Introducción




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II La materia de la metodología de la historia



1. Ramas de la metodología de la historia
En vista de lo que se ha dicho más arriba sobre el terreno de la metodología general de las ciencias y las conclusiones que resultan de ello para las metodologías especializadas, podemos enumerar estos tres campos de interés para la metodología de la historia:
1) Reflexiones sobre las operaciones cognoscitivas en la investigación histórica, es decir, sobre la ciencia histórica interpretada como el oficio de los historiadores,
2) Reflexiones sobre los resultados de la investigación, es decir, sobre la ciencia histórica interpretada como una serie de afirmaciones sobre el área de la investigación.
3) Reflexiones sobre la materia de la investigación histórica, es decir,, sobre la historia en el sentido de «los hechos pasados».
Las reflexiones sobre los hechos pasados podrían, por supuesto, ser consid eradas como un campo de investigación tan especializado que no estaría justificado considerarlas como parte de la metodología de la historia. Esto, sin embargo, parece ser una cuestión secundaria. Ninguna clasificación de los intereses comprometidos en la investigación puede acabar negando la importancia, para la labor metodológica, de las reflexiones sobre la materia de la investigación. Si se afirma que el objetivo de la ciencia histórica (interpretado desde el punto de vista interno de la propia ciencia) es llegar a afirinaciones verdaderas, entonces tenemos que conocer no sólo el método de llegar a dichas afirmaciones, o sea, el medio de formularlas. Esta parte del trabajo la realiza la primera rama de la metodología de la historia. Pero para poder apoyar estas afirmaciones debemos estar en posición de confrontarlas con lo que sabemos del terreno de investigación. Nuestro conocimiento de los hechos, como se ha dicho antes, no va más allá de lo que se ha establecido científicamente sobre ellos; en otras palabras, el modo como vemos un objeto está formado por nuestro conocimiento de ese objeto. Cuando sustentamos una afirmación (en un terreno dado), ante todo la confrontamos con el conocimiento que tenemos (sobre ese terreno), y normalmente la rechazamos si nos parece que difiere o contradice ese conocimiento y si al mismo tiempo no tenemos razones para modificar nuestro conocimiento sobre ese punto. Sólo más tarde tiene lugar la confrontación con el comportamiento actual Por tanto, desde el punto de vista de la metodología de la historia, el conocimiento de aquello con lo que el historiador confronta sus afirmaciones no es indiferente.
En lo que se refiere a la metodología interpretada normativamente, decimos que tenemos que esforzarnos para mejorar en lo posible nuestro conocimiento del objeto en cuestión —es decir, el sistema de referencia con el que comparamos nuestras afirmaciones sobre el objeto de estudio—. Podría decirse metafóricamente que el conocimiento del objeto de estudio sirve como un espejo que usamos para reflejar nuestras afirmaciones; por tanto, el punto importante es que este espejo revela todas las distorsiones posibles en la imagen del pasado tal como la reconstruimos. Puesto que en la práctica investigadora la formulación de las premisas y su sustentación están interconectadas, y la formulación relativamente final de una premisa sólo tiene lugar después de los intentos de sustentación en varios niveles, puede decirse que nuestro conocimiento del objeto de estudio juega un importante papel también en el proceso de formulación de las premisas. Como se demostrará más tarde, esto cuenta para todos los niveles del proceso investigador del historiador.
En la literatura de la materia no hay uniformidad en las definiciones de las diversas ramas de estudio que han sido llamadas aquí metodológicas ni en la totalidad de dicho estudio. La primera de estas ramas, interesada en el estudio de las operaciones cognoscitivas, es (ver, por ejemplo, E. Bernheim) a veces excluida de la metodología de la historia, mientras que la segunda, interesada en la ciencia interpretada corno una serie de afirmaciones, es llamada frecuentemente metodología. Las reflexiones sobre el procedimiento de investigación histórica, incluso comprendiendo los problemas de técnicas de investigación (ver, por ejemplo, M. Handelsman), y las investigaciones que resultan de los análisis llevados a cabo en las dos primeras ramas de la metodología de la historia, como se ha apuntado arriba, e interesadas en establecer la naturaleza metodológica de la ciencia histórica y el lugar de esa disciplina en el sistema de las ciencias, son lo que se considera, la mayoría de las veces, como metodología. El término teoría de la historia, que encontramos bastante a menudo, varía de significado de un autor a otro. En su sentido más amplio se refiere a las reflexiones sobre el lenguaje de la ciencia histórica, junto con análisis (pero no interpretados normativamente) de las operaciones de investigación, y con la exclusión de todo aquello que podría clasificarse como técnicas de investigación. Fue en este sentido en el que el término fue usado por P. Gardiner, cuando dio el título Theories of History (publicado en 1959) a su famosa colección de autores que se habían ocupado de las reflexiones sobre la ciencia histórica.
