Bibliografía. Anexos




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Planteamiento de estrategias para enfrentar la problemática planteada. Establecimiento de prioridades.

Se desprende de lo dicho anteriormente, que sería ingenuo pensar que “desde la planeación urbano-territorial se puede “derrotar al sistema”, aunque si se puede optar por

la generación de estrategias para enfrentar esos problemas. Por lo tanto se requiere:

Distinguir los problemas vinculados directamente con la planeación territorial –y que pueden ser enfrentados con la aplicación de acciones de ésta- , de aquellos que tienen una causa socioeconómica e incluso política, o simplemente “externa” a la planeación, para poder establecer los ámbitos de las estrategias a seguir.


Efectos ambientales y urbanos de acciones puntuales en un sector de la ciudad.

Esquema o modelo conceptual para la detección de la problemática ambiental o ecosistémica de acciones puntuales en la ciudad.

Tipo de contaminación: atmosférica.

Fuentes de la contaminación: emisión de vehículos automotores, emisión de fábricas textiles, plantas químicas, refinerías

Naturaleza de los elementos contaminantes: Bióxido de Carbono, etc.

Receptores de la contaminación: Seres humanos, el conjunto de los seres vivos, etc

Efectos en la salud humana: enfermedades respiratorias, del sistema nervioso, otras

Efectos en otros seres vivos:

Distribución de la contaminación en el sector

Otros efectos

Distribución de la contaminación en el área del sector

Tipo de contaminación: hídrica

Receptores de la contaminación: cuerpos de agua: lagunas, rios, arroyos, mantos freáticos, etc.,

Fuentes de la contaminación: fábricas, desagües domésticos, otras instalaciones, etc.

Naturaleza de los elementos contaminantes: desechos industriales, detritus, etc.

Efectos en la salud humana: enfermedades gastrointestinales, envenenamiento, etc

Efectos en otros seres vivos: patologías de todo tipo, procesos degenerativos, etc., etc.

Distribución de la contaminación en el sector: areas contaminadas, etc.

Tipo de contaminación: visual. Fuentes. Anuncios, imagen urbana caotica, etc.

Proyecto Urbano y “proyecto de ciudad”.

1.-Cuando nos proponemos abordar la problemática del desarrollo urbano y el diseño de un sector de la ciudad, ante la aguda problemática urbana, edificatoria y de planificación de las grandes ciudades de México y América Latina, la vinculación de las concepciones y las prácticas del Proyecto Urbano con las del Desarrollo Sustentable, puede ser eficaz si se lleva a cabo a través de acciones estratégicas, implicadas en una política democrática, de participación social.


2.-Para lograr viabilidad y eficacia de las propuestas de Proyecto Urbano abordado, se requiere vincular la problemática de éste, con la de la ciudad en su conjunto, y asumir la convicción de que ambas problemáticas pueden ser compatibles.

3.-Este planteamiento de la vinculación del proyecto urbano con el “proyecto de ciudad” puede adquirir trascendencia si se orienta con una estrategia adecuada.

4.-La epistemología constructivista es la adecuada para la realización de análisis integrados en la caracterización de la complejidad urbana, y forma parte del actual rebasamiento cognoscitivo en el ámbito de los estudios urbanos.

De estas hipótesis se desprende que para enfrentar la problemática del Proyecto Urbano, se requiere conocer la de la ciudad en la que se encuentra.

En consecuencia, si ubicamos en la ciudad de México nuestro objeto de estudio y de transformación, nos preguntamos, en primer lugar:

¿Cómo definiríamos en grandes líneas la problemática de la ciudad de México a fines del siglo XX y principios del XXI.? ¿Cuáles han sido los efectos de la denominada globalización y las políticas neoliberales?

Iniciaremos por plantear aquellos problemas que llamamos “duros” o “principales”:12

Caos funcional, déficit de vivienda, equipamiento y servicios.

Aguda segregación socio espacial, coexistencia de sectores de calidad de vida diferenciada pero presencia abrumadora de sectores tugurizados (cerca del 60%.) Deterioro diferenciado de extensos sectores del parque construido,

Caos funcional, déficit de vivienda, equipamiento y servicios.

Deterioro patológico de los ecosistemas en los cuales se ha llevado a cabo el desarrollo urbano, así como de su cuenca ecológica, y una extensiva “huella ecológica” en comarcas y lugares lejanos.

Altos niveles de contaminación atmosférica, hídrica, edáfica, visual y auditiva. La primera ha llegado a niveles patológicos al haberse rebasado la capacidad de carga de los ecosistemas correspondientes. Nos lleva a los procesos tecnológicos. En los otros casos se padece ya la tendencia a ese rebasamiento.

Vulnerabilidad ante eventos naturales (sismos e inundaciones) y en algunos sectores densamente pobladas, la producida por la presencia de innumerables instalaciones y ductos peligrosos.

