Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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Trabajo aplicativo y/o contextual (30%):

Compartir su experiencia ministerial y/o personal donde indique: “de qué manera el sufrimiento ha hecho parte de la misión que Dios le ha encomendado como mensajero del evangelio en el lugar que Dios le ha puesto. Además cómo ha sido, su sufrimiento, usado para la gloria de Dios.


  1. Evaluación Final (15%)

Ensayo: profundizar en el tema “cómo Dios obra a través del sufrimiento en el cumplimiento de sus propósitos eternos” (mínimo: dos hojas).


  1. Reporte de Lectura (20%)

Consistirá en libros que traten el tema acerca del sufrimiento en las misiones. Será distribuido de la siguiente manera: Licenciatura 300 páginas y Maestría 500 páginas. Máximo dos páginas.


  1. Asistencia (15%)

CAPÍTULO UNO

¿POR QUÉ TANTO SUFRIR?
“El sufrimiento forma parte de la vida humana,

y hace que tengamos sentimientos de impotencia

y que tomemos conciencia de lo que

realmente es la vida”.

(Enrike)


INTRODUCCIÓN

“El púlpito evangélico está en crisis. Hay entre el pueblo de Dios un lamentable desconocimiento de las Escrituras y de la aplicación de su mensaje al día de hoy. El mensaje bíblico tiene indiscutible pertinencia para el hombre en el presente, pero su proclamación no ocupa entre su iglesia el lugar que le corresponde. Vivimos en un momento difícil para la iglesia evangélica. Urge una toma de conciencia de nuestra situación. El llamado de ahora es volver a la palabra de Dios, en sumisión al Espíritu Santo. Es regresar a la biblia y al Señor que reina por medio de ella. Es cuestionar las “tradiciones evangélicas” a la luz de la revelación escrita. Es colocar todas las actividades de la iglesia bajo el juicio de la Palabra del Dios vivo. Es obedecer las claras demandas de la palabra de Dios a anunciar a todos el mensaje de Jesucristo, llamándolos a ser sus discípulos, y ser dentro de la compleja realidad social, política y económica de la humanidad, una comunidad que exprese el espíritu de justicia, misericordia y servicio que el evangelio implica.” 3

Este lamento, hace parte de un sinnúmero de cantos de dolor en la actualidad, por la forma como la Iglesia está perdiendo su brillo ante una sociedad que se debate entre la vida y la muerte.

Es notable apreciar que el pueblo de Dios parece tener una venda impuesta, la cual no permite que abra sus ojos ante una realidad latente, si no que sigue siendo entretenida por diferentes enseñanzas que se salen del contexto de la palabra. Estas han sido acomodadas de manera tal que la gente las cree como ciertas. Dentro de éstas, cabe destacar, no aparece por ningún lado lo referente al costo del discipulado y del ser ministros de Cristo: el sufrimiento. Por el contrario, los “profetas” y/o ministros de hoy, sólo hablan de “prosperidad, éxito y paz.”

En el libro de Jeremías, Dios hace proclamación en contra de los profetas que hacían extraviar al pueblo tras la maldad: “entre los profetas de Samaria he visto esta locura: profetizan por Baal extraviando a Israel, mi pueblo” (Jeremías 23.13). Lo que es más, el ejemplo de ellos no era el mejor y de hecho, apoyaban la maldad: “Entre los profetas de Jerusalém he visto algo horrible: adúlteros y mentirosos que apoyan a los malvados para que nadie se convierta de su maldad. Todos ellos se me han hecho como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra” (Jeremías 23.14). Estaban llenando de falsas esperanzas al pueblo de Dios y los estaban llevando a cometer todo tipo de maldad. El mismo Señor les dice: “Yo no envié a esos profetas, pero ellos corrían; no les hablé, pero ellos profetizaban. De haber estado en mi consejo, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y los habrían apartado de su mal camino y de la maldad de sus acciones” (Jeremías 23.21-22).

