Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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títuloCuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento
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2. LA CREACIÓN DE DIOS Y EL SUFRIMIENTO

Cuando se habla del principio de las cosas, se debe regresar al Antiguo Testamento donde está contemplada la creación (Génesis 1 y 2). Esta fue formada con todo el amor de Dios, más, cuando Él mismo se ocupó de ella en manera especial y donde el hombre fue la única creación que el realizó con sus propias manos, a la que le puso su toque personal y un mayor empeño. Por esta razón es denominado: la corona de la creación de Dios. Por ello, el origen del sufrimiento habrá que buscarlo en nuestros primeros padres Adán y Eva, quienes cayeron de su integridad y perdieron la unión con Dios, y por tanto quedaron muertos en el pecado y pervertidos en todas las facultades y partes del alma y cuerpo. Siendo ellos el linaje de la raza humana, la culpa de este pecado le fue imputada a toda la humanidad, y la misma muerte en el pecado y la naturaleza depravada se transmitieron a la posterioridad que desciende de ellos. Todos los hombres son "inexcusables" (Romanos 2:1). Pablo insiste una y otra vez que estamos muertos por el pecado (Efesios 2:12). Lo que significa es que el hombre desde la caída se encuentra bajo la maldición del pecado, y que es incapaz de amar a Dios por su propia cuenta (1ª Cor. 2:14; Génesis 2:17; Romanos 5:12; 2ª Corintios 1:9; Efesios 2:1-3; 12, Jeremías 13:23; Sal. 51:5; Jn. 3:5; Romanos 3:10-12).

Cuando el hombre y la mujer fueron puestos sobre la tierra, Dios les dio el primer mandamiento, el cual consistía en fructificar y multiplicarse, llenando la tierra para sojuzgarla, dominando sobre todo ser viviente (Génesis 1.28). El primer término, fructificar viene del hebreo pará que significa “llevar fruto, producir.” 19 En este sentido, se puede afirmar que todo lo que el hombre fuera a producir, su fruto estaba bajo la bendición de Dios. Se podría pensar entonces, que todo lo que saliera de él era bueno. Además, está relacionado al segundo término multiplicar, el cual tiene el sentido de hacer crecer o aumentar de número. Por esto, es esencial determinar que la descendencia que viniera del hombre debería tener ciertas características que le hacían singular dentro de la creación: el hombre tenía intelecto, capacidad para relacionarse con los de su misma especie, capacidad para comunicarse con otros y con Dios. Todo esto unido a que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, al cual le fue dado su carácter.

El hombre era eterno, inocente, santo, vivía en armonía con Dios, la mujer, los animales, las plantas, el trabajo, es decir, con todo el entorno que hacía parte de su vida. Al ser bueno y tener estas características, la humanidad proveniente de él estaría en su misma condición. Este hecho, queda totalmente establecido cuando el autor de Génesis menciona la frase: “Llenad la tierra” (Génesis 1.28c). ¿Por qué? La razón es muy clara, no se puede decir que Dios iba a dar esta orden a alguien que estuviera en un estado de corrupción y que había sido puesto en la tierra para que abasteciera todos sus contornos. Si fuera así tendríamos que decir que el hombre no tendría responsabilidad alguna sobre lo que pasa en la tierra. A parte de ello, Dios sometió a dirección del hombre todo ser vivo sobre la tierra, los términos “sojuzgar” (someter) y “señorear” (dirigir) lo confirman (Génesis 1.28c y d).

Es tal vez, la manifestación más clara de la bondad que Dios había dado al ser humano y por ello, él le tenía plena confianza y lo colocó como administrador de sus pertenencias. En una de sus parábolas, la de los talentos (Mateo 25.14-30), Jesús deja entrever también esta apreciación anterior: el siervo fiel es quien debe administrar bien lo que su amo le ha encargado, llevando mucho fruto. Lo que es más, en Juan 15, el mismo Jesús aseguró que el hombre separado de él nada podría hacer; en cambio, todo aquél que le reconozca y esté a su lado llevará mucho fruto. Es interesante entonces recordar que el hombre no puede vivir sin el Señor, su vida estará marcada de desazones y fracasos si está alejado de Dios.

