Bienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y




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títuloBienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y
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Cita: "No obstante Gerde, que había traicionado a los suyos, que se había aliado con Ashran, que había intentado matar a un unicornio, sentía que ya no tenía límites. Si había hecho todo eso, estaba más cerca de servir al Séptimo que Wina, la diosa de todo lo verde, la madre de los feéricos. Si había hecho todo eso, también podía usar el fuego." (MDI II)
Test:
1. ¿Cuál de estas criaturas no es un feérico?

a. Silfo

b. Dríade

c. Limyati

b. Trasgo
2. ¿Cuál es el invento más útil de los feéricos?

a. Las casas que crecen en los árboles.

b. Los anticonceptivos idhunitas

c. La varita mágica (patentada por el hada madrina "Bibidi-babidi-bú")

d. El tinte de pelo de color verde
3. ¿En cuál de estos lugares no encontrarás jamás a un feérico?

a. En Limbhad.

b. En una torre de magia

c. En Celestia

d. En el desierto de Kash-Tar
4. ¿De qué color son los ojos de los feéricos?

a. Completamente negros.

b. Verde que te quiero verde, como el bosque

c. De muchos colores.

d. Depende de las lentillas que lleven ese día
5. ¿Cuál de estos feéricos no fue un mago?

a. Aile Alhenai

b. Harel, el silfo

c. Gerde

d. Talmannon
6. ¿Tienen alas los feéricos?

a. Sí, todos.

b. No, ninguno.

c. Sólo las hadas

d. Sólo algunas clases de hadas más pequeñas y los silfos.

Soluciones: 1c, 2b, 3d, 4a, 5b, 6d

LAURA RESPONDE
Clasificación de los feéricos
¿Son exactamente igual que las típicas hadas de la mitología o tienen alguna diferencia? ¿Qué tamaño tienen los silfos? (Neli)

¿Cuántas clases de feéricos hay? (Dalayn Dal'hinae)
Respuesta de Laura:
No se ha hecho una clasificación exhaustiva de los feéricos de Idhún, pero entre ellos mismos suelen diferenciar entre tres grandes grupos, atendiendo al tamaño: las hadas pequeñas (donde se incluirían las haditas estilo Campanilla, los gnomos, los duendecillos, etc), las hadas medianas (duendes, trasgos, algunos tipos de dríades) y las hadas altas o mayores (hadas del tamaño de los humano: silfos, ninfas, náyades, dríades, etc.). Los silfos son las hadas de sexo masculino, aunque, cuando hablan de silfos, normalmente los idhunitas se refieren a los feéricos varones de mayor tamaño, de la altura de un humano. Se distinguen de las mujeres en que ellos tienen alas, y ellas no. Pero entre las hadas pequeñas sí que existen individuos alados, tanto varones como mujeres, y por eso también a veces se denomina "silfos" a estas criaturitas aladas (lo que en la Tierra se conocería como "pixies"), no mayores que una mano, siempre que sean de sexo masculino. Las chicas son, simplemente, haditas, hadas pequeñas o hadas menores.

La mitología terrestre sobre las hadas es también muy rica y variada. No es lo mismo la mitología céltica que la grecolatina. Las náyades, dríades, ninfas, etcétera… vienen de la cultura grecolatina. La céltica es más dada a presentarnos historias sobre hadas, duendes, trasgos, goblins, pixies… Y también en la mitología nórdica existen elfos y criaturas similares.

Los feéricos de Idhún no tienen el aspecto de las hadas de los cuentos de hadas (valga la redundancia), ni los duendes llevan trajecitos de colores y zapatos con hebillas. Los feéricos de Idhún son criaturas relacionadas con el bosque, de piel y cabello color verde o color tierra. En algunos casos se parecen a los feéricos descritos por la mitología, y en otros, no; pero también depende de la versión de las hadas a la que te refieras, y de la imaginación de cada uno.

La palabra "feérico" no es idhunaica, es terrestre y la podéis encontrar en el diccionario. Significa "relativo o referente a las hadas". "Fée" es "hada" en francés.

