Hacia una historia del diseño en mexico




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aparte de la historia de la sociedad, aunque, y ese es nuestro caso, tenemos que especificar el proceso histórico del diseño.
Por su parte, el manejo histórico de las categorías es imprescindible para no caer en una historización que juzgue el pasado con las normas del presente. Recordemos aquí sólo dos ejemplos significativos de la misma ideología funcionalista aún no suficientemente estudiada: el querer ver a toda arquitectura (de cualquier época) como ''funcionalista" (4) y la pretensión de extender la problemática del diseño, tal y como la entienden los ''operativos'', a la era pre-industrial, pre-capitalista, y con ese criterio llevar a cabo incluso una caracterización histórica de las culturas, como lo hizo Alexander, a saber; las culturas "conscientes de si mismas", según su respuesta hacia el ''ajuste'' (5) y que lo llevó a la descalificación de los griegos clásicos, de los constructores romanos seguidores de Vitrubio, de los arquitectos renacentistas, y en fin de toda cultura arquitectónica que "teoriza" su propia tarea (6). Y naturalmente la causa de todo esto es el pensar que la arquitectura ha sido siempre "problema de diseño" precisamente tal y como lo entienden ahora los "operativos". Es esta certeza del carácter contemporáneo de la problemática del diseño (en el sentido de la prefiguración y producción de objetos útiles-eficaces, satisfactores de necesidades masivas que requieren de un proceso serial industrial de producción racionalizado y normalizado y que, en el capitalismo se producen como mercancías, etc., y el conjunto de contradicciones que ésto acarrea al mantenerse como requerimientos de la clase dominante) la que nos torna imperativa la necesidad de historizar y sobre todo, de historizar nuestra contemporaneidad (es decir, la realidad contemporánea de nuestros países) para, entre otras cosas conocer el con junto de determinaciones que hicieron surgir precisamente, el diseño tal y como lo entendemos ahora. Así, "ir al origen" del problema, estudiar el proceso hasta la actualidad, para poder tender con eficacia líneas de acción, es la fórmula que debe guiar al investigador consecuente.
Naturalmente la historización unitaria y diferenciada de los diversos campos del diseño y su inclusión en la "historia global" de la sociedad nos obligan a no desconocer el proceso contemporáneo del conocimiento de la sociedad y de la historia y su lucha por constituirse en una verdadera ciencia, autonomizada del "naturalismo" (y en general del cientismo) positivista - y neo positivista - y naturalmente liberada de todo vestigio idealista, así como también del esquematismo dogmático (7). De esta manera nos vemos involucrados en la polémica con las grandes líneas del pensamiento sociológico burgués cuyas raíces siguen siendo las diversas reacciones contra el positivismo decimonónico: el experimentalismo durkheimiano, meramente clasificador de los hechos sociales, el historicismo pivoteado por Dilthey, Windel band y Rickert, psicologista-intuitivo y autonómico al grado de volver imposible el establecimiento de legalidades históricas (Rickert); la influyente "sociología comprensiva" weberiana, conductista y por lo tanto reductora de las relaciones sociales a simples mecanismos lineales (8).
Así mismo, nos vemos advertidos frente a las posiciones del estructuralismo formalista y que también, pese a los aportes del estructuralismo en general, no resuelve el problema de la continuidad social y la convierte en una ''diacronía" que por respetar las estructuras sincrónicas ha llegado en no pocas ocasiones a una concepción estática de la sociedad en la que no caben las transformaciones (ni mucho menos las transformaciones revolucionarias).
Evidentemente, el hacer de la historia una verdadera ciencia ha conducido, al tratar de explicar procesos parciales (como "lo económico'' o "lo demográfico", etc.) a una "superespecialización'' que frecuentemente se toma como interpretación global, como un "todo autosuficiente'' como es el caso, por citar un ejemplo relevante, de la New Economic History (9) que ha desarrollado una interpretación de la historia en base a un análisis económico que considera válido para todo tipo de sociedad, y cualquier época.
En la línea marxista son ahora ya bastante conocidas y criticadas las interpretaciones dogmáticas, como el economicismo, aún no desaparecido - sobre todo, en lo que a nosotros toca en el campo del urbanismo y la arquitectura y que se halla en boga en no pocos círculos especializados - y que como sabemos fue combatido en repetidas ocasiones por los propios fundadores del socialismo científico, así también, el sociologismo (10) (de raigambre plejanoviana), que somete todo hecho social a la determinación de las "condiciones dadas". Y obviamente, nos vemos obligados a mencionar aunque estemos ya aparentemente lejos de él, al esquematismo staliniano, que se traduce en una modelización de la sucesión lineal de los modos de producción (comunidad primitiva - esclavismo - feudalismo – capitalismo -socialismo) como un "superparadigma'' de la continuidad histórica.
Naturalmente no podemos dejar de mencionar a la aún influyente "regionalización" Althusseriana, que conduce a la escisión de la realidad social en ''instancias'' (la económica, la política, la ideológica) y que hace caer en la tentación de la super-valoración de alguna o de algunas de ellas, originando una visión deforme de la sociedad que nos acerca a la "factorización'' de la misma y porque no decirlo, expresa en rigor una visión dualista. En nuestro campo una de las tendencias más socorridas, incluso en el terreno de su "puesta en práctica'' sobre todo en el campo de la enseñanza y la investigación ha sido la de separar y por ende, tratar como si fuesen cosas distintas, la ideología (y la política) y "lo económico". Tal separación, en el nivel que se encuentra la difusión y la vulgarización del marxismo en nuestro medio, ha conducido a un economicismo que ha llegado hasta las desviaciones epistemológicas de deshabilitar conceptos como "arte" o "creación" por considerarlos per se, idealistas o "burgueses'' sin entender precisamente la necesidad de su manejo histórico para no caer en los booms productivistas o circulacionistas de un vanguardismo a ultranza que así, nace castrado pese a sus buenas intenciones.
Algo similar acontece con la descalificación de la semiótica (y no digamos de la estética) como disciplina con posibilidades y aportaciones, por considerarlas sin "salvación". (11)

