Revista Uruguaya de Psicoanálisis 2007; 104 : 7 22




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Revista Uruguaya de Psicoanálisis 2007 ; 104 : 7 - 22 -

SIMBOLIZACIÓN Y

EXPERIENCIA ANALÍTICA

Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis: -entre el signo y la pulsión

Susana García*

E-mail: psgarcia@chasque.net

* Miembro Titular de APU.- Av. Brasil 2377 Ap.504 - Tel. 709 0588 - Montevideo.

“He tenido la visión más maravillosa. He tenido un sueño...

Todas las facultades del hombre no bastarían a decir lo que este sueño. Si lo intentara explicar sería un asno. Me ha parecido que era... me ha parecido que tenía...; pero fuera un arlequín el hombre que tuviese la pretensión de explicar lo que me ha parecido que tenía... Los ojos del hombre no han oído, ni los oídos del hombre han visto, ni la mano del hombre podría gustar, ni su lengua concebir, ni su corazón expresar lo que era mi sueño”.

William Shakespeare24

Parlamento del tejedor (Lanzadera -Nick Bottom-)

Los poetas, los creadores, son a mi juicio los que mejor dan cuenta de las posibilidades de simbolización. Son capaces, de trasmitir lo que las palabras no trasmiten y la magia está justamente, en que lo dicen con palabras. He ahí una paradoja.

¿Qué dice el poeta Shakespeare, con lo que no dice? Dice que los sueños son inasibles, dice que los sueños son afectos, son teatros dentro del teatro de la vida, sentires más allá de la palabra, más allá de los sentidos, más allá de la percepción: Los ojos no

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oyen, los oídos no ven, la mano no gusta, la lengua no concibe y ni siquiera el corazón es capaz de expresar lo que era ese sueño.

Al mismo tiempo, genialmente, el protagonista de este parlamento es llamado por el autor: “el tejedor”, o “lanzadera” o también Nick Bottom. El tejedor o lanzadera del telar evoca las infinitas cadenas significantes que pueden hacerse, tal como Freud señala en la Interpretación de los sueños, 10 citando el poema de

Goethe: “Un golpe del pie mil hilos mueve, // mientras van y vienen las lanzaderas y mil hilos discurren invisibles // y a un solo golpe se entrelazan miles” . Pero además Bottom significa –fondo, bajo, trasero, llegar al fondo- .

Esta oscilación metáforo-metonímica, esta permeabilidad entre el proceso primario y proceso secundario, está dando cuenta también de la simbolización en psicoanálisis y además produce un particular efecto en el lector, quedamos en contacto de algún modo, (yo diría de un modo predominantemente afectivo) con algo de lo imposible, de lo enigmático, de lo incognoscible en donde la palabra no alcanza y al mismo tiempo es la única que puede cercarlo.

Con esta paradoja y con menos poesía, trabajamos los psicoanalistas con el sufrimiento humano.

¿En qué consiste ese golpe de pie, en que se entrelazan mil hilos depensamientos, generándose una neo creación?. ¿Por qué algunos son capaces de tejer hilos invisibles, utilizando sus huellas mnémicas, sus marcas, sus límites, tolerando la falta y otros quedan colgados del objeto o justamente hay un agujero simbólico en lugar de tejido? ¿Por qué algunos sujetos toleran esta incompletud, esto enigmático que nos constituye y otros no?

En psicoanálisis hay concepciones diversas sobre la simbolización.

En general los distintos autores consideran la simbolización como la posibilidad de la tercerización. En el caso del símbolo existe: el elemento presente, aquel al cual remite, y un tercero que permite su interpretación, lo triádico en juego. Lo simbolizado es en esta línea de reflexión, siempre el objeto perdido, es necesaria

la configuración de la ausencia, la pérdida de la cosa, el desasí

Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis: -entre el signo y... -9

miento del objeto para que la simbolización tenga lugar. Esa pérdida provocadora de displacer empuja al aparato a la representabilidad: “el logro de una representación como triunfo sobre la ausencia” 8.