Ahora, esto no fue suficiente para el hombre, pues su actitud frente al mal dejó en entredicho toda esa bondad que Dios le concedió. En Génesis 3 se encuentra un relato que para el pueblo de Dios es bien conocido: el inicio de la vida pecaminosa de parte del hombre. Según la Escritura, en Ezequiel 28.12-19, el mal inició desde el momento en que Luzbel, quien era un querubín y cuya labor era de protector del trono de Dios, se rebeló contra su creador y enaltecido por su hermosura pecó y fue arrojado de la misma presencia de Dios. Es evidente que al entrar en escena, en el huerto de Edén, y lleno de orgullo, altivez y si se puede afirmar, amargura, su objetivo era destruir lo que Dios había creado con tanto amor y detalle. Cuando se personifica como una serpiente, lo hace con una astucia muy particular, con el fin de tener una apariencia inofensiva.

El término que se presenta en Génesis 3.1 para describir una característica específica de ella: “astuta” viene del hebreo arum y significa cauteloso, prudente, y da el sentido de hacer algo con suavidad de manera que pueda lograrse un objetivo propuesto.20 En este orden de ideas, es importante también especificar que en la forma Hiphil del término, indica “tramar.” 21 Esto implica que la serpiente usó de todo su encanto para poder engañar a la mujer de una manera muy sutil. El contexto de la trama, habla de que la serpiente usó palabras envolventes: inició con algo conocido y terminó poniendo a sus palabras la mentira. En ese algo conocido, usó el nombre de Dios y el hecho de que él había dado una orden concreta al hombre en cuanto a un árbol del huerto. Se podría afirmar que, esto manifiesta lo cauteloso que fue, pues él necesitaba conocer hasta qué punto la mujer tenía el conocimiento de la orden divina y si a su vez, reconocía la veracidad de la Palabra de Dios.

Por ello, puso en la boca de Dios una palabra que no era cierta: “No comáis de todo árbol del huerto”, es decir, su carnada fue muy sigilosa, estaba poniendo en tela de juicio lo que Dios había dicho, al considerar que ellos no podían comer de los árboles del huerto. Pero, es en la respuesta de la mujer donde estuvo la clave para que la serpiente pudiera dar su siguiente paso. La mujer agregó a la Palabra de Dios. Ella desmintió por un lado lo que la serpiente dijo, pues era claro que ellos sí podían comer de los árboles, menos del que había sido señalado como el de la ciencia del bien y del mal. Sin embargo, ella añadió “ni lo toquéis”. El término tocar viene del hebreo nagá, y significa “poner las manos encima con cualquier propósito, alcanzar.” 22

Además, en opinión del autor, el énfasis en la respuesta de la mujer no estuvo en el hecho del resultado que traería el desobedecer una orden directa de Dios, fue más en el comer y tocar, una tergiversación muy sutil de la misma Palabra que Dios había dado al hombre, aparte del hecho que ella le había añadido. Por otro lado, haciendo un análisis se puede notar que la frase “no muráis”, salida de los labios de ella, está precedida de un “para que”, lo cual denota destino y no se deja entrever que esto fuera lo más significativo en el momento de la conversación.

Realizando una comparación con Génesis 2.17, en las palabras de Dios: “pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás”, el texto hace más énfasis en el resultado: morir. La frase “ciertamente morirás” literalmente se traduce: “muriendo morirás.” 23 Por esta razón, la serpiente que era la más astuta de las bestias del campo, logró el punto de contacto preciso para poder entrar y mentir a la mujer, pues si ella no estaba tan convencida, era el momento propicio para su cometido. Se podría afirmar que en su sagacidad logró, en cierta forma, descubrir cierto aire de inconformidad en la mujer, no sólo por su diálogo con ella, sino también por lo que el contexto posterior presenta cuando ella dice el texto: “...vio la mujer que el árbol era bueno para comer…agradable para los ojos…deseado para alcanzar conocimiento” (Génesis 3.6). Sólo cuando alguien se halla en un estado de inconformidad, es que busca algo más que pueda ayudar a saciar sus inquietudes como persona y lo puedan llevar a cumplir sus deseos más profundos.

