Hacia Una Política de Educación a la Altura de los Tiempos que Vivimos




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que a pesar de su inconsecuencia en los planos lógicos y científicos devora todo. (Becker 1964, y otras obras en Bibliografia)

Howard Richards: O sea, el neoliberalismo, con su economicismo exagerado, tiene mucha similitud con la metafísica clásica de la civilización occidental moderna. Lo que encuentro fascinante en la educación rosarina es que ha elaborado bien pensados marcos teóricos, para bisagrar al problema inmediato, el neoliberalismo, el problema más profundo, que es la necesidad de sopesar, criticar, y rectificar rumbos en cuanto a la modernidad en general.

Chiqui González: La educación y la cultura no han estado ausentes del auge del moderno sistema-mundo, ni pueden estar ausentes de su transformación. Pero, antes de seguir conversando sobre los lazos entre liberalismo económico, metafísica cartesiana, y educación alienada; regreso al tema de los padres que quieren que sus hijos aprendan algo útil en la escuela, algo con salida laboral. No se trata en ningún caso de oponer “cultura” y “economía” como si fuera una educación “cultural” inútil en el mundo del trabajo. No estamos peleados con los padres y apoderados que quieren que sus hijos aprendan un oficio, que quieren que sus hijos terminen con título profesional. Los niños están aprendiendo exactamente lo que más les conviene para surgir exitosos en la vida competitiva de hoy. Están aprendiendo el gusto al estudio. Están aprendiendo el disgusto de los hábitos malsanos. No es un juego suma cero de cultura contra economía. La apuesta es que el camino a lo que una madre o padre más quiere, que es él que conduce al éxito de su hijo, conduce también a aquel otro mundo posible en el cual el cien por ciento de los niños son exitosos.

Howard Richards: Hoy en día se sabe que el éxito en la vida depende más que nada de lo que se llama “la inteligencia emocional.” (Goleman 1989)

Chiqui González: Solamente el nombre es nuevo.

Howard Richards: El propio Goleman, el referente de la inteligencia emocional, señala que la falta de lo que él llama inteligencia emocional, se debe a hechos masivos y patentes de la actualidad. Si hay millones de chicos alienados, hiperactivos, deprimidos, desobedientes, si en el mundo entero hay olas de delincuencia y conductas auto-destructivas y hasta suicidas y homicidas entre la juventud, se lo debe a la economía global, que tiene a la mayoría de los padres tan preocupados por su propia seguridad económica que se secan las fuentes del cariño paternal.

Chiqui González: Los mismos niños lo dicen. Nos dicen que sus padres son miedosos. Tienen miedo a que van a perder el empleo. Tienen miedo a que no van a poder pagar el alquiler al fin del mes. Se sienten que a corta edad ya son los padres de sus padres.

Howard Richards: El mismo Goleman cuenta también de los estragos de los video juegos y gran parte de la televisión. Los niños pasan sus horas con fantasías violentas. Sus compañeros son las imágenes electrónicas de las pantallas. Son guerreros y matones, y hasta los justicieros que supuestamente luchan por el bien, en su conducta se distinguen poco de los malos.

Chiqui González: Peor que el contenido de los juegos es la relación que tiene el chico con la máquina, cuando la máquina no le da opciones creativas e imaginativas. No es normal. Por doscientos mil años los niños se criaron con otros niños, con animales, con plantas, con los hermanos mayores y menores, con los padres y los tíos. El código genético se enchufa con ambientes normales. Hoy en día el código genético está en gran medida desenchufado.

