Recursos Naturales: Lic. Graciela Bazán




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Hoja Geobiológica Pampeana Año XXII(2010), Nº 10

25 de octubre de 2010

HOJA GEOBIOLÓGICA PAMPEANA

Órgano del Consejo Profesional de Ciencias Naturales

(Fundado el 12 de marzo de 1989 por el Dr. Augusto Pablo Calmels)

Editores responsables: Dr. Augusto Pablo Calmels y Lic. Olga C. Carballo

Corresponsales, Biología: Lic. Julio R. Peluffo

Geología: Dr. Eduardo E. Mariño

Recursos Naturales: Lic. Graciela Bazán

http/www.region.com.ar/hoja geobiologica pampeana

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LA DINÁMICA DE LA TIERRA

(Continuación de XXIl(9):172)

  • Las acciones químicas y bioquímicas son más difíciles de separar unas de las otras. En efecto, como lo hemos visto, el medio litoral es asiento de una vida muy intensa. Las más importantes de estas acciones químicas y bioquímicas se ejercen sobre las calizas, lo que es paradójico puesto que el agua marina, alcalina, es poco apta para corroer la caliza. Es que las algas desempeñan un papel predominante. De día, bajo el efecto de la asimilación clorofílica, ellas fijan gas carbónico, pero, de noche lo liberan por la respiración. Además, muchas algas incorporan caliza en sus tejidos. El equilibrio de la caliza en medio marino es extremadamente complejo y todavía mal conocido, pero las transferencias de caliza en las cuales los seres vivientes desempeñan un papel preponderante, son muy importantes al punto de vista geomorfológico, sobre todo en los mares cálidos.

Los desplazamientos de los carbonatos se traducen por las

formas de acumulación y las formas de ablación.

Las formas de acumulación son los edificios construidos por las algas y los corales. Las algas desempeñan un papel más importante que los corales porque ellas tienen necesidad de oxígeno, que sólo encuentran en las aguas agitadas. Las algas incrustantes se desarrollan así en los sitios más batidos, que, sin ellas, serían los más favorables a un ataque mecánico. Se desarrollan en la parte inferior del piso mediolitoral, consolidando, por ejemplo, las paredes internas de los arrecifes coralinos en un nivel en el cual los corales no pueden desarrollarse más. Traban así su desmantelamiento. Un poco por encima del nivel de las bajas mareas, ellas forman aceras que alejan la rompiente de la pared de roca in situ situada por encima y molestan así su desmantelamiento. Cuando estas aceras se encuentran suficientemente desarrolladas, el desmantelamiento se vuelve difícil. El acantilado está poco sometido al choque directo de los gruesos paquetes de mar; recibe sobre todo aspersiones, menos violentas, que favorecen

la corrosión y la desagregación granular. Los acantilados con visera de los litorales tropicales tienen este origen.

Las formas de ablación se originan tan bien de la corrosión por los productos secretados por los seres vivientes, como por los ácidos de ciertas algas, o como también del ataque mecánico directo de los perforadores de todo tipo que, aumentando las superficies de contacto, favorecen la corrosión. Las geoformas surgidas de estos mecanismos variados y a veces complicados son:

  • Los lapiés ( o lapiez) litorales, muy frecuentes sobre todas las riberas no afectadas por el congelamiento del agua. En efecto, el crioclastismo desmantela los lapiés. El agua de mar, por su composición y su agitación, se congela difícilmente, de modo que los lapiés se encuentran hasta las riberas de latitudes bastante altas, más altas que sobre el borde de los lagos. Sin embargo, los lagos de aguas ácidas de la selva boreal son favorables a la corrosión. Estos lapiés son más o menos agudos según la roca y el lugar en el escalonamiento. Por ejemplo en la región de Caux, son agudos en la parte superior de su zona, redondeados en la parte baja a causa del desmantelamiento por los pequeños túneles de las Polydoras.

  • Los pilones, generalmente rodeados de crestas constituidas por lapiés, cuyo fondo playo permite la persistencia de mares en marea baja. Su diámetro es de algunos metros. Se los encuentra también sobre las rocas no calcáreas (granitos y gneisses sobre todo) donde ellos resultan de una desagregación granular.

