Primera parte




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2. Cuando los mercados dejan paso a las redes



Al meditar sobre el tipo de mundo que produciría la electricidad, Nathaniel Hawthorne escribió en 1851: «¿Será cierto... que, mediante la electricidad, el mundo material se ha convertido en una gran nervadura, en la que vibran cientos de miles en un punto de tiempo sin aliento? ¡Más bien ocurre que todo el globo terráqueo es una enorme cabeza, un cerebro, instinto con inteligencia! O, podríamos decir, es en sí mismo un pensamiento, nada más que pensamiento y ¡ya no es la sustancia que pensábamos!».(1)

Esa visión de Hawthorne se está convirtiendo ahora en realidad con el agrupamiento de la microelectrónica, los ordenadores y las telecomunicaciones en una única red integrada de comunicaciones; el mundo aparece envuelto en una suerte de sistema nervioso global. El traslado que se ha producido de las formas analógicas de comunicación a las for­mas digitales ha acelerado el proceso de convergencia. Las modernas tecnologías hacen posible una nueva manera de desarrollar los negocios, lo que los economistas llaman una «aproximación reticular» a la vida económica.

El nuevo comercio se da en el ciberespacio, un medio electrónico muy alejado de las ataduras geográficas de los espacios de mercado. El traslado del comercio de la geografía al ciberespacio representa uno de los grandes cambios en la organización humana y es preciso comprenderlo adecuadamente, porque con él llegan importantes cambios en la misma naturaleza de la percepción y de las relaciones entre los seres hu­manos. Es probable que el ámbito en el cual esos cambios produzcan un impacto mayor sea sobre nuestras nociones de propiedad. Mientras que en una economía sustentada geográficamente los vendedores y los compradores intercambian bienes físicos y servicios, en el ciberespacio es más probable que los servidores y los clientes intercambien información, conocimiento, experiencias e incluso fantasías. En la esfera anterior eí objetivo era transferir la propiedad, mientras que en el nuevo ámbito el objetivo es suministrar acceso a nuestra propia existencia cotidiana.

La recolocación del comercio en el ciberespacio y la transición a una economía global sustentada en una red resulta posible por la pro­liferación de las redes electrónicas globales. Internet aparece como la más importante de entre ellas. El Pentágono creó Internet hacia finales de los años sesenta. El Pentágono estaba muy interesado en ahorrar en los gastos necesarios para dotar de nuevos superordenadores muy costosos a los investigadores, tanto de ámbitos académicos como aquellos relacionados con los sistemas de defensa, y comenzó a explorar formas de compartir los ordenadores entre individuos que trabajaban separados espacial y temporalmente. Los jefes máximos del Departamento de Defensa (DOD) también estaban preocupados por la potencial vulnerabilidad a los ataques que representaba el control centralizado de las operaciones de comunicación. Buscaban un nuevo medio de comunicación descentralizado que pudiera conducir los mensajes a gran número de investigadores por caminos muy diversos y que además pudiera seguir funcionando a pesar de que se destruyera parte del sistema. La respuesta llegó en la forma de ARPANET, una red desarrollada por la Advanced Research Projects Agency, perteneciente al DOD.

El primer ordenador patrón (host) se puso en funcionamiento en línea en 1969. En el año 1988 eran ya 60.000 los host conectados.(2) Otras redes siguieron prácticamente eí mismo camino trazado por ARPANET. La Nacional Science Foundation creó NSFnet para conectar los superordenadores centrales de las principales universidades con los investigadores de todo el país. Cuando se cerró ARPANET en 1990, la NSFnet se convirtió en el principal vehículo para la interconexión de ordenadores. La NSFnet comenzó a dar acceso a un número creciente de personas y con el tiempo se transformó en lo que ahora conocemos como Internet. Otras dependencias gubernamentales también crearon sus propias redes. El Departamento de Energía estableció Esnet, y la NASA se conectó mediante la NSFnet. También se establecieron redes privadas durante los años ochenta. Entre los pioneros se encuentran IBM, GTE y AT&T.(3) Diseñadas tanto para el uso interno como para establecer comunicaciones en tiempo real con suministradores y clientes, estas redes privadas comenzaron a sentar las bases para la emergencia de una economía basada en la red mediada electrónicamente.

Internet es una red de redes, y sus mensajes se pueden transmitir mediante las líneas telefónicas, el cable y los satélites. Para una sociedad conformada sobre la noción de propiedad, como dice James Gleick, el hecho más difícil de admitir.., es que (Internet) no es una cosa, no es una entidad, no es una organización; nadie es su propietario, nadie la mantiene operativa. Simple y llanamente son los ordenadores de todo el mundo, conectados».

Hoy en día, y según el Ministerio de Comercio de Estados Unidos, hay más de 200 millones de personas en todo el mundo que tienen acceso a Internet y las previsiones estiman que para el año 2005 serán más de mil millones de personas las que podrán disponer de acceso a la red.(5) En el año 1998, la economía de Internet generó más de 301.000 millones de ingresos y generó más de 1,2 millones de empleos. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Texas, la economía-red está creciendo a un ritmo del 174,5 % anual y duplica su volumen cada nueve meses (6).

También se multiplican las redes empresariales. En 1989 las empresas estadounidenses que estaban conectadas a redes no llegaban al 10 %. Hacia 1993, más del 60% de los negocios estaban conectados.(7) EDS proclama poseer la red de datos empresariales mayor del mundo. El sistema, cuya instalación costó mil millones de dólares, conecta unos 400.000 ordenadores de sobremesa y terminales a unos 95 centros de datos. La red ESD coordina diariamente la distribución y rumbo de 51,2 millones de transacciones y transferencias de datos y puede almacenar 49,7 billones de bloques de datos, lo que viene a suponer más de 45 veces la cantidad de información almacenada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. (8)

En el año 1998, las compañías estadounidenses hicieron negocios en las diversas redes por un valor superior a 43.000 millones de dólares. Forrester Research, una empresa de investigación de mercados, con sede en Cambridge, Massachusetts, estima que para el año 2003 las ventas on-line llegarán a los 1,3 billones de dólares, lo que supone el 9,4 % del con­junto de ventas de todos los negocios.(9)

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