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del hombre (Heidegger, Ortega y Gasset Sartre en sus primeros escritos) (ver J. Ortega y Gasset. Historicoa coi»ao sisteiiia) esta interpretación también se opone totalmante a la idea de la naturaleza bu mano inmutable (comparar, en este sentido, el dicho de Ortega de que el honibrO no t)ene naturaleza, y lo que tiene es historicoa).
f) Historicocismo dialéctico, que parte de K. Marx y F. Engels, como doctranh que afirma que es posible alcanzar una imagen verdadera del pasado, porque; rl inundo es cognoscible, y señala el hecho de que los sistemas de v&ores no
ni totalmente absolutos (eternos, inmutab1es) ni totalmente relativos. La cate’ gc.ría básica del historicocIsmo marxista en su versión ontológica es la del deid si-rollo dialéctico, Interpretado de este modo, el desarrollo no se rige P° ninguna fuerza externa, ni es una secuencio de sucesos con una direccaofl
cambios predeterminada; es un proceso que afecta a los sistemas y tiene logas por medio de interacciones, variables en fuerza y dirección, de los eienrcnt0it nc forman esos sistemas. Respecto a la sociedad y su desarrollo, el conceptO) (le historicocismo ontológico se concreto cuando se te une la categoría cJe nr0000 ;nmaoa, que nos qermite tanes’ un ooercaanienbo acti\ o al piocc’so liiOU. Le si a 1 1ai Son 1 mc nr n st o a u ci sion mc todolo lea co lcc en po o o
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En la crítica del conocimiento histórico positivista (“razón hisLórica») las principales (aunque diferentes) concepcione fueron las de W. Dilthey (1833-1911), B. Croce (1866-1952), G. Simmel (1858-1918), H. Rickert (1863-1936) y M. Weber (1864-1920). Todos ellos señalaron el hecho de que los positivistas habían ignorado las diferencias entre el conocimiento de la naturaleza y el conocimiento de la vida social (el mundo de los valores, el espíritu y la actividad humana), y la formulación más radical fue la de Dilthey, que dijo que «explicamos la naturaleza y comprendemos la vida espiritual». En Dilthey se desarrolló al máximo, y también se complicó hasta el extremo, la doctrina de la comprensión histórica (Verstelren) Al criticar la inducción por no ser completa, Dilthey aseguraba que cuando tenernos que «aprehender» ciertas totalidades, y por tanto también en el caso del conocimiento histórico, no llegamos a ese acercamiento integral (que, según él, es la manifestación principal de la naturaleza objetiva del conocimiento histórico) sin una experiencia cognoscitiva apropiada. Así, en la teoría de Dilthey, el conocimiento histórico es relativo y depende de la naturaleza de esa experiencia; un historicoador se forma una imagen subjetiva del pasado al mirarlo a través de un sistema de valores actuales. El conocimiento histórico se. basa en datos históricos, que son una forma de manifestación de la actividad espiritual; la investigación histórica se dirige, por tanto, hacia el conocimiento de «diversas manifestaciones objetivas del espíritu». Esto implica dos métodos de adquisición del conocimiento de lOS hechos, que se usan conjuntamente: la experiencia (que se refiere a uno mismo) y la comprensión (que se refiere a otros). La comprensión (Verstehera) es una operación en la que, sobre la base de nuestras propias experiencias espirituales, vivimos a través de las experiencias de alguien. Sólo la experiencia, sin combinarla con la comprensión, no produciría más que nuestra propia biografía. Pero puede verse fácilmente que los límites de la comprensión están marcados por las fronteras de nuestra propia biografía espiritual, ya que no podemos «comprender» experiencias ajenas que no hayamos sentido nosotros mismos. Dilthey pensaba que las beografías eran la forma más importante del trabajo ele historicoador, y para el las autobiografías eran las fuentes más valiosas. Los seres humanos cuyas acciones tienen un objetivo pero son espontáneas (expresan la vida), son los Principales todos que los historicoadores deben estudiar.
