene su interés el hecho de que el sistema nervioso de esta gente fuera en cierto modo superior al del hombre actual, al del sapiens sapiens —aquella especie a la que pertenecemos nosotros—. Neanderthalensis y Cro-Magnon se pueden considerar como una sola especie precisamente porque hay indicios de que eran interfecundos. No se puede descartar que sean inteligentes de acuerdo con otros criterios que expondremos después. En cualquier caso, lo que no se puede decir es que el Neanderthalensis y el Cro-Magnon sean especies distintas, porque el descubrimiento de ciertos fósiles con rasgos mestizos no lo permite, de acuerdo con el criterio de no interfecundidad, que es el único que tiene un biólogo para hablar de especies diferentes. Es interesante, decíamos, eso de que tengan una capacidad craneal mayor que la nuestra (seguramente, además, poseían muchas neuronas libres, no sólo un cerebro de mayor tamaño). Y ello por varias razones.
En primer lugar, porque es una prueba, o por lo menos un indicio muy fuerte, de que el proceso de crecimiento cerebral se ha detenido. Según algunas hipótesis evolutivas - próximas a la ciencia ficción - después del hombre actual podría aparecer otra especie con un cerebro más potente. Muchas películas de este género pintan la cabeza del hombre dentro de 3.000 años con una frente enormemente protuberante y una naricilla, una boca pequeña: un cabezón con una capacidad craneal enorme y un rostro reducidísimo. Es una hipótesis desechable: lo que podía dar de sí el proceso de hominización, ya lo ha dado.
Se podría aducir algún argumento al respecto, y es que el crecimiento de las neuronas libres no puede ser ilimitado. Seguramente ese crecimiento sería, además, contraproducente, porque un cerebro hipertrofiado no sería capaz de autoorganizarse: se descompondría funcionalmente. En última instancia, como dice Zubiri, un cerebro óptimo es justamente el que puede utilizar y formalizar una inteligencia, y como ésta lo trasciende, basta el cerebro del hombre actual, que es el animal inteligente. Por otra parte, la reducción del paleocórtex posiblemente es conveniente.
Además, tampoco es seguro cómo funcionaban aquellos cerebros, precisamente por el problema que plantea su técnica. Probablemente esos cerebros (porque si no es difícil entender cómo podían hacer la talla de la piedra tal como la hacían) tenían un débil funcionamiento digital, por así decirlo. Es con sistemas binarios como hacemos las computadoras; aunque es claro que nuestro cerebro no es una computadora21. El de los homínidos debía de serlo todavía menos, como cabe inferir también de su probable modo de organización social.
De momento, y para los efectos de un curso de ética, nos interesa decir que nuestro cerebro no funciona de una manera solamente digital. Es probable que el Neanderthal se encontrara con un conflicto entre el funcionamiento no digital y el digital. Es posible que eso sea una de las causas por las cuales al menos ciertos rasgos de esta especie hayan desaparecido. Seguramente, ellos asistieron también a cambios climáticos muy fuertes, pero eran tecnológicamente mucho más avanzados que el habilis y el erectus.
Cuando un animal se conduce, no lo hace nunca con ideas generales; eso se puede demostrar: lo que un animal necesita para fabricar instrumentos o incluso para hacer instrumento de instrumentos, que sería el caso de los homínidos, habilis o erectus, es cierta dotación cognoscitiva. Pero, en rigor, para ello bastan razonamientos condicionales: si A, B. A este tipo de razonamiento se le da hoy más importancia de la que tiene. Para establecer una cierta regularidad en esa secuencia basta la imaginación. Si estudiáramos un poco a fondo la imaginación, veríamos que a veces funciona de manera digital y a veces no.
La imaginación es una facultad extraordinariamente compleja e importante para la evolución hominizante. Seguramente, el habilis y el erectus eran capaces, por poseer una imaginación suficientemente perfeccionada según su desarrollo cerebral, de conocer incluso una secuencia del tipo si A, B: un silogismo condicional o relación entre los condicionales. Este tipo de silogismo falta en la lógica de Aristóteles; sin embargo, está muy presente siempre que trata de la razón práctica. La política de Aristóteles está construida casi toda ella con este tipo de argumentos. Pero esto no es universalizar.

Aparición de la inteligencia

La humanización consiste en la aparición de la inteligencia. Y este es un asunto suficientemente serio para la ética, porque la virtud ética primaria es la prudencia. La prudencia es una virtud dianoética; es decir, una virtud intelectual que marca el enlace de la inteligencia con la conducta práctica, en tanto que la conducta práctica puede y debe ser dirigida. La prudencia es un tema ético central en la tradición occidental. Actualmente la prudencia está desacreditada o más bien descuidada. Aunque es evidente que cualquier hombre de acción, y sobre todo un hombre de gobierno, la está utilizando constantemente: está viviendo la prudencia en el manejo de sus asuntos; de lo contrario no puede subsistir.
