Bienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y




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títuloBienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y
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Cita: "Y Jack y Victoria vieron por primera vez el rostro de un yan.

Tenía un aspecto aún más humano de lo que ambos habían imaginado. Su piel era áspera y rugosa, de color pardo-rojizo, y su nariz achatada parecía aún más pequeña bajo los enormes ojos redondos y ardientes como brasas que presidían sus facciones. Llevaba el cabello gris peinado en multitud de pequeñas trenzas que le caían sobre los hombros.

A Victoria le recordó vagamente a una especie de duende. Tal vez también tenía que ver con eso el hecho de que los yan en general eran gente de baja estatura.” (MdI II)
Los swanits, señores del desierto.
Los yan se precian de ser grandes cazadores. Han aprendido a exprimir hasta la última gota de su desértico mundo. Domestican a los torkas para que les sirvan de animales de tiro y cazan prácticamente todo lo demás.

La única criatura a la que no osan acercarse es el swanit.

Los swanits son insectos gigantescos, protegidos por un caparazón coriáceo, que se desplazan por el desierto sobre multitud de patas. Sus caparazones son muy preciados porque con ellos se fabrican armaduras prácticamente indestructibles. Su carne constituía un manjar para los yan en tiempos pasados, pero actualmente se considera tabú matar o comerse un swanit.

Antiguamente, cuando se quería poner a prueba a un yan, un líder o un cazador reconocido, se le retaba a que trajera un pedazo de caparazón de swanit. Se creía que realmente se podía matar a estas criaturas, aunque la mayor parte de los que lo intentaban no regresaban para contarlo. Pero ocasionalmente alguien encontraba algún swanit muerto y regresaba con el caparazón como prueba.

Los yan descubrieron hasta qué punto eran invencibles los swanit cuando una tribu entera que estaba de viaje asistió, por casualidad, al duelo entre uno de ellos y un poderoso dragón. La batalla entre ambas criaturas fue brutal, y finalmente el dragón se retiró sin haber matado al swanit. La noticia se extendió por todo el desierto y los yan empezaron a decir que ni siquiera los dragones eran capaces de vencer a los swanit. Desde entonces, enfrentarse a un swanit no se considera un acto de valentía, sino una gran locura. Los yan prohíben a su gente intentarlo siquiera: respetan profundamente a los swanit y se limitan a mantenerse lejos del camino de estas criaturas. Entre el resto de los habitantes del desierto, la expresión "ir a la caza del swanit" se utiliza para hacer referencia a tareas imposibles y altamente peligrosas. También, curiosamente, se usa en el lenguaje amoroso: cuando alguien se fija en una persona inalcanzable o que le puede romper el corazón se dice que va "a la caza del swanit" y que, por tanto, saldrá malparado.

CITA: “Por eso no existen muchos oasis como este en el desierto. Son muy difíciles de crear y, por otro lado, a los sacerdotes yan no les gusta que alteremos nuestra tierra.

—¿Por qué no? -quiso saber Jack-. Si tenéis el poder de crear oasis, podríais hacer del desierto un lugar mejor para vivir.

Kimara sonrió.

—Nunca le digas eso a un yan de sangre pura –dijo-. Es poco menos que una blasfemia. Va en contra de nuestras creencias.” (MDI II)

Yan en la historia de Idhún: Kutlak, el mago
Era sumamente extraño que un yan fuese bendecido por el don de la magia, puesto que los unicornios no podían sobrevivir en el desierto.

Sin embargo, siempre han existido exploradores entre los yan. Gente que se aventuraba por la Cordillera Cambiante, hacia las tierras de Raden o los límites de Celestia. De vez en cuando, alguno de ellos regresaba convertido en mago. Era sumamente extraño, pero podía suceder.

No obstante, los yan nunca abandonaban su tierra para estudiar magia en las torres. En muchas ocasiones, aquellos que habían sido bendecidos con el don del unicornio ni siquiera hablaban de su experiencia con nadie. Esto llevó a la gente a pensar que no existían magos entre los yan, y reafirmó la creencia de que eran una raza inferior, a la que ni siquiera los unicornios tenían en cuenta.

Todo esto cambió gracias a Kutlak.

