Cervantes católico, no judíO




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CERVANTES CATÓLICO, NO JUDÍO

Don Miguel de Cervantes hace gala de sincero cristiano católico romano, más bien anti que cripto judío, según se expresa en El Quijote, texto al que nos limitamos aquí casi exclusivamente.

Hay quienes desbautizan a don Miguel de Cervantes como cristiano y si es que algún harapo quedara aún pegado a sus extraviados huesos, lo despojarían del hábito de hermano franciscano profeso, de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, sayal con que fue enterrado en el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso en Madrid, las hermanas espirituales de sus rescatadores del cautiverio en Argel.

Me mueve a escribir estas reflexiones la promoción de Cervantes como judío, y su obra como judaísmo, no ya por el filosemitismo fariseo de Américo Castro, el esoterismo de N.D.Benjumea, Dominique Aubier, y una partida de cabalistas andantes por los montes de Sanabria, como don Leandro Rodríguez o don Santiago Trancón, "que producen libros como buñuelos", como el depredador no solo cultural Daniel Bruce Eisenberg ("sin judaísmo España no es nada"), la enmascarada Ruth Reichelberg, el recopilador McGaha, más otros aduladores del sefardismo proselitista (cf. "Cervantes" en la Encyclopedia Judaica). El lema que porta en su estandarte el almanzor de Sefarad, el señor Abraham Haim, en una de sus razzías camino de Santiago de Compostela, el Congreso sobre la revisión de la historia de la Aljama de Zamora, los primeros días de julio de 2013, es: "El Quijote es el fruto del silencio que vivía un alma judía.... El autor pertenecía a una familia de conversos".

La denominación manipuladora de "judío converso" y más vergonzantemente de "criptojudío", o "judío oculto", o "judío encubierto" que hubiera dicho Cervantes, pretende hacer creer que todos los que fueron cristianos después de haber sido judío alguno de sus antecesores, siguieron siendo judíos ocultos y no cristianos convencidos y sinceros. Esto es, malos judíos y malos cristianos. Que sería el caso de Cervantes y otros eminentes personajes tenidos por cristianos, pero que en realidad serían renegados ocultos. Basta dar con un antecesor de supuesta sangre judía para considerarlo "manchado". Estos inquisidores actuales dan tormento a los textos y a los documentos con tal de sacar la confesión de judaizante al ingenioso hidalgo cristiano católico romano don Miguel de Cervantes.

La obra y vida de Cervantes, como la de Colón, Santa Teresa, Servet, fray Luis de León, que no era de León, no es fruto del "silencio de un alma judía", sino canto sonoro de profesión cristiana. Son explícitas las confesiones de cristianismo en el texto de El Quijote y no se vale devaluarlo como pura retórica, o decir que el texto está encantado, codificado, y ahora es descifrado por algún iluminado, que descubre lo contrario de lo que dice el autor. Cervantes supuestamente ocultaría así su profunda convicción judía, por miedo, por cobardía, por hipocresía, por interés, espúreo o comprensible de "salvar el pellejo", virtudes nada propias de un gallardo soldado del ejército más poderoso, herido en la más alta ocasión que vieron los siglos ni verán. Son unos miserables, comenzando por Américo Castro, componente de esa Institución, Libre de Enseñanza y esclava del sectarismo, y por todos aquellos que calumnian como hipócrita religioso a don Miguel de Cervantes, "mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla". Solo esta expresión basta para validar la honradez intelectual y vital que profesa el caballero Cervantes. Las profesiones de fe cristiana católica romana son numerosas, claras y convincentes en El Quijote y en toda la obra de Cervantes. Mil elucubraciones esotéricas cabalísticas no validan una prueba sobre un hecho. Tanto trasiego entre realidad y ficción en el libro de los libros, deja bizcos a magos del embaucamiento, ven gigantes donde hay molinos y vuelven mentira la limpia verdad:

"Inclinósele maese Pedro, diciéndole: –No esperaba yo menos de la inaudita cristiandad del valeroso don Quijote de la Mancha, verdadero socorredor y amparo de todos los necesitados y menesterosos vagamundos".

