Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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1.3 El hombre moderno y el sufrimiento

El hombre moderno, la figura humana moderna; es un ser solo, lleno de conflictos internos, concebido por la divinización de la máquina (tecnología) y la razón, junto con la pasión por el dinero. La razón viene acompañada por la curiosidad, la avidez por descubrir las leyes de la naturaleza, y la alegría cercana al embeleso a medida que van siendo reveladas. Esto no es más que la búsqueda del conocimiento por parte del hombre, llegando hasta límites grotescos, arropados por la filosofía de: el fin justifica los medios.7

Este hombre vive dentro de una sociedad anárquica, inundada por el racionalismo y el exceso, llena de conflictos morales y éticos, pululante de pugnas por la política y por el poder, es decir, un ambiente duro y abominable.8

El desconcierto y el desamparo del hombre contemporáneo en un universo duro y enigmático. La caída del hombre en una realidad donde la burocracia y el poder han tomado el espacio de la metafísica y de los dioses. Extraviado en un mundo de túneles y pasillos, atajos y bifurcaciones, entre paisajes turbios y oscuros rincones, el hombre tiembla ante la imposibilidad de toda meta…" Este hombre conflictivo, que vive dentro de una sociedad aún más conflictiva, ejecuta actos que por lógica llevan una consecuencia. Ahora estas acciones son evaluadas y criticadas, aprobadas o reprobadas por los paradigmas del mundo.9

Entonces cabe preguntar ¿qué es el hombre? El ser humano es alguien inevitablemente afectado por su entorno y que tiene una cierta capacidad de elección para decidir su propio camino, ya que puede conservar un rastro de libertad, de independencia, incluso cuando se encuentra en circunstancias terribles de tensión.

Pero aunque el hombre tenga esta posibilidad de elegir, el sufrimiento hace que él  tome conciencia de sus limitaciones ante la vida. No todo depende de éste sino que existen imprevistos que hacen que su vida cambie completamente. Lo cual lo situaría en situaciones límites creyendo que no puede soportar más.

Cuando se está padeciendo, se ve como un mal en sí mismo, sin sentido alguno. Es imposible vislumbrar lo bueno que se puede sacar de él, no se puede comprender el porqué del dolor y del sufrimiento como anteriormente se ha mencionado. Sin embargo, si no es demasiado prolongado el ser humano puede salir fortalecido, si así lo considera, pues le sirve de impulso para crecer ante las dificultades y vencer los obstáculos y temores que antes parecían imposibles de superar.

Por otro lado, se ha de destacar que cuando pasa por momentos difíciles que le hacen sufrir, tiende a reflexionar y profundizar sobre su propia vida. Se siente pequeño y vulnerable, y esto le hace ser más sensibles y comprensivos ante el sufrimiento y necesidades de los demás.

Infortunadamente, las decisiones del hombre han estado determinadas más por su deseo de ser feliz por encima de cualquier cosa o persona. Y en ocasiones la situación de sufrimiento que le arropa le hace perder el rumbo de entender sus necesidades más profundas y apremiantes, y su reacción es endurecer su corazón al no aceptar lo que está viviendo.

En síntesis, se debe admitir que el hombre de hoy está en la búsqueda de su glorificación, y se encuentra ante la realidad de un mundo engañoso y seductor, que pretende hacerle la vida más fácil cayendo en un proceso de salirse fuera de la condición humana. El hombre quiere ser dios de sí mismo, el camino que se traza es un desalojo por completo en su vida de la palabra sufrimiento y de sus acciones, y de lo que produce en su vida. Es más, éste cree que el sufrimiento ya ha pasado de moda, que perteneció a los primeros hombres que pecaron y desobedecieron a un Dios y esos pecados fueron causa de su sufrimiento.

1.4 Qué hace el hombre para remediar el sufrimiento

Ante este panorama donde el hombre quiere ser su propio dios y a la vez quiere deshacerse del sufrimiento, se hace inevitable observar que en su afán de no seguir con una vida llena de sin sabores, él ha tratado de encontrar un remedio que le ayude a quitar de su lado un adversario que le ha costado su propia vida en la tierra.

Por ello, no se puede dejar de lado el contexto particular de cada individuo que se puede determinar, si se quiere, es algo generalizado actualmente: un mundo lleno de guerras, hambre, pobreza económica, de amor y de espíritu; desigualdad, racismo, odios, envidias, deshonestidad, mentira, desilusión, traición, catástrofes naturales. Todo esto hace parte de la vida humana, la cual se ve afectada profundamente, pues sufre heridas que sin más, transforman la vida de cada uno de los habitantes de la tierra y que llevan a hacer preguntas como: ¿Qué sentido tiene la vida, si vivir duele?

