Introducción




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J. Bodin (1566), nacido de las controversias mencionadas más arriba sobre la Reforma y dedicada exclusivamente a las reflexiones sobre la historicoa, aunque se refería más a los hechos pasados que a los métodos para reconstruirlos . J. Bodin subrayó que el desarrollo de la literatura histórica requería un mejor análisis y una crítica más exhaustiva de las fuentes. En su reflexión sobre la historicoa fue el primero en subrayar con tanta firmeza la necesidad de los historicoadores de tener un conocimiento no basado en fuentes, sobre todo en cuanto a las cuestiones geográficas y cronológicas. En su análisis de la «historicoa humana», que caracterizaba como el origen de la sociedad y el estado, y por tanto como aquellos factores que explican las diferencias en las situaciones de los distintos pueblos, Bodin prestó atención a los rasgos geográficos y climáticos del entorno y a los rasgos antropológicos de los seres humanos (factores estáticos), pero también advirtió el papel de los factores sociales, principalmente los conflictos que surgen en las sociedades, y por tanto, los hechos relacionados con las acciones humanas (factores dinámicos). Muchas de sus conclusiones recuerdan las obtenidas previamente por su brillante predecesor Ibn Khaldun, cuyos escritos podría haber leído Bodin. Bodin mostró también un sentido más preciso del tiempo histórico y del proceso de la historicoa que el que habían tenido los historicoadores anteriores.
La aparición del concepto de «progreso» 4, no muy claramente comprendido aún en aquel tiempo, atestigua también una evolución general de las Opiniones del Renacimiento. El progreso se ha convertido desde entonces en una categoría permanente del pensamiento histórico, y puede considerarse como el principal logro de los escritores renacentistas en este terreo El estadio inicial de esa evolución lo marcaron las obras de F. Bacon
1. Bodin, el último de los cuales trató además de tener en cuenta ha cierto punto la historicoografía anterior. Aquel intento tuvo un continuad destacado en la persona de La Popeliniére.
El intenso sentido crítico manifestado en la literatura histórica del 1 nacimiento dio lugar a las ciencias históricas auxiliares, en primer lug la diplomática, en el sentido amplio de este término. Esto fue acompaña por grandes avances en la cronología, a partir de las controversias mc vadas por la reforma del Papa Gregorio XIII (J. Scalinger, 1540-161 Thesauius Tenoporuno; D. Petavius, 1583-1652, De doctrina Temporum, 162 Scalinger propuso la división del tiempo, en relación con la literatura Ii tórica, según principios matemáticos y astronómicos, mientras que Petavi fue el primero que consiguió fechar sucesos dividiéndolos entre los q tuvieron lugar antes o después del nacimiento de Cristo. Este sistema datación se hizo común durante el siglo xvii. Igual que el estudio de cronología, también la diplomática se desarrolló en el ambiente monásti de las abadías de St. Germain-des-Prás y St. Denis, pero no nació hasta 16 con la aparición del libro 1 de De re diplomdtica libri VI, de J. Mabillc El mismo período vio también la publicación del diccionario de latín n dieval de Du Cange, que ha conservado su valor hasta hoy.
