Introducción




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a Sociedad» (cfr. Theories of History, cd. cit., pág. 481). El holismo metodo
nicO rechaza el psicologismo puro (es decir, las explicaciones que sólo se refieren
noe motivos que guían a los individuos), inherente a la teoría del individualismo
OdOlogi pile subraya que las afirmaciones psico!óeicas (es decir, ls afir.aCioioes sobre el cornportan]iento humano) no se pueden deducir de las no
soc90 ogica (os decir, les afirmaciones sobre 155 torneas de Organización cTe la meda A. u] b<->o,-a u,e u1,]omn acei-crm,unio orto adccuadanler,tc funda -
1.]lado Y por tOntO socicre ,el clesarmncr lógico y ia cucxislcocia pacífica iilosó14 P°. 277Y
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fácilmente, admitir para la ciencia, incluso la metafísica más brillante, espe cialmente en el caso de la investigación histórica.
La naturaleza rnetodológiea de las ciencias sociales y las humanidades, y por tanto, también de la historicoa, tiene diferentes interpretaciones en la filosofía analítica. Los defensores de esta tendencia no comparten de modo unánime la opinión de los positivistas lógicos de que la ciencia es una, es decir, de que no hay divergencias básicas entre las ciencias sociales y naturalés 15• Los anti-naturalistas, o sea, los defensores de la opinión de que las ciencias sociales tienen sus características distintas y ole que los métodos usados en la ciencia natural no se les pueden aplicar, han surgido con la serie de argumentos, ya conocidos y esencialmente anti-positivistas (la naturale7a no recurrente e individual de los hechos, la imposibilidad de evitar las valoraciones, etcétera). Los naturalistas, que disponen de argumentos mucho más fuertes, parecen ser mayoría. Aceptan la unidad metodológica de las ciencias y consideran la historicoa como una ciencia que puede formular leyes, a pesar de que, al referirse a la investigación histórica, su postura se puede relacionar con el programa metodológico del idiografismo.
También son importantes las discrepancias sobre los límites de aplica. ción de los métodos lógicos. Aunque todos los representantes de la filosofía analítica consideran que la tarea primaria de la investigación filosófica es un análisis del lenguaje, sin embargo, podemos ver (véanse, en este sentido, los estudios de J. Kotarbinska) 16 que hay una diferencia de acercamiento entre los reconstruccionistas y los descripcionistas. Los primeros (Russell, Carnap y otros) consideran el análisis del lenguaje, principalmente, corno un método de mejorar el lenguaje desde el punto de vista lógico, de modo que, junto a una reconstrucción de los tipos de razonamiento, sugieren tafl7 bién un programa de firme transformación lógica de la ciencia. Los últc mos (Wittgenstein, en su última época de actividad, y la escuela de Ox ford) se muestran escépticos ante el programa para hacer más preciso el lenguaje natural (y ante el uso de lenguajes artificiales en los estudios meto dológicos), y piensan que tenernos que limitarnos al examen de los modos en que se utiliza realmente ese lenguaje en las funciones de la ciencia, sin intentar mejorarlo lógicamente, siendo la única concesión posible su apoyo i a los términos «útiles’>. Ponen en cuestión, sobre todo, la utilidad de las
definiciones, y sugieren que se sustituyan por «reglas de uso» (es decir, r descripciones de las funciones semánticas). Sostienen que las leyes de la 1 lógica formal no se pueden aplicar a los razonamientos prácticos formulados
en lenguaje natural.
4. Confusiones sobre les india de la filosofía analítica contra la metafísiCO en la historicoa. K. Popper e 1. Berlin

El individualismo metodológico era propugnado sobre todo por las teo rías que afirman que la suerte del hombre no la decide él mismo, sifl fuerzas que son independientes de él, es decir, una «necesidad histórica’
Cfi 1 lLu\ miii Pi ohl, isi u rit r necia Pi ob]em i se pUL tos, soluciones), Poznan, 1964, págs. 249-270. La unidad metodológica de la cieflC3 es defendi‘Tice Striiciute of Science, Proijieozs dic Logic of Seienzific Exp1anutioi, Londres, 1961.
6 J• Kotarhinska, «CiJ7’
troversia sobre los limites (te aplicación de lOS métodos lógicos), Stz,diu Fi1O°’ /icznc, núm. 3, 1964, págs. 25-47.
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seq cual sea su interpretación. Los oponentes del individualismo metodológico. en este caso otros representantes de la filosofía analítica, se oponen también a las teorías fatalistas del desarrollo social, teorías que hablan de una «inevitabilidad» histórica. Aunque se hace referencia a muchas concepciones, se puede ver fácilmente que el principal adversario es el materialismo histórico. La discusión resultante incluía muchas afirmaciones fructíferas y comentarios profundos, que hicieron avanzar la reflexión sobre la historicoa, pero, al mismo tiempo, muchas formulaciones sobre el materialismo histórico se basaron en simplificaciones y concepciones erróneas. Al materialismo histórico se le atribuyeron tres afirmaciones a las que en realidad se oponía y que difieren del concepto dialéctico de curso de los acontecimientos.
