El fascinante y estremecedor relato de uno de los escándalos político-financieros más grandes del mundo




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títuloEl fascinante y estremecedor relato de uno de los escándalos político-financieros más grandes del mundo
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Hotel Hampton Inn. El día anterior, utilizando la tarjeta de Hipólito Mejía, había pagado la estadía de la comitiva presidencial en los hoteles Antaris y Quinta Real, en México. Luego de llegar a Miami, se reunió con su amigo y socio Alberto Torres Pezzotti y su señora Mireille Elízabeth Fernández Pineda de Torres, que estaban hospedados en el lugar, haciendo los retiros diarios. Cenaron y pasaron la noche juntos en el mismo hotel. Pepe Goico pagó con su tarjeta Oro VIP la cuenta que hizo un monto de US$258.00 dólares.

A Báez Figueroa la gran mayoría le decía Ramoncito, aunque no lo conocieran. Su babe face de sonrisa fácil ayudaba a proyectar una imagen agradable de su persona. Pero la inmadurez no era sólo de rostro. sus actitudes desbordaron la prudencia y rompieron el Omertá de la clase política dominicana. Acostado en su celda, con la cara hacia el techo y sus dedos entrelazados detrás de la nuca, empezó la retrospectiva.

  • Señor ha llegado el representante de la embajada norteamericana –le anunció su secretaria Lourdes Báez.

  • Hágalo pasar por favor... –Ramoncito autorizó la entrada al agente de inteligencia de la Embajada de Estados Unidos en el país.

Previamente le había llamado el encargado de Asuntos Políticos de la legación diplomática para pedirle que recibiera a un funcionario muy importante, el cual debía tratarle algunos temas de interés para Baninter. Aceptó con más preocupación que placer. ¿Qué deseaba un funcionario de inteligencia de los americanos en el Banco Intercontinental? Eso le preocupaba un poco. Con tantos enemigos que tenemos queriéndonos joder, ahora se atreven a aparecer con un expediente de lavado... pensó para sus adentros. Pero aceptó recibir al funcionario con inusitada curiosidad.

  • Muy buenas tardes –le saludó, esperándolo en la misma entrada de su oficina, para conducirlo al mullido sofá de piel original, recostado en la pared norte, en la sala de visitas de su despacho.

A su lado, el gran ventanal le ofrecía una espléndida vista de la parte Este de la ciudad capital. El enorme escritorio del presidente de Baninter estaba ubicado en la parte occidental del despacho rectangular, adornado con piso de parquet. Una credencia estaba apoyada en la pared Oeste, debajo de la hermosa obra de arte de un artista dominicano. Del otro lado, hacia el mar Caribe, tras los cristales de la ventana se dibujaba el crespúsculo surrealista, perfilándose hacia el Suroeste. La amplitud del despacho y la delicadeza de su decoración daban un aire confortable al ambiente.

Ramón Báez Figueroa, intentaba esconder su ansiedad detrás de los pliegues de su sonrisa.

  • Es un verdadero placer contar con su presencia. Estamos a sus órdenes –masculló al tiempo de entregarle una tarjeta de presentación con el logotipo de Baninter. El visitante agradeció el gesto, dijo su nombre, pero no reciprocó la cortesía, ni explicó sus funciones en la embajada.

  • Agradecemos mucho su atención, señor Báez, y la disposición de recibirnos. Perdone la premura de la visita, pero teníamos mucha urgencia en comunicarnos con usted. Hay cosas que están aconteciendo que debe saber y tomar medidas al respecto –el hombre, que hablaba muy buen español, pero sin abandonar su acento tejano anglosajón, lucía preocupado por el tema que servía de base a la visita de esta tarde.

  • Estamos dispuestos a escucharle y si está a nuestro alcance, cuente usted con toda nuestra colaboración –le indicó Ramoncito.

  • Debo ir directamente al tema señor Báez. Hay varias tarjetas de crédito de su banco con las que se están haciendo consumos irracionales y nuestros organismos de inteligencia han detectado algunos movimientos de efectivo que estamos poniendo en investigación.

  • Gracias señor por la información, pero ¿podría decirme de qué tarjeta se trata? ¿habrán clonado alguna de las mías? –se interesó el presidente del banco.

  • No necesariamente, pero esto es lo que nosotros queremos esclarecer. ¿Tiene el coronel Goico Guerrero una tarjeta de crédito sin límites? –preguntó a quemarropa el hombre de la inteligencia de la embajada USA en el país.

