Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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2.2 DIOS EN EL SUFRIMIENTO

Se ha de iniciar diciendo que Bíblicamente encontramos que Dios creó todo de acuerdo a su Voluntad y propósitos eternos en Génesis 1.31, dice: “Y vio Dios que todo lo que había creado era bueno en gran manera”. De acuerdo a este texto, todo fue creado en estado de perfección, y era digno de alabanza. El término hebreo para bueno es tôb, el cual como adjetivo denota esa característica en todo el sentido de la palabra. En concordancia con lo anterior, lo que afirma Thomas Manton puede dilucidarlo:

“Sólo Él es originalmente bueno, en sí mismo; las creaturas pueden ser buenas sólo por la participación y comunicación que viene de Dios. Él es bueno esencialmente, y no sólo bueno, sino la bondad misma; la bondad de la creatura es sólo una cualidad sobreañadida, mientras que en Dios es su misma esencia. Él es infinitamente bueno; la bondad en la creatura es como una gota, en Dios es como un océano infinito. Él es bueno eterna e inmutablemente, porque no puede ser menos bueno de lo que es. En Dios no cabe la adición ni la substracción. Dios es el sumo bien.” 11
La bondad de Dios no se puede entonces, poner en duda porque haya sufrimiento y dolor en la tierra. Es necesario mirar hacia la humanidad caída que por la dureza de un corazón no arrepentido, menosprecia la gracia de Dios y atesora para sí su ira. Ponerla en entredicho sería tanto como desconocer que Él ha hecho todo en favor de su creatura más elevada: el hombre, a quien Dios creó con sus propias manos.

La frase del texto: “en gran manera”, magnifica la obra de Dios. Es el hombre quien ha utilizado mal las bendiciones que Dios le ha dado, abusando de su generosidad y pisoteando sus misericordias, desobedeciendo su Palabra, resistiendo su autoridad, afrentando a sus embajadores y abandonando a su propio Hijo, quien ha sido la muestra de la bondad más grande sobre la tierra. Es importante dejar claro que a pesar de las circunstancias adversas que el hombre deba vivir como parte de su paso por la tierra y del estar en este cuerpo mortal, la bondad de Dios siempre estará allí para darle una luz de esperanza, una salida. Pero, Cuando el hombre trata de ver a Dios desde su perspectiva, pierde el norte, por cuanto Dios no es alcanzable por la limitada mente humana, pero tampoco es comparable. Isaías 40.28, lo aprecia de la siguiente manera: “…Jehová es Dios eterno, creador de los confines de la tierra, no se cansa ni fatiga, y su inteligencia es insondable”.

El verdadero Dios es aquél que traspasa todo entendimiento humano y que no permite ser encerrado por la estrechez de sus creaturas. Ante la grandeza de Dios el hombre debe guardar silencio y tomar una actitud de humildad, pues debe reconocer que sólo es polvo de la tierra, creatura hecha por Él. El Salmo 103.14 habla de la bondad de Dios hacia éste: “porque Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo”, muy a pesar de que el hombre no es nada delante de Dios, le ha llenado de las riquezas de su gracia.

Por consiguiente es bueno recordar lo que dice la Escritura en varios pasajes: “¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos los pruebes?” (Job 7.17-18); “Digo: ¿qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8.4; Hebreos 2.6).

El hombre en su “ceguera” por el sufrimiento se hunde en un desánimo y en depresión continua al no poder comprender qué está sucediendo en su vida. Sin embargo es menester establecer que las crisis que se viven en esta tierra, forman parte del desarrollo personal de cada individuo. El secreto de poder entender el sufrimiento humano radica en reconocer la Soberanía de Dios, es decir, su supremacía. Él tiene el control sobre todas las cosas, sobre las personas y dirige todo de acuerdo a su Voluntad y propósito eterno para alabanza de su gloria. Dios es el único ser supremo e independiente. Él es el único en todo el universo que tiene el derecho y el poder de hacer en forma absoluta, lo que a Él le place. Es quizá lo que define visiblemente la naturaleza misma del Dios eterno. Claude Duval Cole afirma certeramente:

