Programa general de filosofíA 11°




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FORMACIÓN COGNOSCITIVA:



Conceptualización:
1. ¿Cuál es el concepto genérico acerca del contenido?
Comprensión:
2. Escribe el significado de los siguientes términos:

MACROSCÓPICO, UNILATERALIZACION, MEGALOMÁNICO, UTÓPICO, FICTICIO, PRAXIS.


  1. ¿Qué quiere expresar la frase “Conocer para prever, y prever para proveer”.


Análisis:
4. ¿En qué consiste el Humanismo absoluto y cuáles son sus principales representantes?

5. Explique en qué consiste el socialismo utópico y mencione a sus representantes.

6. ¿En qué corrientes precedentes hunde sus raíces el positivismo? Explica.

7. Explique las esferas de la investigación comtiana.

8. Describa la caracterización del positivismo.
Síntesis:
9. Elabora un resumen acerca de los rasgos fundamentales de las corrientes del contenido.
Generalización:
10. Escribe un caso concreto de la utilidad de la sociología en sentido comtiano para el progreso de la sociedad.
Juicio y Raciocionio:
11. Escribe cinco juicios de certeza en los cuales demuestres haber entendido los presupuestos básicos del tema.
ACTIVIDAD DE APLICACIÓN:
A continuación encontrarás unas corrientes sucedáneas del positivismo. Elabora en hojas de block un cuadro con los siguientes aspectos:

  • Corriente filosófica.

  • Representante (algunos datos biográficos)

  • Caracterización de su pensamiento.

  • Interpretación personal.


Positivismo alemán:
Desde Francia se propagó pronto el positivismo, que tomó características muy diversas.
Ernst Laas (1837 – 1885): siguiendo a Locke considera que nada puede hallarse en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido. Ahora bien, si la experiencia sensible es la fuente única del conocimiento, nada corresponde a la metafísica. El monismo científico-natural es la única concepción del mundo justificada. También los fines de la ética deben quedarse dentro de nuestro mundo experimental: garantía del sueldo del trabajo, paz social, Estado ordenado y progreso cultural. La idea de una «moral laica», separada de la religión, se apoderó pronto de amplios sectores.
Ernst Mach (1838-1916), fundó, en el sentido de Comte, una «economía del pensamiento» en que sentó dos postulados:
1. Echa de tu pensamiento todos los conceptos superfluos. Aquí entra toda la metafísica. Debemos sustituir el concepto metafísico de «fuerza» por el matemático de «función». Debemos disolver el «yo» y la «cosa» en una suma de sensaciones. Hemos de identificar la física y la psicología, pues ambas hablan de la misma experiencia. En su Análisis de las sensaciones (1900), Mach intentó construir el mundo entero con los sillares de las sensaciones.
2. Crea para tu pensamiento conceptos y fórmulas que ahorren energía. Ya el concepto de «libro», por ejemplo, te ahorra tener que pensar en todos los libros que has visto. Las fórmulas matemáticas, las leyes físicas, las reglas de la lógica, etc., son pensamiento concentradísimo, del que se ha eliminado todo lo superfluo.
Hans’ Vaihinger (1852-1933), fundó con sentido positivista su Filosofía deI “como-si” (1911). Nuestra percepción y nuestro pensamiento tienen sólo la misión biológica de defendemos en la lucha por la existencia. Por eso, las ideas más verdaderas son aquellas que mejor nos adaptan al ambiente del momento. De suyo, todos los conceptos son contradictorios (ficciones o semificciones), pero son verdaderos si se verifican. Así, toda la metafísica es desde luego una ilusión, pero no por eso carece de valor. Ella nos levanta de las depresiones de la sensibilidad a las alturas de la moralidad y la religión. Sin ella, la vida apenas merecería ser vivida. Debemos, por tanto, vivir prácticamente como si hubiera Dios, como si tuviéramos un alma libre inmortal. Así se da Vaihinger la mano con Kant que, por las mismas razones postula la libertad y la inmortalidad.
Richard Avenarius (1843-1896), que era oriundo de París, escribió contra Kant una Crítica de la experiencia pura, y por ella fundó el «empirocriticismo». Según esto, sólo hay una única «experiencia pura». Sólo por las «introyecciones» de una metafísica sin sentido se creó la perniciosa división o dicotomía del yo y mundo externo, física y psicología, pensamiento y ser, etc. Apenas se eliminan esas «introyecciones» de la filosofía de la experiencia, desaparecen todos los problemas de la antigua filosofía.

