Consideraciones conceptuales para comprender el




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B.2 WALLERSTEIN Y EL SISTEMA MUNDO

  • Su obra más importante, El moderno sistema-mundo (The modern world-system) ha aportado a la ciencia histórica un nuevo modelo teórico-interpretativo. Apareció en tres volúmenes en 1974, 1980 y 1989. En ellos, Wallerstein se basa en tres influencias intelectuales: Karl Marx, el historiador francés Fernand Braudel, la Teoría de la dependencia, en su experiencia práctica obtenida en su trabajo en la África post-colonial y las varias teorías acerca de las naciones en desarrollo. Un aspecto de su trabajo por el cual se merece crédito fue el anticipar la importancia del creciente Conflicto Norte-Sur el cual estaba ya en la cima durante la Guerra Fría. Wallerstein rechazaba la noción de un “Tercer Mundo”, afirmando que había solo un mundo conectado por una compleja red de relaciones de intercambio económico.




  • Wallerstein localiza el origen del moderno sistema-mundial en el noroeste de Europa del siglo XVI. Una pequeña ventaja en la acumulación de capital en Gran Bretaña y Francia, debido a circunstancias políticas específicas al final del periodo del feudalismo, pusieron en movimiento un proceso gradual de expansión, dando como resultado: la red mundial, o sistema de intercambio económico que existe en la actualidad.


Para Wallertstein, la transición al capitalismo se llevó a cabo durante el "largo" siglo XVI con la previa "crisis" del modo de producción feudal, que englobaba causas climáticas, demográficas, políticas e incluso culturales, lo que obligo a los señores feudales de Inglaterra y del norte de Francia a convertirse en capitalistas. Lo anterior llevó a la conformación de la economía-mundo capitalista que llegó a ocupar América y a convertirla en la periferia del sistema mundial, y consecuentemente desecha la idea de "revolución burguesa" arraigada en el marxismo ortodoxo.

En este sentido, Wallerstein se pregunta cuál es el sentido de afirmar que la Revolución francesa fue una "revolución burguesa" si el capitalismo como tal ya estaba consolidado desde hace dos o tres siglos atrás, por lo que, llega a mencionar que la Revolución francesa fue en realidad una "revolución anticapitalista" -con lenguaje antifeudal- y además, fue el acontecimiento en donde la superestructura ideológica se pone por fin al mismo nivel que la estructura económica; es decir: que a partir de tal suceso las ideologías expresan transparentemente los intereses de las clases al interior del sistema-mundo.
Pero, en modo alguno, según Wallerstein, representó un cambio estructural profundo. Con esta última idea, Wallerstein ensalza a la Revolución francesa y baja el perfil a la Revolución rusa de 1917.


  • Un mayor avance ocurrió durante la época del imperialismo, el cual puso en contacto a cada rincón de la tierra con la economía capitalista al estilo europeo.




  • El sistema-mundial capitalista se encuentra lejos de la homogeneidad en términos culturales, políticos y económicos; está caracterizado por profundas diferencias en el desarrollo cultural, acumulación del poder político y capital. Wallerstein concibe las diferencias en las teorías de la modernización y capitalismo como una división duradera del mundo en el núcleo, semi-periferia y periferia.




  • En 2011, Immanuel Wallerstein publicará el cuarto tomo del Moderno sistema mundial, cuyo subtítulo es "el triunfo del liberalismo centrista" y cuyo período va desde 1789 hasta 1914.

Esta cuarta entrega se encargará de continuar la idea de "geocultura" en tanto que ideología dominante del sistema-mundo capitalista en su conjunto.

Ahí se verá cómo surgen las ideologías modernas ante el desafío que representó la "Revolución francesa" con las consecuencias que aquella trajo:

  • El cambio político es normal, y




  • La soberanía reside en el pueblo. Pues bien, las ideologías "modernas" se encargan de ambos problemas en que surgió el conservadurismo, el liberalismo y el radicalismo/socialismo, cada una poniendo distintos énfasis en cuanto a la "velocidad" y "profundidad" de los cambios sociales que deseaban.


Y el tomo cuatro tratará de cómo la ideología liberal centrista triunfó por sobre el conservadurismo y el radicalismo/socialismo en orden de asegurar la acumulación de capital a largo plazo, para Gran Bretaña, Francia y los demás capitalistas de la economía-mundo.