f.Croce, con su intuicionismo, estaba cercano a Dilthey. Aseguraba que solo podemos reconstruir las cadenas de causas y efectos con referencia a la naturaleza, basándonos en el concepto de causa, que no es propio de la historicoa. En la ciencia natural usamos términos teóricos, pero la historicoa se caracteriza por la narración. En sus narraciones, un historicoador, evidentemente, usa construcciones teóricas, pero esto es sólo una forma necesaria de pensamiento cuya sustancia es la intuición como fuente de todo el conocamaento histórico decir, ideas), más que conceptos. La intuición es anterior a la producción de conceptos y a la actividad práctica, porque (como explica M. Mandelbaurn cuando analiza la teoría de Croce) es independiente de ellas, mientras que la situación inversa no existe. Ya en su primer ensayo sobre la filosofía deL lenguaje, La storia ridotta sotto it concetto generale dell’arte (1893), Croce se refería a una «visión intuitiva» por medio de la cual llegamos a conocer los hechos individuales (y son éstos los que se estudian en la investigación histórica), y que recuerda a la intuición artística. Desarrolló su idea, sobre todo, en Teoria e storia della storiografia (1917). Para conocer los hechos se necesita una «empatía» y una «identificación mental con los hechos». La idea de la historicoografía como un producto subjetivo de la mente viva, que anima los hechos históricos que «vibran» en él e imprime, por tanto, la marca de la contemporaneidad en todos los sucesos pasados, la podemos encontrar también en La storia come Pensiero e come Azione (1938). No hay rasgos de nada «externo» al «espíritu». Los hechos pasados y presentes sólo se pueden comprender como hechos espirituales, de modo que, en el nivel espiritual, el pasado se mezcla con el presente. Los hechos reales registrados en las fuentes se hacen verdaderos sólo cuando se convierten en elementos del presente variable, como resultado de su animación espiritual.
Las conclusiones que se sacan de esa concepción del conocimiento histórico se parecen algo a las de Dilthey. Es imposible adquirir el conocimiento de lo que realmente tuvo lugar en el pasado si todos los sucesos pasados tienen que ser «contemporáneos», es decir, animados por la mentalidad del historicoador que vive en el presente. Si la intuición fabrica los hechos, hace hechos presentes y no pasados. Por tanto, de la doctrina de Croce se deduce que es imposible adquirir ningún conocimiento objetivo del pasado. Para cvitar la objeción del relativismo total, Croce introduce, como criterio máximo de veracidad, el incomprensible concepto del ‘absoluto». M. Mandelbaum, al sacar conclusiones de la teoría de Croce, escribió, en 1938, que, según su propia teoría, <‘Croce no tiene derecho a criticar la práctica corriente de la literatura histórica en Alemania (es decir, la que dominaba en l938.—J. T.), puesto que esta literatura responde a una necesidad verdadera (...) ha surgido una cuestión que sólo puede responder el Absoluto y no el señor Croce»
G. Simmel basó su teoría de la historicoa en las experiencias de la historicoa de la cultura. Aunque él también aseguraba que la literatura histórica es un producto de la intuición del historicoador, no se oponía al relativismo A pesar de sus reservas, las consecuencias de su acercamiento son de natU- raleza relativista. 1. S. Kon llamó a la concepción de Simmel una síntesis de la Vcrst chan (comprensión) de Dilthey y la aproximación a priori Kantiana aplicada a la historicoa. Mandelbaurn daba una interpretación similar 12 Sirnmel aseguraba que la historía, tal como la conocemos, es un producto de nuestras mente, que en su acción creadora se relaciona con la experiencia mental inte; rior del historicoador; pero flO nos encontramos con una interpretación pura- mente subjetiva de la historicoa, aunque el conocimiento histórico no es Ufl espejo del pasado. Su naturaleza objetiva está garantizada por las categorías mentales «universales y necesarias», que organizan la experiencia interna El historicoador sólo describe hechos mentales: pensamientos, emociones, actOs

JI M. Mandelhaum, [he P,obleecl. cit., páe. 2 1. S. Kon, op. cit., pág. 171; M. Mandelbaum, op. cit.. págs. 102 y ss La
opiniones de Simmel sobre las cuestiones de interés fueron expuestas en 5>2 libro publicado en 1892 (Die Probleo’e iier Gesclziclítspliilosophie).