Por esta razón, se debe tener claridad en cuanto al mensaje que viene de Dios a través de una palabra verdadera: Él busca que el hombre se aparte cada día de su mal obrar y que pueda someterse bajo los principios de su perfecta voluntad expresada en la revelación escrita. El hecho de que los profetas y ministros de Dios dentro del pueblo desviaran el corazón de ellos hacia lo vano, aún sin tener en cuenta el mensaje genuino, provocó la ira de Dios y por ende el sufrimiento de éste.

Es así que: “La iglesia de Cristo no debe entender su vocación y misión profética como una aventura individual que apunte a fortalecer su papel protagónico como personaje público o como una simple empresa humana cuya rentabilidad podía garantizarle un futuro promisorio, si no como una tarea innegociable cuyo punto de partida y horizonte, tengan como centro la acción de Dios en el escenario de la historia y el cumplimiento de su voluntad soberana en un marco temporal preciso.” 4

Como pueblo escogido por Dios, se ha de comprender que su misión es pregonar el evangelio tal como él es, sin ponerle o quitarle. Ante un panorama sombrío de un evangelio más centrado en el hombre y su necesidad material, se ha olvidado del verdadero eje de éste: Jesucristo. El hecho es que la Iglesia debe tener en cuenta que para poder vivir una vida conforme la voluntad de Dios, el sufrimiento se hace una parte intrínseca de ella y debe ser entendido desde los mismos propósitos de Dios en cuanto a su redención. Por esta razón, se hace entonces necesario ver dos caras de la moneda: lo que piensa el hombre y lo que piensa Dios a través de su Palabra respecto al sufrimiento.

1. PERSPECTIVA HUMANA DEL SUFRIMIENTO

¿Por qué tanto sufrir? Es quizá la pregunta que describe la inconformidad de la humanidad entera frente a su enemigo número uno: el dolor. Nadie en esta tierra quisiera declarar que le gusta ser sometido a situaciones que le causen un dolor tan profundo que desee hasta la misma muerte para no sufrirlo, más cuando se vive en un medio en el cual se habla de éxito, prosperidad, vida, y demás anhelos que el hombre tiene en su corazón.

Esta situación nos lleva a considerar que el hombre de hoy es hedonista en todo el sentido de la palabra. Hedonismo significa “placer”. Esta doctrina nace en la antigüedad a través de Aristipo

de Cirene y fue seguida por Epicuro de Atenas. Su proclama es que la felicidad es el fin supremo en la vida del hombre, estando ausente el dolor y sufrimiento.

Mientras la filosofía de Aristipo llevaba este súmmum bonum solamente a lo sensorial, Epicuro lo veía más desde el reposo personal en todas las demás áreas de la vida. Es decir, no propuso una vida desenfrenada, si no en saber disfrutar los placeres con moderación, gozar de la amistad, del conocimiento, la sobriedad, la tranquilidad y la experiencia espiritual.

El hombre de hoy entonces, vive en una sociedad que está obligándole a la felicidad como única meta válida de su supervivencia. En los diferentes medios de publicidad y comunicación, está siendo bombardeado por: “tu meta es la felicidad”. Esta llamada “felicidad”, según el ámbito social, se plantea como el remedio definitivo para que el ser humano supere sus fracasos en la vida, le hace vivir en un mundo irreal, entreteniéndole para que pueda vivir con su adversario más acérrimo: el sufrimiento. Beatriz San Millán Pérez comenta:

Vivimos en una sociedad que impone la búsqueda incesante del Hedonismo. Es decir, nos obliga a la felicidad como única meta válida en la supervivencia de cada uno. Ese anhelo de felicidad constante nos hace empecinarnos, día sí y día también, en unas metas que están tan lejos como el horizonte. El rumbo tácito de la sociedad es hallar la felicidad. Pero al no alcanzarla cada día nos sentimos frustrados e, incluso, apartados del ritmo incansable que ésta nos impone. El no encontrar lo que, se supone, todo el mundo debe alcanzar sin esfuerzo y como algo natural, hace que si nuestros esfuerzos nos son suficientes nos castiguemos por no alcanzar lo 'normal' o lo que todos tienen.

Pero, ¿quién es el que nos dice cómo debemos vivir nuestra vida? ¿Qué poder tiene para establecer criterios tan generales para todos nosotros? Bien, pues la sociedad somos nosotros mismos que, con ayuda de la publicidad, hemos creado esta forma de vida tan utópica y paradójica. La función de la publicidad es, precisamente, crear una necesidad que hasta el momento no hemos contemplado como tal.

