Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas




descargar 0.94 Mb.
títuloPara que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas
página9/31
fecha de publicación12.03.2016
tamaño0.94 Mb.
tipoExamen
b.se-todo.com > Historia > Examen
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   ...   31
Philosophy of Science, XXV (1958), 163-68.

VI. LA ANOMALÍA Y LA EMERGENCIA DE LOS DESCUBRIMIENTOS CIENTÍFICOS

la ciencia normal, la actividad para la resolución de enigmas que acabamos de examinar, es una empresa altamente acumulativa que ha tenido un éxito eminente en su objetivo, la extensión conti­nua del alcance y la precisión de los conocimien­tos científicos. En todos esos aspectos, se ajusta con gran precisión a la imagen más usual del tra­bajo científico. Sin embargo, falta un producto ordinario de la empresa científica. La ciencia normal no tiende hacia novedades fácticas o teó­ricas y, cuando tiene éxito, no descubre ninguna. Sin embargo, la investigación científica descubre repetidamente fenómenos nuevos e inesperados y los científicos han inventado, de manera conti­nua, teorías radicalmente nuevas. La historia su­giere incluso que la empresa científica ha desa­rrollado una técnica cuyo poder es único para producir sorpresas de este tipo. Para reconciliar esta característica de la ciencia con todo lo que hemos dicho ya, la investigación bajo un para­digma debe ser particularmente efectiva, como método, para producir cambios de dicho paradig­ma. Esto es lo que hacen las novedades funda­mentales fácticas y teóricas. Producidas de ma­nera inadvertida por un juego llevado a cabo bajo un conjunto de reglas, su asimilación requiere la elaboración de otro conjunto. Después de conver­tirse en partes de la ciencia, la empresa, al menos la de los especialistas en cuyo campo particular caen las novedades, no vuelve a ser nunca la misma.

Debemos preguntarnos ahora cómo tienen lugar los cambios de este tipo, tomando en considera-

92

EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS 93

ción, primero, los descubrimientos o novedades fácticas, y luego los inventos o novedades teóri­cas. Sin embargo, muy pronto veremos que esta distinción entre descubrimiento e invento o entre facto y teoría resulta excesivamente artificial. Su artificialidad es un indicio importante para va­rias de las tesis principales de este ensayo. Al exa­minar en el resto de esta sección descubrimientos seleccionados, descubriremos rápidamente que no son sucesos aislados, sino episodios extensos, con una estructura que reaparece regularmente. El descubrimiento comienza con la percepción de la anomalía; o sea, con el reconocimiento de que en cierto modo la naturaleza ha violado las ex­pectativas, inducidas por el paradigma, que rigen a la ciencia normal. A continuación, se produce una exploración más o menos prolongada de la zona de la anomalía. Y sólo concluye cuando la teoría del paradigma ha sido ajustada de tal modo que lo anormal se haya convertido en lo esperado. La asimilación de un hecho de tipo nuevo exige un ajuste más que aditivo de la teo­ría y en tanto no se ha llevado a cabo ese ajuste —hasta que la ciencia aprende a ver a la natura­leza de una manera diferente—, el nuevo hecho no es completamente científico.

Para ver cuán estrechamente entrelazadas se en­cuentran las novedades fácticas y las teóricas en un descubrimiento científico, examinemos un ejemplo particularmente famoso: el descubrimien­to del oxígeno. Al menos tres hombres diferentes tienen la pretensión legítima de atribuírselo y varios otros químicos, durante los primeros años de la década de 1770, deben haber tenido aire enriquecido en un recipiente de laboratorio, sin saberlo.1 El progreso de la ciencia normal, en este

1 Sobre la discusión del descubrimiento del oxígeno,

94 EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS

caso de la química neumática, preparó el camino para un avance sensacional, de manera muy com­pleta. El primero de los que se atribuyen el descubrimiento, que preparó una muestra relati­vamente pura del gas, fue el farmacéutico sueco C. W. Secheele. Sin embargo, podemos pasar por alto su trabajo, debido a que no fue publicado sino hasta que el descubrimiento del oxígeno ha­bía sido ya anunciado repetidamente en otras partes y, por consiguiente, no tuvo efecto en el patrón histórico que más nos interesa en este caso.2 El segundo en el tiempo que se atribuyó el descubrimiento, fue el científico y clérigo bri­tánico Joseph Priestley, quien recogió el gas libe­rado por óxido rojo de mercurio calentado, como un concepto en una investigación normal prolon­gada de los "aires" liberados por un gran número de substancias sólidas. En 1774, identificó el gas así producido como óxido nitroso y, en 1775, con la ayuda de otros experimentos, como aire común con una cantidad menor que la usual de flogisto. El tercer descubridor, Lavoisier, inició el trabajo que lo condujo hasta el oxígeno después de los experimentos de Priestley de 1774 y posiblemente como resultado de una indicación de Priestley. A comienzos de 1775, Lavoisier señaló que el gas

