Cuestionario capítulo dos: el origen del sufrimiento




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3.3 El hombre y su relación con el trabajo

El pecado afectó también tanto al hombre como la mujer, de maneras distintas, en cuanto a su trabajo. En Génesis 3.18 Dios le dice al varón, que la tierra que él labra producirá espinos y cardos, esto es, que labrará la tierra con dificultad y resultados contrarios. Y en el versículo 19 del mismo capítulo, le dice: “con el sudor de tu rostro comerás”. Se refiere al trabajo duro e incómodo. El gozo de cuidar el huerto de Edén que sólo producía bien se había convertido en la labor dura de cultivar una tierra que resiste, cuesta más trabajo, y además da malos frutos.

En la mujer refiere al trabajo de parto, al cual Dios le dice a ella: “multiplicaré en gran manera tus dolores y preñeces, con dolor parirás los hijos…” (Génesis 3.16a); y por otro lado, también le dice que su esposo se enseñoreará de ella: “y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti” (Génesis 3.16b). “Enseñorear viene del hebreo mashal y significa “gobierno, dominio.” 24 Su implicación es clara, la mujer a partir de allí debía ver al hombre como su señor, como quien es dueño, él ejercería dominio sobre su vida. Es de notar, que esto traería bastante sufrimiento, puesto que la armonía que existía dada por el amor y la bondad se había perdido totalmente.

Todo esto ha dado pie a lo que en la tierra se ha denominado: por un lado, machismo, que no es otra cosa que la creencia en la superioridad del hombre sobre la mujer, lo cual le ha llevado a la violencia, el ultraje, el pisotear su dignidad como persona. Y por el otro, el feminismo, que ha sido la respuesta de la mujer, también creyendo que es superior al hombre y que nada la puede detener, llevándole a hacer lo mismo que el hombre le ha llevado a experimentar. ¿Es Dios culpable de toda esta situación? Claro que no. Las malas decisiones del hombre, el haberse apartado de Dios por el pecado le llevaron a destruir la paz y bendición que tenía en sus manos y que le llevaba a relacionarse correctamente con su pareja, su familia y con los demás.

3.4 El hombre y su relación con el medio que le rodea

Es también importante recordar que el pecado del hombre le llevó a perder esa relación de armonía con el medio que le rodeaba: el ecosistema en general. El pecado no solo arruinó la vida del hombre, sus relaciones interpersonales, familiares y de pareja, sino también arruinó la tierra. En Génesis 3.17 (segunda parte) afirma que Dios le dijo al hombre: “maldita será la tierra por tu causa…”, y es desde ese momento que comienza una larga y dolorosa enfermedad que va de mal en peor. Ahora bien, el término “maldita” viene del hebreo arar y es una declaración de juicio sobre los que quebrantan el pacto.25 Por causa del hombre la tierra fue puesta también bajo el juicio divino, por cuanto él quebrantó el pacto dado por Dios. El mismo Pablo en la carta a los Romanos 8.20-22, donde expresa la situación a la cual fue sujetada la tierra, la cual hasta hoy está gimiendo de dolor: “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y aún está con dolores de parto hasta ahora”. La creación está esclava del pecado, pero la promesa divina, es que será libertada de la misma forma que los hijos de Dios. La argumentación de Pablo, expresa de manera especial esta analogía entre la creación y una mujer encinta. Los dolores de parto van en aumento tanto en intensidad como en reiteración, en otras palabras, la vida en este planeta se hace cada vez más inadmisible. Es eso justamente lo que está ocurriendo en la actualidad con el planeta tierra. El problema del calentamiento global, el rompimiento de la capa de ozono, el descontrol en la acumulación de basura o el mismo problema de la extinción de especies, nos manifiestan, que la creación no puede más.

El hombre está afanado realizando campañas para que los habitantes de este mundo, tomen conciencia e inicien una labor de descontaminación y cuidado del planeta; se hacen musicales con letras de índole panteísta y cuyo objetivo es organizar una alerta colectiva entre palabras de amor y misericordia por la “madre naturaleza”. A pesar de la lucha humana por esta causa, ha sido infructuosa y estos continuos esfuerzos para mejorar la vida en el planeta se ha convertido en una tarea vana y sin resultados.

