Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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TESTIMONIO DE VIDA:
DIOS Y EL SUFRIMIENTO,

DE PRIMERA MANO

Por Stacy James 15
Cuando estaba en mi penúltimo año de la universidad, estuve paralizada desde el cuello hacia abajo en un accidente de salto. En un segundito, mi mundo cambió por siempre. Fui de ser una extremamente activa universitaria a ser alguien que nunca más haría las cosas que una vez me encantaban: correr, bailar, girar el bastón de mando, y tocar el piano y la guitarra. Había planificado ser misionera y servir a Dios con mi vida. ¿Cómo podría El dejar que esto me pasara a mí? Muchas veces estaría tirada en mi cama llorando, llorando porque estaba atrapada en un cuerpo que ya no podría controlar, llorando porque estaba aislada de mis amigos, llorando porque los médicos deberían poder arreglar esto. Estaba enojada a veces cuando algunos médicos parecían hablar tan fríamente de mi situación, y avergonzada por las miradas de otros estudiantes mientras rodeaba por el pasillo. Había leído en la Biblia que Dios dice que una vez que lo conozcamos, jamás nos dejará.

A pesar de que estaba deprimida, sabía que había esperanza porque Dios me amaba y todavía tenía propósito para mi vida. Yo había leído en la Biblia que Dios dice que una vez que lo conocemos que Él nunca nos dejara. Fue mi decisión creer eso y dejarle pasar por esto conmigo, o estar amarga y enojada con El. Decidí seguirle, a pesar de que mis sentimientos no necesariamente estaban de acuerdo en ese momento. Muchas veces cuando nos pasen malas cosas, estamos tentados a dudar el amor de Dios para nosotros: "Dios, si me amas, no me dejarías sufrir así".

Aprendí que no podemos dejar que nuestras situaciones determinen el amor de Dios para nosotros. “Esto es como Dios mostró su amor entre nosotros: envió su Hijo unigénito al mundo para que viviríamos por El." (I Juan 4:9) Eso es la única cosa que podemos ver para determinar el amor de Dios. Ni nuestras bendiciones ni la ausencia de ellas.

Aprendí que el amor no significa la ausencia de dolor y problemas. Dios muchas veces usa estas mismas cosas para ayudarnos a madurar y crecer. La vida es y será difícil. Todavía experimento complicaciones a raíz de mi accidente, y he experimentado la muerte de seres queridos. La naturaleza de la vida es una mezcla de lo bueno y lo malo. Estoy aprendiendo a aceptar eso cada vez más mientras mi vida es más larga.

Dios también nos da la libertad de doler y llorar. El no expresar nuestros sentimientos es embotellar dolor que eventualmente se liberará de manera posiblemente destructiva. Cuando sufrimos, necesitamos tiempo para procesar el perdido o crisis, expresar nuestro duelo de manera correcta. No tenemos que fingir, especialmente con Dios. Él nos hizo y sabe exactamente como nos sentimos. Todavía llevo mis preguntas a Dios en oración, y a amigos cercanos cuando necesito a alguien de carne y hueso. Dios también promete una futura esperanza. Mientras más tiempo vivo con los problemas de una lesión de la médula espinal, mas anticipo el día en que caminaré de nuevo en el cielo. Nos ha creado un lugar en lo que no lloraremos, no doleremos, no enfermáremos, ni moriremos. Hasta hoy, no estoy amarga por causa de las circunstancias de mi vida. He visto la bondad de Dios, me he convertido en una persona más fuerte, y preferiría estar en una silla de ruedas y conocer a Dios que ser una multimillonaria atleta profesional y pasar la eternidad separada de Él”.
CONCLUSIÓN

Dios sabe que sus hijos necesitan experimentar momentos donde el sufrimiento se convierte en una condición para que sean más fructíferos y útiles para la extensión de su reino. Muchas veces, lo que parece ser un valle de lágrimas no es otra cosa que Dios mostrando su amor y bondad hacia éstos. El apóstol Pedro nos dice: “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4.19). Hay situaciones donde la bondad de Dios se muestra en los sufrimientos. Aún en el sufrimiento, Dios es bueno.

Se debe evitar interpretar el carácter de Dios en base a las circunstancias: si las cosas van bien, Dios es bueno. Sin embargo, si la situación vivencial no es lo que se espera, las preguntas comienzan a surgir en la mente del hombre. Está bien que se analice la situación para poder sacar más provecho de ciertos sufrimientos, pero nunca se debe dudar de la soberanía, bondad y poder de Dios. Es importante recordar que Dios es el mismo hoy, ayer y por los siglos. Su carácter no tiene altibajos, Dios es siempre bueno. Siempre se ha de traer a memoria que en la suma de todas las cosas, la mano de Dios es siempre buena para con su pueblo. Por lo tanto, cuando la vida sonríe, Dios es bueno, y cuando la vida parece golpear de todos lados, Dios es bueno.