En esta misma secuencia, el relato muestra un segundo momento el cual fue fulminante y terminó con la tragedia más grande ocurrida en la historia de la humanidad: la desobediencia que desencadenó el tema que se está tratando en este libro, el sufrimiento. La serpiente, arremete nuevamente contra la mujer y lo siguiente que hace es decirle claramente a ella que: “ciertamente no moriría”. El término ciertamente, habla de algo que no tiene dudas, algo totalmente certero y hábilmente pone en entredicho una vez más la palabra dada por Dios. Es así que la mujer es puesta en un parangón, algo inimaginable estaba a punto de ocurrir.

En síntesis, la serpiente tocó puntos neurálgicos para poder convencerla: en primer lugar, en su argumentación, dejó claro que la Palabra de Dios no era cierta en cuanto a su muerte (Génesis 3.4). En segundo lugar, Dios era un egoísta y mentiroso a la vez, por cuanto les estaba ocultando la verdad acerca de lo que realmente sucedería al obtener el conocimiento del bien y del mal (Génesis 3.5ª).

En tercer lugar, le indicó que sería como Dios (Génesis 3.5b). ¿Quién en esta vida no ha querido ser su propio dios? ¿Tener poder sobre su propia vida siendo autosuficiente? ¿Teniendo el control? Es posible que la humanidad se haya dejado tentar también como lo hizo la primera mujer sobre la tierra. Luego de esto el texto muestra que Adán, comió del fruto sin preguntar qué había pasado y por qué, lo único que hizo fue unirse a la mujer en esta desobediencia a Dios, no teniendo en cuenta lo que estaba estipulado sucediera (Génesis 3.6).

Haciendo una observación al asunto descrito, se puede establecer que el hombre cayó de su gloria y su pecado afectó profundamente tres áreas esenciales en su vida: su cosmovisión (ser), filosofía de vida (pensar) y su conducta (hacer). Además, el pecado atacó tres aspectos que son parte del ser humano: la base del conocimiento, este responde a la pregunta ¿qué es verdad? El hombre se creyó con la suficiente capacidad de tomar una elección para conocer todo fuera de Dios (“Con que Dios os ha dicho…”). La base de las normas morales, que responde a la pregunta ¿Qué es bueno? Una vez más el hombre se creyó suficiente para determinar qué era lo bueno y qué lo malo (“Y vio la mujer que el árbol era bueno…”). Y por último, la base de la personalidad, responde a ¿Quién soy? (“Y seréis como Dios”). Cuando el hombre se alejó de Dios y decidió por su propia cuenta responder a éstas preguntas desde sí mismo, perdió el norte y permitió que esa armonía, pureza, paz, bondad y bendición de Dios fueran transformadas en un sufrimiento incomparable.

3. EL RESULTADO DEL PECADO

A menudo la gente trata de justificar su pecado culpando a su herencia genética o a sus circunstancias. Pero el primer pecado lo cometieron en el paraíso las dos personas creadas por Dios. En el huerto, Adán y Eva vivían en un estado de inocencia y de ininterrumpida comunión con Dios. No había pecado alguno. Pero Satanás tentó a esa primera pareja, y ellos desobedecieron a Dios trayendo sobre todos sus descendientes la maldición del pecado. Su trasgresión fue el modelo para todo pecado. Las circunstancias de Adán y Eva en el huerto cambiaron inmediatamente después que desobedecieron a Dios. El huerto era un paraíso, y Adán y Eva habían vivido en un perfecto estado de inocencia. Pero al participar del fruto produjeron lo que implicaba el nombre del árbol: el conocimiento "del bien y del mal" (Génesis 2:9,17). Luego de una decisión nefasta, el hombre inició una vida de dolor. Todo a su alrededor fue afectado y esto comprende varias áreas de su vida: su relación con Dios, su relación como familia, su relación con el trabajo y su relación con el medio que le rodea.

