Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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3. LA GRAVEDAD DEL PECADO (1.8-11)

Cuando se habla de pecado, es necesario hacer alusión a la gravedad que este tiene para poder comprender el por qué las consecuencias tan funestas que le sobrevinieron a Israel, el pueblo escogido por Dios. La revelación escritural acerca de la naturaleza del pecado está presente en la historia. En Génesis capítulo tres se atribuye a la caída del hombre luego de hacer caso omiso a la voz de Dios, es allí donde se da origen del pecado en la raza humana. Varios hechos se pueden determinar:

  • Dios no es el autor del pecado, sino que el pecado es propuesto, primero como sugerencia, después abiertamente, por la serpiente, asunto que fue tomado libremente por parte de la primera mujer (Santiago 1.13-15).

  • El pecado de ella inició con la duda en cuanto a la justicia del mandato de Dios (no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal).

  • El acto pecaminoso que resultó de un deseo racionalizado fue uno de directa y voluntaria desobediencia a un mandato expreso de Dios.

  • El primer acto de pecado efectuado por el hombre, dio como consecuencia inmediata un sentimiento de vergüenza de la desnudez y el intento subsecuente de esconderse de Dios.

  • Al pecado le sigue la maldición divina sobre la serpiente, la tierra, el hombre y la expulsión de la comunión de este con Dios. Y la pena de muerte se inflige sobre la humanidad que desciende del primer hombre (Génesis 4-6).

A partir de ese momento, el hombre corrompe sus caminos en la tierra y su extrema maldad provoca continuamente el juicio de Dios, ejemplo de ello es el diluvio (Génesis 6), donde Dios manifiesta su indignación por el pecado del hombre; la destrucción de Sodoma y Gomorra, historia que sirve para recordar a las demás generaciones de la destrucción que espera a aquéllos que viven en pecado irrefrenable y en corrupción (Génesis 13.13, 18.20, 19.1-29).

El pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto, hecho que es símbolo de la libertad de la esclavitud del pecado. Sin embargo, y a pesar de las grandes manifestaciones del poder salvador de Jehová, ellos se rebelan una vez tras otra. El momento donde se inició una disputa continua entre Dios y su pueblo, inconcebible ciertamente, es cuando Dios llama a Israel como un pueblo especial, entregándole la ley en el Sinaí, y ellos manifiestan en forma aberrante, si se quiere, su pecaminosidad adorando un becerro de oro (Éxodo 32).

Lo anterior, lleva a establecer que la conciencia, de que el pecado tiene sus raíces en las partes más profundas del ser del hombre, esto es, en el corazón, es una verdad que se expresa a lo largo de las Escrituras (Génesis 6.5; 1º Reyes 11.9; Proverbios 6.14; Eclesiastés 8.7, 9.3; Jeremías 17.9; Marcos 7.14-15, 18-23).

El pecado es en términos generales, la rebelión contra la gracia del pacto. Por esta razón, no sólo consiste en acciones erradas de parte del hombre, sino que es una condición común a todos los hombres que están por naturaleza muertos en pecados y son hijos de ira (Romanos 3.23; Efesios 2.1-3). El hombre ha de enfrentarse a una naturaleza que le lleva a pecar: su humanidad, es decir, al estar en la carne se ve abocado a pecar (Gálatas 5.19-21). Bien decía el apóstol Pablo: “miserable de mí…” (Romanos 7.24), pues para él, al estar en este cuerpo de carne no se puede agradar a Dios, esto es: por mucho esfuerzo que el hombre quisiera hacer, la carne le lleva a pecar, ya que no se conforma a la Voluntad de Dios (Romanos 8.5-8), lo cual le lleva a la muerte espiritual, alejamiento total del Señor.

Por otro lado, es interesante observar algunos términos para pecado en el hebreo, como: “hata’ que indica “errar al blanco, tropezar, faltar moralmente” y se aplica a un pecado exteriormente visible y tangible. Pas’a que designa el pecado acentuando generalmente la rebelión contra Dios. Y ʻawon, el cual recalca, sobre todo, el mal espiritual, la mala intención y luego la culpa.” 46 Desde esta perspectiva, se puede decir, que Israel aplicó en carne propia los tres, puesto que faltaron moralmente al pacto establecido por Dios y aceptado por ellos, rebelándose voluntariamente (y con mala intención), contra aquél que les había dado su amor y protección.

