Hacia Una Política de Educación a la Altura de los Tiempos que Vivimos




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fecha de publicación03.02.2016
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merecemos ser felices. Son ámbitos igualitarios y multiculturales.

Howard Richards: ¿Son lugares de “transmisión de cultura” o de “creación de cultura”?

Chiqui González: La infancia es precisamente “transmisión” y “creación” a la vez. Los niños nos recuerdan del nicho ecológico de la especie humana, que es precisamente ser aquel animal que se adapta a su medio ambiente por la cultura, aquel animal que, entre todos los animales tiene la niñez más prolongada, que se da el tiempo máximo para crear las culturas adecuadas a las coyunturas. Somos si se puede pedir prestado –y solamente prestado porque no lo quiero adueñar—el concepto informático de la programación, somos programados biológicamente para ser culturalmente programados, y --cabe destacar-- no solamente ser culturalmente programados sino para ser programadores culturales.

Howard Richards: …y este sistema educativo que el equipo rosarino ha inventado, esta red de Centros Crecer, esta serie de talleres de formación para maestros en ejercicio en las escuelas, esta Isla de los Inventos, Granja de la Infancia, Jardín de los Niños, y mucho mas … ¿Se piensa como instrumento para la reprogramación de la cultura?

Chiqui González: Es pomposo decirlo. Y además en cierto sentido no es tampoco cierto. Se trata de honrar, de facilitar, de apoyar, lo que es propio de la niñez, el juego, la imaginación, la apropiación por las nuevas generaciones de lo mejor que ofrece el acervo cultural legado por las generaciones anteriores. No es que imponemos nosotros los valores que los niños tienen que internalizar para crear la sociedad mejor del futuro. Es que respetamos los procesos mediante los cuales construimos cultura entre todos, y sobre todo aquellos procesos de renovación de la cultura propios de la infancia prolongada de nuestra especie.

Howard Richards: Esto del juego y de la imaginación me recuerda de las aulas de las escuelas primarias en Inglaterra, especialmente en la parte oeste del país. Hace años me dediqué a estudiar aquellas escuelas, que tenían fama en el mundo por haber eliminado el fenómeno del niño que no lee, o no quiere leer. A primera vista la sala aparece desordenada. Los niños juegan en grupos, cada grupo con actividad distinta, no todas ellas precisamente lúdicas. Juegan a vestirse con distintos trajes (en lo que las maestras llaman “el rincón de Wendy”). Observan fascinados a mariposas en botellas. Se meten a amasar greda y a dibujar. Arman casas de cartón. Después te das cuenta que la maestra sabe exactamente lo que hace cada niño, y tiene todas sus actividades rastreadas en fichas, con apuntes sobre sus logros y aprendizajes. No es un desorden, sino un orden refinado, y, lo que es más importante, es un orden co-gestionado con los chicos que participan en la selección, la anticipación, la realización, la evaluación, y el seguimiento de sus actividades….

Chiqui González: …y los mismos niños nos conducen a nosotros. Ellos son indicadores ecológicos. Miden la salud de la sociedad.

Howard Richards: A ver si te entiendo. En lo que a la transformación de la cultura se refiere, la niñez es una edad privilegiada. Si, como dicen los piagetianos “el juego es el trabajo del niño,” es un trabajo que no sirve solamente a la formación de los niños, sino sirve a la reformación de las instituciones.

Chiqui González: En la etapa pre-lógica, hasta los nueve años o un poco más, lo conceptual no se distingue de lo estético. Al niño le encanta por ejemplo la palabra “bicicleta” o la palabra “cristal,” por la calidad sonora de la palabra, al margen del objeto al cual la palabra se refiere. (Bachelard 1997)

Howard Richards: Kant nos conducía en una dirección opuesta, una dirección que distingue el concepto de lo estético, y así el adulto del niño. La dignidad humana consiste precisamente en su capacidad de actuar según el concepto de la ley, según el concepto puro, sin ninguna mezcolanza del cuerpo, sin ninguna impureza estética.

Chiqui González: El modo de estar en el mundo del niño, en cambio, es tan corporal que es espiritual.

Howard Richards: Kant señala en su pequeño ensayo ¿Qué es la Ilustración? (Was ist Aufklarung?) que precisamente para ser ético el ser humano tiene que dejar de ser niño. Tiene que asumir su madurez (Mundlichkeit), tomar su palabra como ser racional. Tiene que guiarse a si mismo como ser moral autónomo, respetuoso de todo otra persona, y respetuosa de la autonomía de toda otra persona, precisamente porque ya no es niño.