El siglo XVII, que se caracterizó sobre todo por el progreso en técnica de establecer los hechos, vio la publicación de las primeras cols ciones de fuentes, a veces muy amplias, en las que los principios crític iban siendo gradualmente aplicados. En 1623, G. J. Voss publicó en Leyd su .4rs histórica, que fue el núcleo de los tratados futuros sobre la literatu histórica. i’o encontrarnos en él ningún análisis metodológico riguroso, su simplemente una lista de reglas de la técnica de la literatura histórica, relación con lo que Voss llamaba la capacidad de distinguir la falsed de la verdad. La capacidad de escribir historicoa es llamada aquí «arte hists rica», un arte crítico . La opinión, subrayada por F. Bacin, de que es neo sacio liburarse del pragmatismo y escribir narraciones objetivas sobre it hechos pasados, iba ganando terreno entre los estudiosos. Las discusion sobre el tema se intensificaron, lo que dio ímpetu a las tendencias crítica de una parte de los estudiosos que disponían de técnicas cada vez rnejore Los sucesos que tuvieron lugar en el siglo xvii, y en parte tambié en el siglo xvi, en la esfera de la literatura histórica, merecen atenciÓ especial 6 Fue en aquel tiempo cuando se formó por primera vez, sobo todo en Francia, un círculo de historicoadores y estudiosos en general co’S cientes de su identidad y concentrados en una reconstrucción objetiva d los hechos pasados. Querían considerar la historicoa como una ciencia, y oponían por tanto a las tendencias pragmáticas, especialmente las inSP radas por la Iglesia y los grupos dirigentes. En este sentido, rechazaba’ totalmente las especulaciones, comunes anteriormente, sobre los hecho pasados, y centraban la atención en una mejora de los métodos de investigación, principalmente la crítica de fuentes. En las discusiones se empezó a prestar atención a la necesidad de ipoyar las afirmaciones. Una muestra interesante la ofrece sobre todo el t4cta Sarsctorum, obra del grupo de estudiosos llamados Bollandistas, seguidores de Jean Bolland, el iniciador de la publicación. En su obra se aplica un pensamiento científico riguroso a un terreno tan poco cultivado por la crítica corno la hagiografía. La manifestación más clara de las nuevas tenadencias de la literatura histórica podía verse en las obras de Mabillon ly Du Cange, antes mencionadas. Fue Mabillon quien estableció las reglas ifundamentales para investigar la autenticidad y fiabilidad de las fuentes, :iiorrnas que iban a conservar su valor durante largo tiempo .
En resumen, podemos hablar dci nacimiento de la primera fase del .erudicionismo en la historicoografía. Su primera función consistió en intentar ‘convertir la investigación histórica en algo científico. Los defensores del erudicionismo se enfrentaron a la historicoografía dirigida por la Iglesia o por la nobleza. Por supuesto, la historicoografía erudita no desapareció en el siglo xvii> sino que continuó existiendo y enriqueciéndose regularmente con valores nuevos que después se convirtieron en los rasgos característicos de las obras históricas.
A pesar de estos intentos críticos, la literatura histórica continuó siendo un arte que no profundizaba en la crítica, sino que intentaba jugar, junto con la filosofía, y a veces incluso por sí sola, el papel de magistra vitae. Así puede entenderse que no lograra ganar la aprobación del riguroso y escéptico Descartes (1596-1650), como antes no había logrado la aprobación de Aristóteles. Descartes, que postulaba un modelo deductivo de conocimiento, reprochaba a la historicoa su escasa crítica, demasiada imaginación, e incapacidad de seleccionar los hechos. Al hacerlo tenía bastante razón, y esta situación de la historicoa, junto con el hecho de que la ciencia natural, anteriormente rechazada, se iba haciendo cada vez más científica, podía agrandar la distancia entre los estudios sobre la naturaleza, amplios y rigurosos, y los estudios sobre la sociedad.
