Notas a una instalación de carlos runcie tanaka1




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Las respuestas sensibles. ¿Cuál es el lugar del arte en ellas?40


Bibliografía citada
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Vargas Ugarte, Rubén, S.J. 1967. Santa Rosa en el arte. Lima: Sanmarti.
Villacorta, Jorge. 1990. “Dos formas de vida”. Oiga. Lima, 5 nov.
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1El presente ensayo es la versión algo corregida del que en 1997 acompañó la participación de Carlos Runcie Tanaka en la I Bienal Iberoamericana de Lima. Literalmente: el texto fue incorporado por el artista a la obra ubicando varias ejemplares anillados en una “sala de lectura” que daba inicio a su instalación e incluso reproducía ciertos aspectos de ambientación característicos de ese montaje. Aunque informalmente circularon fotocopias de aquel escrito, las dificultades de los tiempos lo mantuvieron inédito. En coherencia con el tema y sentido de su argumentación, esta publicación actual puede ser acaso percibida como otra exhumación simbólica.

2  Runcie 1997a.

3Previamente Runcie había realizado montajes relacionados en la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid (La espera) y el Museo Pedro de Osma de Lima (Cien rosas para cien esperas).

4  Proceso que culmina en un insólito autorretrato integrado a los volúmenes de una estela funeraria. Al respecto, véase Gris 1985. (Mantengo el uso del pseudónimo en ese artículo por mi discrepancia actual con la adolescente vocación provocadora de alguna frase en la que se niega el uso de simbologías prehispánicas en la pintura de Szyszlo. Una torpe boutade que sin embargo no invalida la argumentación central de ese texto. Espero).

5  “Herbert Allen Giles”, escribe Borges, “cuenta que quienes ocultaron libros fueron marcados con un hierro candente y condenados a construir, hasta el día de su muerte, la desaforada muralla.” Resulta inevitable asociar esos cuerpos quemados con los tatuajes al fuego de los personajes de Runcie, quien probablemente no tuvo presente tales líneas, sin embargo. (En realidad fueron cerca de tres millones de personas las que realizaron trabajos forzados para inmortalizar la memoria del emperador).

Las reflexiones de Borges, redactadas en 1950, preceden en treinticuatro años al hallazgo del “ejército invisible” de Quin Shin Huang. En 1990 se descubrió otra masiva disposición funeraria de soldados de terracota, esta vez escoltando al cadáver del emperador Jing Di, muerto el año 141 AC. Pero ellos también acompañan la gran tumba colectiva de los diez mil prisioneros que realizaron esos trabajos, cuyas osamentas aún hoy exhiben –casi como un atributo– las cadenas de su servidumbre. Aunque Runcie ignoraba la existencia de este segundo grupo de figuras, es con ellas que su propio trabajo guarda mayor relación formal, tanto por su menor tamaño como por sus rasgos poco diferenciados.

6  Es el propio Walter Alva (1994: 321) quien –aunque muy al pasar– sugiere la relación entre ambos despliegues funerarios, señalando al mismo tiempo el carácter adicional de ofrendas que las piezas de Sipán adquieren en cumplimiento del papel de psicopompos, es decir de acompañantes espirituales en el viaje al más allá.

7  “Una presencia que fue capaz de ejercer no sólo un férreo control sobre el aparato estatal sino también de imponer una exigencia de obediencia absoluta al cosmos y al todo social. Los visitantes iban al encuentro del viajero que venía desde el fondo de los siglos, luego de atravesar los reinos de la muerte. Querían descifrar un mensaje surgido de profundidades impensadas. […N]o nos asombra que el ingreso a la exhibición del Museo de la Nación tuviera por momentos las características de una peregrinación en pos de los orígenes” (Hernández 1994). Peregrinación que por el uso del lenguaje pareciera confundirse con la exhumación psicoanalítica del inconsciente.

8  Oquendo 1997. (Los últimos términos son míos). La ocasión era el retorno al Perú de las ofrendas y restos encontrados en las tumbas de Sipán tras su restauración y estudio en Alemania. Cabe aclarar que las prácticas aquí criticadas muchas veces escapan a la mejor voluntad de los científicos y arqueólogos involucrados en la necesaria y notable labor de investigaciones como las llevadas a cabo en Sipán.