Chiqui González: Tú sabes que no soy kantiana. Entiendo la dignidad humana mas como la entendía Paulo Freire. El ser humano es aquel ser que es creador de cultura. El niño nace con la dignidad propia del ser humano precisamente porque nace dependiente para convertirse en independiente, social, dotado de aquella flexibilidad y capacidad para aprender y crear que han sido las claves del éxito de homo sapiens sapiens como especie. No asumimos la dignidad humana en la edad cuando asumimos la razón; como adultos masculinos autónomos y dueños de bienes.

Howard Richards: ¿Y la chica y el chico tienen su ética?

Chiqui González: No hay que separar la ética de la estética. En la relación social, el acercarse al otro, que es propio de aprender a hablar, propio de la inserción en un mundo de significados, propio del amor, propio de la “confianza básica” como dice Erickson, allí está la raíz. No digo que un neonato tenga una ética social pensada como puede tener un filosofo sesentón como tu. Digo que en el comienzo está la raíz. Si se corta la raíz no crece la mata.

Howard Richards: ¿Y la estética?

Chiqui González: La ética del siglo veintiuno no tiene forma. Si no tiene forma no existe. Nos falta lo que el niño por naturaleza tiene, un modo de estar en el mundo organizado por los juegos imaginativos, donde la ética y la estética no se separan, donde lo físico es lo vivido, donde la idea tiene forma de cuerpo. Claro que los chicos también nos necesitan a nosotros, los mayores. Recalco el aporte del niño a la cultura porque ha sido dejado fuera de la ecuación de la transmisión de la cultura, transmisión que tiene que ser regeneración.

Howard Richards: Cuando hablas a menudo de “no separar la ética y la estética” te puedo entender por lo menos de cuatro maneras. Primero, desde la óptica de León Tolstoy la ética en el fondo es el amor. La función del arte es promover el amor fraternal entre los seres humanos. Según Tolstoy, la ética es la finalidad, la estética es el medio para llegar a la finalidad. Segundo, según una óptica que se puede llamar neitzschiana la ética es una farsa, una mentira, un truco de los débiles para engañar a los fuertes. Hoy en día, ahora que está desenmascarada la ética, no solamente por Nietzsche sino por las ciencias en general, nos queda la estética como guía para iluminar el camino de la vida. Tercero, desde una óptica que se puede llamar antropológica o de historia de las culturas, es propia del ser humano que en su niñez asimila una cosmovisión, que funciona para dar coherencia a la convivencia de la familia y la comunidad, cuyo contenido es a la vez ética y estética y no se puede separar los dos. Cuarto, se puede citar la obra de Schiller, La Educación Estética del Hombre. Sé que no eres schilleriana, porque él fue kantiano, y pensaba precisamente que la función de la estética fue la de enseñar la ética kantiana. Pero te puede convencer otra parte de la doctrina de Schiller: aquella parte que dice que el niño no es capaz de pasar directamente de sus sentimientos brutos a la disciplina ética. La necesaria etapa intermediara es la estética. La materia prima de las emociones del ser humano tiene que ser refinada por el arte, antes de ser elaborada en la forma de virtudes. Schiller hace eco de lo que decía Platón dos mil años antes, que los niños tienen que aprender primero a cantar y bailar, porque si no aprenden a cantar y bailar no van a ser sociables.

Chiqui González: Me identifico con resabios de las cuatro opciones. Toda estética está enmarcada por una posición ética, es decir, criterios acerca de cómo vivir bien y bellamente. Por lo tanto, ambas dimensiones están presentes, e imbricadas, en toda propuesta educativa. Para alcanzar la belleza de una existencia, entonces, es necesario respetar ciertas reglas que tienden a la justicia, a la igualdad en la distribución social de los recursos, conocimientos y oportunidades, porque no es posible pensar una vida bella netamente individual. Una propuesta educativa montada en el cruce de la ética y la estética es aquella que da lugar al cuerpo en la construcción del aprendizaje, desde la estimulación del pensamiento creativo y el respeto a la singularidad. La apropiación de múltiples maneras de entender el mundo favorece la comprensión de las diferencias y el encuentro con el otro en un proyecto común.

Howard Richards: Así que tú no te sientes obligada a decidir entre opiniones incompatibles entre sí en cuanto a la relación entre la ética y la estética.

