Hacia una historia del diseño en mexico




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LA CUESTION DE LA IDEOLOGIA
Parece ser el momento de rozar el problema, también polémico, de la ideología, ya que sin hacerlo, no podríamos seguir sosteniendo ese carácter ideológico de los objetos y definir, en que sentido lo estamos considerando así. Y para empezar, creemos estar dejando implícito el que no participamos de la concepción de la ideología como "falsa conciencia", y, consecuentemente, como contrapuesta total mente a la ciencia. Estas son posiciones que han surgido, asimismo, de lecturas cerradas de los clásicos, sobre todo en este caso, de la Ideología Alemana, así como de la extensión - ya considerable - de los planteamientos althusseríanos. Creemos, junto con Adolfo Sánchez Vázquez que 'La concepción de ideología como necesariamente falsa... es una generalización ilegítima de una forma particular, concreta, de ideología". (33).
Se refiere aquí sin duda al pensamiento-necesariamente abstracto- que "deforma" los hechos reales y que no expresa, como es el papel por antonomasia de la ciencia la realidad y las legalidades de los procesos.
En este sentido, consideramos imprescindible transcribir el discurso de Gramsci, sobre el origen, de ese sentido peyorativo del término ideología:
"Un elemento de error en la consideración del valor de las ideologías, me parece, se debe al hecho (hecho que, por otra parte no es casual) de que se da el nombre de ideología tanto a la superestructura necesaria a determinada estructura, como a las lucubraciones arbitrarias de determinados individuos. El sentido peyorativo de la palabra se ha hecho extensivo y ello ha modificado y desnaturalizado el análisis teórico del concepto de ideología. El proceso de este error puede ser fácilmente reconstruido:
1) Se identifica a la ideología como distinta a la estructura y se afirma que no son las ideologías las que modifican la estructura sino viceversa.

2) Se afirma que cierta solución política es ''ideológica", esto es, insuficiente como para modificar la estructura, aún cuando cree poder hacerlo; se afirma que es inútil, estúpida, etc.
3) Se pasa a afirmar que toda ideología es "pura" apariencia, inútil, estúpida, etc."
"Es preciso, entonces, distinguir entre ideologías históricamente orgánicas, es decir, que son necesarias a determinada estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, "queridas". En cuanto históricamente necesarias, éstas tienen una validez que es validez "psicológica": organizan las masas humanas, forman el terreno en medio del cual se mueven los hombres, adquieren conciencia de su posición, luchan, etc., En cuanto, "arbitrarias" no crean más que movimientos individuales, polémicas, etc., (tampoco son completamente inútiles porque son como el error que se contrapone a la verdad y la afirman) " (34).
Nada más claro, la concepción de la ideología como necesariamente deformante, supone, como lo hace Althusser y lo señala Sánchez Vázquez que los hombres son únicamente "soportes" de las relaciones de producción (35) sin más papel, decimos nosotros, en el caso de los obreros, que el vender su fuerza de trabajo, y sin más posibilidades de lucha que la meramente económica - inmediata. Aquí no hay posibilidades de la generación de una ideología revolucionaria, que en lugar de reproducir las relaciones de producción del sistema, tienda a su transformación, y en general, cumpla el alto papel que le asigna Gramsci, de "organizar las masas humanas, formar el terreno en medio del cual se mueven los hombres", etc., y que es ni mas ni menos que el papel real, histórico, de la ideología de los dominados.
La ideología pues, es un sistema de ideas, valores y representaciones, que en general expresan una concepción del mundo y de la sociedad, y que si bien, como lo dice Fernando Tudela, su vehículo por antonomasia es la palabra (36), no se excluye el hecho de que tales ideas valores y representaciones, se expresen en diversidad de "lenguajes" y especificados - es decir, sin translación univoca - según el medio y la técnica expresiva o comunicacional que se utilice. Cabe así, hablar de ideologías pictóricas, arquitectónica, objetuales, etc., siempre y cuando - y el que no lo sean es una excepción - formen sistemas, estén sujetas a legalidades formales sintácticas, etc., y puedan ser identificadas como propias de clases, capas o grupos sociales.
Y si bien en general quienes han escrito acerca de la naturaleza de la ideología, y hoy diremos, de las ideologías, se han referido, por razones obvias, a las que se expresan por medio de la palabra, el caso es que, la concepción para nosotros válida acerca de ella, incluye el mundo objetual y valga la separación, no del todo correcta, artístico.
Y así, por ejemplo, como lo señala A. Cordoba: “la ideología es la forma típica de la conciencia social, el modo como los hombres, de acuerdo con sus condiciones determinan su actuación en dicho orden. (37) Tal definición comprende, a juicio nuestro, los tres aspectos que señala Sánchez Vazquez para el caso, a saber: el teórico gnoseológico, el genético o social y el funcional o practico. Recordemos la definición que hace Sanchez Vazquez: La ideología es:


  1. Un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que




  1. Responde a intereses, aspiraciones o ideales que una clase social que un contexto social dado y que:




  1. Guía y justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones o ideales (38)


Por su parte, A. Cordova nos sigue diciendo que independientemente de las formas que adquiera, de los valores que sustente, de su correspondencia o menos con determinados criterios de verdad y falsedad, es un dado inherente a la sociedad. “Es vida social… un modo de ser, entre otros, de la vida de los hombres en sociedad… constituye en suma, un tejido de relaciones sociales que es, a la vez, ideal y practico… (39)
Cuando Galvano Della Volpe nos hace ver que necesitamos hacer un "insólito esfuerzo" para hallar pensamiento en otros signos que no sean los verbales (40), nos convencemos de la dificultad para concebir al mundo objetual- implicado en las ideologías, pero al mismo tiempo nos refuerza la convicción que no es de otra manera y nos parece que el ejemplo esbozado de los objetos bauhasianos constata tal afirmación.
Asimismo, es evidente que en los objetos diseñados, se presentan determinaciones que son impuestas por la capa social en donde se ubica el centro de decisión de su producción, y el hecho de que lleguen a "cruzarse" otros sistemas de códigos, subraya su carácter ideológico. Pero también, y de esto nos ocuparemos en seguida, a través de los objetos -y no digamos ya de los artísticos- se incide en la transformación social, en el sentido que les marca su "origen" y en la medida de sus medios, cosa que está inserta en la problemática social de la tendencia a la imposición de la ideología dominante. Tal concepción de ideología y las consideraciones acerca del carácter ideológico del diseño, elimina, por absurda, la oposición entre ideología y ciencia. Ni la ideología supone el destierro de la verdad -sino sólo cierto tipo de ideología ni la ciencia implica necesariamente la eliminación de juicios de valor y de criterios ideológicos, y menos aún las ciencias sociales, y este es un hecho constatado por la propia historia de la ciencia. (41) Son pues, cosas distintas, pero no opuestas, contienen elementos comunes. Y si esto ha llevado a plantear que no existe la neutralidad ideológica de las ciencias sociales, en el caso nuestro, sí alguna convicción guía estas reflexiones, es la de que los objetos tampoco son en lo general, neutros. No lo podrían ser, al formar parte de, y al ser ellos mismos, relaciones sociales. Cabe entonces reiterar que ese papel múltiple de los objetos entendido como "unidad de contrarios'' o sea, su pertenencia a la "base económica" y a las "superestructuras" se da como fundamento mismo de su existencia.
Calza para nosotros ahora perfectamente la observación de Marx en el Capital acerca de la finalidad del trabajo humano. Ahí se pone en evidencia la presencia del pensamiento, que se objetiva en el producto:
"Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir un resultado que tenía una existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que el sabe que rige como una Ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente supeditar su voluntad" (42). 1
La "Ley que rige las modalidades" de la actuación del obrero es un proceso técnico y de prefiguración, (de proyectación) formal sin el cual el proyecto (el objeto) no se produciría, es decir forma parte del proceso de la producción material lo que equivale a decir que la producción material1contiene procesos "ideales", que llegan a ser sobre todo en el campo formal, y como decíamos, ideológicos. Insistiremos en que incluso el funcionalismo, en cuanto conjunto de formalidades es sin duda un presupuesto ideológico. Ya en otros trabajos hemos hechos el parangón de tal concepción formal con el irracionalismo de cuño husserliano que conceptúa un "hombre", al "hombre". "fiel a si mismo respondiendo a su propia esencia, como la postulación de Gropius sobre la formalidad de la Nueva Arquitectura (43). Por cierto Gramsci - el heroico, como le llamó Della Volpe - en sus breves líneas sobre la arquitectura contemporánea, en pleno auge vanguardista, con su agudo sentido histórico, dijo simple y llanamente, que después de todo, el funcionalismo era "otra manera" de concebir la belleza (44). La crisis actual de la arquitectura, y el desarrollo de las investigaciones sobre el movimiento moderno pese a ser aún insatisfactorio - está demostrando el carácter anticipador, veraz, de la aseveración gramsciana.
Así pues, "independencia relativa", mutua penetración, materialidad ideológicamente conformada y determinación en última instancia de la base económica sobre las superestructuras, parecen ser fundamentos teóricos generales de la producción de objetos. Naturalmente, la precisión del campo del diseño - es decir, su ubicación histórica –son necesidades que seguiremos abordando, así como algunas observaciones sobre la significación, sin dejar de lado la cuestión - ardua - de la artisticidad de los objetos, que naturalmente continuaremos sólo barruntando ya que su tratamiento requiere especiales y acuciosas ocupaciones en virtud de que nos remite a la apasionante y descomunal problemática de la construcción de una "estética marxista" que cuenta ya con importantes aportaciones cuyo examen y ubicación exigen un lugar aparte.
Lo que nos interesa ahora y de manera muy especial, ya que lo consideramos fundamental como base de la problemática objetual es el marcar algo que se deriva , y que va implícito en, las observaciones anteriores y que es frecuentemente olvidado o despreciado por economicistas y circulacionistas: el papel activo, transformador del objeto sobre el sujeto, cosa que significa el rechazo tajante de la neutralidad o indiferencia de los objetos y coloca a los objetos mismos como transformadores, al estar implicados en los procesos sociales, es decir, al formar parte de esos procesos.
Y es Marx, en los Grundrisse, quien nos habla de ello, en una pieza maestra del discurso dialéctico, en el apartado "Consumo y Producción" de la introducción, y en la que nos demuestra inicialmente la transformación mutua de la producción y el consumo:
"En consecuencia, la producción es inmediatamente consumo, el consumo es inmediatamente producción. Cada uno es inmediatamente su opuesto. Pero al mismo tiempo tiene lugar un movimiento mediador entre los dos. La producción es mediadora del consumo.... Pero el consumo es también mediador de la producción, en cuanto crea para los productos el sujeto para el cual ellos son productos. (45)
Esto sólo para comenzar: el "sujeto" es "creado" por el consumo. Nada más, nada menos. Y ahora aparece, el producto, el objeto producido:
"El producto alcanza su finish final sólo en el consumo. Una vía férrea no transitada, que no se usa y por lo tanto no se consume, es solamente una vía férrea potencialmente y no en la realidad. Sin producción no hay consumo pero sin consumo tampoco hay producción ya que en ese caso la producción no tendría objeto. El consumo produce la producción de dos maneras: 1) en cuanto el producto se hace realmente producto sólo en el consumo. Un vestido, Ejem: Se convierte realmente en vestido a través del acto de llevarlo puesto; una casa deshabitada no es en realidad una verdadera casa; a diferencia del simple objeto natural, el producto se afirma como producto, se convierte (bastardilla de Marx) en producto, solo en el consumo.... '' (46).
Tampoco pues el objeto es abstracto sino sólo se da como tal cuando se consume, cuando se realiza como valor de uso, y en esto su forma (su concreación material) es fundamental. Si su forma no es adecuada para cubrir la necesidad ("sea esta del estómago o de la fantasía", dicen los primeros párrafos de El Capital) no se usa, y al no consumirse no tiene objeto como objeto ni tampoco su producción pero continuamos con la cita:

"En cuanto el consumo crea la necesidad de una nueva producción, y por lo tanto el móvil ideal de la producción, su impulso interno, que es su supuesto El consumo crea el impulso de la producción y crea igualmente el objeto que actúa en la producción como determinante de la finalidad de ésta. Si resulta claro que la producción ofrece el objeto del consumo en su aspecto manifiesto, no es menos claro que el consumo pone idealmente (bastardilla de Marx) el objeto de la producción, como imagen interior, como necesidad, como impulso y como finalidad". (47)
El consumo genera" producción pero también genera la necesidad tanto a nivel de la materialidad como de la idealidad. Luego, tampoco la necesidad es abstracta, separada de las relaciones sociales, de los niveles de desarrollo de las fuerzas productivas. Es una necesidad producida y reproducida por el consumo. Dice en seguida:
"Ella crea (refiriéndose a la necesidad) los objetos de la producción bajo una forma que es todavía subjetiva. Sin necesidad no hay producción. Pero el consumo reproduce las necesidades". (48) (paréntesis y subrayados nuestros).
Esto permite hablar de "necesidades inducidas", promovidas por los agentes del consumismo, y por los objetos mismos.

Tal cosa la manejan, como tanto se ha dicho ya, los grandes centros de decisión de la producción y el consumo masivo capitalistas para extender su acción, aunque no por ello pensamos que toda "reproducción de necesidades" no sea capaz de jugar un papel histórico positivo. Precisamente, el arte, de contenido crítico, cuando es ''consumido'', produce y materialmente necesidades progresivas, pero en fin, sigamos con el texto:
"En suma, se dice más adelante, el objeto no es un objeto en general, sino un objeto determinado, que debe ser consumido de una manera determinada, que a su vez debe ser mediada por la producción misma. El hambre es hambre, pero el hombre que se satisface con carne guisada, comida con cuchillo y tenedor, es un hambre muy distinto del que devora carne cruda con ayuda de manos, uñas y dientes. No es únicamente el objeto de consumo, sino también el modo de consumo lo que la producción produce, no sólo objetiva sino también subjetivamente. (49).
El modo de consumo es histórico. Y la necesidad, así sea una necesidad primaria" como el hambre - o la necesidad de vivienda - toma formas históricas y siendo lo mismo, no lo es en otros estadios de desarrollo.
Y es aquí adonde queríamos llegar: el objeto, al consumirse, no sólo transforma sino "crea", al propio sujeto:
"La producción crea, pues, el consumidor, la producción no solamente provee un material a la necesidad sino también una necesidad al material. Cuando el consumo emerge de su primera inmediatez y de su tosquedad natural - y el hecho de retrasar se en esta fase sería el resultado de una producción que no ha superado la tosquedad natural - es mediado como impulso por el objeto. La necesidad de este último sentido por el consumo es creada por la percepción del objeto. El objeto de arte - de igual modo que cualquier otro producto - crea un público sensible al arte, capaz de goce estético.
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