El error básico y flagrante es el considerar la interpretación materialista de la historicoa como una continuación del concepto de «progreso», como factor independiente de las acciones humanas, que tenían los cartesianos, la época de la Ilustración y los positivistas. Casualmente, esta identificación nunca se ha demostrado con un análisis sobre la teoría marxista. La teoría de Marx se enumera en el mismo círculo que las concepciones de Turgot, Condorcet, Comte, Spencer y otros, concepciones basadas en la idea de progreso «inevitable’> Como la idea de progreso «inevitable» se suele criticar al lado de las diversas interpretaciones cíclicas del curso de los acontecimientos (O. Spengier, A. Toynbee mal interpretado, H. B. Adams, V. Pareto y otros), entonces el materialismo histórico, a causa de su contenido supuestamente metafísico, se pone en el mismo saco que las teorías mencionadas.
Como es sabido, la idea de progreso sustituyó a la interpretación providencial de los hechos, y jugó así un importante papel al hacer científica la investigación histórica. En otras palabras, era un concepto racionalista y laico de Providencia, bajo el cual el hombre estaba en posición (e incluso tenía el deber moral) de contribuir con su propia actividad (especialmente el desarrollo de la ciencia) a poner en marcha ese progreso 16, La unión del concepto de progreso con el concepto biológico de evolución (Spencer, GumPlowicz, Ratzenhofer), que atribuía a la sociedad la propiedad de desarrollarse, como hace un organismo, «por sí solo’>, no cambió la naturaleza metafisica de la idea de progreso, que, igual que antes, era incapaz de explicar por qué era la historicoa como era.
Tampoco daba esta explicación lo que proporcionaban las diversas teorías de un curso cíclico de los hechos, teorías que no estaban libres de varias implicaciones irracionales. Los antiguos griegos habían desarrollado un modelo astronómico de dichas teorías, que, en los tiempos modernos, comenzó a basarse en analogías biológicas. Las interpretaciones cíclicas se pusieron de moda, tenían apariencia de explicaciones, y le permitían a uno ser pesiL17 Esto hacen, por ejemplo, R . Aroic, 1. Bern, R. von Daniels, A. Danto,
- GOttsclialk, G. G. Iggers, K. Popper. En todas sus obras encontramos la opinión,
incorrecta basada en interpretaciones esquemáticas, que no consigue ver la natuialeza dialéctica del materialismo histórico, que rechaza todo fatalismo.
“ Esto fue dicho ya por J. Buey en Tice Idea of Progress, Nueva York, 1955, capitulo IX et passinz. Ver también K. Ldwith, Meaniiig ¡u Ilistorv: The Theologicat IHi]clicafir,cs nf lic Pliilosophv of Historv, Chicago, 1949. Buri’ distingue tres iVeles en la interpretación del concepto de progreso: 1) anterior a la Reéolución
>iancesa; 2) anterior a Darwin; 3) después de Darwin Admite cp.e ésta es una casslicaclon te m 1<11 sI Ver tornbien ( ( Ioei s TI e Id o nl Pi ü> so A fi it isi cas eSslncnt 1 lic 4ni te en Hiçlorre al R tse>, ncc a 1 <‘ fi po , 1 17
E. Bock, ,Thcorics of Pcogres.s and Evolutior», “o So,: i’lgy a,,’,! Histür”,
- Y. Cahnrnan y A. Boskoff (cdc.), Glencoe, 1964, parc. 21-41.
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mista u optimista sobre la historicoa. P. Sorokin dibujó una larga lista de «ciclos sociales», apoyándose en los cuales aseguró que la historicoa se movía como un péndulo i9
La concepción dialéctica de desarrollo social es una continuación de la idea de progreso sólo en la misma medida que cualquier teoría nueva—que explica los hechos mejor que las anteriores— es una continuación de sus predecesoras. La idea de progreso podía tratarse de dos maneras: 1) los investigadores podían intentar liberarla de sus elementos metafísicos y valorativos (el progreso como algo que se materializa independientemente del hombre, y el progreso corno cambios constantes que producen una mejora moral, la regla de la ciencia, etcétera); 2) podían construir un concepto nuevo del proceso histórico, una concepción libre de fatalismos.
Corno mostraremos en el próximo capítulo, el marxismo fue la única teoría que ha sugerido la segunda de estas dos soluciones. A la interpretación del curso de los acontecimientos ha aportado la categoría de desarrollo autodinámico, sin recurrir a fuerzas externas a los hechos históricos. En esta interpretación, el desarrollo se puede explicar completamente como un proceso dentro de los sistemas sociales que se están investigando.
Ni los representantes de la filosofía analítica, ni muchos otros autores que se oponían a la metafísica intentaron ver la naturaleza dialéctica de esa concepción de historicoa, y quedaron satisfechos con algunas formulaciones metafóricas usadas por Marx. La liberación del concepto de progreso de sus aspectos metafísicos, junto con la taita de sugerencias sobre ninguna interpretación nueva del curso de los acontecimientos, dio lugar a una situación en la que los autores mencionados sólo tenían que aceptar los cambios en la historicoa, sin buscar ningún apoyo de esos cambios en las regularidades permanentes del desarrollo. Sin embargo, el marxismo sí sugirió un apoyo, señalando una serie de regularidades universales, confirmadas por numerosos estudios (regularidades de este tipo: si a ocurre, b también ocurrirá, y no de este tipo: a o h ocurrirán inevitablemente). Pero los defensores directos e indirectos de la teoría que aceptaba los cambios se limitaban a señalar la existencia de ciertas tendencias o corrientes en el curso de los Sucesos.