que todavía es clásica, véase: The Eighteenth-Century Revolution in Science. The First Phase, de A. N. Meldrum (Calcuta, 1930), cap. v. Una revisión reciente, indispensa­ble, que incluye un informe de la controversia sobre la prioridad, es: Lavoisier, théoricien et expérimentateur, de Maurice Daumas (París, 1955), caps. II-III. Para obte­ner un informe más completo y bibliografía, véase tam­bién "The Historical Structure of Scientific Discovery", de T. S. Kuhn, Science, CXXXVI (1° de junio de 1962), 760-64.

2 No obstante, véase: "A Lost Letter from Secheele to Lavoisier", de Uno Bocklund, Lychnos, 1957-58, pp. 39-62 para estudiar una evaluación diferente del papel desem­peñado por Scheele.

EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS 95

obtenido mediante el calentamiento del óxido rojo de mercurio era "el aire mismo, entero, sin alte­ración [excepto que]... sale más puro, más res-pirable".3 Hacia 1777, probablemente con la ayuda de una segunda indicación de Priestley, Lavoisier llegó a la conclusión de que el gas constituía una especie bien definida, que era uno de los dos prin­cipales componentes de la atmósfera, conclusión que Priestley no fue capaz de aceptar nunca.

Este patrón de descubrimiento plantea una pre­gunta que puede hacerse con respecto a todos y cada uno de los nuevos fenómenos que han lle­gado alguna vez a conocimiento de los científicos. ¿Fue Priestley o Lavoisier, si fue uno de ellos, el primero que descubrió el oxígeno? En cualquier caso, ¿cuándo fue descubierto el oxígeno? La pre­gunta podría hacerse en esta forma, incluso si no hubiera existido nunca más que un solo científico que se atribuyera el descubrimiento. Como regla sobre la prioridad y la fecha, no nos interesa en absoluto la respuesta. No obstante, un intento para encontrar una, serviría para esclarecer la naturaleza del descubrimiento, debido a que no existe ninguna respuesta del tipo buscado. El des­cubrimiento no es el tipo de proceso sobre el que se hace la pregunta de manera apropiada. El he­cho de que se plantee —la prioridad por el oxí­geno ha sido cuestionada repetidamente desde los años de la década de 1780— es un síntoma de algo desviado en la imagen de una ciencia, que concede al descubrimiento un papel tan funda­mental. Veamos una vez más nuestro ejemplo. La pretensión de Priestley de que había descubierto

3 B. Conant, The Overthrow of the Phlogiston Theory: The Chemical Revolution of 1775-1789 ("Harvard Case Histories in Experimental Science", Caso 2; Cambridge, Mass., 1950), p. 23. Este folleto, muy útil, reproduce mu­chos de los documentos importantes.

96 EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS

el oxígeno, se basaba en su prioridad en el aisla­miento de un gas que fue más tarde reconocido como un elemento definido. Pero la muestra de Priestley no era pura y, si el tener en las manos oxígeno impuro es descubrirlo, lo habrían hecho todos los que embotellaron aire atmosférico. Ade­más, si el descubridor fue Priestley, ¿cuándo tuvo lugar el descubrimiento? En 1774 pensó que había obtenido óxido nitroso, una especie que conocía ya; en 1775 vio el gas como aire deflogistizado, que todavía no es oxígeno o que incluso es, para los químicos flogísticos, un tipo de gas absoluta­mente inesperado. La pretensión de Lavoisier puede ser más contundente; pero presenta los mismos problemas. Si rehusamos la palma a Priestley, no podemos tampoco concedérsela a La­voisier por el trabajo de 1775 que lo condujo a identificar el gas como "el aire mismo, entero". Podemos esperar al trabajo de 1776 y 1777, que condujo a Lavoisier a ver no sólo el gas sino también qué era. Sin embargo, aun esta conce­sión podría discutirse, pues en 1777 y hasta el final de su vida Lavoisier insistió en que el oxí­geno era un "principio de acidez" atómico y que el gas oxígeno se formaba sólo cuando ese "prin­cipio" se unía con calórico, la materia del calor.4 Por consiguiente, ¿podemos decir que el oxígeno no había sido descubierto todavía en 1777? Algu­nos pueden sentirse tentados a hacerlo. Pero el principio de acidez no fue eliminado de la quí­mica hasta después de 1810 y el calórico hasta los años de la década de 1860. El oxígeno se había convertido en una sustancia química ordinaria an­tes de cualquiera de esas fechas.