La influencia de Descartes en la metodología de la investigación histórica fue doble. En primer lugar, promovió una atmósfera filosófica que favoreció la lucha en favor del rigor, la claridad y el espíritu crítico. En segundo lugar, al proponer la idea del progreso constante, fijado de una vez por todas hasta que el conocimiento humano, basado en el axioma del orden natural del universo, llegue al estado de perfección, Descartes fue el vercladero autor de la idea, desarrollada en la época de la Ilustración, de las leyes de la naturaleza consideradas corno axiomas de los que se puede deducir todo el conocimiento humano (por un proceso de deducción análogo al de la geometría). Esto implicaba una idea definida de progreso: a partir de Descartes el progreso se convirtió en algo ahistórico, como un «proceso natural», que es la realizacion de las leyes inmutables de la naturaleza que hacen felices a los seres humanos y pueden ser abarcadas por la razón. l carác inmutable de estas leves iba unido, obviamente, a la afirma‘O1l de que la naturaleza humana es también inmutable. En esta interPletaciónel progreso suponía la posibilidad de aveliguar las leyes que lo
. Jean Mabjilon ç1639-l7O7) fue UI] muflie de la abadia benedictina de St. Ger5am des-Prés en Paris. Estableció las sectas para examinas la autenticidad de
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riren, como principios a priori que son independientes del curso real d los aconteirnientos. Hasta la época de la Ilustración no llegaron a bu carse dichas leyes en serio
2. La variante filosófica del modelo crítico de investigación histórico Desarrollo posterior de los instrumentos de crítica histórica en
siglo XVIII
El peligro de una desproporción entre el desarrollo de la investigació. histórica y el de la ciencia natural fue evitado por el desarrollo posterio de las ideas políticas y sociales antifeudales, nacidas durante el Renaé miento y unidas a la decadencia del feudalismo y al crecimiento de 1 ideología correspondiente a las necesidades de la burguesía, que iba gananci fuerza. Esto ocurría porque estos hechos daban a la historicoa la oportunida de convertirse, a su debido tiempo, en la ciencia que investiga el origei y desarrollo de la sociedad humana, y explica la formación de las institu nones sociales, sobre todo la institución del estado. Esto fue demostraá primero por las reflexiones de Grocio, Harrington, Hobbes, Locke (entr otras cosas, en relación con el problema del contrato social), y más taroi por el vasto panorama del pensamiento filosófico, social y político de siglo xsiii. Esto, sin embargo, requería un inmenso trabajo paralelo sobr la metodología de la investigación histórica. Pero esta última no logn ir a la velocidad de los logros en la explicación del proceso histórico logros relacionados con el progreso en la conversión de la investigación histórica en «filosófica>, es decir, con la gran irrupción de las ideas sociale>
El interés por la explicación causal, o sea, por explicar sobre todas las diferencias entre las situaciones reales de los diversos pueblos, induj a los estudiosos a desarrollar el método comparativo las aproximaciones genéticas. Mientras que la heurística y la crítica de fuentes, y por tant el establecimiento de los hechos pasados, se desarrollaban cada vez más la epoca de la Ilustración ejerció una mayor influencia sobre la definiciór de la materia de la investigación histórica, sobre el análisis de los factore que ayudaban a explicar los hechos pasados, y sobre las leyes del progresO en la historicoa. En la reflexión sobre la naturaleza de la narración histórica la historicoa comenzó a aparecer, de forma incierta al principio, como Ufl disciplina científica que describe los sucesos pasados (interpretados a parto del Renacimiento de forma cada vez más amplia) con cierta actitud crítica explica los hechos, e intenta predecir —por medio de generalizacioneSlas posibles conexiones mutuas de los sucesos. Como resultado de todo esto las importantes lagunas de los tiempos antiguos en la reflexión metodológiti sobre la historicoa iban cubriéndose, a veces de forma superficial, pero est’ no significaba que hubieran desaparecido las desproporciones en la reflexi°0 metodológica.
La enorme tarea de hacer de la historicoa una disciplina totalmente fl dura contó con la colaboración de los filósofos (en el sentido que entonelO se daba a este término) y de los escritores de historicoa. FI rasgo caraCt° ‘dstico ruc el vivo intorés mostrado en la invcstigacidn histórica práctl°’ gor o’ lilusofos, incluidas las go asiolos socoles de aquella época (como lIso0
Voltaire y otros), un hecho cuya importancia para el desarrollo de la ciencia histórica y de la reflexión sobre ella merece ser destacada.
