Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas




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The Copernican Revolution, de T. S. Kuhn (Cambridge, Mass., 1957), p. 138.

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bieran retirado a uno el terreno que pisaba, sin ver en ninguna parte un punto firme sobre el que fuera posible construir." 6 Y Wolfgang Pauli, en los meses anteriores al momento en que el documento de Heisenberg sobre la mecánica ma-tricial señalara el camino hacia una nueva teoría cuántica, escribió a un amigo: "Por el momento, la física se encuentra otra vez terriblemente con­fusa. De cualquier modo, es demasiado difícil para mí y desearía haber sido actor de cine o algo parecido y no haber oído hablar nunca de la física". Este testimonio es particularmente im­presionante, si se compara con las palabras del mismo Pauli, unos cinco meses más tarde: "El tipo de mecánica de Heisenberg me ha devuelto la esperanza y la alegría de vivir. Indudablemen­te, no proporciona la solución al problema; pero creo que nuevamente es posible seguir adelante." 7 Los reconocimientos explícitos de un derrumba­miento, tales como éste, son extremadamente ra­ros ; pero los efectos de la crisis no dependen en­teramente de su reconocimiento consciente. ¿Qué podemos decir que son esos efectos? Sólo dos de ellos parecen ser universales. Todas las crisis se inician con la confusión de un paradigma y el aflojamiento consiguiente de las reglas para la in­vestigación normal. A este respecto, la investiga­ción durante las crisis se parece mucho a la que tiene lugar en los periodos anteriores a los para­digmas, con excepción de que en el primer caso

8 Albert Einstein, "Autobiographical Note", en Albert Einstein: Philosopher-Scientist, ed. P. A. Schilpp (Evans-ton, III, 1949), p. 45.

7 Ralph Kronig, "The Turning Point", en Theoretical Physics in the Twentieth Century: A Memorial Volume to Wolfgang Pauli, ed. M. Fierz y V. F. Weisskopf (Nueva York, 1960), pp. 22, 25-26. Gran parte de este artículo des­cribe la crisis de la mecánica cuántica en los años inme­diatamente anteriores a 1925.

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el lugar de la diferencia es, a la vez, más pequeño y mejor definido. Y todas las crisis concluyen con la aparición de un nuevo candidato a paradig­ma y con la lucha subsiguiente para su acepta­ción. Éstos son temas que deberán tomarse en consideración en secciones posteriores; pero de­bemos anticipar algo de lo que veremos, con el fin de completar estas observaciones sobre la evo­lución y la anatomía del estado de crisis.

La transición de un paradigma en crisis a otro nuevo del que pueda surgir una nueva tradición de ciencia normal, está lejos de ser un proce­so de acumulación, al que se llegue por medio de una articulación o una ampliación del antiguo paradigma. Es más bien una reconstrucción del campo, a partir de nuevos fundamentos, recons­trucción que cambia algunas de las generaliza­ciones teóricas más elementales del campo, así como también muchos de los métodos y aplica­ciones del paradigma. Durante el periodo de transición habrá una gran coincidencia, aunque nunca completa, entre los problemas que pue­den resolverse con ayuda de los dos paradigmas, el antiguo y el nuevo; pero habrá también una diferencia decisiva en los modos de resolución. Cuando la transición es completa, la profesión habrá modificado su visión del campo, sus mé­todos y sus metas. Un historiador perspicaz, al observar un caso clásico de reorientación de la ciencia mediante un cambio de paradigma, lo des­cribió recientemente como "tomar el otro extre­mo del bastón", un proceso que involucra "ma­nejar el mismo conjunto de datos anteriores, pero situándolos en un nuevo sistema de relaciones concomitantes al ubicarlos en un marco diferen­te".8 Otros que han notado este aspecto del

8 Herbert Butterfield, The Origins of Modern Science, 1300-1800 Londres, 1949), pp. 1-7.

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avance científico han subrayado su similitud con un cambio en la forma de visión: las marcas so­bre el papel que se veían antes como un pájaro, se ven ahora como un antílope, o viceversa.9 Este paralelo puede ser engañoso. Los científicos no ven algo como otra cosa diferente; en lugar de ello, se limitan a verlo. Ya hemos examinado al­gunos de los problemas creados por la pretensión de Priestley al considerar al oxígeno como aire deflogistizado. Además, el científico no preserva la libertad del sujeto para pasar repetidas veces de uno a otro modo de ver las cosas. Sin embar­go, el cambio de forma, sobre todo debido a que es muy familiar en la actualidad, es un prototipo elemental útil para lo que tiene lugar en un cambio de paradigma a escala total.