Empirismo inglés
Los ingleses tienden desde siempre por su carácter nacional a una concepción puramente empírica del mundo. Como este empirismo aborrece la especulación metafísica exactamente como el positivismo, no podía éste hallar suelo mejor abonado que Inglaterra precisamente.






Jeremy Bentham (1748-1832), abogado de Londres que luego vivió únicamente para la filosofía, veía el sentido de la vida humana en «la mayor dicha posible para el mayor número posible.» Moralmente, bueno es, por tanto, lo que aumenta la dicha universal; moralmente malo, lo que la disminuye. El socialista William Godwin quiere sustituir «dicha universal» por «libertad» e «igualdad» en el sentido de la revolución francesa, que quería realizar también en Inglaterra.


El sobrio calculador Thomas Robert Malthus (1766-1834), originariamente párroco y luego profesor de economía política, hizo ver, en su pesimista Tratado sobre la ley de la población (1798), que en las actuales circunstancias no puede hablarse de dicha. Como la población crece en progresión geométrica y los medios de vida sólo aumentan en progresión aritmética, el término de ello sólo puede ser miseria y hambre. Por eso aconseja la contienda voluntaria y habla mucho antes que Darwin de la «lucha por la existencia».
El fundador del clásico empirismo es John Stuart Mill (1806-1873), de Londres, que puede ser considerado como el filósofo inglés más importante del siglo XIX. En estrecha colaboración con Comte, al que ayudaba también financieramente, eliminó de la filosofía de Hume hasta los últimos residuos de pensamiento idealista. Su máxima aportación es la clara descripción de la esencia de la inducción, en que ve el único método justificado de toda la ciencia. La inducción consiste en pasar de una de las observaciones particulares a una ley general.



Cuanto más frecuentemente aparece el mismo fenómeno en las mismas condiciones, tanto más seguros estaremos de que tampoco en lo futuro, se dará una excepción. Finalmente, nos elevamos a la ley de la uniformidad de la naturaleza, según la cual la misma causa, en las mismas condiciones, produce siempre el mismo efecto. Esta ley es la base de toda la ciencia natural. Stuart Mill enumera cuatro reglas de inducción según las cuales, de observaciones particulares, podemos llegar a una ley universal de la naturaleza. Pero ¿qué es lo que aglutina las muchas observaciones particulares en una ley universal? La asociación. Así, todas las leyes de la lógica y matemática, de la ciencia natural y de la historia pasan a ser meras leyes psicológicas. Con ello fundó Stuart Mill aquel psicologismo que desvalora toda auténtica ciencia,
Alexander Bain (18 18-1903), Thomas Fowler (1832-1904), George Croom Robertson (1842-1892) y James Sully (1842-1923) desarrollaron el empirismo en la psicología; Henry Sidgwick (1838-1900) y Thomas Henry Buckl’e, en la moral y en la ciencia histórica. Buckle designó la estadística como la ley que domina tan claramente la historia como la matemática la ciencia natural. Con ello vio ya bien la importancia que en lo futuro tendría la estadística.
El empirismo de Stuart Mill se extendió de tal forma a todos los dominios, que pareció asegurado para siglos. En honor de Comte, los sobrios ingleses construyeron templos, en que se veneraron religiosamente los bustos de los grandes sabios; clases nocturnas, escuelas y grupos juveniles propagaron el pensamiento positivista aun en terreno religioso. A pesar de todo, Charles Darwin, el verdadero genio del siglo XIX, derrocó rápidamente este pensamiento apenas murió Stuart Mill.


Herbert Spencer (1820-1903) es uno de los mayores representantes del positivismo inglés. Su interés radica especialmente en que pone de manifiesto, de un modo relevante, la idea de progreso dominante en el siglo XIX. Su filosofía gira en torno de la idea de evolución y de la de progreso, entendido éste como una evolución hacia una perfección progresiva.
a) La evolución spenceriana. Para Spencer, la evolución es la ley suprema de la naturaleza y del cosmos en su integridad. La evolución no es el resultado de otras leyes, como pudiera ser la de la «selección natural» de Darwin. Lo que distingue a ambos pensadores evolucionistas es precisamente esto: que mientras para Darwin la evolución se explica y se fundamenta en leyes más originales que la propia evolución, para Spencer la evolución es la ley suprema de la que se derivan todas las demás y constituye la auténtica esencia de la realidad. Esa ley tiene aplicación no sólo en el mundo animal y vegetal, sino en el de la materia inorgánica y, especialmente, en el mundo humano. Es precisamente en este último donde la evolución adquiere mayor “yivacidad” pues frente a la lentitud de los procesos evolutivos en la materia inorgánica, destaca la rapidez en los cambios sociales y humanos.
El mecanismo de la evolución es descrito por Spencer con estas palabras:

«En el universo en general, y en detalle, tiene lugar una redistribucíón constantemente renovada de la materia y del movimiento.» La idea de Spencer es la siguiente: hay evolución cuando las partículas corpóreas se concentran y se dispersa el movimiento; por el contrario, en la dispersión de las partículas y la absorción por ellas de movimiento consiste el proceso contrario de la evolución, es decir, la regresión. Con razón se ha dicho que estas ideas de Spencer adolecían de mecanicismo; pues al pretender explicar la realidad total a base de la «redistribución» de partículas y de movimiento, lo único que efectivamente queda explicado son los cambios cuantitativos de la realidad, que se producen por «graduaciones completamente imperceptibles», ya que, según Spencer, todo cambio es «evolución sin conmociones». Pero los cambios cualitativos quedan fuera del alcance de la condensación puramente cuantitativa de las partículas corpóreas.
Por otra parte, Spencer habla de dos características del movimiento evolutivo: la «diferenciación» y la «concreción». Por la «diferenciación», el movimiento evolutivo ya de lo homogéneo a lo heterogéneo, y por la «concreción», el movimiento evolutivo pasa de lo indefinido a lo estructuralmente definido. El proceso de integración de partículas corpóreas, que da lugar a la evolución, «se combina, diçe Spencer, con el proceso de diferenciación para que este cambio no sea simplemente de la homogeneidad a la heterogeneidad, sino de una homogeneidad indefinida a una heterogeneidad definida».
b) El progreso spenceriano. En general, Spencer concibe la evolución como un movimiento perfectivo y tendente a lo mejor. Pero cabe preguntar en qué consiste lo «mejor», en qué consiste la meta hacia la cual tiende la evolución. Spencer responde que esa meta consiste en el equilibrio. Y esta meta es tan amplia como la evolución misma; a ella se tiende a todos los niveles. Ante todo, en el nivel biológico: en Principios de biología define la vida como «una determinada combinación de cambios heterogéneos, simultáneos y consecutivos, de conformidad con las coexistencias y las sucesiones exteriores». En una palabra, el equilibrio biológico consiste en el existente entre los fenómenos vitales y el medio exterior, bajo la acción directa de esto último.
En segundo lugar, a un nivel social, el equilibrio consiste en la igualación de fuerzas; de las diversas fuerzas de que consta la sociedad y que poseen los diversos grupos sociales, equilibrio de fuerzas entre las diversas ideas para que éstas puedan coexistir en la sociedad, equilibrio entre el número de habitantes del planeta y la cantidad de medios de subsistencia. En fin, por todas partes, el equilibrio: «Por doquier descubrirnos la tendencia al equilibrio.»
Pero nos interesa especialmente el equilibrio entre las diversas clases sociales, al que tiende la evolución constante de la sociedad, según Spencer, que se resume en el equilibrio entre las fuerzas progresistas y las conservadoras. Fácilmente se ve que este equilibrio es antidialéctíco y antirrevolucionario por excelencia. El propio Spencer habló con frecuencia de que las revoluciones sociales eran intentos «nocivos» que buscaban sacar la sociedad de su «salvador» equilibrio. Más aún, en cuanto que las acciones revolucionarias se oponen a la reorganización progresiva de la sociedad y favorecen la anarquía, en esa misma medida las revoluciones sociales son regresivas.

Por otra parte, Spencer coincidía en esto con la opinión común en el siglo XIX de la defensa del «orden y progreso», del progreso dentro del orden social. Es de suponer que la teoría del equilibrio social se encontrara con muchos adversarios, precisamente en el siglo de las revoluciones. Así, Engels entendía dicha teoría como enemiga del progreso real, al ser contraria a la lucha de las clases revolucionarias.