En cuanto a la heurística y la crítica de fuentes, es digno de subrayarse can cierto escepticismo cognoscitivo. En 1722, Lavesque de Pouily escribió Sur l’iucertitude de l’histoire des quatres prerniers siécles de Rome; un estudio parecido fue publicado en 1738 por Louis de Beaufort9. Más confianza en la posibilidad de encontrar la verdad con el apoyo de las fuentes mostraba Nicolás Lenglet de Fresnoy, autor de La Máthode pour étudier l’lzistoire (1713, versión aumentada en 1740), que fue el libro de texto sobre la técnica de investigación histórica que siguió al Ars histórica de Voss. Una comparación de los libros de texto de Voss y Fresnoy muestra que la crítica progresaba 10 Fresnoy intentó ordenar los criterios de fiabilidad de las fuentes (observaciones hechas por el propio autor de una fuente, imparciatidad, claridad y precisión de las afirmaciones) y las causas de los defectos en las fuentes procedentes de diversos períodos. Señaló, de acuerdo ron la opinión que entonces nacía; las diferencias entre los originales, más valiosos para los investigadores, y las copias de las fuentes. Subrayó la importancia del conocimiento no basado en fuentes para establecer los hechos (conocimiento de varias religiones y costumbres). Numerosas y ambiciosas ediciones de fuentes proporcionaron práctica y al mismo tiempo un estímulo para desarrollar la heurística y la crítica de fuentes, y por tanto, las ciencias históricas auxiliares. Los siguientes títulos pueden servir d6 ejemplo. Franreses: Palaeograpl7ia graeca, de Bernard de Montfaucon (1708); Rerum Gallicarum et Franciscarum scriptores, de M. Bouquet (a partir de 1738, en 31 volúmenes); Sacrorusn Corscillorun-a nova et amplissisna collectio, de
En vista de este vivo interés por la heurística y la crítica de fuentes, la exigencia de una nueva publicación como la de Mabillon parecía natural; fue satisfecha por Toustain y Tassin, que publicaron Le nou-o’eau traité de deplomatique (6 volúmenes, 1750-1765). El desarrollo de la diplomática fue acompañado por el de la paleografía, que se convirtió gradualmente en una disciplina histórica auxiliar aparte. Lo mismo ocurrió con la cronología; SU origela como disciplina histórica auxiliar se remonta a los estudios hechos Por los benedictinos franceses, quienes en 1750 comenzaron a publicar L’art
de i.’érifier les dates et les ¡anis historicoques.
Las décadas siguientes vieron la publicación de gran número de libros de texto sobre las distintas disci. punas históricas auxiliares. El desarrollo gradual de la lingüística aportá también instrumentos cada vez más precisos para la comprensión y la crí tica de las fuentes.
Las primeras reflexiones teóricas sobre el establecimiento de los hechos no lograron tampoco ponerse a la altura de los avances en la práctica de investigación. El progreso en ese campo, en comparación con la obra de Fresnov, fue mostrado sobre todo por los estudios de J. l\4. Chladenius (Allgenzeine Geschichtsniissensc/10/t, 1752) y G. B. de Mably (De la maniérc d’écrire l’histoire, 1782), y después por los numerosos libros de 1. C. Gatterer y A. L. Schlózer. La obra de Ch]adenius estaba dominada por la cuestión de la fiabilidad de las fuentes. El grado de fiabilidad de una unidad de información basada en fuentes, o sea, su concordancia con los hechos, lo indica la «calidad» del informador, el grado de universalidad del suceso en cuestión, la confirmación por otras fuentes, las conclusiones que deben sacarse del análisis del estado real de las cosas. Las otras obras, junto a los problemas de la crítica de fuentes, prestaban más atención a las nuevas aproximaciones a los hechos sociales y políticos, tan características de la época de la Ilustración; la tendencia a escribir historicoa universal; las refle xiones sobre la clasificación, el esfuerzo para conseguir una interpretación integral de los sucesos pasados y de los lazos entre la historicoa y las demás disciplinas. En Polonia, estas ideas fueron brevemente expuestas en Memorial wzgledem pisania iris toriL narodorr’ej (Memorandurn sobre cómo es cribir historicoa nacional) (1775), de A. Naruszewjcz (1733-1796). Este eminente historicoador subrayó la importancia de una técnica correcta para alcanzar fa verdad. Escribió: <‘La crítica nos dice cómo discernir lo bueno de fc malo, las apariencias de la verdad, cómo pesar los asuntos humanos en la escala de Ja razón, cómo descubrir sus causas, analizar los métodos y s’alorar los efectos» , aunque, preocupado por las ideas de la época de la Ilustración, representó más el erudicionismo naciente que la historicoa «filosofizante,> En su esfuerzo por «filosofar» la historicoa, ese erudicionisnio, marcado por el acento puesto en una exposición sistemática y académica de la materia, fue propuesto por representantes de la escuela de Góttingen. [undada por 1. C. Gatterer (1727-1799) y A. L. Schlüzer (17351809), célebres autores de algunos esbozos de historicoa general 12, Esta escuela se convirtió en el precedente o precursor directo del modelo erudito de investigación histórica, que se desarrolló en el siglo xix, pero no debe confundirse con esta última corriente, La lucha en favor del erudicionjsrno y de la crítica fue al principio muy limitada (por ejemplo, Gatterer y Schlózer no sabían aún cómo separar la historicoa bíblica de la laica), x’, por otro lado, las relaciones con el giro volteriano eran demasiado estrechas.