de voluntad, pero esto, asegura Simmel, no significa una invasión del terreno de la psicología, porque la narración histórica se ocupa de hechos individuales y de su descripción, mientras que la psicología —que> según Simmel, es una disciplina natural— utiliza el procedimiento que generaliza y da explicaciones. El historicoadór puede utilizar esos datos psicológicos individuales y presentarlos corno un todo integral, ayudándose de la capacidad suprasubjetiva (übersubiektive) de abarcar estados mentales de otros, tanto individuales como colectivos. Esa capacidad consiste, por un lado, en una comprensión a través de la proyección de las experiencias mentales propias en otros y, por otro lado, en la «sensación directa de lo suprasubjetivo». Esta sensación de lo suprasubjetivo garantiza, supuestamente, que en esta proyección el historicoador sólo utiliza las experiencias que pueden considerarse experiencias de otras personas también; garantiza, por tanto, la naturaleza objetiva del conocimiento. Que es posible cualquier experiencia interna «típica» es algo que se deduce de la existencia de las categorías comunes mencionadas del pensamiento humano. A pesar de estas reservas, la concluSión final es que en el conocimiento histórico la experiencia interna de cada historicoador juega un papel creativo, que impide adquirir un conocimiento objetivo del pasado.
La teoría de la historicoa de Rickert es mucho más sutil y precisa; evita una metafísica tan clara como la que marca los análisis de Croce, Dilthey y Simmel. En realidad, estaba dirigida, en gran medida, contra Dilthey y su escuela. Rickert no estaba interesado en la naturaleza de la materia de la investigación histórica (el proceso histórico) 13, sino en la metodología de esa investigación, que se supone dirigida hacia los hechos (que a su vez son exclusivamente individuales y no recurrentes). Rickert también hablaba de la comprensióli (Verstehen) en la historicoa, pero analizaba ese concepto con más detalle. Mostró que comprendemos los hechos individuales al combinarlos en Secuencias de causas y efectos (lo cual hace que la operación Verstehen lflcluya un procedimiento de explicación) o al integrarlos en ciertas totalidades (es decir, estructuras), actuando como elemento de unión una referencia a los valores. Esta referencia a los valores convierte un objeto (hecho, proceso) dado en una «individualidad’> histórica. Por ejemplo, Napoleón y Goethe Son individualidades históricas, pero un hombre de la calle no lo es. Esto ocurre porque Napoleón y Goethe encarnaron ciertos valores, aunque una persona relacionada con Napoleón también se convirtió en una individualidad asi, Pero una valoración efectuada por un historicoador no basta por sí sola para imprimir un nivel histórico a los objetos de los que se ocupa; esto tiene lugar sólo cuando se refieren a los valores sociales (humanos) universales, Como los llamaba Rickter, es decir, valores aceptados por todos. Un histo- liador puede dar un gran valor a un amigo suyo, pero este hecho no tiene Por qué bastar para «referirlo’> a esas categorías axiológicas universales. Estas categorías axiológicas son valores culturales (Kultui-werte), lo cual, a su vez, da a la historicoa el rango ele una ciencia individualizadora de la cultura.
13 Rickei-t no consiguió observar consistenternente el principio de la clasiiCiOn formal de las disciplinas que se ocupan de la misma serie de hechos, CIViSmO mIre las qne slcUen el procedinsicnlo usado cci la ciencia natural (toe(Ulacion

Para Rickert. la peculiaridad de las humanidades, en comparación con las ciencias naturales, consiste en que todas las acciones humanas (y sus pro:
ductos) no pueden ser separadas de la valoración. Esa referencia a los valores es, para él, la base para establecer relaciones causales que, sin embargo, se limitan a las causas que motivan las acciones humanas. Para explicar las acciones humanas, el investigador debe unir una acción concreta (o sus re cuItados) con el sistema de valores del agente, que motiva tal acción.
Respecto a la metodología de las ciencias sociales (incluida la historicoa) la reflexión estructural alcanzó su máximo nivel en las obras de M. Weber’4, Sus análisis de los instrumentos del conocimiento científico (incluido el histórico) y del papel de la valoración en la ciencia han servido como fuentes de importantes inspiraciones metodológicas. Se oponía a los intuicionistas, y con Rickert sólo compartía la opinión de que las ciencias de la cultura se ocupan de fenómenos de importancia cultural, y de que esa importancia se determina en relación con los valores de la cultura universal, que son característicos de una época concreta. La exigencia de Weber de que en la ciencia hay que hacer una estricta distinción entre el establecimiento de los hechos empíricos y las valoraciones iba más allá de las ideas de Rickert Si esa exigencia se cumple, es posible adquirir un conocimiento verdadero de la sociedad con la aceptación simultánea del papel de la valoración en la investigación. La valoración se manifiesta sobre todo en la selección de los hechos. Otra forma de adquirir un conocimiento objetivo es la explica’ ción causal, que no puede sustituirse con la comprensión intuitiva. Pero a causa de la interdependencia de los fenómenos, que hace difícil describir las secuencias de causas y efectos en toda su complejidad, el historicoador debe:
recurrir a ciertas simplificaciones y a indicar las conexiones que tienen mayor importancia en un contexto dado. Esto da lugar a una selección deri vada del sistema de valores que rige a un historicoador concreto.
