Los enigmas de la civilización egipcia




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Prefacio



Cuando se publicó la primera edición en inglés de La serpiente ce­leste, en 1978, las obras del matemático y filósofo alsaciano R. A. Schwaller de Lubicz (1891-1962) aún no se habían traducido de su lengua original, el francés. Así, los lectores de habla inglesa no po­dían acceder de manera satisfactoria a su interpretación «simbolista»* del antiguo Egipto.**

La serpiente celeste se escribió como una introducción y un examen en profundidad de las radicales ideas egiptológicas de Schwaller, diri­gido al público en general. Desde que se publicara por primera vez, muchas de las obras de Schwaller de Lubicz se han traducido y están ya disponibles para el lector de habla inglesa.*** Por desgracia, la cla­ve para comprender su trabajo, su colosal obra Le Temple de l'Homme sigue estando disponible únicamente en francés.****

Sin la posibilidad de acceder a ella, puede que resulte imposible cap­tar el carácter exhaustivo y perfecto de su interpretación simbolista o apreciar la magnitud de su realización. Además, y al igual que otros grandes e innovadores pensadores (Swedenborg, Boehme, Kant o Hegel, por nombrar sólo a algunos), Schwaller no tenía dotes de comunicador. Su estilo es abstruso, complejo y sin concesiones. Pocos lectores, ni siquiera los familiarizados con los escritos metafísicos/filosóficos, se sienten cómodos con el tosco y original Schwaller (es, en cierto modo, como tratar de abordar directamente la física de altas energías sin una extensa formación previa). Así, a pesar de que hoy se disponga de otras obras del autor en inglés, La serpiente celeste sigue cumpliendo su fun­ción original.

Mi principal preocupación ha sido siempre exponer claramente las ideas de Schwaller y las evidencias que las sustentan. Al mismo tiem­po, he pretendido señalar las diferencias entre los enfoques simbolista y ortodoxo del tema de Egipto. Schwaller suponía que sus lectores te­nían un conocimiento adecuado de la egiptología clásica y podrían apreciar las diferencias sin que él hubiera de precisarlas. En realidad, muy pocos lectores tienen algo más que una vaga idea general de Egip­to, el residuo de algunas lecciones débilmente recordadas de las clases de historia antigua de la escuela o de la universidad. Según esta explica­ción estándar, Egipto es una civilización caracterizada por su arquitec­tura admirable, sus reyes egoístas, y su pueblo servil y supersticioso. La visión simbolista ve a Egipto de una manera bastante distinta: como una civilización filosófica y espiritualmente (y, en ciertas áreas, incluso científicamente) mucho más avanzada que la nuestra, y de la que tene­mos mucho que aprender.

De hecho, probablemente no exista ninguna otra disciplina acadé­mica en la que el mismo material original (en este caso, los textos y monumentos del antiguo Egipto) haya dado lugar a dos interpretacio­nes tan diametralmente opuestas. Sin una sólida comprensión de los datos específicos resulta difícil apreciar el abismo que separa la des­cripción simbolista de la ortodoxa.

Uno de los aspectos más frustrantes de abrazar un punto de vista herético en cualquier ámbito científico o académico profundamente arraigado es la negativa del establishment a abordar o, siquiera, reco­nocer la existencia de evidencias contrarias. Desde el primer momento decidí no contrarrestar una erudición irresponsable con otra erudición igualmente irresponsable por mi parte. Por tanto, al presentar la inter­pretación simbolista de Schwaller de Lubicz, también cito y comento detenidamente otros puntos de vista opuestos.
* El calificativo aplicado al trabajo de Schwaller tanto por sus partidarios como por sus detractores.

** Excepto a través de las novelas Her-Bak y Her-Bak, disciple, de Isha Schwa­ller de Lubicz, esposa de R. A. Schwaller. Aunque intelectual y filosóficamente estimu­lantes, considero dichas novelas estériles y psicológicamente unidimensionales. Son no­velas, pero no logran transmitir el sentimiento del Egipto mágico y emocionante que impregna la obra, magistral pero estrictamente académica, de R. A. Schwaller de Lu­bicz, pese a todas las dificultades que presentan las propias obras del autor.

* * * En lo que se refiere al castellano, de momento la única obra de Schwaller de Lubicz que se ha traducido es Esoterismo y simbolismo: Barcelona, Obelisco, 1992. (N. del T.)

**** Cuando apareció la primera edición de esta obra existía el proyecto de pu­blicar una traducción al inglés de Le Temple de l'Homme. Dicho proyecto nunca se ma­terializó; sin embargo, en el momento de escribir esto me han llegado noticias de que existe de nuevo tal posibilidad. Con suerte, esta vez la obra se pondrá finalmente al alcance de los lectores de habla inglesa. (Efectivamente, se ha publicado ya la traducción a la que alude el autor en esta nota: The Temple of Man, Nueva York, Inner Traditions International, 1998. [N. del T.])