Los cambios en las visiones sobre la materia de la investigación histórica estaban muy relacionados con el progreso en la explicación causal ] A. Naruszcwicz, «Memorial wzgledem pisania liistorii narodowcj» (Mene i-ánduni sobre cómo esci ibir una historicoa nacional),

Junto al desarrollo de la aproximación crítica a las fuentes históricas, éste fue el mayor logro de la reflexión metodológica moderna sobre la historicoa. La influencia de los problemas sociales en el estudio de la historicoa, y por tanto, la extensión esencial de la materia de la investigación histórica —o el nacimiento de la ciencia social dentro del estudio de la historicoa— data sólo, como hemos dicho, del Renacimiento. Es significativo que son los historicoadores —Ibn Khaldun y Ferguson, el autor de Essay on the History of Civil Society (1767) a quienes se suele mencionar corno padres de la sociología. En sus obras históricas analizaban dinámicamente las diversas categorías sociológicas relacionadas con la vida de los grupos sociales y con los cambios sociales. Junto a las obras pioneras de estos dos estudiosos y los estudios anteriormente mencionados del Renacimiento, la evolución de las opiniones sobre la materia de la historicoa fue estimulada por las obras de la época de la Ilustración: sobre todo las de Voltaire y además las de Montesquieu , A. FI. L. Heeren ‘, J. Müller E Gibbon y otros muchos. Voltaire afirmaba que el hacer una historicoa’ científica dependía del desarrollo de las técnicas de crítica y de la amplitud de los puntos de vista del historicoador sobre el pasado. El conocimiento creciente del pasado como un todo, en todas sus manifestaciones, apoyado por la filosofía, iba a ayudar a conseguir un cuadro verdadero del pasado —cosa que los historicoadores de la época de la Ilustración vieron claramente, La obra de E. Gibbon sobre la caída del Imperio Romano sirve como un ejefnplo excelente de este tipo de literatura histórica. En general, en las obras de este tipo, unidas a la expansión intelectual del pensamiento laico moderno, social, político, legal y económico, obras que además surgían a partir del conocimiento geográfico cada vez mayor (por ejemplo, los descubrimientos de nuevas tierras), la materia de la narración histórica aparece claramente como el estudio de toda la cultura humana en sus formas más variadas y evolucionadas; la historicoa abarcaba áreas cada vez mayores de las actividades humanas, que aparecían en las formulaciones más dispares. Por otro lado, sin embargo, sabemos
13 Esto se refiere, sobre todo, a la obra Le Siócle de Lotds XIV, Berlín, 1751, rn la que Voltaire trataba muchos problemas económicos. Estos intereses nos los muestran también otras obras suyas, especialmente Essai sur les Moeurs eS Esprit des Natioris (1753-1758). Los autores posteriores difieren ampliamente en SUs opiniones sobre el papel de Voltaire en la historicoa de la investigación histórica. Es alabado por Fuoro Diaz (Voltaire storico, Turba, 1958), mientras que 1 FI. Brunfjtt (Voltaire Historicoan, Londres, 1958) es mucho más crítico, y señala que en algunas cuestiones las interpretaciones de Montesquieu son mejores, Y que Voltaire daba todavía demasiada importancia a los individuos sobresal1entes Para la edición modelo de las obras históricas de Voltaire, ver Voltaire, Oeuvres hrstorzques, Bibliothéque de la Pléiade, París, con una introducción de Rene Pomeau Ver también Ideas jo Histor-3’. Essays presented to Louis Gottschalk, Durham N. C.. 1965 (con documentos sobre Voltaire y Condorcet de K. Weintraub

que incluso las más consistentes formulaciones de un problema iban