Tal como las interpreten varios autores 20 dichas tendencias parecen ser solamente secuencias ele sucesos observables y permanentes que indican la dirección de los cambios en la historicoa. No tienen nada que ver con las regularidades en forma de afirmaciones condicionales, cuyo conocimiento permite predecir los hechos futuros; sólo informan ex post facto sobre ciertos aspectos de lo que ha ocurrido hasta el momento. Por tanto, señalan los procesos de «racionalización» y laicización de la vida humana, el papel cada vez mayor de la ciencia y la tecnología, etcétera. Se puede advertir lc men»e QL e el »oiL etn c o as tei dencias no esta cii coi
K. Mannheirn) se han dado cuenta de que los descubrimientos de tendencjats resultan «inevitables» (lo cual, sin embargo, es una «inevitabilidad» lógica, y no histórica) en la aceptación de regularidades en el curso de los aconte—ucimientos. Incluso señalan una «tercera fase» en el desarrollo de la teoríaa del cambio social, que consiste en la busca de un mecanismo interno de losis cambios 21
Las afirmaciones hechas por K. Popper 22, • Berlin 23 y F. A. Hayek 24724 son las formas más conocidas de la crítica de la interpretación metafísicam de la historicoa, término con el que, erróneamente, han abarcado también ri la teoría marxista. Por lo que concierne a la historicoa, el problema ha sido o tratado sobre todo por E. Popper. Ha aplicado el término historicocismo o a todo lo que él describía como «metafísica» en historicoa, y así ha tratado o de desacreditar el conglomerado artificial de opiniones 25 que, junto con • los propios añadidos de Popper, es una mezcla de diversas opiniones (las de Marx, Spencer, Toynbee. Mannheim y otros), cuya característica común L es un acercamjeiyo holístico a la sociedad y la aceptación de leyes histó- - ricas, tendencias «ritmos» históricos, etcétera, en una interpretación fatalista. En realidad, tal como lo concibe Popper, ésta es básicamente una crítica del punto de vista marxista, que se puede ver también en su otro libro, The Open Socjetv ajid Its Enemies (1945), que desarrolla sus ideas an teriores -
El modelo de historicocismo reconstruido por Popper y criticado a continuación por él nsism•o es ajeno a la teoría marxista, y por tanto, el conflicto tiene lugar jo vaco o. En primer lugar, el historicocismo no necesita ser relacionado, contraria5epte a lo que sugiere Popper, con afirmaciones que él llama anti-nafuralistas tales como: la no recurrencia y complejidad de los hechos sociales y la imposibilidad resultante de formular afirmaciones generales ap mbes a períodos largos; la imposibilidad de predecir los hechos futuros (ya que las acciones deliberadas del hombre pueden impedir que el hecho predicho tenga lugar); la interpretación iñtuitiva de los hechos Sociales (indicacjóll de sus causas, indicación de su papel dentro de un todo Concreto su ralos-aNón desde el punto ele vista de las regularidades históOcas); i imposibilide,d de hacer experimentos; y el holismo que señala el hecho de que los g:upos sociales no son series ordinarias de elementos, lo Cual, segón se dice, elimina Ja posibilidad de usar métodos cuantitativos y hace que los iovestigador busquen metafísicamente la «esencia» de un todo social concreto (<‘esencialismo» en la terminología de Popper). De tOdas estas afirmaciones la teoría marxista está en favor del acercamieito hOliSticO Y del esencialisrno, que, sin embargo, interpreta dialécticamente, es decir, empírica y dinámicarnente. Popper dice que los defensores del historicocismo están equivocados al referirse a ejemplos sacados de la ciencia natural y destinados a apoyar sus aseveraciones de que es posible hacer predicciones basadas en el conocimiento de las leyes históricas, considerando esas predicciones como la principal tarea práctica de las ciencias sociales. Lo mismo ocurre con el principal objetivo de la investigación social, que consiste en la detección de las fuerzas que causan el cambio social. Todo esto se alega como resultado de una interpretación errónea de la ciencia natural.
Se puede ver claramente que el principal ataque de Popper al historicocismo se dirige a la consideración de la historicoa social como un todo que está sujeto a leyes específicas históricas que rigen sus cambios. Piensa que una afirmación ontológica como esta sobre la realidad histórica va en detrimento de la investigación histórica, porque introduce en ella elementos de la metafísica (fatalismo), mientras que, según Popper, la principal tarea de la historicoa es establecer hechos individuales. Popper acepta el establecimiento, en las ciencias sociales, de leyes interpretadas corno afirmaciones estrictamente universales (sin determinantes espaciales ni temporales), pero como una aproximación puramente metodológica, que no implica ninguna opinión concreta sobre los hechos históricos. Según Popper, no hay leyes• históricas que expliquen el mecanismo del curso de los acontecimientos. Si el proceso histórico revela una tendencia de desarrollo en el pasado, esto es una afirmación de hecho, y no una afirmación universal que permita sacar la conclusión de que ocurrirá si tienen lugar las condiciones apropiadas 26,
«No existe ninguna ley de la evolución» —dice Popper— «sólo el hecho histórico de que las plantas y los animales cambian, o más precisamente, que han cambiado. La idea de una ley que determina la dirección y el carácter de la evolución es un error típico del siglo xix, que surge de la tendencia general a atribuir a la “ley natural” las funciones tradicionalmente adscritas a Dios» 27, Esto es perfectamente correcto, pero —como hemos dicho— esta crítica no se puede aplicar a las leyes marxistas de desarrollo histórico, que explican el mecanismo interno de los cambios y no tienen nada en común con el fatalismo.