  • Bueno señor, se podría decir que sí, pero debo explicarle que en realidad es una tarjeta de cortesía que ha entregado el banco al señor Presidente de la República, don Hipólito Mejía, para sus gastos personales y de sus viajes –Ramoncito se veía en la disyuntiva de denunciar la indelicadeza de su amigo presidente ante el poder del norte, pero no hacerlo podría significar una complicidad con cualquier manejo doloso que se le estuviera dando a la facilidad crediticia. Un empresario de su nivel puede carecer de todo, menos de la visa norteamericana. Es un documento esencial para el desarrollo empresarial, en los estratos sociales en los que se movía el banquero.

  • Debemos informarle que con esa tarjeta se están haciendo consumos muy delicados. Por ejemplo, mire usted esta compra –mientras hablaba el encargado de inteligencia de la embajada entregaba a Báez Figueroa la copia de unos documentos de la compra de un avión Jetstream 31, matrícula No. HI-772, a la empresa Britania Aerospace, en Sarasota, Florida. Otro de los vouchers mostraba el pago de equipos de inteligencia (escáneres) comprados para la escucha ilegal de teléfonos en Portables Comunications en Miami. Había tres pagos para la compra de un yate en South Florida Yatch.

  • ¿Cree usted que el presidente Mejía daría casi US$60 mil dólares para la compra de un yate de lujo? En el momento en que se producen esas compras Hipólito Mejía estaba en España, al otro día salió hacia Italia y por ahí siguió su rumbo, mientras en Miami se hacían gastos inconcebibles con su tarjeta.

Ramoncito quedó boquiabierto. No se imaginaba que las cosas fueran a llegar tan lejos. Hacía un buen tiempo que había entregado esa tarjeta de cortesía al presidente Mejía. Éste había querido que estuviera a nombre del jefe de su Avanzada Militar, coronel Pedro Julio Goico Guerrero –Pepe– para evitar que saliera a la luz pública el gesto del banco y los compromisos presidenciales con esa empresa privada. Pepe Goico había hecho emitir tres plásticos como forma de tener desenvoltura en el uso de la misma. Pero nunca se imaginó el dueño del banco que su amigo usaría esa facilidad con tanta desfachatez y desparpajo. Pensó que tratándose de un documento para el presidente, existiría algún comedimiento en su uso, o que por lo menos que Hipólito estaría enterado de los movimientos que se registrarían.

El visitante empezó a detallarle algunos gastos muy cuestionables y del retiro de dinero en efectivo que luego era depositado en bancos de los Estados Unidos.

  • Es increíble. Esto le hace mucho daño al presidente, estoy seguro que él no sabe que se están cometiendo estos abusos con su crédito –Ramoncito lucía realmente alarmado.

  • Esos consumos excesivos no son los únicos y ni siquiera son el problema principal –le asustó aún más el emisario norteamericano.

  • El banquero se puso en ascuas. Sólo falta que acusen al banco de lavado por estas compras, pensó.

  • Ese avión ha sido puesto en vigilancia por nuestras autoridades, porque ha hecho una serie de viajes sospechosos a Miami, Cuba, Venezuela, Panamá, entre otros países. Eso nos tiene muy preocupados, por las consecuencias que puede tener el descubrimiento de algo ilegal –explicó el funcionario de la embajada –. De hecho, el mes pasado las autoridades de mi país han detenido a dos pilotos, en el avión de una empresa privada dominicana, con una carga de cocaína. Los servicios de esa empresa son muy solicitados por el coronel Goico para los viajes del presidente de la República y paga con la tarjeta de su banco.

  • Bueno, pero me imagino que si han comprado ese avión para los vuelos del presidente, cuidarán mucho de que ahí no se haga nada indebido. El presidente no lo permitiría –se justificó Ramoncito.

  • Ese es otro de los grandes problemas. No han comprado ese avión para el presidente. Esa nave, comprada con el dinero de su tarjeta de crédito, está siendo “rentada” a la presidencia de la República para los viajes del mandatario– denunció el visitante –. Es más, ese avión está a nombre de la empresa Latin Aviation, la cual tiene una nómina compuesta por testaferros. En algunas ocasiones se le han eliminado los asientos para hacer espacios de carga, pero nos preocupa qué pueden llevar a Miami, con un logo de la Avanzada Militar del Presidente.

  • Diablos, ¿Pero cómo es posible? Si se ha comprado con esa tarjeta, por lo menos debe ser de la Presidencia de la República. ¿Cómo se explica que le alquilen una nave que teóricamente pertenece al Estado? –se inquietó.