Las reflexiones sobre la materia de la investigación histórica reciben muchas veces la etiqueta de filosofía de la historia. La usó Voltaire 1, Hegel, Y la usaron otros, en el sentido de las reflexiones sobre los acontecimientos pasados. Su significado está todavía evolucionando: quiere decir, como antes, las reflexiones sobre el pasado, pero ha adquirido también un matiz derogatorio que indica que tenemos que tratar con las especulaciones no sujetas a control científico, principalmente sobre el curso de los acontecimientos futuros. Para alejarse de estas implicaciones, A. C. Danto tituló su interesante obra An Analytical Philosophy of History (edición inglesa 1965), que apunta también a las conexiones con la tendencia (o diversas tendencias) de la llamada filosofía analítica. Otros representantes de esa filosofía, y también muchos autores que están fuera de esa corriente, usan el término filosofía de la historia, no n el sentido de reflexiones sobre el curso de los acontecimientos, sino sobre la ciencia histórica, interpretada como operaciones cognoscitivas y como sus resultados 2 Aquellos autores que limitan la metodología de la historia a un cierto tipo de reflexiones solamente, pero cuyas reflexiones, por otró lado, tratan de los problemas de las técnicas de investigación, sienten la necesidad de encontrar un término general, integrador, para todas sus investigaciones. En relación con esto encontramos los términos histórica (usado en su forma polaca por los historiadores polacos 3. Lewelel y M. Handeisman), enciclopedia y metodología de la historia, introducción a la investigación histórica (estudios) (Ch. Langlois, Ch. Seignobos, L. Halphen) , etcétera.
Para evitar esta confusión terminológica sugerimos, aquí, considerar todas las reflexiones sobre las operaciones cognoscitivas y los resultados de dichas operaciones, y la materia de la investigación histórica, como cuestiones de la metodología de la historia, con los siguientes términos de trabajo referidos a las diversas áreas de dichas reflexiones:
1. Metodología pragmática de la historia.
2. Metodología apragmática de la historia.
3. Metodología objetiva de la historia.
2. La metodología pragmática de la historia
Para indicar cuáles son las tareas de la metodología de la historia concebida como un análisis de las operaciones cognoscitivas realizadas por los historiadores, acudimos a una definición de las tareas de la metodología pragmática, tomada de un libro de K. Ajdukiewicz. Cuando menciona el punto de vista descriptivo y normativo, dice que «las tres principales tareas de la rama de la metodología interesada en la ciencia como profesión de los científicos, es decir, la ciencia como actividad, son: 1) la separación de los tipos de trabajo llevados a cabo en la tarea investigadora y el análisis de dichos tipos de trabajos, llegando a definiciones que expliquen en qué consisten estos trabajos; 2) descripción (en líneas generales) de los procedimientos de investigación usados en varias disciplinas; 3) descubrimiento de las metas que persiguen, conscientemente o no, los investigadores en las diversas áreas, y la consiguiente codificación de los modelos de procedimientos de investigación correctos» ‘.
Así, la parte principal de esta clase de consideraciones metodológicas se refiere a la reconstrucción y posible valoración de métodos (esquemas, principios) de deducción y todas las demás clases de razonamientos usados para resolver problemas (contestar preguntas) planteados en la ciencia5.
2 De un modo bastante característico, la publicación History and Theory
tiene un subtítulo explicativo: Studies in Ihe Phslosophy of History.
3 Los autores cuyas «introducciones a la investigación histórica» se adaptan a las necesidades de la enseñanza de la historia, se rigen por consideraciones algo diferentes. Seleccionan los problemas relacionados con las ramas anteriormente indicadas, y tienen en cuenta los aspectos técnicos de la investigación histórica (cfr. W. Moszczenska, Wstep do badan historycznych (Introducción a la investigación histórica), Varsovia, 1960, y la obra de B. Miskiewicz del mismo título Poznan, 1964]. El alcance de tales aproximaciones es discutido.
