Hacia una historia del diseño en mexico




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Algunas preguntas referentes a razones de la invasión de "nuestro campo por toda clase de gente"
Es una pagina (sin mención de autor) en la que se palpa la preocupación de arquitectos por la invasión mencionada.
Entre otras preguntas y afirmaciones cito las siguientes:
"¿Debemos evitar que sigan construyendo quienes no tienen ni preparación ni sentido común?."

"Busquemos al arma y dejémosla caer sobre los que están convirtiendo nuestras ciudades en las más horribles del mundo".
"Necesitamos recobrar lo que nos pertenece"

"Estudiar el motivo de esta invasión''
"Ineptitud nuestra''
¿Estamos fuera de la realidad?"
"¿De nuestra escuela no salimos preparados para la lucha de hoy?"

Y se concluye que, si es una razón económica la que nos arrebata el trabajo, es una fuerza económica la que "nos dará el triunfo".
La época era de construcción sin arquitectos, o con ingenieros. Pero ya había empezado el gran desarrollo de escuelas de arquitectura (UNAM, el POLITECNICO).
Las mismas dudas siguen de pié hoy, casi medio siglo después, sería recomendable buscar respuestas a las preguntas planteadas.

Escuelas en la crítica de arquitectura o las 24 nuevas escuelas, primarias del Distrito Federal.
Por el Arq. Juan Legarreta.

El artículo principia por los dos postulados siguientes:
“1º La arquitectura no debe considerarse como una de las Bellas Artes. y
2º La arquitectura es una disciplina científica".
En los comentarios de los dos postulados se dice:

“Cualquiera técnica" -y la "arquitectura se considera como una técnica-"cuando es perfecta se hace arte" y se considera la dialéctica y el proceso siguientes para demostrar la disciplina de la arquitectura:
“1º El conocimiento
2º la síntesis
3º la realización
4º la verificación''
El autor quiere dar un rigor absoluto a la crítica de arquitectura, considerándola como "una e invariable, es la suma algebraica''. Niega los "imponderables: del artista". Acepta "la tradición como record o experiencia secular", pero niega "la arquitectura intuitiva o artística" y afirma "al arquitecto científico y técnico".
El ejemplo que da de una de las escuelas construidas por el Depto. Central, es típico del funcionalismo a ultranza de aquel entonces. Esta postura se afirma aun en "inventario, verificación o crítica de las 24 escuelas, proyectadas por Juan O´Gorman" en los que se dan calificaciones (de 0 a 100) a los 14 factores elegidos entre los que se encuentran –en el mismo nivel- orientación, sistema constructivo, pisos, forma, etc.
El porcentaje de eficiencia obtenido de este modo carece de "rigor científico'', ya que los factores elegidos no son los únicos válidos, ni pueden evaluarse en el mismo plan, al suponer que este método matemático sea el conveniente para evaluar las obras arquitectónicas.
Funcionalismo

Por Russel Hitchcock Jr. y Philip Johnson, sacado de "International Style: Architecture since 1922''.
Es ya una crítica del "dogma" funcionalista. Leemos por ejemplo:
"El nuevo concepto de que la construcción es-una ciencia y no un arte, se desarrolló como una exageración de la idea de funcionalismo''.
Pero la expresión de la arquitectura tanto griega como la gótica "se basa en la estructura y en la función. Por lo tanto el resurgimiento clásico y el resurgimiento medieval del siglo XIX fueron defendidos por medio de argumentos funcionalistas (el llamado ''racionalismo'' de Schinke1 y de Labrouste ''era un tipo de funcionalismo'', así como la crítica arqueológica" de Viollet-Le Duc y la "crítica ética de Pugin y de Ruskin. Esta especie de teoría funcionalista la trajeron hasta nuestros días Morris y sus discípulos").

