El fascinante y estremecedor relato de uno de los escándalos político-financieros más grandes del mundo




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Nota 1 de Ernesto Gómez: Esa cartera era de RD$17 mil millones y Luis Alvares Renta y PC habían presentado como de RD$20 mil millones. El 40% era muy malo.

              1. Liquidar a favor del Banco Intercontinental, S. A. cualquier contingencia, en moneda local o extranjera, que no esté debidamente respaldada por un activo liquidable o cobrable, así como también los depósitos interbancarios, en moneda local o extranjera, que hayan sido otorgados con y sin garantía, incluyendo todas las líneas de corresponsales vencidas o por vencer.

Nota 2 de EG: Ya vimos en el informe de Benita Castillo presentado a Xiomara, que los depósitos con activos intangibles son de RD$15 mil millones. Los depósitos interbancarios hacen RD$1.3 billones y los faltantes en dólares US$265 millones.

              1. Otorgar antes de la Fecha de Cierre, al Banco Intercontinental, S. A., las facilidades que sean necesarias para que éste último readquiera la cartera de préstamos que haya vendido a otras entidades bancarias.

Nota 3 de EG: En el documento de Benita Castillo estas cuentas representan un monto de RD$10,188,134.000.00

Licdo. Francisco Guerrero Prats

26 de marzo de 2003

Página 3

              1. Otorgar un plazo de hasta quince (15) años para el pago de las facilidades otorgadas por el Banco Central al Banco Intercontinental, S. A., hasta la Fecha de Cierre, así como una tasa preferencial para dicho pago, bajo el entendido de que estas facilidades serán asumidas por el Banco Intercontinental, S. A. bajo la administración del Grupo Progreso, S. A. o por el Banco Fusionado, solamente hasta la suma de RD$5,000,000,000.

              2. Nota 4 de EG: Sólo asumen RD$5 mil millones el resto de RD$66,000.00 los asume el Banco Central. Habría que darles, además, 15 años para amortizar este suma, con tasa preferencial, liberalizándolos del Encaje por tres años.

              3. Otorgar un adelanto de liquidez por hasta la suma de RD$2,500,000,000 para cubrir los posibles retiros de ahorrantes del Banco Intercontinental, S. A.

Nota 5 de EG: De los RD$5 Billones, el 50% (RD$2.5 billones) sería recibido por ellos mismos, o sea que sólo se le reconocían a Baninter RD$ 2.5 billones, como líneas de redescuentos. Lo demás lo asumía el Banco Central.

              1. Autorizar al Banco Fusionado a liberalizar el requerimiento de Encaje por un período de tres (3) años; y

              2. Asumir los activos y pasivos de BANINTER & Trust Co.

Nota 7: Otro maco. Una caja de pandoras.

El acuerdo de Promesa de Compraventa entre las partes establece que la aprobación de tales facilidades constituye una condición precedente para la perfección de la adquisición de las acciones del Banco Intercontinental, S. A., e Intercontinental de Seguros, S. A., y el control de Baninter & Trust Company, por parte del Grupo Progreso, S. A., y que su no aprobación en el plazo de dos (2) meses dejaría sin efecto el acuerdo, retirándose el Grupo Progreso, S. A. de la administración de tales compañías.

Toda la información que requieran los técnicos de la Superintendencia de Banco y el Banco Central de la República Dominicana, para cuantificar y valorar técnicamente las facilidades solicitadas, estarán completamente a su disposición, para lo cual hemos instruido a todo el personal de nuestras instituciones.