Lo cierto es que, más allá del tamaño y el aspecto de las hadas mitológicas, en Memorias de Idhún está reflejada más bien la clasificación literaria. Tradicionalmente, en la literatura, en las leyendas y en los cuentos de hadas, estas mujeres sobrenaturales desempeñan dos funciones principales, la de fée marraine y fée amante. O, dicho en castellano, la de hada madrina y hada amante. Todos conocemos a las hadas madrinas, sabias y protectoras, de los cuentos, ¿verdad? Las hadas madrinas de Cenicienta o de la Bella Durmiente son claros ejemplos de este tipo. Las hadas amantes, a veces mujeres fatales, a veces tiernas esposas, son menos conocidas en los cuentos infantiles, pero la literatura y las leyendas están llenas de ellas. Hay multitud de historias antiquísimas sobre el hombre mortal que se enamora de una mujer sobrenatural; o bien ella se lo lleva consigo al País de las Hadas, o bien abandona a su gente para vivir junto a su marido una vida mortal. Y hay muchísimas variantes del mito, desde las selkies o chicas-foca a las nagas o mujeres-serpiente de la India, pasando, por supuesto, por la hermosísima historia de Melusina, en algunas versiones hada, en otras serpiente, en otras dragón.

En Idhún, como no podía ser menos, las dos hadas más importantes ejecutan ambos roles. Una de ellas actúa como hada madrina y la otra, como hada amante. Sabéis cuál es cual, ¿verdad?


MAYO 2008
LOS VARU
Los varu, hijos de Neliam, la diosa del mar, son una raza acuática que habita en el fondo del océano. Debido a las escamas que recubren su piel, en el pasado se creyó que estaban emparentados con los peces o con los reptiles; pero lo cierto es que los varu son mucho más parecidos a las otras razas de lo que pueda parecer en un principio. Por debajo de sus cabellos semejantes a brotes de algas, de su piel escamosa y sus manos y pies palmeados, no son más que una raza sangrecaliente que se adaptó a la vida bajo el agua.

Esta adaptación al medio submarino no influyó sólo en su físico, sino también en su modo de comunicarse. Los varu no tienen cuerdas vocales, puesto que no les sirven de nada bajo el agua, por lo que se "hablan" por telepatía.
Hábitat de los varu
Los varu viven siempre bajo el agua. Su cuerpo se ha adaptado a ello hasta tal punto que, si permanecen mucho tiempo fuera del elemento líquido, su piel se reseca y sus agallas pueden llegar a obstruirse. Por esta razón todos los varu, incluso aquellos que, por unos motivos o por otros, se ven obligados a vivir en el continente, se aseguran de no alejarse mucho del agua.

Los que habitan en el océano lo hacen, en su gran mayoría, en las grandes ciudades submarinas que han levantado en el fondo del mar. Las viviendas varu primitivas fueron construidas a partir de conchas de enkora, un enorme molusco cuyas valvas son lo bastante grandes como para dar refugio a una familia entera de varu. Así, las primeras comunidades varu fueron levantadas en los cementerios de enkoras; pero, con el tiempo, y con el aumento de la población varu, comenzaron a construir viviendas de varios pisos, bien dando forma a los inmensos arrecifes coralinos, bien a base de amontonar rocas submarinas, que terminaban recubiertas por mullidos lechos de algas. Por eso, las casas varu no tienen puertas, sino ventanas: cualquiera puede entrar por ellas nadando, no importa a qué altura estén, porque, además, siempre están abiertas. Es importante que las corrientes de agua "mareen" la casa, como suelen decir los varu.

Debido a las características de su mundo, los varu son amantes del silencio y la tranquilidad. Su alimentación está basada en los distintos tipos de algas que cultivan a las afueras de sus ciudades. También les encanta el pescado, aunque lo comen con moderación: son conscientes de que comparten con los peces el inmenso océano que Neliam les entregó para que lo habitaran y, por tanto, nunca matarán peces para otra cosa que no sea su sustento.
Relaciones con otras razas
Los varu comenzaron muy tarde a comerciar y tratar con otras razas idhunitas. Nadie podía seguirlos a sus ciudades submarinas y, por otra parte, ellos tenían miedo de resecarse y por eso no se aventuraban tierra adentro si podían evitarlo.