Kutlak era un joven yan que hacía de intermediario entre los comerciantes de Dyan y su propia tribu. Su padre había vivido la época de la Revolución Yan y sufrido la esclavitud en sus propias carnes, pero Kutlak era hijo de los nuevos tiempos y disfrutaba mucho tratando con gente venida de todas partes. Era mucho más abierto y confiado de lo que suele ser normal en un yan, aunque lo que más lo transformó fue su encuentro con el unicornio.

Kutlak había conocido a varios magos y, aunque nunca se lo había planteado en serio, cuando le fue concedido en don de la magia empezó a soñar con acudir a una torre a estudiar hechicería.

Contra la voluntad de sus padres, que se lo prohibieron, Kutlak se escapó de casa y llamó a las puertas de la Torre de Awinor. Allí lo recibieron con recelo al principio, y con asombro después. No era el primer mago yan, ciertamente; pero sí era el primer mago yan del que el mundo tenía noticia.

Kutlak estudió en la torre y se convirtió en un mago notable. Cuando regresó a su tierra, muchos lo rechazaron, y cuando insinuó que podía crear oasis mediante la magia lo tacharon de hereje y de sacrílego. Kutlak escapó con vida por los pelos y se dedicó a vagar por el desierto. Cuando salvó de morir de sed a la hija pequeña de un jefe yan, que se había perdido, éste lo miró con otros ojos y apoyó su idea de hacer de Kash-Tar un lugar mejor.

El debate fue encendido y duró mucho, mucho tiempo. Finalmente se aprobó la creación de algunos oasis mediante la magia. No los suficientes como para cambiar por completo la fisonomía de Kash-Tar -a nadie se le habría ocurrido despertar la cólera de Wina de esa manera-, pero sí situar algunos en lugares estratégicos.

Desde entonces, algunos magos yan son enviados a las torres para aprender el arte de la hechicería. Y desde entonces, algunos oasis creados mediante la magia salpican el desierto. La acción de Kutlak contribuyó, por tanto, a abrir el mundo de los yan al resto de Idhún, y a convertir Kash-Tar en un lugar un poco menos abrasador.
PERSONAJE DEL MES: GOSER
Goser-ak-Nin era hijo de una cazadora y de un comerciante. Su padre tenía su tienda en la ciudad de Nin y era el líder de una red de caravanas que cruzaban todo Kash-Tar. Pero eso no le bastaba a su madre, nómada de pura cepa, quien terminó regresando a su tribu, en el corazón del desierto, llevándose consigo a Goser. Las relaciones entre ambos progenitores siguieron siendo amistosas… hasta la caída de los dragones.

El día de la conjunción astral, Goser tenía apenas seis años. Fue testigo de la muerte de los dragones y de la llegada de los sheks, y ese momento quedó grabado a fuego en su alma.

Los sheks enviaron a Sussh a someter Kash-Tar, y hay que decir que lo consiguió con bastante rapidez. Los yan no permanecieron unidos ante la invasión, y muchos de ellos se pasaron al bando de los sheks simplemente porque les resultaba más cómodo.

Los szish empezaron por conquistar las ciudades y las zonas de los márgenes, asegurándose la lealtad de individuos importantes como Brajdu o, incluso, el padre de Goser. Pero durante mucho tiempo, el corazón de Kash-Tar permaneció libre, y Goser y su gente, también.

Cuando Sussh comenzó a enviar tropas a controlar a las tribus nómadas, Goser decidió que no podía seguir actuando como si no sucediera nada. Despreciaba a su padre por pactar con las serpientes, pero nunca se había rebelado abiertamente contra ellas. Fue su madre, la indómita cazadora, quien se negó a guiar a una patrulla de szish hasta su tribu, y fue asesinada por ello.

Tras la muerte de su madre, Goser tomó la decisión de iniciar una rebelión. Le llegaron rumores desde el norte; decían que los humanos y los feéricos se habían unido contra Ashran y los sheks. También se decía que habían regresado los dragones. Otros hablaban de un solo dragón; y, por último, otros afirmaban que no eran dragones de verdad, sino que los humanos los habían fabricado. En cualquier caso, los humanos se estaban moviendo. Los yan no podían ser menos.