Agradeciendo su atención a la presente, queda de ustedes,

Muy atentamente,

Pedro E. Castillo L Ramón Báez Figueroa

Presidente Presidente

Esta carta totalmente mutilada para ocultar los términos reales del acuerdo de fusión suscrito entre las partes y el cual supuestamente había ido anexo a la primera carta enviada a la Junta Monetaria el 24 de marzo, fue lo que llegó el 26 de marzo a manos del Gobernador de Banco Central, José Lois Malkún... todavía se ocultaban los alcances del acuerdo real, el cual contenía, entre otras muchas cosas, la transferencia sobre “los derechos de las negociaciones con la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos” que implicaba uno de los más grandes actos de corrupción del proceso discutido, por cuanto implicaba dejar sin sus ahorros a decenas de miles de dominicanos, engullidos en la centrífuga que había diseñado Ramón Báez Figueroa en su fábrica de efectivo que representaba el sistema automatizado de sustracción y borrado que había en Baninter.

La correspondencia pretendía hacer un resumen muy constreñido de los acuerdos de fusión, para la vista de la autoridad monetaria y financiera y no presentarles el documento original con los verdaderos convenios arribados entre las partes. Cuando redactó esta carta, Pedro Castillo sabía ya de las interioridades de Baninter, como lo sabía cuando asistió el 17 de marzo a la reunión de la casa del presidente Hipólito Mejía. Pero prefirió seguir adelante, aunque sus ejecutivos estaban sumamente alarmados con lo que estaban encontrando en las inspecciones que hacían in situ en la entidad adquirida. No sería si no hasta el 28 de marzo, por la mucha insistencia de las autoridades monetarias y financieras, que remitiría finalmente el famoso acuerdo de compraventa para fusión por absorción. Ahí fue cuando el Banco Central y la Junta Monetaria tomaron conocimiento del documento original, mediante una carta que llegó al departamento de correspondencia de la Superintendencia de Bancos ese día 28 de marzo, a la 1:52 minutos de la tarde mediante el oficio No. 003373 del despacho del Presidente del Grupo Progreso, Pedro E. Castillo L.:

Grupo Progreso (timbrado)

28 de marzo de 2003

Señor

José Lois Malkún

Presidente de la Junta Monetaria y

Gobernador del Banco Central

Su Despacho.

VIA: Licdo. Alberto Atallah, Superintendente de Bancos

Estimado señor Malkún:

Muy cortésmente nos dirigimos a usted para anexarle un (1) original, debidamente firmado, del Acuerdo de Promesa de Compraventa firmado entre los accionistas del Banco Intercontinental, S. A., la Intercontinental de Seguros, S. A. y Baninter & Trust Company y el Grupo Progreso, S. A. en fecha 24 de marzo de 2003.

Sin otro particular por el momento, le saluda,

Muy respetuosamente,

(Sólo rúbrica)

PECL/lg

En la estratagema Pedro Castillo había mezclado una buena cantidad de intereses. Estaban primero los suyos que eran los más importantes. Esta fusión le abría muchas puertas de salida y le cerraba unos huecos que ya se hacían difíciles de ocultar. Defendía además los intereses del presidente de la República, que eran en muchos casos, también los suyos propios, y defendía, en última instancia los intereses del Grupo Financiero al que servía. Por eso se ve actuando díscolo y apresurado. En cuatro días de negociaciones había producido cuatro comunicaciones al Banco Central urgiéndolos a tomar las medidas de aprobación en el menor tiempo posible. El mismo 27 de marzo había escrito a Lois Malkún una carta en la que detallaba los alcances de la negociación y la apreciación de la urgencia en aprobar las facilidades solicitadas, porque sólo así el Grupo Progreso entraría en Baninter. Sin embargo, Pedro Castillo ya había sido informado de la situación real del quebrado banco por sus ejecutivos que estaban inspeccionando, y él ni lo informaba a su Consejo de Directores, ni tomaba la decisión de retirarse de un embrollo más grande que tres de los principales bancos del país. Quería pescar en mar revuelto, creyendo que las ganancias serían de él, como pescador avezado. El tiro le saldría por la culata. Su equipo en Baninter seguía descubriendo sorpresas.

