Bienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y




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títuloBienvenidos a Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, lugar de magia y de misterio. Preparaos, viajeros, para conocer a sus gentes, sus leyendas y
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Cita: "Habían hallado refugio en los pantanos, y ahora malvivían como mendigos entre el barro. Por fortuna, las escamas de su piel los protegían de la humedad, y de todas formas, los szish eran una raza paciente y estoica. Cuando los más jóvenes del clan osaban quejarse, los mayores los mandaban callar y les recordaban que los sangrecaliente acechaban lejos de los pantanos, en las tierras secas, y que por eso no podían regresar a Alis Lithban.

—Además —solían decir—, estábamos peor en Umadhun." (MDI III)
El Séptimo, el dios del misterio
El Séptimo nunca ha tenido nombre. Los sacerdotes de las seis razas sangrecaliente lo presentan a sus fieles como el Malvado, el Oscuro, el Creador de las Serpientes, el Enemigo de los Seis. Las leyendas más antiguas hablan de él como de un dios extranjero que llegó a Idhún con sus legiones de serpientes y trató de arrebatárselo a la fuerza a sus legítimos habitantes.

La realidad es aún más desconcertante y sorprendente.

Los dioses de Idhún son caos y cosmos, creación y destrucción. En tiempos remotos, tras haber destruido totalmente un mundo (Umadhun), y tras la creación del que iba a ser su obra definitiva (Idhún), los dioses acordaron desprenderse de su parte caótica y destructiva. La encerraron en una roca-prisión que arrojaron al mar. Mucho tiempo después, de esa roca emergió un nuevo dios, que había nacido de todo lo oscuro y caótico que había en el mundo.

Pero aquel dios era también un dios creador, y dio aliento a una raza propia, los szish. Y, tiempo más tarde, también fue el padre de una especie de guerreros letales y casi perfectos: los sheks.

La preferencia del Séptimo por las criaturas de forma serpentina se justifica en la mitología idhunita a través de la figura de una gran Madre Serpiente: Shaksiss, la serpiente del corazón del mundo, a la cual se habría unido el Séptimo en tiempos remotos, para crear a los sangrefría.

Desde su aparición en el mundo, el Séptimo tuvo dos objetivos primordiales: conquistar Idhún para sus criaturas y ocultarse de la mirada de los otros Seis dioses, que han tratado de destruirlo. La guerra entre unos y otros se libró a través de sus respectivos ejércitos: sheks y dragones, que combatieron, en nombre de sus dioses, por la supremacía en Idhún. Pero los Seis trataron siempre de acabar con el Séptimo dios que se había generado de lo que ellos consideraban "sus sobras y despojos". Y para esconderse de ellos y poder participar de forma más directa en la guerra a nivel mortal, el Séptimo ha recurrido a sucesivas encarnaciones a lo largo de los tiempos. Las más conocidas fueron Talmannon, Ashran, Gerde y el szish Assher.

Según maduraba como deidad, el Séptimo fue evolucionando hacia un ente más completo, no sólo destructor, como fue al principio, sino también creador. Así, fue por fin capaz de crear un nuevo mundo para sus criaturas, abandonando con ellos Idhún definitivamente tras la Batalla de los Siete.

Es de suponer que, una vez concluidos todos los detalles de la creación de su nuevo mundo, y siendo ya la única deidad en él, el Séptimo no necesitará encarnarse más, y abandonará el cuerpo de Assher para contemplar su mundo desde el plano espiritual, como hacen todos los otros dioses.

CITA: "—No... Os suplico vuestro perdón, mi señora. Soy muy torpe en el uso de la magia, pero prometo...

—No es necesario que te disculpes —sonrió ella—. No es culpa tuya. Los hechiceros szish no dominan el idhunaico arcano ni poseen un dialecto propio adecuado para la magia. Por eso les cuesta mucho más controlarla.” (Assher y Gerde, MdI III)
Perlas de conocimiento idhunita
Los szish jamás han estudiado en las Torres de hechicería ni pertenecido a la Orden Mágica, y lo que es peor, tampoco han desarrollado algo parecido al idhunaico arcano, un lenguaje apropiado para perfeccionar su poder en hechizos más complejos. Sin embargo, los unicornios les entregaban sus dones a ellos también y aquel que era tocado por la magia tenía que desarrollarla de forma intuituva, o bien aprender de otro szish bendecido con el mismo don. Y se convertían en brujos.