Howard Richards: Pero en la Granja de la Infancia no, ni en el Jardín de los Niños, ni en el Centro Crecer. Aun si no tuviera otro logro, uno tendría que felicitar a la educación rosarina por estar en la lucha contra los juegos electrónicos, contra la violencia mediatizada. Ofrece alternativas culturales que atraen a los chicos a caminos sanos. Que sepa yo, no existe todavía un intento de medir su grado de éxito en este sentido, pero en todo caso merece aplauso el esfuerzo. Además, se puede decir que esfuerzos semejantes en otros lugares han producido cambios medibles en la cultura juvenil. (www.search-institute.org)

Chiqui González: Estamos utilizando la voz “cultura” en por lo menos dos de sus sentidos. Hablamos de aquella “cultura” o “formación” juvenil que rescata al joven del vacío. También hablamos de “cultura” como concepto más abarcador y “economía” como concepto más limitado, lo que nos posiciona para contestar la famosa declaración de Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Carlos Menem y tantos más: “No hay alternativa.” Al interior de la lógica de ellos no hay alternativa. “Cultura” amplía el abanico de lógicas, nos conecta con aquella creación fundamental donde el cuerpo hace la palabra.
Howard Richards: Hay más. Empleo un tercer sentido de “cultura” estrechamente vinculado con los dos que acabaste de nombrar. En cierto sentido concuerdo con aquella tradición que supedita la educación al proyecto de desarrollo económico, en el sentido que cuento con “la cultura” para solucionar una serie de problemas económicos.
Chiqui González: ¿Cuentas con una educación con criterio cultural para hacer posibles otras lógicas?
Howard Richards: Por lo menos digo que es evidente que la lógica actualmente dominante está en quiebra.
Chiqui González: Es obvio.
Howard Richards: Vale decir, no me convence nada lo que es aparentemente la ortodoxia en América Latina y en el mundo hoy, que puesto que se puede mostrar que Corea del Sur por ejemplo, invirtió muchos recursos en la educación primaria con anterioridad a su despegue económico, se puede decir –por esta y otras razones de índole semejante—que la educación masiva ofrece soluciones a los problemas fundamentales del empleo y de la pobreza, como si fuera posible resolver los problemas de los marginados, de quienes tienen empleo precario, y de quienes tienen empleo estable pero con sueldos insuficientes, por incrementar aún más la oferta en mercados laborales donde en general la oferta ya supera la demanda. (CEPAL-UNESCO 1992)
Chiqui González: Las ficciones de Franz Kafka no son más absurdas que las realidades que vivimos. Pero si tu no estás conforme con la realidad de la política educativa actual, una realidad en la cual los profesionales de la educación casi no tienen ni voz ni voto, porque las decisiones claves son tomadas por los profesionales de las ciencias económicas, ¿en que sentido tu también eres economicista? O quizás mejor dicho, para entenderte mejor, ¿En que sentido cuentas con “la cultura” como recurso para resolver los agobiantes problemas económicos que todos queremos resolver?”
Howard Richards: Cuento con el sector cultural como garantía de empleo pleno. El sector empresarial topa con la necesidad de rentabilidad. Si no es rentable contratar a mano de obra, no es contratada, y toda la sabiduría de la ciencia macroeconómica no ha sabido crear aquella utopía keynesiana en la cual es siempre rentable contratar a toda la mano de obra que se ofrece en el mercado laboral. El sector popular no necesita rentabilidad. Es el auto-empleo y todas las formas de las asociaciones de trabajadores sin patrones. Lo único que quieren es ganarse la vida. Sin embargo, topa con la necesidad de vender. Su problema no es falta de trabajo; ni es falta de la voluntad de trabajar. Trabajo siempre hay –en las iglesias por ejemplo. Lo que no hay es pago. En los hospitales y en las casas de reposo para ancianos –para dar dos ejemplos más—hay trabajo para cada voluntario que quiere trabajar. Pero si no se vende el producto no puede haber pago. La utopía pre-keynesiana, la utopía de los Jean-Baptiste Say y los John Stuart Mill, en la cual cada bien que se produce se vende, tampoco existe. Necesitamos pues una cultura que sepa respaldar a las actividades sin fines de lucro. Estas últimas no dependen ni de la rentabilidad ni siquiera de la comercialización. Dependen de la decisión que hay algo que vale la pena hacer, y la movilización de los recursos necesarios para hacerlo. Allí están las fuentes inagotables de empleo.