Chiqui González: Como educadores nuestra primera responsabilidad en cuanto a las conversaciones filosóficas y teológicas y científicas sobre las grandes cuestiones de la vida, es establecer las condiciones para que aquellos diálogos milenarios continúen.

Howard Richards: Ahora creo que entiendo mejor lo que querías decir cuando dijiste al principio que el propósito de la educación es la transmisión de la cultura, pero es más que eso. Confieso que a veces me pongo pesimista. Me asiste la duda si esta cultura que tenemos se deba transmitir. Sus estructuras fundamentales suelen dejar a una gran parte de la población marginada e insegura. En fin, a la mayoría insegura. Mejor dicho, el cien por ciento de la población vive una vida insegura, e incluso los menos marginados, amenazados por los brotes de la violencia y por el deterioro del medio ambiente.

Chiqui González: Algo que tenemos de acertado los occidentales es la tradición de Sócrates que nos convoca a siempre cuestionar lo que hemos heredado de nuestros antepasados. También es propia de las religiones occidentales el siempre cuestionarnos a nosotros mismos. En principio, en occidente aceptamos la “sociedad abierta,” la institucionalidad que se auto-corrige.

Howard Richards: La institucionalidad auto-corregidora se defiende y se hace funcionar por la universidad autónoma y por la prensa libre, y ahora estoy comprendiendo tus aportes a hacerlo funcionar también a nivel de una ciudad entera que sabe honrar a sus niños.

Chiqui González: Para cerrar, te cuento algo de lo que llamamos, “El Congresito.” En noviembre de 2004 a Rosario le tocó ser la sede del Congreso de la Lengua Española, una serie de prestigiosas reuniones internacionales. Nosotros organizamos una especie de congreso paralelo de los chicos, y dos años después organizamos un segundo “Congresito”, este sobre la educación, en noviembre de 2006, con la asistencia total de casi 10.000 niños entre ambos. Hubo varias actividades. Te cuento del “Congreso de Soñadores” organizado por el Proyecto La Ciudad de los Niños, del día 4 de noviembre de 2006 de las 830 a las 1200 horas en la sede de la Isla de los Inventos. Los chicos participantes formaron siete grupos. Cada grupo escribió sus conclusiones en la forma de una carta sobre su “sueño común.” Comparto la Carta-Sueño 7:

“Nuestros sueños en común son estos: a) ser importantes para el mundo b) que nos respeten y tengan mas honda c) disfrutar la libertad sin abusar de ella d) tener derecho a equivocarme e) que no haya mas guerras f) mejor educación e igualdad para todos g) volar y jugar h) que nunca dejemos de soñar. Agradecemos que nos ayudes a cumplir estos sueños.’

Los Seis Espacios de la Isla de los Inventos
1. Los andenes de la estación. La sede de la Isla de los Inventos se encuentra en el sitio de la ex estación de ferrocarril, Rosario Central. Se destinan los andenes a muestras interactivas, instalación de juegos, exposiciones de talleres de arte y ciencia, paseo publico para todas las edades.

2. La fábrica. Espacio integrador de los procesos de creación, diseño y construcción. Convoca a los maestros de oficios, artesanos, y diseñadores a integrarse con los niños. Estimula la tarea grupal, propiciando el reconocimiento del esfuerzo común.

3. El espacio infinito. Propone un recorrido vivencial con un enfoque epistémico, incluye una sala perceptual y un espacio para el desarrollo del concepto, en el intento de convertir en juego y experiencia los problemas del conocimiento y el modo en que se construyen los saberes.

4. El ferrocarril. Andén exterior, casa de guardabarreras, vagón, y vías, invitación a la historia de los trenes. Playón del río, programación de actividades al aire libre con la visión y disfrute del río.

5. Centro de experimentación docente. Sala y aulas de apoyo para las instituciones y las personas que trabajan por y para la infancia.

6. Centro cultural de los chicos. Sede de organismos dirigidos por niños. Periódico, programa radial y televisivo. Consejos de niños. Grupos de niños proyectistas. Banco de datos. Sede de UNICEF y otras organizaciones dedicadas a la infancia. Boutique, Sala de informes, Bar.

Bibliografía
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Sitio Web
www.search-institute.org
Vease también las bibliografías de los otros capítulos.


Maria de los Ángeles González, más conocida como Chiqui González, es abogada, filósofo, y educadora. Desempeña el cargo de Secretaria de Educación y Cultura de la Municipalidad de Rosario.



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