Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999




descargar 116.32 Kb.
títuloCarli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999
página1/4
fecha de publicación30.01.2016
tamaño116.32 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Historia > Documentos
  1   2   3   4

Federación de Educadores Bonaerenses

D. F. Sarmiento

Departamento de Apoyo Documental e-mail: documentacionfeb@uolsinectis.com.ar




Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999

(Ficha Bibliográfica)
Capítulo I

La infancia como construcción social

(Carli, S.)

Los niños por venir
El historiador francés Jean-Louis Flandrin, alude que la infancia se convirtió en un objeto emblemático del siglo XX fijado por los saberes de distintas disciplinas, capturado por dispositivos institucionales, proyectado hacia el futuro por las políticas del Estado y transformado en metáfora de utopías sociales y pedagógicas.

Sin embargo, la constitución de la niñez como sujeto sólo puede analizarse en la tensión estrecha que se produce entre la intervención adulta y la experiencia del niño, entre lo que se ha denominado la construcción social de la infancia y la historia irrepetible de cada niño, entre las regularidades que marcan el horizonte común que una sociedad construye para la generación infantil en una época y las trayectorias individuales.

La mirada de los historiadores de la infancia, ha estado centrada en el relato de los procesos por los cuales, a partir de la modernidad, la infancia adquirió un status propio como edad diferenciada de la adultez, en cómo el niño se convirtió en objeto de inversión, en heredero de un porvenir. La mirada de los psicoanalistas en cambio ha estado atenta a la singularidad del niño, ha focalizado la temporalización de la subjetividad para leer y analizar las articulaciones complejas que se tejen en la historia infantil con la histórica-social.

Las nuevas formas de la experiencia social, en un contexto de redefinición de las políticas públicas, de las lógicas familiares y de los sistemas educativos, están modificando en forma inédita las condiciones en las cuales se construye la identidad de los niños y transcurren las infancias de las nuevas generaciones.

Los estudios sistemáticos, tales como los testimonios cotidianos, coinciden en destacar esta mutación de la experiencia infantil que conmueve a padres y maestros, seduce al mercado e intentan explicar los especialistas. Si bien no es posible hablar de “la” infancia, sino que “las” infancias refieren siempre a tránsitos múltiples, diferentes y cada vez más afectados por la desigualdad, es posible situar algunos procesos globales y comunes que la atraviesan.

Esa mutación se caracteriza, por el impacto de la diferenciación de las estructuras y de las lógicas familiares, de las políticas neoliberales que redefinen el sentido político y social de la población infantil para los estados-naciones, de la incidencia creciente del mercado y de los medios masivos de comunicación en la vida cotidiana infantil, y de las transformaciones culturales que afectan la escolaridad pública y que convierten la vieja imagen del alumno en pieza de museo.

Esta situación estructural, que distingue la mirada y la experiencia de las edades, se agudiza en las últimas décadas, ante la impugnación de las tradiciones culturales, la pérdida de certezas y la imposibilidad de prever horizontes futuros. Desde la problemática del medio ambiente hasta los fenómenos en el campo de lo genético, todo indica transformaciones aceleradas que impactan sobre el registro temporal de las generaciones. Estos fenómenos hacen que la frontera construida históricamente bajo la regulación familiar, escolar y estatal para establecer una distancia entre adultos y niños, y entre sus universos simbólicos, ya no resulte eficaz para separar los territorios de la edad.

Algunos autores sostienen que los medios masivos de comunicación barrieron con el concepto de infancia construido por la escuela. Postman, llega a sostener la “desaparición de la infancia” de este artefacto social creado en el Renacimiento, a partir de la erosión, provocada por los mass media, de la línea divisoria entre la infancia y la adultez. Afirma que asó como los medios gráficos crearon a la infancia, los electrónicos la están expulsando o haciendo desaparecer, al modificar las formas de acceso a la información y al conocimiento.