Lo que acabamos de anticipar puede ayudarnos a reconocer a la crisis como un preludio apro­piado al surgimiento de nuevas teorías, sobre todo debido a que ya hemos examinado una ver­sión en pequeña escala del mismo proceso, al estudiar la aparición de los descubrimientos. De­bido a que el nacimiento de una nueva teoría rompe con una tradición de práctica científica e introduce otra nueva que se lleva a cabo con re­glas diferentes y dentro de un universo de razo­namiento también diferente, esto sólo tiene pro­babilidades de suceder cuando se percibe que una primera tradición ha errado el camino de manera notable. Sin embargo, esta observación no es sino un preludie a la investigación del estado de crisis y, desgraciadamente, las preguntas que plantea exigen la competencia de un psicólogo todavía más que la de un historiador. ¿Qué es una inves­tigación fuera de lo extraordinario? ¿Cómo se hace que una anomalía se conforme a leyes?

9 Hans, op. cit., cap. I.

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¿Cómo proceden los científicos cuando sólo se dan cuenta de que algo va mal fundamentalmente, en un nivel para cuyo manejo la instrucción recibida no los ha preparado? Esas preguntas exigen una investigación mucho más profunda, que no siem­pre será histórica. Lo que sigue será, necesaria­mente, más hipotético y menos completo que lo que hemos visto con anterioridad.

Con frecuencia, surge un nuevo paradigma, al menos en embrión, antes de que una crisis haya avanzado mucho en su desarrollo o de que haya sido reconocida explícitamente. El trabajo de La­voisier nos proporciona un ejemplo al respecto. Su nota sellada fue depositada en la Academia Francesa menos de un año después del estudio profundo de las relaciones de peso en la teoría del flogisto y antes de que las publicaciones de Priestley revelaran la amplitud total de la crisis que sufría la química neumática. Los primeros informes de Thomas Young sobre la teoría ondu­latoria de la luz aparecieron en una etapa muy temprana de una crisis que se estaba desarrollan­do en la óptica y que casi no había sido notable, excepto en que, sin la ayuda de Young, se con­virtió en un escándalo científico internacional en el plazo de una década a partir del momento en que aquél escribió sus primeros informes. En casos como ésos, solo podemos decir que un tras­torno poco importante del paradigma y la pri­mera confusión de sus reglas para la ciencia nor­mal, fueron suficientes para sugerirle a alguien un nuevo método para observar su campo. Lo que tuvo lugar entre la primera sensación de tras­torno y el reconocimiento de una alternativa dis­ponible, debió ser en gran parte inconsciente.

Sin embargo, en otros casos —los de Copérnico, Einstein y la teoría nuclear contemporánea, por ejemplo—, transcurió un periodo considerable

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entre la primera percepción del trastorno y el surgimiento de un nuevo paradigma. Cuando esto sucede, el historiador puede, al menos, lo­grar unas cuantas indicaciones de lo que es la ciencia fuera de lo ordinario. Frente a la ad­misión de una anomalía fundamental en la teo­ría, el primer esfuerzo de un científico será, fre­cuentemente, aislarla de manera más precisa y darle una estructura. Aun cuando se dé cuenta de que ya no pueden ser absolutamente correctas, el científico aplicará las reglas de la ciencia normal con mayor fuerza que nunca, con el fin de ver, en la zona en que haya surgido la dificultad, dón­de y hasta dónde pueden aplicarse. Al mismo tiempo, buscará maneras de realzar la importancia del trastorno, para hacerlo más notable y, quizá, también más sugestivo, de lo que fuera en expe­rimentos en los que se creía conocer de antemano el resultado. Y en el último esfuerzo, más que en cualquier otra parte del desarrollo de una cien­cia en el periodo posterior al paradigma, se ase­mejará mucho a la imagen que predomina del científico. Primeramente, parecerá a menudo un hombre que busca al azar, probando experimen­tos para ver qué sucede, buscando un efecto cuya naturaleza no puede prever. Simultáneamente, puesto que no puede concebirse ningún experi­mento sin algún tipo de teoría, el científico en crisis tratará constantemente de generar teorías especulativas que, si dan buenos resultados, pue­dan mostrar el camino hacia un nuevo paradigma y, si no tienen éxito, puedan desdeñarse con rela­tiva facilidad.