El ser humano no podrá mejorar la enfermedad de este planeta, pues no le es posible ni aún quiere. Ejemplo de esto: las personas siguen ensuciando, rayando, talando, contaminando los ríos, alterando el ecosistema con ensayos nucleares, entre otras cosas más. Por esta razón, no va a ser la humanidad quien restaure la creación. En conclusión, el hombre es quien verdaderamente ha perdido y ha afectado todo a su alrededor por causa de su desobediencia.

CONCLUSIÓN

Como se ha podido observar, el hombre en el huerto del edén violó el pacto con Dios (pacto Adámico), el cual, siendo el representante de la raza humana, por su desobediencia afectó todo lo relacionado con su vida, pero que ha trascendido de generación en generación. El hombre mismo no tuvo en cuenta la proporción del daño por su pecado y sus efectos.

El ser humano, por su mala decisión, entorpeció su autoridad para gobernar haciéndose alguien vulnerable a los ataques de su enemigo más acérrimo: satanás (2ª Corintios 4.4; 1ª Juan 5.19). Además, heredó una naturaleza pecaminosa (Romas 6-8), dejándole a merced de sus deseos carnales. Así mismo, su conciencia espiritual se extravió en la caída (muerte espiritual), y la enfermedad y la muerte física se volvieron una realidad como parte del sufrimiento por el pecado (Génesis 3.19).

Por otro lado, su dominio sobre el reino animal también se perdió (Génesis 9.2), y fueron necesarias las leyes para detener el furor del pecado (Génesis 9.5-6). La tierra fue hecha maldita y probablemente fue desde allí que se dieron cambios biológicos, pues muchos animales cambiaron, de ser domésticos y de comer vegetales a adquirir un carácter de ferocidad volviéndole carnívoro. La armonía hombre-animal se rompió y se inició una lucha por la supervivencia, llevando a la extinción de muchas especies. Por esta razón, se debe dejar establecido que en su totalidad la tierra experimentó los efectos de una caída que no estaba dentro de la bondad divina dada por Dios al hombre (Romanos 8.20). El medio ambiente perfecto que existía ahora estaba sometido al deterioro y destrucción. Los terremotos, hambre, tormentas, erupciones volcánicas, inundaciones, entre otros, se convirtieron en una forma de vida en la historia de la humanidad. Aún el trabajo que era disfrutado en la presencia de Dios, ahora llegaría a ser una labor dura, incómoda y de poca productividad por dicha maldición.

Otro factor a tener en cuenta en ese fatídico momento de desobediencia, fue el papel que satanás tendría en su afán por frustrar los planes de Dios. Se presentaría un conflicto entre creyentes bajo el reino de Dios y los impíos bajo el mando de Satanás. Los efectos del pecado se manifiestan a través de los primeros once capítulos de Génesis: Caín al matar a su hermano (Génesis 4.8), revela el pecado profundamente arraigado que está en el hombre.

El propósito del diluvio fue para quitar la maldad que había en el corazón del hombre (Génesis 6.5). Cada inclinación del corazón humano estaba dominada por pensamientos malignos. La torre de Babel en Génesis 11 da también evidencia de la rebelión del hombre. En vez de cumplir con la orden que Dios le había dado al hombre, éste decidió trabajar de manera independiente de Dios, rechazando cualquier provisión que viniera de él.

A pesar de las cicatrices del pecado, la humanidad ha podido sobrevivir en esta tierra a causa de la misericordia y bondad de Dios. El hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, le ha dado la capacidad de entender el bien y el mal, lo cual muestra que tiene una fibra moral dentro de su corazón y por ello, se puede gobernar a sí mismo a través de leyes que le pueden proporcionar un medio ambiente de bienestar. Sin embargo, debe dejarse guiar por la revelación divina, la Palabra de Dios y creer en el testimonio de Cristo y en su sacrificio, para así poder ser libre del pecado (Romanos 10.17), el cual le separa de Dios. Una actitud moralista de parte del hombre, no podrá darle salvación o detener la furia del mal en la tierra, pues este sigue permeando el mundo de hoy. El pecado someterá la vida del hombre a pesar de sus múltiples intentos de vivir buenos principios morales. La historia de la humanidad lo manifiesta continuamente. Es entonces esencial, que el asunto del pecado sea estimado a la luz del hombre. Esto podrá explicar claramente el sufrimiento al cual el hombre se ve abocado. Dios no creó este desorden. Fue la decisión del hombre que al pecar trajo al mundo todas las dificultades y males que existen a su alrededor.