Los cambios en la esfera mundial provocados por la expansión planetaria de los medios y las tecnologías a partir de los años 50 han favorecido una mayor distancia cultural entre las generaciones.

El borramiento de las diferencias entre niños y adultos no es sólo un fenómeno cultural provocado por el impacto del universo audiovisual, sino que también puede explorarse en el terreno social. La vida cotidiana de amplios sectores de niños no se distingue de la de los adultos en la medida en que comparten cuerpo a cuerpo la lucha por la supervivencia. El trabajo infantil, los chicos de la calle, el delito infantil, son fenómenos que indican experiencias de autonomía temprana, una adultización notoria y una ausencia de infancia, nada inéditos América Latina. La pobreza, la marginación y la explotación social reúnen a las generaciones en un horizonte de exclusión social que no registra diferencias por edad.

Sea por efecto de la globalización del mercado y del impacto cultural del consumo a nuevas edades o por la exclusión social que afecta a ambos sectores, o por sus efectos combinados, el borramiento de las diferencias, entre niños y adultos no nos permite afirmar en forma terminante que la infancia desaparece. Se puede argumentar en este sentido que los medios, y el mercado que se organiza en torno a ellos como potenciales consumidores, han fundado una “cultura infantil”, con el mismo impacto que tuvieron en la conformación de una cultura juvenil global a partir de la segunda posguerra.

Lo que sucede es que las infancias se configuran con nuevos rasgos en sociedades caracterizadas, entre otros fenómenos, por la incertidumbre frente al futuro, por la caducidad de nuestras representaciones sobre ellas y por el desentendimiento de los adultos, pero también por las dificultades de dar forma a un nuevo imaginario sobre la infancia.

“Desaparecer”, alude a “ocultarse, quitarse de la vista”, parecería que el debate contemporáneo invita a volver a ponerlos a la vista, a volver a construir una mirada de los cuerpos y de las almas de nuestros niños, ésos tan obvios y tan naturalizados, tan dados por constituidos en las instituciones. Se carece no de niños, sino de un discurso adulto que le oferte sentidos para un tiempo de infancia que está aconteciendo en nuevas condiciones históricas, para niños que son a la vez ciudadanos del mundo y objeto de exterminio. Y en un mundo en el que los adultos deben redefinir su propia ubicación en una sociedad compleja.
El niño como sujeto en crecimiento
Si se admite que la infancia es una construcción social, el tiempo de la infancia es posible si hay, en primer lugar, prolongación de la vida en el imaginario de una sociedad. Esto supone que pensar la infancia implica la posibilidad de que el niño devenga un sujeto social que permanezca vivo, que pueda imaginarse en el futuro, que llegue a tener historia. Esto remite a un debate social acerca de lo que Arendt denomina “actitud hacia la natalidad” entendiendo por ello el hecho de que “todos hemos venido al mundo al nacer y de que este mundo se renueva sin cesar a través de los nacimientos”. Actitud frente a lo nuevo que nace al mundo y que compromete a los adultos a una transmisión del sentido propio de ese mundo.

Afirmar la continuidad de la vida no implica, sostener una visión naturalista que ate la noción de niño a su status biológico, sino seguir valorando simbólicamente la dimensión vital del crecimiento del niño, y de su proyección hacia el futuro.

Los acelerados cambios científicos-tecnológicos que incluyen las nuevas condiciones para la procreación y el nacimiento, los reposicionamientos de los adultos frente a horizontes de desempeño y exclusión, con el consecuente impacto sobre las prácticas de crianza y de educación, de transmisión, y la ruptura cultural de los lazos intergeneracionales y sociales, inciden en el sentido de la vida que la sociedad modula.