Naturalmente, esa problemática en su conjunto implica baja calidad de vida de la mayoría de los habitantes de la población e insustentabilidad de su desarrollo.
Esta problemática se ha ido constituyendo en el proceso de construcción, transformación y funcionamiento de la propia urbe. En otras palabras. se debe a la formas históricas con las que se ha construido la ciudad

Esto quiere decir que para esclarecer con profundidad las características de nuestra urbe, se tendría que llevar a cabo la historia de la construcción de la ciudad, considerándola como un sistema complejo. Para lograr este objetivo, se tienen que identificar los siguientes ejes históricos, para hacer posible esclarecer sus intervinculaciones e interdefiniciones:

1-La historia territorial, en lo que se refiere a la forma de la ciudad, usos del suelo, estructura urbana –incluida la constitución e interrelaciones de los sectores y barrios-, densidades y modalidades de expansión y movilidad. Las formas construidas, carácter de sus edificaciones, infraestructuras, etc.

2.-Historia de la ciudad como ámbito de acción –visto este desde la visión de la complejidad, es decir no se trata de un simple “soporte”- de las actividades productivas y como producción de la ciudad misma. Transformaciones que se han dado particularmente en las últimas décadas: intensificación de las inversiones trasnacionales, puestos intermedios de los centros de decisión de las redes (terciarización para la globalización,) modificación de las inversiones “tradicionales” o locales. Incremento y extensión de la economía informal. Los complejos efectos en el territorio urbano de todos estos procesos.

3.-La historia sociodemográfica, cultural y política. Esta última es de gran importancia ya que incluye a los actores sociales y sus múltiples y complejas interrelaciones. Implica el reconocimiento del enfrentamiento cultural-ideológico de la ciudad heredada y la que va construyendo la modernidad. Asimismo, implica poner a flote el carácter ideológico de los diversos grupos e instituciones que intervienen en la construcción y transformación de la ciudad. Podríamos decir que a través de esto, “chocan” varios proyectos de ciudad, -que incluyen a los procesos de planificación y los de prefiguración y diseño- y aquello que constituye el imaginario colectivo y las identidades”.Impacto complejo de la ideología de la globalización”. Transformación de la cultura urbana (Cantú Chapa, Tena, S. Urrieta)

4.- La dramática historia ambiental de la capital de la república, y los efectos en la calidad de vida de la población. Reconocer la transformación de los ecosistemas lacustre del Valle de México, sus diversas etapas, hasta la actual tendencia a la desertificación. Incremento patológico de las diversas formas de contaminación, Emergencia de algunos esfuerzos de recuperación que se han intentado.


Figuras 16 y 17: Esta recreación en computadora que muestra una vista aérea de los diversos lagos que rodeaban a la Gran Tenochtitlan en 1519, se hizo gracias a la publicación  en la portada de la revista Construcción Mexicana, que reprodujo en 1976  la maqueta construida para ilustrar el trazo del Sistema de Drenaje Profundo de la Ciudad de México
Figuras 18: Esta es la imagen que apareció en la revista Construcción Mexicana de 1976, que mostraba el grado de desecación del Lago de Texcoco en esa época, Para darle más claridad a la situación  de la gran zona metropolitana del Valle México en los años setentas, se muestra el trazo de algunas avenidas principales y del Circuito Interior. También se sitúa el Aeropuerto Internacional, la Base Aérea de Santa Lucía y el proyecto de Aeropuerto Internacional de Zumpango, que nunca se construyó a pesar de estar publicados los decretos de expropiación en el Diario Oficial.
Figura 19: Esta vista de la zona metropolitana del Valle de México en la época actual, es similar a la anterior pero mostrando el proyecto del Aeropuerto Internacional de Texcoco, que finalmente y al igual que el de Zumpango fue cancelado por problemas de índole social.

5.- La historia de las tecnologías utilizadas para la construcción, transformación y mantenimiento de la ciudad, y de manera especial las de la Informática y la Comunicación, que cobran particular importancia en los procesos de globalización. Asimismo, conocimiento de los efectos sociales y ambientales de la tecnología.

Al mismo tiempo, se requiere el reconocimiento de los principios siguientes, propios de la epistemología constructivista:

Cada uno de estos procesos tiene su “historia propia”, que está vinculada con la historia de los otros, a tal grado que en su conjunto, esos vínculos conforman la historia global de la ciudad de México. El problema epistemológico reside en descubrir de que manera los procesos de globalización –o de planetarización del capitalismo- influyen en cada uno de esos procesos y en todos ellos en conjunto. Seguramente, a esto se refiere Wallernstein cuando habla de la necesidad de abordar a la historia como un sistema complejo (Wallernstein, 1995)

1.-Distinguir entre los procesos que inciden en el territorio urbano, y que desde cierto enfoque, son externos, de los procesos específicamente urbano-territoriales. (Alvarez Mora, 2000). De todos modos y reiterando, ambos están vinculados con diversos niveles e intensidades: la “producción” del suelo urbano incluidas las infraestructuras tiene una lógica económica, sociopolítica, ideológica, de prefiguración y planeación que debe ser especificada.

2.-De acuerdo a la epistemología mencionada (R. García, F. Tudela) –y recurriendo a la estrategia macro-micro- no hay una relación unívoca o lineal entre los procesos socioeconómicos, los ambientales, los tecnológicos, culturales y políticos y los territoriales, aunque algunos de ellos (como los económicos y los políticos tengan una mayor intensidad e influencia sobre otros, al menos en la inmensa mayoría de los análisis urbanos realizados hasta ahora),

3.-Ya se trate del sistema en su conjunto o de cada uno de los subsistemas no se puede afirmar que cada etapa histórica está determinada unívoca por las etapas anteriores. Como lo afirma Tudela, siguiendo a Rolando García: “esa consideración sería incorrecta en la medida en que supusiera un determinismo absoluto por parte de las situaciones antecedentes. Una relativa aleatoriedad es inevitable, ya sea en las oscilaciones normales de los elementos del sistema en su fase estable, o, sobre todo, en la recomposición de su nuevo estado estable después de su desestructuración.” (Tudela, 1992).