Desde esta perspectiva la pulsión de muerte opera en función de corte, trabajo de lo negativo que resulta central para la simbolización en psicoanálisis.

Creo que este planteo es absolutamente compartible y responde a una lectura freudiana. En el Proyecto, en la Interpretación de los sueños, en su perspectiva de la primera tópica, Freud plantea la capacidad del aparato psíquico de representar la ausencia, así desde la experiencia de satisfacción, está la posibilidad de desasirse de la cosa, al modo de la alucinación primero y ante su ineficacia para sostener el placer o evitar el displacer, surge la posibilidad de modificar la realidad, lo que lleva consigo un duelo por la pérdida, por la imposibilidad de satisfacer el deseo, potencialidad humana por excelencia, además de interminable.

Este planteo es también la clave que permite el acceso a la palabra, capacidad nominativa, que nombra lo ausente y que también permite la creatividad. Ya no se necesita de la cosa, ya no se requiere de la presencia del otro para ser. Pero al mismo tiempo ese motor, es también sufrimiento, hay una división radical, lo incognoscible, fuente de creatividad, de búsqueda pero también fuente de angustia, de síntomas.

Estamos hablando de la posibilidad de la sustitución significante, es decir el armado de cadenas, de textos, donde lo inconsciente será motor, en donde lo enigmático del origen empujará a los desplazamientos, a la metáfora. “Signo de la cosa y engrampada en tanto signo… quedando habilitada a las retranscripciones… articulación conducente a la metáfora, entre representación cosa y representación palabra” 8.

Pero esto es una posibilidad, otras veces no es posible el armado de un texto, de una cadena significante, en distintas ocasiones, aún en las neurosis, esta articulación fracasa y aparecen diversas formas de expresión: la fractura y por tanto el uso de la

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palabra en tanto cosa (en la psicosis), el no desasimiento del objeto en una demanda indiscriminada del otro, en las compulsiones del actuar, entre otras.

Para extender el psicoanálisis a esas formas de padecer es que se plantean nuevas vueltas de espiral.

Así Klein14, desarrolla el concepto de ecuación simbólica y objeto parcial y posteriormente Bion el de pre-concepción. Esta perspectiva implica una posición desarrollista. Para Klein la ecuación simbólica es propia de la posición esquizoparanoide, indiscriminación sujeto-objeto, mientras que la simbolización es propia de la posición depresiva, cuando el duelo por la pérdida se puede realizar y la reparación (sustitución) es posible. Implica por tanto, algo que crece, proceso, punto de vista genético, hay un arché, hay un pre- (pre-simbólico). Posición discutible, pero eso no impide considerar que los aportes de la clínica dan cuenta del valor de esta noción de ecuación simbólica, (ya Freud la había marcado) y a mi entender, estas metonimias, se producen en distintos momentos de la vida, caracterizándose por la imposibilidad de discriminar entre el yo y el mundo, entre lo percibido y lo fantaseado. El yo y el objeto están confundidos por tanto es imposible un trabajo sobre la pérdida.

Desde otra perspectiva, Piera Aulagnier1 nos plantea el pictograma, proceso originario, modo de escritura que es la primera representación que la psique se da de sí misma. Producto del encuentro entre el infans y el mundo exterior, que es en principio la psique materna. Es una fusión indisociable (representación y afecto; objeto exterior y zona erógena), constituyen una unidad, no hay discriminación, es especular, con ilusión de autoengendramiento y tiene la característica de ser indecible, es verdadera marca corporal, pivote de las zonas erógenas.

