Hacia una geografía histórica




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El trabajo de campo en geografía histórica


Que nadie entienda que la geografía histórica puede contentarse con lo que se encuentra en archivos y bibliotecas. Ella exige, además, un intenso trabajo de campo. Uno de los primeros pasos consiste en la capacidad para leer los documentos en el terreno. Lleven al campo, por ejemplo, el recuento de un área escrito largo tiempo atrás, y comparen los lugares y actividades del pasado con los del presente, viendo dónde se encontraban las habitaciones y por dónde corrían las líneas de comunicación; dónde estaban los bosques y los campos, para obtener gradualmente una imagen del paisaje cultural del pasado oculto tras el paisaje del presente. De este modo, uno toma conciencia de la naturaleza y la dirección de los cambios que han tenido lugar. Las preguntas relativas al valor de los sitios locales empiezan a tomar forma.

Llevar documentos fríos al terreno y volver a localizar lugares olvidados, para ver dónde la vida silvestre ha vuelto a tomar posesión de escenarios de vida activa, para notar qué migraciones internas de los habitantes y sus bases productivas han ocurrido, constituye verdadero descubrimiento. Llega un momento en dicho estudio en el que la escena empieza a tomar forma, y uno accede a ese elevado momento cuando el pasado está claro, y sus contrastes con el presente son comprendidos. Esto, afirmo, es geografía humana genética.

Esto puede significar trabajo físico duro y con frecuencia difícil, porque hay senderos que deben ser recorridos si se desea obtener las respuestas. Uno debe recorrer el terreno en el que ocurrieron actividades en otro tiempo, sin importar sus condiciones o su accesibilidad actuales, o la ausencia de las mismas, en lo que hace a la comodidad y la salud del estudioso. No se trata de aprender a conocer un país mediante la condena de sus medios de transporte. La geografía histórica , a diferencia de la geografía económica moderna, impone a menudo una búsqueda de intimidad con lugares apartados.

Esta clase de búsqueda exige que el trabajador de campo vaya a donde la evidencia lo exija. De aquí la importancia de aquellos breves y preciosos años juveniles, cuando el estudioso es físicamente capaz de seguir sus pistas en el área escogida. Serán muy pocos los períodos de trabajo de campo de que disponga. En el mejor de los casos, cuando lleguen a él los días de insuficiente fortaleza física, deseará haber estado en el campo durante períodos más largos y con mayor frecuencia, para asegurar las observaciones que requiere.

Los primeros objetivos del trabajo histórico de campo consisten en evaluar el hábitat en su relación con los hábitos anteriores, y en re – localizar el patrón anterior de actividad según se indica en el registro documental. A esto se agregan tareas más específicas de observación de campo. De estas, la más importante puede ser descrita como la localización de las reliquias y fósiles culturales.

Las reliquias culturales son instituciones sobrevivientes, ahora obsoletas, que registran condiciones dominantes en otros tiempos. Ejemplos familiares incluyen:


  1. tipos de estructura;

  2. planos de las aldeas y,

  3. patrones de campos sobrevivientes de tiempos anteriores. Todo estudioso de la geografía de Europa sabe cómo el tipo de casa, el plano del asentamiento, los sistemas de campo han proporcionado conocimiento acerca de la fusión de diferentes tipos de formas de asentamiento, a menudo donde el registro escrito es silencioso. Scofield, Kniffen y Schott han mostrado muy bien cómo tales datos pueden ser utilizados en esta parte del mundo.

  4. Algunos de nosotros hemos estado involucrados en el trazado de las distribuciones de variedades de plantas cultivables nativas, como indicadores de difusiones culturales. Un trabajo similar está pendiente con relación a las plantas y animales domesticados del Viejo Mundo, para trazar rutas de diseminación cultural.

  5. Se ha hecho muy poco en el estudio de las formas antiguas de manejo de plantas y animales domesticados. Carecemos de estudios sobre la agricultura nativa de azada o milpa, sobre viejos rastros de agricultura marginal que aún sobreviven entre nosotros, sobre los viejos elementos básicos de nuestro ganado de rancho, sobre las funciones históricas del granero, sobre los diferentes tipos de agriculturas inmigradas. Tales tipos, que registran con cuidadoso detalle el calendario anual de comunidades agrarias de vieja data, serían de gran valor, especialmente si pueden ser llevados a cabo de una manera que demuestre qué modificaciones han ocurrido a lo largo del tiempo.