4.- Es necesario reconocer la discontinuidad como inherente a la historia de la interacción entre los sistemas sociales, ambientales, territoriales, etc. No se puede concebir una linealidad única, ya que los sistemas se van estructurando y desestructurando de manera compleja. Por ejemplo, los cambios de usos del suelo, no corresponden inmediatamente a las transformaciones en los procesos tecnológicos y viceversa; las transformaciones ambientales tampoco se expresan inmediatamente en cambios culturales y en territoriales, y así sucesivamente. Y sin embargo, todos ellos están vinculados. Y todos ellos se determinan mutuamente. Aquí –y mediando el interés que se tenga en la investigación- el problema es descubrir la medida e intensidad de las distintas interdeterminaciones.

Con esta estrategia -también denominada constructivista- apenas aquí esbozada, podremos abordar la construcción de nuestro sistema complejo, por medio de aproximaciones sucesivas –y con los mencionados análisis macro- micro- que son inherentes a esta epistemología.

El Área Metropolitana de la Ciudad de México y la globalización. Primera aproximación

La clave para armar nuestro sistema complejo: la implicación del AMCM en los procesos de globalización, consiste en el planteamiento de preguntas que ya requieren una respuesta compleja. Unas se refieren a las características generales del proceso de modernización urbana en la ciudad de México, ya que es necesario conocerlo al menos en sus líneas fundamentales. Dentro de estas preguntas implicamos a los “efectos” o implicaciones de los llamados procesos de globalización, mismos que los estudiosos ubican de los años ochenta a la fecha, lapso en el cual se intensifican las políticos neoliberales, en el entendido de que en ambos casos nos encontramos dentro de los procesos económicos, en el desarrollo del Sistema Mundial del capitalismo.

Vayamos a las preguntas: ¿Cómo ha cambiado el territorio –en cuanto a “forma” y “contenido”- de la ciudad de México a lo largo del siglo XX y principios del XXI? ¿Qué ha acontecido, que tipo de procesos han ocurrido y de que manera se han interrelacionado para que la capital de la República Mexicana se haya convertido durante el siglo pasado, de una ciudad tranquila -asentada en la “región más transparente del aire”- de apenas de 345 000 (1900) habitantes, en 2700 has., al actual monstruo metropolitano, altamente contaminado segregado y vulnerable- que no solamente ocupa una basta superficie del Distrito Federal sino que ha conurbado 43 municipios del estado de México y uno del estado de Hidalgo, y que cuenta con poco más de 18 millones de personas ? ¿Qué ha acontecido, en ese transcurrir del siglo veinte y en los inicios del veintiuno con la cultura urbana? ¿Cual ha sido la naturaleza de los procesos “modernizadores”, en sus múltiples aspectos y cuáles han sido los cambios en la planeación urbana y en las acciones dirigidas a la transformación de la ciudad, que no han logrado la elevación continua de las condiciones de vida de la mayoría de la población?

Y, naturalmente, ¿Los años ochenta han sido un punto de inflexión en estos procesos, se han dado nuevos procesos, o los anteriores se han intensificado, han cambiado de carácter y si es así, en que medida?

Para plantear una primera aproximación, a estas cuestiones y tomando en cuenta el nivel en que se encuentran los estudios acerca del problema, intentemos una respuesta inicial:

Es conocido y estudiado con cierta amplitud, que el Área Metropolitana de la Ciudad de México –por llamarle así, de momento -, durante el siglo XX ha pasado por todas las categorías espaciales que menciona Álvarez Mora: de una “ciudad compacta” –con trazo en damero- a un conjunto de territorios dispersos”, “difusos”, de varias periferias, y de un conjunto de centralidades, proceso que entre otras cosas ha modificado el papel funcional del centro tradicional, aunque –como lo R. Cantú Chapa, bajo el influjo de la crisis económica y social, así como a la apertura de la democracia y la presencia de la alternancia política, el centro histórico tradicional (el “Zócalo”) ,y un conjunto de arterias principales, ha acentuado notablemente y le ha dado un giro a su carácter político-popular, acercándose, en ciertos momentos, a lo que J. Borja denomina “ciudad conquistada” Asimismo, Ricardo Tena “diversidad cultural de las practicas urbanas”.

Notas para la historia del Proyecto Urbano en América Latina, y para el conocimiento de la ciudad latinoamericana.

El Plan de Mejoramiento del Barrio de Tepito, ciudad de México.

Presentado al Concurso de la Unión Internacional de Arquitectos, en Varsovia 1981.

Esta propuesta, considerado el primer Proyecto Urbano de México -y quizá de América Latina- fue realizado por un conjunto de estudiantes y profesores del Taller-5, del “Autogobierno” de la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México13. El Proyecto, presentado como Plan de Mejoramiento. Barrio de Tepito, fue solicitado por un conjunto de organizaciones sociales del barrio y de la ciudad de México ante la echada a andar de un plan urbano del Estado, dentro de una estrategia de Erradicación de la “herradura de tugurios” del centro de la ciudad de México. Los principios y paradigmas del urbanismo en nuestro país se encontraban en ese momento en el resquebrajamiento de las implantaciones de los grandes conjuntos habitacionales, de corte funcionalista, en los cuales se aplicaba el urbanismo bulldozer, y que se pretendía seguir realizando por parte de las autoridades.