Goser encontró a otros jóvenes descontentos como él. Reunió a un grupo lo bastante grande como para ser tenido en cuenta, y comenzó a atacar pequeños campamentos szish, situados en lugares estratégicos. Cuando llegó la noticia de la caída de Ashran, los yan pensaron que era cuestión de tiempo que Sussh se marchara también; pero pasaban los meses, y, mientras todo Idhún proclamaba su libertad, en Kash-Tar las cosas seguían igual que siempre. Eso movilizó a los yan más que ninguna otra cosa. El grupo de Goser creció, y él se convirtió en el líder de la resistencia yan. Pronto su temeraria ferocidad, sus dos hachas y las espirales tatuadas en su piel, que representaban el fuego de los soles, el poder de los yan, se hicieron legendarias. Desde el norte, los Nuevos Dragones enviaron a un grupo de los suyos para unirse a ellos en la lucha por la libertad de Kash-Tar.

Entre ellos estaba Kimara.

Goser y Kimara lucharon juntos en varias batallas e iniciaron una breve relación muy pasional; mientras tanto, el dios Aldun descendió al mundo y se paseó por Kash-Tar, provocando grandes catástrofes que Goser atribuía a los sheks. La brutalidad y el sinsentido de la guerra y de las masacres producidas por Aldun involuntariamente terminaron por hacerle perder el juicio.

Cuando, en plena batalla contra las serpientes, Aldun se presentó de improviso, Goser no fue capaz de dejar de luchar. Murió calcinado por el fuego de su dios.
Cita: “Admiraba a Goser, su arrojo temerario, su fuerza, su seguridad y, sobre todo, su poder para hacer que pasaran cosas. Kimara no era una persona capaz de esperar durante mucho tiempo a que las cosas pasaran por sí mismas, tenía que provocarlas ella. Y Goser era el tipo de persona capaz de aceptar y entender esto, porque él se sentía igual. Eran almas gemelas." (MDI III)

Test:
1. ¿Qué animal usan los yan como montura?
a. El swanit

b. El torka

c. El dromedario

d. Ninguno, van andando a todas partes
2. ¿Con qué otra raza tienen una especial afinidad?
a. Con ninguna, son egoístas y desconfiados

b. Con los feéricos.

c. Con los humanos, porque hay muchos humanos viviendo en Kash-Tar

d. Admiran profundamente a los dragones, pero desconfían de todos los demás
3. ¿Por qué se cubren el rostro los yan?
a. Porque son muy feos

b. Para que los soles no les quemen la piel

c. Por una cuestión cultural: no muestran el rostro a personas en las que no confían.

d. Fue un castigo de la diosa Wina porque Aldun incendió Kash-Tar
4. ¿Qué personaje de Memorias de Idhún consigue cazar un swanit?
a. Kirtash, que es el que mola más.

b. Kimara, porque va detrás de un amor imposible que encima le hace sufrir

c. Jack; es la prueba que le impuso Brajdu para liberar a Victoria.

d. Ninguno: no se puede matar a un swanit.
5. ¿Por qué lucharon los yan durante la Revolución Yan?
a. Para dejar de ser esclavos de comerciantes desaprensivos

b. Para ser admitidos en las escuelas de magia.

c. Paraqueelidhunaicoyanfueseconsideradounalenguaynoundialecto.

d. Porque querían conquistar el mundo.
6. ¿Cuál es el arma favorita de Goser?
a. Un bazooka.

b. Donde esté un buen dragón artificial…

c. Dos hachas.

d. Los puños, que es muy macho.

Soluciones: 1b, 2d, 3c, 4 c, 5a, 6c

LAURA RESPONDE.
El lenguaje de los yan
¿Hay algún yan que no hable tan deprisa? (yepetta)
Respuesta de Laura
Los yan lo hacen todo un poco más deprisa que cualquier individuo de cualquier otra raza inteligente. Se mueven más deprisa, crecen más deprisa, piensan más deprisa, hablan más deprisa y viven más deprisa. La esperanza de vida de un yan es más corta que la de cualquier otra raza sangrecaliente, incluyendo a los humanos. Los embarazos de las mujeres yan duran incluso menos que los de las celestes, que son un poco más cortos que los de las humanas. Las relaciones entre los yan también son más rápidas: suelen ir al grano sin preámbulos, pero eso no significa que se lo tomen a la ligera, como hacen las hadas la mayoría de las veces, sino que queman etapas más deprisa. Sus romances son intensos y apasionados, pero tienden a ser cortos.