  6. Del mismo modo, aún existen formas arcaicas de placeres, fosas, y aun de minería de vetas, y

  7. viejas formas de derribo de árboles y extracción de troncos. Todos los arcaísmos de este tipo que ayuden a entender procesos previamente operativos para la localización de asentamientos y el uso de recursos deben ser registrados mientras aún existen,

  8. los viejos molinos movidos por agua o por animales, y

  9. la sobrevivencia de viejos métodos de transporte por agua y por tierra constituyen otras instancias relevantes.


Se podría objetar que tales indagaciones sonde carácter tecnológico, y no geográfico. Sin embargo, cada actividad organizada constituye una habilidad que ha sido aprendida o desarrollada por un grupo o comunidad, sin cuya comprensión el geógrafo no puede interpretar la ocupación productiva de su área. Si la adaptación directa no existe en geografía humana, no puede haber una geografía humana que no se ocupe de las comunidades como asociaciones de habilidades. El geógrafo de campo debe observar por tanto la expresión de tales habilidades en los objetivos culturales del grupo que ocupa un área determinada, y el geógrafo histórico debe recuperar las expresiones de viejas habilidades que explican formas aún más antiguas de ocupación del suelo.

Más aun: el geógrafo, como trabajador de campo, tiene la oportunidad de hacer observaciones acerca de la forma en que trabajaron las culturas materiales que pasarían desapercibidas para otros científicos sociales, sobre todo debido a que ellos no están acostumbrados a las observaciones de campo. Ni siquiera los antropólogos prestan atención al manejo de los animales por parte de los pueblos primitivos que estudian, en el sentido que cabría esperar de parte de un geógrafo que observara a esas mismas poblaciones. Es difícil imaginar una geografía humana que carezca de experiencia adecuada en los procesos que permiten sostener una forma de vida. Si los senderos de rebaños constituyen un fenómeno geográfico, los rebaños que utilizan esos senderos también lo son; los sitios en que se alimentan los animales involucran un conocimiento de los pastos o el forraje del que dependen; por tanto, ¿por qué no ha de resultar útil también el conocimiento de la utilidad del animal con respecto a la distancia que puede recorrer y la carga que lleva, y el de todo el proceso de cargarlo y conducirlo? Dejemos que las protestas caigan donde sea: yo no me interesaría en la geografía histórica o en la geografía humana si no es como medios para entender la diferenciación de culturas, y no puedo obtener este tipo de entendimiento sino es mediante el aprendizaje de las formas y de los medios que los hombres han utilizado para obtener medios de vida de sus tierras ancestrales.

Se puede considerar como formas fósiles a aquellas que ya no funcionan pero aún existen, sean en estado obsoleto o en forma de ruinas. El estudio de campo de las ruinas es importante porque en algunos casos es el único medio para mostrar la localización de la producción o de un asentamiento fallidos. Están las ruinas mismas, que nos ofrecen claves acerca de por qué residió allí la gente, desde las hogueras del hombre temprano hasta las granjas abandonadas. Existen curiosas y persistentes alteraciones del suelo donde antes hubo un suelo de tierra, o un basurero al que se arrojaban los desechos del asentamiento, a menudo denunciados por una vegetación característicamente distinta. Están las plantas fugadas del hogar que pueden propagarse indefinidamente por sí mismas en los alrededores, los arbustos de lilas del Noreste, la rosa Cherokee del Sureste, las granadas y membrillos de las tierras españolas. Existen las ruinas que deja el uso del suelo en campos abandonados, que pueden ir desde superficies cultivadas en la prehistoria hasta el auge de la agricultura de hace dos décadas. La evidencia puede estar en una peculiar sucesión vegetal, en cambios en el suelo, incluso en antiguos surcos. En el Viejo Sur, se conoce bien que los linderos exactos de antiguos campos pueden ser determinados por arboledas de pinos viejos, y que el momento del abandono corresponde aproximadamente a la edad de los árboles.