La crítica de 1. Berlin, formulada en su Historicocal Inevitabulity, que aprueba explícitamente las opiniones de Popper, está dirigida sobre todo a las afirmaciones naturalistas de la teoría positivista. Uno puede estar de acuerdo con Berlin cuando escribe que «la noción de que la historicoa obedece a unas leves, tanto naturales como sobrenaturales, de que todo hecho en la vida humana es un elemento en un modelo necesario, tiene
26 K. Popper, «Prediction and Prophecy in the Social Sciences», en TIieori65 of History, ed. cit., pág. 266.
27 K. Popper, op. clt., pág. 280. D. E. Lee y R. N. Beck (<‘Tite Meaning of ‘Historicocism’», American Historicocal Rei’iew, vol. 69, 1954, págs. 568-578) tampoCO consigue notar las diferencias entre el marxismo y ci fatalismo. Por otro lado A. Stern (Phlosophy of History, cd. cit., en particular pag. 169) sí las adviertC R. D. Bradicy, en su »Causality, Fatalism and Moralitys, Miad, vol. 73, octuht( de 1963, págs. 591-594, también se indio» a hacer esta distinción. Poppcr colneU° e) mencionado error, aunque se había interesado por la dialéctica (ver su
¡st Dialcktik’», en Logik dei- Sozialforscliz’ag, E. Topitsch (cd.), Colonia-Berfín, l96 páginas 262-290, que era una reimpresión de Miad, 1949, y fue también reeditadl ero Coajccmnres mié Refetatioizs, Londres, 1963, págs. 312-337).

profundos orígenes metafísicos» 28 si tenemos en cuenta la interpretación positivista de las leyes. Pero si consideramos las leyes marxistas del desarrollo. dialéctico, entonces esa conclusión resulta ser una confusión obvia. Berlin, que era un excelente experto en las obras de Marx 29, que ha demostrado que aprecia, en gran medida, la grandeza de Marx 30, no enlaza el positivismo con el marxismo en la cuestión de las leyes de un modo tan explícito como Popper. Sus objeciones son más bien de naturaleza moral:
todas las filosofías de la historicoa que tienen un substrato determinista son incompatibles con la idea del libre albedrío, y si un individuo está sujeto a las leyes que rigen los «todos», entonces no se le puede considerar responsable de su conducta Es evidente que tampoco esta opinión rebaja la posición marxista, puesto que la teoría marxista también se opone a las valoraciones relativistas que dejan toda la carga de la responsabilidad a las «fuerzas históricas» que son independientes del hombre y trabajan de modo fatalista 32 Esta es la razón de que un seguidor del marxismo suscriba totalmente esa crítica al hitoricismo, una crítica que revivió después de la Segunda Guerra Mundial junto con el problema de la responsabilidad moral por ‘os atroces crímenes del nacismo. Entre las formulaciones más conocidas de esta crítica hay que mencionar, sobre todo, el excelente libro de G. Barraciough 33, que se opone al historicocismo relativista. 1. Berlin, en sus otras obras, propugna un ideografismo objetivo y defiende el programa idiográfico de la investigación histórica
5. Tendencias en el análisis lógico de la historicoa
El fuerte crecimiento de la reflexión metodológica sobre la ciencia fue seguido por un interés general, cada vez mayor, por la ciencia de la historicoa, lo cual, junto con los avances en la metodología general de las ciencias, produjo resultados cada vez más tangibles en diversos campos. Podemos hablar, en este sentido, del estudio de la relación’ entre el lenguaje de la Investigación histórica y los hechos que se investigan (semántica), el lenguaje de la prapia literatura histórica (sintáctica), y la actitud del investigador hacia sus afirmaciones (pragmática). La reflexión lógica dirigió su atención hacia el hecho de que, estudiando las Suposiciones que subyacen bajo los Procedimientos de investigación, llegamos a investigar los sistemas de valores representados por los diversos estudiosos. Nos ha dado, por tanto, nuevos Instrumentos para el estudio de la materia de investigación y para los procedj mnjentos investigador y cognoscitivo. En favor de la reflexión lógica hay que decir que ha consolidado nuestra convicción de que es imposible hablar de objetos (por ejemplo, el proceso histórico) sin analizar el lenguaje utilizado. Sólo podemos tomar en cuenta io que se puede describir en un lenguaje.
Ahora indicaremos sólo algunos problemas concretos, que son importantes para los historicoadores y han tenido avances por parte de la reflexión lógica.