La soberanía, bondad y poder de Dios son para siempre, por ello se ha de confiar en su obrar para con los suyos en cada circunstancia, pues él tiene el control de todo. “Gustad, y ved que es bueno Jehová. Dichoso el hombre que confía en él” (Salmos 34.8). Por otro lado, es también fundamental tener presente las siguientes conclusiones:

1. Dios ha dado el sufrimiento como algo útil, es decir a través de este él educa al hombre y le prepara para todo el propósito para el cual le ha llamado. En Hebreos 5.8, describe que Jesús por todo lo que sufrió aprendió la obediencia.

2. Dios ha dado el sufrimiento como algo inevitable, pues a través de este el hombre siente el juicio de Dios. Es decir, es necesario que él sea consciente de su maldad y así Dios pueda iniciar su labor para restaurarlo (1ª Pedro 3.20-21).

3. Dios ha dado el sufrimiento como algo tolerable, pues tiene un objetivo, no es sufrir por sufrir, es esencial un crecimiento personal que le lleve a reconocer su lugar en la presencia de Dios: un verdadero hijo y discípulo suyo.

4. Dios ha dado el sufrimiento como algo necesario, pues a través de este el hombre se identifica con los padecimientos de Cristo y se hace parte del gozo dado por el Espíritu que reposa sobre su

vida, mente y corazón (1ª Pedro 4.12-19).

5. Dios ha dado el sufrimiento como algo que lleva a la victoria gloriosa, pues así seremos partícipes de su gloria eterna en Jesucristo y a través del cual él le perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá (1ª Pedro 5.10).

6. Dios ha dado un sufrimiento como escandaloso o misterioso, pues el hombre no lo puede entender y es cuando Dios guarda silencio en medio de la inocencia de una víctima llena de dolor y aparente abandono (Mateo 26.39, 27.46).

7. Dios ha dado su gracia infinita para dar fuerzas al que sufre. Lo más importante es la actitud en el sufrimiento: el descanso, paz y confianza en Dios de que todo lo que sucede está bajo su soberanía y propósitos divinos (2ª Corintios 12.9; Filipenses 4.13)

8. Dios ha dado el sufrimiento para atraer la atención del hombre (Mateo 11.28).

9. Dios ha dado el sufrimiento para asegurar su amor por el hombre (Hebreos 12.6-7).

10. Dios ha dado el sufrimiento para conquistar el orgullo del hombre (Santiago 4.6-7).

11. Dios ha dado el sufrimiento para hacer recordar al hombre su debilidad e impotencia (2ª Corintios 12.7-10).

12. Dios ha dado el sufrimiento para purificar la fe del hombre (1ª Pedro 1.6-7).

13. Dios ha dado el sufrimiento para que la obra del hombre sea probada (1ª Corintios 3.13).

14. Dios ha dado el sufrimiento para dar a conocer al hombre sus atributos:

14.1 Omnipresencia: “Estoy contigo, te escucho y te amo” (Hebreos 4.15; Salmo 3.1-2ª, 6.2-3)

14.2 Omnipotencia: “Estoy contigo con todo mi poder” (2ª Corintios 12.9)

14.3 Consolador: “Sufro contigo y te doy paz” (Juan 14.27, 16.33)

14.4 Justicia: “Estoy contigo y te defiendo” (Isaías 41.10)

14.5 Soberanía: “Estoy contigo y tengo el control” (1ª Pedro 2.21)

14.6 La Providencia de Dios: “Estoy presente y no callaré” (Salmo 19)

15. Dios ha dado el sufrimiento al hombre para capacitarle y así pueda consolar a otros.
CUESTIONARIO

1. ¿Cuál es la perspectiva que tiene el hombre acerca del sufrimiento? Explique.

2. ¿Por qué el hombre de hoy no acepta el sufrimiento? Explique.

3. ¿Puede el hombre entender el sufrimiento y hallar la razón por la cual sufre? Explique.

4. ¿Qué hace el hombre para remediar el sufrimiento? Explique.

5. ¿Cuál es la relación existente entre el hombre y el sufrimiento? Explique.

6. ¿Cuál es la perspectiva bíblica del sufrimiento? Explique.