Existen líneas menores de trabajo histórico de campo, los nombres de lugares que evocan días del pasado, usos folklóricos y giros dialécticos que revelan tradiciones de tiempos en que la tradición era una parte viviente de la economía, las memorias que conservan los miembros más viejos del grupo. Los rezagos que uno descubre de este modo al vivir con un pueblo pueden ser considerables, y ocasionalmente aparece una pista reveladora. Podría mencionar la iluminación que Eduard Hahn obtuvo al prestar atención a actitudes inconscientes relacionadas con hábitos de alimentación y bebida en Europa, en particular manierismos a los que nadie antes había ofrecido consideración.

En toda geografía histórica, el trabajo de campo demanda la observación más aguda, una atención constante a las pistas, flexibilidad en las hipótesis. No está sujeto a una cómoda rutina, como podría ocurrir con el mapeo de usos actuales del suelo.

Hay una necesidad urgente de tales observaciones de campo. Año tras año, las manos abarcadoras del comercio y la industria modernos barren con más y más de todo lo que es viejo. Las tradiciones mueren con los ancianos; los documentos son destruidos; el clima, las tormentas y las inundaciones borran los remanentes físicos; la ciencia y la estandarización del mercado destruyen los viejos cultivos. Ahora estamos en el mejor momento posible, tanto en lo que hace a los estudiantes como a los registros, antes de que los años invaliden a ambos.

Así, una geografía regional comparativa científica podría desarrollarse entre nosotros, y poner fin a las siguientes falacias:


  1. Que la sustancia científica de la geografía se encuentra en la actividad contemporánea;

  2. que la geografía histórica puede hacerse agregando anotaciones ambientales faltantes al trabajo de los historiadores;

  3. que la geografía histórica es tan sólo trabajo de biblioteca;

  4. que un geógrafo puede convertirse en experto sabiendo un poco acerca de un montón de localidades sin relación entre sí;

  5. que los estudios descriptivos, realizados sin prestar la atención necesaria al debido proceso – esto es, a la génesis y la función – pueden agregar algo a la ciencia, sea física o social;

  6. que la geografía puede ocuparse de relaciones de cultura y lugar sin entender la naturaleza, el crecimiento y la diferenciación de los procesos culturales, y

  7. que hay alguna manera de compensar la falta de curiosidad y el ansia de conocer mediante argucias de estilo y organización.


Algunos temas en geografía histórica

Se sugiere una cantidad de problemas generales relacionados con el tipo de conocimiento comparativo que deberíamos estar desarrollando:
1. Ciertos procesos de la geografía física, que implican cambio secular, podrían afectar al hombre:

  1. el más importante es el problema del cambio o los ciclos del clima. Las otras ciencias humanas esperan que nosotros proporcionemos respuestas a los hechos, la naturaleza y la dirección de los cambios del clima en el tiempo humano. El geógrafo especializado en áreas tiene la oportunidad de ofrecer luz en este tema controversial. En todos los márgenes secos del mundo, este es un tema de gran preocupación, sobre todo en lo que se refiere a saber si esos márgenes se han expandido desde el comienzo de la agricultura. Los métodos y los resultados del uso de datos climatológicos de origen no instrumental bien podrían constituir un tema de debate recurrente en los encuentros de esta Asociación.

  2. Parcialmente relacionado con este tema, se encuentra el problema de los cambios naturales en la vegetación ocurridos desde la glaciación; pocos problemas podrían ser de tanto interés para los geógrafos del interior de los Estados Unidos que el de las praderas, o de los pastizales húmedos en general.

  3. Otro tópico es el de los cambios naturales en las líneas costeras y en drenaje en el período de ocupación humana. En estos encuentros, Russell ha señalado cambios en el drenaje del Mississipi, algunos ocurridos desde el cruce del río por De Soto. La obra clásica de Marsh, Man and Nature, delinea muchos de tales problemas.