  • El cambio social y la justificación de El moderno sistema mundial. El cambio es eterno. Nada cambia jamás. Los dos tópicos son "ciertos". Las estructuras son los arrecifes de coral de las relaciones humanas, que tienen una existencia estable durante un período relativamente largo de tiempo. Pero las estructuras también nacen, se desarrollan y mueren.


Dice Wallerstein, lo que aquí es relevante es que así me hice consciente del grado en que la sociedad como abstracción quedaba grandemente limitada a sistemas político-jurídicos como realidad empírica. Era una perspectiva falsa el adoptar una unidad como la "tribu" e intentar analizar su funcionamiento sin hacer referencia al hecho de que, en una situación colonial, las instituciones gobernantes de una "tribu", lejos de ser "soberanas", estaban seriamente circunscritas por las leyes (y las costumbres) de una entidad mayor de la cual formaban parte indisociable, léase la colonia. De hecho esto me llevó a la generalización más amplia de que el estudio de la organización social era en su mayor parte deficiente debido a la muy extendida falta de consideración del marco legal y político en el que tanto las organizaciones como sus miembros operan.
¿Cómo podía uno decir que la Francia del siglo XVII era en algún aspecto equivalente a la India del siglo XX? Los legos podrían considerar tal afirmación absurda. ¿Estarían acaso tan equivocados? Está muy bien y es muy cómodo eso de apoyarse en las fórmulas de los libros de texto acerca de las virtudes de la abstracción científica, pero las dificultades prácticas de la comparación parecían inmensas.
Si determinadas sociedades atravesaban "etapas", es decir, tenían una "historia natural", ¿qué sucedía entonces con el propio sistema mundial? ¿Acaso no tenía "etapas", o al menos una "historia natural"? Si así fuera, ¿no estaríamos estudiando evoluciones comprendidas dentro de otras evoluciones? Y de ser ese el caso, ¿no se estaría convirtiendo la teoría en algo ligeramente sobrecargado en epiciclos? ¿No estaría pidiendo a voces algún toque de simplificación?


  • El origen de la economía-mundo capitalista: A finales del siglo XV y principios del XVI, nació lo que podríamos llamar una economía-mundo europea. No era un imperio, pero no obstante era espaciosa como un gran imperio y compartía con él algunas características. Pero era algo diferente y nuevo.


Era un tipo de sistema social que el mundo en realidad no había conocido anteriormente, y que constituye el carácter distintivo del moderno sistema mundial. Es una entidad económica pero no política, al contrario de los imperios, las ciudades-Estado y las naciones-Estado.
De hecho, precisamente comprende dentro de sus límites (es difícil hablar de fronteras) imperios, ciudades-Estado, y las emergentes "naciones-Estado". Es un sistema "mundial", no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor que cualquier unidad política jurídicamente definida. Y es una "economía-mundo" debido a que el vínculo básico entre las partes del sistema es económico.


  • Sobre el origen del Estado moderno y el absolutismo: Pero ¿por qué surgieron tales regímenes políticos en este tiempo en particular? Una respuesta clásica se nos da en términos de los fenómenos centrífugos presentes en los nuevos Estados, argumento utilizado frecuentemente para los nuevos Estados del siglo XX. El empuje inicial de los "restauradores del orden" del siglo XV surgió de la "crisis del feudalismo". La presión económica sobre los señores había llevado a un incremento de la explotación de los campesinos y, consiguientemente, a rebeliones de éstos. También había llevado a guerras internas entre la nobleza. Los debilitados nobles se volvieron a los reyes para que les preservaran de aún mayores desórdenes. El rey se benefició de las circunstancias para aumentar sus riquezas frente a esta misma nobleza. ¿Cómo hicieron los reyes, que eran los directores del aparato de Estado en el siglo XVI, para fortalecerse? Utilizaron cuatro mecanismos fundamentales: burocratización, monopolización de la fuerza, creación de legitimidad y homogeneización de la población súbdita.




  • Sobre la Revolución francesa: Wallerstein sostiene que:” …no creo que debamos intentar preservar la imagen de la Revolución francesa como una revolución burguesa para preservar la de la Revolución rusa como una revolución proletaria. Pero tampoco creo que debamos tratar de crear la imagen de la Revolución francesa como una revolución liberal con el fin de empañar la de la Revolución rusa como una revolución totalitaria. Ninguna de estas categorías -burguesa o liberal- clasifica bien lo que de hecho ocurrió”.