Don Miguel de Cervantes expresó así la auténtica conversión del judaísmo perseguidor al cristianismo martirial en el judío y después cristiano, Pablo de Tarso: "Luego descubrieron otro lienzo, y pareció que encubría la caída de San Pablo del caballo abajo, con todas las circunstancias que en el retablo de su conversión suelen pintarse. Cuando le vido tan al vivo, que dijeran que Cristo le hablaba y Pablo respondía. –Éste –dijo don Quijote– fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de Dios Nuestro Señor en su tiempo, y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: caballero andante por la vida, y santo a pie quedo por la muerte, trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo Jesucristo". Pablo, el judío identificado con Cristo Jesús, y antitipo del cripto-judío o falso converso cristiano. La historia del arte nos ha deparado una gran semejanza en la figuración de estos dos famosos descabalgados andantes, san Pablo y don Quijote. El cuadro de Miguel Ángel en la Capilla de Pablo III bien pudo haber asombrado al camarero del cardenal Aquaviva. Aunque no faltaban modelos en las iglesias de La Mancha de Castilla. En "El trato de Argel", sígase el debate de Pedro que justificaba su propósito de criptocristiano en el Islam con la argumentación católica de Sayavedra.

No merecen la descalificación de criptojudaísmo las expresiones del amplísimo campo semántico de la religión en el texto de El Quijote sembrado de términos sobre el dogma, la liturgia, la institución, la vida de la Iglesia Católica, como "Dios", "Cristo", "nuestro Señor", "Religión", "Iglesia", "cielo", "infierno", "purgatorio", "Sacramentos", "Fe", "Santo" "Santidad, "cura", "fraile", el "santo Concilio", incluso "santo Oficio" y "santa Hermandad". Basta seguir las citas del vocablo "cristiano" de las que escojo la confesión de don Quijote al bachiller: "yo no pensé que ofendía a sacerdotes, ni a cosas de la Iglesia, a quien respeto y adoro como católico y fiel cristiano que soy". Cervantes mismo se mete en el texto diciendo: "Destas lágrimas y determinación tan honrada de Sancho Panza saca el autor desta historia que debía de ser bien nacido, y por lo menos cristiano viejo". Lo contrario es ser mal nacido y raza malsonante, que no identifica Cervantes explícitamente: "Ellos, en fin, son labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza mal sonante, y, como suele decirse, cristianos viejos ranciosos". "Mal cristiano eres, Sancho –dijo, oyendo esto, don Quijote–, porque nunca olvidas la injuria que una vez te han hecho". No es seguro que "mal cristiano" se refiera a los conversos, y menos que se pueda aplicar a los sefardíes de ayer o de hoy, rencorosos por el daño que recibieron sus antepasados hace medio milenio. Dice Cervantes por boca del celebrado caballero andante: "Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió, ni pudo ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana". "Con esa manera de amor -dijo Sancho- he oído yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por si sólo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena. {"Aunque no hubiera cielo yo te amara, aunque no hubiera infierno te temiera"} Aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese".

Sancho profesa "el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos". El mismo señor gobernador Sancho presenta su programa social: "Pienso favorecer a los labradores, guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo, tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos". Otros testimonios de los personajes del Quijote: "Yo, aunque moro, bien sé, por la comunicación que he tenido con cristianos, que la santidad consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y pobreza; pero, con todo eso, digo que ha de tener mucho de Dios el que se viniere a contentar con ser pobre, si no es de aquel modo de pobreza de quien dice uno de sus mayores santos: 'Tened todas las cosas como si no las tuviésedes'"; "y a esto llaman pobreza de espíritu". Son pensamientos evangélicos de Jesús, antitópicos del judaísmo, y no son en absoluto ideas criptojudías, como tampoco lo son las historias de la mora que se llamaba no Zoraida, sino María, por "nuestra Señora", y la del renegado tiñoso, que "fue a la ciudad de Granada a reducirse por medio de la Santa Inquisición al gremio santísimo de la Iglesia", referida en otro lugar como: "las despiertas centinelas de nuestra Fe". "No, no, ni Dios lo permita o quiera. Los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por defender la fe católica".