Está claro que necesitamos conceptos y un nue­vo vocabulario para analizar sucesos tales como

4 H. Metzger, La philosophie de la matière chez Lavoi­sier (París, 1935); y Daumas, op. cit., cap. VII.

EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS 97

el descubrimiento del oxígeno. Aunque sea indu­dablemente correcta, la frase "El oxígeno fue des­cubierto", induce a error, debido a que sugiere que el descubrir algo es un acto único y simple, asimilable a nuestro concepto habitual de la vi­sión (y tan discutible como él). Por eso supone­mos con tanta facilidad que el descubrir, como el ver o el tocar, debe ser atribuible de manera inequívoca a un individuo y a un momento dado en el tiempo. Pero la última atribución es siem­pre imposible y la primera lo es con frecuencia. Ignorando a Scheele, podemos decir con seguri­dad que el oxígeno no fue descubierto antes de 1774 y podríamos decir también, probablemente, que fue descubierto aproximadamente en 1777 o muy poco tiempo después de esta fecha. Pero dentro de estos límites o de otros similares, cual­quier intento para ponerle fecha al descubrimien­to debe ser, de manera inevitable, arbitrario, ya que el descubrimiento de un tipo nuevo de fenó­meno es necesariamente un suceso complejo, que involucra el reconocimiento, tanto de que algo existe como de qué es. Nótese, por ejemplo, que si el oxígeno fuera para nosotros aire deflogisti-zado insistiríamos sin vacilaciones en que Priestley lo descubrió, aun cuando de todos modos no sa­bríamos exactamente cuándo. Pero si tanto la observación y la conceptualización, como el hecho y la asimilación a la teoría, están enlazadas inse­parablemente en un descubrimiento, éste, enton­ces, es un proceso y debe tomar tiempo. Sólo cuando todas las categorías conceptuales perti­nentes están preparadas de antemano, en cuyo caso el fenómeno no será de un tipo nuevo, po­drá descubrirse sin esfuerzo qué existe y qué es, al mismo tiempo y en un instante.

Concedamos ahora que el descubrimiento invo­lucra un proceso extenso, aunque no necesaria-

98 EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS

mente prolongado, de asimilación conceptual. ¿Po­dríamos decir también que incluye un cambio en el paradigma? A esta pregunta no podemos darle todavía una respuesta general; pero, al menos en este caso preciso, la respuesta deberá ser afirma­tiva. Lo que anunció Lavoisier en sus escritos, a partir de 1777, no fue tanto el descubrimiento del oxígeno, como la teoría de la combustión del oxígeno. Esta teoría fue la piedra angular para una reformulación tan amplia de la química que, habitualmente, se la conoce como la revolución química. En realidad, si el descubrimiento del oxígeno no hubiera sido una parte íntimamente relacionada con el surgimiento de un nuevo para­digma para la química, la cuestión de la prio­ridad, de la que partimos, no hubiera parecido nunca tan importante. En este caso como en otros, el valor atribuido a un nuevo fenómeno y, por consiguiente, a su descubridor, varía de acuerdo con nuestro cálculo de la amplitud con la que dicho fenómeno rompía las previsiones inducidas por el paradigma. Sin embargo, puesto que será importante más adelante, nótese que el descubri­miento del oxígeno no fue por sí mismo la causa del cambio en la teoría química. Mucho antes de que desempeñara un papel en el descubrimiento del nuevo gas, Lavoisier estaba convencido, tan­to de que había algo que no encajaba en la teoría del flogisto como de que los cuerpos en combus­tión absorbían alguna parte de la atmósfera. Eso lo había registrado ya en una nota sellada que depositó en la Secretaría de la Academia Fran­cesa, en 1772.5 Lo que logró el trabajo con el oxígeno fue dar forma y estructura adicionales

5 El informe más serio sobre el origen del descontento de Lavoisier es el de Henry Guerlac, Lavoisier. The Crucial Year: The Background and Origin of His First Experi-ments on Combustión in 1772 (Ithaca, N. Y., 1961).

EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS 99

al primer sentimiento de Lavoisier de que algo faltaba. Le comunicó algo que ya estaba prepa­rado para descubrir: la naturaleza de la sustan­cia que la combustión sustrae de la atmósfera. Esta comprensión previa de las dificultades debe ser una parte importante de lo que permitió ver a Lavoisier en experimentos tales como los de Priestley, un gas que éste había sido incapaz de ver por sí mismo. Recíprocamente, el hecho de que fuera necesaria la revisión de un paradigma importante para ver lo que vio Lavoisier debe ser la razón principal por la cual Priestley, hacia el final de su larga vida, no fue capaz de verlo.

Dos otros ejemplos mucho más breves refor­zarán mucho lo que acabamos de decir y, al mis­mo tiempo, nos conducirán de la elucidación de la naturaleza de los descubrimientos hacia la com­prensión de las circunstancias en las que surgen en la ciencia. En un esfuerzo por representar los modos principales en que pueden surgir los des­cubrimientos, escogimos estos ejemplos de tal modo que sean diferentes tanto uno del otro como ambos respecto del descubrimiento del oxígeno. El primero, el de los rayos X, es un caso clásico de descubrimiento por medio de un accidente, un tipo de descubrimiento que tiene lugar con ma­yor frecuencia de lo que nos permiten compren­der las normas impersonales de la información científica. Su historia comienza el día en que el físico Roentgen interrumpió una investigación normal sobre los rayos catódicos debido a que había notado qué una pantalla de platino-cianu-ro de bario, a cierta distancia de su aparato pro­tegido, resplandecía cuando se estaba produciendo la descarga. Investigaciones posteriores —requi­rieron siete agitadas semanas durante las que Roentgen raramente salió de su laboratorio— indicaron que la causa del resplandor procedía

100 EMERGENCIA DE DESCUBRIMIENTOS

en línea recta del tubo de rayos catódicos, que las sombras emitidas por la radiación no podían ser desviadas por medio de un imán y muchas otras cosas. Antes de anunciar su descubrimiento, Roentgen se convenció de que su efecto no se debía a los rayos catódicos sino a un agente que, por lo menos, tenía cierta similitud con la luz.6

Incluso un tan breve resumen revela semejan­zas sorprendentes con el descubrimiento del oxí­geno : antes de experimentar con el óxido rojo de mercurio, Lavoisier había realizado experimentos que no produjeron los resultados previstos se­gún el paradigma flogista; el descubrimiento de Roentgen se inició con el reconocimiento de que su pantalla brillaba cuando no debería hacerlo. En ambos casos, la percepción de la anomalía —o sea, un fenómeno para el que el investigador no estaba preparado por su paradigma— desem­peñó un papel esencial en la preparación del camino para la percepción de la novedad. Pero, también en estos dos casos, la percepción de que algo andaba mal fue sólo el preludio del descubri­miento. Ni el oxígeno ni los rayos X surgieron sin un proceso ulterior de experimentación y asi­milación. Por ejemplo, ¿en qué momento de la investigación de Roentgen pudiéramos decir que los rayos X fueron realmente descubiertos? En todo caso, no fue al principio, cuando todo lo que el investigador había notado era una panta­lla que resplandecía. Por lo menos otro investi­gador había visto ya ese resplandor y, con la pena consiguiente, no había logrado descubrir nada.7

6 L. W. Taylor,
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   ...   31

similar:

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconMujeres en todos los ámbitos de la política, la ciencia, la literatura

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen En la actualidad, la ciencia avanza a pasos agigantados,...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconEl péndulo es un instrumento fascinante que ha hecho vivir unas interesantes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconLa especie humana se ha visto amenazada por ciertas razas de caninos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconAnte un examen, un alumno ha estudiado 15 de los 25 temas correspon-dientes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconSeguramente todos los días pensamos en nuestra vida: nos preguntamos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen el hombre desde los inicios de la agricultura ha tomado lo...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTrazabilidad es registrar todos los elementos referidos a la historia...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com