9  “Si el pasado fue glorioso, el futuro será nuestro”, reza uno de sus estribillos culminantes, vinculando al Señor de Sipán con el Che Guevara, cuyo famoso lema revolucionario (“El presente es de lucha, el futuro es nuestro”) se ve sesgadamente citado. Abundan ejemplos aún más indicativos. La Cantata del Señor de Sipán se presentó a mediados de 1992 en la propia Huaca Rajada donde se efectuaron los hallazgos de Sipán.

10  “A través de su cerámica”, escribe Jorge Villacorta en 1990, “Runcie Tanaka parece perseguir una reconciliación entre el mundo urbano y el mundo natural. Lo que sale de sus manos interpela los procesos industriales de producción en masa y hace eco de formas y tiempos orgánicos”. “Creo que al final”, explica tres años después el propio artista, “lo más interesante es que las piezas puedan de alguna manera hacer alusión al contexto natural de donde podrían haber surgido” (Runcie 1993).

11  “Chavín de Huántar” fue el nombre de batalla utilizado para la recuperación militar de la residencia del embajador japonés a través de un sistema de túneles. El apelativo intentaba establecer una relación propagandística (pero también esotérica) con las cámaras subterráneas donde se efectuaban los sanguinarios ritos de ese primer y terrorífico estado andino. Néstor Cerpa Cartolini, el ultimado líder de la toma de la sede diplomática, porta sobre sí el prestigio de haber sido uno de los conductores y sobrevivientes de la prolongada ocupación sindical de la fábrica textil Cromotex que el 4 de febrero de 1979 culminó con un operativo policial donde seis obreros y un oficial encontraron la muerte. Considerado entonces una causa célebre y un hito extremo, las repercusiones de aquel enfrentamiento se vieron rápidamente desbordadas por los desastres de la guerra (civil) iniciada apenas un año después.

El vínculo entre los sucesos de Cromotex y los de la residencia japonesa se ve reforzado por el propio Cerpa al asumir para esa acción terminal el nombre de una de las víctimas de 1979: Hemigidio Huerta, quien ya malherido habría pedido a sus compañeros que sobre los vidrios del vehículo policial que los llevaba presos escribieran con su sangre la denuncia de lo acontecido. La frase “tomen mi sangre” sería luego integrada a imágenes y lemas fuertemente asociados a mesianismos andinos. Al respecto, véase: Sindicato Cromotex, s.f. Para una versión radicalmente opuesta sobre los hechos allí narrados, así como sobre Néstor Cerpa y la toma de la residencia del embajador del Japón, puede consultarse el testimonio oficial publicado por el entonces Presidente del Comando Conjunto (Hermoza Ríos 1997), hoy en prisión por acusaciones de corrupción y otros delitos durante la dictadura de Fujimori y Montesinos.

12  Conversaciones con Carlos Runcie Tanaka, julio-agosto 1997.

13  “No esculpimos una sola línea, y no colocamos una sola piedra- / pero lo dejamos a solas con su gloria”. (Esta y todas las demás traducciones son mías). Aunque incorrecto en casi todos sus detalles, el poema acierta en el espíritu de los hechos, aclara la Enciclopedia Británica.

14  Vargas Ugarte 1967.

15  Lo que los ladrones dejaron atrás fue lo único de verdadero valor, desde ciertas perspectivas por lo visto ya no tan dominantes. (En el mismo altar –el “altar de los santos peruanos”– se exhiben también las calaveras de San Francisco Masías y San Martín de Porres, pero es la de Santa Rosa la que ocupa la privilegiada ubicación central).

16  Es el propio Girard (1993) quien establece la necesidad de una administración autónoma y consensuada de la justicia para la superación efectiva y no-traumática de la institución sacrificial.

17  “La violencia escondida de la crisis sacrificial eventualmente tiene éxito en destruir las distinciones, y esta destrucción a su vez alimenta a la renovada violencia” (Girard 1993: 49).