Sólo podía haber un brujo por cada clan. Por tanto, si en un mismo clan había dos individuos agraciados con el don del unicornio, uno de ellos, el que obtenía la magia después, debía abandonar su clan y ofrecer sus servicios a otros jefes que no dispusieran de un brujo entre los suyos.

Y, sin embargo, los brujos eran escasos. Por eso los clanes pequeños que no tenían un brujo entre ellos tendían a unirse a los clanes más grandes.

Todo esto sucedió, naturalmente, antes del exilio de los sheks a Umadhun.

En Umadhun no había unicornios. La siguiente generación de szish tuvo que sobrevivir ya sin magia. Pero algunas de las enseñanzas de los brujos acerca del mundo y los secretos de la naturaleza pervivieron. Y en cada clan se mantuvo la figura del brujo, el "sabio", por tradición.

Al regresar a Idhún tras la extinción de los dragones, los szish se reunieron con los Clanes Perdidos, aquellos que sobrevivieron ocultos en Idhún, en las estribaciones de las grandes cordilleras, y entre los cuales había algunos szish que habían sido tocados por unicornios antes de que éstos desaparecieran también. Los recién llegados admiraron su poder, que nada tenía que ver con el de los brujos que conocían. Y temieron, sobre todo, el poder de los magos sangrecaliente, cuyo saber mágico era infinitamente superior al de ellos.

Hicieron bien en temerlo, puesto que fueron los magos quienes resucitaron el poder de los dragones e incendiaron el cielo, derrotando a las serpientes en la batalla de Awa.

Por esta razón, Ashran se aseguró de obtener un cuerno de unicornio, y Gerde, de utilizarlo para otorgar magia a los szish; y después enseñó a Assher personalmente la magia sangrecaliente, la más elaborada, la más poderosa.
Relaciones con otras razas
En principio, los szish no se relacionan con miembros de otras razas sangrecaliente, a no ser que sea para matarlos. Ni siquiera hablan como ellos: el idioma szish, plagado de sonidos sibilantes, es el único lenguaje articulado de Idhún que no es una variante del idhunaico, la lengua común.

Desde el principio de los tiempos, los szish han sido enemigos declarados de los dragones y sus aliados, esto es, el resto de razas antropoides inteligentes de Idhún. Por tanto, sólo se llevan bien con los sheks, a quienes sirven lealmente. Respetaban a los unicornios por su neutralidad, pero empezaron a odiarlos al intervenir ellos en la guerra contra Talmannon y provocar la caída de los sheks.

No obstante, los szish son un pueblo de mentalidad práctica. Por eso son capaces de dejar a un lado sus prejuicios si es necesario y aceptar como aliados a los sangrecaliente traidores. Están acostumbrados a verlos entre sus filas. Están preparados para ponerse a sus órdenes si los sheks lo estiman conveniente.

Sin embargo, también están habituados a obedecer a los sheks, una raza claramente superior a todos ellos en cuanto a poder e inteligencia. Por tanto, aunque nunca cuestionarán una orden sensata, sí es fácil que se rebelen contra un líder sangrecaliente que demuestre ser más estúpido que ellos, lo cual no es muy difícil. Por tanto, todo sangrecaliente traidor que ambicione ser alguien entre los hijos del Séptimo deberá ganarse primero el respeto de los szish. Y eso no es tan sencillo.

De modo que es más habitual que los traidores sangrecaliente sean soldados rasos en el ejército de las serpientes, y tengan que obedecer órdenes de los szish… salvo en el caso de los hechiceros.

Como ya hemos señalado, apenas hay magos entre los szish, por lo que cualquier individuo tocado por la magia puede ser una pieza de gran valor. Esto cambió, sin embargo, cuando Gerde reunió a los clanes szish y empezó a otorgarles la magia con el cuerno de Lunnaris. Entonces los magos sangrecaliente dejaron de ser imprescindibles.

Los szish son, ante todo, gente prágmática. Cualquiera, incluso un humano, puede servir para luchar si es medianamente disciplinado.