K. Ajdukiewicz, Lógica pragmática, cd. cit., pág. 188.
En este sentido, téngase en cuenta la definición de inferencia que usare
mos de ahora en adelante: «La inferencia es un proceso mental por el cual, apo38 Lás tres tareas principales indicadas más arriba valen plenamente para la historia. En el caso de las dos primeras tenemos que tratar con un análisis y descripción de las siguientes operaciones (que no en todos los casos necesitan ser tenidas en consideración):
1) Elección del campo de investigación.
2) Planteamiento de una cuestión en ese campo.
3) Establecer las fuentes sobre las que se va a basar el estudio (si la cuestión planteada va a tener respuesta).
4) Crítica (externa e interna) de las fuentes.
5) Descripción —siempre selectiva— de lo que ocurrió y de aquello a lo que se refiere la pregunta.
6) Explicación (por qué ocurrió así?).
7) Consecución de premisás teóricas.
8) Formulación sintética de los resultados (es decir, respuesta a la pregunta dentro del terreno en consideración).
9) Valoración de las personas y los sucesos del pasado.
Cuando se llega a la tercera de las tareas de la metodología pragmática, tal como las enumera Ajdukiewicz, los intereses de la ciencia histórica se centran en definir los objetivos que guían a los historiadores en su investigación; a este respecto, hay que darse cuenta de que estos objetivos pueden cambiar en el curso de la historia. Basta recordar que no fue siempre el deseo de dibujar un auténtico cuadro del pasado lo que guió a los historiadores. Como sabemos, al principio el objetivo principal era proporcionar modelos de conducta. Cuando la persecución de la verdad se ha hecho patente, ha quedado abierta una pregunta, si el historiador debe describir meramente el pasado «con fidelidad» o si va a intentar sacar a relucir las regularidades que gobiernan la vida social. La pregunta consiguiente ha sido: ¿Qué hace él frente a esta alternativa? ¿La búsqueda de la verdad impide la función didáctica de la historia? ¿El historiador debe valorar las personas y los sucesos?
La consecución de cada uno de estos objetivos requiere modos y modelos de procedimientos complejos. El objetivo primario —llegar a afirmaciones ciertas— exige la capacidad de sustentar y comprobar formalmente las afirmaciones. Esto está unido a un sistema de conceptos de operaciones cognoscitivas específicas, que, ante todo, incluye el concepto de comprobación de una hipótesis.
Es obvio que la mcta de una investigación afecta directamente a la naturaleza del procedimiento científico implicado, porque si una persona, por ejemplo, no se impone la tarea de dar razón de las regularidades que gobiernan el proceso histórico, entonces no está interesado en llegar a afirmaciones teóricas ciertas.
Yáfldonos en una aceptación más o menos categórica de las premisas, llegarnos a la aceptación de la conclusión que anteriormente no aceptábamos o aceptába. ¡nos menos categóricamente; el grado de certeza de aceptación de la conclusión es más alto que el grado de certeza de aceptación de las premisas»

La segunda parte, más abajo, estará totalmente dedicada a un análisis histórico de estos objetivos y a un análisis de los cambios en los procedimientos de investigación usados por los historiadores, cambios que surgen de las modificaciones de los objetivos de la investigación. Las partes cuarta y quinta se ocuparán de una reconstrucción (análisis y valoración) de los procedimientos usados de hecho en la investigación histórica.
Los conceptos fundamentales en la metodología pragmática de la historia adoptados en este libro incluyen: 1) observación; 2) conocimiento basado en las fuentes; 3) conocimiento no basado en las fuentes; 4) fuente histórica; 5) información basada y no basada en las fuentes; 6) autenticidad de las fuentes; 7) fiabilidad de los informadores; 8) modelo metodológico (selección de hechos); 9) establecimiento de los hechos; 10) explicación; 11) sustentación y comprobación; 12) hipótesis; 13) aceptación; 14) probabilidad; 15) valoración; 16) construcción y síntesis.