Tener un cuerpo bonito, poder comer todo lo que queramos sin engordar ni enfermar, ser aceptados, queridos y deseados, tener muchos amigos, etc. y todo ello sin una sola gota de esfuerzo. Fríamente, pensamos que eso es imposible pero, realmente, actuamos con estos principios. Creemos que no tenemos un buen trabajo porque no podemos comprarnos el mejor coche o irnos todos los años de viaje a un lugar inolvidable. Nuestra comida no está tan buena como debería y, además, nos engorda al primer capricho que nos damos. La ropa que nos ponemos no nos sienta como un guante y las cremas y productos que nos echamos nos devuelven la misma imagen en el espejo pero un día más envejecida. Y todo esto porque aspiramos a conseguir lo que sabemos que es irreal.” 5
El desligarse de la realidad ha llevado al hombre a aspirar a una vida que no existe, una en la que él mismo es su propio héroe y dónde da rienda suelta a una vida egoísta, por cuanto sólo se ve a sí mismo sumergido en un mundo de fantasía en el cual el sufrimiento no hace parte de este. También es importante decir que el Hedonismo, es considerado por muchas religiones una actitud carente de moral, no porque aprecie algún placer, sino porque lo antepone a las exigencias del amor a Dios y al prójimo. Para ellos, es una actitud egocéntrica que incapacita a cualquier persona para relacionarse con los demás a menos que sea para explotarlos y satisfacer su afán de placer. En este orden de ideas, el hombre frente a esta situación se hace los siguientes cuestionamientos:

1.1 Por qué el sufrimiento

lo largo de la vida el ser humano se encuentra un día u otro frente a un sufrimiento de forma permanente o en su entorno cercano. Es desgarrador. Todo se derrumba... Se plantea la cuestión de ¿por qué?, y sobre todo, ¿por qué yo? ¿Qué mal se ha hecho? En esos momentos, se desmorona, o se torna rebelde hacia todo lo que le rodea y en el peor de los casos, si cree en algún ser supremo se cuestiona acerca de si existe o no.

Se trata de una reacción totalmente humana y normal, puesto que el hombre no debería existir para sufrir. Este sufrimiento, que rompe su cómoda vida y abre una brecha en su corazón, pone de relieve su necesidad interior de ser feliz. En el fondo, el sufrimiento está relacionado con el misterio más profundo del ser, ya que recuerda el bien para el que existe (la felicidad), y del que se ve privado. El sufrimiento se manifiesta en forma de carencia. Por eso no es aceptado espontáneamente, porque en sí mismo es inaceptable. El hombre se llena de miedo y lo rechaza, porque existe para la vida. No obstante, más allá del miedo, el sufrimiento le hace descubrir una timidez, una especie de respeto y, más profundamente aún, la compasión. Haga lo que haga para evitarlo, esta indefenso ante él. La causa es que el sufrimiento, está vinculado con un misterio que resulta tan cercano porque le pertenece como ser. Un misterio que a su vez supera: el misterio del hombre, el misterio del mal y de sus raíces en la historia y el alma humanas.

El hombre que cree en una divinidad o ser superior, piensa que: “un Dios que no evita el sufrimiento no sirve”.

Esto pone al descubierto la necesidad que el ser humano tiene de considerar la existencia de alguien más allá que pueda: en primer lugar, ser el directamente responsable del sufrimiento. Y en segundo lugar, pueda así dar respuestas claras y certeras de la razón por la cual hay sufrimiento en la tierra. Lejos está pensar en que el hombre tenga responsabilidad alguna sobre su propio sufrimiento. Es más fácil encontrar algo que apoye la premisa de que el sufrimiento es algo externo que no tiene nada que ver con la vida del ser humano y que se da de manera espontánea y sin considerar que él existe sólo para vivir bajo argumentos de plena satisfacción personal.