La prudencia es imprescindible para el gobierno, es - así la llamaban los clásicos - auriga virtutum. Es la virtud directiva o la dimensión directiva de la ética. La prudencia exige, sin duda, tener en cuenta los razonamientos condicionales, pero añade a esto el pensar constantes que se pueden comparar con otras: una idea universal es un objeto pensado, suficientemente estable para que al compararlo con otro pueda atribuirse a la conexión un carácter permanente. Esa permanencia comporta que las notas de la idea universal valen por sí autónomamente. Se constituye así una especie de sistema, una estructura compleja.
Aludiré a un experimento muy curioso que se ha hecho con chimpancés: una isla en medio de un lago se rodea con fuego (mecheros de gas). Dentro de la isla está el alimento del chimpancé. Al chimpancé se le enseña que el alimento está ahí. Por tanto, en situación famélica el chimpancé intentará ir a la isla. Pero (como a todo animal) el fuego le da miedo; entonces, se construye una balsa en la que se encuentra un recipiente y una cuchara: el recipiente se llena de agua, y se le enseña que si toma agua con el cazo y la arroja al fuego, el fuego se apaga (esto se prepara para que el chimpancé pueda imaginar la relación condicional). Entonces desembarca y come el alimento colocado ahí.
Pues bien, si se le da al chimpancé el cubo sin agua, repite automáticamente la operación: intenta tirar agua con el cazo, aunque evidentemente no tira nada. Así pues, el chimpancé no ha hecho una cosa que cualquier ser humano hubiera hecho: ¿cuál? Tomar agua del lago. No sabe lo que es el agua. Si A, B. Pero para el mono, A no es general; si ejerciera la inteligencia, pensaría que el fuego se apaga con agua; que el agua esté en el cubo o no esté en el cubo es igual: en cualquier caso, es agua. Y además hay otra cosa; si me falta agua, me la procuraré, lo que al chimpancé no se le ocurre.
El agua es la misma: esté aquí o allí, el agua apaga el fuego. Pero para conocer esto hace falta tener la idea de agua. La inteligencia se comprende ante todo así. Es la aparición del universal. Los objetos universales se pueden combinar, si se quiere, con argumentos condicionales, pero la argumentación condicional se puede hacer sin ideas generales, y por lo tanto, en definitiva, no es (Aristóteles tenía razón) un tema de lógica abstracta o de lógica de la inteligencia.
Precisamente así, con la utilización de condicionales, se pueden construir circuitos de cómputo, pero la computadora no es inteligente, porque le falta una dimensión fundamental: la conciencia. La clave de la humanización es la siguiente: el hombre actual se caracteriza por ser inteligente. Es un dato obvio (incluso un evolucionista lo tiene que aceptar). La imaginación es diferente de la capacidad de universalizar, a la cual es inherente otra característica muy importante: según la capacidad de universalizar, el hombre puede interrumpir su acción práctica, es decir, puede desencadenar una actividad que es puramente mental. Eso no se puede hacer con sólo la imaginación (también está suficientemente demostrado). En el animal, el conocimiento sensible es una fase de su comportamiento, no desarrolla una actividad cognoscitiva pura.

Suspensión de la conducta práctica: el universal

El conocimiento en el animal no es más que una fase de su comportamiento. Eso quiere decir que el animal no ejerce ninguna actividad intelectual. Porque lo característico de la actividad intelectual es justamente que se independiza de la conducta. De entrada es independiente de ella, hasta tal punto que es otra manera de vivir, otra actividad vital. Cuando se piensa, se queda uno detenido respecto de cualquier otra ocupación. Cuando se piensa, no se hace nada. Pero ese no hacer nada no es el puro quedarse en blanco: es sustituir la acción práctica por otro acto, la acción por el conocimiento. Por eso se dice a veces que primum vivere, deinde philosophare, primero vivir y después filosofar. Vivir es la vida práctica. Si no tenemos resueltos los problemas prácticos, no podemos dedicarnos a pensar, porque justamente pensar es detenerse a pensar, limitarse a pensar. Desde el punto de vista biológico, la inteligencia se describe así: es la interrupción de la conducta práctica por otro tipo de actividad vital que nos pone enfrente de lo universal.
