Programa general de filosofíA 11°




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LA INDUSTRIA CULTURAL



Es el poderoso aparato puesto en funcionamiento por la sociedad tecnológica contemporánea. Esta se halla formada esencialmente por medios de comunicación de Masas (cine, t.v, radio, discos, publicidad ..) por los cuales el sistema dominante impone valores, modelos de conducta, crea necesidades e impone el lenguaje, los cuales no emancipan, no estimulan la creatividad, pues el hombre se vuelve un receptor pasivo. Hoy en día el individuo está reducido a la nada y es guiado por “otros”.


Max Horkheimer: (1895 – 1973) Critica tanto al fascismo como el capitalismo. El fascismo enmascara el poder de una minoría que posee los medios materiales de producción.

La aparición y desarrollo del capitalismo llevan a la sociedad hacia el absurdo: el orden totalitario. El comunismo, que es un capitalismo de Estado, no es más que una variante de Estado totalitario.

Horkheimer piensa que la razón está enferma desde sus inicios. La enfermedad de la razón reside en el hecho de que esta nació de la necesidad humana de dominar la naturaleza, la cual ha llevado a la implantación de una organización burocrática e impersonal que ha llegado a reducir al hombre a mero instrumento.
La razón se ha convertido actualmente en “ancilla administrationis”: no es la razón la que fundamenta y establece que es el bien y que es el mal que sirven para orientar nuestra vida, sino el sistema imperante. La razón se encuentra completamente sometida al proceso social, su función de medio para dominar a los hombres y a la naturaleza se ha convertido en su único criterio.
Ante este vacío se trata de buscar remedio apelando a sistemas como la astrología, el yoga, el budismo... Estas filosofías sucumbieron por ser demasiado débiles.
En ciertas épocas la filosofía, la literatura, el arte, se esforzaban por expresar el significado de las cosas y de la vida, por dar una voz a todo lo que está mudo. Ahora, con el triunfo de la ciencia que avanza victoriosa sobre ruinas de la filosofía, constatamos su silencio acerca de lo temas y fines que son más importantes para el hombre. El “cientificismo” se puede poner al servicio de sistemas diabólicos y subyugantes. La realidad que contemplamos ahora es la siguiente:

  1. La naturaleza es concebida como un mero instrumento del hombre.

  2. El pensamiento que no sirve al grupo dominante o a la producción industrial es considerado inútil.

  3. La decadencia del pensamiento fomenta la obediencia servil a lo poderes establecidos.

  4. Existe una cultura de masas que opta por un estilo de vida, aunque inconscientemente lo rechaza.

  5. La fábrica y los administradores absorben la capacidad productiva del obrero y la subordinan a las exigencias de la técnica.

  6. La deificación de la actividad industrial. El ocio es considerado como un vicio.

  7. El significado de la productividad se mide a través de su utilidad con respecto a la estructura de poder y no con respecto a las necesidades de todos.


La tarea de la filosofía debe ser la denuncia de la razón instrumental y la traducción en palabras que los hombres puedan oír de las voces de los mártires de los campos de concentración reducidas al silencio por la tiranía.
Horkheimer, aunque marxista y revolucionario en su juventud, no piensa ya en la solidaridad de una clase (el proletariado), sino en la solidaridad de todos los hombres, de tal manera que podamos crear un mundo donde la vida se más hermosa, más prolongada, más libre del dolor y más favorable al desarrollo del espíritu.
Surge así la necesidad de una teología, no como ciencia de lo divino, sino como conciencia de que el mundo como algo fenoménico no es la verdad absoluta. La teología es la esperanza de que la injusticia que caracteriza al mundo no se convierta en la última palabra. Es la “nostalgia de una justicia perfecta y consumada” que jamás podría realizarse en la historia.
Herbert Marcuse: trata de determinar las consecuencias del actual desarrollo económico y técnico sobre los individuos y las clases sociales. Su obra puede ser considerada como una interpretación del psicoanálisis freudiano, a fin de incluir en él los resultados marxistas.