Sus relaciones con otras razas comenzaron cuando los humanos inventaron la navegación. Pronto establecieron rutas marítimas comerciales y llegaron hasta las islas. Allí se establecieron varias colonias de humanos que estrecharon lazos con los varu. Con el tiempo, los marinos llevaron noticias de esta raza a todos los rincones del continente, y con el tiempo los varu enviaron embajadores tierra adentro, a conocer a los "pielseca".

Sin embargo, era mucho más difícil que otras razas pudieran visitar el reino oceánico, y de hecho hay algunas que no lo han hecho jamás, como es el caso de los gigantes. Pero, como no podía ser de otro modo, el primer "pielseca" en descender a las profundidades fue un humano. Fue el capitán Fardek, un marino osado y perspicaz, quien ideó un sistema de transporte submarino basado en las burbujas de aire generadas por las marpalsas, unas plantas que crecen en el lecho del océano idhunita; él fue el primer habitante de la superficie que contempló con sus propios ojos las maravillas del Reino Oceánico.

En la actualidad, las mejores posadas en las ciudades más importantes del continente tienen al menos una habitación adaptada para los varu; igualmente, en los Oráculos y las torres de hechicería tienen cámaras con grandes bañeras para sus huéspedes oceánicos. Y, si bien no es frecuente ver a los varu en el continente, ya no es tan extraño como en tiempos pasados.

También, de vez en cuando, los varu reciben visitantes de la superficie. Pero, aunque el transporte en burbujas de aire es bastante seguro, la construcción de habitáculos para los pielseca presenta muchas dificultades técnicas y, por tanto, apenas existen refugios seguros para ellos en el fondo del mar. El más grande es la Casa de Huéspedes de Dagledu.
Cita: "Un rato después llegaron a Dagledu, la capital del Reino Oceánico. Desde arriba era difícil verla, porque los edificios estaban cubiertos de algas y corales, y parecían parte del suelo marino. No había calles propiamente dichas; no era necesario, puesto que los varu nadaban entre las casas sin poner los pies en el suelo. Los edificios tampoco tenían puertas, sino ventanas, y estaban construidos en varias alturas, separadas por pequeños tejadillos recubiertos de algas de colores variados; también los peces, que vagaban de un lado para otro, solos o en grupo, presentaban tal gama de formas y colores que hacían de Dagledu una explosión de vida y color. Zaisei se preguntó cómo era posible que en aquel frío y silencioso mundo pudiera existir tanta belleza". (MdI III)
Neliam, diosa del mar
Esta diosa tiene fama de serena e imperturbable, lo cual contradice la leyenda que afirma que, en tiempos remotos, Neliam lloró y lloró sin parar hasta que medio mundo estuvo cubierto por un mar de lágrimas. A esta llantina de la diosa se la conoce como "el Disgusto de Neliam". Teólogos, sacerdotes y eruditos varu de todas las épocas han debatido acerca de qué fue lo que Disgustó a su diosa hasta el punto de hacerle llorar un océano entero, pero a día de hoy todavía no se ha llegado a ninguna conclusión.

Neliam es la diosa madre de los varu, pero también lo es de todas las criaturas que habitan en el mar, incluso de los manantiales, de los lagos, de los ríos y hasta de los charcos que forman las gotas de lluvia. Por esta razón las náyades y los silfos acuáticos, que veneran a Wina sobre todos los dioses, recuerdan también a Neliam en sus oraciones.

Ella es la diosa que mueve las poderosas mareas de Idhún, y por eso los varu dicen que, aunque Ayea, la luna más pequeña de las tres, es su favorita, en realidad las tres lunas le obedecen y le rinden pleitesía.

Se la representa como una mujer varu de largos cabellos, sonrisa serena y enigmática mirada, a veces, con las mejillas empapadas en llanto. Pero en su forma pura, Neliam provoca maremotos y poderosas corrientes marinas. La última vez que bajó al mundo anegó casi todo el sur de Idhún bajo una ola gigantesca.
Varu en la historia de Idhún: Bildu, último rey del océano
En tiempos pasados, los varu obedecían a un único rey, o reina, que lo era por derecho de descendencia. El último rey de los varu fue Bildu, quien destacó por su curiosidad hacia el mundo de los pielseca, y se le recuerda por haber propiciado la visita del capitán Fardek a su reino.