Por otro lado, también cabe decir que cuando la humanidad considera la existencia de una divinidad, cualquiera sea la corriente, requiere que ésta cumpla con sus caprichos más cercanos al placer que su vida quiera obtener. Es decir, ésta está en la obligación de complacer todas las peticiones, buenas o malas, que la persona tiene para sí, no importando si con ello afecta la vida de los demás. Por consiguiente, muchos prefieren no creer en la existencia de una divinidad a la cual no pueden entender, pues para muchos:

“Si Dios fuera bueno, hubiera querido hacer a sus creaturas perfectamente felices, y si fuera Todopoderoso, hubiera sido capaz de hacer lo que él quería. Pero las creaturas no son felices. Por lo tanto carece o bien de bondad o bien de poder o bien de ambos.” 6

Para el hombre es claro entonces, que la búsqueda de la felicidad es su meta más sublime y no puede creer en la supuesta bondad de un ser superior que no contemple esta meta. Se puede señalar además, que cualquier tipo de divinidad se llega a convertir en un esclavo al servicio del hombre, al cual debe beneficiar de manera inmediata y sin pretextos. Si éste no se somete a la voluntad humana definitivamente no existe.

Ahora bien, a pesar de todos sus esfuerzos, la humanidad no ha podido siquiera responder de manera parcial a la razón por la cual sufre. Lo único que ha tratado es de huir de una realidad que está ahí presente y de la cual no puede deshacerse como por arte de magia, dándose a la final cuenta que debe aprender a convivir con su propio enemigo: el sufrimiento.

Se puede concluir entonces que se sufre, simplemente, porque se está vivo. Los muertos no sufren. El drama del sufrimiento ha sido siempre compañero y tortura de la raza humana. El sufrimiento es una realidad universal, misteriosa casi siempre, ineludible y desconcertante. Todos los seres humanos, en un momento u otro, han de enfrentarse con él. La historia del mundo es la historia del sufrimiento. Se sufre al nacer. Se vive sufriendo. La vejez es portadora de sufrimiento. Los últimos alientos del sufrimiento se exhalan en la tumba. El sufrimiento es tan universal como el sol, como la luna, como las estre1las; está en todas partes: en el palacio del rico que se ufana de lo que tiene y en la vida miserable del pobre que se queja porque no tiene nada. En el que cree que todo lo sabe cómo en el más ignorante, en aquél que no le teme a nada cómo en el más cobarde de los hombres. Sin duda, el ser humano busca un trasfondo casual en cada una de las circunstancias de la vida. Es la búsqueda de sentido y comprensión racional la que le empuja a analizar el porqué de las cosas. Sin embargo y a pesar de todo, ningún hombre, por poderoso, sabio o profesional que se crea y habite en la tierra, ha podido dar una respuesta satisfactoria al dilema del sufrimiento. Hasta el día de hoy, y aun cuando esté viviendo en un medio hedonista, él debe seguir caminando en medio de la incertidumbre, sin poder conocer una respuesta precisa la cual le dé certeza que ya ha superado un verdugo tan feroz y desalmado como lo es el sufrimiento.

1.2 Cómo entender el sufrimiento

La segunda cuestión que nos ocupa en este punto, tiene que ver con el entendimiento que se tiene acerca del sufrimiento. Es difícil y complicado en una sociedad donde el hedonismo ha ejercido dominio general del ser humano, poder hallar una comprensión en cuanto a algo que va contra la meta de una felicidad personal. Es además determinante para éste, darse cuenta, por si se ha olvidado, que el sufrimiento le ha acompañado a través de las diferentes etapas de su historia en la tierra. Por esta razón, es algo inevitable. Pero, a pesar de todo, se desea fervientemente que el sufrimiento se alivie, se aleje, se elimine mediante una explicación. Y esto, indudablemente, no ofrece la comprensión del sufrimiento. No es lo mejor establecer como fin hacer desaparecer el sufrimiento, pues esto no es más que una inclinación y anhelo del corazón del hombre, la cual está siempre limitada y condicionada. Si desarrolla la suficiente madurez como para comprender el deseo de huir del sufrimiento comenzará a vislumbrar algunos asuntos importantes como: cuál es su contenido, qué es lo que quiere enseñarle. 