La autora señala que si en este encuentro predomina Eros, dominará el deseo de desear y la ligazón a través del proceso primario, modo de representación posible a partir de la aceptación de la existencia de otro cuerpo y por tanto otro espacio, lo que habilitará el proceso secundario, con posibilidad de representaciones ideicas, que permitirán la puesta en sentido. Si en cambio

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lo que domina es la destrucción, el ataque será tanto al objeto como a la zona, porque son indisociables y por tanto se afectará la capacidad de representabilidad, de cadena. Cuando reaparece, será buscando reinscribirlo, pero se expresará en delirios, compulsiones, padecer somático, o sea fracasará en la ligazón significante, en el armado de un texto. Importa destacar que la autora señala que el modo de escritura pictográfico no es exclusivo del padecer

psicótico.

Por su parte Rosolato20 distingue lo “no reconocido” de lo “desconocido”. Lo no reconocido serían los significantes inicialmente inscriptos, reprimidos originariamente, inaccesibles, provenientes de la madre (lo perceptivo tiene importancia) y que el autor los llama significantes de demarcación.

Parece necesario distinguirlos de lo desconocido, o incognoscible, agujero, falta imprescindible para que se genere la búsqueda, motor que permite la simbolización, que implica pérdida y separación de esa madre ideal original y que permita alcanzar la condición de enigma.

Este planteo abre a distintas perspectivas, por un lado lo no reconocido, pero marcado por el otro, relación vivida en el origen entre el niño y su madre que se reproduce en el sueño (ombligo) y reenvía a lo no reconocido de la madre, alteridad radical, que representa un límite.

Así aunque la madre sea lo conocido inicial, susceptible de ser reconocido, incluye estos significantes inicialmente inscriptos, originariamente reprimidos e inaccesibles.

Siempre está presente la dialéctica entre lo no reconocido, pasible de armar cadena, lo no reconocido y sepultado inaccesible, pero también lo enigmático de la alteridad de la madre, que perteneciéndole, no llegan a ser integrados por el psiquismo del niño.

Rosolato está marcando su preocupación para poder distinguir formas de expresión psíquica que no constituyen el retorno de lo secundariamente reprimido.

Aunque en psicoanálisis se insista sobre la “ilusión de lo arcaico”, yo diría que es condición humana la búsqueda de teorizar sobre los orígenes, presente además en todas las ciencias.

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Entonces esta preocupación, por esas marcas originarias, es búsqueda de lo que resiste, de lo imposible, aspiración de aprehensión de lo real que es motor y límite del conocimiento, pero también es instrumento para trabajar con aquellos pacientes que no han logrado establecer adecuadamente esa función de enigma.

Como lo plantea el acápite elegido, hay algo que no se cubre con la palabra,19 en nuestro medio Myrta Casas,7 para pensar la simbolización en psicoanálisis, recurre a Peirce, planteando sus conceptos respecto del signo: los íconos, índices y símbolos, como formando parte de la simbolización.

Peirce no niega la existencia del mundo, sino que rechaza la posibilidad de conocerlo independientemente de los signos. Para que algo funcione como signo tiene que haber un objeto, un representamen y un interpretante, pero plantea que puede haber “semiosis degeneradas” cuando se prescinde de algunos de estos tres elementos y se da lugar a las relaciones diádicas.

Si tomamos la carta 52 de Freud,11 tenemos que pensar que habría signos de percepción que logran su traducción a representaciones cosa, y luego retoños de éstas acceden a palabra, pero otros signos que no logran jamás ese estatuto, es decir huellas que quedan sepultadas por la represión primaria, dice Freud, otras traducidas a representaciones cosa y en ocasiones puestas en palabra, pero siempre con resto, siempre con lo no decible, no significable.

Así lo señala Silvia Bleichmar2 por un lado, el inconsciente sistémico que tiene que ver con representaciones-cosa, pero también representaciones que nunca fueron representaciones-palabra, y que quedan en un estatuto que no es el de lo articulable, salvo por cercamiento.