El informe de Kepler sobre su lucha prolon­gada con el movimiento de Marte y la descrip­ción de Priestley de su respuesta a la prolife­ración de nuevos gases, proporcionan ejemplos clásicos de un tipo más fortuito de investigación,

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producido por la percepción de la anomalía.10 Pero probablemente las mejores ilustraciones pro­ceden de la investigación contemporánea en la teoría del campo y en las partículas fundamenta­les. A falta de una crisis que hiciera necesario ver hasta dónde podían llegar las reglas de la ciencia normal, ¿habría parecido justificado el in­menso esfuerzo necesario para detectar el neutri­no? O, si las reglas no hubieran fallado de manera evidente en algún punto no revelado, ¿habría sido sugerida o probada alguna vez la hipótesis ra­dical de la no conservación de la paridad? Como muchas otras investigaciones de física durante la última década, esos experimentos fueron, en parte, intentos para localizar y definir la causa de un conjunto todavía disperso de anomalías.

Este tipo de investigación no-ordinaria a me­nudo —aunque no generalmente— es acompa­ñado por otro. Creo que es, sobre todo, en los periodos de crisis reconocida, cuando los cien­tíficos se vuelven hacia el análisis filosófico como instrumento para resolver los enigmas de su campo. Los científicos generalmente no han ne­cesitado ni deseado ser filósofos. En realidad, la ciencia normal mantiene habitualmente apar­tada a la filosofía creadora y es probable que tenga buenas razones para ello. En la medida en que los trabajos de investigación normal pue­den llevarse a cabo mediante el empleo del para­digma como modelo, no es preciso expresar de manera explícita las reglas y las suposiciones.

10 Para un informe del trabajo de Kepler sobre Marte, véase: A History of Astronomy from Thales to Kepler, de J. L. E. Dreyer (2a ed.; Nueva York, 1953), pp. 380-93. Las inexactitudes ocasionales no impiden que la obra de Dre­yer nos proporcione el material que necesitamos. Sobre Priestley, véase su propia obra, sobre todo. Experiments and Observations on Different Kinds of Air (Londres, 1774-75).

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En la Sección V hicimos notar que no es siquiera necesario que exista todo el conjunto de reglas buscado por medio del análisis filosófico; pero esto no quiere decir que la búsqueda de suposi­ciones (incluso de las no existentes) no pueda ser un modo efectivo para debilitar el dominio de una tradición sobre la mente y para sugerir las bases para otra nueva. No es un accidente que el surgimiento de la física newtoniana en el siglo XVII, y el de la relatividad y de la mecánica cuántica en el xx, hayan sido precedidos y acom­pañados por análisis filosóficos fundamentales de su tradición contemporánea de investigación.11 Tampoco es un accidente que, en esos dos perio­dos, el llamado experimento mental haya desem­peñado un papel tan importante en el progreso de las investigaciones. Como he mostrado en otros lugares, la experimentación mental analíti­ca que ocupa tanto lugar en los escritos de Ga­lileo, Einstein, Bohr y otros, está perfectamente calculada a efecto de exponer el paradigma anti­guo a los conocimientos existentes de modos ta­les que aislen la raíz de la crisis con una claridad inalcanzable en el laboratorio.12

Con el despliegue de esos procedimientos ex­traordinarios, uno por uno o todos juntos, puede suceder otra cosa. Al concentrarse la atención científica en una zona estrecha de trastorno y al prepararse la mentalidad científica para recono­cer las anomalías experimentales, tal y como son,

11 Con respecto al contrapunto filosófico que acompañó a la mecánica del siglo XVII, véase: La mécanique au XVIIe siècle ( Neuchatel, 1954), de Rene Dugas, sobre todo el capítulo XI. Con respecto al episodio similar del siglo XIX, véase el libro anterior del mismo autor, Histoire de la mécanique (Neuchatel, 1950), pp. 419-43.