El presidente Mejía había salido temprano de su despacho. Tenía algunos temas pendientes que tratar con el ingeniero Hernani Salazar y le pidió que le acompañara en su jepeta hasta la casa. Los últimos acontecimientos económicos y financieros le estaban sacando de quicio y su proyecto político hacía aguas, en medio de la incertidumbre que provocaba el escándalo de Baninter. Con mucho esfuerzo había logrado narigonear toda la avalancha que le vino encima con el caso de la tarjeta de Pepe Goico, y cuando parecía que las cosas se habían resuelto, el tema Baninter crecía en espiral y por más que había tratado de minimizar los hechos y de buscar las medidas que hicieran menos daño político, los datos que se descubrían eran cada día más espeluznantes.

Hernani había sido un gran aliado para esta crisis. De hecho fue quien convenció a Ramoncito para que retirara los cargos contra Pepe Goico y que las cosas salieran más o menos bien. En esos días el coronel Pedro Julio Goico Guerrero había proclamado desde su celda en las Fuerzas Armadas que “Si yo hablo van a caer muchos ´pejes gordos´, yo no me voy a hundir solo...” con una amenaza latente. No podían permitir que Pepe hablara... había que detener este pandemónium. Hernani Salazar hizo el trabajo y “convenció” a Báez Figueroa de la pertinencia y los “saludable” que sería su retirada a tiempo. Para el ingeniero Director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado no había sido difícil lograr que el banquero retirara las acusaciones. Fue un domingo a su villa de La Romana y ahí le explicó las circunstancias por las que estaba atravesando su banco y lo vital que resultaba la ayuda del Banco Central para que él siguiera respirando. Sin las líneas de redescuento, el banco se iba a la mierda y Ramoncito se iba para la cárcel. No había dudas. El banco tenía serios problemas y Báez Figueroa no estaba en condiciones de exhibir un orgullo que le había provocado muchas malas jugadas. El trance era palpable. Tenía muchos días rogando a todos que por favor le entregaran los recursos necesarios para hacer frente a la ola de retiros que le estaban provocando los rumores en contra de su banco y nadie le hacía caso. A él, que había sido tan espléndido, ahora el presidente y todos se le negaban... Ramoncito estaba desesperado. No quería creer todavía que la negativa a realizar los desembolsos fuera una política de chantaje orquestada desde el poder. Cuando recibió la visita de ese domingo, comprendió todo. No tenía escapatoria. Tenía que ceder. Le habían torcido el brazo y doblegado su orgullo.

Al otro día se retiró la querella:

Diciembre 26, 2002

Al Honorable Magistrado

Juez Presidente de la Segunda Sala de la Cámara Penal

De la Corte de Apelación de Santo Domingo

Su Despacho

Honorable Magistrado:

Como es del conocimiento de ese Honorable despacho, el Banco Intercontinental, S. A., dirigió una comunicación al señor Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, la cual forma parte del expediente a su cargo, con la finalidad de informarle de una serie de irregularidades detectadas por nuestros sistemas de supervisión y seguridad en el uso de las tarjetas de crédito indicadas en dicho informe.

Sobre ese particular y como es norma nuestra, independientemente de toda otra investigación que hubiese sido realizada por los organismos correspondientes, hemos concluido con nuestras inquisitorias y averiguaciones pertinentes, las cuales, conforme a los reportes internos recibidos de los investigadores especialmente encargados a esos fines, estos son concluyentes al afirmar que en el uso y manejo de dichas tarjetas, si bien es cierto que se realizaron cargos inusuales y por valores inusitados que motivaron y justificaron nuestra denuncia, los mismos no contienen o contemplan usos fraudulentos por parte de su titular y en todo caso, la reclamación por parte de nuestra institución de los cargos realizados se circunscribiría a las reclamaciones de los importes cargados y no pagados por su titular.

En ese sentido, pues, el Banco Intercontinental, S. A. desea por éste medio dejar constancia para todos los fines y consecuencias que el apoderamiento de esa Corte pueda implicar, que por las razones expuestas no tenemos ningún interés en que sea perseguido por la vía penal el titular de dichas tarjetas, posición que por demás justifica y soporta con sobrada razón la decisión de parte de nuestra institución, de no constituirse en parte civil en el proceso penal que le involucra.