  • Lo grave del caso, señor Báez, es que la ley federal norteamericana es muy rígida respecto al lavado. Se está usando una tarjeta de su banco, que al parecer no tiene límites. Se está comprando un avión con esa tarjeta y otros muchos gastos dudosos. Para los fines de las leyes norteamericanas, se supone que su banco tiene que autorizar esos gastos, porque ninguna tarjeta funciona sin la debida autorización. Eso involucra al banco avalando esas compras. Si se determina que hay lavado en esas transacciones, porque se ha hecho con dinero espurio, y si el banco las ha aceptado, entonces ustedes podrían verse involucrados como cómplices. Por las características de la operación, parecería que todo ha contado con autorización del banco –el funcionario explicaba sus puntos de vista, pero Ramoncito estaba lejos, concentrado en una serie de irregularidades cometidas con esa facilidad, que estaban siendo detectadas en el departamento de autorizaciones de las tarjetas de crédito.

No podía decirle al visitante que ellos ya tenían gran preocupación por los niveles de gastos que se estaban presentando. De hecho, habían tenido que devolver más de dieciséis millones de pesos en autorizaciones de compras que estaban siendo hechas para retirar dinero de algunos establecimientos comerciales.

El procedimiento parecía simple, pero en realidad era muy fraudulento. El tarjetahabiente se presentaba, por ejemplo, en una poderosa empresa de seguridad de Miami y compraba equipos, aproximadamente de cien mil dólares. El encargado del negocio entregaba noventa mil dólares al portador de la tarjeta con un cheque de la tienda, en vez del artículo comprado, y así se habían extraído cien mil dólares efectivos del Banco, por cuanto ese dinero tenía que ser acreditado a la cuenta de la empresa vendedora al otro día, con el depósito del voucher. Era una de las formas de sacar mucho efectivo, sin que el banco percibiera que se estaban sustrayendo esos recursos. En la tienda Perfet Fit Shoes y Sole II Sole, entre otras, se habían detectado varias operaciones fraudulentas con éste método. Sin embargo, ya había un consumo de más de veinticuatro millones de pesos que no habían podido detener. Los documentos que presentaba la embajada ahora, le decían que cuando se cargaran esos vouchers internacionales del avión, yate y otros gastos superfluos, cuando llegaran las cuentas a Baninter, los montos iban a aumentar de manera considerable.

  • Hay algo más que estamos investigando, señor Báez –le informó el visitante

  • ¿De qué se trata? –preguntó angustiado, sin poder disimular su desolación.

  • Existe la evidencia de que están utilizando tres o más tarjetas diferentes para extraer dinero y comprar artículos caros. Tenemos consumos del mismo día en España, con la visita del Presidente allá, pero al mismo tiempo la tarjeta estaba siendo utilizada en Miami y en República Dominicana a la vez y en todas las plazas los consumos fueron autorizados ¿Cómo puede suceder algo así? –Se preguntó el extranjero.

  • Esto es inconcebible. Debe haber algún error o alguien está usando las tarjetas adicionales. Hay dos tarjetas más que usan los familiares de Pepe Goico ¿Se trata de esos consumos? –preguntó Ramoncito.

  • No señor Báez. No son las tarjetas legales las que se están usando. Es otro uso mucho más comprometedor y que nosotros estamos investigando.

  • Entonces podemos estar ante la clonación de la tarjeta del Presidente y eso es muy grave. Debemos investigar de inmediato –el presidente de Baninter lucía seriamente preocupado.

  • El problema es que estos clones tienen mucho poder. Todos los consumos son autorizados desde aquí, directamente, sin importar el monto de los mismos. Pensamos que los que están haciendo eso, están dentro del banco.

  • Pero ¿cómo puede ser posible? Tenemos un departamento de Activos Fijos, Suministro y Telecomunicaciones que cuida toda la seguridad de esas operaciones. Además, ahí tenemos un oficial que vigila también cualquier irregularidad –ahora Ramoncito parecía realmente sorprendido con la noticia de los clones y con la presunción de que podría ser gente muy poderosa dentro del Banco.

  • Necesitamos que haga usted los mayores esfuerzos por aclarar esta enojosa situación porque una buena parte de esos consumos se están haciendo en Miami y fácilmente devienen en un delito Federal que podría alcanzar a su banco. Tenemos conocimiento que han sido adquiridos con esa tarjeta sofisticados equipos de inteligencia, con instrumentos muy modernos para la grabación de conversaciones telefónicas y esa alta tecnología en manos inadecuadas puede hacer mucho daño. Necesitamos estar seguros de que las cosas van a salir bien –el representante norteamericano seguía soltando prendas sobre la situación y su forma de hablar combinada con su lenguaje corporal, resultaban algo amenazantes para el presidente de Baninter.