Como hemos visto, la crítica de la metafísica en las opiniones sobre el curso de los acontecimientos y sobre la ciencia histórica, que, en gran medida, estaba destinada a desacreditar el historicocismo, ha revivido, sobre todo, las afirmaciones de que los hechos históricos son no recurrentes, y que es por tanto imposible establecer leyes del desarrollo histórico; esto ha dado lúgar a la conclusión de que la historicoa es una ciencia de «lo único». La reflexión lógica sobre la historicoa, que se desarrolló a partir del empirismo de los positivistas lógicos, intentaba —en la parte negativa de su programa— privar a la historicoa de los logros de otras formas de reflexión, en concreto los del estructuralismo (holismo), el concepto de leyes del desarrollo (por supuesto en su interpretación no fatalista), y, en general, las creencias de que es posible aplicar en la investigación histórica modelos sacados de la ciencia natural. Ciertamente, no todos los representantes de la reflexión lógica han compartido estas opiniones, que, después de todo, corresponden a las numerosas diferencias dentro de la fliosofía analítica
Las investigaciones se centraron sobre todo en lo que era más controvertido, el problema de la explicación en historicoa, es decir, la cuestión fundamental de la síntesis histórica. El estudio de esa cuestión estaba destinado también a establecer el status metodológico de la historicoa. Por tanto, no hay que extrañarse de que la reconstrucción de las explicaciones realizada en la historicoa se coiivirtiera en la cuestión mds ardientemente discutida en relación con la reflexión lógica sobre la historicoa. Se llegó a la conclusión de que el estudió de la comprensión (Verstelien), que según 105 intuicioniStaS era el rasgo característico del proceso cognoscitivo en las ciencias sociales y las humanidades, pertenece al terrena de la psicología, y no al de la lógica, que se debe ocupar de los procedimientos de explicación 36 También se dice que uno llega a eótender los hechos cuando los explica a•
Los primeros estudios sobre la lógica de la investigación histórica n aparecieron poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Esta afirmación se refiere sobre todo a los estudios generales de M. Mandelbaum (Tire Probleifl of i-zistorical Knowledge, Nueva York, 1938) y de H. Comparez (Interpretetion. Logióal Analysis of a Method of Hislorical Research, La Haya, 1939)
a Alguna de estas cuestiones sará analirada cori mayor detalle en los cap6 tulos correspondientes de este libro.
36 Fue formulado expiscitamente ocr E. Rcieheubaeh en Lxpeiiecce ad Pr° diction. An Analysis of d1e Fouodaíian mrd dm Strnciure of Krzowiedge, CanI bridge, 1938. Hacía una distinción entre el «c0:teeo de descubrimiento» para la comprensión) y el «contexto de justiticaciÓii» (para la explicación).
7 Cfr. W. H. Dray, Phdosopizy of Historg, 1964, pág. 5.
35 Esto deja de lado estudios más generales que van más allá de la metO dología de la historicoa, como la obra de K. Poppet, tasis der Forsclrzmg, 1935
En el año 1942 se publicó The Function of General Laves in- History, de C. G. Hernpel 40, que ha iniciado la mencionada discusión del problema de la explicación en la historicoa. Ha dado lugar, hasta hoy, a un gran número de documentos que se refieren a las cuestiones más intrincadas de síntesis histórica.
El problema de las leyes surgió desde el mismo principio de la discusión: la cuestión apareció (incluso había aparecido esporádicamente antes, por ejemplo con FI. Berr) sobre la posibilidad de formular explicaciones en la historicoa si se acepta firmemente que la historicoa es una ciencia de hechos únicos, y por tanto una ciencia que no se ocupa ni de establecer leyes ni de utilizar leyes establecidas por otras disciplinas; es decir, sobre si, o hasta qué punto, se puede incluir la categoría de leyes dentro de las carácterísticas metodológicas de la historicoa. En otras palabras, ayudó a resolver el problema de hasta qué punto es aplicable a la historicoa el modelo deductivo de explicación, característico de la ciencia natural, en el que los hechos singulares se explican subsumiéndolos en una ley apropiada que establece una relación general.
El mencionado modelo deductivo trabaja de modo que un investigador, apoyándose en su conocimiento de una ley dada 1) afirma que los hechos a>,..., au, 2) explican la ocurrencia de los hechos b b, 3). La afirmación 3) se deduce de la conjunción de las afirmaciones 1) y 2). Este esquema de explicación, que fue dado por K. Popper (1934, 1945) como esquen-ia general de explicación de la ciencia, fue transmitido por C. G. Hempci (1942) al campo de la investigación histórica.
Este acercamiento, que en la literatura de habla inglesa sobre la materia se llama la «covering-law theory» (teoría de la ley abarcadora), ha sido aceptado por algunos participantes en la discusión (por supuesto, con propuestas de ciertas modificaciones), y rechazado por otros, que aseguraban que los modelos metodológicos de la ciencia natural no son aplicables a la
historicoa. Evidentemente, el acercamiento mencionado debe resultar inaceptable para los teóricos abiertamente idealistas de la historicoa, como
M. Oakesirott (que no aceptó ni el concepto de causa en la historicoa, para no hablar del de leyes) y R. G. Collingwood. Fue aceptado por M. Mandelbaum en su obra, mencionada anteriormente, de 1938. En 1961, el mismo 5 autor41 clasificó a los participantes de la discusión como «teóricos de la
coveringjaur>, es decir, defensores del modelo deductivo de explicación, «reaccionarios» e «idealistas». En el último grupo incluyó a teóricos como Croce, Qakeslrott y Collingwood, y añadió que tenían mucho en común con
el Segundo grupo. Aproximándonos a la cuestión desde otro punto, podríaInos clasificar a los «reaccionarios» como representantes de la tendencia descripthra dentro de la filosofía analítica, es decir, como los que tienden a describir el estado actual de cosas, y a los «teóricos de la covering-iaw» Corno reconsti-uccionistas, que tienden a imprimir a las explicaciones en la Ciencia (en nuestro caso, en la historicoa) el mayor grado posible de precisión.
ríes of Historo, P. Gardiner (cd.), Nueva York, 1961, can una CXCC!fl1ri hiblioçzraY TIse PIilosopJsy of History tu Onr Tinze, E.