  • Las muescas de corrosión, típicas de los acantilados calcáreos tropicales, donde su desarrollo es favorecido por las aceras. Parece que las secreciones de los seres vivientes son determinantes en su formación. Ellas corresponden casi al nivel de las altas mareas. El piso de la muesca, en gradiente muy suave que se empalma a la acera coincide con él. El techo de la muesca es convexo hacia arriba y pertenece al piso supralitoral. Estas muestras se desarrollan bien en las calizas poco fisuradas, poco sensibles al desmantelamiento. Ellas se siguen de una manera casi ininterrumpida a lo largo de las costas batidas, dando nacimiento a los “acantilados con visera”. En las zonas fisuradas, la muesca pasa a grutas. Cuando se desarrollan demasiado, las muescas provocan desmoronamientos, cuyo material es luego reducido o cementado en brechas, según su posición. Las muescas se desarrollan bastante rápidamente para formar, en ciertos litorales, dos, o aun tres, niveles, comprendidos entre 2 y 0 metros, que jalonan las oscilaciones del nivel marino desde el Dunkerquiano.

  • La desagregación granular por haloclastismo es otra consecuencia de las aspersiones que afectan al piso supralitoral. Sólo se la encuentra en las rocas sensibles a la cristalización de la sal, pero ellas son numerosas: rocas granitoides, gneisses, micaesquistos, areniscas, basaltos. Ella se limita a los climas con fuerte evaporación que permiten la cristalización de la sal aportada por el agua de las aspersiones.

El haloclastismo engendra una alveolización, particularmente eficaz sobre las superficies poco inclinadas, donde el agua tiene el tiempo de penetrar en la roca antes de evaporarse. Se llega, también, a la escultura de pilones, que se agrandan lateralmente y terminan por dar banquetas que entallan el pie del acantilado. Como las muescas, se las encuentra en la parte baja del piso supralitoral, pero ellas se elevan sobre las puntas, donde se desarrollan más rápidamente, y descienden en dirección del fondo de las bahías, donde las aspersiones son menos violentas. Desaparecen en los sitios abrigados.
2) Los mecanismos clinotropos afectan también los acantilados sin importar el gradiente. Como han sido estudiados más arriba a propósito del modelado de las pendientes, sólo nos contentaremos con recordarlos aquí y mostrar su inserción particular en el medio litoral.

De una manera general, ellos son favorecidos en medio litoral, por:

  • La influencia nociva de la salpicadura de las olas (brumas) sobre la vegetación, trabando la colonización de los acantilados por la cubierta vegetal. La cubierta vegetal abierta favorece el escurrimiento, la desecación del suelo y, por su intermedio, los deslizamientos. La influencia de las brumas depende de las condiciones hidrográficas (es mucho más marcada en el litoral atlántico que en el Mediterráneo) y climáticas (bajo los climas muy húmedos, ella desaparece.

  • El mantenimiento de pendientes empinadas como consecuencia del retiro por el mar de los detritos que llegan al pie del acantilado. Esta situación es comparable a la de las pendientes que caen directamente sobre el lecho de un curso de agua activo. Se llega a que las acciones litorales, marinas o lacustres, sean incapaces de limpiar el pie del acantilado, que se sepulta bajo los coluvios. Entonces, nada diferencia más, desde el punto de vista dinámico, este acantilado de un talud ordinario. Es un acantilado muerto, sólo interviniendo aquí el término “acantilado” para precisar el origen del relieve.

El empinamiento de las pendientes, propio de los acantilados vivos, hace predominar los procesos que exigen fuertes gradientes: derrubiamientos, desmoronamientos y deslizamientos de terreno. Pero su eficacia depende, en gran parte, de la preparación del material. Sólo los desmoronamientos causados por una puesta en voladizo al nivel del pie del acantilado, son directamente provocados por la acción litoral. En los otros casos, son los procesos corrientes del modelado de los interfluvios, bajo la doble dependencia de la litología y del clima, que intervienen, solamente modificados por la posición litoral del relieve. Así, en las regiones frías, el crioclastimo desempeña un papel muy grande en el suministro de detritos que engendran los derrubios, aun los desmoronamientos. Su acción está facilitada por la frecuente ausencia de suelo y de vegetación y la existencia de fuentes y manantiales en los acantilados. Ejemplo: en el occidente de la Costa de Marfil, el zócalo granito-

gneísico da acantilados recubiertos por una vegetación densa, forestal en general. Es sometido a la alteración que lo pudre. Pero la pendiente empinada del acantilado no permite a ese material incoherente persistir largo tiempo. Él es afectado químicamente por deslizamientos que lo limpian en gran parte. Así se forman nichos, al pie de los cuales las bolas de granito se concentran contra el pie del acantilado, que apenas sufre el ataque directo debido al mar.