3.1 El hombre y su relación con Dios:

La primera consecuencia de la desobediencia afectó la relación que el hombre tenía con Dios. Cuando fue creado, Dios lo hizo a su imagen y semejanza y era como él: un ser eterno, inocente, santo, lleno de sabiduría, entre otros atributos que le fueron dados. Sin embargo, luego de su pecado el hombre cambió totalmente su esencia. Se convirtió en un ser que perece, ya no existía esa inocencia, ni la santidad, ni aún la misma sabiduría. Lo que es más, el huerto, que una vez fue un lugar delicioso para vivir, se convirtió en el escondite de Adán y Eva para huir de su Creador, cuya presencia temían. No podía evitarse su encuentro con Dios; y cuando ocurrió, el resultado del pecado apareció con toda claridad.

Pero, ¿por qué el hombre quiso esconderse de Dios? Existen por lo menos tres razones: La primera, el Temor (Génesis 3.10). Adán y Eva no tuvieron miedo delante de Dios hasta que pecaron. Una vez que pecaron, tuvieron temor al Dios que antes amaban. Los que pecan hacen esfuerzos desesperados por ocultar sus maldades. La razón es sencilla: el pecado condena. Hace que el pecador tema encontrarse con un Dios puro y santo. En segundo lugar, la culpa (Génesis 3.12-13). A partir de este momento, cuando Dios encara al hombre preguntándole por lo que había sucedido ocurre algo bastante singular: Adán le echa la culpa a la mujer que Dios, en su gran amor y bondad, le había dado como un regalo a su soledad y falta de compañerismo con alguien de su misma especie.

En esta instancia, y de cierta manera, el hombre al decir “la mujer que me diste”, es como si estuviera quejándose a Dios por haber creado a la mujer, no asumiendo así su responsabilidad. Por otro lado, la mujer también, dejó de asumir su responsabilidad, echándole la culpa a la serpiente. Y en tercer lugar, la muerte (Génesis 3.22-24). Excluidos del árbol de la vida, Adán y Eva sufrirían algo que Dios no se propuso originalmente: la muerte. A menudo en la Biblia la muerte significa separación. De modo que el primer efecto fue muerte espiritual; el pecado apartó de Dios a Adán y a Eva. Pero su pecado también, trajo muerte física al mundo.

La muerte no es sencillamente el castigo por el pecado, sino la consecuencia lógica del pecado. El apóstol Pablo afirmó que la muerte era "la paga del pecado" (Romanos 6.23). El pecado es un acto malvado que nos separa de un Dios santo y del dador de la vida. La separación de la fuente de la vida sólo puede dar por resultado muerte. A fin de impedir que Adán y Eva siguieran viviendo en su estado pecaminoso, Dios los expulsó del huerto. Sabía que una vez que le hubieran desobedecido, había la posibilidad de que comieran del árbol de la vida, y vivieran para siempre en un estado pecaminoso. En su misericordia, Dios se aseguró de que eso no pudiera ocurrir.

3.2 El hombre y su relación con la familia

Al ser abiertos sus ojos, ellos se dieron cuenta de que estaban desnudos y su relación como pareja cambió totalmente a partir de ese instante. Cada uno tomó para sí lo que necesitaba y así cubrirse. Esa vida de gran armonía ya no era la misma.

