Bienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y




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El amor entre los varu
En tiempos remotos, los matrimonios varu solían ser concertados. El juego de poder entre las familias obligaba a los padres a utilizar a sus hijos como medio para establecer pactos y alianzas, a ser posible con una familia más poderosa. La progresiva apertura de los varu al mundo de la superficie propició también que llegara hasta ellos la ética celeste y la revolución de los matrimonios por amor. El cambio fue lento y causó muchos problemas; pero, en la actualidad, en casi todas las comunidades varu se respetan los lazos.

Tres veces al año, las noches del plenilunio de Erea, los varu celebran la Fiesta de los Lazos. En esas fechas, parejas varu de todo el Reino Oceánico se reúnen en una espectacular procesión que llega hasta los pies del Oráculo de Gantadd. Allí los aguarda siempre una sacerdotisa celeste para bendecir las uniones de aquellos que se aman de verdad. Por eso, la bendición de la unión de los varu suele ser una fiesta pública que celebran junto a muchas otras parejas.

Pese a su piel escamosa y su aspecto de anfibio, los varu son mamíferos y vivíparos. Las madres dan a luz un bebé cada vez, no más; llevan a sus hijos en su vientre durante doce meses, y luego los amamantan hasta que son capaces de nadar por sí solos. Entretanto, los pequeños varu viajan abrazados a sus madres. Ellas necesitan brazos y piernas para nadar, por lo que no pueden sujetar a sus hijos cuando se desplazan de un lado a otro, y por tanto todos los bebés, incluso recién nacidos, ya deben ser lo bastante fuertes como para poder aferrarse a ellas sin ayuda. A pesar de ello, sus madres los sujetan a su cuerpo con correas, como hacen con todo lo demás. En tiempos pasados, los bebés demasiado débiles acababan perdiéndose, por lo que sólo sobrevivían los que sabían mantenerse bien cogidos a sus madres, pero en la actualidad hay pocas que quieran correr ese riesgo o que rechacen a un niño débil.

PERSONAJE DEL MES: Gaedalu
Gaedalu nació en Dagledu, en el seno del poderoso clan de los Dalu, los gobernantes de la ciudad. Con todo, optó por entrar como novicia en el templo de Neliam. Tras su consagración como sacerdotisa fue enviada al Oráculo de Gantadd, bajo las órdenes de la Madre Deril. Pese a ello, seguía regresando a menudo a Dagledu, y en una de sus estancias en la ciudad conoció al que sería el padre de su hija, Deevadalu, más conocida como Deeva. La relación no duró mucho porque una sacerdotisa celeste confirmó que él ya no la amaba, por lo que Gaedalu se llevó consigo a su hija y se encerró en el Oráculo.

Sin embargo, cuando la niña creció un poco más empezó a llevársela consigo en los viajes que realizaba como parte del séquito de la madre Deril. En uno de esos viajes, la niña fue tocada por un unicornio.

Gaedalu, con gran disgusto por su parte, hubo de enviarla a una torre de magia, pero la Madre Deril utilizó su influencia para que fuese la Torre de Derbhad, la más cercana al Oráculo.

Deeva creció rodeada de magos, y sus maestros afirmaban que era una hechicera de talento. Cuando tuvo edad suficiente para decidir, optó por perfeccionar su arte en lugar de regresar al Oráculo, y su madre, que la quería con locura, respetó su decisión. Tiempo después, la Madre Deril murió y designó a Gaedalu como su sucesora al mando de la Iglesia de las Tres Lunas.

Cuando los sheks invadieron Idhún, un grupo de magos de la Torre de Derbhad huyó a la Tierra. Deeva estaba entre ellos.

Gaedalu permaneció en el Oráculo, protegiendo a las sacerdotisas, hasta el final. Desde la torre le informaron de que su hija se había exiliado a un mundo donde podría estar a salvo, y eso la tranquilizó, aunque no hubo un solo día que no aguardara el regreso de Deeva con impaciencia. Entretanto, cobijó en el Oráculo a Manua, la madre de Kirtash, y ésta mató accidentalmente a su amiga Kanei. La hija de ésta, Zaisei, quedó huérfana de madre, y Gaedalu la cuidó y protegió de forma especial, tal vez en recuerdo de su propia hija perdida.