Los autores nos sirven para pensar, no es necesario acordar in totum lo que plantean, creo que es importante distinguir entre lo sepultado incognoscible que se resiste a significar y por eso mismo es motor de búsqueda y nos hace decir y desdecir, nos hace significar siempre provisoriamente y nos muestra nuestro límite pero también nuestra incansable capacidad de resimbolizar; de aquello que se expresa en delirios, actos o padecer somático y que se entroniza como repetición de lo idéntico.

Una subjetividad producida -13

Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis: -entre el signo y...

Una y otra vez el paciente se alcoholiza y se droga y hace “picadas” en su auto. “Como siempre”. “Siempre igual”. “No se por qué lo hago, no me importa, lo necesito” Un “siempre” que alude a muerte, una repetición en donde es muy difícil encontrar una diferencia y un decir en donde es muy raro que tenga intersticios. Se destacan: “Lo necesita y no le importa”. ¿Búsqueda de la muerte o único modo de desafiarla para sentirse vivo?

Importa esta discriminación porque va a influir sobre nuestro modo de posicionarnos en la clínica. No podemos olvidar que por muy mortífera que sea la repetición, y ésta sin duda que lo es, es la forma que tiene el sujeto de poner a nuestra mirada, algo de lo indecible. ¿Tal vez hacernos sentir lo que él no puede sentir? No lo sabemos pero es el único hilo que tenemos, (su acto repetido), para intentar algún modo de ligazón. Silvia Bleichmar 3 dice que: “No es el deseo de muerte del sujeto lo que guía su acción compulsiva - comer, fumar, conducir a velocidades de riesgo sino la ausencia de fuerza ligadora en el que lo deja librado a riesgo de muerte, la que opera”.

Así en este paciente, las asociaciones callan y sólo surgen los actos, actos contados, sí pero que no producen, no tejen, no laboran, pienso esos actos entonces como restos, como fragmentos desligados que sólo pueden hacer lo que hacen: repetirse. ¿Forma de pedido para que alguien los ligue?

Yo creo que aquí podemos decir que no está adecuadamente instalada la función de enigma. ¿Por qué viene? Me, (le) pregunto. “Tiene un vacío, no puede estudiar, no puede trabajar…” Su historia es tan inasible como su acto, tiene unos padres, hermanos, amigos…

Es en su analista que se producen todas las preguntas, todos los enigmas, todas las hipótesis, que tiene que callar, porque caerían en un saco roto… Eso! bolsa agujereada, saco roto, falla en la interiorización, ¿Cómo armar la pregunta? ¿Cómo generar el interés por ella? “Sin una mano que los tienda, ninguna manzana, ningún juguete podría interesarle a nadie...” ...Violencia de la

anticipación, sin la cual nadie aprendería a escuchar y entender, a hablar y a responder”, dice Corinne Enaudeau 9

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¿Podríamos considerar ese acto como un indicio en el sentido peirciano?

Creo que sí, pero también que no.

Dice Peirce: “El índice no afirma nada; solamente dice “¡Allí!”. Agarra nuestros ojos, por así decir, y los dirige a la fuerza (forcibly) hacia un objeto particular, y ahí se detiene. «Es la sensación de que algo me ha golpeado o de que yo estoy golpeando algo; podríamos llamarla sensación de colisión o choque”12.

En ese sentido este acto golpea a la analista, le dice “Allí!” y por qué negarlo le dice más cosas, le genera hipótesis, “inventa”, se arman en su cabeza construcciones, relatos y también mucha angustia, ¿El miedo que el paciente no puede sentir?

Por qué planteo que el trabajo de simbolización en la clínica psicoanalítica en estos casos, tiene que ver con el índice de Peirce, pero también digo que es distinto? Porque hay un plus, que es el inconsciente del paciente y el inconsciente de la analista, que es la represión y las transferencias en juego, en donde circulan los afectos y la subjetividad.

Mejor lo dice Borges5: “....sé que las palabras que dicto son acaso precisas, //pero sutilmente serán falsas,// porque la realidad es inasible// y porque el lenguaje es un orden de signos rígidos.”