Sus estudios están basados en las sociedades de la «abundancia», en las que incluye tanto la sociedad occidental como la soviética. En ambas se da el mismo fenómeno: el sometimiento creciente del individuo a la clase dirigente (gran burguesía o burocracia del partido). La alienación que sufre el individuo es doble: económica e ideológica. De esta forma la clase dirigente refuerza su dominio.
La alienación económica es un fenómeno social que en principio se presenta como necesaria. En una situación de escasez toda satisfacción debe someterse al principio de realidad, que obliga a trabajar y al mismo tiempo a limitar los deseos. Precisamente para Freud este sometimiento al principio de realidad era la condición de toda civilización. Pero, según Marcuse, las sociedades desarrolladas han superado esta fase de penuria. Lo que ocurre es que las clases dirigentes mantienen la alienación organizando el despilfarro o imponiendo necesidades artificiales. Ahora bien, esta opinión sólo puede mantenerse mediante la alienación psicológica, mediante la lingüística, la sociología, etc. Los hombres se creen felices. La civilización les proporciona la «euforia de la desgracia». Ha creado el hombre unidimensional, sin conciencia de clase y en consecuencia sin posibilidades de oposición revolucionaria.
Objetivamente, los trabajadores constituyen la clase revolucionaria, pero subjetivamente esta clase se ha convertido en contrarrevolucionaria.
El detonador de la revolución ya no será la clase obrera integrada en una sociedad desarrollada, sino los marginados de esa sociedad, a los que, escapando de ella, automarginándose, son todavía capaces de proclamar su «necesidad vital de un cambio radical». Estos son los filósofos o los creadores de nuevas sensibilidades, los artistas, los pervertidos sexuales, los que en general no han sido aún asimilados (los estudiantes, por ejemplo).

En la sociedad a conseguir el trabajo dejaría de ser opresivo para hacerse lúdico, las necesidades se expresarían libremente, la sexualidad se transformaría en Eros capaz de triunfar sobre Thanatos. La sociedad dejaría de ser prometeica para convertirse en órfica.





Erich Fromm (1900-1980): psicoanalista germano estadounidense, célebre por aplicar la teoría psicoanalítica a problemas sociales y culturales. Nacido en Frankfurt del Main, se educó en las universidades de Heidelberg y de Munich, y en el Instituto Psicoanalítico de Berlín; Fromm emigró a los Estados Unidos en 1934, país cuya nacionalidad adoptaría posteriormente. Para Fromm, uno de los líderes y principales exponentes del movimiento psicoanalítico de nuestro siglo, los tipos específicos de personalidad tienen que ver con pautas socioeconómicas concretas. Esto significaba romper con las teorías biologistas de la personalidad para considerar a los seres humanos más bien como frutos de su cultura. De aquí que su perspectiva terapéutica se orientara también en este sentido, proponiendo que se intentasen armonizar los impulsos del individuo y los de la sociedad donde vive.

Louis Althusser. El contenido de la obra del filósofo francés Louis Althusser consiste fundamentalmente en una relectura crítica del marxismo en sus mismas fuentes, con el fin de combatir el marxismo dogmático o «religioso». En una palabra, volver al Marx revolucionario, destructor de mitos y de verdades impuestas.

Althusser pretende demostrar que esa vuelta al humanismo marxista del «joven Marx», el empleo de conceptos no marxistas como «alienación», «trabajo alienado», «apropiación de la naturaleza por el hombre», etc., no nos libera del dogmatismo estalínista, sino que más bien nos conduce a una ideología idealista y, por ello, reaccionaria.

La elaboración teórica de Marx puede llamarse marxismo en el momento mismo en que su problemática aparece como original, liberándose de las problemáticas anteriores. Esta ruptura supone, por lo pronto, el no poder considerar a Marx, tal y como se hace con harta frecuencia, como una «inversión de Hegel». Con respecto a Hegel, dice Althusser, hay un cambio tanto en los términos como en la relación entre los términos.

El mayor interés de Althusser tal vez resida en su postura polémica frente al pretendido «humanismo marxista». Según Althusser, Marx no «fabrica» una teoría basada sobre un ideal moral, religioso o filosófico del hombre. Antes que nada, Marx quiere comprender las leyes que determinan la existencia real de los hombres que viven en las sociedades, y para ello parte de nociones científicas que permiten comprender los mecanismos de las sociedades humanas y de su historia, y no de un concepto de hombre de la naturaleza humana. En este sentido, el marxismo no es un humanismo.

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