El último gran ejemplo construido de este tipo de conjuntos, había sido la gigantesca Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco (mediados de los años sesenta), que era un sembrado de bloques horizontales alargados de diversas alturas -entre cuatro y dieciséis niveles- con la tipología de edificios sobre pilotis, así como algunas torres de una veintena de niveles. A la manera de ese tipo de urbanismo y de arquitectura, en un territorio enclavado en barrios tradicionales de la ciudad de México y que fue objeto de demoliciones para dejarlo limpio, se realizó una operación de construcción de supermanzanas para alojar este sembrado de edificios, como una versión semitropical de la “Ville Radieuse” lecorbusiana, tal como acontecía, por cierto y a diversas escalas, en multitud de ciudades latinoamericanas. Con una capacidad para 90 000 personas, alojadas en 16 000 departamentos, se proclamaba que con tal forma de construcción se resolvería el agudo problema de la vivienda en la ciudad de México, al mismo tiempo que se “sanearía” en poco tiempo la ciudad, con la erradicación de los barrios de tugurios de ese “cinturón de miseria” de la capital del país.

El barrio de Tepito se encuentra en las cercanías de la Unidad Tlatelolco, en su parte sureste. Debido a esa ubicación, la descomunal operación urbana funcionalista, llenaba de temor a sus habitantes, ya que significaba la ruptura de su vida cotidiana, dedicada tradicionalmente al comercio, gran parte del cual se realizaba en sus calles y plazas -y aún ahora es así-, a la manera de tianguis, alrededor de sus viviendas7. Asimismo, buena parte de la población se dedicaba, como ahora, al trabajo en pequeños talleres, así como a la realización de múltiples actividades sociales, culturales, deportivas, etc., fuente del comercio informal, de boxeadores campeones, y de algunos grupos dedicados a actividades “ilegales”, este barrio lleno de vecindades y de actividades comunitarias, que tiene un origen que se remonta a la época prehispánica, se sintió amenazado con la limpieza que la celeridad del despojo que se pretendía hacer de su fabulosa y legendaria mixtura.

Los integrantes del mencionado Taller-5 de la ENA-UNAM, realizaron una investigación de naturaleza integral directamente en el territorio del barrio y con la interlocución constante con los habitantes y las organizaciones de éste. Los objetivos constituían la antípoda del urbanismo bulldozer funcionalista. Se perseguía ahora, fundamentalmente, no destruir sino conservar las formas de vida cotidiana del barrio, incluidas el trazado urbano, las tipologías de la vivienda y en general del parque construido, preservar sus actividades productivas y socioculturales.

Se llevó a cabo un amplio estudio urbanístico, en el que se vinculó la problemática del barrio con la de la ciudad de México y se demostró que el Plan del Estado, iba a agravar aún más el deterioro social del sector, sobre todo al tratar de eliminar la mixtura de éste y disminuir grandemente las actividades productivas locales: con ello se produciría un descenso de la economía barrial y popular, baja de los ingresos, deterioro de la vivienda, y naturalmente, expulsión de parte de la población.

El PLAN que se realizó por parte de la Universidad, fue considerado por sus autores -que eran realmente las organizaciones sociales del lugar y sus expertos- comoInstrumento de lucha de los tepiteños para cambiar de casa pero no de barrio: vinculación. “Tepito para los tepiteños”.

Sobre la base del respeto a su trazado urbano, el plan se propuso conservar la mixidad del uso del suelo, y un conjunto de programas integrados:

1.- Economía. 2.- Vivienda. 3.- Equipamiento. 4.- Medio Ambiente.

En lo que respecta a la Economía, se propuso, como decíamos, conservar las actividades productivas actuales, incluidas las tradicionales, como talleres artesanales, y en el caso del comercio, el realizado en las calles y los Tianguis.

Después de un estudio exhaustivo de las condiciones de la vivienda, se propusieron varios programas:

a.- Atención a vivienda de emergencia,

b.- Mejoramiento de vivienda

c.- Rehabilitación de vivienda

d.- Ampliación definitiva de casas habitación

e.- Vecindad Nueva,

f.- Vecindad Nueva en Tianguis.
Se distinguen varias características en estos programas: a.-La vivienda -como por cierto todos los géneros de edificio del “Plan Tepito”- no se conciben de manera aislada, sino integrada no sólo con el conjunto del parque construido sino con la comunidad. b.- Las viviendas tienen una vinculación estrecha con el espacio público, calles y plazas, portales, comercio y otras actividades productivas. c.- Las tipologías de las viviendas, son las de la vivienda tradicional, la vecindad, cuyos elementos fundamentales son crujías de viviendas compactas y en hilera, alrededor de un patio, escalera central en caso de dos niveles, zaguán, -espacio cubierto que establece la vinculación del exterior con el interior-,servicios comunes de lavaderos y baños. En cuanto a las fachadas, se hicieron propuestas con base a cuidadosos análisis de imagen urbana procurando la conservación de la tipología tradicional.