“No hay atributo más reconfortante para los hijos de Dios que la soberanía de Dios. Bajo las circunstancias más adversas, en medio de la prueba más severa, ellos saben que la soberanía de Dios ha ordenado estas aflicciones, que la soberanía gobierna sobre ellos, y que la soberanía les santificará por completo. Por otro parte, no hay doctrina más odiada por los mundanos, ni verdad de la cual hayan hecho como una pelota de fútbol, que la gran, estupenda y sobre todo cierta, doctrina de la soberanía de Dios. Los hombres permitirán que Dios esté en cualquier parte, excepto en su trono. Los hombres le permitirán que esté dispensando bienes y otorgando bendiciones. Le permitirán que esté en su taller ideando mundos y creando estrellas. Le permitirán que sustente la tierra y sostenga sus cimientos, que ilumine las lumbreras del cielo, que gobierne las olas del incansable mar. Pero cuando Dios asciende a su trono, sus criaturas rechinan los dientes, y cuando nosotros proclamamos un Dios entronizado, y su derecho de hacer lo que Él quiera con lo que es suyo, y disponer de sus criaturas como a Él le parezca mejor, sin tener que consultarles; es entonces que somos abucheados y aborrecidos, y es entonces que los hombres vuelven sus oídos sordos para nosotros, porque Dios en su trono, no es el Dios que ellos aman. Pero es un Dios en su trono el que nosotros amamos predicar y es un Dios entronizado en el que nosotros confiamos.” 12
Una vez más, el hombre vuelve a ser protagonista al poner en tela de juicio un atributo que hace parte esencial de la naturaleza divina. El hecho de que el sufrimiento, dado por circunstancias adversas, sea parte de la vida humana no es suficiente autoridad para desechar a Dios y desvirtuar su derecho a actuar conforme le plazca, es decir, de acuerdo a su Voluntad Perfecta. El hombre jamás podrá equipararse a Dios sentándose en un trono para juzgarle y determinar su destrucción porque no actúa de la forma en que éste, en su capricho, desea que Él obre.

Es bueno establecer que Dios no puede ser manipulado, y aunque el hombre en su necedad ha tratado de hacerlo, nunca podrá lograrlo. En este punto, es importante para la iglesia reconocer que: en primer lugar, Dios actúa en la historia, pues escucha el gemir de su pueblo, ve y conoce la realidad humana e interviene activamente en ella de acuerdo a sus propósitos divinos. Esto se ve claramente cuando Él recordó el pacto hecho con Abraham, Isaac y Jacob, reconociendo a sus hijos y así decretar su liberación (Exodo 2.23-24). En segunda instancia, Dios libera a los oprimidos, al afirmarse bíblicamente que no es indiferente o insensible a la miseria de los necesitados (Exodo 2.23, 3.7, 9). Así mismo, tiene memoria de las promesas dadas a sus siervos (Exodo 2.23-24) y además brindando apoyo a los indefensos.

Por último, Dios defiende la vida. Él como creador de todo siempre se ha hecho presente como el protector indiscutible de la vida humana. En el suceso de la muerte, dada en su Soberanía no da por sentado que no ame la vida, ni la defienda. Él en su Voluntad ha determinado cortar la maldad de la faz de la tierra y por ello su Justicia se hace una realidad dentro de la historia de la humanidad. Dios tiene un propósito con todo y éste debe cumplirse en la arena de la historia. El problema de reconciliar el sufrimiento humano con la existencia de un Dios lleno de amor, resulta inexplicable en tanto y en cuanto se relaciona con un insignificante sentido de la palabra amor. Se observan las cosas como si el hombre fuera el centro de las mismas, pero éste no lo es.

Él no existe por causa del hombre. El hombre no existe por su propia causa, fue creado por un Dios soberano y bondadoso como lo expresa el apóstol Juan en el libro de Apocalipsis: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4.11). Entonces además de esto, se puede decir que el hombre no fue creado sólo para que pudiera amar a Dios, sino para ser objeto de su amor en el cual, Él, pueda deleitarse. Por ello, la verdadera felicidad no significa un bienestar egocéntrico, implica que cada persona sea de tal forma que Él pueda amarla sin ningún impedimento. Ahora bien, el hombre no está solo, puede acercarse a Dios a través de su Hijo Jesucristo quien vino y vivió como un ser humano cualquiera y fue sujeto a sufrimiento. Por consiguiente, la Fe en él llega a ser el instrumento por excelencia que puede brindar una respuesta segura a la inquietud con respecto al dolor, toda vez que Cristo se identificó con el dolor de la misma humanidad. Pablo Vila en su libro, “el aguijón en la carne”, asevera que: “Llegar a descubrir el propio dolor de Dios en el sufrimiento es un paso decisivo en la experiencia de la vida cristiana. Si el sufrimiento en el mundo hace la fe en Dios difícil, el sufrimiento de Dios conmigo convierte la fe en algo revolucionario.” 13