La posibilidad de este tiempo de infancia requiere pensar en un tiempo de vínculo entre adultos y niños en el que la erosión de las diferencias y de .las distancias, no devenga obstáculo epistemológico o material para la configuración de una nueva mirada pedagógica que permita la construcción de otra posición del adulto educador. Desafío para una voluntad educativa que respete el “derecho al crecimiento” entendiéndolo como “la posibilidad de experimentar los límites-sean esos de naturaleza social, intelectual o personal, no como prisiones o estereotipos, sino como puntos de tensión que condensan el pasado y que se abren hacia futuros posibles”. Derecho que es condición de lo que denomina “la confianza”, a la que se suman el derecho a la inclusión y el derecho a la participación.

Tal como señala Freud, la brecha entre nuestra memoria de infancia, siempre atravesada por la represión y por la amnesia, y el presente de los niños debería dejar de ser motivo de repetición y de una nostalgia conservadora para convertirse en argumento para restituir a niños y educadores una nueva condición de sujetos.
Infancia y modernidad ¿Se perdió algo?
Al admitir la aparente extinción de la infancia moderna, se parte de un supuesto y de la constatación de una pérdida. Ese supuesto es el que indica que esa infancia tuvo un status histórico y que la crisis de la modernidad barrió con ella.

Es importante destacar que en los proyectos de la modernidad europea y latinoamericana la educación de la niñez fue una de las estrategias nodales para la concreción de un orden social y cultural nuevo que eliminara el atraso y la barbarie del mundo medieval y colonial. Un imaginario del cambio cultural y social que, a la vez que supuso en América Latina la guerra contra el español y el exterminio del indio, favoreció la significación de la infancia a partir de la concepción de la niñez como germen de la sociedad política y civil del futuro, y de su escolarización como garantía de un horizonte de cambio social y de progreso.

En Sarmiento esta mirada resulta ejemplificadora. Este consideraba al niño como un menor sin derechos propios, que debía subordinarse a la autoridad disciplinaria del maestro y de los padres; pero a la vez lo consideraba una bisagra con la sociedad futura, debía ser estudiado para lograr proporcionarle una educación eficaz que lo situara generacionalmente como pieza de una nueva cadena histórica.

La autoridad del maestro del Estado se sobreimprimió a la autoridad familiar, en un proceso que marca la tensión entre el orden privado y el orden público y que indica la gradual delegación de tareas en el Estado educador.

La educación moderna del siglo XIX en la Argentina se debatió entre la pedagogía naturista de Rousseau, quien concebía al niño como una prolongación del mundo de la naturaleza y cuya educación “negativa” posibilitaría la constitución de un sujeto autónomo desde el punto de vista moral, y la pedagogía social de G. Pestalozzi, obsesionado por la creación de un método de enseñanza de la lectoescritura que facilitara la educación de masas de niños pobres por un único maestro.

Es posible concluir, que la historia de la infancia está atravesada por las luchas políticas, las ideologías y los cambios económicos, como cualquier otro objeto de interpretación historiográfica.

El punto de coincidencia entre los historiadores radica en localizar en la modernidad, entre los siglos XVII y XVIII, la emergencia de un nuevo tipo de sentimientos, de políticas y de prácticas sociales relacionadas con el niño. Las tesis básicas de Aries, señalan que, a diferencia de la sociedad tradicional, que no podía representarse al niño y en la que predominaba una infancia de corta duración, en las sociedades industriales modernas se configura un nuevo espacio ocupado por el niño y la familia que da lugar a una idea de infancia de larga duración y a la necesidad de una preparación especial del niño. Este vuelco hacía un mayor interés por el niño se vincula con la emergencia de la familia nuclear y es acompañado más tarde por la reducción del número de nacimientos y por la organización de la familia como espacio primario. Según Aries, la asociación familiar reemplaza a la sociedad comunitaria, produciéndose una “revolución sentimental y escolar”.

Una exploración de la experiencia argentina nos ubica en el, complejo escenario de los siglos XVIII y XIX. En el 1800 había familias nucleares y familias extensas, y “ello anuncia en la Argentina una voluntad general de constituir familias pequeñas” Junto al modelo patriarcal hegemónico existía “el complejo y variado sistema de hábitos sociales que incluyó consensualidad, ilegitimidad y exogamia, produciendo sujetos de derecho al margen de la normativa y del discurso oficial. En suma, “niños” y “menores” fueron luego los nombres con los que se ordenó un mapa de la población infantil complejo y heterogéneo (niños legítimos e ilegítimos, abandonados y huérfanos, alumnos y asilados, etc.)