3. La metodología apragmática de la historia

La metodología de la historia que se ha llamado aquí apragmática está estrechamente unida a la pragmática. La metodología apragmática, en nuestro caso, se ocupa de los resultados del trabajo de los historiadores y, por tanto, de analizar las afirmaciones que formulan. Es obvio que cuando se investigan los procedimientos científicos no podemos dejar de discutir las afirmaciones hechas por los historiadores. Puesto que, en conjunto, nos ocupamos de estructuras enteras, series o secuencias de afirmaciones de varias clases (afirmaciones de observación, afirmaciones teóricas), que están lógicamente interconectadas, nos enfrentamos con la tarea de reconstruir un sistema formado por la ciencia histórica; ésta es la razón de que estas reflexiones puedan ser llamadas sistemático-metodológicas. Hasta el momento, la teoría de los sistemas deductivos (matemáticamente) es la más desarrollada en este área de la ciencia, pero nada nos impide intentar sistematizar también otras disciplinas.
Mientras que la metodología pragmática no puede ejercerse sin una preocupación simultánea por las cuestiones que pertenecen a la metodología apragmática, podemos imaginarnos la investigación en este último campo sin referirse a los resultados obtenidos en el primero.
La importancia de los análisis en el campo de la metodología apragmática es particularmente visible cuando tratamos de señalar los rasgos característicos de la ciencia histórica (en otras palabras, su estructura metodológica), para definir su lugar en el sistema de las ciencias. De este modo podemos establecer los rasgos comunes a varias disciplinas y así avanzar en la investigación sobre la clasificación de las ciencias.
Por lo que se refiere a la historia, la metodología apragmática abarca, sobre todo, las reflexiones sobre las afirmaciones históricas, generalizaciones históricas, afirmaciones y leyes estrictamente generales y el concepto de narración. Pero, como se ha dicho más arriba, el papel de los diversos tipos de afirmacioncs cs también preocupación de la metodología pragmática. Las reflexiones en el área de la metodología apragmática serán tratadas en la parte 6 del libro.
Para aplicar ]a metodología apragmática de la historia es indispensable, por tanto, adoptar, como se ve, los conceptos de: 1) afirmación histórica; 2) generalización histórica; 3) ley, en el sentido semántico del término;

4) ley científica; 5) juicio de valor; 6) narración histórica; 7) lenguaje objeto
y metalenguaje; 8) verdad; 9) isomorfismo.
4. La metodología objetiva de la historia
El término metodología objetiva de la historia no es quizá el más afortunado (metodología de la historia orientada hacia la materia sería quizá más preciso, pero extremadamente tosco), pero se ha adoptado aquí para subrayar que no hablamos de una transferencia «ordinaria» a la metodología de la historia de aquellas disciplinas que se llaman filosofía de la historia o teoría del desarrollo social o cibernética, o finalmente, aquellas disciplinas que están relacionadas con la materia de los estudios históricos, sino una reflexión especial sobre esa materia, una reflexión que hace uso de las disciplinas mencionadas más arriba (y posiblemente de otras) para los propósitos de la investigación histórica. Por el momento, esto es un postulado, pero estaría bien que en el futuro tales reflexiones entren en la metodología de la historia en mayor escala y allí sean transformadas apropiadamente. Esto haría posible adaptar a las necesidades de la investigación histórica y al estudio de dicha investigación los logros teóricos y metateóricos de la ontología filosófica, la cibernética e incluso la teoría de los grupos, mereología, y otras disciplinas, tanto las que existen como las que todavía tienen que surgir.
La importancia del conocimiento del terreno estudiado, en el curso de [as investigaciones históricas conducidas por los historiadores, para la selección de los hechos, se ha señalado más arriba. Se podría añadir aquí que, cuando usamos la definición semántica de la verdad, dada más arriba, no es posible calificar las afirmaciones como verdaderas o falsas sin tener algún conocimiento del área en cuestión. Como se sabe, una premisa p (formulada en lenguaje objeto) es verdadera en un terreno T si, y sólo si, las cosas son tal como afirma su correspondiente P en el metalenguaje 6• La cuestión que se plantea es qué conocimiento sobre T debemos tener para poder hacer intentos de asignar a las premisas los valores lógicos de verdad o falsedad. Como es sabido, los terrenos son los modelos para las afirmaciones, series de afirmaciones, o disciplinas enteras. Pero esos terrenos sólo sirven como modelos tales que, en ellos, esas afirmaciones, series de afirmaciones o disciplinas enteras, son verdaderas, es decir, tienen en sí mismos sus correspondientes metalingfiísticos El historiador se interesa en cómo caracterizar el Campo que es modelo de sus afirmaciones; una respuesta a esta cuestión debe proporcionarla la metodología objetiva ontológica de la historia. Una pregunta sobre la verdad de ciertas afirmaciones es, por tanto, una pregunta sobre si tienen un modelo, es decir, si hay un campo en el que son verdaderas y si es un campo que sea objeto de investigación (esfera de interés) de la ciencia histórica. Entonces el conocimiento de ese terreno debe ser Sistematizado de forma que sirva a los historiadores. Ese conocimiento, adquirido por los diversos historiadores, debe revelar el mayor número posible de modos convergentes de denotación. Además de posibilitar el uso del conocimiento de la materia (campo) al asignar a las afirmaciones valores lógicos específicos (lo que hace un historiador casi automáticamente), las reflexiones Sobre la materia de investigación proporcionan numerosas directrices heurísticas, como hacia la cuestión cTe qué debe estudiarse (el problema de la
La segunda parte, más abajo, estará totalmente dedicada a un análisis histórico de estos objetivos y a un análisis de los cambios en los procedimientos de investigación usados por los historiadores, cambios que surgen de las modificaciones de los objetivos de la investigación. Las partes cuarta y quinta se ocuparán de una reconstrucción (análisis y valoración) de los procedimientos usados de hecho en la investigación histórica.