2. El hombre como agente de la geografía física. a) Actualmente nos inclinamos a negar todos los efectos del asentamiento y la deforestación sobre el clima, en contraste con la actitud de la generación anterior, según lo muestra la literatura de la temprana forestería norteamericana. De hecho, la ciencia de la forestería se inició en gran medida a partir de la hipótesis de que los árboles disminuían los extremos climáticos. Estamos poco y mal informados como para desestimar este tópico por completo. De acuerdo a la información de que disponemos, no existe garantía de que en determinadas zonas de tensión climática, como ocurre en condiciones de aridez, la alteración radical de la cobertura del terreno no pueda afectar relaciones críticas de temperatura, humedad y disponibilidad de rocío en – y cerca de – el nivel del suelo. No estaría del todo seguro de que el hombre no ha ampliado el límite de los desiertos al alterar la condición climática de la capa más baja de la atmósfera, aquella que podría ser llamada del clima intra-vegetacional.
b) Los geógrafos han ofrecido una atención extrañamente limitada al hombre como agente geomorfológico. Erosión del suelo es el nombre popular de los procesos de remoción de la superficie que el hombre ha desatado o acelerado. La incidencia de la erosión del suelo podría ser una fuerza importante en geografía histórica. ¿Debilitó a las civilizaciones mediterráneas la erosión del suelo? ¿Se puede considerar a los primeros habitantes europeos de Virginia grandes colonizadores porque eran grandes despilfarradores del suelo? El trabajo de campo geográfico debería incorporar la búsqueda detallada de los perfiles originales del suelo, y registrar la característica disminución o truncación de esos perfiles en campos y pastizales. Sólo así podría garantizarse la comprensión de la antigüedad, la naturaleza y la extensión del despilfarro de superficies productivas y, con ello, la de la cambiante fortuna de las regiones de agricultura humana que conocemos. El extraño punto ciego de la geografía norteamericana a este respecto, uno de sus más importantes problemas, podría ilustrar el resultado de eludir un enfoque histórico.
La deposición de los sedimentos bajo las laderas de la erosión de origen cultural constituye, por supuesto, la parte complementaria de la situación. Las cárcavas suelen ser síntomas avanzadas, agudos, de la erosión del suelo, incluyendo algunas que han sido utilizadas en libros de texto como ilustraciones de jóvenes valles normales. ¿Con qué frecuencia han distinguido los geógrafos entre cañadas naturales y cárcavas inducidas por el hombre, o han encontrado en estas últimas algún motivo de interés en lo que hace a su incidencia en la historia de la vida? Ciertamente, nada podría ser más geográfico que los estudios críticos del despilfarro de la superficie y el suelo como expresiones de una ocupación abusiva de la tierra. Por un lado están los procesos patológicos; por el otro, las causas culturales a estudiar. Enseguida vienen los efectos del continuo despilfarro sobre la sobrevivencia de la población y la economía, con creciente tendencia a la alteración degenerativa o al reemplazo. Por último, está el problema de la recuperación o rehabilitación.
El tema fue claramente planteado como un problema formal de la geografía hace tres cuartos de siglo por Marsh. Desde hace mucho, los geógrafos han ofrecido cursos sobre Conservación de Recursos Naturales, y considerado los malignos efectos de la erosión del suelo. Sin embargo, ¿qué han hecho como investigadores en el campo, que con frecuencia se encuentra junto a la puerta de sus salones de clase? ¿Basta con responder que los estudiosos del suelo deberían estudiar el despilfarro laminar, los geomorfólogos las cárcavas, los economistas agrícolas las dificultades de la agricultura, los sociólogos rurales los problemas de la población, mientras el geógrafo prepara sus clases con lo que otros investigan?


  1. Todos los resultados de la explotación destructiva deben ser encarados en su relación con los cambios en el hábitat. La presencia del hombre civilizado ha significado a menudo cambios en el régimen de las corrientes de agua y de la recarga de agua subterránea. Las áreas irrigadas muestran aquí y allá la creciente parálisis provocada por la acumulación de sales y la saturación del suelo. Las formas de disipación del capital natural son muchas, sus causas son culturales, sus resultados consisten en crisis graduales en las áreas afectadas y su connotación, por tanto, un asunto de la geografía humana.