Al respecto, es posible establecer la verdad de estas palabras, puesto que están en concordancia con la Escritura: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto…Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” (Isaías 53.3-4). Alguien que se identifica con el dolor, es quien tiene autoridad para dar una mano y es alguien digno de confianza en medio de las crisis. Aunque Cristo no vino para desarraigar el sufrimiento de la faz de la tierra, sin embargo, su obra en la cruz deja despejado que no vino a explicar el sufrimiento, vino para llenarlo con su presencia. Esto a razón de que ella llena el corazón del hombre y le ayuda a soportar con paciencia, humildad, mansedumbre y amor todo lo que sucede a su alrededor, lo cual le lleva a comprender que todo acontece con un propósito eterno venido de la soberana Voluntad de Dios.

¿Dónde está Dios en medio del sufrimiento?

Cuán necesitada está la humanidad de descubrir la cercanía de Dios entre los que sufren. El hambre, la injusticia, la pobreza extrema y humillante, las guerras, la violencia entre los pueblos, las enfermedades, los huérfanos, los niños de la calle, las prostitutas, los indigentes, las familias desintegradas, las bandas barriales y de secuestro; en fin, existen muchos hombres y mujeres que hoy sufren y claman al cielo: ¿Dónde está Dios? Si tan solo hubiera quien les hablase para hacerles saber que Dios está con el que sufre, con el desvalido, que los acompaña y sufre con ellos. La labor cristiana es demostrar al que sufre su solidaridad, acogiéndole incondicionalmente, un amor de Dios que le ayuda en medio de su necesidad, Así lo hizo Jesús: comenzó su ministerio con una palabra de aliento, pero ante la necesidad respondió con amor, supliendo en el momento preciso sanidad y liberación espiritual para que vieron que Dios estaba con ellos.

Esta presencia de Dios se manifiesta de dos formas: una cuando el sufrimiento se da de manera natural, enfermedades, catástrofes, nacimientos defectuosos, entre otros. Su manifestación, a través de su palabra, ofrece al ser humano consuelo, fortaleza, ánimo, paz y esperanza. Y en el segundo, cuando se da por la injusticia del hombre, asesinatos, prostitución de niños, egoísmo, envidias, entre otros más; su manifestación es de un carácter distinto, su palabra es de denuncia contra las injusticias de los hombres.

Uno de las cosas más difíciles de conciliar para el ser humano es a Dios y el mal, de hecho se conoce que él es Santo y que por su mismo carácter, el mal no puede cohabitar con él. Pero cuando refiere al sufrimiento, es otro asunto distinto, pues la misma Palabra de Dios muestra que éste hace parte de una humanidad caída, la cual ha negado a Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Romanos 1.21-23).

Por esta razón se puede afirmar que “Dios no nos salva del sufrimiento, nos salva en el sufrimiento”, puesto que es allí donde el hombre puede reconocer los atributos que le distinguen como Dios: su soberanía, bondad, justicia y poder. Ahora bien, es preciso tener en cuenta que es una manera en que Dios se da a conocer al hombre. En una de las tantas ocasiones en que Israel sufrió destrucción en la antigüedad, la palabra que Dios usó a través de uno de sus profetas, Oseas, fue: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4.6ª). Este conocimiento no es otra cosa que una relación íntima y personal con Dios, que le lleve a vivir de acuerdo a su Perfecta Voluntad lo cual daría como efecto una vida llena de bendición, lo cual fue rechazado por este pueblo contumaz, obstinado y rebelde.