El pecado entonces, nunca trae buenas consecuencias. Satanás pecó, el hombre también y por ello, el mundo está lleno de pecado, y de los resultados del pecado. A veces afecta la mente con cosas como envidia, odio, orgullo, egoísmo, hipersensibilidad, insomnio, miedo, vergüenza, decaimiento, o trae problemas nerviosos, o problemas físicos, molestias y dolores o enfermedades, y problemas relacionales, esto es, que afecta la relación entre personas, y por supuesto, ante todo esto, el pecado afecta nuestra relación con Dios. Por consiguiente el hombre se hace un ser necio ante Dios. A pesar de este panorama, el cual es sombrío si se quiere, Dios en su amor y bondad ha tenido misericordia de su gran creación, y ha estipulado la solución al dilema del sufrimiento: sin el hombre merecerlo, envío a Jesucristo su Hijo para que viniera a la tierra, se hiciera un simple ser humano y viviera en medio del sufrimiento.

Muestra de ello es que se presentó como el sacrificio por el pecado del hombre, según Isaías 53.4-5: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Esto habla de que Dios no dejó al hombre sin esperanza, por el contrario, aunque el hombre se alejó de él por el pecado y no tiene la capacidad por sí mismo de volver a él, Dios dio una única solución tanto para bendición del hombre como para la tierra misma: la vida de su único Hijo en favor de una raza caída. Por esta razón, el hombre está llamado a creer, arrepentirse y vivir una vida conforme la Voluntad Divina y esperar el día en que sea manifestada la bendición del Señor y todo sea restaurado.

CUESTIONARIO

1. ¿Cuál es la relación entre el sufrimiento y la prosperidad que hoy se está enseñando en la iglesia?

2. ¿Qué significa que el sufrimiento no es una mera casualidad y obedece a un plan divino? Explique. ¿Qué implicaciones tiene para la iglesia hoy?

3. ¿A qué estimula el sufrimiento que se soporta? ¿Qué implica para el pueblo de Dios hoy? Explique.

4. ¿De qué manera se ha hecho presente el sufrimiento en la tierra? Explique.

5. ¿Qué relación existe entre la creación y el sufrimiento? Explique su respuesta.

6. ¿Qué significa Génesis 1.28 a la luz de la caída del hombre y el inicio del sufrimiento? Explique.

7. ¿Por qué para el hombre la bondad de Dios no fue suficiente?

8. ¿Qué aspectos esenciales atacó el pecado en el hombre? Explique cada uno de ellos.

9. ¿Cuál fue el resultado del pecado y cómo ha afectado en el día de hoy a la iglesia de Cristo? Explique.

10. ¿Qué esfuerzos ha hecho el hombre para tratar de mejorar todo lo que fue afectado por el pecado? ¿Podrá restaurar? Explique.

ENSAYO:

Presentar una reflexión personal acerca del origen del sufrimiento y de cómo afectó al ser humano (mínimo dos páginas, máximo cinco)

CAPÍTULO TRES

EL CONTEXTO DE UN LAMENTO
Dios susurra y habla a la conciencia a través de su palabra,

pero le grita mediante el dolor:

el dolor es su megáfono para despertar

a un mundo adormecido”.

(Clive Staples Lewis)

INTRODUCCIÓN
Como se ha mencionado anteriormente, el sufrimiento es un misterio. Nunca llegaremos a entenderlo. El sufrimiento es una escandalosa realidad en nuestra vida, en la vida de todo hombre.

Quizás el sufrimiento es el enemigo contra el cual el hombre ha luchado con más ímpetu. Y, sin embargo, el sufrimiento sigue presente en cada hombre, en cada situación, en cada actividad. Apenas hemos conseguido una victoria sobre el sufrimiento, éste aparece con nuevo rostro, con mayor fuerza. Entonces, sólo nos queda aceptar que hemos sido derrotados en nuestra lucha contra el sufrimiento. No hay una respuesta contundente, desde la perspectiva humana, para este misterio. La única respuesta viene de Dios y es Cristo. Pero a pesar de todo, la realidad del dolor no cambió después de su muerte y resurrección: el sufrimiento sigue existiendo. Y, aunque él sufrió dolor, no se puede afirmar que lo haya esclarecido del todo: sigue siendo un misterio. Cristo sufrió, murió y resucitó. Allí es donde se puede encontrar la única respuesta al misterio del sufrimiento.

Cristo, al asumir el sufrimiento, le dio un valor salvífico: lo hizo medio para reconciliar al hombre con Dios y a los hombres entre sí. Al morir en una cruz, cambió el sentido del dolor: de enemigo del hombre lo transformó en su colaborador. Al resucitar, nos mostró el término definitivo del sufrimiento: la gloria, donde el dolor y la muerte no tienen ya ciudadanía.

