Resumen En este texto presentamos el desarrollo de una herramienta metodológica de diagnóstico orientada al campo de la salud pública, desde una perspectiva transdisciplinar que articula las dimensiones biológicas,




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fecha de publicación19.10.2016
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3.1. Un ejemplo de Diagnóstico psicosocial de género

Presentamos a continuación el diagnóstico psicosocial de género de Bea (nombre modificado) a título de ejemplo, el cual va encabezado por 2 citas textuales significativas. La estructura se inicia siempre con una descripción de su estado de malestar presente y acciones llevadas a cabo, pasando después por una reconstrucción de la dinámica e interacción biopsicosocial y en relación al sistema sexo/género, a través de su relato de vida, de manera que permita captar la dinámica del D.C. en ésta, y acaba con unas pinceladas de horizonte vital.

R: “yo (de pequeña) iba siempre con la carga esta (cuidar todo mis hermanos, más la que tenía problemas de discapacidad y la casa) y se murió mi abuelo que era la única persona que de vez en cuando venía a buscarme y me llevaba al teatro “Els Pastorets”, y cosas de estas. Y a mí la muerte de mi abuelo, que murió estando a casa y lo vi como se moría …., me afectó tanto, que empecé a tener sueños por las noches y llorando y a partir de entonces empecé a tener dolor, y tenía dolor”

//

P: Tú te sientes realizada como mujer?

R: En estos momentos no. Yo me sentía realizada cuando me parecía que las cosas funcionaban. Después me he dado cuenta que todo era falso, todo era mentira y de que todo había sido un fracaso, mi fracaso y el fracaso de una educación, de una sociedad, de una época…. y que lo que tenia que hacer era despertarme.., nacer de nuevo... pues entonces era hacerme sentir algo a mi misma, yo también, porque había estado desaparecida, negada, no existía!!

La situación actual de Bea que ahora tiene 59 años, desde el punto de vista del dolor generalizado que acompaña al diagnóstico clínico de la F.M. es de un alivio del dolor, casi desaparición, reciente, al mismo tiempo que un sentimiento subjetivo de fracaso y crisis personal importante en relación a su vida pasada, como mujer, como madre y como persona. Crisis personal y subjetiva que se está trabajando a nivel terapéutico con una psicóloga que contempla la perspectiva de género y también con tratamientos específicos de relajación para el cuerpo. Trabajo terapéutico que le ha permitido empezar un proceso de transformación subjetiva de género problematizando sus identificaciones y representaciones de lo que ha significado y significa ser mujer, ser madre, ser feliz, etc. en nuestro contexto cultural e historia reciente (nace años 50). Proceso que está viviendo de manera bastante ilusionada y emocionada, aunque resulte difícil y doloroso, y que le está permitiendo reiniciar una nueva etapa vital. En ésta se siente mucho más protagonista de su vida, ella misma, con capacidad para poner límites, dejar de renunciar a sus necesidades en pro de la visibilización de y dar respuesta a las necesidades de los demás, cuidarse a si misma, hacerse respetar frente a las otras personas y tener más control de la propia vida. Hace tiempo que dejó la medicación alopática, que siguió durante unos cuantos años (5 o 6) dado que no le servía y en determinados momentos ha hecho uso de tratamientos corporales alternativos de relajación, que también la han ayudado en el alivio temporal del dolor.

El momento de inflexión que permitió empezar este proceso de crisis vital y de transformación subjetiva fue precedido de una crack físico y una crisis personal, que fueron el punto álgido de una larga trayectoria vital acompañada de un exceso de sufrimiento (asumido como necesario y normal) y de sostener relaciones abusivas, por parte de su pareja y de su familia de origen sobretodo, maltrato en términos de “violencia de género” múltiple, intensa y continuada a diferentes niveles por parte de la pareja durante más de 40 años, y por parte de la familia de origen.