Al hacer una contextualización, las cosas no han variado mucho. El hombre y la mujer en su matrimonio se baten en una guerra para tratar de defender su individualidad y se ha convertido en una relación egoísta y de competencia donde cada uno busca su propio bienestar, aún por encima de lo que los une: el amor. Sin embargo, es de recordar que este tipo de amor es imperfecto cuando no viene de Dios. El hombre no es abierto en sus relaciones, ha tenido que batallar con lo que denominan hoy “timidez”, en cierta forma vergüenza, lo cual hace que éste no sea transparente y le ha llevado a convertirse en un ser autosuficiente creyendo que no necesita de los demás, cuando el mismo Dios le creó con la capacidad de relacionarse correctamente con los demás. No lo hizo para que fuera un hipócrita, por el contrario, lo hizo para que fuera sincero y sin mancha. Pero por causa del pecado habría de sufrir en sus relaciones interpersonales.

El pecado en una esfera de nuestra vida, puede afectar rápidamente otros aspectos de ella, incluso nuestras relaciones con los demás. Los resultados del pecado de Adán y Eva pronto alcanzaron a sus hijos. Después que Adán y Eva fueron expulsados del huerto, tuvieron dos hijos, Caín y Abel (Génesis 4.1-2). "Abel fue pastor de ovejas" y "Caín fue labrador de la tierra". Un día Caín presentó algunos de sus productos como una ofrenda a Dios. La Biblia no nos dice que llevara lo mejor. Tal vez estuviera simplemente procurando que Dios lo recompensara y no adorándolo con sinceridad. Abel, por otra parte, presentó lo mejor de su ganado, en verdadera adoración de Dios. A Dios le agradó la ofrenda de Abel, pero "no miró con agrado" a Caín y a su ofrenda (Génesis 4.4-5).

Es evidente que Caín no se presentó delante de Dios con fe. Además, la reacción de Caín ante Dios muestra el pecado que había en su corazón. Si Caín hubiera deseado agradar a Dios, se habría humillado delante de Dios y le hubiera preguntado qué tenía que hacer para hallar misericordia. Pero el enojo consumió a Caín, que dirigió su amargura contra Dios. El origen de las dificultades cada vez mayores de Caín, el pecado, aparece en la advertencia de Dios en Génesis 4.6-7. Dios estaba interesado en ayudar a Caín; pero Caín rechazó la ayuda de Dios. Se describe el pecado como un animal agazapado que espera la oportunidad de devorar a su víctima. Al igual que su madre que escuchó a Satanás, Caín permitió que entraran en su vida la ira y el resentimiento. Al igual que su padre que no pudo rechazar el fruto a pesar de la prohibición de Dios, Caín no calmó su ira.

El pecado, que separó a Adán y a Eva el uno del otro y que los apartó de Dios, ahora llevó a un final sangriento la relación entre Caín y Abel (Génesis 4.8). Caín se convirtió en el primer homicida del mundo. La historia de Caín y Abel no termina con el asesinato de Abel a manos de Caín. Más bien continúa contando de la relación deteriorada entre Caín y Dios. El pecado de Caín tuvo dos resultados: en primer lugar, Caín volvió a pecar al mentirle a Dios respecto a su hermano (Génesis 4.9). En segundo lugar, Caín incurrió en castigo por su acto malvado (Génesis 4.10-12). Una vez más lo mismo que ocurrió en el huerto del Edén aparece en la vida de Caín: el evitar las preguntas directas de Dios, el castigo por transgredir la orden de Dios y, por último, la separación de Dios.

Hoy los hombres y las mujeres siguen el mismo patrón de conducta. El pecado los aleja cada vez más de Dios. Los culpables a menudo mienten y buscan formas de ocultar su pecado. A la larga, a menos que se arrepientan, afrontan el castigo por el pecado: la eterna separación de Dios.

Trágicamente, como en la época de Adán y Eva, Dios nunca tuvo el propósito de que ocurriera esa separación. La lección enseñada por Adán, Eva y sus hijos nos habla hoy con toda claridad: el pecado destruye las relaciones entre las personas y entre las personas y Dios.
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