Precisamente queda así establecido que se está en una sociedad donde el hombre se ha vuelto muy agresivo y su objetivo es conseguir lo que sea a toda costa, incluso, con la violencia. O bien, se vuelve una persona que se amilana ante las adversidades, se viene abajo y no lucha porque es “demasiado difícil” alcanzar lo que se propone y es mejor no intentarlo para no llevarse el disgusto y por ello se ve sumido en una depresión insoportable. El sufrimiento en general se ha apoderado del ser humano hoy más que nunca, y ha obstaculizado, según él mismo, su crecimiento personal estancándolo en la monotonía de vida, volviéndole frágil y débil, cegándole ante las oportunidades que le da la vida e interfiriendo en su felicidad y estado de ánimo.

Ahora bien, el hombre sigue en el sondeo de respuestas a sus preguntas más sentidas con respecto al hecho del sufrimiento, y por esa razón, busca consuelo en cualquier parte para disminuir

el dolor que siente, o en el peor de los casos trata de evadirlo para sentirse mejor, sin embargo, no se da cuenta que tarde o temprano tendrá que enfrentarlo. Para éste existen realidades difíciles que como ser humano, no tiene la forma de superar y que se le hace complicado el expresar y sacar de él mismo; por consiguiente, crea sus propias cadenas que le impiden salir intacto de la situación por la que pasa en la vida cotidiana. Algunas cadenas son lo suficientemente pesadas y le desgastan, otras son livianas pero difíciles de olvidar.

Esto lleva a considerar a que el hombre, según su perspectiva, depende de sí mismo, es decir: de la forma en que ve y sienta las cosas que le suceden, el grado que él mismo le conceda a las situaciones vivenciales, y la forma en que permita que le afecten. En esta línea de pensamiento, se establece que de nada le sirve entonces quedarse quieto lamentándose de su suerte; por el contrario, debe buscar afanosamente un camino para poder romper esas cadenas que le lleven a liberar y saciar su alma, espíritu y mente, de esa carga pesada que no le permite alcanzar la plenitud como ser humano. Pero, ¿le será posible encontrar una salida? Si el mismo hombre no puede reconocer el por qué sufre, ni mucho menos puede entender el sufrimiento en todo su sentido real, ¿podrá remediarlo?

En este sentido, el ser humano no se ha detenido a reflexionar acerca de este asunto, lo que sí ha hecho es tratar de darle solución a su manera, y por esta razón, se ha visto involucrado en diferentes cosas que le han causado peor sufrimiento o simplemente le han destruido y en otros casos le han adormecido ante la realidad, tales como: la drogadicción, medicinas somníferas que le adormecen, ensimismamiento para huir de la realidad de su situación, tirándose al placer desenfrenado, recreándose en el bien presente, buscando la compasión de sus semejantes (en especial amigos y familiares), realizando sesiones de meditación, durmiendo y descansando, llorando como terapia curativa, terapias psicológicas, relaciones con otras personas que le sean gratificantes, mirándose a sí mismo y haciendo un sinnúmero de prácticas de superación personal, involucrándose en una vida política y además religiosa, y como si fuera poco, participando del ocultismo en todas sus expresiones.

Todo esto no es más que “escapes” a la realidad del sufrimiento, es o sería importante para el ser humano no luchar más por tratar de huir sin sentido de algo que es inherente a la humanidad entera.
2. PERSPECTIVA BÍBLICA DEL SUFRIMIENTO

2.1 ¿Por qué un Dios bueno permite el sufrimiento? (Por Kurt De Haan)

La pregunta de por qué tanto sufrir es muy antigua. Hace 4.000 años, una víctima de reveses personales, familiares y económicos habló a los cielos silentes y suplicó: «...hazme entender por qué contiendes conmigo. ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos...?» (Job 10:2,3). Todavía se hacen estas preguntas: « ¿Acaso me odia Dios? ¿Es por eso que permite que sufra tanto? ¿Por qué yo y no otros?».

La vida puede ser difícil de entender. En el intento de abordar las crudas realidades de nuestra existencia, podemos frustrarnos fácilmente. Anhelamos respuestas al inmenso problema del sufrimiento. Incluso puede que nos preguntemos por qué a la gente buena le pasan cosas malas y a la gente mala le pasan cosas buenas. Muchas veces las respuestas parecen evasivas, ocultas, fuera de nuestro alcance. Claro, sería lógico que a un terrorista lo matase su propia bomba, que un conductor temerario sufriese un accidente grave, que una persona que juegue con fuego se queme. Hasta sería lógico que un fumador empedernido muriese de cáncer. Pero, ¿qué podemos decir de los hombres, mujeres y niños inocentes que mueren víctimas de un atentado terrorista? ¿Y del joven que sufre daños graves en el cerebro porque un conductor borracho provocó un accidente, o la persona cuya casa se quema sin que haya tenido ella la culpa? ¿O, del niño de dos años que contrae leucemia? Es peligroso y hasta necio pretender que tenemos una respuesta completa al porqué Dios permite el sufrimiento. Las razones son muchas y complejas. Es igualmente impropio exigir entender dichas razones. Cuando el afligido Job del Antiguo Testamento se dio cuenta de que no tenía derecho a exigir una respuesta de parte de Dios dijo: «...Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía...» (Job 42:3).