Es cierto que trabajamos con la palabra, con los signos, con los índices que conducen a la semiosis, pero también con lo inconsciente y su forma de fijación, que en este caso tenemos que preguntarnos de qué inconciente estamos hablando, si de lo reprimido secundariamente, que nos permitirá la resimbolización, el rearmado de la cadena significante o con las trazas desligadas, los restos jamás apalabrados, pero sí vividos, sentidos en el cuerpo y en la psique de nuestro paciente.

Es en estas situaciones en que es una útil herramienta, el aporte de autores que se ocupan de lo originario, que se ocupan de esas diferencias entre lo ligado y lo no ligado, que se ocupan de lo diádico.

No como pretensión, que con frecuencia se confunde, de rastrear el acontecimiento del origen. No hay acontecimiento de origen porque hay marca psíquica y si es psíquico no es fáctico, si

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es psíquico hubo algún tipo de desplazamiento, de transferencia, de traducción. (Carta 52).

Importa “la idea de que entre aquello que ingresa del exterior y aquello que aparece como producción psíquica, hay un procesamiento y este procesamiento le da su especificidad y singularidad a las formas con las que los seres humanos organizan, recrean, articulan su relación con los sufrimientos y los modos con los cuales se inscriben los padecimientos a los que son sometidos”4.

Podemos pensar que hay traumas precoces o no, que alteran la función simbolizante. También cuando digo traumas, en función de lo anotado, no digo acontecimiento, digo marcas psíquicas dejadas por el otro significativo y además traducidas por el infans o por el sujeto, como pudo hacerlo, como sus capacidades lo permitieron.

Marcas psíquicas que podemos pensar en este caso, con predominancia de lo tanático, lo destructivo, que no favorecen la separación afecto-representación (Green)13, que no permite la discriminación zona-objeto (Aulagnier)1, que no permite la instalación de la función de enigma, (Rosolato)20, que dan cuenta de lo intromisionante del otro, generador de fallas en la represión originaria (Laplanche) 15, fallas que afectan la constitución del yo y dan lugar a conflictos propios del narcisismo primario, vinculados a la indiscriminación (Schkolnik) 21.

Entonces ésta es una manera de pensar la simbolización en psicoanálisis, es una perspectiva teórica que me permite, que nos permite a algunos analistas pensar la clínica de las compulsiones, de las repeticiones, no de la novela edípica o del narcisismo, sino de esos restos que hacen ruido y sin embargo no logran engarzarse con sentido. También podríamos decir, que cuando la simbolización se expresa a través de lo icónico o lo indicial, las posibilidades de elaboración psíquica son muy distintas, no logran el desasimiento del objeto, quedando colgados de él, en vínculos duales, con desmentidas patógenas.7

Cuando esto emerge, el lugar de la palabra del paciente es muy diferente: no se trata de la circulación de la cadena de

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representacional22, en donde la asociación libre del paciente permite un fluir del discurso, en donde la represión secundaria y las formaciones del inconsciente sostienen su teatro y en donde la atención flotante del analista permite dar caza a los significantes jugados en transferencia.

Como bien señala Marucco17 no es lo mismo la repetición de los fragmentos y ramificaciones del Edipo, novela familiar que se reedita en la neurosis de transferencia, que la repetición de las fracturas del narcisismo que impiden la renuncia y el duelo por la grandiosidad, dificultando el proceso analítico, pero aún más difícil en el abordaje analítico son la repetición de vivencias que jamás

accedieron a la palabra. “Huellas sin palabras, con una historia desmentida más que reprimida, que desafía los límites del análisis”.