Sin embargo, el sufrimiento es una realidad para todo hombre, ya que todos: o sufren o sufrirán, y él se da cuenta de ello. Por esto se debe decir, que es una realidad luminosa y oscura: luminosa, porque es evidente, nadie puede negarlo, todos lo reconocen; pero a la vez, es oscura porque es ininteligible, es decir, es difícil de entender.

¿Es entonces una falacia tratar de comprender el sufrimiento? No necesariamente, pero para el hombre pasa a ser una cuestión irreconciliable en su mente, pues está saturada de una filosofía de vida que no le permite ver con claridad una respuesta que satisfaga su deseo natural de sentirse bien consigo mismo. Tal vez pueda existir un camino que lleve al hombre a experimentar una respuesta frente a la comprensión de algo que trata de mirar fuera de sí. Sin embargo, para la filosofía moderna, el sufrimiento sólo se entiende en la persona. Es un error tratar de entender el sufrimiento separado de la persona que sufre. Un ejemplo de ello es: tratar de estudiar el síndrome de Down, sus características, en qué consiste, y demás asuntos asociados con él sin tener en cuenta a la persona que sufre. No se puede separar el sufrimiento del hombre, pues ni las plantas ni los animales pueden sufrir, sólo el ser humano. Entonces, para poder entender el sufrimiento hay que estudiar a la persona que sufre.   

Por lo tanto, el camino que consideran más adecuado para entender el sufrimiento, es la observación atenta de éste en el hombre, el método parte del sufrimiento mismo que le sucede, pero que al final lo que quiere alcanzar es “la verdad y sentido” (ejemplo: estudio las causas del cáncer, pero para entender el sufrimiento, estudio a la persona que sufre el cáncer). Este concepto es importante, toda vez que se está dando por sentado que el hombre debe mirar hacia sí mismo y ver que el sufrimiento está ligado a lo profundo de su ser. Por esto el sufrimiento es mucho más que una circunstancia del azar, en sí mismo debe tener un origen y una finalidad o propósito.

Por otra parte, cabe anotar que en la sociedad postmoderna el sufrimiento no tiene valor, se considera que no debería ser parte de la vida, ya que parece poner en cuestionamiento los aspectos de la persona que se tienen en alta estima, como la autonomía, la autosuficiencia, la productividad y la búsqueda del placer. Nuevamente se llega a lo que se denomina egocentrismo. Este egocentrismo, que indica la comodidad en que el hombre desea vivir sin pagar precio alguno al estar en esta tierra, es la causa principal de que éste no pueda abrir sus ojos para poder leer y entender todo lo que tiene que ver con el sufrimiento.

Se corre el peligro de que se llegue a creer que se puede erradicar el sufrimiento, cuando resulta que es inherente al ser humano. Se dan muchas teorías para explicar el porqué del sufrimiento, pero ninguna llega a satisfacer del todo, especialmente cuando se encuentra con el sufrimiento que aparece como injusto. Además, la experiencia del dolor y del sufrimiento resulta difícil de conciliar con la idea de una divinidad que ama al ser humano. No se puede entender que un ser superior permita al hombre sufrir y por eso el sufrimiento aparece como un absurdo o como un gran escándalo. El hombre, por consiguiente, en medio de esto, termina sumido en una depresión tal que llega a afectar su propia salud y a quienes le rodean, pues no logra comprender cuál es la razón por la cual está pasando una circunstancia adversa y que nunca había esperado le sucediera.

Para concluir, es posible indicar que en la sociedad del presente, y desde hace mucho tiempo, se considera que cada persona percibe la realidad y la vida desde su propio punto de vista. Para algunos la vida es aburrida y sin sentido, para otros, vivir en este mundo es una experiencia de dolor y sufrimiento; otros, la ven de manera más amable.

No es la misma experiencia para todos, mientras unos fracasan, otros triunfan; mientras unos luchan por solucionar sus problemas y vivir diferente, otros lloran y se conforman con vivir en el fracaso sin hacer nada al respecto. El hombre busca depender de sí mismo para sacar fuerzas y luchar para un vivir mejor. Pero, no hay duda, todo ser humano se ve abocado a vivir una realidad tajante en su vida: convivir con el sufrimiento desde adentro de su ser hasta lo externo que le afecta a su propia vida.
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