Sin embargo, es conveniente aclarar que los procesos productivos en el diseño han sido bien poco tomados en cuenta en las "historias" de corte tradicional (que son la abrumadora mayoría) y que, indudablemente, todo intento de superación debe incluirlos. La clave reside en no verlos como simple operatividad, sino en una formación económica y social determinada y concreta y articulados siempre con la superestructura. Ahora bien, nos enfrentamos al problema no menos urgente de que las caracterizaciones del diseño como ideología, como hecho estético y político, en fin, como superestructura, ha sido hasta ahora, como lo hemos dicho, tratado en lo general con los más diversos enfoques idealistas, de manera que aún podríamos decir que "hace falta" la construcción de una teorización que integre la complejidad del proceso y lo presente, tal como se da en la realidad, como un proceso unitario lo que equivale a dar a las características formales, su lugar en los procesos productivos - tecnológicos, ya que "la forma" se da en términos de tales procesos: pero también tomar en cuenta el papel activo e histórico que el objeto como tal juega en la propia conformación de la cultura material. Y es por esto, como veremos mas adelante, que nos ha interesado en una primera instancia ese papel de los, objetos, y señalar los peligros que implica un reduccionismo económico.
Diseño y Totalidad Social concreta.
Concebir pues la historia del diseño como parte de la historia total de la sociedad en sin duda un principio sine qua ron, lo que significa en primer lugar el entender la historia como el, proceso de la totalidad social concreta, de los modos de producción, de las formaciones económicas y sociales.

Y precisamente, para comprender el diseño en una formación económica y social específica, es particularmente indispensable la consideración de la sociedad como totalidad concreta histórica ya que su aislamiento técnico, económico, o ideológico, a que hemos hecho referencia, se verá superado en la medida que reconocemos la concatenación, articulación y mutua penetración de los procesos, concretada así en aquella ''unidad de lo diverso" explicitada por Marx, por ejemplo, para el caso de los procesos de la ''producción, la distribución y el intercambio y el consumo" (2). Naturalmente tal totalidad no implica la eliminación de jerarquías y predominios, incluso parte de su reconocimiento para evitar precisamente la supra o infravaloración de alguno de ellos y así no caer en su categorización hegelíana o estructuralista como ha sido frecuente, lo que ha llevado a no pocos estudiosos equivocadamente, a adjetivarla per se como idealista, cancelando así sus fecundas posibilidades.
La clave, como se ha estipulado tantas veces, reside en partir de los hechos de la realidad concreta y volver a ella en el continuo proceso en espiral del conocimiento.
Para ello son especialmente lúcidos los desarrollos teóricos sobre la totalidad concreta (13) de K. Kósik y en este particular un pasaje sobre la naturaleza histórica de los fenómenos sociales en los que obviamente incluimos al diseño, a saber:
"Un fenómeno social es un hecho histórico en tanto y por cuanto se le examine como elemento de un determinado conjunto y cumple por tanto un doble cometido: de un lado definirse a sí mismo, y, de otro lado definir al conjunto; ser simultáneamente productor y producto; ser determinante y, a la vez determinado; ser revelador, y a un tiempo, descifrarse a si mismo; adquirir su propio y auténtico significado y conferir sentido a algo distinto". (14)