Habiendo, de ese modo, definido los mecanismos de ataque del mar sobre las costas formadas de material coherente, ahora podemos estudiar cómo evolucionan esas costas.
b) Evolución de las costas con acantilados

Para comprender la evolución de las costas con acantilados, es indispensable tener bien presente en el espíritu un hecho esencial: la corta duración de su modelado. Comenzaremos por desarrollar este punto.

1) Corta duración del modelado: Es la consecuencia de las oscilaciones glacioeustáticas del nivel marino. La posición actual de los mares al pie de los acantilados sólo data del final de la transgresión flandriana, 5 a 6.000 años solamente. Además, sobre las riberas tectónicamente casi estables, el máximo de la transgresión flandriana, el Dunkerquiano, ha estado caracterizado por un nivel marino un poco más elevado que el actual, a una cota de + 1,5 metros aproximadamente. A lo largo de las costas rocosas, esta débil diferencia sólo reviste una débil importancia, menor que a lo largo de las costas playas, como lo veremos más adelante. Sin embargo, ella ha permitido un ataque más fácil de los acantilados al ser superior la profundidad del agua a su pie, las olas estar menos frenadas y las rompientes más violetas Es sólo apenas sobre las costas calcáreas tropicales que el Dunkerquiano está bien marcado, bajo la forma de una muesca por encima del actual.

Durante la regresión preflandriana, hasta una cota de unos -100 metros, la actual plataforma continental estaba emergida. Las rocas allí han sido sometida a la meteorización, alteradas, fragmentadas por el congelamiento, mullidas más o menos profundamente, lo que ha facilitado las acciones marinas durante la transgresión. Al pie de los acantilados actuales, el estrán no ha surgido exclusivamente de la abrasión. Las acciones litorales actuales han sido precedidas de acciones terrestres que han preparado más o menos bien el material. La transgresión ha permitido un verdadero barrido de estos detritos por las olas.

Pero hay más. Durante el último interglaciario (Riss-Würm), el nivel general de los mares era débilmente más elevado que el actual (6 a 8 metros). Sobre las costas un poco escarpadas, una tal diferencia representa poca cosa y la ribera actual se ubica muy cerca de esa ribera interglaciaria. Parece que, muy a menudo, los acantilados actuales están casi sobre el mismo emplazamiento que los acantilados del interglaciario Riss-Würm, como lo ha mostrado, entre otros, Guilcher para muchos puntos de Bretaña.

En un caso tal, frecuente, el anciano acantilado eemiano (interglaciario Riss-Würm), modelado por un estacionamiento del nivel marino mucho más prolongado que el actual, ha sido obliterado, durante la regresión preflandriana por procesos terrestres. En Bretaña, la crioflucción ha emplazado importantes depósitos terrestres amorfos (“head”) que acolchan el relieve inicial y lo esfuman. A continuación de la transgresión flandriana, el mar ha vuelto al pie de este acantilado, principalmente durante el máximo dunkerquiano. Las olas han atacado fácilmente estos depósito incoherentes y en gran parte los han escombrado. Muy a menudo, el perfil del acantilado muestra dos regímenes diferentes:

  • Abajo, un gradiente más empinado, abrupto a veces, donde aflora sobre todo la roca in situ;

  • Arriba, un gradiente más suave, herboso, donde la roca está todavía recubierta de materiales que tapizan el talud (antiguo acantilado eemiano) y que han sido engendrados por los procesos continentales durante la regresión.

Muy a menudo, el barrido de los detritos en la parte baja del acantilado sólo ha sido seguido de la retirada de una muy débil cantidad de roca sana. Para apreciar el retroceso de los acantilados, es esencial buscar las trazas eventuales de un tal modelado terrestre durante la regresión preflandriana.

Muchos acantilados son, como en Bretaña, formas antiguas repuestas recientemente en actividad. Su modelado ha exigido un tiempo muy superior, al muy corto del Holoceno.
2) Mecanismos de la evolución. Una costa con acantilado es objeto de tres categorías diferentes de acciones, cuya coordinación está más o menos bien asegurada

  • El modelado del acantilado por los procesos de pendiente por encima de la zona del ataque litoral.

  • El ataque litoral en el. cual se combinan los procesos que actúan en el piso supralitoral (aspersión, corrosión, choque de la rompiente) y los efectos directos de las olas, que permiten, ante todo, un transporte de partículas.

  • La reducción de la roca in situ en el piso mediolitoral (corrosión, acciones bióticas, pulido).

Estas tres series de acciones se ejercen sobre medios diferentes, recubriéndose débilmente. Son de naturaleza diferente y su intensidad no obedece a los mismos factores. Hay allí, por lo tanto, entre unos y otros, una cierta independencia, que provoca algunos desajustes. Ahora bien, el retroceso de las costas con acantilados es función de sus relaciones recíprocas.