Adoptan el modelo de explicación de la ciencia natural para imitarlo en el caso de cualquier tipo de explicación. Con una gran simplificación, podríamos decir también que los «idealistas» tienden a explicar refiriéndose a una descripción genética, los «reaccionarios» aceptan relaciones causales sin ninguna referencia a las leyes, y los defensores del modelo deductivo enlazan el concepto de causa con el de ley.
Entre los defensores del modelo deductivo se incluían, sobre todo,
M. White, J. W. N. Watkins, M. Mandelbaum. W. XV. Bartley42, y —con muchas reservas— P. Gardiner El modelo de Hempel fue más o menos criticado por XV. Dray, W. B. Gallie, A. C. Danto, F. A. Geliner, A. Donagan,
A. L. Ryle, N. Rotenstreich, J. Agassi, y otros u• Los «reaccionarios» buscaron el apoyo para su acercamiento fundamentalmente ideográfico a la materia y las tareas de la investigación histórica en las actividades prácticas de los historicoadores. Aseguraban que en los escritos históricos no se encuentran formulaciones de leyes, y que, incluso aunque a veces están ahí, entonces tienen la forma de afirmaciones que carecen de precisión, y por tanto difieren de las formulaciones usadas en la ciencia natural. Trataremos esta cuestión más tarde, en un contexto más amplio.
El problema de las generalizaciones, que en cierto modo surgió en la controversia sobre la explicación en la investigación histórica, también fue examinado al margen de dicha controversia. Lo más interesante, en este sentido, es la colección (que editó L. Gottschalk) de documentos de los propios historicoadores °. La cuestión era darse cuenta, en primer lugar, de cómo introducen los historicoadores conceptos generales en sus escritos, y cuáles son los tipos de dichos conceptos generales. Esto condujo a la cuestión sobre las generalizaciones en la historicoa, si revelan ciertas propiedades
Estas cuestiones, incluido el problema de la explicado0 serán tratadas más adelante en este libro.
Son, sobre todo, historicoadores americanos (en el orden de las afirmadO nes): Ch. G. Starr, M. J. Finley, A. F. Wright, D. Bodde, R. R. Palmer, XV. P. Meezger, Th. C. Cochran, L. Gottschalk, R. F. Nichols, W. O. Aydelotte, D. M. Potter,
M. Klein. H. Meyerhoff, el filósofo, también fue consultado; en su opinión, no hay problemas específicos de las generalizaciones en la investigación histórica en oposición a otras ciencias; sólo existe la cuestión de la generalizaciones coro0 tales. Las generalizaciones, la explicación la causalidad, vistas desde una postfliv lógica, forman un solo síndrome, y por eso los filósofos han tratado estas rnaíf rías conjuntamente (cfr. (leneralisation di ide Writing of Historv, Chicago, l96 página Vi). Este libro incluye una bibliografía de obras sobre la metodología de la historicoa.
peculiares, es decir, si existe un problema separado de las generalizaciones en la historicoa o se reduce al de las generalizaciones en todas las ciencias.
L. Gottschalk dividía a los historicoógrafos en descriptivos y teóricos, y añadía que, según el tipo de trabajo, un historicoador pertenece predominante- mente a uno de estos dos grupos Cada úno de ellos tiene que enfrentarse al problema de las generalizaciones. Desde ese punto de vista, Gottschalk los clasificaba en seis grupos: 1) los que evitan las generalizaciones («la escuela de lo único»), 2) los que introducen las generalizaciones deliberadamente pero con cautela (el acercamiento narrativamente descriptivo), 3) los que intentan generalizar apoyándose en su conocimiento de las tendencias, es decir, genéticamente, comparando los hechos con sus antecedentes (en un acercamiento genético), 4) los que hacen generalizaciones comparando los hechos en diferentes épocas diferentes lugares (acercamiento comparativo), 5) los que hacen generalizaciones en forma de leyes (acercamiento nomotético), y 6) los que hacen generalizaciones que abarcan todo el curso de los sucesos (filósofos de la historicoa). En este último grupo, Gottschalk incluía a Condorcet, Hegel y Marx. Añadía también que, respecto a esta clasificación, un mismo historicoador puede pertenecer a varios grupos, y cada grupo juega su papel propio y distintivo, y es indispensable en la investigación histórica 7. La discusión señalaba las dificultades para separar las generalizaciones de los informes sobre los hechos, pero dejaba sin examinar el problema de las leyes en historicoa.
Junto al análisis lógico de la naturaleza de la explicación, la cuestión de las valoraciones, es decir, la cuestión de la objetividad de la investigación histórica, se convirtió también en un punto de interés universal por parte de los metodologistas de la historicoa, Para los positivistas, el hecho de que los escritos históricos incluyeran afirmaciones valorativas no era un obstáculo para considerar la historicoa corno una ciencia «objetiva» que recuerda a las ciencias exactas. La reflexión anti-positivista consideraba que el factor valor era el elemento que distingue a la historicoa (y a otras ciencias de la cultura) de la ciencia natural. En cuanto a la reflexión lógica, especialmente la que tuvo su origen en la tradición positivista lógica (a partir de M. Schlick), las valoraciones históricas, tan cargadas de pensamientos especulativos, se
veían con grandes sospechas. Fue surgiendo la exigencia poco realista de liberar la investigación histórica de valoraciones, si no se llegó a afirmar que los historicoadores deberían intentar separar la descripción de hechos de las valoraciones.