Chiqui González: ¿Y la movilización de los recursos para hacer algo que vale la pena hacer –una orquesta sinfónica juvenil - para dar un ejemplo más—no supone un público culto?

Howard Richards: Claro que sí. Los politólogos hablan de valores pos-materialistas. (Inglehart 1990) El pos-materialismo es el sucesor histórico de la sociedad de consumo. Ofrece una solución al problema ecológico, o sea el problema de una economía incompatible a la larga con la naturaleza. A la vez ofrece una solución al problema de Keynes, que fue el problema de falta de demanda suficiente para producir el empleo de todos quienes necesitan trabajo. Keynes dio una solución posible a su problema. Su solución fue una tasa de inversión suficiente para compensar el déficit de consumo. También promovió la rentabilidad y el empleo con medidas para aumentar del consumo de las clases medias y trabajadores. Pero la suya no es la única solución posible a su problema.

Chiqui González: ¿Se trata de una educación, de una cultura, que posibilita soluciones a ciertas paradojas sin solución al interior del economicismo, por ejemplo la paradoja que la política keynesiana no puede combatir a la vez la inflación y el desempleo; o las paradojas neoliberales que el precio a pagar para lograr el crecimiento, o la estabilidad monetaria, es la desigualdad social?

Howard Richards: Exacto. Me refiero a hechos reales. Tú te formas como ingeniero químico según las proyecciones de recursos humanos que el capital supuestamente va a requerir, y trabajas como taxista. Es el cuento que me ha contado más que un taxista en Argentina. El fisco público pagó la educación, según lo supuestamente requerido, y el patronato ni siquiera la utiliza. El ingeniero taxista es un botón de muestra de los resultados de un paradigma liberal que acepta el criterio de orientar la educación según las predicciones de lo que van a ser las exigencias del mercado cuando los alumnos se gradúen y reciban sus títulos. La educación hoy se supedita al modelo económico, y otro modelo económico requiere otra educación.

Chiqui González: Por eso nos referimos al cuerpo, al lenguaje, a la imaginación, al juego, que todo lo que conduce a fortalecer la capacidad de invención social, por eso se habla de Isla de los Inventos.

Howard Richards: ¿Me entiendes que cuando me refiero a otra solución del déficit de consumo (y por lo tanto déficit de empleo) no me refiero a las soluciones neoliberales, sino a la cultura como sustituto del consumismo materialista?

Chiqui González: Sí, te entiendo, pero encuentro que no sales del paradigma economicista. En cierto sentido haces lo que todo el mundo hace con la educación. Si hay un problema social cualquiera la solución se encuentra siempre en la educación. Todos los problemas en el fondo son problemas de conducta humana. ¿Cómo cambiar la conducta humana? ¡Educar! Así el problema a resolver define la meta educativa. Lograr un cambio de conducta determinada.

Howard Richards: Y hoy en día se suele educar para cumplir con los requisitos de algún modelo económico. (p.ej. Martinic 2001)

Chiqui González. Pero la educación es más fundamental que la economía. Por eso digo otra cosa más sobre este concepto indispensable. La voz “cultura” nos sirve como bisagra, como oportunidad para cambiar el paradigma. La cultura abarca la familia, por ejemplo, los padres, los vecinos. Son los primeros que forman las pautas de conducta. A los cuatro años el chico ya tiene su personalidad, antes que intervenga la escuela. Si se define el objetivo de la escuela como la formación de los recursos humanos para el crecimiento económico, no es porque el mundo del niño sea definido por la posibilidad eventual de ser contratado eventualmente como empleado de empresa con fines de lucro. La cultura antecede no solamente el modelo económico actualmente dominante, sino cualquier modelo económico.

Howard Richards: Este hecho, el hecho que la cultura actual tiene ciertas líneas directrices, ciertas lógicas, y el hecho que las bases de la cultura se sienten en la infancia, ¿Es por eso que te interesa especialmente la infancia?

Chiqui González: Para hacer posibles otras lógicas.

Howard Richards: O sea la educación --especialmente la primera educación-- es (como la cultura) conceptualmente más abarcadora y más fundamental que la economía, y también es la clave para transformarla.