Lo que se juega en este caso, son los actos, el odio destructivo, el padecer del cuerpo, la ruptura del vínculo, las reacciones negativas y esto nos obliga a otra tarea. Tarea distinta que sigue siendo analítica, en donde seguiremos, en la situación asimétrica, configurando ese lugar tercero que es atacado permanentemente, pero tendremos que trabajar con lo escindido.23

Creo que estos problemas forman parte de la paradoja que anotaba antes. La posibilidad de palabra es imprescindible, no puedo concebir un análisis sin que pase por la palabra. En tanto el paciente no pueda nombrar con afecto lo que siente, lo que le pasa, en tanto no pueda desprenderse de la cosa, situación que sólo logrará (cuando esto es posible) con un espacio interno en donde los síntomas, en donde los actos, en donde su padecer pueda ser reconocido como propio y generado por él y sólo así tendrá la posibilidad de ser transformado, en el caldero transferencial, en ese imprescindible encuentro con otro también afectado .

Me parece importante distinguir entonces entre lo real incognoscible, algo que no se cubre con la palabra, (tal como lo expresa Freud en la Interpretación de los Sueños, tal como lo dice Shakespeare a través de Bottom, o Borges en su poema), palabra que nunca dará cuenta cabal de esa transformación o de ese dolor,

o de ese placer, pero al mismo tiempo único modo de liberarse de

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la cosa, único modo de desprenderse del objeto, texto palabrero, mentiroso pero también capaz de decir y de tejer entre los intersticios; distinguir esto, digo, de esas otras formas de expresión de lo humano, que serían indicios, restos, o fragmentos y en donde el texto, se sustituye por el enfermar del cuerpo, por la violencia del acto, que no podremos interpretar en el orden de lo reprimido.

Para tolerar la imposibilidad de aprehensión de lo real, para tolerar el límite, para figurar la pérdida, se requiere de la presencia y el sostén del otro, con esto sólo señalo que sin un sostén, sin la presencia continente y también limitante del otro en tanto otro, no puede configurarse la pérdida, es decir, no hay ausencia sin

presencia.

Esto entiendo tiene consecuencias en el trabajo clínico, con las desmentidas, con lo escindido, la necesidad de que se produzca la separación, la discriminación, requiere en cierto modo de esos juegos de presencia-ausencia, en el escenario del análisis.

Y llamemos como le llamemos: simbolizaciones de transición3, comunicación primitiva,16 aspectos arcaicos,21 requerirán en el análisis, armar una cadena de sentido, armado de una historia, la del vínculo transferencial unida a los retazos, a los fragmentos que se recogen en ese encuentro, con la ayuda de la abducción, es decir de hipótesis posibles, plausibles, no necesariamente ciertas, pero que van armando un cierto texto, que a veces puede detener la compulsión.

Es necesario también decir que estas dificultades de simbolización, o que éstos grados de simbolización o que éstas fallas de simbolización, según la perspectiva teórica en que nos situemos, pueden ser parciales21. Muchas veces son aspectos escindidos en funcionamientos neuróticos, con posibilidades simbólicas que pueden ser de gran riqueza.

O sea que la extensión del psicoanálisis a estos aspectos escindidos, que no son transacciones entre deseo y defensa, requieren tanto de la descomposición de texto, deconstrucción, análisis, cuando el texto aparece, así como también de la historización, de la construcción de un vínculo distinto que genere

posibilidades simbolizantes. No todo lo que aparece en el

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psiquismo de un sujeto, está ligado a otro elemento que lo signifique, a veces se necesita de la presencia del otro que establezca un puente, para que pueda ser ligado a palabra, para que se atisbe un sentido.

En esta perspectiva, también está el otro, no como acontecimiento, pero sí como el semejante de carne y hueso que marca con su amor y con su odio –inconcientes- el cuerpo del infans, favoreciendo o dificultando la constitución de la falta, de la ausencia, que permita la sustitución simbolizante.

Para terminar quiero recordar que Borges 6, obsedido entre otras cosas, también por los tigres, dice:

“Al tigre de los símbolos he opuesto

el verdadero, el de caliente sangre. . .

. . .