En el griego se utilizan varios términos, de los cuales dos son los más utilizados e importantes: “hamartía que designa el obrar contra algo que está establecido de antemano, sean costumbres y leyes, como contra alguien, en este caso Dios. Y por otro lado, está adikía que indica las acciones injustas del hombre y la injusticia en sí (falta de veracidad), que el hombre comete contra otros. En ambos casos, la característica visible es que el hombre se halla bajo el poder del pecado.” 47

En resumen, alguien que peca está rompiendo un pacto establecido, rebelándose contra un Dios Santo, el cual eligió un pueblo para sí con el objetivo de que su nombre fuera conocido en la tierra y su gloria exaltada. Así mismo, es muestra de la mala intención en el corazón del hombre que le lleva a ser injusto, y como resultado, a actuar de la misma manera, dando a entender claramente que su condición le lleva a estar bajo el poder del pecado mismo. Este es astuto y se dirige contra la persona de Dios y le alcanza, abofeteando su amor. Además es un mal en el hombre que le priva de la verdadera vida y lo pone bajo el dominio del enemigo, puesto que el pecado posee en sí mismo un poder pervertidor y destructor que lleva al hombre a convertirse en un ser depravado, desorientado y sin razón.

Asuntos como la apostasía y adulterio espiritual, rechazo a la palabra de Dios, la autojustificación, la autosuficiencia, la total independencia de Dios, proceden del corazón, alimentan la carne y destruyen finalmente al hombre. Por ellas, viene la ira de Dios quien ha establecido un único camino: Cristo y la obediencia a su Palabra. Por último, y para continuar con este primer capítulo de Lamentaciones, se puede decir que en el pecado existe el elemento de la voluntad, pues frente a cualquier orden, consejo, palabra, el hombre ha de tomar una decisión; en cuanto al pecar, no es la excepción, el hombre tiene la responsabilidad delante de Dios de lo que hace o deja de hacer. Lo que es más, este hecho, implica conocimiento. Pablo lo afirma y manifiesta en varios textos de su epístola a los Romanos, 4.15:“porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión”; 3.20: “porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado”; 7.7: “¿Qué diremos entonces? ¿es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARÁS”.

Ahora, también es esencial decir que la incredulidad es la esencia del pecado. Significando ésta el rechazo de la luz moral y espiritual contenida en la revelación de Dios dado a través en primer lugar, de la Palabra de Dios (la ley) y en segundo lugar, la revelación final en Cristo Jesús. Este rechazo deliberado, voluntario y malicioso de parte del hombre a la revelación de Dios, empecinándose de manera obstinada en llamar a lo malo bueno, le lleva al suicidio espiritual y su ruptura definitiva y/o eterna en la comunión con el Creador.

La expresión del profeta: “En gran manera ha pecado Jerusalém…” (Lamentaciones 1.8ª. Versión Biblia de las Américas), es muestra de la pecaminosidad o malicia del pecado, al punto en que termina la oración diciendo: “por lo cual se ha vuelto cosa inmunda” (Versión Biblia de las Américas). El pecado llevó al pueblo de Dios a ir en contra de los principios divinos y terminó en la oscuridad. El término “cosa inmunda”, en la reina Valera 1960, equivale a: “ha sido removida”. Esta traducción de la Biblia de las Américas, debió ser usada acorde al contexto mismo del verso, puesto que “vergüenza” en el hebreo es ervá y significa “desnudez, desgracia, defecto, indecente, inmundo.” 48

Todos los que en algún momento apreciaban la grandeza del pueblo de Dios, encontraron en él inmundicia y ahora ellos mismos lo menospreciaron debido a lo vergonzoso de su situación y a la pérdida de su hermosura. “Removida” viene del hebreo nidá que significa “exilio.” 49 Dios había estipulado como pago a la afrenta de su pueblo, regresarlo a la esclavitud y expulsarlo de la tierra que le había dado. ¡Cuánta pérdida y en tan poco tiempo! No había nada que hacer, Él lo había advertido anticipadamente a través de su siervo. Lo único que expresa el texto en su parte final es la manera como se sumieron en gemidos llenos de dolor y enfrentaron su expulsión sin ninguna oposición “y se vuelve atrás”, es quizá la expresión que manifiesta a un pueblo rendido totalmente a un cruel destino que les esperaba, perdiéndose toda esperanza de recuperación. Destino que ellos mismos hicieron realidad por causa de su terquedad y dureza de corazón.