En síntesis, el sufrimiento del ser humano tiene que ver con la cruz que lleva a cuestas en su diario vivir, pero la respuesta a este problema no puede hallarse al negar que Dios sea totalmente bueno o negando que sea todopoderoso. La bondad y poder de Dios es un hecho claramente establecido en la Biblia. Dios es revelado por su bondad (Marcos 10.18). Pero, aunque Dios es perfecto en relación a todo lo que existe, su bondad revela que él es totalmente consciente del sufrimiento que hay en el mundo, y su presencia se hace real en medio de este, para consolar a la humanidad en medio de tanto dolor.

Jesús expresó claramente a sus discípulos que él estaría con ellos hasta el fin de los tiempos (Mateo 28.20), promesa que ha sido cumplida hasta hoy en medio de la humanidad y más con su pueblo. Además, esta promesa se hizo real en sus discípulos cuando el Espíritu Santo cayó sobre ellos, luego de que el Maestro había partido hacia el Gran Trono Celestial (Hechos 2). En Juan 14.15 vss., reunido con sus discípulos, Jesús les habló diciéndoles que enviaría a otro Consolador quien estaría con aquellos a quienes él había escogido. Su labor es llenar de paz, enseñar todas las cosas y recordar lo que él había dicho (vs.26-27).

Además, les aconsejó que su corazón no se turbara ni tuviera miedo. En medio de ello, es significativo ver en las palabras de Jesús el ánimo que infundió a sus allegados, dejando entrever que aún en medio del sufrimiento su presencia iba a ser una realidad y que aunque vivieran en situaciones de crisis, no estarían solos. Más a sabiendas que ellos experimentarían el dolor por causa de la predicación del evangelio en todos los lugares donde serían enviados a pregonarlo. Es entonces indiscutible, que Dios está en medio del sufrimiento llevándonos de su mano poderosa, y lleno de bondad nos mira con misericordia para que nuestro dolor sea soportable y a la vez dar la sanidad que se necesita. Veamos el siguiente poema que describe precisamente su actuar:

Una noche en sueños vi que con Jesús caminaba junto a la orilla del mar bajo una luna plateada. Soñé que veía en los cielos mi vida representada en una serie de escenas que en silencio contemplaba. Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando mientras con Jesús andaba, como amigos, conversando. Miraba atento esas huellas reflejadas en el cielo, pero algo extraño observé, y sentí gran desconsuelo. Observé que algunas veces, al reparar en las huellas, en vez de ver los dos pares veía sólo un par de ellas. Y observaba también yo que aquel solo par de huellas se advertía mayormente en mis noches sin estrellas, En las horas de mi vida llenas de angustia y tristeza cuando el alma necesita más consuelo y fortaleza. Pregunté triste a Jesús: “Señor, ¿Tú no has prometido que en mis horas de aflicción siempre andarías conmigo? Pero noto con tristeza que en medio de mis querellas, cuando más siento el sufrir, veo un sólo par de huellas. ¿Dónde están las otras dos que indican Tu compañía cuando la tormenta azota sin piedad la vida mía? Y Jesús me contestó con ternura y compasión: “Escucha bien, hijo mío, comprendo tu confusión. Siempre te amé y te amaré, y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré para mostrarte mi amor. Mas si ves sólo dos huellas en la arena al caminar, y no ves las otras dos que se debieran notar, es que en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en mis brazos.” 14
Si bien, se está de acuerdo en que Dios es bueno, soberano y todopoderoso, no siempre se usan estos términos correctamente. El ser humano suele hacerlo cuando su vida marcha como le gusta. Realmente, muy pocas veces se escucha a alguien contar los problemas por los que está pasando y terminar su relato con la frase: Dios es bueno, Él es Soberano y Todopoderoso. Usualmente se relacionan con las bendiciones dadas por el Señor, pero nunca con los problemas. Sin embargo, Dios es siempre bueno: cuando se es inundado de bendiciones y cuando se está pasando por pruebas. Debido a que únicamente Dios es bueno, sólo él puede determinar acertadamente qué es lo mejor para cada persona. Su bondad es expresada de muchas y variadas maneras, y no solamente en riqueza, salud y otras bendiciones. Algunos de sus dones son experiencias que nunca su pueblo hubiera elegido, pero el Señor sabe qué necesita a fin de que crezca en fe, obediencia y perseverancia.
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