Los humanos, en cambio, no opinan igual. Aun en el improbable caso de que un szish decidiera traicionar a los suyos y unirse a los sangrecaliente, no hallaría en ellos otra cosa que la muerte.

CITA: "(…)Muchos dragones no soportaron la idea de dejar escapar a los sheks. Se vengaron en los szish. No porque fueran más débiles, sino porque no eran tan importantes. Incluso los sheks valoraban más la vida de un shek que la de un szish, y éstos no eran el enemigo que habíamos decidido respetar. Sólo eran...

—Sangrefría —dijo Jack con un hilo de voz" (MdI III)
Reproducción de los szish
Dado su aspecto de ofidio, muchos creen, erróneamente, que las mujeres szish ponen huevos, al igual que las hembras shek.

Las mujeres szish tienen pechos, lo cual significa que dan de mamar a sus hijos. Sin embargo, aunque son mamíferos, los szish no son totalmente vivíparos, sino ovovivíparos, como muchas especies de serpientes y reptiles de la Tierra. El huevo es fecundado dentro de la madre, que lo conserva en su interior durante todo el desarrollo del embrión, hasta su eclosión. Cuando una madre szish da a luz, primero sale su bebé, y después expulsa los restos del huevo.

Se sabe que los hombres-serpiente son, contra todo pronóstico, genéticamente compatibles con otras razas sangrecaliente, y que pueden tener hijos con ellos.

Es sorprendente que una raza con un sistema de reproducción distinto al del resto de los sangrecaliente pueda ser compatible con ellos. Sin embargo, no debemos olvidar que a los szish se los llama "hombres-serpiente" por alguna razón, y que, después de todo, su dios, el Séptimo, poseía también los conocimientos de los otros Seis. ¿Preveía el Séptimo que pudieran algún día unirse a las otras razas y generar una nueva clase de mestizos, o los resultados de su experimento, cristalizados en la figura del Custodio, fueron una sorpresa para él? Quién sabe…
Szish en la historia de Idhún: Zissith, sacerdotisa del Séptimo
Tras la caída de Talmannon, los sheks fueron encerrados en Umadhun, y la mayor parte de los szish se fueron con ellos. Entre aquellos que se quedaron atrás estaban los clanes destinados en Kash-Tar, que suponía para un szish un lugar casi peor que el infierno: estaba muy cerca de Awinor y había demasiadas posibilidades de sufrir una horrible muerte entre las garras de un dragón. Y por este motivo los guerreros de los clanes szish de Kash-Tar eran considerados los más duros y valientes. Pero ahora se veían a merced de los dragones, privados del apoyo de los sheks. Cuando el brujo del clan de Uzusser llamó a los suyos al combate, la joven guerrera Zissith declaró que aquello era una locura, que debían huir en busca de los sheks y ocultarse de los dragones. Finalmente, el clan se escindió en dos. La mayor parte de los guerreros siguieron las directrices del brujo y lucharon contra los sangrecaliente hasta que fueron totalmente exterminados. En cambio Zissith guió a los que no quisieron quedarse a luchar hasta la Cordillera Cambiante, donde de ocultaron hasta que las cosas se calmaron un poco. Y entonces emprendieron un peligrosísimo viaje hacia los Picos de Fuego, por donde, según se decía, los sheks habían sido expulsados de Idhún. Nadie sabe cómo lograron atravesar Kash-Tar, primero, y Celestia, después, sin que los sangrecaliente acabaran con ellos. En alguna ocasión fueron atacados, pero salieron del paso, y finalmente Zissith depositó a su gente a los pies de los Picos de Fuego.

Pronto descubrieron que la Puerta estaba sellada y que no conseguirían seguir a los sheks hasta Umadhun. Además, hacía un calor espantoso, demasiado desagradable para cualquier szish. La gente del clan no tardó en rebelarse contra Zissith, pero ella no respondió a acusaciones ni provocaciones. Todos los días, al atardecer, en el mismo momento en que el último de los soles desaparecía, y las lunas no se veían aún, Zissith rezaba al Séptimo y le suplicaba que cuidara de los sheks y los szish y les permitiera regresar a Idhún.