“Su inmundicia está en sus faldas”, enuncia una vez más la condición de impureza en la que hallaba la nación judía. El término “faldas”, del hebreo shul significa “colgar hacia abajo.” 50 La falda es una prenda femenina cuya finalidad es cubrir la intimidad y desnudez de la mujer. De cierta forma es hablar de pureza y fidelidad. Por ello, se puede decir que era tal su injusticia que estaba cubierto totalmente por el pecado, pues había sido infiel a su esposo perdiendo su honra y habiéndose acostado con un amante. Su estado les llevó al punto que no se acordaban de lo fatal que había de ser el fin de su iniquidad. Y en su desesperación no tenía la forma de afianzarse de las promesas de Dios tocante a su final. El dolor y aflicción más grande que podía tener el pueblo judío, era enfrentarse a la humillación pública delante de sus enemigos, los cuales ahora los había sometido bajo su poderío y llevado como esclavos.

La expresión: “Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido”, sugiere concretamente este asunto. El panorama era tan desolador que ellos eran conscientes de que no tenían quien los levantara, pues su pecado los había llevado a perder cualquier tipo de esperanza, toda vez que conocían las consecuencias, aunque por un momento no las tuvieron presentes, que debían sufrir al romper tan atrevidamente el pacto con su Señor.

El término “Consolar” viene de naham que significa, en la forma del Niphal “arrepentirse, conmoverse, sentir compasión, desahogarse con un castigo.” 51 Cuando el texto menciona “no tiene quien le consuele”, se está refiriendo al hecho de que Dios, de cierta manera, les había dado la espalda por el momento y que no estaba dispuesto a olvidar el pecado de su pueblo amado. ¡Cuál sería el dolor suyo al ver que su pueblo lo había dejado y cuánto más el tener que dejar que sufriera a manos del enemigo!

Desde la perspectiva del pueblo, ellos definitivamente se dieron cuenta que Dios no iba a arrepentirse ni compadecerse del mal que había dispuesto para su pueblo como forma de disciplina por el obrar fuera de su Voluntad violando el pacto. Esto da claramente a entender el significado de “desahogarse con un castigo”. Los mismos judíos comprobaron que la Ira de Dios, anunciada tiempo atrás, estaba dando su resultado, pues el pecado es una afrenta a su Santidad y la queja: “Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido”, lo corrobora.

En este orden de ideas, en la forma Piel significa “tranquilizar.” 52 Es de resaltar, que un pueblo como Israel, en medio de aflicción, no tenía quien le trajera calma a su pena. En el verso diez, por ello se describe como el enemigo se apropió de todas sus pertenencias, las cosas más preciadas y valoradas por la nación judía, aparte que profanaron la casa de Jehová, el lugar que había sido consagrado para que su presencia estuviera en medio de su pueblo, en el cual como dice la Escritura: “…tu mandaste que no entrasen en tu congregación” (Deuteronomio 23.10; Isaías 64.10-11; Jeremías 51.51).

El pueblo tocó fondo, cuando, de ser uno que proveyó asistencia a otras naciones en sus necesidades, ahora se había convertido en un mendigo, el cual entre gemidos estaban dispuestos a entregar sus tesoros con la finalidad de tener algo para alimentarse.

Nuevamente sale una queja delante de Dios: “Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida”. Era ese grito lastimero que ponía de manifiesto el gran sufrimiento que había en quienes estaban viviendo esta situación bastante caótica.

“Abatida” viene del hebreo zalal, que en el Niphal significa “temblar, estremecer, escurrirse.” 53 En este sentido, se puede dilucidar que el pueblo de Israel estaba alterado o sobresaltado en su ánimo, a causa de todo lo que les estaba sucediendo, algo que para ellos era extraordinario e imprevisto, por cuanto no esperaban que llegase a suceder la hecatombe sufrida.

Sufrieron una repentina sacudida, que puso su existencia totalmente fuera de sí, al punto que, si hubiera estado en sus manos, habrían escogido escapar de allí para salvar sus vidas. Su temor se había hecho realidad, estaban completamente solos, volcados a su suerte debido a su grave transgresión. Ahora estaban en una situación de desventaja que les causaba desazón, pues debían buscar la manera de sobrevivir.

