Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas




descargar 0.94 Mb.
títuloPara que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas
página1/31
fecha de publicación12.03.2016
tamaño0.94 Mb.
tipoExamen
b.se-todo.com > Historia > Examen
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31


T.S. Kuhn

LA ESTRUCTURA

DE LAS REVOLUCIONES

CIENTÍFICAS

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas, propias del desenvolvimiento científico. La "revolución científica" es quizá la circunstancia en que el desarrollo de la ciencia exhibe su plena peculiaridad, sin que importe gran cosa de qué materia se trate o la época considerada.

El presente trabajo es un estudio, casi único en su género, de las "revoluciones científicas". Basa­do en abundante material —principalmente en los campos de la física y la química—, procura esclarecer conceptos, corregir malentendidos y, en suma, demostrar la extraordinaria compleji­dad del mecanismo del progreso científico, cuan­do es examinado sin ideas preconcebidas: más de una sorpresa nos reserva este camino, más de un recoveco del análisis incita a protestar con vehe­mencia antes de quedar convencidos. A fin de cuentas, el itinerario que parecía simple y ra­cional resulta ser complejo y proteico.

La estructura de las revoluciones científicas

por THOMAS S. KUHN

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

MÉXICO

Traducción de

agustín contin

Primera edición en inglés, 1962

Primera edición en español (FCE, México), 1971

Octava reimpresión (FCE, Argentina), 2004

Título original: The structure of scientifíc revolutions © 1962, University of Chicago Press

ÍNDICE

Prefacio 9

  1. Introducción: un papel para la his­
    toria 20

  2. El camino hacia la ciencia normal... 33

  3. Naturaleza de la ciencia normal 51

  4. La ciencia normal como resolución de
    enigmas 68

  5. Prioridad de los paradigmas 80

  6. La anomalía y la emergencia de los descubrimientos científicos 92

  7. Las crisis y la emergencia de las teo­
    rías científicas 112

  8. La respuesta a la crisis 128

  9. Naturaleza y necesidad de las revolu­
    ciones científicas 149

  10. Las revoluciones como cambios del concepto del mundo 176

  11. La invisibilidad de las revoluciones científicas 212

  12. La resolución de las revoluciones.....224

  13. Progreso a través de las revoluciones 247

Posdata: 1969 .............. 268
A

james b. conant, que puso esto en marcha

PREFACIO

el ensayo que sigue es el primer informe publi­cado de modo íntegro de un proyecto concebido, originalmente, hace casi quince años. En esa época, yo era un estudiante graduado en física teórica, que estaba a punto de presentar mi tesis. Un compromiso afortunado con un curso de co­legio experimental que presentaba las ciencias físicas para los no científicos, me puso en con­tacto, por primera vez, con la historia de la cien­cia. Resultó para mí una sorpresa total el que ese contacto con teorías y prácticas científicas anti­cuadas socavara radicalmente algunos de mis con­ceptos básicos sobre la naturaleza de la ciencia y las razones que existían para su éxito específico. Estas concepciones las había formado previa­mente, obteniéndolos en parte de la preparación científica misma y, en parte, de un antiguo inte­rés recreativo por la filosofía de las ciencias. En cierto modo, fuera cual fuera su utilidad peda­gógica y su plausibilidad abstracta, esas nociones no encajaban en absoluto en la empresa exhibida por el estudio histórico. Sin embargo, eran y son fundamentales para muchas discusiones científi­cas y, por consiguiente, parecía valer la pena ahon­dar más en sus fallas de verosimilitud. El re­sultado fue un cambio drástico en mis planes profesionales, un paso de la física a la historia de la ciencia y, luego, gradualmente, de los pro­blemas históricos relativamente íntegros a las in­quietudes más filosóficas, que me habían condu­cido, inicialmente, hacia la historia. Con excepción de unos cuantos artículos, este ensayo es el pri­mero de mis libros publicados en que predominan esas preocupaciones iniciales. En cierto modo,

9

10 PREFACIO

es, principalmente, un esfuerzo para explicarme y explicar a mis amigos cómo fue que pasé de la ciencia a su historia.