O don Miguel de Cervantes dice lo que siente o es un cínico y fementido farsante, con lo que tampoco sería un judío muy edificante. Si sus numerosísimas confesiones de fe católica son sinceras es que Cervantes es católico, y si son mentira es que es genuino judío, según dicen los judaizantes. No tenía necesidad de mentir tanto como cristiano si era judío oculto, cuando podía haber rechazado el rescate y haberse quedado en Roma con los judíos hampones de "Persiles y Segismunda" o en Argel con otros sefardíes huidos, algunos convertidos en moros para comerciar como corsarios y vender esclavos.

Cervantes se muestra como perteneciente a una religión "universal" no genética, no racista. Para Cervantes el elemento genético justifica el estado social de nobleza, pero no la condición de virtuoso: "Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen [de] príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale". En diversas expresiones alaba "ser limpio en sangre" o "de sangre", y el ser "cristiano viejo". Nada que ver con la manía racial por las genealogías del sefardismo sionista en busca de pedigree o de la pureza de sangre, reflejo del racismo antisemítico.

En la única expresión en la que "mancha" podría tener sentido críptico, esotérico, dice el cabrero a la cabra "Manchada", de conducta despistada, "manchada de negro, blanco y pardo": " -¡Ah, cerrera, cerrera, Manchada, Manchada, y cómo andáis vos estos días de pie cojo!"..." mal haya vuestra condición". En el contexto del texto suena a zapaterismo tomar como símbolo metafísico de conjunción interplanetaria de civilizaciones la expresión "del barbero, no el de la albarda, sino el otro": "-¡Oh Caballero de la Triste Figura! No te dé afincamiento la prisión en que vas, porque así conviene para acabar más presto la aventura en que tu gran esfuerzo te puso. La cual se acabará cuando el furibundo león manchado con la blanca paloma tobosina yoguieren en uno, ya después de humilladas las altas cervices al blando yugo matrimoñesco; de cuyo inaudito consorcio saldrán a la luz del orbe los bravos cachorros, que imitarán las rumpantes garras del valeroso padre". "Manchado" es el individuo de la región geográfica de la Mancha. Todas las citas de "La Mancha" en el resto de las obras fuera del Quijote, se refieren explícitamente a un territorio físico no metafísico ni cabalista. En "La gitanilla" se describe el itinerario: "Dejaron, pues, a Estremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia". Ni siquiera "manchado de sangre" alude a genética alguna. Véase en "El rufián dichoso" o en "El celoso extremeño".

No se puede andar a la caza cabalística del criptojudío, y cobrarse la pieza de don Miguel de Cervantes Saavedra, quien hace morir a su personaje "después de recebidos todos los sacramentos", diciendo desta suerte: "Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno". "Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él y confesóle". "Hallóse el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote". Mal negocio es interpretar el viejo apodo "de la Mancha" que llevaba de loco, como supuesta condición previa de judío, y el bautismo definitivo de "el Bueno" y cuerdo, como su condición de cristiano nuevo.

La expresión en boca del cautivo "En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje" aunque tuviera como trasfondo la referencia al topónimo Cervantes, listado en los libros de "Rentas y Derechos reales" del siglo XVI como perteneciente a "Tierra de Sanabria", no desacredita la realidad de que este apellido lo llevaban familias cristianas muy antiguas, antes de que existiera esa localidad y aparte de ella. Algún miembro de la rama Cervantes, castellano del centro y del sur había llegado a cardenal legado del Papa, muy activo en Europa dos siglos antes de don Miguel. Y no fue el único cardenal "Cervantes" anterior al ingenioso hidalgo. Sin entrar en las mucho más antiguas formas léxicas de la denominación en cristiano de "Cervantes". De dos mil documentos acreditados como originales sobre los ascendientes del autor de "El Quijote", ninguno hace mención a territorio al norte de Valladolid, antes bien bien, explícitamente a la región geográfica de La Mancha. No está demostrado que el último ascendiente judío en la familia de don Miguel de Cervantes, no fuera la suegra de San Pedro.

