El fascinante y estremecedor relato de uno de los escándalos político-financieros más grandes del mundo




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Capítulo XIII
Los demonios del averno

A mediados del mes de septiembre de 2002 Luis Álvarez Renta visitó a Hipólito Mejía en su residencia del sector La Julia de la capital. El asesor financiero era portador de una gran preocupación en torno a lo que estaba pasando en Baninter y quería recabar la opinión de su amigo presidente. Una entidad norteamericana le había hecho una intimación de pago de un préstamo que en realidad había tomado Ramón Báez Figueroa pero que el financista había participado como prestanombres. La General Electric Finances Corpotation había adquirido en subasta los derechos de la deuda que Baninter tenía con el Hamilton Bank de Miami, que se había ido a la quiebra. El 12 de septiembre ellos habían escrito al señor Álvarez Renta requiriendo el pago atrasado. Cuando Luis Álvarez llamó a Soraida Castillo para cuestionarla sobre el atraso, ésta le respondió con la dudosa frase: “Ha habido dificultades para adquirir las divisas... pero eso lo estamos resolviendo en esta semana...” habría dicho la dama funcionaria del área internacional del Banco Intercontinental.

  • Presidente, yo creo que Ramoncito está empezando a tener problemas de liquidez con el banco – le explicó el financista a Mejía.

  • Yo lo que creo es que Ramoncito debe vender a Baninter y salirse de ese problema, ahora que puede – le respondió el presidente, aún sin decirle que ya el Banco Central había iniciado el socorro con el aporte de RD$500 millones en líneas de redescuentos desde el día doce anterior.

  • Bueno, yo estoy de acuerdo, si esa ha sido mi teoría desde hace meses, le he dicho que los bancos dominicanos tienen que congregarse, unirse, para hacer varios bancos más fuertes, porque todos dispersos son bancos pequeños.

  • Vamos a llamar a Ramoncito, para que tú te vayas donde él y conversen sobre ese particular.

Ciertamente el presidente marcó el número del banquero y le informó que Luis Álvarez Renta llevaba una propuesta que era avalada por él y que luego la verían en detalle personalmente. El banquero accedió a recibir al asesor financiero y se pusieron de acuerdo para la visita.

Ramón Báez Figueroa había recibido con agrado la idea de Hipólito Mejía y Luis Alvares Renta de vender Baninter. De hecho les informó que ya él había iniciado contactos en ese sentido. Báez Figueroa, de todas maneras autorizó a Álvarez Renta a escuchar propuestas de grupos financieros que pudieran estar interesados, para explorar esa posibilidad. Luis Álvarez decía no saber que ya se habían iniciado los retiros preocupantes en Baninter ni que el Banco Central había empezado a emitir sus facilidades. Aún así, empezó a hacer diligencias con Bancrédito, Scotiabank, el Progreso, el Bilbao Vizcaya y otros bancos, para proponerles la venta de Baninter, sus empresas relacionadas (como Seguros Intercontinental) Baninter & Trust, entre otros activos.

Para principios del mes de enero el banco de Ramoncito iba de mal en peor. Se había desatado el escándalo de la Pepe Card. Ya con anterioridad, en el mes de diciembre, Báez Figueroa, había sido obligado a retirar los cargos por fraude contra Pepe Goico y compartes. El banco iba a la deriva.

Álvarez Renta puso a funcionar su maquinaria. Había iniciado conversaciones con varios bancos, incluyendo a Bancrédito. Éste había encaminado negociaciones muy en firme durante todo el fin del año 2002 para fusionarse con el Banco del Progreso, incluso ya se habían llegado a todos los acuerdos económicos, pero el hecho de que Arturito Pellerano quería la presidencia reservada para él, castró la intención, porque los accionistas del Progreso se negaron a aceptar ese dominio. Para el día 2 de octubre del año 2002, apenas pasados veinte días de la inquietud que le generó el atraso del pago de Baninter al Hamilton Bank de Miami, Luis Álvarez Renta conversó con el presidente del Grupo Financiero Nacional y de Bancrédito, Arturo Pellerano en un encuentro en el que también participó el periodista Anibal de Castro. En esa reunión el asesor financiero planteó su preocupación por la escalada alcista de la prima del dólar y la necesidad de que la banca dominicana se consolidara, porque esa dispersión los hacía débiles a todos. “Vienen días difíciles para la banca...”, pronosticó el economista y estratega, haciendo las veces de pitonisa con acertada visión de futuro, para desgracia de la banca dominicana.