Cuántas veces, como pueblo de Dios en la actualidad se da este mismo cuadro: por ir en contra de la Voluntad de Dios y su Palabra, se ponen en riesgo sus principios tratando de justificar el pecado y así poderse vivir un pseudoevangelio o evangelio acomodado a la necesidad humana. Hoy la Iglesia, la compañera de Dios, su propia esposa, es quien quiere poner las normas a seguir en la vida cristiana, evadiendo que éstas fueron establecidas desde antes de la fundación del mundo. Cristo mismo vino a la tierra para manifestarlas y para que fueran acatadas incondicionalmente por todos aquellos que se acercan a Él.

Ahora, en la forma del Qal, el término toma la connotación de vil, indigno o pródigo. En este sentido, es curioso que al observar años más tarde (en el Nuevo Testamento), Jesús refiere una parábola: la del hijo pródigo (Lucas 15.11-32). Aquél que teniéndolo todo al lado de su padre, menosprecia lo que le fue dado, lo despilfarra con sus, entrecomillas “amigos”, los cuales le abandonan, dándole la espalda cuando pierde todo. Quien al final termina comiendo con los cerdos para poder sobrevivir y que en medio de su infortunio, recordaba la abundancia en casa de su padre en comparación con el hambre que estaba padeciendo por su necedad.

Al realizar una comparación, no dista mucho de la situación en la cual Israel se hallaba, prácticamente es un retrato fiel. Es el hijo pródigo, envilecido por el pecado e indigno ante Dios que había perdido su norte al romper el pacto con el único y verdadero Dios, quien era Padre y Esposo a la vez, y sustentaba y protegía a sus amados cada día. Para su desgracia, ellos dejaron de servir y adorar al Dios de la bendición, cambiándolo por el servicio y adoración a la bendición que les había concedido.

Se hicieron despreciables, es decir, eran tenidos en poco, menospreciados al punto que se les juzgaba por deshonestos. Por su pecado el nombre de Dios fue profanado hasta por las naciones vecinas, pues todo lo que estaba consagrado a Jehová, había sido irrespetado y usado para deshonra, primeramente por Israel, y por ende por éstas. ¡Cómo no había de airarse el Señor frente a semejante desatino de parte de su pueblo!

Según el panorama visto hasta el momento, el pueblo de Dios estaba perdido, no tenía salida, no tenían ninguna esperanza, estaban completamente en agonía.

Por otro lado, ¿Cuál es la condición de la Iglesia hoy? ¿Se puede hacer un cuadro comparativo entre lo que sucedió a Israel y lo que puede estar sucediendo en la Iglesia de Cristo hoy?

4. UN LAMENTO LLENO DE DOLOR Y AGONÍA (1.12-17)

Al realizar el análisis del siguiente párrafo, se descubre que todo no queda allí. Israel profundiza más su agonía. El inicio del verso 12, se manifiesta una pregunta prácticamente sin respuesta: “¿no os conmueve a cuantos pasáis por el camino?”. Era tal su desgracia, que necesitaban que alguien lo reconociera y pudiera compadecerse de su situación. “Conmover” viene del hebreo lo, que se traduce como “ignorar, carecer, desconocer.” 54 Acorde al contexto de la pregunta, el sentido aquí tiene que ver con la actitud de quienes fueron amigos y de los transeúntes que se beneficiaban del paso comercial y otros asuntos que Jerusalém representaba para todas las naciones vecinas, y que ahora carecían de compasión por lo sobrevenido al pueblo israelita. Por el contrario, les agredían con menosprecio, ignorando y desconociendo todo lo que significaron en un momento.

Era tal vez la queja de un pueblo que había confiado de “buena fe”, en su pensado buen juicio al respecto de éstas. Pero la Palabra es muy clara cuando Jeremías escribe en el capítulo 17.5: “Así ha dicho Jehová: maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová”. Israel confió en el hombre y no en Dios, seguía buscando el alivio en la mano de los hombres y descubrieron que para ellos no había atención de parte de ninguno. Por esta razón, ante este cuadro, el mismo Jeremías confronta la mala perspectiva del mismo hombre y afirma: “Bendito el varón que confía en jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que junto a la corriente echará raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará ni dejará de dar fruto” (Jeremías 17.7-8).