  • En verdad me encuentro sorprendido de que puedan hacer algo así, traicionando la confianza del Presidente de la República –se quejó Ramoncito.

  • ¿Está usted seguro que están traicionando al Presidente, señor Báez? Tengo entendido que el coronel Pepe Goico es de la absoluta confianza del Ingeniero Hipólito Mejía –la pregunta era capciosa y el exponente no se había preocupado en disimularlo.

  • Tengo que ver al presidente. Le prometo que llamaré enseguida a Hipólito y le pediré una cita para plantearle el problema. Luego que tenga sus impresiones le agradecería que nos volviéramos a ver, para dar seguimiento a este tema –sugirió el presidente de Baninter.

  • Sería importante que nos volvamos a reunir. Queremos que todo esto quede aclarado sin que nadie salga perjudicado –expresó el norteamericano levantándose de su asiento en señal de que se disponía a retirarse.

En ese momento es que Báez Figueroa recuerda que no le ha brindado nada al norteamericano. Preocupado, como estaba, por saber de qué se trataba la visita, no había tenido tiempo de pensar en la cortesía.

  • Discúlpeme, pero no le he brindado nada ¿Desea un jugo o un café? – le preguntó.

  • Gracias señor Báez, pero ya me lo había ofrecido su asistente y no he querido nada. Estoy bien, muchas gracias de nuevo por recibirme.

  • Debo asegurarle que pueden ustedes contar con nuestra colaboración para todo lo que necesiten. Este banco tiene un fuerte compromiso con Estados Unidos –el ejecutivo de Baninter se mostraba solícito y cortés.

  • Agradeceremos su colaboración, señor Báez. El problema del lavado y otros delitos, debemos combatirlos de manera conjunta todos los sectores de la sociedad –el diplomático hablaba retirándose despacio hacia la puerta de salida.

  • Eso es cierto. Cuente con nosotros. Estaré de inmediato llamando al Presidente y le mantendré informado. Que pase buenas tardes –le despidió.

El presidente de Baninter había quedado muy nervioso. En realidad ellos tenían algunas informaciones preocupantes en el banco, pero se referían básicamente a los montos de los consumos de las tarjetas y a la compra de algunos artículos que lucían desproporcionados. ¿Cómo justificar que el jefe de Estado compre un avión, un helicóptero, un yate y un apartamento, o millones de pesos en joyas, con una tarjeta que se daba exclusivamente como cortesía para sus gastos de viaje? Nadie lo entendería y si la prensa se hace eco de la información, las repercusiones serán insospechadas. Había que detener esas acciones a como diera lugar. Ya estaban tomando medidas, devolviendo algunos consumos y cobrándole otros al seguro. Claro que si la compañía del seguro llega a descubrir que esos gastos fueron efectivamente autorizados por oficiales del banco, entonces estarían incurriendo en estafa contra la aseguradora, que sólo cubre los usos fraudulentos y las falsificaciones. ¿Cómo calificar de fraudulento un consumo, si había sido autorizado por los mecanismos legales y normales de la entidad bancaria?

Pero ese no era el problema ahora. El tema era que los Estados Unidos se habían preocupado y estaban iniciando una investigación para determinar el origen de algunos vuelos sospechosos que hacía “el avión presidencial”. En realidad se le podría llamar así, porque había sido comprado con la tarjeta del Presidente. Ahora bien, ¿cómo se explica que le alquilen la misma nave que han comprado fraudulentamente, usando el nombre y la influencia del primer mandatario? Hay personas que se atreven a mucho. Adicionalmente, el tema de los clones le había dejado muy preocupado. Él personalmente no tenía conocimiento de que esto estuviera ocurriendo. Llamó sin éxito a Marcos Báez Cocco. No estaba en su despacho. Le dejó un mensaje para que se presentara ante él. Tiene que descubrir a nivel interno qué está pasando.

Desde que Báez Figueroa logró comunicarse al teléfono móvil del ayudante personal del presidente, un profundo nerviosismo le embargaba. Hipólito Mejía había concedido en recibirlo en la casa de playa de Juan Dolio. Pero el tema que llevaba no era nada agradable. El sábado 21 de septiembre de 2002 se vislumbraba como un día particularmente preocupante. Las cosas que habían detectado en el uso de la tarjeta de crédito asignada al presidente de la República por
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