Chiqui González: Por eso no creo que podamos definir la nueva cultura como lo que la nueva economía requiere. Sería quedar al interior de un paradigma economicista, cuando lo que falta es situar aquel paradigma en un contexto intelectual y material ampliado.

Howard Richards: ¿Cuál es el paradigma economicista?

Chiqui González: Entre otras cosas, es un paradigma cartesiano. ¿Qué hace el profesor de ciencias económicas?

Howard Richards: Debo saber, porque yo mismo he hecho clases en materias de ciencias económicas.

Chiqui González: ¿Y dibujaste en el pizarrón un plano cartesiano?

Howard Richards: Muy a menudo. Yo sé que tú no tienes ninguna intención de prohibir los planos cartesianos. Tu proyecto es incluir, no excluir. Como ha mostrado Michel Foucault (Foucault 1961, pp. 67-70) lo que Descartes excluyó, y lo que excluye todo marco normativo que identifica el bien con algún máximo o mínimo definido por la geometría analítica (inventada por Descartes), es aquella sabiduría propia de la dialéctica entre razón y todo lo que Foucault llama déraison

Chiqui González: …yo habría dicho “juego,” y habría recalcado que algo que Descartes excluyó de la educación con su línea tajante entre mente y cuerpo fue el cuerpo…

Howard Richards: …y el mismo Foucault identifica los raíces históricos de lo que hoy llamamos “locura” no solamente con el juego sino con todo lo que es déraison, o sea todo lo que se pone en diálogo con la razón como su otro y su interlocutor.

Chiqui González: Diálogo que fue propio de la pre-modernidad, y que ahora es propio de la pos-modernidad, y que debe ser propio de la educación a todos los niveles, y especialmente al nivel infancia.

Howard Richards: Para posibilitar la creatividad…

Chiqui González: ..que tanto necesitamos. Para recuperar lo que el pensamiento cartesiano nos quita, nos hace mucho bien honrar a la infancia. Los niños por su calidad de nuevos, y por las características propias de la niñez humana, se conviertan en los protagonistas de una perspectiva estratégica para el cambio estructural. Como dice Tonucci, son nuestros indicadores ecológicos.

Howard Richards: El Jardín de los Niños, con su Montaña Mágica, ¿se puede definir como lugar para honrar a los niños, como espacio donde la manera de estar en el mundo de los niños es privilegiada?

Chiqui González: Los tres parques educativos, y una serie de actividades más que conforman la Ciudad de los Niños, incluso el Día del Juego y la Convivencia, Campaña la Línea Verde, la Escuela Móvil, el Congresito de la Lengua, el Presupuesto Participativo Joven, y otros, deben ser ejemplares del tipo de relaciones sociales que soñamos generar.

Howard Richards: Y la Isla de los Inventos trabaja con aquella base imaginativa sin la cual las obras conceptuales, y por ende tecnológicas, no tienen ni fuente ni fundamento.

Chiqui González: Ni raíz, ni razón de ser. Aprenden algo más importante que el conocimiento, que es la poética del conocimiento, su invención.

Howard Richards: Y la Granja de la Infancia, este lugar lleno de verde, agua, escondites, bosques, y huertas, con animales de la región y corrales; funda la ecología social…

Chiqui González: …que tiene que alimentar las cosmovisiones del futuro. Tenemos que ampliar nuestras simpatías, identificarnos en forma amigable con los ciclos naturales que nos forman.

Howard Richards: ¿Y en esto nos fallan los paradigmas economicistas?

Chiqui González: Si tú ves la superficie, el economismo es un paradigma cartesiano, es una ética que deriva sus normas calculando de una función un cierto derivado, o sea una tasa de cambio, igual a cero, lo que define por ejemplo una ganancia máxima o un costo mínimo y en fin un consumidor que consigue en grado máximo lo que quiere…

Howard Richards: …, o más precisamente, el marginalismo de los economistas es newtoniano, considerando el cálculo diferencial una continuación y profundización de la geometría analítica cartesiana. …

Chiqui González: … pero más a fondo es un paradigma kantiano. Como dice Thomas Kuhn (Kuhn 1962) el paradigma es aquella matriz conceptual que define los objetos que son los sujetos de los cálculos matemáticos. En fin de cuentas el código civil define los entes del mundo económico –los contratos, las sumas de dinero, los derechos propietarios, y los precios, siendo los precios a fin de cuentas contratos.