Cabe decir que objetivar universalmente (en este momento no vamos a hacer ulteriores precisiones, propias de la teoría del conocimiento) es abstraer; y abstraer es justamente suspender la relación directa con el entorno o con la conducta práctica. Prueba de que esto es así, es que no hay nada general que sea real, o no hay nada real que sea general. En todo caso, los universales tienen fundamento in re (este es el planteamiento clásico).
En principio, pensar es detenerse a pensar; porque pensar es tomar contacto con un ámbito que no es el mundo real físico, sino inmutable: el mundo de las ideas. Desde ese mundo se interviene en el plano práctico de una manera nueva y mucho más eficaz. Desde luego, si no me he parado a pensar en el agua en general, si no conozco sus propiedades, no puedo realizar una actividad más perfecta, de mayor alcance, en orden a lo real concreto, que la desarrollada por un mono, es decir, por un animal dotado, a lo más, de imaginación.
Pues bien, se puede decir con seguridad que el habilis y el erectus no pasaban de tener imágenes, asociaciones. La cosa es más complicada cuando se trata del sapiens. Hemos de buscar otros indicios para averiguar si esa última o penúltima especie tiene inteligencia. Algunas investigaciones puestas en relación con la etnología parecen indicar que esta gente tenía una dotación cognoscitiva superior a la imaginación. En primer lugar, en los yacimientos del sapiens aparece una cosa que no se ve en los otros: los motivos estéticos. Hay arte. Y en qué sentido el arte tiene que ver con la inteligencia enseguida se verá.
Hemos dicho que la inteligencia es la detención de la conducta práctica, su sustitución por otro tipo de actividad, que desde luego el homo sapiens sapiens ejerce. Es indudable que nosotros tenemos inteligencia, que nosotros universalizamos; pero habérselas con universales es detener la conducta práctica, porque cuando se piensa en el fuego, en tanto que se está pensando, el fuego no quema. El fuego en que estoy pensando es intencional, pero no es real, decimos los filósofos. Cuando estoy pensando en el fuego no estoy haciendo nada con él, no estoy asando comida o fundiendo metales. Pensando en el fuego se deja en suspenso por completo la relación con la realidad del fuego en cuanto inserta en la práctica (ello no obsta, insisto, para que el pensamiento enriquezca la práctica).
Lo mismo ocurre con la planificación de la conducta. Un arquitecto, antes de hacer un edificio, piensa un plano. Pensar un plano no es hacer un edificio, sino el modelo del edificio. Y de acuerdo con el modelo, luego puede tener lugar la actividad práctica de construirlo. Pero la elaboración del modelo, del plano, no es una actividad práctica, sino una actividad teórica. La diferencia entre las dos actividades es clara: se pueden conectar, pero de entrada son distintas. Además, el pensamiento es más amplio. Aunque, por otra parte, lo más rentable es pensar: si no se piensa, las cosas salen mal22.
Se puede sostener que el arte tiene que ver con la inteligencia precisamente porque el arte es una cierta suspensión del carácter utilitario de la obra. Cuando se ve, por ejemplo, que en un primitivo instrumento de hueso están labradas unas figuras geométricas o una cabeza de caballo, entonces hay que admitir que el que hizo eso (y seguramente lo hizo porque también satisfacía a quien lo iba a usar; el arte tiene un cierto carácter social) no centró su atención exclusivamente en el valor práctico del instrumento. No consideró al instrumento sólo como tal, porque desde el punto de vista de la acción eficaz, dibujar unos ornamentos no tiene ningún valor.
En suma, si la enfocamos biológicamente, la primera caracterización de la vida intelectual es la suspensión de la acción práctica, que es sustituida por otro tipo de actividad que se caracteriza precisamente porque es capaz de llegar a objetos universales o a ideas generales, a considerar consistencias, como que el "agua es agua" (por tanto, que el agua esté en el cubo o que el agua esté en el lago no la modifica en sí misma). El agua práctica, física, es siempre particular; el agua pensada, aunque no ahogue ni calme la sed, es agua en general, abstracta, y no una realidad física ni práctica23.
El arte es un indicador de la inteligencia porque la actividad artística, sin dejar de ser práctica, no es útil; es decir, es una suspensión del valor biológico de la acción. Para hacer una obra de arte hay que pararse en la consideración de lo estético, pero la consideración de lo estético se distingue de la valoración utilitaria. El arte no es instrumental, sino cierta suspensión de lo instrumental por el símbolo24. Al buscar que algo sea bello, ¿se ha aumentado su efectividad?