seguir siendo meras exigencias durante unos cincuenta años; era demasiad fuerte la inercia de las viejas tradiciones en la literatura histórica. De cualquier modo, iba ganando terreno una aproximación cada vez más integral a las tareas de la historicoografía, lo cual dio lugar a un interés por la historicoa universal, siempre en aumento. Este tipo de integracionismo se basaba en fundamentos bastante diferentes de los de la Iglesia Cristiana, cuyo universalismo se integraba por la idea de Dios.
Hoy es difícil decir si esa introducción de factores cada vez más diversos en la busca de las causas de las diferencias entre las situaciones de distintos países y pueblos dio lugar a una ampliación de la materia de la investigación histórica, o si la relación fue la contraria. Pero no hay duda de que estas dos tendencias fueron concomitantes, aunque ambas se veían obstaculizadas por la idea de la naturaleza humana iaqsutable, una idea que tenía bastante fuerza en la época de la Ilustración.( Entre los factores apuntados para explicar las diferencias y los cambios, el mundo sobrenatural iba perdiendo su papel (obviamente, sólo en las mentes de los que seguían el espíritu de su tiempo, e incluso no sin excepciones),7rnientras que factores tales como el entorno geográfico y el clima, el nivel intelectual de los diversos pueblos y las características culturales de los grupos sociales, e incluso los factores económicos (principalmente comerciales) iban siendo analizados con mayor precisión, lo cual puede considerarse como el nacimiento de muchas disciplinas especializadas, como la antropogeografía, etnología, historicoa económica, e incluso la sociología. Esto dio mayor importancia a los factores dinámicos, relacionados con las actividades humanas, pero las dife rencias y los cambios en los factores estáticos, independientes de las acciones humanas, como el clima, el entorno geográfico, y las diferencias raciales, siguieron dominando por un tiempo la reflexión histórica.
Sería difícil enumerar todos los historicoadores importantes que tu. vieron en cuenta los factores mencionados. Se pueden ver en general en todas aquellas obras que intentaban considerar la materia de la descripción histórica de un modo más amplio, y que rompieron con la interpretación ljteológica de la historicoa, que todavía tenía fuerza y cuyo modelo fue dado en el siglo xvii por Bossuet. Pero algunas de las obras fueron de especial importancia para el desarrollo de las reflexiones sobre la naturaleza y las relaciones internas en la historicoa. Pertenecían a dos tendencias: una que prestaba más atención a los factores físicos y biológicos, y la otra que buscaba la explicación del carácter nacional y de las situaciones de los grupos sociales en los factores socio-psicológicos. En este sentido, Montesquieu analizaba sobre todo los factores climáticos, que según él tenían la máxima importancia, y a continuación el comercio y los contactos entre los pueblos, la densidad de población el nivel intelectual 8 Gibbon veía las causas de la caída del Imperio Romano en el desarrollo del Cristianismo. D. Hume, filósofo, pero también el autor de Historv of Great Britain, en 19 volúmenes (a partir de 1754), llamado determinista cultural por FI. Backer y 1-1. E. Barnes, fue más allá en su análisis de las diferencias y los cambios. Pensaba que antes de tener en cuenta los posibles efectos de los factores climáticos y biológicos, debemos investigar ante todo los efectos de los factores culturales. Entre éstos se pueden incluir los diversos procesos de congregación, imitación y educación, contactos entre diversos grupos e intercambio de ideas, y una ruptura revolucionaria de las relaciones estables en el área de las ideas, poder político y sociedad 19 Turgot siguió la misma dirección 20, Pero, como en el caso de Montesquieu y Hume, la afirmación de que la naturaleza humana no cambia (considerando al hombre ahistóricamente) privaba de profundidad histórica a sus intentos de explicación de las situaciones en las diversas comunidades, convirtiéndolos en esquemas anónimos aplicables a cualquier período de la historicoa. Creía que el hombre es siempre el mismo, en todas las épocas y en todos los lugares 2i En su opinión, el cambio social nace sobre todo como resultado de las migraciones y de los contactos culturales, especialmente por medio del comercio 22