Sin embargo, Dios sí nos ha dado algunas respuestas. Aunque no sepamos por qué una persona en particular contrae una enfermedad, sí sabemos parte de la razón por la que existen las enfermedades. Y aunque puede que no entendamos por qué enfrentamos un problema en particular, sí podemos saber cómo lidiar con la situación y responder de forma que agrade al Señor. Algo más. No voy a pretender que comprendo totalmente el sufrimiento que usted puede estar experimentando en este momento. Aunque algunos aspectos del dolor humano son comunes a todos, las particularidades son diferentes. Además, puede que lo usted más necesite en este momento no sea un bosquejo de cuatro puntos sobre por qué está sufriendo ni lo que debe hacer al respecto. Es posible que lo que más necesite ahora sea un abrazo, alguien que le escuche, o alguien que se siente con usted en silencio. Sin embargo, en algún momento querrá y necesitará que las verdades de la Palabra de Dios lo consuelen y lo ayuden a ver su situación desde la perspectiva de Dios.

En nuestro dolor, ¿dónde está Dios? Si Dios es bueno y compasivo, ¿por qué la vida es a veces tan trágica? ¿Ha perdido Dios el control? O, si Él todavía tiene el control, ¿qué es lo que trata de hacerme a mí y a otros? Algunas personas han optado por negar la existencia de Dios porque no pueden imaginarse un Dios que permita la desgracia. Otros creen que Dios existe, pero no quieren nada con Él porque no creen que pueda ser bueno. Otros se han conformado con creer en un Dios bondadoso que nos ama, pero que ha perdido el control de un planeta rebelde. Aún otros se aferran con firmeza a creer en un Dios sapientísimo, todopoderoso y amoroso que de alguna manera usa el mal para bien. Si escudriñamos la Biblia descubrimos que la misma presenta a un Dios que puede hacer todo lo que desee. A veces actúa por misericordia y hace milagros a favor de su pueblo. Sin embargo, en otras ocasiones ha optado por no hacer nada para impedir la tragedia. Se supone que esté íntimamente involucrado en nuestras vidas, y sin embargo, a veces parece sordo cuando clamamos pidiendo ayuda. En la Biblia, nos asegura que controla todo lo que sucede, pero a veces permite que seamos el blanco de personas malas, de malos genes, de virus peligrosos o de desastres naturales.

Si le pasa lo que a mí, seguramente anhela poder tener una respuesta a este enigmático asunto del sufrimiento. Creo que Dios nos ha dado suficientes piezas del rompecabezas para ayudarnos a confiar en Él incluso cuando no tenemos toda la información que nos gustaría tener. En este breve estudio veremos que las respuestas básicas de la Biblia son que nuestro buen Dios permite el dolor y el sufrimiento en el mundo para alertarnos al problema del pecado, para dirigirnos a responderle en fe y esperanza, para moldearnos de manera que seamos más semejantes a Cristo, y para unirnos, de forma que nos ayudemos mutuamente.

Imagínese un mundo sin dolor. ¿Cómo sería? En principio la idea puede sonar atractiva. Se acabaron los dolores de cabeza, de espalda, los males estomacales, las palpitaciones cuando el martillo le da en el dedo y no en el clavo, los dolores de garganta. Sin embargo, tampoco habría una sensación que le permitiese darse cuenta de que tiene un hueso roto o un ligamento desgarrado. No habría una alarma que le permitiese saber que tiene una úlcera haciéndole un agujero en el estómago, ni molestia que le advirtiera de un tumor canceroso que crece para invadir todo su cuerpo. No habría angina de pecho que le permitiese saber que los vasos sanguíneos que llegan a su corazón se están obstruyendo, ni dolor que le advirtiera de un apéndice herniada.

Por más que aborrezcamos el dolor, tenemos que admitir que muchas veces tiene un propósito bueno. Nos advierte cuando algo no anda bien. El verdadero problema es la causa de la desgracia, no la agonía en sí. El dolor es simplemente un síntoma, una sirena o campana que suena cuando una parte del cuerpo está en peligro o se halla bajo ataque.

Algo anda mal en el mundo

La triste condición de nuestro planeta indica que algo ha salido terriblemente mal. El sufrimiento que experimentamos y la angustia que percibimos en los demás indican que el sufrimiento no discrimina raza, condición social, religión ni moralidad. Puede parecer cruel, fortuito, sin propósito ni fin determinado, grotesco y totalmente fuera de control. A las personas que tratan de ser buenas les suceden cosas malas, y a los que disfrutan la maldad les suceden cosas buenas.