Aunque los sheks destruyeron todos los demás Oráculos, no llegaron a atacar nunca el de Gantadd, por lo que Gaedalu empezó a considerar que los dioses protegían especialmente su comunidad de sacerdotisas. Tras la noticia de que el unicornio seguía vivo y había sido rescatado de las garras de Ashran en la Torre de Drackwen, Gaedalu viajó con su séquito hasta el bosque de Awa para conocer detalles sobre los héroes llegados desde ese "otro mundo" al que su hija se había marchado años atrás.

No confió en ningún momento en Kirtash, el aliado de la Resistencia, y dudó siempre de la sinceridad de sus sentimientos hacia Victoria. Tras la derrota de Ashran, el propio Kirtash le confirmó que había asesinado a su hija Deeva en la Tierra. Desde entonces, en el corazón de Gaedalu sólo quedó lugar para la venganza.

Dedicó mucho tiempo y esfuerzo a buscar un arma eficaz contra los sheks y regresó al Reino Oceánico a recoger fragmentos de la Roca Maldita. Ayudó a Alsan a recuperar su trono y a controlar a la bestia que habitaba en su interior, y juntos tendieron una trampa a Kirtash, a quien capturaron y estuvieron a punto de matar. Finalmente, ambos se unieron a Qaydar en un loco intento por invocar a los dioses y revelarles la ubicación del Séptimo. La experiencia resultó devastadora para Gaedalu, que renunció a su cargo como Madre Venerable a favor de la hermana Karale y volvió a recluirse en el fondo del mar, donde, según dicen, continúa todavía.
Cita: “Hace ya varios días que Ashran cayó, y la Puerta al otro mundo vuelve a estar abierta. Los magos exiliados deberían regresar. Pero no ha vuelto nadie aún. ¿Debemos aguardar más... o los mataste a todos? ¿Mataste también a Deeva?”.

El shek alzó la cabeza y frunció levemente el ceño, reflexionando.

“Recuerdo a Deeva”, dijo entonces.

No añadió nada más, pero no fue necesario. La Madre tembló, se llevó una mano al pecho, se apoyó en la pared porque le fallaron las piernas. Dejó caer la cabeza... y lloró. " (MdI II)
LAURA RESPONDE
La telepatía de los varu.
¿Hasta dónde llega la telepatía varu? ¿Leen tus pensamientos o sólo lo que tú quieras decirles? (Maku)
Respuesta de Laura:
Para los varu la telepatía es su forma de comunicarse. La utilizan de modo similar a como nosotros empleamos el lenguaje oral. Por tanto, cuando se "hablan" mentalmente pueden mentirse o no revelar toda la verdad. Los varu más ancianos sí que pueden ser más sensibles a lo que la gente piensa a nivel más profundo, pero eso se debe a que llevan mucho tiempo comunicándose por telepatía. La mayor parte de los varu sólo lee los pensamientos más superficiales, aquellos que se dirigen específicamente a ellos.

Los primeros contactos con los pielseca fueron muy complicados. Los varu no estaban acostumbrados a escuchar las palabras en sus oídos. Las buscaban en la mente de su interlocutor, y, por tanto, era como si las escucharan dos veces, como con eco. Los pielseca, por el contrario, no estaban habituados a que les hablaran por telepatía. Lo sentían como una invasión de su intimidad, y eso los ponía nerviosos.

Sin embargo, los varu aprendieron rápidamente el idhunaico. Cuentan sus leyendas que lo conocían en tiempos antiguos, antes de establecerse en el fondo del mar y perder las cuerdas vocales y el lenguaje oral, y por eso fueron capaces de recuperarlo tan rápidamente y pensar con palabras idhunaicas y no sólo en conceptos, como habían hecho hasta entonces.

Muy probablemente, esto sea verdad. Pero también es cierto que en la mente consciente las palabras están unidas a los conceptos. Y que, aunque un varu las escuche en sus oídos, a la vez también las está leyendo en la mente de su interlocutor. Podría entender lo que dijera cualquier persona, aunque hablase en un idioma desconocido. Cuando las palabras se forman en la mente, suelen estar ligadas a la idea que quieren expresar. Cuando se pronuncian en voz alta, esa idea se pierde, a no ser que el interlocutor conozca el idioma en el que le estén hablando, y en su propia mente las palabras que escucha tengan el mismo sentido que en la de la persona que las pronuncia. Los varu se saltan el paso intermedio. Los varu pueden escuchar las palabras pronunciadas, pero también pueden leerlas en la mente de la persona que habla, cuando todavía están unidas a los conceptos que expresan. Por esta razón el idioma no es una barrera para ellos.