Cristo compartió nuestros sufrimientos: “eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba” (Is 53.4). Nuestro sufrimiento, de alguna manera, ya ha sido sufrido por Cristo. En Él, todo sufrimiento ha adquirido una capacidad de convertirse en instrumento de salvación. Por esta razón, se debe decir claramente que Dios mismo ha sufrido por causa del pecado de su creación más amada. Y cuando hablamos de lamento, vamos a poder oír también el dolor de Dios por su pueblo. El lamento de nuestro Padre quien sufre al ver que ha creado hijos y después de haberlos engrandecido, éstos se han rebelado en contra de Él. ¿Cómo? Solamente volviéndose otra vez a la inmundicia de los pecados propios de la carne (2 Corintios 7:1).

La respuesta a esto no tiene nada de misterioso, pues cualquiera puede entender que los desvíos sexuales, los vicios, drogas, entre otros pecados más, están mal y se pueden detectar con facilidad. En cambio, los pecados de la inmundicia “de espíritu” no es muy fácil descubrirlos, y mucho menos el comprobarlos en las vidas de los que los cometen. Y esto mayormente cuando se trata de cristianos y ministros que han aprendido a usar la misma Palabra de Dios para vivir: “teniendo apariencia de piedad” (2 Timoteo 3:5a). Esta actitud de apariencia, de fingimiento y de hipocresía, es precisamente la causa mayor del lamento doloroso de Dios. Esta es provocada y alimentada por decisiones equivocadas y aborrecibles delante de Dios como lo son la soberbia, orgullo, arrogancia, altivez, jactancia.

Por eso está escrito que “viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa” (Malaquías 4:1). Aquí también el Espíritu Santo, se dirige al pueblo de Dios. Pues no es posible hacer maldad sin tener soberbia (y esa es comúnmente la vida del mundo impío). En cambio, sí es posible tener soberbia, y no hacer maldad de la que se nota inmediatamente llamada “apariencia”. Esta apariencia opera exclusivamente entre el pueblo de Dios, pues es el único pueblo que conoce por la Palabra de Dios la piedad verdadera, y que por lo tanto puede muy bien fingir que la vive: “pero negara la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:5b).

Desde esta perspectiva, es que se presenta el lamento divino, y se puede escuchar un canto de dolor, cuya letra dice de la siguiente manera:

Cuando en cautiverio te llevaron de Sión, y los sacerdotes lloraron de angustia, fue como morir de vergüenza y dolor. Caminaba triste el pueblo fuerte del Señor. ¡Ah! Jerusalém ¿por qué dejaste de adorar al Dios vivo, quien en tantas batallas te ayudó? ¡Llora Israel! En un solo lamento, pues Dios puede recordar al gusano de Jacob. ¡Llora Israel! Babilonia no es tu lugar. ¡Clama a Dios! Y él te oirá, y el enemigo te hará libre.” 26
Es importante tener presente que Dios también sufre y lo hace continuamente por el amor que tiene hacia su pueblo. Cada vez que su pueblo era llevado a cautiverio, el dolor era parte de su corazón, el cual estaba quebrantado por la maldad de su pueblo, pero también porque iban a ser esclavizados, ultrajados y maltratados por sus enemigos.

Dios no es ajeno al dolor, él está siempre dispuesto a pastorear a su pueblo, guiarlos a fuentes de agua viva y a enjugar sus lágrimas en medio de las situaciones difíciles de la vida (Apocalipsis 7.17).

1. ESCUCHANDO EL LAMENTO DE DIOS (Por M. Basilea Schlink)

¿Puede Dios, el Dios grande y eterno, lamentar algo realmente? Siendo el Dios vivo, y siendo amor, como testifica la biblia, él ha de sufrir forzosamente en su amor al ver que sus hijos, aquellos a quienes ha creado, se hunden en la suciedad del pecado, lanzándose a su destrucción. Dios no puede por menos que lamentar el que muchedumbres enteras sean presa del infierno.