Cuando se frustró la unión con Bancrédito, entonces el Banco del Progreso retomó las conversaciones con Álvarez Renta para el caso Baninter. Estaba el financista en París, en los primeros diez días de marzo cuando recibió la llamada de Pedro –Perucho – Castillo, inquiriéndole sobre una reunión para tratar el tema con Ramoncito. Éste se encontraba esquiando en Vail, Colorado, cuando fue informado de la propuesta de Perucho. El banco estaba hundiéndose, con más de seis mil millones en retiros de los depósitos y el propietario paseaba sus preocupaciones por las blancas nieves que cubrían las montañas de Colorado. Aunque aparentemente él no lo notaba, su banco se deslizaba más raudo y veloz por los acantilados de la quiebra, que la velocidad que sus esquíes alcanzaban con su displicente carga a cuestas. Tanto Báez Figueroa como Pedro Castillo, presidente del Banco del Progreso y Luis Álvarez Renta, tenían sus casas en el famoso centro de esquí internacional que era Vail. Otros ricos dominicanos preferían la ciudad de Aspen en el mismo estado de Colorado, en Estados Unidos.

El financista había tomado su jet privado y en 24 horas estaba junto a su amigo Ramoncito en las nevadas montañas. Llamaron al presidente del Banco del Progreso, quien no tardó mucho en llegar junto a ellos, incluso, aprovechando un encuentro internacional de la tarjeta American Express. Fue cuestión de darle unas horas de reposo al enjundioso cerebro del experto negociador financiero, para que pusiera a tono un acuerdo en el que todos salían ganando.

Ya estando en París, don Luis Álvarez Renta había combinado un almuerzo con el decano de los diplomáticos latinoamericanos en la capital francesa, don Javier Pérez de Cuéllar, ex presidente de las Naciones Unidas, para el día 13 de marzo. Pero el presidente Hipólito Mejía le llama a su celular el día 11.

  • Luis necesito que vengas a República Dominicana que mañana vamos a firmar el acuerdo entre Baninter y el Banco del Progreso. Va a ser en mi despacho y te estoy esperando aquí –ordenó Mejía.

  • Ok. Presidente, yo estaré ahí mañana, saldré en la madrugada en mi Jet privado.

Era un trago fuerte para el negociante cincuentón, pero no podía dejar pasar la oportunidad. Había preguntado desde el mes de enero, que quién le iba a pagar, y Ramoncito había aconsejado que le pagara el Banco del Progreso. Con Perucho Castillo había convenido un pago de US$10 millones de dólares para planificar toda la estrategia financiera de esta fusión, pero algunos miembros del Consejo de Directores del banco le habían informado que Castillo sólo había sometido la aprobación de US$3.5 millones de dólares. No tenía idea qué pensaba hacer Perucho con la diferencia, pero era un hombre acostumbrado a hacer sus negociaciones con la fuerza que da la palabra de los caballeros, como tenía antes el pelo de un bigote, la fuerza de mil contratos. Esa no era su principal preocupación por el momento. Llegó al Aeropuerto Internacional de Las Américas y de ahí salió disparado para el despacho del Presidente de la República en el Palacio Nacional de Gazcue.

El ambiente era confuso. Notaba un nerviosismo extraño en Báez Figueroa. Ya habían llegado a un acuerdo formal y al Palacio sólo iban a cumplir con el protocolo de firmar delante del Primer Mandatario, para darle más fuerza al pacto y aumentar la credibilidad. Ramoncito haló al asesor financiero para un rincón del despacho y le susurró:

  • He planteado al presidente que tengo otra solución para no tener que firmar con el Banco del Progreso.

  • Pero qué solución tú propones. ¿Te estás volviendo loco? Yo he venido de Francia a la firma de este acuerdo. ¿Qué te propones ahora? –preguntó Álvarez angustiado.

  • Creo que si el presidente autoriza que me den una buena partida de redescuentos más, yo puedo manejar la situación. En febrero la cosa mejoró un poco y ahora en marzo podemos rebasar toda esta incertidumbre. Tengo negociaciones con otras entidades con las que nos puede ir mejor –planteó Báez Figueroa.