Las propuestas referidas al Medio Ambiente, consisten en programas de arborización de espacios públicos -calles y plazas-, higienización del entorno, así como a la conservación de edificios patrimoniales. Aunque hay que aclarar que el tratamiento general, conceptual y de realización considera a todo el parque construido como patrimonio.

En lo que respecta al Equipamiento, se hace un análisis de lo existente: en cuanto a servicios educativos, de salud, deportivos, etc., y aunque se reconoce que tienen cierto nivel de cobertura, se estiman los déficit y demanda, para proyectarse de acuerdo a las características y normas generales del Plan.

Es de resaltarse el impulso a las actividades culturales barriales, de manera especial a las artes plásticas y el desarrollo del muralismo, como es el caso del trabajo que realiza Tepito Arte Acá. Este grupo, logró incluso el reconocimiento internacional como productor de un arte urbano arraigado al barrio. (Ver plano ).

Indudablemente, un hecho significativo es que el Plan fue suscrito, junto al Taller-5 de Autogobierno de la UNAM, por las organizaciones sociales y barriales implicadas en él.

¿Cual fue la suerte de este proyecto? Si bien, no se realizó en el territorio, su planteamiento y vinculación con los grupos sociales, impidió que el gobierno impusiera su urbanismo bulldozer y funcionalista. Al mismo tiempo, constituyó un detonador para la transformación de las ideas y las prácticas convencionales, a tal grado, que cuando se presentó la emergencia de la reconstrucción de más de 40 000 viviendas colapsadas -la mayoría de ellas en el centro histórico de la ciudad de México- por los sismos de 1985, se aplicó, literalmente el lema “cambiar de casa pero no de barrio” y no se procedió a la construcción de las acostumbradas “unidades habitacionales”.

Cabe, finalmente, reconocer que había ya circunstancias propicias para el destino del proyecto: el denominado Movimiento Urbano Popular (MUP), se encontraba en auge, y como lo apunta F. Tomas, se daba ya el desaliento de los inversionistas inmobiliarios para llevar a cabo más “Tlatelolcos”. (Tomas, 1998.)

Al mismo tiempo, y no es poca cosa, el Plan Tepito constituyó un parteaguas en la manera de concebir la ciudad, un primer intento de abordar la problemática barrial de manera integral, y aunque no se utilizan los términos “Proyecto Urbano” y “Sustentabilidad”, -ya que ni siquiera se habían acuñado en ese sentido- tendía a la sustentabilidad integral del sector. En fin, como lo he asentado, el Plan Tepito de Autogobierno de la UNAM, abre las puertas al Proyecto Urbano en nuestro país.
El V Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL)

Si bien al “Proyecto Tepito” * (Ciudad de México, 1979-1981) lo podemos considerar como una de las primeras propuestas que se acercan a la naturaleza del “Proyecto Urbano” - por su carácter integral y la participación de los habitantes del barrio- es indudable que la realización del V-SAL, en Santiago de Chile en 1991, representa una muestra latinoamericana de gran interés, para enfrentar el deterioro y la transformación de nuestras ciudades. En efecto, en este evento se confrontaron propuestas de intervenciones morfológicas urbano-arquitectónicos, con proyección al año 2011, en sectores específicos de un buen número de ciudades latinoamericanas. Al mismo tiempo, se abrió una sección de Teoría, Historia y Crítica de la Arquitectura, para que se presentasen en ella ponencias con el tema de la ciudad latinoamericana y, naturalmente, pensamientos acerca de las acciones proyectuales en ellas.

La Convocatoria:

Es indudable que una correcta valoración de la Convocatoria del V-SAL tiene que pasar por una caracterización del SAL mismo. Hay que reconocer que se trata de un movimiento representativo del pensamiento de arquitectos latinoamericanos, que desde ángulos diversos, están preocupados por la identidad de nuestra arquitectura. Los sucesivos Seminarios (Buenos Aires, 1985, Manizales, 1987, Tlaxcala, 1989, Santiago de Chile, 1991, Caracas, 1993, Sao Paolo, 1996, Lima 1999, San José Costa Rica, 2001, Montevideo 2003) así lo demuestran. (por cierto, el SAL del 2005 se realizará en Oaxtepec, México). Naturalmente, esa preocupación, ha tenido altibajos, no pocas vicisitudes y “puntos de inflexión”14.

Uno de esos “Puntos de Inflexión” es el SAL de Santiago de Chile. ¿Por qué?, Porque a juicio de los convocantes, en el evento de Santiago se tendría que dar un giro necesario: la de pasar de las proclamas, discursos y reflexiones teóricas acerca de la identidad de la arquitectura latinoamericana, a la realización de propuestas. Y estas propuestas serían, ni más ni menos, como lo hemos indicado, de transformación morfológica de trozos o sectores de ciudades específicas.

Es de destacar que si bien en los SAL anteriores la problemática de la ciudad- sobre todo la referida a los procesos de periferización depauperizada- estuvo presente, en este Seminario, se parte del reconocimiento del “ostensible deterioro de la calidad del espacio urbano en nuestras ciudades en el último medio siglo, a la vez que la toma de conciencia de la importancia de este asunto en las recientes décadas (V- SAL, 1991.)