Los factores sociales, y en grau medida también los factores económicos, fueron tenidos en cuenta por J. G. Herder, quien, aunque prestaba atención al papel del entorno geográfico, y al clima sobre todo, como un factor permanente, no sucumbió al determinismo geográfico, evitando así los errores cometidos por Montesquieu. Si considerarnos toda la historicoografía de la época de la Ilustración, Herder mostró probablemente la mejor comprensión de la interacción de los diversos factores en la historicoa, pero la significación excepcional de esa mente consistió en romper con la idea de una naturaleza humana inmutable, a pesar de la actitud diferente adoptada por Kant. Si consideramos la actitud similar de Ferguson, y la de Condorcet, que al hablar del progreso constante en la historicoa de la humanidad, pensaba que se debía a los progresos de la mente humana y de la educación 23, podemos decir que los pensadores de la época de la Ilustración desarrollaron una Enarcada corriente que consideraba la literatura histórica como un reflejo del efecto dialéctico (esto, especialmente, en el caso de Herder) de factores constantemente cambiantes del progreso del hombre, es decir, una corriente en la investigación histórica que intentaba enlazar el estudio del progreso con el estudio del proceso real de los sucesos históricos. En esta corriente Se incluye también A. L. Heeren, que ponía el acento en fenómenos como el comercio, el transporte, las migraciones y los conflictos 24 Todos estos autores, como no comprendían el concepto de progreso, pero querían averiguar los elementos de las diferencias entre las situaciones humanas, tenían que referirse a datos de otros campos, lo cual dio lugar al método compa rativo en la investigción histórica.
Un interés creciente por el pasado y unos análisis históricos cada vez más profundos contribuyeron a la reflexión sobre la naturaleza metodológíca de la ciencia histórica. Esto no se refería a la literatura histórica tal como estaba en un período concreto, sino más bien al lugar que la historicoa debería ocupar en el terreno de las ciencias. Hasta cierto punto esta reflexión era una variedad concreta de la reacción anti-cartesiana. R. G. Collingwood escribió que Hume, en su Treatise co Human Nature (1734-40), «puso a la historicoa en su lugar» En realidad, las contribuciones de Hume (como las de Locke y parcialmente las de Berkeley) a las reflexiones sobre la historicoa como ciencia son grandes, pero el <(poner a la historicoa en su lugar», es decir, el considerarla no sólo como una narración, sino como una ciencia de un tipo concreto, fue la obra colectiva de una galaxia de mentes brillantes, La primera de ellas fue la de G. B. Vico (1668-1744), el autor de la precursora Scienza Nueva, publicada por primera vez en 1725, y exhaustivamente revisada y publicada en una versión nueva en 1738. Reprochaba a Descartes su errónea tendencia a seguir el modelo geométrico para toda investigación, cuando las distintas ciencias requieren diferente tratamiento, según su mate ria. La historicoa, que se ocupa del estudio de lo que ha hecho el hombre, tiene un método distinto de la ciencia natural. Como el hombre tiene una mayor oportunidad de abarcar las acciones humanas que la naturaleza, el carácter de la historicoa, según su contenido humanístico, se define con bastante claridad 2S La historicoa era concebida por Vico como el estudio del pasado de la sociedad. Respecto al alcance del proceso cognoscitivo, la opinión de Kant era parecida, ya que aseguraba que el conocimiento del hombre alcanza los límites de sus propias