Mi primera oportunidad para ahondar en algu­nas de las ideas que expreso más adelante, me fue proporcionada a través de tres años como Junior Fellow de la Society of Fellows de la Universidad de Harvard. Sin ese periodo de liber­tad, la transición a un nuevo campo de estudio hubiera sido mucho más difícil y, probablemente, no hubiera tenido lugar. Parte de mi tiempo, durante esos años, fue dedicada a la historia de la ciencia propiamente dicha. Principalmente, continué el estudio de los escritos de Alexandre Koyré y descubrí los de Émile Meyerson, Héléne Metzger y Anneliese Maier.1 De manera más clara que la mayoría de los demás eruditos recientes, ese grupo muestra lo que significaba pensar cien­tíficamente en una época en la que los cánones del pensamiento científico eran muy diferentes de los actuales. Aun cuando pongo en tela de juicio, cada vez más, algunas de sus interpreta­ciones históricas particulares, sus obras, junto con Great Chain of Being, de A. O. Lovejoy, sólo han cedido el lugar preponderante a los materia­les originales primarios, en la formación de mis conceptos sobre lo que puede ser la historia de las ideas científicas.

Gran parte de mi tiempo, durante esos años, lo pasé explorando campos que, aparentemente,

1 Ejercieron una influencia primordial: Etudes Gali-léennes, de Alexandre Koyré (3 vols.; París, 1939); Identity and Reality, de Émile Meyerson, trans. Kate Loewenberg (Nueva York, 1930); Les doctrines chimiques en France du debut du XVIIe á la fin du XVIIIe siécle (París, 1923), y Newton, Stahl, Boerhaave et la doctrine chimique (París, 1930) de Héléne Metzger; y Die Vorlaufer Galileis im 14. Jahrhundert, de Anneliese Maier ("Studien zur Naturphilo-sophie der Spätscholastik"; Roma, 1949).

PREFACIO 11

carecían de relación con la historia de las cien­cias, pero en los que sin embargo, en la actuali­dad, la investigación descubre problemas simila­res a los que la historia presentaba ante mi atención. Una nota encontrada, por casualidad, al pie de una página, me condujo a los experi­mentos por medio de los cuales, Jean Piaget, ha iluminado tanto los mundos diversos del niño en crecimiento como los procesos de transición de un mundo al siguiente.2 Uno de mis colegas me animó a que leyera escritos sobre la psicología de la percepción, sobre todo de los psicólogos de la Gestalt; otro me presentó las especulaciones de B. L. Whorf acerca del efecto del lenguaje sobre la visión del mundo y W. V. O Quine me presentó los problemas filosóficos relativos a la distinción analiticosintética.3 Éste es el tipo de exploración fortuita que permite la Society of Fellows y sólo por medio de ella pude descu­brir la monografía casi desconocida de Ludwik Fleck, Entstehung und Entwicklung einer wissen-schaftlichen Tatsache (Basilea, 1935), un ensayo que anticipaba muchas de mis propias ideas. Junto con una observación de otro Junior Fellow, Francis X. Sutton, la obra de Fleck me hizo com­prender que esas ideas podían necesitar ser es­tablecidas en la sociología de la comunidad cien-

2 Debido a que desarrollaron conceptos y procesos que surgen también directamente de la historia de la ciencia, dos conjuntos de investigaciones de Piaget resultaron par­ticularmente importantes: The Child's Conception of Cau-sality, traducción de Marjorie Gabain (Londres, 1930), y Les notions de mouvement et de vitesse chez l'enfant (París, 1946).

3 Los escritos de Whorf han sido reunidos posterior­mente por John B. Carroll en Language, Thought, and Reality—Selected Writings of Benjamin Lee Whorf (Nueva York., 1956). Quine ha presentado sus opiniones en "Two dogmas of Empiricism", reimpreso en su obra From a Logical Point of View (Cambridge, Mass., 1953), pp. 2046.