  1. Un problema especial de la alteración de la tierra por el hombre consiste en la relación de la cultura con la ecología de plantas y animales. Existen preguntas en este campo que podrían estar reservadas para el especialista en plantas y animales. El geógrafo histórico, sin embargo, debe tomar en cuenta este tópico en la medida en que esté capacitado para encararlo y, dado que él trabaja deliberadamente con datos históricos, podría encontrar evidencias que escapen a la atención del ecólogo. En México, por ejemplo, parece ser que los hombres civilizados y los hombres primitivos han modificado la vegetación de manera muy distinta. El cultivo primitivo estuvo mucho menos vinculado a las laderas bajas que la agricultura moderna. Dadas ciertas condiciones de clima y suelo, la agricultura de coa constituyó de hecho una rotación forestal de largo plazo, por lo general en colinas o en laderas de montañas. Bajo tal sistema, como en efecto ha ocurrido durante miles de años, el conjunto de la flora silvestre presente podría representar el tipo local de una vieja sucesión de campos. La llegada del hombre blanco introdujo en ciertas áreas una nueva forma de presión sobre la vegetación nativa a través del pastoreo intensivo. En las cercanías de las minas, sobre todo, llevó a cabo una completa deforestación para atender las necesidades de madera y carbón de la minería, así como un persistente pastoreo de ganado en los alrededores de los campos mineros. Los antiguos campos mineros pueden ahora estar rodeados de campo abierto por muchas leguas, donde antaño hubo bosques y matorrales.


Estos son algunos de los temas de los bien puede ocuparse el geógrafo histórico. Si lo hace, probablemente aprenderá algo acerca de la supresión de determinados elementos de la vegetación debido a su utilidad especial para el hombre, o a su baja capacidad para reproducirse, o a su sensitividad respecto al equilibrio ecológico. No hay nada particularmente esotérico en el aprendizaje acerca de los componentes de importancia de una flora nativa, o incluso en la observación de sus hábitos de reproducción y crecimiento. Un observador podría ir más lejos que otro en este tema, pero no cabe duda de lo apropiado del estudio, y el enfoque cultural podría agudizar la observación de la asociación biótica como elementos temporales. En zonas de tensión climática, en particular, es posible que la interferencia humana haya operado de manera característica para dispersar ampliamente antiguos límites de vegetación. Cualquier área con una larga historia de pastoreo, en especial, debe ser examinada en lo que concierne al desplazamiento de brotes y pastos palatables por elementos impalatables, probablemente leñosos o suculentos, amargos. El papel del fuego, especialmente a manos del hombre primitivo, requiere mucha observación adicional, llevada a cabo a sabiendas de que una práctica de quemas constantes a lo largo del tiempo puede tener efectos en la vegetación distintos a los que resultan de una serie corta de quemas.


  1. Sitios de asentamiento. La ubicación de un asentamiento registra las preferencia particulares de los fundadores en relación al hábitat. Dado que, una vez establecido, un asentamiento no puede ser reubicado con rapidez, los cambios culturales subsecuentes alteran el valor del sitio, y enfrentan a la población del lugar con la alternativa de mudarse o enfrentar desventajas para el desarrollo. Si estuviéramos reubicando nuestras ciudades de novo, quizás tendríamos que establecer relativamente pocas de ellas en el sitio exacto que ocupan. Consideren los pueblos que crecieron cerca de ríos que alguna vez fueron navegables, o de vados, y bajo criterios de selección que han perdido su significado, pero que han impuesto reiterados problemas a las generaciones posteriores, en la medida en que han cambiado el transporte, los abastecimientos, y los servicios municipales. Si california fuera colonizada hoy día, San Francisco probablemente llegaría ser un suburbio de clase media de una ciudad ubicada al otro lado de la bahía. Sin embargo, en la década de 1840 San Francisco era el sitio más elegible para un puerto en el que convergieran el transporte oceánico y el fluvial. La ciudad ha preservado con éxito una gran número de funciones urbanas en las que adquirió inicialmente predominio, y en conjunto ha logrado encarar las desventajas de una posición peninsular transversal en la medida en que las mismas se han desarrollado.


En el momento en que se establece un asentamiento, éste puede ser observado en términos generales como la combinación óptima, en su sitio, de los mejores medios para satisfacer los deseos del grupo fundador. Es necesario, por tanto, observar el sitio en términos de las necesidades originales. En un caso, la protección puede ser muy importante, mientras en otro puede ser indiferente. Las necesidades de alimento y de abastecimiento de agua cambian cuando lo hace la cultura original. Rara vez se han hecho clasificaciones de sitios en términos de actitudes culturales en el momento del asentamiento original; sin embargo, aquí está el capítulo básico de una geografía urbana científica. Lo siguiente serían las reevaluaciones de sitios y de sus transformaciones asociadas al cambio de cultura – el sitio visto a la luz de etapas sucesivas.