Pragmatismo americano
«No hay país del mundo que se haya preocupado menos de filosofía que América» (A. de Tocqueville). Los emigrantes no tienen tiempo para especulaciones sobre las razones primeras del mundo; necesitan una filosofía que los ayude a subsistir en la lucha por la existencia. De ahí que elaboraran el pragmatismo que puede considerarse como la filosofía nacional de Norteamérica.
Charles Sanders Peirce (1839-1914) Peirce dio a la nueva filosofía el nombre y la idea fundamental. Era hijo del famoso matemático y astrónomo Benjamin Peirce, se dedicó él mismo durante un tiempo a la medición de costas y tierras, enseñó en la Universidad de Harvard y luego en la John-Hopkin y murió en Milford . Peirce confesaba haber tomado su filosofía de Kant, y hasta el nombre procede de Kant, que entendía por «pragmático» lo’ útil y provechoso. Pero Kant sólo de las tres supremas ideas (alma, mundo y Dios) afirmaba que tuvieran únicamente valor práctico; Peirce lo afirma de todas las ideas. Las ideas tienen que ayudarnos a no sucumbir en la lucha con el ambiente. Su valor no consiste en el conocimiento, sino en lo que nos dicen para obrar prudentemente en lo futuro.


William James (1842-1910) Por su orientación social, por su fresco optimismo y por su estilo humorístico, James atrajo de tal modo a los americanos, que hasta hoy sigue siendo el filósofo más popular. Fue hijo de un escritor de formación teológica, de Nueva York, creció en atmósfera religiosa, aunque sin vínculos confesionales, estudió medicina y en sus viajes conoció también la filosofía europea. De 1872 a 1907 enseñó en la Universidad de Harvard, primero medicina y luego filosofía, y murió en Chocorna, estado de Nueva York.
a) ¿Para qué las ideas? Las ideas son instrumentos por los que dominamos las dificultades de la vida. Según Darwin, subsiste o vence siempre el que mejor se adapta. Por esto, económica y políticamente, moral y religiosamente, se impondrá siempre el que tenga mejores ideas. No debemos, pues, preguntar siempre retrospectivamente en la ciencia natural de qué se ha hecho todo. Así llegamos a la fuerza de las leyes de la naturaleza, a la negación del libre albedrío y al ateísmo. En él hay aún posibilidades, hay libertad, hay espacio para acciones creadoras. Las ideas no están ahí para explicar el mundo hecho y derecho, sino para configurar la materia bruta rebelde en un mundo habitable y práctico.
b) ¿Qué ideas son verdaderas? Verdaderas son aquellas ideas que se verifican en la vida práctica, las ideas útiles (profitable), las que aportan una ganancia limpia (cash value,). ¿Hay Dios? La idea de Dios se acredita en la vida, con ella se soporta el dolor más valerosamente, se acometen nuevas acciones, se ayuda a los otros hombres: luego hay Dios. Toda la filosofía de James nació del empeño de arrancar la religión de las garras de la ciencia natural materialista.
c) «Personalismo pluralista»: James aborrece el igualitarismo, el uniforme y la violencia, y defiende dondequiera la libertad, la diferencia y la variedad. Como realidad suprema ve la persona. Puesto que hay muchas personas, llama a su doctrina «personalismo pluralista». Cree que, siquiera en medida mínima, todas las cosas de este mundo están animadas. Estima tanto lo anímico, que incorpora a la ciencia incluso la experiencia oculta (apariciones de espíritus), y así, siguiendo el modelo inglés, fundó una sociedad para el estudio del ocultismo.
¿Cabe identificar la verdad con lo útil? ¡No! Por desgracia, hay muchas verdades que no son útiles y no por eso dejan de ser verdades, como cuando un tumor resulta ser un cáncer. Tampoco la idea de Dios puede interpretarse como un seguro de vida. Hay muchos hombres, sinceramente religiosos, que temen constantemente que Dios va a condenarlos y, sin embargo, creen en Dios.
Amigo de James fue Ferdinand Canning Scott Schiller (1864-1937), que, aunque era natural de Altona (Alemania), emigró tempranamente a Inglaterra, enseñó desde 1897 a 1926 en Oxford y desde 1930 en Los Ángeles, donde murió. En su opinión, no sólo los animales, sino también las ideas luchan por la existencia. Verdadera es la idea que, en competencia con las demás, se impone y les sobrevive. Lo que ayer se tenía por un error puede hoy ser reconocido e imponerse como verdad universal. La metafísica es sólo un rompecabezas sobre cosas últimas de muy dudoso valor. Filosofar no quiere decir explicar el mundo, sino configurarlo. No hay un bloque, universo hecho y cabal. Como la configuración del mundo es nuestro deber moral, filosofía es lo mismo que moralidad. Schiller llama a su filosofía «humanismo», pues tiene que servir en todo al hombre.