Sin otro especial particular, de usted

Muy atentamente,

Ramón Báez Figueroa

Presidente

Cc: Procurador General de la Corte de Apelación.
El 27 de diciembre Ramoncito y Baninter recibieron RD$1,180 millones en líneas de redescuentos del Banco Central, que le habían sido negados en los días previos. El negocio funcionó. Aunque la carta era malísima, muy mal escrita, tal vez redactada por un ingeniero, porque quedaba claro que por ahí no pasó cerca ni siquiera un para legal. Pepe y compartes fueron descargados.


Cuando la jepeta Placa 01 tomaba la avenida Bolívar hacia el Oeste, sonó el timbre del celular de Hipólito. El asistente del presidente le pasó el móvil.

  • Es Lois Malkún, señor –le dijo.

  • Hola Lois, cuéntamelo –saludó Mejía.

  • Señor Presidente, en el caso de Baninter, no hay nada qué hacer. Ramoncito se ha echado para atrás en lo que habíamos negociado. No tenemos más salida. Estamos obligados a actuar ya o las cosas se saldrán de nuestras manos... –Malkún hablaba con una voz de ultratumba, acongojado.

  • ¿Qué pasó con él, no pudiste convencerlo? –preguntó apesadumbrado.

  • No, presidente, es imposible – confirmó Lois – el se resiste a nuestra propuesta.

  • Coño, qué maldita vaina... –el presidente quedó dubitativo

  • Corremos el riesgo grandísimo de una corrida, Presidente, estamos en la cuerda floja, no hay nada más que hacer... –Lois aprovechaba el silencio del mandatario para reafirmar sus preocupaciones.

  • Lois, dame dos horas... déjame asimilar esta vaina... yo te llamo en un par de horas. No hagas nada hasta que yo te llame –ordenó el presidente.

  • No hay problemas Presidente, yo le espero –aceptó el Gobernador del Banco Central.

  • Coño Hernani, en la maldita posición que me ha puesto este muchacho. Yo adoro a su padre y quiero a Ramoncito como a un hijo. Más que eso, le debemos muchísimos favores, pero ha salido muy terco y no quiere entrar en razón. ¿Qué hacemos? –preguntó por preguntar a Salazar.

  • Señor Presidente, la situación es muy difícil, pero él le ha dejado pocas alternativas. Hay que actuar ahora, para protegerlo a usted también de ese maremoto, pero luego buscaremos la forma de ayudarlo, si es posible –aconsejó Hernani.

  • Tengo que pensarlo con detenimiento. Tengo que consultar un par de gente para ver qué piensan –dijo el presidente al momento de llegar a su casa.


Capítulo XV
Chocando contra la dura realidad

Lois Malkún lucía sudoroso. Su tono de voz, un poco en falsete, denotaba el nerviosismo con que anunciaba al país las incidencias del más grande fraude financiero de la historia. Ante un auditórium también sorprendido, Lois denunciaba con pasmosos detalles, los hechos que habían llevado a la quiebra al segundo mayor banco privado del país: el Intercontinental, engullido por la voracidad de una centrífuga perversa fabricada para sustraer los recursos de los ahorrantes y utilizarlos para borrar las cuentas en sobregiro de Ramón Báez Figueroa, sus principales colaboradores y las empresas vinculadas. Las autoridades nacionales asistían a un espectáculo increíble. Los rostros de los asistentes, desde el Presidente de la Suprema Corte de Justicia hasta el más conspicuo Secretario de Estado, denotaban la incredulidad que les producía la noticia impactante.

Con paciencia y precisión, el Gobernador del Banco Central, teniendo al presidente a su diestra, anunciaba las medidas judiciales incoadas por el gobierno y los pasos a seguir en tan infausto momento. La suerte estaba echada...