En cuanto a los funcionalistas contemporáneos, su antiestetismo tiene una "base más bien económica, que ética o arqueológica". Giedieon reconoce a la estética un lugar secundario en la crítica arquitectónica y Hannes-Meyer ve aun en "el interés en la proporción o en problemas de composición ... un desafortunado resto de la ideología del siglo XIX". Luego siegue el anuncio del tan conocido "automatismo" del funcionalismo (si la solución funcional es buena, el edificio es bueno, sea cual fuere su apariencia, etc.) Pero buscando la sencillez por razones económicas es cuando aparece una de las contradicciones del funcionalismo: al simplificar el arquitecto selecciona (consciente o inconscientemente) y es cuando la estética vuelve a jugar su papel.
Los autores del artículo consideran, sin embargo, que para los Estados Unidos el movimiento funcionalista habrá sido beneficioso, "aún desde el punto de vista estético" ya que "los ingenieros americanos siempre han obtenido mayor éxito con su técnica que los arquitectos americanos con su estética".
Se hace una distinción entre los funcionalistas europeos y los americanos: Los primeros se consideran ante todo como constructores y de ellos nace el "estilo internacional"; los segundos se dicen también constructores, pero "siempre están prontos para recubrir sus edificios con un mal diseño arquitectónico, si el cliente así lo desea". (Excepto en edificios de tipo comercial o industrial en los que no se dispone del dinero para los "asuntos de composición").
Pero el funcionalismo no pudo imponerse en su integralidad y el artículo lo concluye:
“….Mientras la generación más antigua ha continuado con su fe en el individualismo, una serie de principios estéticos generales ha entrado en uso; y en tanto que los funcionalistas continúan negando que el elemento estético en arquitectura sea de importancia, cada vez se construyen más y más edificios en los que se siguen los principios antedichos de una manera sagaz y efectiva, sin sacrificar las cualidades funcionales''.
"La casa moderna. El cuarto de baño".
Por el Arq. Carlos Tarditi
Es un artículo hasta cierto punto significativo, ya que muestra el descubrimiento, por parte de los arquitectos, de la posibilidad de hacer arquitectura con cualquier elemento, cuarto de baño por ejemplo.
Se analiza por un lado el carácter funcional de este "servicio" de la casa, pero no se elimina el aspecto estético, aunque con caracteres de tipo clínico o laboratorio, Se trata de evitar el ambiente de "boudoir" ya que -como dice el autor dentro de las "limitaciones racionales hay un campo muy vasto para lograr una composición atractiva, "aun tomando en cuenta que los muebles de baño se fabrican en forma standarizada."
Otro artículo, sin título y no firmado, denota una franca tendencia hacia una arquitectura "la más moderna, seria y avanza da que podemos hacer, valiéndonos de los materiales de hoy y de los elementos constructivos que el progreso ha puesto en nuestras manos. Haciendo nuestras plantas con criterio nuevo.
En cuanto a la "arquitectura tradicional" se recomienda hacer más bien el papel de restauradores armonizando la nueva arquitectura con la antigua si es necesario, pero "seguir falsificando el colonial es criminal".
La postura no podría ser más clara.
"El edificio de "La Nacional"
Por Manuel Ortiz Monasterio, Bernardo Calderón y Luis Avila, Arqs.
Dos artículos analizan tanto el criterio que usaron los arquitectos para la concepción de este precursor de nuevos edificios de oficinas en la Ciudad de México, como el resultado obtenido.
1. El primer artículo, firmado por los tres arquitectos, título: ¡ADELANTE!

Se trata de concebir un "edificio moderno según la concepción actual y con todos los adelantos de la época" y "digno de nuestra ciudad".
Los postulados han sido:

Primero: "romper con la tradición", tendiendo hacia una solución vertical;

Segundo: Aunar "en el estilo moderno, que contiene proporción elevada de universal o internacionalismo, ciertos toque regionales, funciones necesarias de la raza, del medio y de las costumbres de sus habitantes". Tercero: "Implantar por primera vez en México los adelantos modernos como función de la arquitectura moderna'' en otros términos introducir una "arquitectura funcional", pero en la que no se prescinde del carácter, como factor indispensable.