La aparente injusticia de ello nos ha impactado a casi todos nosotros. Recuerdo cuando mi abuela estaba muriendo de cáncer. Mis abuelos se mudaron a mi casa. Mi madre, enfermera de profesión, la cuidó en sus últimos meses. Mamá le daba los calmantes. Mi abuelo deseaba desesperadamente que se curase. Finalmente llegó el día en que una carroza fúnebre se llevó su cuerpo frágil y enflaquecido. Sé que mi abuela está en el cielo, pero con todo, me dolió. Detesté el cáncer entonces, y todavía lo detesto.

Mientras estoy aquí sentado pensando en todo el sufrimiento que han experimentado mis amigos, compañeros de trabajo, parientes, vecinos y hermanos en la fe, casi no puedo creer lo larga que es la lista, y eso que no está completa. Estas personas han sufrido mucho sin que aparentemente hayan tenido la culpa de ese sufrimiento: un accidente, un defecto congénito, un desorden genético, un aborto involuntario, un padre abusivo, dolor crónico, un hijo rebelde, una enfermedad grave o accidental, la muerte de un cónyuge o de un hijo, una relación rota, un desastre natural. Simplemente no parece justo. De vez en cuando me siento tentado a dejarme dominar por la frustración. ¿Cómo podemos resolver esto? ¿Cómo vivir con las crueles verdades de la vida sin negar la realidad ni ser vencido por la desesperación? ¿No pudo Dios haber creado un mundo en el que nada saliese mal? ¿No pudo haber hecho un mundo en donde la gente no tuviese nunca la capacidad de tomar malas decisiones ni de herir a otro? ¿No pudo haber creado un mundo donde los mosquitos, la mala hierba y el cáncer no existiesen? Sí pudo, pero no lo hizo. El gran regalo de la libertad humana que Dios nos ha hecho, la capacidad de escoger, lleva consigo el riesgo de tomar malas decisiones.

Si usted pudiese escoger entre ser una criatura con libertad de pensamiento y un robot en un mundo sin dolor, ¿cuál preferiría? ¿Cuál clase de ser glorificaría más a Dios? ¿Qué tipo de criatura lo amaría más? Nosotros pudimos haber sido creados para ser como la graciosa muñequita de pilas que dice: «Te quiero» cuando la abrazan. Pero Dios tenía otros planes. Corrió el «riesgo» de crear seres que pudiesen hacer lo inconcebible: rebelarse contra su Creador.

¿Qué sucedió en el paraíso? La tentación, las malas decisiones y las trágicas consecuencias destruyeron la tranquilidad de la existencia de Adán y Eva. Génesis 2 y 3 explican minuciosamente cómo Satanás probó el amor de ellos por el Señor... y fracasaron. En términos bíblicos, ese fracaso se llama pecado. Y de la misma manera en que el virus del SIDA infecta un cuerpo, destruye el sistema inmunológico y conduce a la muerte, asimismo el pecado se propaga como una infección mortal que pasa de una generación a otra. Cada nueva generación hereda los efectos del pecado y el deseo de pecar (Romanos 1.18-32; 5.12, 15,18).

No sólo tuvo la entrada del pecado en el mundo efectos devastadores sobre la naturaleza de los seres humanos, sino que también provocó el juicio inmediato y continuo de Dios. Génesis 3 relata cómo la muerte física y espiritual se hicieron parte de la existencia humana (vv.3, 19), los partos se hicieron dolorosos (v.16), la tierra fue maldita con cardos que harían difícil el trabajo del hombre (vv.17-19), y Adán y Eva fueron echados del jardín especial donde habían disfrutado de una íntima comunión con Dios (vv.23, 24).

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo describió toda la creación de Dios gimiendo y esperando anhelante el momento en que será liberada de la maldición de degeneración y hecha de nuevo, libre de los efectos del pecado (Romanos 8.19-22). La enfermedad, los desastres y la corrupción son síntomas de un problema mayor: la raza humana se ha rebelado contra el Creador. Toda tristeza, aflicción y agonía son vívidos recordatorios de nuestra difícil condición humana. Al igual que un letrero de neón gigante, la realidad del sufrimiento comunica a gritos el mensaje de que el mundo no es hoy aquello para lo que Dios lo creó. Por tanto, la primera y más básica respuesta al problema de la existencia del sufrimiento es que es el resultado directo de la entrada del pecado en el mundo. El dolor nos pone sobre aviso de que una enfermedad espiritual está arruinando nuestro planeta. Muchas veces, nuestros problemas pueden ser meramente los efectos secundarios de vivir en un mundo caído, sin que tengamos directamente la culpa de ello.

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