La Revolución francesa tal vez no fue una "revolución burguesa" puesto que en la economía-mundo capitalista en la cual se ubicaba Francia, el comportamiento económico de la clase dominante era "capitalista". En ese sentido, los "capitalistas" no tenían necesidad de una revolución política en estados particulares con el fin de obtener el droit de cité [derecho de alternancia] o buscar sus intereses fundamentales, (Wallerstein 2005).

Estos "levantamientos" por supuesto podrían asemejarse de manera analítica a las recurrentes revueltas por comida y alborotos campesinos de los siglos anteriores. Creo que la burguesía del mundo percibió que algo diferente estaba ocurriendo, que a esos "levantamientos" podrían catalogárseles mejor como los primeros disturbios verdaderamente antisistémicos (es decir, en contra del sistema capitalista) del mundo moderno. No es que esos levantamientos antisistémicos tuvieran mucho éxito, sino que al menos se habían suscitado y por lo tanto presagiaron un importante cambio cualitativo en la estructura del sistema-mundo capitalista, un punto de cambio en sus políticas, (Wallerstein 2005).


  • Sobre Karl Marx: Dice Wallerstein que: “Marx tenía un defecto importante. Era excesivamente smithiano (la competencia es la norma del capitalismo, el monopolio una distorsión) y schumpeteriano (el empresario es el agente del progreso). Numerosos marxistas del siglo XX no comparten ya estos prejuicios, aun cuando creen que eso es porque el capitalismo ha evolucionado. Sin embargo, una vez que se invierten estos supuestos, el uso de un marco dialéctico y materialista para el análisis obliga a hacer una lectura muy diferente de la historia de los siglos XVI a XVIII, incluso del XIX, de lo que el mismo Marx hizo la mayoría de las veces”.


Es en cambio al otro Marx, al que veía la historia como una realidad compleja y sinuosa, al que insistía en el análisis del carácter específico de los diferentes sistemas históricos, al Marx que era, por tanto, crítico del capitalismo como sistema histórico, a quien debemos devolver en el primer plano. ¿Qué encontró Marx cuando examinó a fondo el proceso histórico del capitalismo? Encontró no solo la lucha de clases, que a fin de cuentas era el fenómeno de "todas las sociedades existentes hasta el presente", sino también la polarización de las clases. Esta fue su hipótesis más radical y atrevida y, por consiguiente, la más criticada, (Wallerstein 2005).


  • Sobre las ciencias sociales: La ciencia social es una empresa del mundo moderno; sus raíces se encuentran en el intento, plenamente desarrollado desde el siglo XVI y que es parte inseparable de la construcción de nuestro mundo moderno, por desarrollar un conocimiento secular sistemático que tenga algún tipo de validación empírica, (Wallerstein 2005).


Puesto que la presión por la transformación política y social había adquirido una urgencia y una legitimidad que ya no resultaba fácil contener mediante la simple proclamación de teorías sobre un supuesto orden natural de la vida social. En cambio muchos –sin duda con esperanzas de limitarlo- sostenían que la solución consistía más bien en organizar y racionalizar el cambio social que ahora parecía inevitable en un mundo en el que la soberanía del “pueblo” iba rápidamente convirtiéndose en la norma. Pero para organizar y racionalizar el cambio social primero era necesario estudiarlo y comprender las reglas que lo gobernaban. No sólo había espacio para lo que hemos llegado a llamar ciencia social, sino que había una profunda necesidad de ella. Además parecía coherente que si se intentaba organizar un nuevo orden social sobre una base estable, cuanto más exacta (o “positiva”) fuese la ciencia tanto mejor sería todo lo demás, (Wallerstein, I. Abrir las ciencias sociales).
El hecho de que las ciencias sociales construidas en Europa y Estados Unidos durante el siglo XIX fueran eurocéntricas no debe asombrar a nadie. El mundo europeo de la época se sentía culturalmente triunfante y en muchos aspectos lo era. Europa había conquistado el mundo tanto política como económicamente, sus realizaciones tecnológicas fueron un elemento esencial de esa conquista y parecía lógico adscribir la tecnología superior a una ciencia superior y a una superior visión del mundo, (Wallerstein, I.).