12 PREFACIO

tífica. Aunque los lectores descubrieran pocas referencias en el texto a esas obras o conversa­ciones, estoy en deuda con ellas en muchos más aspectos de los que puedo recordar o evaluar hoy. Durante mi último año como Junior Fellow, una invitación del Instituto Lowell de Boston para dar conferencias me proporcionó la primera oportunidad de poner a prueba mi noción de la ciencia, la que todavía se encontraba en desarro­llo. El resultado fue una serie de ocho conferen­cias públicas, pronunciadas durante el mes de marzo de 1951, sobre "La búsqueda de la teoría física". Al año siguiente comencé propiamente a enseñar historia de la ciencia y, durante casi una década, los problemas de la enseñanza de una rama que nunca había estudiado sistemáticamente me dejaron poco tiempo para articular de modo explícito las ideas que me condujeron a ese campo. Afortunadamente, sin embargo, esas ideas resultaron una fuente de orientación implícita y, hasta cierto punto, de parte de la estructura problemática, para gran sector de mi enseñan­za más avanzada. Tengo, por consiguiente, que agradecer a mis alumnos varias lecciones impa­gables, tanto sobre la viabilidad de mis opinio­nes como sobre las técnicas apropiadas para comunicarlas de manera eficaz. Los mismos pro­blemas y esa misma orientación proporcionaron unidad a la mayoría de los estudios, predominan­temente históricos y aparentemente diversos, que he publicado desde el final de mi época de be­cado. Varios de ellos tratan del papel integral desempeñado por una u otra metafísica en la investigación científica creadora. Otros examinan el modo como las bases experimentales de una nueva teoría se acumulan y son asimiladas por hombres fieles a una teoría incompatible y más antigua. En el proceso, describen el tipo de des-

PREFACIO 13

arrollo que llamo, más adeante, "emergencia" de un descubrimiento o una teoría nuevos. Hay, ade­más de eso, muchos otros vínculos de unión.

La etapa final del desarrollo de esta monogra­fía comenzó con una invitación para pasar el año 1958-59 en el Centro de Estudios Avanzados sobre las Ciencias de la Conducta (Center for Advanced Studies in the Behavioral Sciences). Una vez más, estuve en condiciones de prestar una indi­visa atención a los problemas presentados más adelante. Lo más importante es que, el pasar un año en una comunidad compuesta, principalmen­te, de científicos sociales, hizo que me enfrentara a problemas imprevistos sobre las diferencias en­tre tales comunidades y las de los científicos naturales entre quienes había recibido mi pre­paración. Principalmente, me asombré ante el número y el alcance de los desacuerdos patentes entre los científicos sociales, sobre la naturaleza de problemas y métodos científicos aceptados. Tanto la historia como mis conocimientos me hicieron dudar de que quienes practicaban las ciencias naturales poseyeran respuestas más fir­mes o permanentes para esas preguntas que sus colegas en las ciencias sociales. Sin embargo, has­ta cierto punto, la práctica de la astronomía, de la física, de la química o de la biología, no evoca, normalmente, las controversias sobre fundamen­tos que, en la actualidad, parecen a menudo en­démicas, por ejemplo, entre los psicólogos o los sociólogos. Al tratar de descubrir el origen de esta diferencia, llegué a reconocer el papel desem­peñado en la investigación científica por lo que, desde entonces, llamo "paradigmas". Considero a éstos como realizaciones científicas universalmen­te reconocidas que, durante cierto tiempo, propor­cionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica. En cuanto ocupó su lugar

14 PREFACIO

esta pieza de mi rompecabezas, surgió rápida­mente un bosquejo de este ensayo.

No es necesario explicar aquí la historia sub­siguiente de ese bosquejo; pero es preciso decir algo sobre la forma en que se ha preservado des­pués de todas las revisiones. Hasta que terminé la primera versión, que en gran parte fue revi­sada, pensé que el manuscrito aparecería, exclu­sivamente, como un volumen de la Enciclopedia de Ciencia Unificada. Los redactores de esta obra precursora me habían solicitado primera­mente este ensayo; luego, me respaldaron fir­memente y, al final, esperaron el resultado con tacto y paciencia extraordinarios. Les estoy muy agradecido, principalmente a Charles Morris, por darme el estímulo que necesitaba y por sus con­sejos sobre el manuscrito resultante. No obstan­te, los límites de espacio de la Enciclopedia hi­cieron necesario que presentara mis opiniones en forma esquemática y extremadamente condensa-da. Aunque sucesos posteriores amortiguaron esas restricciones e hicieron posible una publicación independiente simultánea, esta obra continúa sien­do un ensayo, más que el libro de escala plena que exigirá finalmente el tema que trato.