La telepatía de los varu no llega, ni mucho menos, al nivel de la de los sheks. Para los varu, es una forma de comunicarse, una de las más importantes; pero también, como los humanos, tienen otras. Para los sheks, en cambio, la telepatía lo es todo. Sus lazos telepáticos los definen como individuos y como parte de la comunidad. Un shek que pierda su capacidad telepática se sentirá como si hubiese perdido todos los sentidos. Para un varu, no poder comunicarse por telepatía (a causa de una conmoción o de algún problema mental) supondría haber perdido uno solo. Sería trágico para él, pero no se sentiría anulado como individuo.

Test:
1. ¿Tienen pelo los varu?

a. No.

b. Sí, tienen pelo como los humanos

c. Sí, pero parece una mata de algas.

d. No, tienen una aleta en la cabeza.
2. ¿Pueden respirar dentro y fuera del agua?

a. Sí, respiran bajo el agua porque tienen agallas, y respiran en la superficie porque tienen pulmones.

b. No, respiran bajo el agua pero se ahogan en la superficie, como los peces.

c. No, respiran en la superficie pero necesitan burbujas de aire para vivir en el fondo del mar.

d. Respiran en agua salada, pero en el agua dulce no.
3. ¿Cuál es la diosa a la que veneran los varu?

a. Moby Dick

b. Neliam

c. Irial

d. Wina
4. ¿Pueden ser magos los varu?

a. No, porque no hay unicornios en el fondo del mar.

b. Sí, porque existe un tipo de caballitos de mar con cuerno que entrega la magia también.

c. Sí, pero sólo los varu de agua dulce.

d. Sí, porque algunos varu viajan por el continente, pero no tienen posibilidades si permanecen en el fondo del mar.
5. ¿Qué les pasa a los varu si pasan mucho tiempo fuera del agua?

a. Se asfixian, como los peces.

b. Se derriten bajo los soles.

c. Se les reseca la piel y se les obstruyen las agallas.

d. Nada.
6. ¿Qué clase de criatura es una enkora?

a. Un molusco de conchas gigantes.

b. Una planta que genera burbujas de aire

c. Una especie de calamar que hace de motor de los barcos.

d. Un pez enloquecido por vivir cerca de la Roca Maldita.

Soluciones: 1c, 2a, 3b, 4d, 5c, 6a

JUNIO 2008
LOS YAN
Los yan son la última raza sangrecaliente y la más sangrecaliente de todas, como suele decirse. Son de estatura más baja que los humanos, de ojos rojos como brasas y piel de color tierra; el cabello entre gris y castaño, pasando por toda la gama de los rojos, suelen llevarlo siempre largo y recogido en un peinado de trenzas. Rápidos, apasionados, volubles y poco fiables, tienen mucho en común con el fuego que consideran su elemento. Son muy nerviosos e incapaces de quedarse quietos; de hecho, hablan tan deprisa que no separan una palabra de otra y es difícil entenderlos.

Cuenta una antigua leyenda que a causa de un error de Aldun, el dios que los creó, están condenados a vivir para siempre en el desierto, a ser siempre los "yan", los últimos. Pero ellos lo llevan con estoicismo y con una gran dosis de orgullo. Son los hijos de Aldun. Son los hijos del fuego. Son los hijos del desierto.
Hábitat de los yan
Los yan viven en el desierto de Kash-Tar y raras veces salen de él. Dicen las leyendas que, tiempo atrás, Kash-Tar era una tierra rica y fértil, pero que el dios Aldun la abrasó al descender al mundo. Como castigo, los demás dioses obligaron a sus hijos, los yan, a habitar en el lugar que había destruido.

Hoy día, los yan aman el desierto y muy pocos se sienten capaces de abandonarlo. Existen algunas poblaciones yan, de casas bajas y robustas, de planta redondeada y tejados ligeramente cónicos, lo que les da un cierto aspecto de hongo. Pero la mayor parte de los yan son nómadas y se agrupan en tribus que viajan de oasis en oasis sin detenerse mucho tiempo en ningún sitio. Suelen desplazarse a pie o a lomos de torkas, grandes y perezosos lagartos de las arenas.