Es esencial entonces, entender que cada vez que el pueblo se alejaba de Dios para vivir de acuerdo a su voluntad caprichosa, sometiéndose a otros principios fuera de lo establecido por Él, se veía afectado profundamente en todo sentido, al quitar su mirada de la persona de Dios y no poder llevar el fruto correcto, pues separados de Él nada se puede hacer (Interesante es que para la iglesia hoy, este mismo principio se convierte en una realidad sin objeción -Juan 15.5-).

Su clamor era tan fuerte hacia otros, que sus palabras “Mirad y ved” salen con gran desilusión muestra de la impotencia que sentían al verse acorralados. Estos dos términos están conjugados gramaticalmente en el modo imperativo denotando un mandato que se debe cumplir de manera inmediata. Su sentido dentro del texto mismo, habla de la necesidad imperante que tenía el pueblo de llamar la atención de quien tal vez podría ayudarle a salir de su estado sombrío.

Así mismo, se puede puntualizar su sinonimia, mostrando el énfasis que se pone en el hecho de fijar su atención sobre lo que estaban viviendo: un dolor sin precedentes. “Mirar” viene del hebreo nabat, cuyo significado es “examinar, mirar intencionalmente, considerar con favor o atención.” 55 Y “ver” viene de raá, que indica “considerar algo en forma de reflexión.” 56 Según lo anterior, estaban esperando que quienes pasaban por el camino, consideraran bajo un buen examen y reflexión, el dolor que sufrían, para así determinar en forma de comparación, la no existencia de un dolor más grande que el de ellos como nación; y de esta manera, pudieran darles la mano y sacarles de su desesperanza.

Se puede afirmar una vez más: su confianza estaba puesta sobre hombres. Esto se dio posiblemente debido a su consideración que, Jehová Dios era quien les había afligido en su ira por causa del pecado. Las siguientes palabras lo pueden corroborar: “me ha angustiado” (vs.12c); “envió fuego” (vs. 13ª); “ha extendido red”, “me volvió atrás” (vs. 13b); “me dejó desolada” (vs. 13c). Así pudieron haber pensado que, si aquél que siempre estuvo de su lado, ahora había desatado su ira sobre ellos, tal vez otros podrían ayudarles a salir de su tribulación.

Posiblemente, a su parecer, no merecían nada de parte de Dios, pues su conciencia les acusaba continuamente por haber roto el pacto con alguien tan especial que lo único que había hecho era beneficiarles totalmente. Es decir, el pueblo reconocía haber sido infiel, al punto de saber que se estaba cumpliendo sobre ellos lo dicho por el profeta Jeremías, quien les advirtió con anterioridad lo que había de ocurrir si no obedecían la voz de Dios.

Todo lo que estaba sucediendo no era más que consecuencias naturales a su bajeza y ruptura de la relación que sostenían con Jehová de los Ejércitos. Expresiones como: “el yugo de mis rebeliones” (vs. 14a), “ataduras ha echado sobre mi cerviz”(vs. 14.b), “ha debilitado mis fuerzas” (vs. 14c), “me ha entregado” (vs. 14.d), “ha hollado” (15.a), “llamó contra mí” (vs. 15b); manifiestan precisamente unas consecuencias nefastas, si se quiere, y que no tenían reversa en el corazón de Dios. El yugo (vs. 14.a), hace referencia a ese dominio que llegó a tener el pecado sobre la vida cotidiana del pueblo de Israel. Una pesada carga, un lastre, que pudieron evitar si hubieran creído y obedecido la Palabra que venía de Dios. Por ello, su rebelión fue continua, pareciese como si hubieran sido títeres, personas sin voluntad en manos del pecado, que no podían ni siquiera tomar la decisión de ser libres. Por esto, es claro: el hombre cuando decide alejarse de su Creador para vivir su propia vida, en cierta forma se convierte en ello, un ser que sólo obedece ese algo que le causa placer, uno que es efímero y que sólo le lleva a hundirse más y más en la maldad, y lo que esta trae tras de sí: una horrenda expectación de juicio (Hebreos 10.26-27). Dentro de lo que se puede considerar como juicio de Dios, se han de mencionar varios asuntos a tener presente:

  • Las ataduras fueron echadas sobre su cerviz” (vs. 14b). Es decir, Dios utiliza la adversidad con el propósito de lograr que su pueblo por fin agachara su cabeza y se humillara delante de Él. Estas ataduras significaba la aglomeración de pecados a su favor, lo que se llegaba a convertir en una fastidiosa carga. Esto debido a que el pueblo llegó a decirle a lo bueno malo y a lo malo bueno (Isaías 5.18, 20-23), queriendo manipular las cosas a su arbitrio.