Su relato de vida, denota una presión intensa y excesiva tanto psicológica como física desde su infancia, por parte de la familia de origen, en forma de maternalización y maduración precoces y violentas, al responsabilizarla del cuidado de sus 3 hermanos menores (uno de ellos discapacitado) y de las tareas domésticas, etc, cuando todavía era una niña de 7 años e incluso antes.., y una ausencia de cuidado afectivo y consideración hacia ella. Sólo recibe la atención de su familia en relación a las necesidades básicas y primarias de supervivencia, comida, ropa, escuela, etc., pero no en el afecto ni en la comunicación ni en la interrelación y espacio lúdico que permiten un desarrollo emocional, afectivo y subjetivo. Experiencias que tienen lugar en el seno de una familia, que vive en un contexto de dictadura política, patriarcal y trabajadora (padre panadero y madre bordadora) invadida por y centrada en el trabajo (de los progenitores) sin espacio para los afectos y el cariño, muy rígida y normativa en relación a los roles de género y con una ética “protestante” en el trabajo, que no duda en usar la coacción física y psicológica (si son necesarias para conseguir el fin) y situar a su hija mayor en el lugar de “niña cuidadora y servidora precoz” que le ha sido asignado de manera unilateral. También como repetición compulsiva, por parte de los padres, de una historia propia de carencias y una educación rígida en relación a sus propios progenitores.

La familia fue presidida por un padre, patriarca, que abortó en nombre del sexo y el género, el anhelo, la capacidad y la posibilidad de cursar unos estudios por parte de su hija (muy aplicada, con buenos resultados en los estudios y deseo de ellos), por ponerla a trabajar a los 14 años, haciendo caso omiso de los consejos de sus profesores/ras que le pidieron que no rompiera la trayectoria y el talento académicos de su hija. El objetivo poder ofrecer una posibilidad de carrera académica a su hijo varón.

Esta trayectoria vital la ha constituido subjetivamente mediante una compulsión a la adaptación a las necesidades y deseos de los otros mientras borra las suyas, a través de ejercicios malabaristas de deformación positiva, estereotipada y fantasiosa de la realidad y de los otros, y negación del deseo. El resultado un Yo borrado, producto de la ausencia de un reconocimiento externo de los que dependía en su desarrollo, que se ha traducido en una invisibilidad de si misma, lo que la ha conformado subjetivamente como alguien que perseguirá enconadamente esta visibilidad y reconocimiento en los demás, fuera, entrando en una vorágine de actividad hasta que el cuerpo definitivamente ha dicho basta. La manera de vivir será adelantarse y adaptarse continuamente a las demandas y deseos de los demás (sobre todo de la pareja, pero también de los hijos), una orientación a la alteridad que la conducirá a borrarse y a ser una auténtica desconocida para sí, colocándola en una posición de “afectividad melancólica”, arropada mediante un discurso romántico y normativo de género al uso (modelo tradicional en interacción con modelo de transición). Esta trayectoria continuará hasta la actualidad, donde la crisis personal profunda, y el deseo de salir de ella, así cómo la pregunta del por qué… darán paso a un inicio de reflexividad propia, que le permitirá buscar ayuda específica, y irse dando cuenta de que su posición subjetiva y de género la conducen inevitablemente a lo contrario de lo que persigue, seguir siendo borrada, abusada, maltratada e infeliz.

El secreto y elemento central que salvaguarda la línea frágil que separó el malestar emocional del malestar físico o somático -el dolor generalizado de la FM- el cual empezó alrededor de los 7 años según su memoria, fue la desaparación de la única figura de la cual recibió alguna consideración subjetiva y estimación, su abuelo. Fue cuando este murió, y lo que dicha muerte representó para ella, el final del único cuidado y reconocimiento subjetivo disponible, y su “abandono al mundo”, el que hizo estallar un dolor generalizado en su cuerpo, que persistió con los años de forma intermitente ligado a una posición subjetiva borrosa continuada. Dolor, que debía permanecer invisible para la familia de origen y la propia, y para el entorno, para no empeorar la situación ya muy mala (puesto que las cuidadoras no pueden ser objeto de cuidado según los códigos del patriarcado y el sistema sexo/género en un modelo tradicional o en transición). Dolor que de manera secreta e intermitente ha seguido hasta sus 50 años. Y no ha sido hasta hace pocos años atrás que ha dejado de ser oculto para los otros y se ha convertido en un diagnóstico clínico (y público) de F.M., el cual supuso un reconocimiento externo significativo.

Historia y posición en la familia de origen, que hizo que a los 17 años huyera de la familia con su pareja (un artista, dice) que en un espejismo y estereotipo construyó como imagen de la libertad y liberación del encarcelamiento y autoritarismo familiar, sin saber que sería en realidad lo contrario, una continuidad.