Cuarto: Someter el edificio a las "ineludibles leyes económicas", buscando sobretodo que "el rendimiento sea proporcional a la inversión", sin olvidar la evolución futura.
También afirman que hay que "desechar por inválido al prejuicio común y corriente de que en nuestra capital no se pueden construir edificios altos".
2. En cuanto al artículo que analiza e ilustra el edificio ya realizado, su autor el Arq. Luis Prieto y Souza empieza por decir que: "el edificio de "La Nacional" es un ser vivo, organizado y consciente, con el privilegio de haber provocado hasta indignación",
Luego hace notar que no pretende ser ''un rascacielos'' sino que su altura fue resultante de factores urbanos y económicos. En ello responde a un imperativo de carácter universal y, si el edificio tiene semejanzas con los de otros países, es porque hoy en muchos aspectos existen más identificación que distinción.

Sin embargo afirma que "no evoca ninguno de los rascacielos conocidos. "Tiene una fisonomía propia'', ya que "la verdadera arquitectura, la trascendente, la humana, es aquella que emblemáticamente va más allá de la función, en un anhelo ascendente de superación ideal". Además proclama:

"Pasará pronto esta apoteosis maquinista que no es más que un histerismo universal... y el pensamiento y la inteligencia podrán recuperar su hegemonía..."
Y plantea el problema que sigue de actualidad:

"El arquitecto, dentro de su función intelectiva ¿cumple en el sentido trascendental, desempeñando un papel de lacayo al servicio de un dictador, o debe manifestar su ideal, por encima de la sordidez ambiente, con arrestos intrépidos de un arte superior, de artista y no de artesano? -Los arquitectos del edificio "La Nacional" han dado una respuesta categórica y monumental: se pueden conciliar con inteligencia todos los imperativos... ''
"Economía de la construcción"

Por el Arq. Juan Galindo.
Se denuncian -a raíz de la depresión y de la "febrilidad peculiar de estos tiempos para hacer dinero"- Las "edificaciones que son ya una vergüenza para nuestras ciudades" Se habla de falta de escrúpulos de algunos contratistas, del caos en el mercado de la construcción y se hace un llamado para que técnicos competentes preparen especificaciones como base y garantía de un control, labor ya emprendida por la Sociedad de Arquitectos Mexicanos por medio de su Comisión de Especificaciones y el Muestrario de la Construcción, S. A.
Se demuestra además que es erróneo considerar que "cuesta más barato construir con un contratista o con un maestro de obras sin pensar que el precio de los honorarios del técnico o las utilidades de una firma responsable, son la clave de los verdaderos ahorros ... ''
El Nuevo Mercado "Melchor Ocampo"

Ensayo de mercado abierto. Obra del Arq. Antonio Muñoz G.
El artículo empieza con una visión optimista de la renovación de la Ciudad de México, en la que están desapareciendo muchas construcciones "lastre de los años" y en lugar de las cuales se levantan "casas nuevas", blancas y luminosas, llenas de confort y de animación, antítesis de las construcciones de ayer,.."
Es así como en sustitución de los antiguos tianguis el Departamento Central levanta grandes mercados, entre otros el de "Melchor Ocampo" en la Colonia Roma Sur (entre las calles de Monterrey, Campeche, Medellín y Coahuila). Es un ensayo de un mercado abierto con cercanía de los puestos a las calles circundantes y en conformidad con el clima. Está provisto de lavaderos para verdura, de un basurero con transporte mecánico a los camiones, de un departamento de inspección de carnes y pescados y de otras mejoras de tipo sanitario.
Del punto de vista espacial se ha buscado la máxima amplitud para las circulaciones. Para hacer atractivo al mercado se ha llamado a pintores como Juan O´Gorman y escultores Eric Mose y Centurion para crear una serie de paneles en los que es patente el estilo "Arts-Deco" que aún imperaba en los años treinta.

LA ARQUITECTURA MEXICANA EN LOS CUARENTAS

CARACTERIZACION FORMAL Arq. José Luis Benlliure.