  • Ha debilitado mis fuerzas” (vs. 14c). El hombre siempre ha considerado tener la capacidad de hacer todo por sí mismo, sin la necesidad de ayuda. Y lo que es más serio y peligroso sin tener en cuenta a Dios. En este pasaje sin embargo, Jehová muestra una vez más al su pueblo lo equivocado que estaba; nadie les dio una mano, al contrario, les menospreciaban y querían acabar con su existencia.

  • Me ha entregado en manos contra las cuales no podré levantarme” (vs. 14d). El imperio babilónico, el cual les había sitiado, era uno de los más fuertes y sanguinarios en la historia hasta el momento. Para ellos, a su parecer, era imposible que alguna vez pudieran volver a ser el pueblo grande que habían sido, puesto que Dios mismo estaba detrás de su angustiosa realidad.

  • Ha hollado a todos mis hombres fuertes” (vs. 15a). En la toma de Jerusalém, el capitán babilonio Nabuzaradán, mató a aquellos hombres que eran significantes dentro de Israel, y a quienes hacían parte del ejército israelí, dejando solo a los más pobres del país para ser viñadores y labradores. Se puede decir que, pagaron un precio muy alto por causa de su rebelión.

  • Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes” (vs. 15b). Cuando se menciona acá “compañía”, según el mismo contexto se puede dar a entender que se trataba del ejército babilonio, el cual penetró, esclavizando y matando a quienes consideraban un peligro para el logro de sus objetivos. Entre ellos los jóvenes quienes representan la fuerza dentro de cualquier pueblo, por su vigor y entereza para enfrentar las diferentes situaciones que se puedan presentar a su alrededor. También fueron abatidos y humillados siendo esclavizados para trabajos duros.

  • Ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá” (vs. 15c). Por último, dentro del juicio, también el pueblo en general sufrió las consecuencias inesperadas de una muerte anunciada. Este fue pisoteado, como se pisan las uvas que se ponen en el estanque para sacar su jugo. En ese proceso las uvas quedan totalmente trituradas. El sentido aquí en el texto, es la manera como Israel fue ultrajado sin ninguna consideración.

Todas estas consecuencias traen a la memoria, muchas otras tragedias que ha vivido el pueblo de Israel por sus transgresiones, tales como: la destrucción del templo en al año 70 d.C. (predicha por Jesús mucho antes de su muerte); y también, en una época más cercana, el holocausto judío a manos de Hitler líder del movimiento Nazi, entre los años 1942-1944.

Ante este panorama, ¿Será que la Iglesia de nuestros tiempos está libre de consecuencias por causa del pecado? Es razonable pensar que no. Por ello, es importante recordar lo que afirma el apóstol Pablo en la epístola a los Romanos 6.1-2: “¿qué pues diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado ¿cómo viviremos aún en él?”.

La gracia de Dios dice que el creyente ha sido salvo por la fe en Cristo Jesús, y esta fe le lleva a vivir en obediencia, de manera que se rompan las consecuencias del pecado, como expresa el autor de Hebreos en el capítulo 8.12: “Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”. Por otro lado, Pablo menciona en Romanos 6.23: “la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El cristiano hoy ha de recordar que ha sido regenerado y ha de vivir acorde a la nueva vida en Cristo, preparándose cada vez más para la vida eterna. El Señor no desea que su pueblo sea destruido y ultrajado, pero eso sí, en cuanto le dé lugar al enemigo de sus almas a través del pecado, éste sin ninguna compasión lo pisoteará e intentará dañarlo.