7. ¿Se pueden conciliar la bondad de Dios y el sufrimiento? Explique.

8. ¿De qué manera se manifiesta Dios en el sufrimiento? Explique.

9. De algunas razones por las que el hombre sufre y explíquelas.

10. ¿Es el sufrimiento parte de la vida humana? ¿Cómo? ¿Qué significa? ¿Qué implica?

ENSAYO

Presentar una reflexión personal acerca de la importancia del sufrimiento humano (Máximo cinco páginas, mínimo dos).

CAPÍTULO DOS

EL ORIGEN DEL SUFRIMIENTO

El amor puede tolerar y puede perdonar…pero el amor nunca puede

ser conciliado con un objeto no digno de ser amado. Por lo tanto.

nunca puede ser conciliado con tu pecado, porque el pecado

en sí mismo no es susceptible de ser alterado; pero Él puede

ser reconciliado con tu persona porque ésta puede ser restaurada”

(Trahevne)

INTRODUCCIÓN

La historia de la humanidad es una interminable sucesión de sangre, sudor y lágrimas; de dolor, tristeza y miedo; de abandono, desesperación y muerte. Ante esta experiencia de sufrimiento es inevitable que el hombre se haya formulado desde antiguo la pregunta: si hay Dios ¿Por qué existe el mal y el sufrimiento?” 16

Hoy en día, ante esta realidad, el hombre continúa en ese camino de tratar de dar una respuesta satisfactoria a su incertidumbre al respecto. Por esta razón, y yendo un poco más allá, la verdadera pregunta que hay detrás de todo es: cuál es el verdadero origen de tanto sufrimiento.

Ahora bien, se hace ineludible recordar que en medio del pueblo de Dios se está proclamando de manera selectiva lo concerniente a la prosperidad, haciendo énfasis en las promesas de beneficios materiales prometidas por Dios a sus hijos.

Aunque es cierto que hay promesas de bendición para su pueblo, y Dios puede librarle de cualquier situación difícil, se sabe por medio de su palabra, que sus hijos no están exentos de las tribulaciones, cuando las mismas Escrituras presentan que el sufrimiento vendrá como algo natural que no debe tomarles por sorpresa, sin embargo no importa la situación en que se encuentren, Dios asegura por medio de su palabra guiar el proceso de las pruebas por la que pasen y esto a su vez, les llevará hacia la madurez.

Es por esta misma razón, que corresponde establecer que el sufrimiento no es mera casualidad. En Deuteronomio 8.2-3 el mismo Dios dice a su pueblo: “Te acordaras de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios, estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos, te afligió, te hizo pasar hambre y te sustento con maná, comida que tu ni tu padres habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan  vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios”. Así mismo en la vida de José tampoco fue una casualidad. Veamos: Sus hermanos lo quisieron matar, luego lo vendieron como esclavo a unos árabes mercaderes, su padre lo dio por muerto,  estuvo esclavo en Egipto, lo vendieron a la casa de Potifar, la esposa de Potifar lo calumnió y lo entraron en la cárcel. Él pensó que todo el mundo lo había olvidado, pero sabía que Dios no lo había hecho, tampoco él se olvidó de la  fe en ese gran Dios que le había enseñado su padre. El Dios del sufrimiento lo llevó a ser gobernador de Egipto (Génesis 37-48).
En la vida del mismo Hijo de Dios, Jesús, el sufrimiento no fue casualidad. Lucas: 24:26 afirma: “¿No era necesario que el Cristo padeciese estas cosas y que entrara en su gloria?”. Ahora bien, cabe destacar que el sufrimiento hoy, en los hijos de Dios, obedece a un plan 1ª Pedro1:3-7 lo confirma claramente: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”.

Por consiguiente, ¿qué debe estimular todo el sufrimiento que se padece? Este debe provocar al siervo de Dios: en primera instancia, a acercarse más a él, amarlo y temerle con todo su corazón, como dijera el rey Salomón: “el fin de todo el discurso oído es este: teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. (Eclesiastés 12.13). En segundo lugar, a arrepentirse de todas las cosas que hace y entregar toda su vida a Dios: Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12.14). Tercero, a aprender a depender totalmente de Dios: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte” (Salmo 16.5). Y por último, a permitir que Dios siga obrando en su vida para que alcance la madurez necesaria a la cual ha sido llamado, en Hebreos 5.8 dice del mismo Jesús: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. Lo cual habla de una madurez perfecta, es así como el pueblo de Dios debe buscar esta misma madurez que hubo en Cristo Jesús. Además, es claro que Dios no quita los problemas o el dolor que se sufre, los usa para que su pueblo alcance la meta que tiene un valor eterno (Romanos 8.28-29; 2ª Corintios 4.17-18); Es decir, transformar al hombre a imagen de su Hijo Cristo y de glorificarse en su vida de manera especial.