  1. Patrones de asentamiento. No disponemos de una gran cantidad de conocimiento histórico comparativo con respecto a: a) dispersión o aglomeración de las habitaciones, o b) sobre el espaciamiento y el tamaño de las agrupaciones de asentamientos que se desarrollan bajo culturas particulares, o c) la especialización funcional entre poblados de una misma área cultural, o d) de la diferenciación funcional dentro de un poblado mayor. Estos son algunos de los problemas más obvios de localización de hábitos que requieren ser investigados en términos históricos y regionales.

  2. Tipos de vivienda. Los norteamericanos han prestado poca atención al desarrollo de unidades de vecindario, que suelen aproximarse a la unidad social, o a la familia en su connotación inclusiva antes que en el sentido marital. La unidad de vecindario, ¿ es unifamiliar o multifamiliar, provee medios de vida a sus dependientes y su servidumbre, incluye arreglos para los animales domésticos? ¿Incluye instalaciones formales para el almacenamiento de bienes de primera necesidad o para el ejercicio de artesanías y oficios? ¿Cuál es la generalización funcional del plano de la casa? El estudio de tipos de vivienda es básicamente el estudio de la más pequeña unidad económica, como el estudio de la villa o el poblado es el de una comunidad económica. En ambos casos, la descripción busca el significado de la estructura en relación a procesos institucionalizados, como una expresión del área cultural. Las viviendas son registros histórico – geográficos. Pueden datar de una etapa histórica anterior o pueden, como los edificios actuales, seguir conservando cualidades que alguna vez fueron funcionalmente importantes (hogares, portales, ventanas móviles, en la casa norteamericana).

  3. Estudios de ocupación del suelo con respecto a la estructura histórica del área cultural. En cualquier momento dado, teóricamente existe un equilibrio pasajero entre las evaluaciones del hábitat y las necesidades de hábito. La ventaja o desventaja ambiental, por tanto, debe ser siempre relativa al momento o estado de la cultura en particular, y el uso de la tierra constituye un acomodo a las necesidades y energías de la comunidad, que cambian en la medida en que éstas lo hacen. Cambiar, sin embargo, involucra por lo general un considerable retraso, debido en parte a las dificultades para revisar las líneas de propiedad. La nacionalización del uso de la tierra encuentra la oposición del diseño de los campos y otras posesiones de tiempos anteriores. En todo momento, los derechos sobre la tierra y los usos del suelo probablemente conservan mucho del pasado. Patrones de asentamiento, tipos de vivienda, sistemas de campos y propiedad de la tierra son los temas observables mejor reconocidos que se utilizan para reconstruir cambios y continuidades.

  4. ¿Y qué de los clímax culturales? ¿Existe en las sociedades humanas algo equivalente al clímax ecológico, la realización de todas las posibilidades inherentes a ese grupo y a su lugar? ¿Qué hay de los límites al crecimiento de la población, a la producción obtenida, a la acumulación de riqueza, incluso al incremento de las ideas, más allá de los cuáles no avanza una cultura madura? Podríamos ser escépticos con respecto a la hipótesis más extrema sobre el carácter cíclico de toda cultura, pero estamos demasiado preocupados con la recurrencia de cimas culturales, de estabilización, y de declinación cultural. El ascenso y caída de culturas y civilizaciones, que ha interesado a los estudiosos del hombre de mentalidad más histórica, no podía dejar de involucrar al geógrafo histórico. Una parte de la respuesta se encuentra en la relación entre la capacidad de la cultura y la calidad del hábitat. El caso es relativamente sencillo si se puede demostrar que la explotación destructiva se ha tornado seria. Está también el intrincado problema de la sobrepoblación (que bien puede ser una realidad en el sentido histórico cultural, aunque resulte una herejía para el científico social), con sus implicaciones de oportunidades y posibilidades de compartir decrecientes para el individuo. Puede emerger la pérdida de energía productiva debido a la mala distribución de la población entre el campo y la ciudad, entre productores primarios y aquellos que constituyen la carga de la clase ociosa. Puede haber un cambio de ventaja comparativa hacia otro pueblo y otra área. Este escrutinio de los límites de la cultura es un tema a la vez estimulante y melancólico.