Es también interesante que se reconozca el carácter multidisciplinario de los “temas urbanos”, aunque lo que se solicite sea una propuesta que aborde “las variables propiamente morfológicas” (V-SAL, 1991). De todos modos, es destacable que se parta de la aceptación de la inoperancia de los principios del Movimiento Moderno, pero sobre todo que se distinga la labor del arquitecto como diseñador o creador de una obra individual y del significado que tiene la construcción de la ciudad, como “acuerdo colectivo”: La calidad de una obra de arquitectura depende entre otros factores de la capacidad artística de su “arquitecto”, capacidad que es en alto grado inasible en términos racionales. No ocurre lo mismo con la calidad del espacio urbano, que siempre es resultante de algún modo de acuerdo colectivo”. (V- SAL, 1991.)

Junto a esto, se señala el descuido o falta de interés por parte de los arquitectos, al respecto del espacio urbano, y por ello señala que no se tienen, por parte de estos profesionales, posturas claras en la amplia diversidad de situaciones urbanas concretas de nuestras ciudades latinoamericanas.

En virtud de esas consideraciones, la Convocatoria indica que “cada país deberá presentar propuestas escogidas de entre las siguientes situaciones prototípicas”:

A.- Área de ciudad antigua con trama urbana existente con base de fachada continua

B.- Área de ciudad existente, con trama urbana tipo ciudad jardín.

C.- Área de ciudad existente con edificación aislada de altura media.

D.- Área de ciudad existente con características de periferia marginal.

La respuesta fue representativa: más de 25 proyectos (publicados en la memoria) de 14 países. Asimismo, fue presentado un significativo conjunto de reflexiones acerca de la ciudad latinoamericana.

Creo conveniente iniciar con la caracterización de la reflexiones teóricas, de manera sintética.

La primera cuestión se plantea alrededor de la preocupación acerca de la “especificidad de la ciudad latinoamericana”, sobre todo con respecto a las características de los países “desarrollados”.
En este sentido, la pregunta de base fue:

¿Hay rasgos -y procesos- que identifican a la ciudad latinoamericana?

La segunda cuestión, absolutamente ligada con la primera y con el carácter de la convocatoria es la del tipo de “acciones a realizar en las ciudades latinoamericanas para enfrentar la baja continua de la calidad de vida, las carencias, la segregación espacial y otras “patologías”, propias de nuestros procesos de modernización “tercermundista” o subordinada.

La naturaleza de las respuestas estuvo determinada por la influencia del pensamiento dependentista y el reconocimiento de la posición de subordinación de nuestros países, con respecto a los desarrollados.

Naturalmente, vista a la luz de los noventa, esta cuestión se trata ya en este Seminario bajo la presencia de las tesis de la globalización y en consecuencia, de las nuevas características del mercado mundial. Con ello, la problemática de la modernidad y de la identidad cobra nuevos tintes y se tornan aún más polémicas.

Al mismo tiempo, se hizo presente la transformación del “marco epistémico” para la construcción de la ciudad como “objeto de estudio”, a través de un abandono decidido de los paradigmas funcionalistas y reduccionistas, para acercarse al pensamiento sistémico. El reconocimiento de la complejidad creciente de nuestras grandes ciudades y de la cada vez mayor pobreza y segregación espacial ha sido fundamental para que se asuman estas posiciones.

Con respecto a la caracterización de las ciudades latinoamericanas, aquí destacaré una de las más significativas, la contenida en la ponencia. “Requiem para la plaza y la fábrica, notas sobre la metrópolis contemporánea en América Latina”, del argentino Francisco Liernur. Este autor, al final hace una propuesta, con lo cual cubre la segunda cuestión planteada.

Advirtiendo el crecimiento de la pobreza y la marginación de nuestras ciudades, este autor asume primero una caracterización de las metrópolis bastante extendida ahora, sobre todo en los círculos que le dan primacía a los procesos económicos:

Podría definirse a la metrópolis como el espacio en el que adquiere mayor velocidad la circulación, distribución y consumo de bienes, los servicios y los hombres. Es cierto que pueden alcanzarse también velocidades relativamente altas en un territorio más amplio, pero esto depende de la existencia de adecuadas redes que canalicen esa circulación”.

Y refiriéndose a las ciudades latinoamericanas en la actual situación de globalización, afirma:

La incorporación a la Economía Mundo no trajo como consecuencia la construcción de una red subcontinental equilibrada de comunicaciones. Por el contrario, el auge de economías extractivas, generalmente de enclave o la sujeción a procesos industriales y flujos de capital provenientes de algunos países del Norte, sólo agregaron estructuras lineales, o en abanico, dirigidas hacia zonas y puntos de frontera, en casi todos los casos preferentemente marítima. Tampoco esta estructura ha sido sustancialmente modificada en los últimos procesos de reconversión parciales, pese a los esfuerzos de integración equilibrada del territorio nacional realizadas por algunas administraciones.”

Puede decirse en consecuencia que el flujo de bienes, servicios y hombres encuentra para su circulación en territorio latinoamericano considerables resistencias.

Es la existencia de esta resistencia territorial la que otorga a la metrópoli territorial un rol preponderante en la economía, especialmente cuando la velocidad de los flujos adquiere una aceleración creciente, mas allá de las disfunciones y los bloqueos que también pueden encontrarse en el interior de los propios artefactos urbanos”.