Los debates en torno a la sanción, en 1884, de la ley 1420, por la cual se estableció la obligatoriedad escolar, reflejaron las polémicas acerca de las concepciones vigentes sobre la familia y la ubicación del niño en un orden privado y público en la etapa de fundación del sistema educativo. La polémica se refería a si el niño debía ser la prolongación de la familia, un brazo o propiedad de ella, o un sujeto de un nuevo orden social público.

El reconocimiento de los derechos de los menores fue el argumento que esgrimió el liberalismo laico para imponer la obligatoriedad de la educación pública, en u contexto de fundación del Estado nacional.

Este debate se agudiza hoy. La cuestión en juego no es cómo imponer a los padres la obligación de enviar a sus hijos a la escuela, sino como el Estado puede seguir siendo el garante principal de la educación pública.
La escolarización de la infancia
La construcción social de la infancia moderna se relaciona no sólo con las transformaciones de la familia sino con la emergencia de la escolaridad. La escuela “sustituyó el aprendizaje por medio de la educación” provocando el cese de la cohabitación de los niños con los adultos y el aprendizaje por contacto directo.

Según Flandrin, el proceso de escolarización de la infancia desembocó en “la infantilización de un amplio sector de la sociedad” que dio lugar, por otra parte, a un proceso de pedagogización de la infancia.

La escolaridad obligatoria funcionó en la Argentina como un dispositivo disciplinador de los niños de los sectores populares, hijos de la inmigración y de la población nativa, pero al mismo tiempo tuvo una incidencia efectiva en la conformación del tejido social y cultural del país. La escuela favoreció la constitución de una cultura pública que incidió generacionalmente en el quiebre de la sociedad patriarcal, en la lucha por un horizonte de ciudadanía democrática y en la posibilidad de construir una sociedad integrada desde el punto de vista cultural. Los niños se inscribieron, a través de la escuela, en un orden público.

La implantación del sistema escolar supuso violentar el orden cultural preexistente, al imponerse a la sociedad la obligatoriedad de asistencia a la escuela de los menores de 6 a 14 años, esto incidió en la constitución de los niños como sujetos.

Empezaron a ser visualizados como un colectivo, como una generación constitutiva de la población argentina, y la educación fue el mejor espacio para su inclusión. A partir de allí, la infancia se convirtió en el punto de partida y en el punto de llegada de la pedagogía, pero una pedagogía que dialogaba con la criminología, con la psicología experimental, con la literatura, con los estudios médicos, es decir, con el conjunto de saberes que en la época otorgaba validez científica a la pedagogía y prescribía acerca de la naturaleza y la identidad propias del niño.
  1   2   3   4

similar:

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconMatrimonio y familia se relacionan entre sí como causa y efecto:...
«crisis», pues significa que algunos elementos son sustituidos por otros. Y es lógico que la familia se adapte a las sensibilidades...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconEl 20 de abril de 1999, Eric Harris de 18 años y dylan Klebold de...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconLibro de texto: Biología. 2º Bachillerato. Editorial Santillana....

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconTema cultura y socializacióN. El concepto de socializacióN. El concepto...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconUna de las definiciones más divulgadas internacionalmente en la actualidad,...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconNo se discute que la familia es la famosa célula básica de la sociedad...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconDesarrolle el concepto de infancia emergente en la Modernidad dando...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconInvestigación en familia: Como su nombre lo indica, en la investigación...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconResumen: La tesis central de este artículo es que “los centros de...

Carli, S. (Comp.) y otros. De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad. Editorial Santillana. 1999 iconTecnología, subjetividad y política




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com