Paradójicamente, y tal vez sin proponérselo, una parte importante de los que asistían impasibles a este espectáculo, eran cómplices silentes, por acción u omisión de los delitos denunciados. Algunos de ellos, eran los beneficiarios de tanto derroche. Habían participado de manera entusiasta en el gran festín de la corrupción, y ahora sólo podían darse tres golpecitos en el pecho. El presidente de la República no era una excepción. En este 13 de mayo de 2003, se trazaría la raya de Pizarro entre Ramón Báez Figueroa e Hipólito Mejía y sus principales colaboradores.

La noche había sido larga y tenebrosa para Ramoncito. Por más que intentó conciliar el sueño, una enorme telaraña pegajosa le arropaba, mientras transitaba en éxtasis por ese interregno incierto entre el consciente y el subconsciente, atacado por dragones alados con ráfagas de fuego salidas de sus bocas, abrasándolo, mientras escuchaba el discurso de Palacio, amplificado por mil altavoces ensordecedores que le provocaban una angustia lacerante. Con el agravante de que no quería transmitir a Patricia la incertidumbre que le oprimía el estómago, con ese hormiguero permanente atribulándole el alma. Fue muy difícil la tarea de calmar a su esposa, para evitar que colapsara. El esfuerzo le había asolado la vida.

Aunque varios amigos le habían advertido sobre la magnitud de la encerrona que le estaban preparando, nunca la pensó en proporciones tan descomunales. Asistió boquiabierto al espectáculo palaciego, con los ojos fijos en el plasma de TV sin pestañar, sin presentar emociones, sin que pudiera desatar los demonios de su furia, para pulverizar tanta ingratitud acumulada... No podía creer que los que se prestaban a esa patraña, fueran los mismos a los que amamantó, protegió, distinguió y sobrevaloró en demasía. “Mientras más conozco a la gente, más amo a mi perro...”, pensó para sus adentros. Los gritos de espanto de Patricia ante las acusaciones no pudieron sacarlo de su hermetismo. Miraba con firmeza a la jauría, para grabar sus rostros y sus gestos. Para tallarlos en sus recuerdos y no permitir que los vientos del destino borraran esas huellas. Ellos pagarían su deslealtad.

Fue una noche de pesadillas dormidas y pesadillas despiertas. El día, que en vigilia había esperado, se hizo presente entre las brumas de un amanecer que le pareció sombrío, visto con la mirada triste de su aflicción, ignorando la esplendidez de esa primavera boreal que se le iba. Cuando se hizo a tierra y miró de soslayo a su esposa, se dio cuenta de que ambos se habían engañado: ninguno concilió el sueño.

Este 14 de mayo de 2003 tendría que presentarse temprano ante el fiscal del Distrito Nacional para ser interrogado. La noche anterior había pedido a su amigo y abogado Marino Vinicio Castillo, que junto a sus hijos, Vinicito y Juárez, respondieran las acusaciones, desde la presidencia del Listín Diario, para que la prensa pudiera recoger hoy mismo su parecer. Había dado resultado. En todos los medios aparecía su declaración y el Listín, como era de esperar, fue implacable contra los “complotados”. Pero la incertidumbre le embargaba. ¿Qué pasaría hoy en el Palacio de Justicia? Los medios anunciaban que Hipólito Mejía, personalmente había entregado el expediente acusatorio al Procurador Fiscal del Distrito Nacional, Máximo Aristy Caraballo para que procediera. Hipólito Mejía. No podía creerlo. “Ese pendejo me debe la presidencia y la vida...”, se lamentó amargamente.

En el ínterin, sus abogados habían dispuesto todo lo relativo a su visita ante el Ministerio Público para aclarar los términos de la acusación en su contra. Hizo un ejercicio de autocontrol y se propuso enfrentar los hechos con la hidalguía que le daba el saberse poseedor de un poder más grande que el político: el poder económico, el poder de los medios, el poder social. Nunca se imaginó, ni remotamente, que con todo ese andamiaje de protección, pudiera sucumbir.