Weber quería que la historicoografía incluyera afirmaciones más generales1 de lo qu& quería Rickert. Intentó conseguirlo construyendo lo que llamaba):
tipos ideales, su mayor logro metodológico. Los tipos ideales son idealizacio) ncc (conocidas en metodología), conceptos de casos límite, modelos teóricos,I etcétera; es decir, medidas sui gerzeris con las que se compara la realidad:
14 Ver. F. Kaufmann, Geschichtsplrlosoplsie der Gegenis’art, Berlín, 1931, pág. 78 Existe una gran cantidad de estudios sobre las ideas metodológicas de Max Weber) Además de los va mencionados, se consultaron los siguientes; Max Weber iii th Methodology of the Social Sciences, E. A. Sbus and fi. A. Finch (eds.), Glencoe, l949 R. Bendix, Max Weber. An Intiiectual Portraot, Nueva York, 1960 (desgraciadansefl< te, mo pudimos conseguir Interpretatioro of Conduce asid History (1946), del rnisPOí autor); Maz Weber ueid Soziologie Heute, Tsabinga, 1965; K. Bosi, «Der ‘SozlOlOl gische’ Aspekt jo der Gescliichte. Walt freie Geschiclztswissenschaft urzd Idealtypu° Flistorisclie Zeotschrift, vol. 201, núm. 3. 1965, páes. 613-650; E. Pitz, «Geschac tliche Struktur. Betrachtungen zur angeblichen Grundlagenkrise der Geschichtswli senschaft>’: Historicosclie Zeitscizrif 1, vol. l85, núm. 2, 1958, págs. 265-305; S. e walski,

Se fórman sobre la base de un conocimiento de los hechos, pero son solamente una categoría gnoseológica y metodológica que nos sirve para adquirir un conocimiento de la realidad sin ser un producto de dicho conocimiento. Weber subrayaba con fuerza la naturaleza instrumental de sus tipos ideales. La tarea del historicoador consiste en comparar la realidad con los topos ideales, como forma de percibir la realidad. No son, como en las obras de Marx, una clase concreta de descripción de los hechos que utiliza conceptos idealizadores (abstractos), sino solamente un instrumento que se usa para ordenar los hechos y comprender las acciones humanas.
El papel creativo y cognoscitivo del historicoador que, al recurrir a la operación Verstelzen, construye una imagen de los sucesos pasados y no los reproduce simplemente, como pretendían los positivistas, fue subrayado por muchos filólogos de ese período,. que representaban todas las tradiciones filosóficas mencionadas más arriba: en Francia, por Paul Valéry (1871-1945), que acuñó el famoso dicho de que la historicoa es «el producto más peligroso de la química del intelecto»; en Alemania, por O. Spengler (1880-1936), quien, en su famosa Der Untergang des Abendiandes (1918-1922), rechazaba la inducción y las generalizaciones como forma propia del conocimiento histórico; en Gran Bretaña, por el neo-hegeliano F. H. Bradley (1846-1924)’°, y en Estados Unidos, por W. James (1845-1910). Este último estudioso, discípulo de Ch. S. Peirce, el fundador del pragmatismo, subrayó que lá realidad y el conocimiento son dos realidades separadas: el conocimiento no reproduce la realidad, sino que proporciona hipótesis como instrumentos de acción, que a continuación son comprobadas por el grado de utilidad de los resultados que producen.