C. ESCOTT LASH Y LA CRÍTICA DE LA INFORMACIÓN
C.1 CONSIDERACIONES GENERALES

El norteamericano Scott Lash de profesión Sociólogo y Psicólogo ha nacido en Chicago. Estudió Psicología en la Universidad de Michigan y sociología y la Maestría de Sociología en la Universidad Northwestern. En 1980 hizo un doctorado en "London School of Economics" . Lash comenzó su carrera docente como profesor en la Universidad de Lancaster en 1993. En 1998, se trasladó a Londres, donde actualmente ocupa el cargo de Director del Centro de Estudios Culturales y profesor de sociología en Goldsmiths College, Universidad de Londres.
C.2 SCOTT LASH Y LA TEORÍA MEDIÁTICA

Si la crítica ya no puede ser trascendental, sino inmanente al orden de la información, la crítica de la información se convierte cada vez más en Teoría Mediática. Para que haya una Teoría Mediática, antes debe hacer una sociedad de la información. La Teoría Mediática puede ser una contradicción, pero es nuestro destino en el orden global de la información.
La Teoría Mediática es una teoría sociocultural que toma forma de información y medios. La sociedad y la teoría quedan bajo el paradigma de los medios. Lo que antes era “sociedad” o “cultura” ahora es “medios”. Esta teoría se ocupa de los medios cuyo contenido es información o mensaje.
El paradigma donde nos sumergimos es informacional; no es ni narrativo, ni discursivo, ni representativo. Este modelo informacional no fue establecido por la computación sino por los propios medios de masas. Si bien hace muchos años que hay medios de masas, la edad mediática sólo se establece con convergencia de los medios, la computación y las telecomunicaciones. Esta teoría es la forma paradigmática de pensamiento en la sociedad global de la información de nuestros días.
No debemos hablar de los medios modernos como medios masivos de comunicación ya que no están dirigidos a un público masivo, sino a un segmento específico, un target determinado en relación al contenido ofrecido.
Una máquina de información es una combinación de contenido (información) y tecnología (máquina). La televisión es el ejemplo por excelencia, ya que es capaz de fijar el paradigma a través de las imágenes en movimiento, del sonido en vivo y de su persistencia crónica en tiempo real. La radio, el fonógrafo, el telégrafo, el teléfono, el cine y la fotografía son máquinas culturales, pero no máquinas de información.
Los medios son el contenido producido por esas máquinas, pero también las máquinas en sí. Esas máquinas producen información y la información es capaz de eludir las distinciones entre forma y contenido, entre tecnología y contenido.
Los bienes de consumo de rápida rotación o marcas como Nike, McDonald’s también son información; damos con ellos no sólo como información sino también como comunicaciones, mensajes. Y los consumimos distraídos. Estos nuevos medios son también maquinales, ya que los encontramos gracias a máquinas, tales como la televisión, Internet, carteles luminosos.
Los nuevos medios no son medios de representación sino de presentación, llegan a nosotros en tiempo de acción, no los esperamos. La representación es un proceso reflexivo; la presentación es más maquinal, más fabril.
Los contenidos culturales (información) producidos por las máquinas mediáticas (tecnología) se caracterizan por su naturaleza efímera y por su registro de presentación: presentan casi sin interpretación; no tienen tiempo para la re-presentación.
A diferencia de los medios discursivos que operan a través de la reflexión y el argumento, como un artículo o un libro académico, los medios informacionales trabajan por el conducto de la cruda violencia simbólica del hecho.
Según Lash, vivimos en la Era de la Información, sociedad erigida gracias a los medios masivos de comunicación. Estos permitieron “la entrada” de esta nueva era, de este nuevo paradigma, es decir, antes de que la PC sea de uso civil y popular, la sociedad ya se manejaba en ese modelo de pensamiento posibilitante. En palabras de Deleuze y Guattari, sobre los regimenes de signos “En un determinado momento efectúa el agenciamiento que asegura el predominio relativo de este régimen en condiciones históricas”.
Lash tira la primer piedra ruidosa al aseverar que el mensaje es el de los nuevos medios masivos (no el del contenido de la narrativa profunda, por ejemplo). Por lo tanto, los nuevos medios masivos de comunicación no pueden más que generar contenido rápido, de fácil consumo; sobre esta apreciación Adorno y Horkheimer, refieren: “El placer se petrifica en aburrimiento, pues para seguir siendo tal no debe costar esfuerzos y debe por tanto moverse estrictamente en los raíles de las asociaciones habituales”. El espectador no debe necesitar de ningún pensamiento propio (...) Toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada”. La sociedad de la información, como nunca antes, se maneja con la inmediatez y lo efímero, con el ahora y no mañana ni ayer, diferente al quehacer del poeta o del intelectual que aspira a “intemporalidad comparativa”, a la eternidad en términos de Arendt.
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