En fin,

Desde esta óptica es comprensible que la diferencia entre las metrópolis latinoamericanas y sus pares del Norte tienda a acrecentarse en la situación actual, en la que los desequilibrios territoriales se multiplican como producto de la articulación explosiva de crisis de la deuda y proteccionismo agrícola en Europa y Estados Unidos. La no resolución de la crisis de la deuda tiende a disminuir las inversiones infraestructurales que requería una búsqueda de equilibrio territorial, y por lo tanto estimula el flujo de población, servicios y bienes dentro y hacia las metrópolis, simultáneamente, el mantenimiento de los subsidios a la producción agrícola en los países europeos tiende a atenuar los contrastes entre vida urbana y vida agraria, poniendo al alcance de los productores agrícolas bienes que de otro modo serían inaccesibles y los obligaría a migrar a sus respectivas metrópolis para procurárselos”.
Y de manera contundente:

El resultado es la diferencia de dimensión y control de la calidad de vida urbana de todos conocida”.

Enseguida menciona dos “características cualitativas”. La primera, se refiere a la “inversión del modelo desarrollado”, y la segunda, que tiene relación con la “historia política de la región” y la necesidad de mantener regímenes que oscilan entre el autoritarismo y la representatividad frente al hecho de que una importante porción de la población es ajena al sistema productivo y al consumo de una importante cantidad de bienes, lo que dificulta el logro de consenso.

En cuanto a las manifestaciones físicas de otros procesos, subraya lo ya conocido: “Además de por sus mares de pobreza y sus guetos ricos, las ciudades latinoamericanas contemporáneas se caracterizan también por presentar el aspecto de palimcestos producidos por algún creador frenético, imaginativo y ciclotímico, que ha dejado impúdicamente a la vista sobre su tela sus pentimenti...”

Finalmente, la heterogeneidad de la ciudad latinoamericana es explicada así: “La debilidad del Estado, como expresión de los intereses de la comunidad, para hacer frente a las presiones de los grandes grupos privados monopólicos, nacionales y extranjeros, se manifiesta en la imposibilidad de mantener con firmeza las regulaciones de usos y ocupación de los terrenos, los que en consecuencia van respondiendo a las demandas contingentes. Esta metrópolis se caracterizan de este modo por un absoluto desorden ambiental, con zonas centrales en las que conviven restos de antiguos barrios, con gigantescas construcciones nuevas, o barrios en los que la trama de casas bajas se interrumpe de cualquier modo por galpones industriales, baldíos, instalaciones comerciales o edificios en altura.”

En la escala del espacio público, se completa esta imagen caótica: “... muñones de autopistas, esqueletos de estructuras vacías, conjuntos habitacionales sin servicios comunes, calles, y veredas interrumpidas, cables sin origen, postes solitarios abandonados y siempre diversos modelos de equipamientos urbanos, conductos desenterrados, se diseminan sobre el territorio urbano determinando la sensación de un omnipresente paisaje de posguerra”.

La corrupción administrativa, la discontinuidad política y económica, el saqueo de las finanzas estatales, provocan simultáneamente la aparición de iniciativas edilicias desconectadas de todo proyecto o mínimo plan parcial, y dan lugar sobre todo al absoluto desguarnecimiento de las construcciones públicas, cuyo mantenimiento queda librado a su suerte.”

Dentro de este panorama ¿Cuál es la propuesta de Liernur? “Sería un error proponer frente a este desorden algunas de las antiguas formas de orden total” Antes de especificar al respecto de las ciudades, plantea la necesidad, aunque sin desarrollar estas ideas de la utilización de un enfoque epistemológico: el de los sistemas complejos disipativos (a contrario de otro participante del Seminario, el chileno Ch. Fernández Cox, quien asume la de los sistemas complejos entrópicos) y cita para ello, el texto de Y. Prigogine, “¿Tan sólo una ilusión? Una exploración del caos al orden”.

Transcribiré ahora, el párrafo final conclusorio de Liernur en el cual resume su propuesta: “Si nuestra definición de la metrópolis como lugar de máxima velocidad de circulación de bienes, servicios y hombres es correcta, deberíamos plantear como objetivo la desaparición paulatina de los obstáculos que disminuyen la libertad de esa circulación. Algunos de ellos afectan al conjunto de la sociedad sin distinción de sectores; otros, en cambio han sido eliminados sólo para una minoría de la población.”

Enseguida una frase clave: “Quizá no deba buscarse un orden para la totalidad del sistema metropolitano contemporáneo. Y sobre todo, porque parece una tarea imposible. Pero esto no necesariamente debería acarrear para la administración el triunfo del laissez faire, sino, mas bien una selección cuidadosa de las actuaciones infraestructurales, una distinción precisa entre puntos o áreas “duras” o “blandas” y una organización eficiente de los modos de gestión participativa”.

Otro ponente, Cesar A. Nasselli, intentó definir la especificidad de la ciudad latinoamericana, en su ponencia “la forma urbana de nuestras ciudades”, en la que por cierto, señala de manera crítica el peligro de darle a la forma urbana un “rol preponderante”, lo cual, nos hace pensar en la convocatoria del Encuentro. Empero, lanza un criterio diferenciador en el cual la forma urbana es protagonista y habla de que en nuestras ciudades se dio una:

... imposición de una forma arquitectónica-urbanística como contenedora de una comunidad vital, ajena a su generación, que no deja de ver la idea o esencia que hay contenida en la esencia en la estructura urbana pre-existente que es intervenida”.