5. EL MISIONERO FRENTE AL PECADO COMO LA CAUSA DEL DOLOR

(1.16-22)

Para poder tener mayor claridad sobre cuál es la labor del misionero frente al pecado, se debe establecer que, su principal rasgo profético es: vivir en solidaridad emocional con Dios, en simpatía profunda con los sentimientos divinos. Por eso, su lenguaje es predominantemente afectivo: decepción, dolor, aflicción, llanto, reproches, quejas, preguntas...
El mensajero de Dios descubre en el corazón de Dios la misma condición del corazón humano: el dolor. Un dolor que es distinto de su amor y que refleja su amor hacia todos los que se van contra Él. Se trata de un amor absolutamente real, capaz de derramarse gratuitamente sobre los que le han rechazado, de envolverlos y, por decirlo así “capturarlos”. Estamos ante una “teología emocionante”, Dios se muestra íntimamente solidario del destino de la humanidad (Juan 3.16).

Existe una palabra que se aplica a las personas que son buenas: simpatía. Muchas veces no se pasa de una apreciación superficial: se simpatiza con la gente agradable, amable, sonriente. Pero la simpatía tiene un contenido muy denso: evoca todo el mundo de los sentimientos humanos, de eso que llamamos "corazón" o "entrañas" y que encierra nuestras emociones más hondas: alegría, dolor, cólera, ternura, esperanza.

La simpatía entonces, sería la cualidad que hace que alguien sienta la realidad como lo sentimos nosotros, participe de nuestros criterios, actitudes y sentires. Los mensajeros de Dios son los hombres de la simpatía. Experimentan un contagio misterioso del sufrimiento de Dios, viven una especie de vínculo íntimo con el que les reveló que Dios no está lejano ni indiferente a su mundo: es el comprometido, el cercano, el preocupado. Dios jamás es neutral, nunca está más allá del bien o del mal, siempre es parcial para la justicia. No es un espectador de la historia sino un participante. Los siervos que anuncian un hecho asombroso para nuestras imágenes tan deterioradas de la divinidad: al Creador del cielo y de la tierra le importa cómo se comporta un oscuro individuo con los pobres, los huérfanos y las viudas. A Dios se le inclina el corazón hacia el sufrimiento de la corona de la creación, los lleva en la niña de sus ojos y contagia su manera de mirar a algunos hombres: a esos a quienes la Biblia denomina "mensajeros de la Palabra de Dios".

Es necesario entonces, tener presente que a éste como mensajero no le debe sorprender el enfrentarse a semejante situación: el pecado de los receptores de la palabra de Dios. Por ello nace la pregunta ¿Qué significa para un misionero enfrentarse al dolor de las naciones, causado por el pecado, toda vez que son el objetivo de Dios para que su reino venga sobre la tierra?

El primer asunto que se debe considerar, es que Dios sí se aflige por el pecado. Génesis 6.5-6 afirma: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo su designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de hacer hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”. Para que Él haya tomado esta posición de arrepentimiento, su dolor debió ser demasiado fuerte. El término “dolió” del hebreo ‘asab, tiene el sentido de “una aflicción o sufrimiento causado por una ofensa y que en sí mismo también lleva disgusto.” 57 Como se observa, el corazón de Dios también está sujeto al sufrimiento y al disgusto dado por el pecado del hombre, el cual como ofensa, afrenta su Santidad. Así mismo, es interesante prestar atención al término najám, pues éste en su forma Niphal significa “consolarse, luego de una ofensa, a través de desahogar un disgusto con castigo.” 58 Pero a su vez, en medio de este panorama, también es posible encontrar entrelazada la “misericordia”.

Se podría pensar que es algo inverosímil, sin embargo en la persona de Dios, en correspondencia a sus virtudes y/o atributos, todo es posible. Él en medio de una ofensa hecha por el hombre puede mover su corazón hacia el cumplimiento de sus propósitos eternos, los cuales han sido decretados desde antes de la fundación del mundo. Es allí donde él obrará en justicia, pero también con amor y teniendo en cuenta su misericordia, la cual no es alcahueta con el pecado, sino que es la manera en que se puede ayudar a quien lo necesita de una manera correcta.

Se pone pues, de manifiesto que la maldad del hombre hiere profundamente el corazón de Dios, causando gran dolor. Y si eso ocurre con alguien que es creatura, ¿podrían los hijos de Dios, su amado pueblo, pensar o reflexionar, cómo será su dolor cuando éste se aleja de él y permite ser permeado por el pecado? Razón tenía el apóstol Pedro al declarar en su primera epístola: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1ª Pedro 4.17-18).

En segundo lugar, el misionero necesita comprender que debe
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