. . .pero ya el hecho de nombrarlo. . .

lo hace ficción del arte y no criatura

viviente de las que andan por la tierra. . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pero algo

me impone esta aventura indefinida

insensata y antigua y persevero

en buscar por el tiempo de la tarde

el otro tigre, el que no está en el verso”.

El deseo, la fantasía, la omnipotencia humana insiste: la aspiración de aprehensión de lo real, motor y límite.

La pulsión empuja y aunque derive para la epistemofilia, (por suerte!) lo incongnoscible del otro, “lo otro en nosotros”, busca traspasar las barreras: “algo le impone esta aventura insensata y antigua”. Un “algo” que todos seguiremos buscando, con tejidos más bellos o más burdos, pero siempre y cuando el enigma esté instalado, sea tolerada la falta, la incompletud, motivo de sufrimiento y de búsqueda de siempre renovadas investiduras.

Para seguir hablando de Borges, es sorprendente que en el ocaso de su vida, logró ir a un zoológico y acariciar un tigre, que produjo un nuevo tejido, con otros colores, dando muestra de las infinitas búsquedas que la simbolización implica:

“Con evidente y aterrada felicidad llegué a ese tigre, cuya

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lengua lamió mi cara, cuya garra indiferente o cariñosa se demoró en mi cabeza, y que, a diferencia de sus precursores, olía y pesaba. No diré que ese tigre que me asombró es más real que los otros, ya que una encina no es más real que las formas de un sueño, pero quiero agradecer aquí a nuestro amigo ese tigre de carne y hueso que percibieron mis sentidos esa mañana y cuya imagen vuelve como vuelven los tigres de los libros”. Atlas – 1984

Resumen

Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis:

-entre el signo y la pulsión-.

Susana García

La simbolización en psicoanálisis, tiene distintas teorizaciones según las corrientes metapsicológicas de los autores.

El planteo del trabajo sería que la posibilidad de simbolizar, tomada en el sentido de configuración de la ausencia, implica un entramado psíquico, la existencia de un espacio, de un escenario en donde puedan circular los conflictos, lo prohibido, el amor, el odio, con todo el sufrimiento que conlleva, pero también con la

posibilidad de armado de nuevas cadenas significantes, que permiten resignificaciones que generan cambios en la novela sintomal.

Pero cuando no se arma este escenario y cuando la pérdida no se puede tolerar, trabajaremos fundamentalmente con las desmentidas, con lo escindido, buscando que se produzca la separación con el otro, de quien están colgados sin poder discriminar entre la necesidad y el odio.

Para tolerar el límite, para figurar la pérdida, se requiere de la presencia y el sostén del otro, sin un sostén, sin la presencia continente y también limitante del otro en tanto Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis: -entre el signo y la pulsión

20

- Susana García

Summary

Some reflections on symbolization in psychoanalysis between the sign and the dirive-

Symbolization in psychoanalysis has different thoretical proposals according to the metapsychology trends that the authors

subscribe.

This article points out that the possibility of symbolization, taken as configurations of what is absent, involves a psychic network, the existence of a location or stage where conflicts may be displayed, the forbidden, love, hate, with all the suffering attached to them. It also has to do with the possibility of an assembly of new significant chains that allow to various resignifications which in turn produce changes in the symptomatic novel.

When this stage is not assembled and when loss cannot be tolerated, we mostly work with denials, splittings, hoping that separation from the other takes place. Other to who are attached indiscriminately need and hate.

In order to tolerate the limit, to figure out the loss, the presence

and holding of the other is required. Without holding or the continent presence of other. Without an other subjected as well to a limit and able to impose a limit, the enigma function cannot be configurated. This would be one of the tasks of analysis.

Descriptores:

SIMBOLIZACIÓN / RESEÑA CONCEPTUAL

/

Referencias Bibliográfícas

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Reflexiones sobre la simbolización en psicoanálisis: -entre el signo y... -21

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22 - Susana García

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Pág. 934.

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