La opinión que prevaleció fue la de que «una ciencia social desinteresada es (...) totalmente absurda» 48, y la eliminación de la metafísica del
Generalisatioji ira tIre Wriring of Historv. cd. cit., pág. y.
ibídem, págs. 113-129.


de objetos (por ejemplo, el proceso histórico) sin analizar el lenguaje utilizado. Sólo podemos tomar en cuenta 10 que se puede describir en un lenguaje.
Ahora indicaremos sólo algunos problemas concretos, que son importantes para los historicoadores y han tenido avances por parte de la reflexión lógica.
Corno hemos visto, la crítica de la metafísica en las opiniones sobre el curso de los acontecimientos y sobre la ciencia histórica, que, en gran medida, estaba destinada a desacreditar el historicocismo, ha revivido, sobre todo, las afirmaciones de que los hechos históricos son no recurrentes, y que es por tanto imposible establecer leyes del desarrollo histórico; esto ha dado lügar a la conclusión de que la historicoa es una ciencia de «lo único’>. La reflexión lógica sobre la historicoa, que se desarrolló a partir del empirismo de los positivistas lógicos, intentaba —en la parte negativa de su programa— privar a la historicoa de los logros de otras formas de reflexión, en concreto los del estructuralismo (holismo), el concepto de leyes del desarrollo (por supuesto en su interpretación no fatalista), y, en general, las creencias de que es posible aplicar en la investigación histórica modelos sacados de la ciencia natural. Ciertamente, no todos los representantes de la reflexión lógica han compartido estas opiniones, que, después de todo, corresponden a las numerosas diferencias dentro de la filosofía analítica n
Las investigaciones se centraron sobre todo en lo que era más controvertido, el problema de la explicación en historicoa, es decir, la cuestión fundamental de la síntesis histórica. El estudio de esa cuestión estaba destinado también a establecer el status metodológico de la historicoa. Por tanto, no hay que extrañarse de que la reconstrucción de las explicaciones realizada en la historicoa se convirtiera en la cuestión más rrdientemente discutida en relación con la reflexión lógica sobre la historicoa. Se llegó a la conclusión de que el estudio de la comprensión (Verscei>cn), que según los intuicionistas era el rasgo característico del proceso cognoscitivo en las ciencias sociales y las humanidades, pertenece al terreno de la psicología, y no al de la lógica, que se debe ocupar de los procedimientos de explicación °. También se dice que uno llega a ehtender los hechos cuando los explica °.
Los primeros estudios sobre la lógica de la investigación histórica30 aparecieron poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Esta afirmación se refiere sobre todo a los estudias oeneraies de M. Mandelbaum (Tite Problein of historicocal Knowledge, Nueva York, 1938) y de H. Comparez (Interpretation. Logical Analysis of a Metlzod of Historicocal Research, La Haya, 1939) °.
Alguna de estas cuestiones srrá analizada con mayor detalle en los capítulos correspondientes de este libro.
36 Fue formulado expiicitarnersrc ocr 11. Rtictie,sbach en Lxperience aci Pro cliction. An Anal3szs O) th.e c00000ísou and t/ce Siructure of Knowledge, Caso bridge, 1938. Hacía una distinción entre cc) En el año 1942 se publicó The Functjos of General Laws in History,
C. G. Hempel que ha iniciado la mencionada discusión del problema de explicación en la historicoa. Ha dado lugar, hasta hoy, a un gran núme de documentos que se refieren a las cuestiones más intrincadas de sínte histórica.
El problema de las leyes surgió desde el mismo principio de la disc sión: la cuestión apareció (incluso había aparecido esporádicamente anti por ejemplo con H. Berr) sobre la posibilidad de formular explicacion en la historicoa si se acepta firmemente que la historicoa es una ciencia
hechos únicos, y por tanto una ciencia que no se ocupa ni de establec leyes ni de utilizar leyes establecidas por otras disciplinas; es decir, sob si, o hasta qué punto, se puede incluir la categoría de leyes dentro de 1 características metodológicas de la historicoa. En otras palabras, ayudó a x solver el problema de hasta qué punto es aplicable a la historicoa el mode deductivo de explicación, característico de la ciencia natural, en el qi los hechos singulares se explican subsurniéndolos en una ley apropiada qs establece una relación general.
El mencionado modelo deductivo trabaja de modo que un investigado apoyándose en su conocimiento de una ley dada 1) afirma que los h chos a, a», 2) explican la ocurrencia de los hechos b1 b, 3). 1 afirmación 3) se deduce de la conjunción de las afirmaciones 1) y 2). Es esquema de explicación, que fue dado por K. Popper (1934, 1945) corr esquema general de explicación de la ciencia, fue transmitido por C. G. Hen pci (1942) al campo de la investigación histórica.