Cuando nos situamos en esta última perspectiva empezamos a ver nuestras ciudades y entender cuan distintas son de las europeas o de toda otra, puesto que son el resultado formal, dialéctico, en una evolución interna del propio organismo sociocultural. También empezamos a entender como esa forma es rasgada por figuras urbanísticas impuestas en un proceso de traslación de supuestos espacios para actividades, servicios y consumos de presunto valor y reconocimiento universal”.

Trató el proceso de la marginalidad y finalmente una conclusión-propuesta:

Las urbanizaciones especulativas extienden el tejido urbano más allá de un alcance razonable de servicios infraestructurales, potenciando bolsones de tierras privadas significativamente baldíos. Las tierras desocupadas fiscales suelen ser cada vez más ocupadas: la otra ciudad que nadie, “ve” pero que existe, las llena:

Es la del asentamiento de la marginalidad, con sus leyes y su tejido urbano propio, también fragmento entre otros fragmentos. Su realidad histórica es, sin embargo, una historia paralela, sin relación o inserción con la ciudad “real”, fundada y organizada políticamente, tal como si perteneciese a otra dimensión espacial. Sin embargo, cubre los cerros que rodean la ciudad, se exhibe en sus ingresos y penetra por el cauce de sus ríos”.

El autor se lamenta de tanta deconstrucción de la ciudad latinoamericana, y plantea su reconstrucción. ¿Cómo?:

Cuando se reconstruye la historia urbana afloran los recuerdos junto con la evidencia de los puntos traumáticos de su disociación. Allí, en ese material, esta la clave de la reconstrucción después de tanta “desconstrucción” y de la selección de aquello que es integrador y el alejamiento de todo lo que lo desintegra. Pero también es sensato suponer que esto implica retejer y desalinear la trama de relaciones humanas y sociales”.

No se puede cambiar de forma sin cambiar la idea, pues de ésta nace aquella. De adentro hacia afuera. Alguna teoría estética posmoderna propone que la forma es independiente de su contenido y que más bien lo atraviesa, pero, ¿esa desunión, esa des-coordinación, propone a su vez trato justo para los hombres?

Sin pretender dejar de lado otras ponencias interesantes, me interesa señalar que en la ponencia de Rafael López Rangel, sobre la rehabilitación del barrio de los Ángeles, colonia Guerrero, ciudad de México, en el que participó un conjunto de arquitectos mexicanos, se hace también una crítica a la planificación espacialista, para proponer acciones de “Proyecto Urbano” (rehabilitación del barrio, participación de los actores sociales, aseguramiento de la continuidad de la forma urbana, impulso y reforzamiento de la memoria colectiva, etc.) como alternativa para enfrentar los desfases, asimetrías y patologías de la ciudad.
Ahora bien, las exposiciones que he resumido, a pesar de su brevedad, muestran que se estaba dando entre los teóricos latinoamericanos, una preocupación de corte no convencional, por nuestras ciudades, y especialmente por las más grandes.

En realidad, nada más sorprendente y complejo que los “monstruos” metropolitanos de América Latina, pero al mismo tiempo ofrecen con una claridad, a veces brutal, los contrastes de la globalización. Tal hecho sucede, sobre todo, en los sectores que han identificado secularmente a las ciudades: los centros históricos y barrios. Ocuparse de esos monstruos, en consecuencia, está vinculado a una búsqueda, más allá de lo romántico o folklórico, de nuestra identidad urbana y nuestra cultura arquitectónica.

La sugerencia de Liernur de apoyarse en la epistemología de los sistemas complejos disipativos, es sin duda, clave para el conocimiento de nuestras metrópolis. Pero, se quedó corto de propuestas: el énfasis en la gestión participativa es central, aunque su requerimiento de “eficacia” para ésta, habría que anteponer la exigencia de la democracia. Bien, su rechazo a la búsqueda del orden planificador ya que en rigor, no sólo es imposible, sino indeseable, ya que la metrópolis es heterogénea, contradictoria y compleja.

La complejidad metropolitana, se manifiesta en efecto, por la falta de fluidez vial, empero una visión sistémica, la vincula a problemáticas duras de orden superior: segregación socioespacial y desintegración territorial, procesos que le imprimen a la metrópoli, esa naturaleza de “ciudad estallada”, rompecabezas urbano, o puzzle, con los fuertes efectos en la calidad de vida de la población. Esa segregación socioespacial, expresión de las diferencias de ingreso y de posibilidades de acceso a satisfactores; muestra también de la pobreza urbana, en su exasperación, es una característica propia de las ciudades latinoamericanas.

Otras características son; la vulnerabilidad ante desastres, las diversas e incontroladas formas de contaminación, la depredación de su imagen urbana, coexistente con los sectores de alta calidad edilicia.

Frente a esas patologías, es evidente que se requiere un conjunto de acciones integradas e integradoras, que formen parte de un proceso global de elevación de las condiciones de vida de la población. La propuesta que se ha estado presentando y que sustenta este trabajo es la de vinculación del Proyecto Urbano con el Desarrollo Sustentable.

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