  5. Receptividad cultural. Un nuevo cultivo, artefacto o tecnología es introducido en un área cultural. ¿Se dispersa o difunde vigorosamente, o su aceptación encuentra resistencia? ¿Cuáles son las condiciones que llevan a un determinado grupo a la disposición a aceptar innovaciones, mientras otro decide persistir en sus viejos usos? Este es un problema general de la ciencia social, que puede ser parcialmente examinado por los estudios geográficos.

El geógrafo, en primer lugar, está mejor calificado para determinar la existencia de barreras físicas o corredores.

Quizás un cultivo no se dispersa porque encuentra un clima inadecuado, quizás porque el tipo de suelo que requiere no se corresponde con el que una determinada agricultura ha aprendido a utilizar.

En segundo lugar, cabe presumir que el geógrafo ha seguido el rastro de la presencia o ausencia de rasgos de la cultura material. Debería saber si un cultivo o una habilidad técnica es confrontado por una alternativa satisfactoria que ya está presente en el área. La diseminación del cultivo del trigo en América Latina se ha visto considerablemente afectada por los hábitos alimenticios de la gente con respecto a otros cultivos como fuente de carbohidratos y proteidos. Que el rendimiento de un campo determinado cultivado con maíz o con trigo determine cuál de los dos será cultivado es cierto únicamente en términos del mercado mundial y, por tanto, de una producción estrictamente comercial. Me gustaría añadir que incluso el precio actual en el mercado mundial es tan solo la expresión de una demanda cultural proveniente de un grupo comprador dominantes, y no la verdadera expresión de la utilidad de diversos cereales.

Haríamos bien en recordar que Ratzel fundamentó el estudio de la difusión de rasgos culturales – presentado en el casi olvidado segundo volumen de su Anthropogeographie -, y que Eduard Hahn llegó al gran problema de su vida de trabajo preguntándose por qué alguna gente se involucraba en la producción de lácteos, mientras otros preferían no tener nada que ver con la leche o sus productos.

  1. La distribución de energía dentro de un área cultural. Aquí podríamos referirnos a la gran tesis de Vaughan Cornish sobre la “marcha” cultural. Su punto de vista consiste en que toda civilización en crecimiento ha tenido una frontera activa – una frontera de hecho sobre la cual se han agrupado las energías de la gente, donde el poder, la riqueza y la invención están más intensamente desarrollados. Esto tiene cierto parecido con la tesis de Turner sobre la frontera, aunque no involucra la necesidad de una continua expansión. Se inicia con la expansión, pero las energías de una cultura una vez localizada en esa frontera pueden seguirse manifestando a través del liderazgo de múltiples maneras, mucho después de que la expansión ha cesado. Históricamente, por tanto, no son las partes centrales de un área cultural donde tiene el gran desarrollo, sino en un tiempo su límite más expuesto y más atractivo. Hay mucho por hacer en la tarea de considerar los campos dinámicos (Kräftezenten) dentro del conjunto de un área cultural dada. Hay mucho que decir acerca de esta tesis de Cornish. El frente dinámico de México, por ejemplo, ha sido la frontera Norte a todo lo largo de su historia. La arqueología, tanto en el Nuevo como en el Viejo Mundo, revela muchos casos de florecimiento de la cultura en los márgenes distantes de un complejo cultural.

  2. Etapas culturales y sucesión. Turner cometió un desafortunado error cuando aceptó un antiguo punto de vista deductivo, según el cual el progreso humano avanza a través de una serie de etapas idénticas, que el pensó que podría reconocer como etapas generales de la frontera norteamericana. Sabemos que no existe una sucesión cultural general, sino que cada cultura debe ser rastreada por separado a lo largo de su historia de adquisiciones y pérdidas. La gran obra de Hahn, en particular, advierte contra los enfoques deductivos en el abordaje de las etapas culturales: así, por ejemplo, en su rechazo a la idea de que los pastores nómadas derivan de cazadores antes que de antecedentes agrícolas más antiguos. Dado que el cambio cultural de ningún modo sigue un curso general o predecible, es necesario rastrear cada cultura a lo largo de sus pasos históricos.