Sabiendo esto, es normal que su forma de hablar esté en consonancia con su forma de vivir. Ellos tienden a entrar en acción en cuanto toman una decisión, y la palabra no es más que el puente entre el pensamiento y la acción. Cuando más corto sea ese puente, mejor. Por eso hablan poco, y cuando hablan, lo hacen inusitadamente rápido.

Los yan que se ven obligados, por unas razones o por otras, a vivir entre personas de otras razas, sí desarrollan un ritmo más pausado. Por ejemplo, los yan que habitan en Oráculos o en torres de hechicería, o aquellos que tienen que tratar a menudo con gente que no es yan. Al convivir con personas que hablan más lentamente, terminan por hablar ellos con más calma también. Entre otras cosas, porque si no, nadie les entiende. Digamos que "se les pega el acento". De igual modo, alguien que viva mucho tiempo entre los yan terminará por hablar más deprisa. Quizá no tan deprisa como ellos (no es tan fácil dominar el arte de hablar prácticamente sin pausas, sin que se te trabe la lengua), pero sí más rápido que antes.

Los semiyan, por ejemplo, pueden hablar de ambas formas. Aunque su forma de hablar siempre será un poco más rápida y enérgica que la de cualquier humano, por ejemplo, incluso cuando tratan con personas que no son yan.

JULIO 2008
LOS SZISH
Los szish son los hijos del Séptimo, la raza maldita, los servidores de los sheks. Se les llama también "hombres-serpiente" o "sangrefría". Desaparecieron del mundo tras la derrota de Talmannon y la expulsión de los sheks a Umadhun, y, por tanto, hasta el día de la conjunción astral, muchos creyeron que su existencia era una simple leyenda, y que su verdadero reino era el de las historias de miedo que se relatan por la noche para asustar a los niños.

Pero los szish son reales, muy reales. Su figura es humanoide: caminan sobre dos piernas y están provistos de brazos y manos, pero también tienen rostro de serpiente, lengua bífida, piel escamosa y una larga cola anillada. Y, además, por mucho que les duela admitirlo a los sangrecaliente, los szish son la más inteligente de todas las razas antropomorfas de Idhún, aunque por supuesto, no están a la altura de sus señores, los sheks, a quienes sirven con respeto y lealtad.
Hábitat de los szish
Los hombres-serpiente son una raza de guerreros, más adaptable incluso que los humanos, por lo que en tiempos pasados se los podía encontrar casi por todo el continente, aunque siempre alejados de las poblaciones de los sangrecaliente.

Sentían preferencia por las estribaciones de las grandes montañas y solían establecerse en campamentos pensados para poder ser levantados rápidamente en caso de ser descubiertos. Las bases szish más grandes se establecían en los desfiladeros, en las quebradas y en los valles glaciares de Nanhai; pero los auténticos hogares, donde criaban a sus hijos y ocultaban a los niños, a los ancianos y a las mujeres embarazadas, eran subterráneos: las galerías, cavernas y túneles de las cordilleras eran el refugio más seguro que encontraron en un mundo que ya estaba ocupado por otras razas y había sido repartido cuando ellos llegaron.

Tras la derrota y exilio de los sheks en los tiempos de Talmannon, los szish se volvieron totalmente cavernarios: la mayoría fueron expulsados a Umadhun con los sheks, y en Umadhun habitar en los túneles subterráneos no era sólo conveniente, sino totalmente necesario. Y las pocas comunidades szish que quedaron en Idhún se ocultaron todavía más de la mirada de los sangrecaliente, hasta el punto de que éstos se olvidaron de su existencia.

Después de la conjunción astral, durante el breve lapso de tiempo en el que los sheks gobernaron Idhún tras la caída de los dragones, los szish se establecieron por casi todo el mundo. Sin embargo, en su papel de conquistadores, se limitaron a ocupar los espacios habitados y a seguir montando campamentos temporales en lugares estratégicos.

Ahora que pueden empezar desde cero en un nuevo mundo en el que no tienen competencia, la incógnita que cabría plantearse es qué tipo de civilización será capaz de crear esta inquietante y sorprendente raza.
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