Los conceptos fundamentales en la metodología pragmática de la historia adoptados en este libro incluyen: 1) observación; 2) conocimiento basado en las fuentes; 3) conocimiento no basado en las fuentes; 4) fuente histórica; 5) información basada y no basada en las fuentes; 6) autenticidad de las fuentes; 7) fiabilidad de los informadores; 8) modelo metodológico (selección de hechos); 9) establecimiento de los hechos; 10) explicación; 11) sustentación y comprobación; 12) hipótesis; 13) aceptación; 14) probabilidad; 15) valoración; 16) construcción y síntesis.
3. La metodología apragmdtica de la historia


La metodología de la historia que se ha llamado aquí apragmática está estrechamente unida a la pragmática. La metodología apragmática, en nuestro caso, se ocupa de los resultados del trabajo de los historiadores y, por tanto, de analizar las afirmaciones que formulan. Es obvio que cuando se investigan los procedimientos científicos no podemos dejar de discutir las afirmaciones hechas por los historiadores. Puesto que, en conjunto, nos ocupamos de estructuras enteras, series o secuencias de afirmaciones de varias clases (afirmaciones de observación, afirmaciones teóricas), que están lógicamente interconectadas, nos enfrentamos con la tarea de reconstruir un sistema formado por la ciencia histórica; ésta es la razón de que estas reflexiones puedan ser llamadas sistemático-metodológicas. Hasta el momento, la teoría de los sistemas deductivos (matemáticamente) es la más desarrollada en este área de la ciencia, pero nada nos impide intentar sistematizar también otras disciplinas.
Mientras que la metodología pragmática no puede ejercerse sin una preocupación simultánea por las cuestiones que pertenecen a la metodología apragmática, podernos imaginarnos la investigación en este último campo sin referirse a los resultados obtenidos en el primero.
La importancia de los análisis en el campo de la metodología apragmática es particularmente visible cuando tratamos de señalar los rasgos característicos de la ciencia histórica (en otras palabras, su estructura metodológica), para definir su lugar en el sistema de las ciencias. De este modo podemos establecer los rasgos comunes a varias disciplinas y así avanzar en la investigación sobre la clasificación de las ciencias.
Por lo que se refiere a la historia, la metodología apragmática abarca, sobre todo, las reflexiones sobre las afirmaciones históricas, generalizaciones históricas, afirmaciones y leyes estrictamente generales y el concepto de narración. Pero, como se ha dicho más arriba, el papel de los diversos tipos de afirmaciones es también preocupación de la metodología pragmática. Las reflexiones en el área de la metodología apragmática serán tratadas ep la parte 6 del libro.
Para aplicar la metodología apragmática de la historia es indispensable, por tanto, adoptar, como se ve, los conceptos de: 1) afirmación histórica; 2) generalización histórica; 3) ley, en el sentido semántico del término; 4)’ ley científica; 5) juicio de valor; 6) narración histórica; 7) lenguaje objeto
y metalenguaje; 8) verdad; 9) isomorfismo.