Partiendo del ingenioso formato desarrollado por Peter Tompkins en su Secrets of the Great Pyramid, he estructurado el libro de modo que proporcione un contraste permanente y simultáneo entre ambas escuelas: la interpretación simbolista se desarrolla en el texto principal, mientras que se puede acceder de forma inmediata a los puntos de vista opuestos y otros materiales relevantes en las extensas notas recuadra­das. Los lectores se hallan, pues, en situación de decidir qué interpre­tación es más válida. Los textos que representan las visiones opuestas se han seleccionado entre un amplio abanico de fuentes egiptológicas académicas, en varias lenguas. En conjunto, proporcionan un panora­ma certero, aunque inevitablemente poco halagüeño, de la egiptología contemporánea.

La oposición entre la egiptología simbolista y la que constituye la tendencia predominante no es una mera discusión vacua de académi­cos enfrentados acerca de una civilización muerta. Lo que está en jue­go es mucho más que eso. En consecuencia, he creído necesario explicitar lo que Schwaller dejaba, en su mayor parte, implícito: las profundas implicaciones que tiene su interpretación simbolista de Egip­to en el pensamiento actual, especialmente en nuestro modo de ver la historia y la evolución de la civilización.

El antiguo Egipto no existió en el vacío. Podemos estar seguros de que otras civilizaciones antiguas tuvieron sus propias versiones de la misma ciencia sagrada que alimentó y sostuvo a Egipto. Cuando nues­tra desmoralizada, violenta y desespiritualizada sociedad se tambalea hacia su ruina final (y, aun en este último momento, sigue denominan­do a su atropellada caída «la marcha del progreso»), la certeza de que antaño la humanidad en general tuvo a su alcance un orden de sabi­duría más elevado se convierte en objeto de inmediata preocupación.

Al preparar esta edición revisada, he tenido el placer de descubrir, después de un período de quince años, que mi exposición de las ideas de Schwaller y de las evidencias que las sustentan apenas necesita ajustes. Los nuevos avances en determinados frentes científicos justi­fican algunas revisiones y adiciones menores, repartidas por todo el cuerpo del texto. Pero el constante trabajo realizado para restablecer la datación de la Gran Esfinge de Gizeh requería un tratamiento más extenso.

En su obra Le roi de la théocratie pharaonique, publicada en 1961, Schwaller de Lubicz observaba que la Gran Esfinge había sido erosio­nada por el agua, y no por el viento y la arena como entonces se creía universalmente. Al leer esas palabras, mientras trabajaba en el original de La serpiente, me di cuenta de que aquella observación se debía de poder confirmar mediante una prueba geológica. Si se demostraba, sig­nificaría que la Gran Esfinge era varios miles de años más antigua que todo el resto del antiguo Egipto, lo cual, a su vez, arrojaría sobre toda la historia antigua hasta entonces aceptada, y sobre muchas otras co­sas, una considerable y —desde mi punto de vista— saludable confu­sión.

Mi original labor detectivesca, consistente en reunir el corpus de evidencias que demostraran el punto de vista de Schwaller, ocupa el ex­tenso último capítulo de este libro. Un importante examen arqueológi­co/geológico de la Esfinge, llevado a cabo a principios de la década de 1980 por el arqueólogo Mark Lehner y el geólogo K. Lal Gauri, pro­porcionó nuevas evidencias fundamentales para el desarrollo de la teo­ría, a pesar de que los estudiosos responsables de dicho examen rehu­saron verlo de ese modo. Este examen dio lugar a un Apéndice en la primera edición en rústica de La serpiente, en 1987, que en su mayor parte sigue siendo válido y que, por tanto, aquí hemos conservado.

Desde 1990 la teoría ha evolucionado aún más, y ha dado grandes pasos hacia su aceptación generalizada. Ha sido cuidadosamente estu­diada por varios geólogos y geofísicos, que la apoyan incondicional-mente. Hoy, con este importante respaldo científico, se ha convertido en el objeto de un acalorado debate en dos importantes congresos cien­tíficos, con los egiptólogos y los arqueólogos en un bando, y los geó­logos en el otro. La polémica ha merecido titulares en la prensa de todo el mundo, así como artículos en revistas y espacios en la radio y la te­levisión.

Un concienzudo examen de las evidencias, la historia de las vicisi­tudes de la teoría en la comunidad académica, su tratamiento por par­te de los medios de comunicación y las implicaciones de su eventual (aunque no inmediata) aceptación generalizada: todo ello constituyó el tema de otro libro, Unriddling the Sphinx, escrito por mí mismo y por el doctor Robert M. Schoch, principal investigador de nuestro equipo dedicado a la Esfinge. Un segundo Apéndice de esta edición revisada de La serpiente resume brevemente los avances más importantes ocu­rridos hasta el verano de 1992 (en la presente versión castellana se aña­de, además, una actualización correspondiente a septiembre de 1999).

Asimismo, he añadido, en forma de epílogo, un sustancioso ensayo sobre el tema general de los problemas que implica establecer un nue­vo orden de pensamiento, haciendo especial hincapié en nuestras ex­periencias, hasta la fecha, para tratar de conseguir que la interpreta­ción simbolista de Schwaller de Lubicz sea objeto de atención.


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