12 T. S. Kuhn, "A Function for Thought Experiments", en Melanges Alexandre Koyré, ed. R. Taton e I. B. Cohen, que debía publicar Hermann (Paris), en 1963.

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la crisis hace proliferar a menudo los descubri­mientos. Ya hemos hecho notar cómo distin­guen la percepción de la crisis, el trabajo de Lavoisier sobre el oxígeno del de Priestley; y el oxígeno no era el único gas nuevo que eran capa­ces de descubrir en el trabajo de Priestley los químicos que habían percibido la anomalía. O también, nuevos descubrimientos ópticos se acu­mularon rápidamente poco antes de la aparición de la nueva teoría ondulatoria de la luz y du­rante ésta. Algunos de esos descubrimientos, como la polarización por reflexión, fueron resul­tado de los accidentes que hace probables el tra­bajo concentrado en una zona confusa (Malus, que hizo el descubrimiento, estaba apenas ini­ciando su trabajo para el premio de ensayo de la Academia sobre la doble refracción, tema del cual se sabía muy bien que estaba en un estado poco satisfactorio). Otros, como el punto lumino­so en el centro de la sombra de un disco, fueron predicciones hechas a partir de la nueva hipóte­sis, que contribuyeron a que ésta se transformara en un paradigma para trabajos posteriores. Y to­davía otros, como los colores en los rayados en el vidrio y en las placas gruesas, eran efectos que habían sido vistos antes con frecuencia y se­ñalados en ocasiones, pero que, como el oxígeno de Priestley, habían sido asimilados a efectos bien conocidos, de modos que impedían que fueran considerados como lo que eran realmente.13 Po­dría hacerse una enumeración semejante de los múltiples descubrimientos que, a partir de 1895,

13 Con respecto a los nuevos descubrimientos ópticos en general, véase: Histoire de la lumière de V. Ronchi (París, 1956), cap. VII. Con respecto a la explicación inicial de uno de esos efectos, véase: The History and Present State of Discoveries Relating to Vision, Light and Colours de J. Priestley (Londres, 1772), pp. 498-520.

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acompañaron constantemente a la aparición de la mecánica cuántica.

La investigación extraordinaria debe tener to­davía otras manifestaciones y efectos, pero en este terreno apenas hemos comenzado a descu­brir las preguntas a que es preciso responder. Sin embargo, es posible que a esta altura no se necesite más. Las observaciones anteriores de­ben ser suficientes para mostrar cómo las crisis debilitan los estereotipos y, simultáneamente, pro­porcionan los datos adicionales necesarios para un cambio de paradigma fundamental. A veces, la for­ma del nuevo paradigma se vislumbra en la es­tructura que le da a la anomalía la investigación no-ordinaria. Einstein escribió que, antes de que dispusiera de un sustituto para la mecánica clá­sica, podía ver la interrelación existente entre las anomalías conocidas de la radiación de un cuerpo negro, el efecto fotoeléctrico y los calo­res específicos.14 Es más frecuente que no se vea conscientemente de antemano una estructura semejante. En cambio, el nuevo paradigma o un indicio suficiente para permitir una articulación posterior, surge repentinamente, a veces en me­dio de la noche, en la mente de un hombre sumer­gido profundamente en la crisis. Lo que es la naturaleza de esta etapa final —cómo inventa un individuo (o descubre que ha inventado) un modo nuevo de ordenar datos totalmente reuni­dos ya—, deberá permanecer inescrutable aquí y es posible que ese estado sea permanente. So­bre ese punto, señalemos aquí sólo una cosa. Casi siempre, los hombres que realizan esos in­ventos fundamentales de un nuevo paradigma han sido muy jóvenes o muy noveles en el campo

14 Einstein,
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