Howard Richards: ¿Y por qué Kant? ¿Y por qué una filosofía de la educación a la altura de las realidades que vivimos hoy no puede ser kantiana?

Chiqui González: Es conveniente hablar de Kant aunque obviamente hablamos de universos culturales mucho más amplios que el pensamiento de una sola persona. Kant se destacó por su claridad. No me refiero solamente a las obras como la Metafísica de la Justicia en donde Kant traza con pretensiones de eternidad y universalidad el marco normativo de una sociedad comercial, ni me refiero solamente a la Introducción a la Metafísica de las Costumbres donde Kant desarrolló un solo ejemplo de ley moral, que es el deber de no contraer deudas sin la intención de pagarlas. Me refiero a la misma Critica de la Razón Pura.

Howard Richards: ¿En qué sentido?

Chiqui González: En el sentido de eternizar la geometría euclidiana y la física newtoniana, ambas consideradas como formas incambiables de la experiencia humana, porque supuestamente son impuestas a la experiencia por la mente, y por lo tanto supuestamente son las condiciones necesarias de cualquier experiencia posible. Es este modo de pensar, esta ideología de los parámetros fijos, que da pie al economicismo, que en el fondo acepta el marco normativo del Derecho Romano, o sea de los códigos civiles de una Europa que “recibió” el Derecho Romano como corpus de normas aptas para una civilización comercial, y “conquistó” al resto del mundo, imponiendo en todo el planeta semejante civilización. Es una civilización en la cual, al decir de Kant, el reino de las normas se define por analogía al reino de la naturaleza, o sea se eterniza el Derecho Romano por analogía con la física newtoniana.

Howard Richards: ¿Estas diciendo que cuando un General Videla o un General Pinochet impone por la violencia “los valores de la civilización occidental” está imponiendo en el fondo el Derecho Romano?

Chiqui González: Exacto. Mientras mejor comprendemos la poética de la civilización, más podemos construir espacios públicos entre todos con sus marcos jurídicos adecuados a la convivencia igualitaria, y mas veremos que el código civil proveniente en fin de cuentas de Roma es uno entre muchos códigos posibles. Como dice Gastón Bachelard en sus estudios de la historia de las ciencias, la ciencia progresa por ampliar sus conceptos, por crear marcos conceptuales cada vez más abarcadores. Como la física newtoniana se puede encuadrar en el marco de una física más abarcadora, como es la einsteiniana, el código civil eternizado en la ética kantiana se puede encuadrar en el marco más abarcador de las filosofías más actuales. Las normas jurídicas se pueden comprender humanamente como principios organizadores de los espacios públicos que entre todos creamos y transformamos.

Howard Richards: Los niños ya son más actuales. Como dice Hanna Arendt, son “los nuevos.” No han aprendido todavía los modos de pensar típicos de la cultura dominante. La naturaleza les ha dotado no solamente con la capacidad de aprender el idioma del lugar donde le toca nacer y de aprender también las costumbres, sino más que eso, con la capacidad de participar en la creación de las nuevas costumbres del porvenir.

Chiqui González: En la Granja de la Infancia, El Jardín de los Niños, y en la Isla de los Inventos experimentan lazos de afecto creados en los juegos y en la convivencia, sensaciones de libertad y pertinencia. Se trata de una manera austera de crear grietas en el consumismo, de una invitación abarcadora y sin exclusiones. Son lugares que están diciendo que es posible vivir de otra manera. Tienen una poética particular, donde los paseos, los juegos, la disposición de los elementos, nos recuerdan lo humano que somos, remitiéndonos a que
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