John Dewey (1859-1952): Dewey es el más importante continuador del pragmatismo. Su influencia es hoy perceptible no sólo en el sistema educativo de Estados Unidos, sino también en el de muchos Estados de Asia. Era natural de Burlington, estudió en el Oeste Medio a fin de conocer también a los norteamericanos de allí, en 1894 fue nombrado director de la Escuela experimental de Chicago y en 1905 fue profesor de la Universidad de Columbia de Nueva York, donde enseñó hasta 1930 y donde murió en 1952. Mientras W. James es aún un americano del este, Dewey pasa por el típico americano de cuerpo entero, con su inquebrantable fe en el progreso y el irrefrenable amor a la aventura, que rompe con todas las tradiciones y ensaya por dondequiera caminos nuevos.
a) La verdad: Verdadera es siempre aquella idea que demuestra ser instrumento aprovechable para la lucha de la vida. Como los animales se imponen en esa lucha por medio de zarpas y dientes, así los hombres por sus ideas. ¿Cuándo formamos nuevas ideas? Siempre que nos hallamos en necesidad, cuando no bastan ya las ideas viejas, cuando necesitamos de nuevos instrumentos para dominar los nuevos peligros que surgen. Por ello llama Dewey su doctrina «instrumentalismo».
b) Moralidad: A ningún filósofo es lícito retirarse al rinconcito de la teoría del conocimiento; todo hombre decente está más bien obligado a aligerar la vida de su prójimo. Como la técnica hace más cómoda la vida externa, así es deber de la filosofía, como ingeniería moral, hacerla interiormente más bella. Así, en su totalidad, la filosofía es ética. Ahora bien, no hay en el mundo hombres buenos o malos hechos y derechos. Es bueno el que antes era malo y ahora está en camino de una vida mejor; malo, el que está en constante descenso. ¿Qué es lo mejor a que aspiramos? ¡La mejora de la vida! ¿Y qué es lo mejor en sí? El progresista Dewey no tiene ya respuesta, pues para él no hay valores absolutos.
c) Pedagogía: Dewey se burla altivamente de la escuela europea como una «edad media petrificada». En Europa sólo se forma el intelecto, se adiestra a los alumnos en nombres y números, se abre una sima entre cultos e incultos, se educa a holgazanes que quieren vivir de sus diplomas en lugar de vivir de su trabajo. La escuela americana no conoce paredes de separación entre las aulas y el mundo. Se ha convertido en un taller en que se aprende en la vida cómo se gana el pan y la mantequilla. No sólo educa para el saber, sino también para la convivencia democrática con otros compañeros de trabajo de distinto modo de ser. La escuela americana no educa para la vida, sino que es ya vida. No se entra en una escuela, ni se sale nunca de la escuela, sino que se aprende mientras se vive. No hay un ideal acabado de perfección. No hacemos sino ensayar por nuevos experimentos lo que mejor se verifica en una situación. Por eso, la educación debe separarse de la religión, que no educa para la vida práctica, sino para la bienaventuranza eterna. Esta nota antirreligiosa ha creado muchísimos contrarios a la pedagogía de Dewey en los Estados Unidos.
Ideológicamente, Dewey era un naturalista que veía en el espíritu sólo una función del cuerpo. «Espíritu es lo que hace el cuerpo.» Disuelve la persona en una serie de funciones biológicas y sociológicas, y llega así a un «impersonalismo». Influido por él, James R. Angell (1869-1949), presidente de la Universidad de Yale, llegó a su «funcionalismo», y John B. Watson (nacido en 1878), profesor de la Universidad de John-Hopkins, a su «behaviorismo». Si no hay alma, la investigación científica se agota en la observación de las funciones corpóreas.

FORMACIÓN CONTINUADA:
Terminar los puntos pendientes de la guía.

(La actividad de aplicación se incluye como materia de examen)

REFLEXIÓN:

Debemos actuar como hombres de pensamiento.

Debemos pensar como hombres de acción.”

Henry Bergson
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