acciones, pero Kant estaba preocupado por la ciencia natural, en la que estaba introduciendo la idea de cambio y variabilidad (que no iba a afectar al pensamiento histórico hasta una fecha más tardía), y por tanto no se interesaba demasiado por la historicoa. Mientras que las ideas de Vico formularon el punto de partida en el análisis metodológico de la investigación histórica en la época de la Ilustración, las ideas de A. N. Condorcet (1743-94) marcaron su culminación. Pero las obras de estos dos autores, que aún pertenecían a una misma tendencia de renacimiento, característica de la época de la Ilustración, iban acoifl pañadas de la diversidad naciente de puntos de vista sobre la posibilida& de aplicar patrones usados en la ciencia natural a la investigación histórica, y a la investigación en las ciencias sociales en general. Vico, obviamente, no veía el problema como una opción entre dos modelos metodológicos:
ólo buscaba un lugar para la historicoa en el mapa de la ciencia, del que había sido apartado por Descartes. Por el contrario, Condorcet, que seguía las ideas cartesianas, tenía su propia visión del problema: quería formular una ciencia universal del hombre, siguiendo el modelo de las matemáticas, que a su vez determinaban su opinión sobre los problemas metodológicos de la historicoa. Como en el caso de la naturaleza, la historicoa de la humanidad se rige por leyes que pueden ser descubiertas en el proceso de la investigación. Una vez que conocemos estas leyes, la corriente del desarrollo se puede predecir de manera científica 27 Pero éstas son aún leyes deductivas basadas en la aceptación del orden predeterminado por la naturaleza. Una vez descubiertas estas leyes, la actividad práctica debe crear las condiciones adecuadas —por medio de una apropiada conformación de las mentes— para asegurar un curso «natural» de los sucesos y para apartar todos los obstáculos que puedan impedirlo.
En resumen, el período que hemos denominado de la reflexión crítica sobre la historicoa, y que —por lo que respecta al siglo xviii— podría llamarse igualmente el período de la reflexión filosófica o de la deducción, estuvo marcado por importantes cambios en la historicoografía. Junto al gran progreso hecho en la heurística y en la crítica —en el campo del pensamiento metodológico—, que dieron lugar a aproximaciones teóricas a estas ramas del procedimiento del historicoador, la narración histórica se vio imbuida de elementos de la teoría social, lo cual se debió a una creciente demanda social para la literatura histórica. La estructura de las aproximaciones históricas empezó a sur.gir de estos elementos. Nuevas partes de esa estructura, en forma de categorías sociológicas, antropo-geográficas, e incluso, hasta cierto punto, económicas, fueron añadidas a las partes antiguas, mientras tanto reforzadas por los intentos de periodización de los elementos temporal y espacial que contribuyeron a organizar las descripciones históricas. Esto hizo surgir la convicción de que era neceario un conocimiento teórico definido que guiara la investigación histórica. Estos cambios en las Opiniones sobre la investigación histórica se combinaron con una evolución en las miradas hacia el pasado. La gente empezó a ver en el proceso histórico la labor de ciertas leyes universales, y no sólo «la mano de Dios», aunque esas leyes se interpretaran de modo cartesiano. Esto permitió indicar, en relación con las leyes de la naturaleza, la posibilidad de que la historicoa fuera un instrumento de predicción (sobre todo Condorcet). Todo esto, por Supuesto, se refiere a los logros más importantes, que estaban cuantitativamente perdidos en un mar de literatura histórica tradicional, no crítica Y regida por las anécdotas, que era una continuación de la historicoografía pragmática tradicional.

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