Y hubo quien abandonó el clan de Zissith, ciertamente. Pero otros se unieron a su plegaria, conmovidos por su ejemplo. Y, cuando otros szish perdidos llegaron hasta allí en busca de los sheks, también rezaron, día tras día, la Oración de Zissith.

Pasaron los años y los siglos. Algunos de los Clanes Perdidos se extinguieron, otros se dispersaron y hallaron refugio en otros lugares, pero todos ellos perdieron la esperanza de reunirse con los sheks en el futuro. Sólo el Clan de Zissith permaneció unido en aquel infierno de lava y fuego, mucho después de que ella muriera; y, generación tras generación, sus miembros repetían todas las tardes la Oración de Zissith, con fe inquebrantable.

Y, cuando los sheks regresaron, de la mano de Ashran, el Clan de Zissith fue el primero en darles la bienvenida.
PERSONAJE DEL MES: Assher
Assher nació en Alis Lithban después de la conjunción astral. En consecuencia, no conoció Umadhun, donde habían nacido sus padres, y sus abuelos, y sus bisabuelos. Tampoco conoció la sensación de pertenecer al bando de los derrotados. Cuando Assher nació, las serpientes dominaban el mundo y los dragones casi se habían extinguido.

No obstante, incluso los jóvenes como él debían entrenarse duramente como guerreros, y eso hizo él, aunque el destino le tenía reservado un futuro diferente.

Assher tenía catorce años cuando Ashran fue derrotado y las serpientes tuvieron que correr a ocultarse otra vez. Su clan huyó a Raden tras la caída de la Torre de Drackwen; y allí los encontró Gerde cuando, convertida ya en la Séptima diosa, acudió a buscarlos con un cuerno de unicornio.

Muchos szish se presentaron a las pruebas propuestas por Gerde para obtener el don de la magia. Sin embargo, Assher lo hizo con la esperanza de volver a verla. Fue capaz, incluso, de traicionar a su amiga Sassia en el Laberinto del Fango para alcanzar su objetivo.

En efecto, Assher obtuvo la magia de manos de Gerde. Su devoción incondicional hacia ella llamó la atención de la feérica, quien se encargó personalmente de su educación y lo convirtió en lo que ella llamaba "su elegido". Su plan, el plan del Séptimo, consistía en adiestrar a Assher para que fuera su próxima encarnación en un futuro: un szish poseedor del don de la magia, joven y fuerte, y lo bastante maleable como para poder enseñarle todo cuanto debía saber.

Sin embargo, al enterarse Gerde de que en la Tierra, donde planeaba exiliarse, no existía otra especie inteligente que no fueran los humanos, decidió buscar un nuevo "elegido", y Assher se vio obligado a cuidar de la pequeña Saissh, un bebé que Gerde había robado a los bárbaros.

Su adoración por el hada era tal que, llevado por un ataque de celos, raptó a Saissh para devolverla a los suyos. Por el camino conoció a Jack y a Victoria, pero volvió con Gerde, y ésta, para recordarle dónde debía depositar su lealtad, grabó a fuego su propio nombre sobre el pecho del szish.

Y, cuando Gerde fue destruida por los Seis mientras escapaba hacia su nuevo mundo con las serpientes, Assher se autoinmoló para ofrecer su cuerpo como receptáculo al Séptimo dios.

La última vez que se le vio, ya como avatar del Séptimo, Assher cruzaba la Puerta en dirección a un mundo desconocido que sería el futuro hogar de las serpientes.

Hay quien dice que el szish no estaba realmente enamorado de Gerde, sino que había sido hechizado por ella. Ciertamente, no es propio de los szish sentirse celosos; son demasiado fríos e independientes como para que realmente les moleste que su pareja se vaya con otro. Pero Assher sentía celos de Kirtash e incluso de Saissh. Una actitud tan pasional no podía ser natural en un szish.

No obstante, Gerde nunca le habló del destino que le tenía reservado. Assher lo adivinó por si mismo y se dio muerte para cumplir con el plan establecido. Y esto sucedió cuando ella ya había muerto y, por tanto, no podía tener ya influencia sobre él.

¿Cuáles son los motivos de la lealtad de Assher? ¿Estaba hechizado, intuía que en realidad estaba sirviendo a la Séptima diosa, se había enamorado sinceramente o fue una mezcla de todo?

Nunca lo sabremos…
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