En el capítulo anterior, en el artículo del Kurt de Haan, se mencionaron algunos apartes acerca del origen del sufrimiento. En esta sección, se estará indagando bíblicamente y con mayor profundidad, pues es importante conocer a ciencia cierta de dónde tanto sufrir y así poder tener una respuesta concisa al respecto.

1. EN EL PRINCIPIO

“Una joven pareja llorando contempla la forma sin movimiento de su hijo. Un poco antes había estado muy feliz y lleno de vida. Como si esto no fuera suficiente para tenerlos tristes y preocupados, fue el hermano mayor del niño afectado el que, lleno de celos y enojo, levantó el arma que trajo la muerte al hermano más pequeño.” 17 Este ejemplo ilustra claramente uno de los casos más tremendos que ocurrieron luego de que Adán y Eva fueron expulsados del huerto del Edén. Fue el primer asesinato ocurrido, una verdad espeluznante que la biblia presenta a sus lectores más perseverantes. ¡Cuán pronto maduró el fruto del pecado! ¡Qué rápidamente trajo el pecado el sufrimiento a la raza humana! Eva pudo haberse hecho las mismas preguntas que muchas otras mujeres se han hecho a lo largo del tiempo: “¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué ha sucedido esto a alguien que era tan bondadoso e inocente?” Eva pudo contestar a estas preguntas, más que ninguna otra madre.

Fue a causa de su desobediencia por lo que la multitud de problemas y enfermedades entraron en este planeta. Si hay un Dios, ¿por qué no hace algo? ¿Por qué no pone fin a esta pesadilla? ¿Por qué está tan silencioso? ¿Es que no le interesamos? Qué fácil es culpar a Dios por los sufrimientos de este mundo. La Biblia revela que “vio Dios todo lo que había hecho, y era bueno en gran manera” (Génesis 1: 31). Si la Biblia al describir la creación de la Tierra, la naturaleza, las aves de los cielos, las bestias y al ser humano asegura que todo lo que Dios había creado era “bueno en gran manera”, ¿entonces quién lo arruinó todo? ¿Quién es culpable de las calamidades y enfermedades que afligen la vida del humano? ¿Será Dios? Responder estas preguntas es clave, puesto que hay personas que niegan a Dios porque si existiera -dicen- eso no sucedería. Otros preguntan: “¿Dónde estaba Dios cuando...?”. “¿Por qué sufren y mueren los niños?”. “¿Por qué permite Dios que religiosos pervertidos sexuales abusen de los niños?”. “Si Dios es todopoderoso, amoroso, sabio y justo, ¿por qué hay tanto odio, guerras e injusticia en el mundo? En fin, el incrédulo expresa muchos pensamientos contra la supuesta inexistencia de Dios por cosas malas que suceden y las que muchos religiosos han patrocinado, obrado u ocultado. Y a los que confiesan creer en Dios a veces la fe les tambalea por lo visto y oído en los medios.

Veamos el siguiente ejemplo: “En una entrevista a Anne Graham, hija de Billy Graham, después de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York, le preguntaron: “¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?”. A lo que Anne respondió con palabras sabias y sencillas: “Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro Gobierno y que salga de nuestras vidas. Y siendo el caballero que Él es, creo que se ha retirado tranquilamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?” 18

Acorde a esto, a Dios ahora, lo han dejado a un lado, volviéndole en un ser ausente de la sociedad misma. Sin embargo el hombre pide para sí protección y bienestar personal, familiar, y social; le saca de las escuelas, colegios y universidades, constitución, leyes y gobierno, y después espera que le ilumine y le socorra en momentos de desastres. Es realmente absurdo. El hombre saca al Señor Jesús de su hogar, y luego le pide que proteja y bendiga a sus hijos. ¿Será que hay congruencia? Definitivamente no. El hombre no puede pretender culpar a Dios de todo lo que sucede, olvidarse de él y luego llorar en su presencia como si nada hubiera sucedido.

Para poder entonces analizar el origen del sufrimiento y el dolor, es necesario estudiar la Escritura porque ni la filosofía ni la ciencia natural o social ni la religión tienen respuestas confiables, y porque la revelación de Dios es el documento más creíble y completo que puede existir.
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