La interpretación cabalista de El Quijote es un magreo mental. Inventarse el que sea un libro escrito en hebreo con caracteres latinos, como fantasea Dominique Aubier, quien luego hace del mismo Quijote un Corán codificado, es un delirio esotérico. Integra la cohorte propagandista de Abraham Haim el iluminado don Leandro Rodríguez venido de la calvinista Ginebra que hizo arder a Miguel Servet, cristiano descendiente de judíos convertidos, y autor de "La restitución de la fe de Cristo, nuestra justificación". El cabalista y cabal sanabrés de Porto en Sanabria, bien podía atenerse a la advertencia del ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes contra el falsificador de su obra: "a quien advertirás que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja {se entiende Tordesillas, pero aquí léase "Sanabria"}, haciéndole salir de la fuesa donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo". Y sobre los cabalistas andantes falsarios dejó escrito con acerada lengua: "–Ya yo tengo noticia deste libro –dijo don Quijote–, y en verdad y en mi conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos, por impertinente; pero su San Martín se le llegará, como a cada puerco". Cervantes dixit.

"-¡Oh la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe! ¿Cómo que será posible, serenísima Casildea de Vandalia, que has de consentir que se consuma y acabe en continuas peregrinaciones y en ásperos y duros trabajos este tu cautivo caballero? ¿No basta ya que he hecho que te confiesen por la más hermosa del mundo todos los caballeros de Navarra, todos los leoneses, todos los tartesios, todos los castellanos, y finalmente, todos los caballeros de la Mancha?" Los caballeros leoneses son distintos de los caballeros de la Mancha, como es el Ingenioso hidalgo don Quijote de la. Según dice expresamente: "que yo soy de la Mancha".

Solo aplicando una hermenéutica paranoica de decir que Cervantes no dice lo que dice y que dice lo que no dice, se puede decir que Cervantes no se identifica como sincero cristiano católico. Con esa atrabiliaria hermenéutica de cabalista andante, como lo que no dice el texto es todo menos lo que dice, se le puede hacer decir cosas "tan lejos de ser verdaderas como lo está la mesma mentira de la verdad".

Con términos del ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes queda descrito el afán por hallar secretas interpretaciones y encantamientos en El Quijote: "y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo", "y con todo esto no más verdadera que los milagros de Mahoma".

Atiéndase a la dogmática sentencia cervantina: "La historia es como cosa sagrada; porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos". En otras palabras: "una caterva de encantandores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto".

"Si nuestro señor don Quijote resucitara y volviese a esta su España, andarían buscándole una segunda intención a sus nobles desvaríos", dice el ingenioso hidalgo don Miguel de Unamuno. Segundas, malas e innobles intenciones, como apostillaba el quijotesco angustiado.

Aparte de "El Quijote", en el papel de "el judío" en "Los baños de Argel", puede que el público cristiano de entonces entendiera la fidelidad del judío con su religión, cuando rehúsa el trabajo en sábado, y comprendiea lo mal que hacían el viejo y el sacristán robaniños tratándole de "perro judío, gente afeminada, circunciso infame, de rostro mezquino y de pobrete". El cachondeo de la escena siguiente a cuenta del legalismo del judío de la cazuela, "descendiente de Abacú", al que el sacristán (considerado por el judío "ruina de nuestra judería") increpa con desahogos hoy políticamente incorrectos, descarta todo profundo sentimiento criptojudío del alma del autor: "Señor, haga / Que este puto judío dé, siquiera, / El jornal que he perdido por andarme / Tras él para robarle este hi de puta". Todas las menciones de los judíos en la obra de Cervantes son denigrantes. Y no porque tuviera necesidad de tales desahogos el autor para captar la benevolencia del público, ni presumir de cristiano viejo ante la Inquisición. O es que quizá sean alabanzas, según "el del Bosque": "¿Cómo y no sabe que cuando algun caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: '¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!?"