Así, la vida y relación con su pareja ha sido de abandonos temporales continuados por parte de él, que ella después perdonaba por amor, y también de des-responsabilización de él en la tarea de provisión familiar y paternidad afectiva, mediatizado por un trato abusivo a distintos niveles sexual, económica, psicológica, física, y con problemas del marido con el alcohol, accidentes de coche, etc. Esta familia propia con la que tuvo 2 hijos, una niña y un niño (al que él renunció con papeles, durante el embarazo, en uno de los diversos abandonos familiares) la han convertido durante más de 40 años en una persona sola emocionalmente hablando, tanto en el ejercicio de la maternidad como en el de la provisión, por lo que siempre ha tenido dos o tres empleos, dados los tiempos de emancipación de la mujer y de “igualdad” que le han tocado vivir (modelo social de transición de género y poliactividad). Aunque nunca ha podido trabajar en lo que deseaba, o disfrutar de ese trabajo o mantenerlo cuando lo ha tenido excepcionalmente. Además, el trabajo artístico de la pareja ha sido posibilitado y financiado también por ella durante su relación de más de 40 años. Una trayectoria de proveedora y servidora a nivel económico, sexual, y emocional de la pareja, de exclava, en la que ha asumido en soledad y a todos los niveles, la responsabilidad (de los dos), y que la ha conducido al final a quedarse expropiada de sí misma, sin reconocimiento externo, y sin ni siquiera disfrutar de ninguna propiedad de bienes materiales (ha perdido incluso el piso dónde vivía y que había pagado con su trabajo) puesto que la respuesta del marido en la separación definitiva ha sido de exacerbación de la violencia de género a nivel económico, y con complicidad por parte de los amigos comunes, de los que no ha recibido apoyo.

Violencia de género que se ha repetido en la vida de pareja de su propia hija y nieto, por lo que ha tenido nuevamente que hacerse cargo económicamente y emocionalmente del su nieto debido al desentendimiento de la madre. Repetición de la violencia de género, que también estaba presente en la historia de su propia madre, de una manera más normalizada y burda puesto que era la época franquista con códigos de género muy estrictos y conocidos fruto de un modelo social de género tradicional.

Tres generaciones de violencia surgen en este relato de vida que retrata una época y también una transformación incipiente e insuficiente de los modelos sociales de género, transformación desde el modelo social tradicional de género al modelo de transición en la actualidad.

En el momento actual, la búsqueda de reconocimiento y confirmación en el exterior, ha cesado, se ha desplazado hacia una búsqueda de reconocimiento de si misma mediante el trabajo terapéutico, y hacia una des-identificación de los mandatos de género normativos como mujer, como madre y como persona mediante un proceso de particularización. Procesos que la conducen a cambiar su posición subjetiva y su vínculo con los otros y con el mundo, lo que representa un principio y un renacimiento, como ella misma dice, el cual repercute directamente en una mejora significativa del dolor somático.

(IND_NO ASS3_50MUJER).

4. Conclusiones

Después de presentar un ejemplo de un Diagnóstico Psicosocial de Género pasamos a presentar a modo de conclusión, los aspectos transversales, a nivel de contenido, que han surgido a través de los 20 diagnósticos realizados (15 mujeres y 5 hombres).

Los diagnósticos se pueden describir como metarelatos de los relatos de vida, que a modo de tejido van cosiendo las diferentes variables, hasta describir un continuo fenomenológico que va del cuerpo al mundo social y vuelve, pasando cada vez por puntos de conexión y fijación de y a la realidad, de cariz subjetivo. Su estructura se inicia en una descripción del presente de la persona, en atención a la vivencia y al estado de su padecimiento. A partir de aquí, se conecta a modo de red con los diferentes agentes que evoca como capitales en la captura de su cuerpo en términos de fibromialgia (F.M.): médicos, proceso de diagnóstico, dinámica familiar, ideales del yo. En el mismo sentido, la red que parte del cuerpo dolorido y de su vivencia, se conecta con las condiciones previas de este cuerpo con respecto a su desarrollo laboral, vital. En el mismo sentido, este estado del presente, se conecta en red con su vivencia psíquica, y con los correspondientes sociales de esta vivencia psíquica. Acto seguido, los diagnósticos conectan este diagrama del cuerpo inicial con un pasado familiar y laboral, que incluye el relato de la subjetividad implicada en la vivencia de tales o cuales experiencias, la mayoría relacionadas con la construcción de su identidad social y con el desarrollo de roles asociados. Finalmente, se transita por el universo interpretativo de la persona, donde se valora su presente pero en relación a sus condiciones de progreso o estancamiento y en atención a su vivencia del mundo, a su subjetividad. Así pues, la generalidad de los diagnósticos psicosociales de género elaborados nos muestran una vivencia del dolor cronificado como inhabilitante, que se conjuga con:

1) Cuerpos perdidos en la actividad perpetua: la trayectoria vital de un cuerpo en actividad perpetua, no sólo con respecto a la actividad fisiológica en general, sino un cuerpo ilimitado en la performatividad de un rol femenino, que debido a la incommensurabilidad de los mandatos normativos de este rol dentro de los múltiples contextos que se habitan en tiempos de igualdad (trabajo, casa, formación, consumo…) se torna ambivalente. Hablamos, pues, de un cuerpo en busca perpetua de confirmación de su actividad, dentro de escenarios y mandatos ambivalentes (trabajo y casa, formación, consumo…), lo cual conduce a la ambigüedad de la identidad, es decir, a la negación de la validez de la confirmación dentro de un escenario, por parte del otro, y por lo tanto, motoriza esta dinámica ilimitada de un cuerpo con D.C., en actividad perpetua y contradictoria, es decir, en actividad perpetua, pero perdida, sin confirmación. Paradójicamente, parece como si el DC/FM fuera a este cuerpo, su posibilidad de limitarse, de detenerse.

2) Un yo debilitado: Esta dimensión corporal de la DC/FM, encuentra un correspondiente psíquico, que tiene que ver con la imposibilitad de un yo que gestione la ambivalencia de roles en la búsqueda de la condición de sujeto dentro de este contexto múltiple que habitan las mujeres contemporáneas (Velasco, 2009). Por lo general, se trata de un yo que se sujeta enconadamente (irritado, exasperado) al mundo mediante una norma, un ser o ideal de mujer trabajadora/cuidadora que, al confrontarse a las condiciones objetivas de inconmesurabilidad de los distintos establecimientos o espacios, es un yo que no encuentra la confirmación de su condición, un yo perdido que se culpabilitza y castiga por este hecho, un yo que se encuentra perdido en la ambivalencia y en la búsqueda inacabable de si mismo. Un dinamismo psíquico que, mientras dibuja/traduce sobre el yo una mecánica normativa, permite la filtración y dinamización inconsciente de los conflictos de la ambivalencia. En este sentido, mientras la normatividad de los ideales de mujeres se proyectan en el cuerpo a modo de necesidad ilimitada de performatividad de la actividad correspondiente al rol, el inconsciente proyecta sobre el cuerpo la dinámica de los conflictos. (Bayo- Borrás, 2010).

3) La desigualdad en la igualdad: La cartografía social, la novela familiar y las condiciones de vida de estas personas nos alertan, pues, sobre la organización social de este cuerpo dolorido, de este yo todavía desconfirmado. Como si se tratara de la representación del universo proyectada sobre la máquina del reloj, el cuerpo con DC/FM contiene la memoria de un mundo de fenómenos que se pueden organizar de la siguiente manera (aunque no todos los D.P.G. los contienen todos, estos se van repitiendo de manera parcial, a través de ellos):

a. El mundo de la máxima cura maternal (máximo cuidado maternal).

b. El mundo del abandono familiar.

c. El ideal de la mujer en el cuidado/provisión.

d. El mundo de la desconfirmación familiar (pareja, hijos).

e. El mundo de la desconfirmación laboral.

f. El mundo de la desconfirmación social (amigos, etcétera).

g. La medicalización de la vida y la constitución anhelada del ser en la enfermedad.

h. La medicalización de la vida y la cronificación del dolor.

i. El mundo de los “tiempos de igualdad” como sistema omnicomprensivo.

Tal y como se puede deducir de estos elementos transversales, aplicar la interacción de una perspectiva y epistemologías feminista y postestructuralista en la construcción de conocimiento con implicaciones en la organización de la intervención en el área de la salud pública (tema que constituye en sí mismo otro artículo) reconoce la importancia esencial de visibilizar el sistema sujeto/sexo/género en las experiencias de malestar o sufrimiento evitable (Izquierdo, 1998) en relación al contexto sociohistórico y a su producción y regulación de subjetividades. Operación que supone una posición crítica hacia las formas tradicionales de construir conocimiento las cuales apuestan por "verdades universales", conocimientos objetivos, neutros de valores, fragmentados y sin marca de género en la conceptualización de la salud. Una posición crítica que recupera la capacidad de resistencia a la versión tradicional y sexista de la ciencia y se compromete con el activismo científico-ético-político y con la justicia social en el ámbito de la salud en la interpretación del malestar evitable.
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