Es muy probable que Ramoncito estuviera contando con el dinero de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos. Los directores con los que había negociado le habían prometido avanzar la fusión y eso le daría una buena proporción de liquidez. De hecho ya habían enviado más de RD$300 millones en depósitos.

  • Pero ya hemos llegado a un acuerdo con el Banco del Progreso y recuérdate que tú me pediste que trabajara para ellos. Yo no puedo aceptar esa solución que tú propones.

  • Es mejor para todos, apóyame en esto, que te irá bien –sugirió Ramoncito.

  • Oye, no estás viendo las cosas claras. Toma estos números. Baninter ha reportado beneficios en los últimos años de poco más de RD$300 millones de pesos. Ya me ha dicho el presidente que te han dado más de cinco mil millones de pesos en redescuentos y quieres una buena partida más. Sólo con los cinco mil millones que te han dado, tendrías que ganarte RD$500 millones anuales durante 10 años para poder pagar esas facilidades, sin tomar en cuenta ni los intereses ni el resto de dinero que necesites para cubrir lo que viene... ¿No te das cuenta que tu mejor solución es salir cuanto antes de este atolladero? No hay salida posible con la situación actual, que no sea la fusión con otra entidad que se haga bien grande para que pueda enfrentar el pago de esos préstamos que está haciendo el Banco Central –por algo Luis Álvarez había ganado fama de tener el cerebro financiero y empresarial mejor dotado del país.

  • Oye Luis, si es por el pago, no te preocupes, que yo te pago lo que te iba a pagar el Progreso –le insinúa Ramoncito.

  • Coño Ramón, yo no necesito que tú me pagues ni que me pague el Progreso. Ese no es mi problema ahora. Yo estoy buscando lo mejor para ti y para el país –le dijo Álvarez Renta.

Pedro Castillo había llegado con su portafolio y su equipo para la firma del documento, pero parece que sería todo en vano. Acuerdo que no se firmaría en ese instante. En ese momento se acercó el presidente Hipólito Mejía y se llevó a Luis Álvarez a otro extremo de la oficina y le consulta:

  • Luis ¿tú no crees que podemos hacer lo que dice Ramoncito? ¿No podríamos buscarle la vuelta a esto? –le pregunta.

  • Mire presidente, eso no es posible. Por más redescuentos que usted le dé no va a parar el clima de desconfianza y de falta de credibilidad. Es necesario dar un golpe de efecto, cambiar de manos, para que los depositantes crean en el banco y deje su dinero ahí. Mientras la gente no vea ese cambio, cada día se corre la voz e irán más personas a buscar sus recursos –le asesoró.

  • Bueno, vamos a darle un chance a Ramoncito, para ver lo que él puede hacer –terminó afirmando Mejía.

  • Yo me voy a París. Tengo un almuerzo con Pérez de Cuéllar mañana y he venido sólo para firmar este acuerdo y mira con lo que me encuentro –el estratega financiero estaba sumamente molesto. Echaba chispas de la incomodidad, y dirigiéndose al Jefe del Ejército, le vociferó molesto:

  • General Díaz Morfa, por favor, autorice a mi helicóptero que aterrice en el patio del Palacio. Yo regreso de inmediato a París –casi chillaba Álvarez Renta.

En pocos minutos su helicóptero hizo tierra y el financista salió de la reunión con cara de muy pocos amigos. En el Aeropuerto Internacional de Las Américas abordó su jet privado y de nuevo, con poco menos de cuatro horas en el país, estaba tomando su avión de regreso a Francia, con la misma prisa con la que había venido.

Al salir de la reunión, Ramón Báez Figueroa haría un desmentido en la prensa sobre la posibilidad de una fusión entre los dos bancos. Sus declaraciones aparecidas en la primera plana del Listín Diario y otros periódicos del día siguiente, hablaban de una fortaleza del sistema bancario dominicano que sólo existía en su mente.

Mientras tanto, Álvarez Renta, en París, tras almorzar con Pérez de Cuéllar se dirigió a su casa, cerca de las seis de la tarde. Sonó su móvil.

  • Luis, es Hipólito. Parece que Ramoncito y Perucho se han puesto de acuerdo. Tienes que venir para acá.

  • Bueno presidente, pero yo vine ayer de allá. ¿Ahora es en serio que van a firmar? –preguntó un poco escéptico Luis Álvarez.