En los yacimientos del Cro-Magnon y del Neanderthalensis hay manifestaciones artísticas. Podría alegarse que ese arte no lo es en sentido propio - porque más que arte era magia y la magia es un saber práctico con directa intención utilitaria -. Sin embargo, la objeción no es definitiva, porque persiste el carácter simbólico de dichas representaciones, que no cabe atribuir a la imaginación sin intervención de la inteligencia.
Otro dato importante son los enterramientos. Hasta el Neanderthalensis, a los muertos no se les entierra. Y si nos paramos a pensar en qué significa enterrar, se notará que se entierra porque se considera que cada miembro del grupo tiene un valor en sí; no es un puro individuo de la especie que se extingue con la muerte, sino que es él mismo (de lo contrario, no se enterraría). El "él mismo" va más allá de lo corpóreo. Para reconocer al otro como un ser subsistente y no como un puro individuo de la especie, es menester la inteligencia. Pero es evidente que los enterramientos están vinculados a esta idea. Además, en muchas de las tumbas, sobre todo en las megalíticas (amontonamiento de piedras o cuevas), aparece un agujero que se ve claramente que está intencionalmente hecho, y que se conoce entre los paleontólogos como "el agujero del alma". Estos hombres tenían ya la idea de que la muerte no es definitiva, de que hay supervivencia. Pensaban y formulaban lo que nosotros llamamos "alma inmortal"; y esto tiene que ver con un asunto muy importante: la religión (la filosofía de la religión se puede hacer con antecedentes históricos nuestros, pero también se puede afrontar desde el punto de vista paleontológico, evolutivo).
Los enterramientos indican dos cosas: que se considera el alma como inmortal, y que se hace patente la identidad personal. Si uno busca lo que puede significar enterrar muertos desde el punto de vista de la humanización, se ve que comporta una fijación de caracteres. Cada individuo no es un puro caso. Además, cuando aparece la ventana del alma en los enterramientos, es clara la idea de la inmortalidad. Si algo en el hombre es inmortal, la vida humana no está determinada empíricamente, sino que la vida humana posee una dimensión ideal intrínseca, la cual permanece más allá del tiempo: no se corrompe.
Platón —filósofo del alma— dice que el alma es una idea25, es decir, Platón la piensa incluso como anterior a su encarnación en el tiempo; las almas existen antes y la unión con el cuerpo es solamente una caída. El alma es una idea, pertenece al kósmos noetós, al mundo de las ideas. Es decir, está desempirificada. Evidentemente, sin inteligencia es imposible semejante noción.
No tiene sentido enterrar si no se sostiene este aserto: "El alma de ése es precisamente el alma de ése", es un alma consistente y exclusivamente de ése, el cual por ello es una persona - aunque la noción de persona es posterior, está implícita en el aludido aserto -. Hay una idea de la identidad humana; si no, el enterramiento no es explicable: ningún animal entierra. Cabe señalar todavía algunos otros hechos significativos. Uno de ellos - que a primera vista puede resultar raro - es el canibalismo ritual.
El canibalismo ritual, que es frecuente en los yacimientos neanderthalenses, también indica la inteligencia; o bien, sin la inteligencia es muy difícil explicarlo. No consistía en matar a la gente, sino en comerse a ciertos muertos. ¿Por qué? La explicación más plausible del canibalismo ritual es que obedecía a la idea de que comiéndose al muerto, como éste tenía unas capacidades, unas cualidades sobresalientes, podían ser apropiadas por los comensales. Ese canibalismo pretendía que no se perdieran totalmente las propiedades sobresalientes del muerto, sino que otros se hicieran con ellas.


Estamos planteando el asunto adoptando el punto de vista de un biólogo que ha de tomar en consideración la inteligencia, y que advierte la insuficiencia de sus presupuestos metódicos para explicarla. Lo extraordinario de la cuestión sube de punto cuando uno llega a darse cuenta de que la inteligencia es de cada uno. No hay una inteligencia de la especie, porque la inteligencia no es corpórea. Por eso, la teoría de la evolución no puede explicarla, porque es una teoría para explicar la especificación; la inteligencia no es una propiedad especificarte (Aristóteles no dijo que el hombre es animal racional, dijo otra cosa: que es el animal que tiene razón; no es lo mismo, pues la razón es tenida por cada uno). Insisto: lo decisivo es que el animal que tiene razón es cada uno; la inteligencia no es una propiedad específica, sino una dimensión vital que surge y se despliega en cada uno. ¿Se ha visto alguna vez una inteligencia de la especie?, ¿dónde está? En ninguna parte. La inteligencia está supositada en cada uno de nosotros. La conclusión es patente: según la inteligencia, cada uno de nosotros es superior a la especie biológica humana.
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