18  Runcie 1985. Véase también Runcie 1993: “En vez de lograr esta superficie tersa, pulida, vidriada, estoy reventando la masa, agrediéndola, metiendo piedras, pedazos de arcilla ya quemados, sílice, cuarzo. Distintos elementos para reventar esta materia. Salirme de las reglas”.

19  Cit. en Página Libre 1990.

20  Castrillón 1987. (El énfasis es mío). Poco después el mismo autor (Castrillón 1989) daba cuenta de la densidad de los nuevos procedimientos: “algunas de estas formas […] dejan ver grandes grietas producidas por el calor excesivo o el espesor de la arcilla que la tradición considera falladas. Carlos Runcie parte de esta desventaja para hacer una propuesta nueva: las grietas, como las rajaduras de los Queros (vasos de madera incas), se unen o se cosen, sin disimulo, haciendo notar los tachones y la herida como signo que nobiliza al objeto. Esto tiene que ver con el tiempo: la pieza entra varias veces al horno, adquiere varias pátinas y al fin termina cargada de años. Entra una y otra vez como buscando nuevas vidas o nuevas experiencias. En este proceso puede agrietarse, pero es ‘cosida’ (no parchada), es replanteada. Tiene, pues, su pequeña historia”.

Lo que ahora interesa es cómo esa “pequeña historia” evoluciona hasta articular una historia grandiosa y trágicamente otra. “No tengo una propuesta”, podía declarar el propio Runcie todavía en 1993: “no hay un comentario probablemente sobre la situación de mi país en este momento. Uno ve una muestra mía y probablemente son espacios más contemplativos, espacios para penetrar, ingresar en ellos y de repente percibir nuestra propia corporalidad” (Runcie 1993). Corporalidad que con el tiempo su obra revelaría históricamente adolecida y doliente. Política.

21  En esto sigue a Imina von Schuler-Schoemig (1984), no sin antes plantear diferencias con algunos detalles de su argumentación interpretativa (Morgan 1991: 184). En una dirección parecida apuntan las reflexiones de Alva (1994: 135) sobre los ceramios en las tumbas de Sipán y sus relaciones con la conocida iconografía Mochica, asociando incluso la piel decorada de los llamados “prisioneros” en uno y otro contexto. Asociación que libremente podemos extender aquí a los personajes ‘tatuados’ de Runcie.

22  “A veces pienso”, dice el expositor, “que esta instalación es un ejercicio de interpretación crítica de ese poema, como los que continuamente me veía obligado a hacer en los cursos de literatura inglesa en el colegio”. Conversaciones con Carlos Runcie Tanaka, julio-agosto 1997.

23  Conversaciones con Carlos Runcie Tanaka, julio-agosto 1997. Runcie acumula experiencias formativas tanto en el Japón como en Europa y los Andes. La imagen del crustáceo antropomorfo es una de las piezas mayores descubiertas en Sipán, y Alva (1994: 190) nos recuerda la frecuencia con que ella aparece combatiendo con la deidad suprema en la iconografía Moche.

24  Arribo o retorno: una cierta teoría identifica a los primeros peruanos con supuestos navegantes ultramarinos provenientes del Japón. Así al menos lo sugiere el Museo de la Inmigración Japonesa en Lima. Y lo reafirma simbólicamente el hecho que el primer monumento a Manco Cápac en nuestra capital haya sido donado por la colonia nipona, aparentemente bajo la convicción de que el fundador del Tawantinsuyo era japonés. Todo lo cual proporciona un curioso trasfondo a las polémicas sobre la nacionalidad y el lugar de nacimiento del fugado dictador Alberto Fujimori. Y un contexto incisivo al propio trabajo de Runcie.

25Cit. en Villacorta 1994.

26  En por lo menos dos instalaciones el cangrejo se ofrece de modo explícito como ofrenda. En ambas se trata de una ordenada hilera de personajes que en número de siete –número genésico y cabalístico– portan precisamente cangrejos en una de sus manos, o bolas de tierra alusivas a las demarcaciones de sus procesos digestivos y territoriales. Los dedos de la otra mano van marcando la secuencia numérica. Estos trabajos llevan los significativos nombres de
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