  • Ahora sí. Creo que todo está resuelto entre ellos. De todas maneras, yo tengo una reunión el próximo lunes 17 de marzo en mi casa. Ahí voy a estar con todo el equipo económico y me gustaría que estés presente para que expliques los conceptos generales de la fusión.

  • No hay problemas, Presidente. Yo me voy este fin de semana allá y participo con ustedes –prometió el experto negociador financiero.

Ciertamente Luis Álvarez regresó al país en el fin de semana. EL lunes se dirigió a la reunión acompañando a Perucho Castillo en su carro, para poder ir pasando revista de los acuerdos. Aquí el banquero aprovechó para decirle que había logrado con la Superintendencia de Bancos el listado de la cartera de préstamos de Baninter y que había un problema con una cartera muy mala de más de RD$17 mil millones de pesos en préstamos.

  • ¿Qué cantidad de esa cartera se puede recuperar? –preguntó el financista al banquero.

  • Creo que cerca de un 40%. No más –explicó Pedro Castillo.

  • Bueno, hay que hacer lo siguiente: para cubrirte y tener un colchón que nos permita jugar con eso, debemos informar en la reunión con el Presidente que la cartera es como de RD$20 mil millones y que hay una buena partida de cartera mala. Así comprometemos al Banco Central con el rescate de esos activos –aconsejó el asesor del Banco del Progreso.

En la reunión de la casa del presidente estaba todo el equipo económico del gobierno, incluyendo al economista y asesor del Banco Central, Andy Dauhajre. Perucho Castillo y Álvarez Renta dieron un informe detallado de los alcances del acuerdo de fusión con el Baninter y de los aportes que tenía que hacer el Banco Central para ese rescate. Como habían acordado, el banquero y su asesor presentaron la cifra de RD$20 mil millones. En esa reunión el presidente informó que iba a nombrar a Lois Malkún como Gobernador del Banco Central en sustitución de Frank Guerrero Prats. Esto ocurriría una semana después, el 26 de marzo, pero ya Lois estaba recibiendo los informes como tal. Álvarez Renta aprovechó la ocasión para ponerle a Malkún al tanto de los acuerdos a los que estaba arribando con Aldeasa sobre las tiendas de zona franca y la posibilidad de abonar US$10 millones de dólares a los compromisos que el BANINTER estaba rubricando con el Banco Central, por los redescuentos.

Para el 19 de marzo Luis Álvarez Renta tenía un compromiso, asumiendo funciones de embajador, aún cuando el plácet no había llegado, en la reunión del Grupo de Río en Grecia. Había invitado al Canciller de la República, don Hugo Tolentino Dipp para que le acompañara a Francia y luego desde ahí viajarían al compromiso en Atenas. Partieron el 18 de marzo desde Santo Domingo. Cuando llegaron al hotel en París, el Ministro de Relaciones Exteriores se enteró que el presidente Hipólito Mejía había aprobado enviar tropas dominicanas a Irak, complaciendo a los norteamericanos y contraviniendo los acuerdos previos a los que habían arribado ambos en el sentido de esperar las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para actuar en consonancia con el alto organismo internacional. Este inconveniente provocó que en el mismo hotel parisino don Hugo Tolentino redactara su renuncia irrevocable como Canciller de la República. Sin embargo, cumplió con su última misión en Grecia, acompañado de Luis Álvarez, quien se mantenía a la espera de la aprobación del gobierno francés para asumir sus funciones de embajador en el histórico país del viejo continente.

Para el día 18, previo a la cumbre del Grupo de Río en Grecia, don Luis Álvarez tenía una agenda muy agitada. Muy temprano de la mañana salió hacia Londres a cumplir con unos compromisos. Después del almuerzo voló en su jet privado hasta Madrid para algunas reuniones de la tarde y en la noche regresó a París, para recoger a don Hugo Tolentino y dirigirse hacia Atenas.

Luego de la cumbre, Hipólito Mejía llamó de nuevo al embajador en hold y le pidió que regresara de inmediato al país para la firma del acuerdo de fusión entre Baninter y el Banco del Progreso, que sería rubricado el próximo lunes 24 de marzo de 2003. No sería hasta las 4:00 de la tarde de ese lunes que el financista estaría arribando al Aeropuerto Internacional de Las Américas y se dirigió presuroso hacia el despacho de Ramón Báez Figueroa en la intersección de las avenidas 27 de Febrero con Winston Churchill en el centro de la ciudad.
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