Más adelante recalca que los hechos aislados son abstracciones y que únicamente mediante su acoplamiento al conjunto correspondiente adquieren veracidad y concreación (18). Esto, que es obvio sin embargo sigue siendo poco aplicado en esta época de fragmentación del conocimiento y menos aún aquella dialéctica implicada en la primera cita, de la mutua transformación y caracterización que requiere la rigurosa interpretación de la totalidad. En nuestro caso plantearíamos la cuestión de la siguiente manera:
Las características históricas de una sociedad concreta, las formas de darse en ella el régimen de la producción material, el carácter de su organización social, su estructura e inteses de clase de los grupos sociales, el tipo y la naturaleza social específica del Estado en un determinado lapso histórico, la cultura y en fin, el complejo mundo ideológico y político, ¿de qué manera intervienen en el campo del diseño? ¿Como se articula el diseño - como parte del proceso de producción de los objetos - con la totalidad? Pero no sólo eso, sino que nos tendríamos que preguntar de manera imperativa de que manera el diseño, participa en la conformación o realización tipificada de la sociedad. Especificando en este aspecto: el determinar, cómo las características formales (que son siempre materiales) de los objetos diseñados, al constituir también la cultura material de la sociedad, crean, o producen, si se prefiere, a la sociedad misma, y en ese sentido hacen también la historia, aunque no aislados, sino en pleno funcionamiento social.
Si algún ejemplo paradigmático y cercano quisieramos poner -pues todo "caso" histórico, puede serlo- nos referiríamos a uno que en los años sesenta alcanzó un interés que casi puso término a su crítica, pero que aún hoy, y sobre todo entre nosotros, no ha sido lo suficientemente discutido, pese a la necesidad de hacerlo: el Bauhaus. Naturalmente aquí haremos practicamente sólo una mención, brevísima, para los efectos, que nos hemos planteado de momento, aunque tomando en cuenta la literatura fundamental que ha habido en torno a su "reinterpretación" (16). En toda ella aparece invariablemente el problema de la articulación de lo específico con el resto, para constituir la totalidad.
En efecto hoy ya no parece tan dudosa la implicación de las tipologías formales bauhasianas (en general - aunque con gamas y matices nada despreciables en un análisis puntual de su proceso - ''neutras'' funcionales que - responden - por-si mismas, etc., etc.,) no sólo con sus propios procesos productivos, ya que eso es casi natural, sino con su distribución consumo, lo que se complica en la medida que supone caracterizaciones de mercado y de decisiones políticas, incluidas en políticas más amplias con todo y sus "correspondientes" cargas ideológicas, lo que implica, cuando menos el conocimiento de las características generales del desarrollo del capitalismo en la República de Weimar, orientado hacia una economía de guerra y de proceso monopólico, de crisis y de paro forzozo masivo de cientos de miles de trabajadores; la función de Alemania en el emergente consumo del imperialismo y su situación como país derrotado en la primera guerra mundial. La función dentro de esto, que las autoridades de Weimar habían asignado a la nueva institución; su misión de punto importante para el retome del prestigio Weimariano de centro artístico fundamental de Europa, ahora en crisis por la guerra y el nuevo giro de las artes (la puesta en picota de las academias), lo que explica la presencia de un Gropius y una fusión de dos escuelas que poco tiempo antes hubiese sido considerada como sacrílega; la correlación, por así decirlo, de la "neutralidad" objetual con el reformalismo político y el irracionalismo filosófico (17).
Efectivamente, nos explicamos mejor la ideología bauhasiana y su mundo de contradicciones (en el que juegan un papel central el "caso Hannes Meyer" y la tensión diseño/artesanía /estética) si la ubicamos en el más amplio campo ideológico de una "sociedad derrotada" en la hecatombe de la guerra imperialista y cuya línea hegemónica terminó siendo alimentada (antes de la fascistización total, que cancelaría a la propia institución, tristemente aferrada a Berlín) por el revanchismo y el miedo al comunismo. Estos son hechos imprescindibles para ubicar el escapismo esteticizante, casi mesíanico, de un Gropius, y aunque parezca paradójico, pero guardando distancia, la tecnicidad hiperfisiológica de un H. Meyer.

Pero también -y moviéndonos siempre dentro del ejemplo- la consideración de la mundialidad de la producción y el mercado capitalista y los decisivos oleajes del vuelco de la cultura y el arte, la avant-garde europea y la inserción de la mayor parte de sus expresiones occidentales en la ideología de la logicidad tecnocrática nos aclaran la participación fundamental de la Bauhaus en ellos y su influencia y asimilación internacional, sobre todo por los grandes centros del diseño de los países capitalistas "desarrollados". Y es así como podemos encontrar elementos de identidad en sus objetos con un lenguaje que caracterizaría a una cultura visual-objetual contradictoria al representar una expresión de la contemporaneidad del mundo industrial, innovadora, antiacadémica y por lo tanto antiretórica, y al mismo tiempo connotadora del mercado capitalista de tendencia neutra y ''aideológica'' ...

Todo esto nos lleva por un lado a la convicción de que no sólo son los procesos productivos así como los de distribución y consumo, los que nos explican y hacen la problemática del diseño y por cierto, de las artes - sino que son el conjunto de las determinaciones sociales, las situaciones históricas concretas de la formación económica y social de que se trate, su estructura de clase y su "historia política" y cultural, pero, de manera especial los objetos mismos ya que sin su consideración, ''vaciamos'' la totalidad, la abstraemos y no podremos así ver la manera en que el mundo objetual, en la concreción formal al constituir la cultura material, la valoriza y especifica y también la define.

De eso nos seguiremos ocupando más adelante como dijimos. Lo que queríamos ejemplificar era, en este momento, como aquel ''acoplamiento al conjunto correspondiente" que señala Kosik, es el camino para ubicar históricamente nuestro problema.

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