En el relato de "El amante liberal" el "codicioso judío" mercader de esclavos, sin que se diga que fuera sefardí, despechado, entra a vender una hermosísima cristiana cautiva, llamada Leonisa, que él había comprado a los turcos, y por cuya adquisición se disputan Alí, Hazán y el Cadí en Chipre. Así dice la arenga del libre cautivo en "Los trabajos de Persiles y Segismunda": "que todas estas son palabras y razones turquescas, encaminadas a la deshonra y vituperio de los cautivos cristianos: llámanlos de judios, hombres de poco valor, de fee negra y de pensamientos viles, y, para mayor horror y espanto, con los brazos muertos azotan los cuerpos vivos". Son judíos hospederos y algo más, en Roma, Manasés, Abiud y Zabulón de quien dice: "a un judio dádivas o amenazas le hacen prometer y aun hacer imposibles" "También topé, dijo el viejo, en una casa de posadas, en la calle de Tintores, al Judío, en hábito de clérigo {disfrazado para engañar}, que se ha ido a posar allí por tener noticia que dos peruleros viven en la misma casa, y querría ver si pudiese trabar juego con ellos".

Es un hecho almenos de lingüística general, si no también de semantica, el que Cervantes en "El Quijote" sustituye el término "judío", por el término "Judas", en la expresión "créalo Judas!", variación del "credat iudeus Apella, non ego" en la sátira de Horacio, y es un hecho almenos lingüístico el paralelismo de la expresión "el codicioso judío", con la de "el codicioso Judas", apelativo eufemístico de "demonio" en: "el mesmo Judas, que te lleve". Sin más cábalas.

Otras apariciones del elemento judío en la obra de Cervantes son igualmente disuasorias de percibir "el silencio de un alma judía" oprimida por la Inquisición, como malévolamente cacarea el pansefardista Abraham Haim, a quien vienen en apoyar los retorcidos hermeneutas empedernidos cabalistas advenedizos cervantinos, y a quienes nada hace descabalgar de sus sinrazones, si dan conferencias, crean renegados, y venden libros.

Es asombroso el celo de estos nuevos inquisidores cabalistas a la caza de judíos en España, que sometiendo su texto a tormentos condenan a Cervantes como judaizante para quemarlo en aras de su propio afán de fama y de proselitismo.

"El Quijote" es el texto más anticabalista de la literatura universal. El tema focal de "El Quijote" es la locura de tomar la ficción como realidad, y la locura de tomar la realidad como ficción, mientras que la cordura es el reconocimiento de la realidad de veras, sin embustes, como base del pensamiento y de la vida.

Ojalá un día se les asiente el seso, reconozcan su desvarío y vuelvan en su natural cordura: "Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje, ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería, ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído, ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las abomino". Antes era el manchado loco, ahora es Alonso el Bueno.

En la portada de mi web pongo un recuadro titulado "Sofia al día" donde incluyo críticas sobre los que se presentaron en el Congreso en Zamora por la reconquista de Sefarad, blandiendo llaves ferruginosas, genes enmohecidos, y saberes secretos de cabalistas andantes hacedores de entuertos en busca de notoriedad.

No me da más mi cabeza para seguir la fantástica guía rural de la Sanabria quijotesca, ya que mi gusto está en vagar como solitario andante por la Majada de Trefacio oyendo solo el roce del aire, el crujir del brezo a mi paso, o siguiendo el lento vuelo del aguilucho al acecho del lagarto sanabrés.

Un saludo, don Leandro, natural de Porto Epias en Sanabria, Zamora, España.

Bernardo Alonso Alonso

Zamora 23 de julio de 2013.

alonSofia.com

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