Puesto que mi objetivo fundamental es deman­dar con urgencia un cambio en la percepción y la evaluación de los datos conocidos, no ha de ser un inconveniente el carácter esquemático de esta pri­mera presentación. Por el contrario, los lectores a los que sus propias investigaciones hayan pre­parado para el tipo de reorientación por el que abogamos en esta obra pueden hallar la forma de ensayo más sugestiva y fácil de asimilar. No obstante, tiene también desventajas y ellas pue­den justificar el que ilustre, desde el comienzo mismo, los tipos de ampliaciones, tanto en el al­cance como en la profundidad, que, eventualmen-

PREFACIO 15

te, deseo incluir en una versión más larga. Exis­ten muchas más pruebas históricas que las que he tenido espacio para desarrollar en este libro. Además, esas pruebas proceden tanto de la his­toria de las ciencias biológicas como de la de las físicas. Mi decisión de ocuparme aquí exclusiva­mente de la última fue tomada, en parte, para aumentar la coherencia de este ensayo y tam­bién, en parte, sobre bases de la competencia ac­tual. Además, la visión de la ciencia que vamos a desarrollar sugiere la fecundidad potencial de cantidad de tipos nuevos de investigación, tanto histórica como sociológica. Por ejemplo, la forma en que las anomalías o las violaciones a aquello que es esperado atraen cada vez más la atención de una comunidad científica, exige una estudio detallado del mismo modo que el surgimiento de las crisis que pueden crearse debido al fracaso repetido en el intento de hacer que una anomalía pueda ser explicada. O también, si estoy en lo cierto respecto a que cada revolución científica modifica la perspectiva histórica de la comuni­dad que la experimenta, entonces ese cambio de perspectiva deberá afectar la estructura de los libros de texto y las publicaciones de investiga­ción posteriores a dicha revolución. Es preciso estudiar un efecto semejante —un cambio de dis­tribución de la literatura técnica citada en las notas al calce de los informes de investigación— como indicio posible sobre el acaecimiento de las revoluciones.

La necesidad de llevar a cabo una condensa­ción drástica me ha obligado también a renunciar a la discusión de numerosos problemas impor­tantes. Por ejemplo, la distinción que hago entre los periodos anteriores y posteriores a un para­digma en el desarrollo de una ciencia, es dema­siado esquemática. Cada una de las escuelas cuya

16 PREFACIO

competencia caracteriza el primer periodo es guia­da por algo muy similar a un paradigma; hay también circunstancias, aunque las considero ra­ras, en las que pueden coexistir pacíficamente dos paradigmas en el último periodo. La posesión simple de un paradigma no constituye un criterio suficiente para la transición de desarrollo que ve­remos en la Sección II. Lo que es más impor­tante, no he dicho nada, excepto en breves co­mentarios colaterales, sobre el papel desempeñado por el progreso tecnológico o por las condiciones externas, sociales, económicas e intelectuales, en el desarrollo de las ciencias. Sin embargo, no hay que pasar de Copérnico y del calendario para des­cubrir que las condiciones externas pueden contri­buir a transformar una simple anomalía en origen de una crisis aguda. El mismo ejemplo puede ilustrar el modo en que las condiciones ajenas a las ciencias pueden afectar el cuadro disponible de posibilidades para el hombre que trata de poner fin a una crisis, proponiendo alguna refor­ma revolucionaria.4 La consideración explícita de efectos como éstos no modificará, creo yo, las principales tesis desarrolladas en este ensayo; pero, seguramente, añadiría una dimensión ana-

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31

similar:

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconMujeres en todos los ámbitos de la política, la ciencia, la literatura

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen En la actualidad, la ciencia avanza a pasos agigantados,...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconEl péndulo es un instrumento fascinante que ha hecho vivir unas interesantes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconLa especie humana se ha visto amenazada por ciertas razas de caninos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconAnte un examen, un alumno ha estudiado 15 de los 25 temas correspon-dientes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconSeguramente todos los días pensamos en nuestra vida: nos preguntamos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen el hombre desde los inicios de la agricultura ha tomado lo...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTrazabilidad es registrar todos los elementos referidos a la historia...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com