4. La metodología objetiva de la historia


El término metodología objetiva de la historia no es quizá el más afortunado (metodología de la historia orientada hacia la materia sería quizá más preciso, pero extremadamente tosco), pero se ha adoptado aquí para subrayar que no hablamos de una transferencia «ordinaria» a la metodología de la historia de aquellas disciplinas que se llaman filosofía de la historia o teoría del desarrollo social o cibernética, o finalmente, aquellas disciplinas que están relacionadas con la- materia de los estudios históricos, sino una reflexión especial sobre esa materia, una reflexión que hace uso de las disciplinas mencionadas más árriba (y posiblemente de otras) para los propósitos de la investigación histórica. Por el momento, esto es un postulado, pero estaría bien que en el futuro tales reflexiones entren en la metodología de la historia en mayor escala y allí sean transformadas apropiadamente. Esto haría posible adaptar a las necesidades de la investigación histórica y al estudio de dicha investigación los logros teóricos y metateóricos de la ontología filosófica, la cibernética e incluso la teoría de los grupos, mereología, y otras disciplinas, tanto las que existen como las que todavía tienen que surgir.
La importancia del conocimiento del terreno estudiado> en el curso de las investigaciones históricas conducidas por los historiadores, para la selección de los hechos, se ha señalado más arriba. Se podría añadir aquí que, cuando usamos la definición semántica de la verdad, dada más arriba, no es posible calificar las -afirmaciones como verdaderas o falsas sin tener algtmn conocimiento del área en cuestión. Como se sabe, ,una premisa p (formulada en lenguaje objeto) es verdadera en un terreno T si, y sólo si, las cosas son tal como afirma su correspondiente P en el metalenguaje 6 La cuestión que se plantea es qué conocimiento sobre T debemos tener para poder hacer intentos de asignar a las premisas los valores lógicos de verdad o falsedad. Como es sabido, los terrenos son los modelos para las afirmaciones, series de afirmaciones, o disciplinas enteras. Pero esos terrenos sólo sirven como modelos tales que, en ellos, esas afirmaciones, series de afirmaciones o disciplinas enteras, son verdaderas, es decir, tienen en sí mismos sus correspondientes metalingüísticos. El historiador se interesa en cómo caracterizar el campo que es modelo de sus afirmaciones; una respuesta a esta cuestión debe proporcionarla la metodología objetiva ontológica de la historia. Una pregunta sobre la verdad de ciertas afirmaciones es, por tanto, una pregunta sobre si tienen un modelo, es decir, si hay un campo en el que son verdaderas y si es un campo que sea objeto de investigación (esfera de interés) de la ciencia histórica. Entonces el conocimiento de ese terreno debe ser Sistematizado de forma que sirva a los historiadores. Ese conocimiento, adquirido por los diversos historiadores, debe revelar el mayor número posible de modos convergentes de denotación. Además de posibilitar el uso del conocimiento de la materia (campo) al asignar a las afirmaciones valores lógicos específicos (lo que hace un historiador casi automáticamente), las reflexiones Sobre la materia de investigación proporcionan numerosas directrices heurísticas, como hacia la cuestión de qué debe estudiarse (el problema de la de su libro señala lo que él piensa que son los problemas de investigación en la historia económica, y revisa críticamente las soluciones ofrecidas hasta ahora. El libro comienza con un capítulo sobre la historia de la historia económica.

A continuación vienen una serie de capítulos sobre la materia de la historia económica, fuentes para la historia económica de la Polonia moderna (incluyendo el período más reciente), y la división de la historia económica en períodos. Finalmente, en el capítulo 5, W. Kula subraya las que considera como principales tendencias en el estudio de los problemas de la historia económica, uniendo este problema a la cuestión de los métodos de síntesis en la historia económica. Los otros capítulos son los que tratan de la estadística histórica, demografía histórica, investigación histórica sobre las estructuras sociales, sobre los estudios de precios y mercados, metrología histórica, dependencia del hombre respecto de la naturaleza, el método comparativo y las generalizaciones en la historia económica, y las predicciones basadas en la historia económica. Este breve repaso al contenido de la obra de W. Kula pretende demostrar cómo se ha ido conformando la esfera de problemas metodológicos en la historia económica.