Su presencia en las instalaciones del Palacio de Justicia era aprensiva. Pero los hechos que fueron sucediendo, como avalancha indetenible, desbordaron su capacidad de comprensión. Por más que intentaba llevar la bola a su cancha, para servir con holgura, no lograba sus propósitos. Las cosas se salían de control. Era de extrañar, porque esta era la primera vez que esto sucedía en los últimos cinco años. Desde que había comprado Bancomercio, se convirtió en un hombre todopoderoso y manejaba a la sociedad dominicana a su antojo. Había hecho de la dádiva una filosofía, una táctica política que le granjeaba poder y dinero, convertidos en un círculo vicioso en el que ambos ser reproducían mutuamente. Definitivamente las cosas no estaban saliendo bien en esta fiscalía. Miraba a Vincho con impotencia y valoraba los esfuerzos que éste hacía, por medios legales y tratando de explotar al máximo el agradecimiento que todos debían al banquero, moldeando los hechos para hacer un traje que le sirviera a su cliente en esta ocasión. Pero las instrucciones eran muy precisas y contundentes. No pintaba nada bueno el panorama.

Las horas transcurrían lentamente y cada vez más crecía su convicción de que los problemas eran mayores que sus expectativas y peor aún, empezaba a confrontar la realidad, el hecho insoslayable de que a la hora de la verdad, las lealtades y gratitudes simuladas escurrían el bulto montadas en el carrusel de las miserias humanas. Hoy, 14 de mayo, a Ramón Báez Figueroa, el todopoderoso banquero dominicano, nadie en Palacio le tomaba el teléfono. Para esos “amigos” y paniaguados, hedía a diablos y había que estar bien lejos de su desgracia.

  • Lo lamento mucho Ramoncito. Tengo que dejarlos presos. Quiero que sepas que no tengo alternativas –el Fiscal del Distrito hablaba con verdadero pesar.

En ocho horas de interrogatorio, había dado todas las vueltas posibles para escarbar la fórmula que le permitiera quedar bien con Dios y con el Diablo, sin saber a ciencia cierta quién jugaba cada rol en este proceso judicial. Pero el alboroto de prensa que se había armado en torno al caso, el espectáculo montado en Palacio, no era más que el primer acto de un drama que tendría que ser presentado en varias partes. Ahora, le tocaba a él hacer su papel y lamentablemente, el guión estaba escrito por otros y no tenía la forma de improvisar.

Tengo que dejarlos presos...” retumbó en la conciencia del banquero con sorprendente impacto. Penetró el tímpano, se estrelló contra la parte cognoscitiva del cerebro y el eco mil veces repetido fue perdiéndose en el infinito...

Tengo que dejarlos presos...”, Miró con angustia a Maximín. Ladeó su mirada hacia Vincho y luego le desgarró el alma ver como Vivian colapsaba entre lágrimas y llantos. Él, Ramón Buenaventura Báez y Figueroa, bisnieto del presidente Báez, hijo de ex ministro, y dueño de la mitad de la República Dominicana, padrino de todos los políticos, propietario de la mayoría de los medios de comunicación y de muchos de sus periodistas; protector de la iglesia, la justicia y los militares, iba a quedar preso en una celda inmunda del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, sin que todo su poder económico, político y social le pudieran salvar del escarnio. Con una irónica sonrisa en los labios, para disimular la enorme furia que sentía en su interior, rememoró las funestas frases que dieron inicio a su desgracia...

Yo te meto preso y te cierro el banco...”. Y su ingenua, imprudente e inmadura respuesta: “y yo te tumbo...” Ahora estaba preso, muy mal preso, y no tenía la más mínima posibilidad, no sólo de tumbar al gobierno, sino de lograr que le recibieran una simple llamada telefónica...

Sin reparar en nada, luego de ocho horas de interrogatorios, el magistrado Procurador Fiscal del Distrito Nacional envió el expediente para que fuese sorteado en Instrucción y se iniciaran las indagatorias correspondientes. Por los artículos que eran señalados en la pieza acusatoria, notablemente los cargos eran criminales.
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