P R 0 P 0 S I T 0
Se intentará un primer esbozo de caracterización formal de la arquitectura que se concebía en la Ciudad de México durante los últimos años del período a estudiar y durante los primeros de la década siguiente. Se corre el límite a efecto de abarcar una época en la que el hacer arquitectónico ha de seguir respondiendo a condicionantes semejantes, ocasionadas por el aislamiento habido a causa de la Segunda Guerra Mundial misma época en la que se produjo cierta obra que puede ser ejemplo para el presente.
F U E N T E S
Para este intento se recurre tanto a publicaciones, principalmente revistas de arquitectura de aquel momento como a la visión directa de los objetos. Por otra parte, he de valerme del recurso de vivencias ocurridas en tiempo mucho más próximo al del momento en cuestión: una en talleres-profesionales, donde me inicié como aprendiz, y otras en los talleres de la Escuela Nacional de Arquitectura, cuando todavía impartían ahí su cátedra algunos de los arquitectos que concibieron la obra a estudiar..
Valga, pues, empezar por lo que pasaba en la Escuela.
SOBRE LA E.N.A.

La teorización y la práctica dentro de la enseñanza de la arquitectura empezaron a actualizarse y a procurar respuestas más congruentes con la realidad externa, principalmente cuando el arquitecto José Villagrán, a solicitud de un grupo de estudiantes poco más jóvenes que él, entró al cuerpo docente. Más adelante algunos de aquellos llegaron también a la docencia, y tanto el mismo Villagrán como Campos y del Moral, integrantes de aquel grupo, se ocuparían, en el mismo orden apuntado, de la Dirección de la Escuela. Sin embargo, todavía en 1944, año de ingreso de mi promoción, los planteamientos eran ambiguos: el tradicional modelo de las escuelas de bellas artes, en lo esencial, conserva su estructura. Pero en ciertos cursos se le daban nuevas interpretaciones a ese modelo y a la vez se iban incrustando programas inspirados por otro tipo de escuelas. Quizá la que más influencia tuvo fue la ya para entonces desaparecida Bauhaus, en particular en lo que concierne al pensamiento de Gropius. Esto, en contraste con lo que contemporáneamente acontecía en la carrera de Ingeniero-arquitecto del Instituto Politécnico Nacional -único- otro lugar con carrera equivalente en aquel momento- donde la influencia venía de la Bauhaus de Hannes Meyer, entonces radicado en México y en contacto con arquitectos ideológicamente- afines a él, entre otros, Enrique Yáñez. Pero en la que había sido Academia de San Carlos preocupaba formar otra clase de profesionales. Por un lado, el hacer del arquitecto solía entenderse ahí en modo más elitista; por otro, aun bajo la influencia de escuelas más técnicas, siempre interesó una formación de carácter humanista y una preparación a partir del conocimiento de la historia de la arquitectura. Ahora bien, ese conocimiento, ya avanzados los cuarentas, seguía adquiriéndose según los más tradicionales procedimientos. No sólo se medían y dibujaban los edificios del pasado, -en mi opinión cosa muy útil si se sabe para qué se hace-, sino que después, durante todo el segundo año de taller había que proyectar siguiendo formas y normas de estilos históricos: antigüedad clásica, renacimiento, neoclasicismo..., es decir, formas y normas las más afines a los gustos y principios de la Académica, aunque también el barroco fuese admitido en vista a su arraigo local y a la brillantez que alcanzase en estas tierras. Y los temas eran tales como, por ejemplo, la portada de un edificio público, el patio de un palacio, un templete en un parque..., en fin, fragmentos o totalidades pero sin uso definido. Se valoraba la forma por sí misma y, dado el caso, su contenido simbólico. Pero dentro de la mencionada ambigüedad lo curioso era que a partir del tercer curso, sin mediar transición alguna; ya no se volverían a trabajar esas formas, por el contrario, había que concebir en acuerdo a expresiones contemporáneas, en respuesta a problemas si no reales al menos inspirados por la realidad, y en consideración a aspectos que anteriormente no contasen: funcionamiento, economía, etc. aunque la última no siempre tan preocupante.
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