El desierto de Kash-Tar, con sus impresionantes dunas, sus arenas rosadas y sus exóticos oasis, con lagunas de aguas de profundo color zafiro, es un lugar de misteriosa belleza. Los yan más ancianos suelen sentarse ante sus tiendas para contemplar los atardeceres, y cuando el primero de los soles incendia de rojo las arenas de Kash-Tar, sonríen y se dicen a sí mismos que el castigo divino que los obliga a vivir allí no es, ni mucho menos, tan horrible como la gente piensa.
Relaciones con otras razas
Los yan tienen fama de ser egoístas y desconfiados, y de trabajar sólo para su propio provecho. Y hay mucho de cierto en esta creencia popular, pero no es enteramente culpa suya.

Tradicionalmente, las otras razas han despreciado a los yan por ser "los últimos"; en tiempos pasados existía además una corriente de pensamiento racista que consideraba que los yan eran inferiores a los demás, algo intermedio entre los animales y los seres racionales. Se los llamaba "el error de Aldun", cuya creación más perfecta eran, obviamente, los dragones. Para apoyar esta teoría, sus defensores aludían a su forma de vida errante, a su manera de vestir, descuidada y casi desarrapada, y a su forma de hablar: ni siquiera eran capaces de vocalizar correctamente. Se llegó al punto de que algunos comerciantes desaprensivos secuestraban a jóvenes yan para utilizarlos como esclavos. Llegó un momento en que humanos y mestizos colonizaron el desierto y sometieron a las tribus yan. Éstos tienen fama de no comprometerse ni buscarse problemas, pero en momentos de crisis reaccionan con una violencia inusitada. Esto fue lo que sucedió durante la Revolución Yan. Los habitantes del desierto expulsaron a los extranjeros y recuperaron su hogar y su libertad.

Desde entonces sólo confían en la gente de su propia raza, y no siempre. No muestran el rostro a los desconocidos y no dan nada a cambio de nada. La Revolución Yan les devolvió su orgullo y, aunque actualmente son respetados y reconocidos como una raza con los mismos derechos que las demás, ellos siguen defendiendo su identidad con la misma ferocidad de antaño.
Aldun, dios del fuego
El padre de los yan tiene el fuego como elemento propio. Suyo es el poder que hace arder los soles y otorga la llama a los dragones. Se lo representa como un yan de barba pelirroja y con las proporciones de un gigante.

Es proverbial su rivalidad con Wina, la diosa de la tierra. Y, aunque ningún yan se atreve a maldecir a Wina, lo cierto es que no la aprecian demasiado, ni a ella ni a sus hijos, los feéricos.

Se dice de Aldun que creó a los dragones. En realidad, puntualizan los sacerdotes, los dragones fueron creados por los tres dioses juntos: Karevan les dio cuerpo, Yohavir les dio alas y Aldun les dio el fuego. Sin embargo, este último atributo es el que más los diferencia de los sheks y del resto de criaturas, y por ello Aldun se considera el padre de los dragones, más que ningún otro dios.

La verdadera forma de Aldun es una gigantesca esfera de fuego. Puede expandirse hasta alcanzar el tamaño de un sol o puede compactarse hasta llegar a ser tan pequeño como una casa. En cualquier caso, su presencia abrasa todo lo que toca y hace subir la temperatura a su alrededor hasta extremos infernales. La última vez que descendió al mundo vagó por Kash-Tar y calcinó varias poblaciones yan sin ser consciente de su presencia.
Perlas de conocimiento idhunita
En el pasado, los yan fueron grandes amigos de los dragones. O, mejor dicho, fueron sus sirvientes favoritos. Mucha gente en Idhún admiraba a los dragones y deseaba estar cerca de ellos y verlos con sus propios ojos volando sobre Awinor, pero sólo a los yan se les permitía traspasar las fronteras de la tierra de los dragones, y no a todos ellos.

Los yan estaban orgullosos de su hermandad con los dragones. Ambas especies tenían en común el fuego de Aldun; los yan creían que por este motivo los dragones los preferían sobre todos los demás.

La realidad es que los dragones sabían que pocas criaturas eran capaces de soportar las altas temperaturas de sus cubiles. En las zonas donde se concentraban las cuevas de los dragones hacía un calor inaguantable para cualquiera… Y por eso, en tiempos pasados, si alguien quería contactar con los dragones, debía enviar a un mago de gran nivel o a un yan. Los magos podían envolverse en un hechizo de protección térmica, y los yan eran resistentes al calor por naturaleza. Al resto de visitantes no se les permitía pasar de la Torre de Awinor. Por eso los yan se sentían especialmente favorecidos por los dragones, y solían llamarlos Erekasdi, "Hermanos Mayores".
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