Por eso se lamenta Dios ¡Realmente se lamenta! La santa Escritura nos lo dice. Lamentos desgarradores de Dios sobre su pueblo escogido que nos son transmitidos por medio de los profetas. Escuchemos estos lamentos, pues hoy expresan el dolor de Dios al hallar en nuestro pueblo, nuestras iglesias y las naciones del mundo en condiciones similares a las de su pueblo en otro tiempo: endurecidos por el pecado, con corazones depravados y apóstatas. Pero, lo que sucedió en aquellos tiempos era insignificante comparado con los pecados y las blasfemias que hoy claman al cielo procedentes de nuestras naciones llamadas cristianas, incluso de la iglesia.

En los lamentos transmitidos por los profetas, oímos cómo se lamentaba Dios en aquél tiempo cuando su pueblo estaba casi hundido en el pecado y con todo, negándose a arrepentirse. Dios amaba a su pueblo y no quería realmente expresar su ira y castigarlos. Y así, se lamenta como un verdadero Padre, su súplica al hijo implicada en el lamento: “¡Oh, regresa a mí. Vuélvete de tus malos caminos. Regresa, a fin de que no tenga que castigarte y no caigas completamente bajo el poder de satán debido a tus malas acciones!”.

Hoy estos lamentos del corazón amoroso de Dios van dirigidos a nosotros. Su corazón está dolorido porque, como su pueblo de otro tiempo, estamos lanzándonos desatinados hacia la destrucción y le hemos abandonado. Tal como procuraba salvarlos a ellos en otro tiempo con sus lamentos y advertencias, está tratando de salvarnos a nosotros hoy: “Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad (Jeremías 2.5-7). ¡Cuán grande es la angustia de Dios expresada en este lamento! Israel es su heredad. Y la tierra que Dios quería darles era para que le diera gozo a él.

Pero, su pueblo la profanó con sus pecados y su apostasía, haciéndola detestable. Ahora, ¿Cómo podemos sondear la profundidad del dolor de Dios hoy? Él entregó a su Hijo Unigénito por medio de cuyos sufrimientos y redención el cuerpo de Cristo, la Iglesia de Dios, empezó a existir; su heredad. Sin embargo, ahora esta heredad se ha transformado en gran parte en una abominación, profanada por graves pecados. Dios no puede sino lamentarse de una situación tan desgarradora: “¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no provecha (Jeremías 2.11); “¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes? (Isaías 46.5).

Es incomprensible que hoy día muchas veces los cristianos también equiparamos al Dios verdadero, Juez Eterno e Inmortal con dioses de religiones orientales, detrás de los cuales se encuentran demonios. El Hijo de Dios ha sido colocado en el mismo nivel de los fundadores de otras religiones, hombres mortales, muchos de los cuales fueron inspirados por las fuerzas del mal.

¡Cuánto dolor y humillación para Jesús! Y el sincretismo continúa esparciéndose por toda la iglesia. Por ejemplo, cuando hay ritos paganos que son incluidos en la liturgia oficial. Sólo un remanente es leal a Dios y se mantiene a su lado. Y así hoy, como antaño, el lamento de Dios es que su pueblo se ha vuelto de Él para dirigirse a otros dioses: “¿De quién os habéis burlado? ¿Contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa, que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?...¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he guardado silencio desde tiempos antiguos, y nunca me has temido? (Isaías 57.4-5, 11).

Hay muchos que, aunque no se dirigen a las religiones orientales y otras formas de sincretismo, tienen con frecuencia otros dioses, tales como ideologías políticas, el dinero, la música, la familia, entre otros. Hoy día el Dios Santo, es sustituido por algunos, por otro tipo de dioses, incluso con la excusa o disfraz del cristianismo. Sin embargo, el que cree que puede dar reconocimiento a estos ídolos además de Dios, está en realidad, dando la espalda a Dios, porque no se puede servir a Dios y a Belial. Así en esta época presente, que es un periodo de gran sufrimiento para Dios, como en antaño, el llamado de Elías es más apropiado que nunca: “Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra (1º Reyes 18.21).

Esto es, tomad una decisión. Pero ¿quién se da cuenta de que este claudicar entre dos opiniones diferentes le ha llevado a estar bajo la influencia del padre de las mentiras y alejarlo de Dios? Y así una y otra vez, Dios se lamenta: “Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos” (Isaías 65.2); “Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? Y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha” (Jeremías 2.8). Sí, los siervos espirituales son con frecuencia los que preparan el camino para estos ídolos que no aprovechan.