No suele apreciarse que el primer patrón, dominante además, del asentamiento español en el Nuevo Mundo fue la organización formal de todos los españoles en corporaciones de pueblos, y su permanente adscripción a tal villa o real. A partir de este conocimiento básico de que el pionero español era miembro de una corporación de pueblo en todo momento, la naturaleza de la penetración y la organización económica españolas adquiere una forma muy distinta a la de los asentamientos de otros poderes coloniales del Nuevo Mundo. En nuestra frontera norteamericana, no existió una uniformidad equivalente a la de la América española, sino un número considerable de primeras etapas de Norte a Sur, dependiendo del grupo colonizador, así como no hubo un tipo único de frontera en el movimiento hacia el Oeste. ¿No sería ya tiempo de que los geógrafos intenten caracterizar los complejos y sucesiones culturales en el asentamiento de los Estados Unidos? Esto podría proporcionar sustancia a los encuentros futuros de nuestra Asociación.


  1. La competencia por áreas entre culturas. Ciertas culturas han sido notablemente agresivas; algunas de ellas pueden ser identificadas en casi cualquier parte del pasado humano. La competencia por el dominio en el encuentro de zonas culturales, la manera en que se establece un equilibrio y toma forma un límite, expresan energía cultural y adaptabilidad. Ratzel tenía en mente este tipo de estudio en su geografía política, que enfatizaba la lucha histórica por el espacio. Sea por conquista, absorción, comercio o superior adaptabilidad, todas las culturas han sido marcadas por sus cualidades para perder o ganar terreno.


Conclusión

El geógrafo humano tiene la obligación de hacer de los procesos culturales la base de su pensamiento y de su observación. Su curiosidad está dirigida a las circunstancias bajo las cuales grupos de culturas de han divergido de otras, o han sido asimiladas por otras. La mayor parte de la historia del hombre ha consistido en la diferenciación de cultura, y en reconvergencias. No podemos señalar una cultura humana uniforme ni siquiera en el Paleolítico. La Torre de Babel es casi tan antigua como el hombre. En un sentido literal, hay muy pocas cualidades de “sentido común” en lo que se refiere a hábitos de vida - esto es, cosas que suelen ser hechas de la forma más sensible de una sola manera -, lógica general, o necesidades fisiológicas. Temo que las ciencias sociales más teóricas – como la economía – probablemente pierden de vista esta verdad. En este país, parece que estamos dispuestos a olvidar esto porque sucede que somos parte de una cultura enormemente vigorosa y ampliamente difundida, tan confiada en sí misma que se inclina a mirar otras maneras distintas como si ignorante o estúpidas. El aterrador impacto del moderno mundo Occidental, sin embargo, no cancela la verdad de que el la historia del hombre ha sido marcadamente pluralista, y que no existen leyes generales de la sociedad, sino únicamente acuerdos culturales. No nos ocupamos de la Cultura, sino de culturas, al menos mientras no nos engañemos a nosotros mismos pensando al mundo a nuestra propia imagen y semejanza. En esta gran indagación sobre experiencias, comportamientos e impulsos culturales, el geógrafo debería tener un importante papel. Él, tan solo, ha estado seriamente interesado en lo que ha sido llamado el relleno de los espacios de la Tierra con las obras del hombre, o el paisaje cultural. Su labor primordial es la difícil tarea de descubrir el significado de las distribuciones terrestres. Los antropólogos y él son los principales científicos sociales que han desarrollado la observación de campo como una habilidad.

Los temas sugeridos para nuestro trabajo podrían representar una tarea superior a nuestra inmediata capacidad individual o conjunta, pero constituyen al menos un esbozo de la calidad del conocimiento al que aspiramos. Nuestros diversos esfuerzos podrían encaminarse conscientemente hacia la comprensión de la diferenciación de la Tierra por las manos del hombre. No llegaremos lejos si limitamos de una u otra manera el tiempo humano en nuestros estudios. O admitimos la totalidad de la existencia humana, o abandonamos las expectativas de resultados importantes por parte de la geografía humana. O producimos, o nos limitamos a calentar lo que otros han preparado. No veo alternativa. Construimos una ciencia retrospectiva a partir de toda la tierra en todo el tiempo de la existencia humana, que de esta experiencia adquiere la capacidad para mirar hacia adelante.
Universidad de California

Enero, 1941

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