Respecto a las reflexiones teóricas sobre la historia de la ciencia, hay que mencionar The Structure of Scientific Revolution (1962), de T. S. Kuhn, que se ocupa de la materia de la historia de la ciencia, en particular los rasgos característicos del desarrollo de la ciencia. Kuhn intenta sustentar la afirmación de que la ciencia se desarrolla sobre todo a través de revoluciones que, al rechazar los viejos métodos, fabrican modelos nuevos de procedimientos científicos. La ciencia, según pretende Kuhn, no se desarrolla por una simple acumulación de pequeños descubrimientos como contribuciones a todo el sistema, tal como creían, por ejemplo, los seguidores de R. Carnap 11
Las reflexiones sobre la historia de la historiografía, que nos interesan aquí de forma particular, están bastante avanzadas y han crecido últimamente a un paso muy vivo. Pueden mencionarse cientos de estudios sintéticos, en varios idiomas y de diversos alcances 12 Un grupo aparte lo forman los libros dedicados a un solo historiador: el estudio de W. Kaegi sobre 1. Burckhard puede mencionarse como ejemplo I3 Las cuestiones en la historia de la historiografía son tratadas por M. H. Serejski, que escribe lo siguiente: «La tarea básica de un historiador de la historiografía (...) es descubrir las relaciones entretejidas entre el desarrollo de las ideas históricas y la vida, es decir, el sistema de relaciones sociales, la cultura de una época dada, sucesos políticos, etcétera», e inmediatamente sigue con la pregunta: la metodología especializada, una disciplina que en el caso que consideramos es un miembro de la familia de las ciencias históricas. Cuando responden a esta pregunta los autores interesados en la historiografía, si van más allá de sus tareas puramente históricas y reflexionan sobre la labor que hacen, lo primero que analizan es la materia de su disciplina.
En la metodología de la historia militar, todavía naciente, hay que mencionar los comentarios de S. Herbst y B. Miskiewicz 15 Las actas de un simposio celebrado en Lodz ilustran las discusiones sobre la metodología de la historia de la educación 16
Podemos esperar que el desarrollo posterior de las disciplinas históricas dependa en gran medida del progreso en las metodologías especializadas. Las esferas de interés de estas últimas carecen todavía de una formulación precisa. Estas metodologías se interesan principalmente por las peculiaridades de las materias de sus respectivas disciplinas, aunque, corno muestra el caso de la historia económita, se enzarzan en reflexiones cada vez más penetrantes sobre la solución de los problemas específicos de una disciplina dada y sobre la estructura metodológica de estas disciplinas especializadas.
6. La metodología general de la historia en relación con la heurística y la crítica de fuentes. El lugar de las disciplinas históricas y auxiliares
La división entre metodología general de la historia, por un lado, y metodologías especializadas de determinadas disciplinas históricas, por otro, está unida al problema de si la metodología de la historia debe ocuparse, y hasta qué punto, de la heurística y la crítica de fuentes (externa e interna), es decir, de temas que están en el campo de interés de las llamadas disciplinas históricas auxiliares 17
La meta de las disciplinas históricas auxiliares fue definida ya por
1. Lelewel (1822), que estableció que su tarea era ayudar a la comprensión de las fuentes 1. Otra formulación similar ha permanecido como válida hasta
sovia-Cracovia, 1965, págs. 12-13. Ver especialmente los ensayos sobre ‘15 S. Herbst, (Zeszyty Naukov’e WAP, Historia, vol. VII, núm. 5, Vaisovia, 1961, págs. 30-39; B. Miskiewicz en su obra O metodyce badan hustory’czno-wojskowych (Métodos en el estudio de la historia militar), Poznan, 1961, se ocupa de las siguientes cuestiones: la guerra tal como la entiende la historia militar; las relaciones entre guerra, ejército y arte militar; tendencias en el estudio de la historia militar; las competencias necesarias del historiador militar; logros y tareas de la historia militar. Esta lista muestra que el autor se ocupa principalmente de la materia de la historia militar.
16 Z zagadnien metodologicznych histonii wychowania (Problemas metodológicos en la historia de la educación), Lodz, 1965.
17 Entre las ciencias históricas auxiliares se incluyen tradicionalmente: la ciencia de las fuentes, la ciencia de los archivos y las bibliotecas, paleografía Y fleografía, diplomática, sigilografía, cronología, genealogía, heráldica, numismáflca, metrología y estadística histórica (es decir, las disciplinas que se relacionan COn las fuentes y se ocupan de su crítica externa e interna). Cfr. A. von Brandt, Werkzeug des Historikers. Eme Einfiihrui-zg ini die histonischen Hilfwissenschaf ten, ntuttgart, 1958 (3. ed. 1963).