Acción de las olas sobre la parte baja del acantilado y procesos aéreos atacan conjuntamente el talud particular que es un acantilado. De ello resulta un suministro de detritos que se detienen al pie del acantilado aguardando ser retomados por las olas. Éstas los trituran y llegan a reducirlos en parte. Otros procesos les ayudan (acciones bioquímicas, corrosión, procesos de fragmentación subaérea). El material, una vez suficientemente reducido, es transportado por las olas, ya sea a lo largo de la costa, por la deriva litoral, o bien arrastrado hacia mar adentro (se dice “dispersado”). Simultáneamente, sobre el estrán, diversos procesos atacan la roca in situ, los mismos que son susceptibles de reducir los detritos al pie del acantilado. Gracias a ellos, una cierta ablación es posible sobre el estrán, lo que tiene por efecto rebajarlo.

Para que las tres series de acciones, cuyo encadenamiento acabamos de analizar, continúen ejerciéndose, se requiere que las olas guarden su potencia al pie del acantilado. Ahora bien, si éste retrocede, el estrán se alarga de otro tanto. Superficie inclinada en gradiente suave, él frena la propagación de la marejada y provoca la rompiente. Cuando se vuelve demasiado larga, esta rompiente se produce antes del pie del acantilado, lo que disminuye, en ese lugar, la intensidad de las acciones litorales. Hay en ello una primera causa de desajuste entre las tres series de acciones definidas más arriba. Las olas pierden su fuerza al pie del acantilado, el ataque de ellas aminora y, aun, la evacuación de los detritos se hace cada vez más lánguida. Un bloqueo gradual de la evolución resulta de ello. El material se amontona y protege la base del acantilado. La acción directa de las olas y la aspersión no pueden producirse más. La acumulación de los detritos provoca una detención del llamado al vacío y un aminoramiento de los procesos de pendiente que se ejercen sobre el acantilado. Éste se estabiliza. Durante algún tiempo, su gradiente se suaviza poco a poco, por un pivoteamiento cuyo eje está situado un poco por encima del nivel de las altas mareas. Luego, se tiene un acantilado muerto que está separado del estrán por una playa formada por los detritos que él ha proporcionado y que han quedado in situ, aunque remocionados por las olas. Simultáneamente, sobre el estrán, se produce una sedimentación, alimentada, ella también, por lo que proviene del acantilado, y que es transportado en suspensión por las olas. Una vez generalizada y espesa de algunos decímetros, la cubierta así formada protege a la roca in situ. El estrán deja de descender y aun, por el contrario, puede elevarse. El frenado de las olas es mejor asegurado y la energía disponible a causa de la rompiente al pie del acantilad se reduce todavía. La tendencia hacia la estabilización es reforzada por esta retroacción.

Una tal evolución hacia la estabilización se produce, por supuesto, gradualmente. Las cosas son particularmente bien visibles a lo largo de las costas con marea. Durante un tiempo, la acumulación de los detritos al pie del acantilado da una playa que está enteramente sumergida durante todas las altas mareas, lo que permite el ataque del acantilado en alta mar. Luego, la playa se ensancha y se eleva, de modo que el mar sólo la recubre en ciertas mareas. A continuación, las olas no alcanzan el pie del acantilado sino en tempestades excepcionales coincidentes con grandes mareas.

Sobre el estrán, se notan también etapas sucesivas hacia la estabilización. Ellas permiten, por otra parte, la realización de aplanamientos. En efecto, cuando el acantilado es vivo, hay siempre al menos algunos plaqueados de material incoherente sobre el estrán. Pero se localizan en depresiones que los protegen y son poco extensos y poco numerosos. Durante ese tiempo las cabezas de roqueros intermediarios continúan siendo atacadas por los seres vivientes, el pulido, la corrosión y poco a poco se reducen. Así el aplanamiento se perfecciona gradualmente. Luego, cuando las olas pierden su vigor, se vuelven cada vez menos capaces de evacuar lejos, sea a lo largo de la costa, sea hacia mar abierto, los detritos surgidos del pie del acantilado. Los plaqueados de material incoherente se extienden y se espesan. Ese acolchonamiento llega a obstaculizar gradualmente el ataque de la roca in situ. La estabilización se cerca.

(Continuará)

Fuente: Corresponde a los “Apuntes de Geomorfología fundamental” titulados “La dinámica de la Tierra” (Santa Rosa,1986) del Profesor Dr. Augusto Pablo Calmels

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