El rechazo de una relación sii±iple y directa entre la realidad histórica proceso cognoscitivo cambió las interpretaciones del concepto de hecho
histórico. El símbolo positivista de la ecuación-ya no se situaba entre el hecho Corno un fragmento de la realidad y el hecho tal como informa sobre él un historicoador Un hecho es considerado como una construcción hecha por un historicoador, cuando su experiencia científica, guiada por su situación real de un modo subjetivo, crea un hecho histórico que no existe fuera de su ‘Tiente; o si una construcción qua de un hecho está unida a la realidad empírica concebida corno una totalidad y no a un fragmento-hecho qua de una realidad. Tales opiniones inclinaron a los estudiosos a considerar los hechos hnstorscos corno mentales y no como materiales. Se hacían referencias a los Valores más que a los hechos. Los estudiosos dejaron de hablar sobre la COncordancia entre los resultados de la investigación y los hechos, porque el Problema había perdido su raison d’étre: lo que sé convertía en un hecho historicoe0 era sólo la experiencia cognoscitiva de uno, que tiene en cuenta 10S hechos, pero no sólo estos hechos. Esto, por supuesto, no significaba una arbitrariedad completa en la construcción del pasado. Incluso Croce, que comparaba la historicoa con el arte, dijo que era un arte de un tipo especial, O Sea, uno en el que los principios de la crítica están unidos. Es unarte Porque, según Croce, no puede existir una ciencia de algo que es individual, decir, no recurrente. En la historicoografía erudita la crítica de textos era SUsiclente; en palabras de Croce esto era una pseudo-historicoa, una historicoograf, «filológica», escritura de crónicas que no estaba animada por ninguna Cxpersencla viva del historicoador. E. G. Coilingwood, uno de los mas-ores defensores de Croce, llamaba a los que escribían, de acuerdo con estas reglas, «historicoadores de tijeras y engrudo».
El acento puesto sobre el factor «humanístico» en el conocimiento histó. rico pretendía señalar la posición independiente de la historicoa en el sistema de la ciencia, es decir, liberarla del dominio de las ciencias naturales, que, aparentemente, carecían, todas ellas, de ese factor. Los modelos metodolá gicos aportados por la ciencia natural eran considerados como inaceptables para los historicoadores, porque la historicoa lucha por abarcar su propio mundo a través de la operación Verstehen. Es, en primer lugar, un mundo de hechos que son individuales y no recurrentes, y en segundo lugar, además, un mundo de valores en el que es imposible disociarse de las valoraciones sobre los sucesos pasados. El acento sobre la naturaleza individual y no recurrente de esos hechos que forman la materia de la investigación histórica solía producir conclusiones que derivaban del análisis del estado real de la literatura histórica (idiografismo metodológico), que por entonces era, casi exclusivamente, descriptiva y concentrada en hechos individuales. En muchos casos dio lugar a postulados que limitaban los intereses de la investigación histórica y, por tanto, las tareas de los historicoadores, a descripciones de hechos individuales y no recurrentes, es decir, postulados de idiografismo metodológico. La defensa de dichos postulados no tenía por qué, pero podía ser asociada con el idiografismo objetivo, es decir, con atribuir a la realidad:
histórica la naturaleza de algo que puede abarcarse sólo a través de un; estudio de hechos individuales que tienen que ser «entendidos», porque .estos hechos no pueden subsumirse en leyes generales, ya que tales leyes no existen.
De la inmensa literatura (ver las obras mencionadas en las notas de pie de página de la obra de E. Bernheim) que se ocupó, a finales del si gb XIX, del problema de la estructura meto dológica de la historicoografía,> los más conocidos fueron los neo-Kantianos de la Escuela de Baden, y espe cialmente W. Windelband (1848-1915) y H. Rickert. Windelband, en 18941 sugirió sustituir la clasificación de las ciencias en ciencias naturales (Naturi wissenschaf ten) y ciencias del espíritu (Geisteswissenschaf ten), que predom naba en la ciencia alemana (cf r. Dilthey) y que tomaba como criterio de; división la materia de investigación, por la clasificación en ciencias qut describen lo que es individual (ciencias idiográficas) y ciencias que intentan establecer leyes (ciencias nomotéticas), es decir, por una clasificación que; diferencia las ciencias por sus objetivos °. H. Rickert 18, aunque conservaba la idea principal de Windelband, de disciplinas individualizadoras y gener lizadoras, añadió la clasificación de las ciencias basada en la materia de la investigación: las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la cultura, siend0 su criterio de distinción la relación con los valores. La naturaleza está librel de esa relación (wertfrei), en oposición a los productos del hombre, o sea la cultura, porque el hombre, cuando actúa, intenta alcanzar un objetiVoi
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