16 El título del libro de Lelewel es Nauki dajace poznac zrodla historyc.tic (Las ciencias que permiten adquirir el conocimiento de las fuentes históricas). .l terrnj-j histonischen Hilfwissenschaften fue introducido por Tlieodor Sickel. historiador y paleógrafo austriaco, de la segunda mitad del siglo xix. hoy ‘°. Sin embargo, no todos los problemas de la comprensión de las fuentes históricas pueden unirse a las ciencias históricas auxiliares. W. Semkowicz dice que estas disciplinas «sirven al historiador al ser indispensables para identificar, comprender, establecer el tiempo y el lugar de los sucesos, y al valorar críticamente la fuente histórica» 20 Puede notarse fácilmente que en su afirmación la valoración crítica de las fuentes está bastante claramente separada de las operaciones preliminares que debe realizar un historiador. Estas operaciones preliminares se llaman normalmente crítica externa o erudita de una fuente; fueron mencionadas por Semkowicz en la primera parte de su afirmación, mientras que en la segunda se ocupaba de la crítica interna, llamada hermenéutica, cuya tarea principal es establecer el grado de fiabilidad de la información proporcionada por las fuentes concretas. Las disciplinas históricas auxiliares tradicionales son indispensables, pero no suficientes para esa tarea.
La metodología general de la historia debe excluir totalmente de sus reflexiones la disciplina llamada heurística, que M. Hanclelsman define como el conocimiento de los materiales históricos, su distribución, el modo de encontrarlos y reunirlos (la ciencia de las fuentes, y la ciencia de los archivos, bibliotecas y bibliografías) . Toda esta información sirve como punto de partida de la investigación histórica; la información de este tipo debe indicar dónde deben ser buscados los datos requeridos sobre el pasado y de dónde se va a sacar el conocimiento no basado en fuentes, y también debe indicar la técnica para reunir y ordenar lós datos que van a servir para reconstruir sucesos concretos. La crítica externa de las fuentes está basada en reglas de procedimiento establecidas por las disciplinas auxiliares (paleografía, diplomática, cronología, genealogía, etc.), pero no puede ser totalmente irte- levante desde el punto de vista de la metodología general de la historia. La metodología debe ocuparse del valor cognoscitivo de dichas regias y de su estructura lógica. Esta afirmación vale para las reglas de naturaleza general y no para la información específica o para el consejo técnico, que debe encontrarse en los libros de texto sobre las disciplinas históricas auxiliares. Mientras la crítica externa sólo tiene interés para la metodología general de la historia en su formulación básica, la crítica interna, que no saca sus reglas de las disciplinas históricas auxiliares, sino que sólo utiliza los logros de la crítica externa, es terna para reflexiones metodológicas en todos sus aspectos. Es evidente que las metodologías especializadas pueden incluir la heurística y una serie de reglas más detalladas de la crítica externa.
También hay que señalar la naturaleza relativa del concepto <‘disciplinas históricas auxiliares». En una interpretación amplia, toda disciplina cuyos resultados o métodos son usados por el historiador en su investigación puede ser llamada auxiliar. La necesidad de integración de la ciencia, de la que somos cada vez más conscientes, explica el hecho de que la ciencia se convierta en un complejo de disciplinas interrelacionadas que se ayuden entre sí, de forma que cada disciplina sea auxiliar en relación con alguna otra. disciplina. De esta manera, la historia (no hablamos aquí de la metodología de la historia) tiene sus disciplinas auxiliares en la economía, sociología, psicología, lógica, etcétera, e incluso, cada vez más, en las matemáticas y la cibernética (incluida la teoría de la información). W. Semkowicz’ hacía una distinción, con fines de clasificación, entre las disciplinas que ayudan a la historia y las disciplinas históricas auxiliares; en el caso de las últimas, se refería a las disciplinas históricas auxiliares tradicionales conectadas con la heurística y la crítica externa de las fuentes. En términos generales, se puede decir que las disciplinas históricas auxiliares están conectadas con la heurística 22 y la crítica externa de las fuentes, es decir, con los estadios preliminares del trabajo del historiador, mientras que las disciplinas que ayudan a la historia, proporcionando información no basada en fuentes y señalando nuevas posibilidades de métodos de investigación, están conectadas con pasos posteriores de la labor investigadora, o sea, la hermenéutica (crítica interna) y la llamada síntesis (principalmente, explicaciones causales y valoraciones). No hay necesidad de subrayar que, con el desarrollo de la ciencia, tanto el concepto de disciplinas auxiliares históricas como lo que Semkowicz llamaba las disciplinas que ayudan a la historia están sufriendo una evolución.

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