Por aquel entonces, los humanos capturaban y amaestraban a los tekteks para que propulsaran sus barcos; pero las criaturas eran esclavas en las bodegas de las embarcaciones, y en muchas ocasiones sufrían golpes y maltratos. Hasta la llegada de Bildu al trono, los varu atacaban los barcos para liberar a los tekteks, lo cual enemistaba a ambos pueblos y amenazaba con convertirse en una guerra abierta. Bildu se reunió con el capitán Fardek, que representaba a los marineros de Puerto Esmeralda, y juntos acordaron que los humanos podían seguir utilizando a los tekteks, siempre y cuando hubiese en cada embarcación un varu encargado del cuidado y protección del animal.

De este modo, la navegación cobró un nuevo impulso, y Bildu y Fardek se hicieron amigos. Bildu solía acompañar al capitán en sus viajes a bordo de su barco, y por esta razón estaba presente cuando, un día, el barco navegó por encima de un campo de marpalsas, y Fardek se interesó por aquellas extrañas burbujas que flotaban en la superficie. Cuando Bildu le explicó que eran expulsadas por las marpalsas, al capitán se le ocurrió que tal vez podrían utilizarlas a modo de submarino.

Juntos, Bildu y Fardek trabajaron en aquel proyecto. Después de varios intentos, encontraron por fin una burbuja adecuada para que Fardek pudiese descender a las ciudades submarinas.

El primer viaje fue un éxito; lo repitieron en varias ocasiones más, pero, tiempo después, una de las burbujas se rompió, y Fardek murió ahogado, para desesperación del rey de los varu.

Después de aquello, Bildu se encerró en su casa y no volvió a emerger a la superficie. Otros tomaron su relevo y comenzaron a cultivar las marpalsas en busca de burbujas más grandes y resistentes, pero Bildu murió, sin descendencia, mucho antes de que pudiera ver inaugurado el refugio para pielseca de Dagledu.

No hubo más reyes en el océano. Bildu era el último de su dinastía y, aunque después de su muerte se produjo una larga guerra entre varias familias que aspiraban a sucederlo, finalmente cada familia terminó gobernando en una ciudad diferente. Ese es el sistema de gobierno de los varu en la actualidad, aunque aún se conoce su país como "Reino Oceánico".
Perlas de conocimiento idhunita
Entre los varu existe gran variedad de tonalidad de las escamas y del cabello, similar a matas de algas, pero nada que suponga una diferencia tan significativa como para hablar de subrazas o clases distintas dentro de la raza varu.

Sin embargo, esto se aplica sólo a los varu que habitan en el mar. Porque en algunos ríos y grandes lagos del continente existen varu de agua dulce, que son, por lo general, más pequeños que los varu de agua salada, de tonalidades más cálidas y cabello más claro. Son comunidades muy pequeñas, y se cree que sus antepasados remontaron los ríos, arrastrados por mareas especialmente violentas, en tiempos remotos, y acabaron por instalarse en lagos y arroyos, lejos del mar. Los varu de agua dulce han tenido más contacto con el resto de las razas que sus primos del mar, y en algunos casos incluso han adoptado sus costumbres. Por eso los varu de agua salada los encuentran raros y extravagantes, aunque existe la creencia popular de que las varu más bonitas son las que habitan en los ríos.
Cita: "Como necesitaban brazos y piernas para nadar, cualquier cosa que quisieran transportar con ellos debía ir sujeta a su espalda, y por ello, las correas eran tan necesarias para ellos como los zapatos para los humanos que caminaban sobre el suelo. Dablu se las ajustó al cuerpo, sonriendo interiormente, como cada vez que lo hacía. Estaba muy orgulloso de ser un mago y vivía en la torre, sirviendo a la Orden Mágica, voluntariamente; pero todos los varu, incluso aquellos que llevaban muchos años habitando entre las razas terrestres, echaban de menos el mar. " (MdI III)
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