Este acercamiento, que en la literatura de habla inglesa sobre la maten se llama la «cox’ering-law theory» (teoría de la ley abarcadora), ha sid aceptado por algunos participantes en la discusión (por supuesto, con prc puestas de ciertas modificaciones), y rechazado por otros, que aseguraba que los modelos metodológicos de la ciencia natural no son aplicables a 1 historicoa. Evidentemente, el acercamiento mencionado debe resultar inacel table para los teóricos abiertamente idealistas de la historicoa, COSTO
M. Oakeccbott (que no aceptó ni el concepto de causa en la historicoa, par fO hablar del de leyes) y R. G. Collingwood. Fue aceptado por l4. Mao delbaurn en su obra, mencionada anteriormente, de 1938. En 1961, el misrn autor4’ clasificó a los participantes de la discusión como «teóricos de 1 COVeringla>» es decir, defensores del modelo deductivo de explicaciór «reaccionarios» e «idealistas>. En el último grupo incluyó a teóricos com Croce, Oakeshott y Collingwood, y añadió que tenían mucho en común co:
el segundo grupo. Aproximándonos a la cuestión desde otro punto, podrío ITIOS clasificar a los «reaccionarios» como representantes de la tendenci. descriptj.8,a dentro de la filosofía analítica, es decir, como los que tiendes a describir el estado actual de cosas, y a los «teóricos de la coveringdaw como reconstruccionistas, que tienden a imprimir a las explicaciones en 1:
Ciencia (en nuestro caso, en la historicoa) el mayor grado posible de precisión
nc5 of Historv P. Gardiner (ccl.), Nueva York, 1961, con una excelcntc hihliogra


pensamiento histórico no debe tener lugar por medio de eludir las valora. ciones, sino a través de su uso deliberado. La aceptación de dichas Opiniones fue facilitada por los análisis cada vez más frecuentes que demostrab que las ciencias naturales tampoco están libres de valoraciones . Los his. toriadores que se ocupaban fundamentalmente de la literatura histórica han contribuido muy poco a la controversia sobre las valoraciones. Han hecho una serie de comentarios generales en favor de diversos acercamientos, pero el énfasis sobre la posibilidad de convertir la historicoa en una ciencia obje. tiva fue puesto por los filósofos, y no por los historicoadores
Mientras que la reflexión lógica se ha desarrollado excepcionalmente en la esfera de la síntesis histórica, los problemas del análisis en la investigación histórica, es decir, los métodos de establecer los hechos, no se han comenzado a investigar más estrechamente (desde el punto de vista metodológico) hasta años recientes . Hasta ahora, los mayores logros en el análisis lógico del conocimiento basado en fuentes, es decir, el tipo de conocimiento específico de los historicoadores, se deben a J. Giedymin, que se ha ocupado de la clasificación lógica de las fuentes, la lógica de la inferencia basada en fuentes y la cuestión de la fiabilidad de los informantes 52•
° Ver el análisis de estos problemas en la Quinta Parte de este libro.
50 Esto ha sido advertido por muchos autores; cfr. W. Drav, Philosophy
of History,
cd. cit., pág. 23, que menciona, en relación con esto, la opinión de
H. Meverhoff.
Cfr. A. Malewski y J. Topolski, Studia z rnetodologii lzistorii (Estudios sobre metodología de la historicoa), cd. cit., caps. II y III. La falta de tales análisis fue señalada por este autor en su artículo «O rnetodach badawczych historicoi gospodarczej» (Mátodos de investigación usados en la historicoa económica>, leído en el VIII Congreso de Historicoadores Polacos e incluido en Historicoa gospoclareza Polski (Historicoa económica de Polonia), Varsovia, 1960, págs. 13 y Ss, En ese artículo también se mencionaba Aso Introductsou to Logic asid Sczeflttttc 1 Metlsod, de M. R Cohen y E. Nagel (ediciones de 1934, 1949, 1951), como ufl8 excepción en este campo. Ver también J. Giedymin, «Probiemy logiczne anahzY historyczne)> (Problemas lógicos de los análisis históricos), Stzidia Z;’od1ona,>CZt volumen II, 1958, pág. 22, donde se encuentra una opinión parecida.
52 J Giedymin, Z prohlesnow logicznych ana1iy liistorycznej (Algunos pro’ blensas lógicos de los análisis históricos), Poznan, 1961; «Wiarogodnosc informa’ tora. Proba eksplikacji dwoch pojec z analizv i krvtyki zródel historycznych» (Fiabilidad del informante, Intento de explicación de los dos conceptos en el análisis y crítica de las fuentes históricas), Studia Zródloznawcze, vol. VII, 1962, páginas 1-13; «Prohlemy logiczne analizv histors’czneji> (Problemas lógicos de Jos análisis históricos), Studia Zródloznawcze, vol. II, 1958, págs. 1-39. Más adelafltC daremos más datos bibliográficos. Hay que advertir que, desde que este libro fue escrito (1964.1966), la investigación sobre la metodología general de las neo- cias, fundamental para la reflexión metodológica sobre los estudios históriCOS, se ha desarrollado mucho en el círculo de Poznan. Esa investigación ha abarcado, en particular, los principios de abstracción y concreción y, por tanto, los probl’ mas de construcción de modelos (Leszek Nowak) y el procedimiento de expl1’, cación de las acciones humanas, es decir, la llamada interpretación humaniSt (Jerz Kmita). De las numerosas publicaciones recientes hay que mencionar, sobr todo, Zalozenra metodologzczne «Kapitalui> Marksa (Los presupuestos metodoi lógicos en »El capital» de Marx), de varios autores, Varsovia, 1970; L. NoWi” ti podstaw nzarkszstwskrej metodologii íjauk (Los fundamentos de la 0oiog1a marxista cte las ciencias), Varsovia, 1971; J. Kmita. Z oietoc1cPogiczoycJs pi.o!,len3óli
res j eíacjz 3 01 c1 l) cia ; (Pi b m is me LO s]ogscos csc gi Jus dv sotes prot5
cr»n Lumanisl a), Varsovr,, 1971; E[eroeoty inarLsisloiCSiOj oietodologii hwnafltS



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