El dolor de Dios aumenta, porque día tras día la avalancha de pecado aumenta y el número de los que hacen marcha atrás de él continúa creciendo. Dios tiene que lamentarse de que incluso las aves migratorias conozca el tiempo en que han de regresar, pero su pueblo no lo conozca, aunque Él nos ha salvado y somos suyos. Sin embargo, el Señor continúa diciendo: “Pueblo mío”. Todo su amor está expresado en estas palabras; y también lo está la medida de sus sufrimientos. Al describir este incomprensible amor de Dios, que está constantemente agraviado por las decepciones, el deshonor y los insultos de su pueblo como pago por las muestras de su amor, un profesor de Teología del Antiguo Testamento, escribe en su comentario al libro de Jeremías (Lamparter, Helmut. Der prophet wider willem, die botschaft des alten testamentes. 1974, páginas 45 y 52):

Se puede sentir el dolor con que sufre el Dios vivo por el olvido de su pueblo. La diferencia entre el dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob…se ve de modo contundente aquí. Mientras que el primero contempla los sucesos del mundo con una actitud impasible, distante; el Dios proclamado por Isaías sufre por su pueblo, y al hacerlo demuestra que es un Dios vivo. El uso de expresiones así…no puede decirse que disminuya la grandeza de Dios. La verdad es que uno tendría que pensar que Dios sería menos que el hombre si la pena de un amor no correspondido le fuera desconocida… El apartarse de Dios es y será siempre antinatural. Es una ingratitud vil con que pagar las gloriosas muestras de amor de Dios…Por tanto, con ello no sólo es deshonrado e insultado el Creador. El engaño y la destrucción propias son las consecuencias…”

Las palabras no son capaces de expresar lo antinatural e incomprensible que es que muchos cristianos hoy estén apartándose de Dios, después de la asombrosa revelación del amor divino, que Él ha mostrado en el sacrificio de su Único Hijo y los incontables milagros y actos de amor que su iglesia ha experimentado a lo largo de los siglos. Sí, es incomprensible que podamos abandonar a un Dios amante y dirigirnos a cosas inútiles y a demonios en su lugar. No sabemos ya quién es Dios: el Santo y el Eterno, el Juez de la humanidad. Y por ello, le atacamos de modo escandaloso, le ofendemos y le herimos a ÉL y su amante corazón.

El lamentarse de Dios es un último intento para que nos demos cuenta de su amor, porque el amor lo único que puede hacer es lamentarse cuando los amados se lanzan a la destrucción, cuando se apartan de Él y persisten en el pecado. A los ojos de Dios el pecado es lo peor que existe, porque conduce a la destrucción y está enlazado con satán y el infierno, del cual Él quiere salvarnos.

¿No envió a Jesús, que sufrió amarga muerte de la cruz para redimirnos de todo mal? Y con todo, Dios tiene que lamentarse de la gente de su pueblo. No queremos sus mandamientos, su voluntad, que procede de su amante corazón. Queremos en cambio el pecado. Y por ello, la mayoría, rechazan a Jesús y su acto de redención, haciéndose desleales a su Señor con ello.

Ahora, al final de los tiempos, es como si el corazón de Dios estuviera rebosando de una angustia inexpresable y desconocida, y su lamento prosigue incesante: más aún que en los días de Jeremías y los otros profetas del Antiguo Testamento. Los lamentos de Dios hoy son un acto santo. Y así es una de las horas más santas para nosotros cuando Dios nos deja ver la intensa profundidad de su corazón: su amor incomprensible y sin límites hacia nosotros.

Tan grande es su amor que Él se siente gravemente ofendido por nuestra apostasía y desgracia, y por ello se lamenta de nosotros. Esta es una de las mayores revelaciones que Dios nos puede conceder y que puede ser concedida sólo al fin de los tiempos, cuando los sufrimientos de Dios han llegado a ser de alcance mundial y sin medida, mayores que en ninguna otra edad. Nunca habríamos podido conocer el amante corazón de Dios hasta este extremo como hoy, en que se está partiendo como podríamos decir: “La grandeza de su sufrimiento se muestra en la grandeza de su amor por nosotros”.

¿Por qué es éste pueblo de Jerusalém rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño y no han querido volverse” (Jeremías 8.5-6).27

2. UN CONTEXTO HISTÓRICO PERTINENTE (Por Damián Distel)

Cuando se habla del contexto, se hace referencia a las diferentes circunstancias presentes en el medio en que ocurrió todo lo que Jeremías, el profeta, describe como parte de su gran llanto, uno lleno de dolor y en momentos sin esperanza. Por esta razón, es importante tener en cuenta los siguientes apartes como parte del contexto histórico:

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