Decisiones un libro para «darse cuenta»




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estereotipo preconcebido, de un mandato. Por eso es que se respeta, salvo en honrosas excepciones de quienes han comprendido- lo contrario, esa cuestión del mandato bíblico, y entonces todo tiene que ser con sudor, porque sino, no vale,

no es bueno, no es lógico.

Es esta cultura judeo-cristiana -sufrida, padecida- en la que los unos eran perseguidos por todos lados y hasta cruzando desiertos a través de las aguas, y los otros igualmente perseguidos desde Nerón en


adelante y utilizados como alimento de los leones durante mucho tiempo. Así se marcó el origen de la cultura de vida en esta era. Hace más de dos mil años ya que la humanidad vive sobre la base de esos

orígenes, y no se puede despegar. Todo es a puro sufrimiento, a puro padecimiento, a puro sacrificio.

No, por favor, no. ¡Basta ya de eso!, ibasta de esas costumbres condicionantes sin sentido! La vida es para disfrutarla, no para padecer; y las cosas que la vida contiene: el amor, las relaciones, el trabajo, los días, las noches, las tormentas y las nubes, también.

«Ganarás el pan con el sudor de tu frente». Así dice el mandato bíblico, y dale nomás con los mandatos. Uno más, ¿y van?

Yo me pregunto y te pregunto por qué debemos ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Creo en Dios, en un dios creador, omnipresente, infinitamente bueno. Pero cuidado, que eso no significa que tenga que recibir todo del maná del cielo. A lo que me refiero en cuanto a la bondad de Él, es a la bondad divina.

Y Dios creó al hombre, pero se acepta o no que se es obra de un gran creador, Dios, Vida, o como


quieras llamarlo. Lo que sí hay que aceptar, es que el ser humano es el único animal con libre albedrío. Puede decidir entre una cosa y la otra. Entonces, es

lógico que se destierre de la mente la idea que Dios decide o manda tal cosa o tal otra, o que se tiene una cruz en la vida o mala suerte. Y que, además, la vida es un constante sacrificio.


VASOS VACíOS

«A veces el mejor sonido proviene de escucharse».

Muchas veces, entendemos lo que se nos dice, pero, a pesar de ello, no podemos ponernos en marcha para lograr nuestro objetivo. En verdad, una

cosa es desear algo y otra muy diferente es decidir hacerlo.

Hay quienes confunden todo el tiempo la difperencia entre deseo y decisión. Si me remito al primero, está constituido por las ganas, la fantasía de verse

obteniendo lo que uno quiere, lo que ansía, lo que siempre esperó obtener, pero con esto no alcanza. Porque cuando nos quedamos con el deseo y no

emprendemos las acciones necesarias para hacerlo


realidad, entonces estamos obrando en contra de lo que decimos que queremos.

A ver si me explico mejor... Suelo repetir, muchísimas veces, una frase que acuñé en una charla radial, una noche en la que con

una oyente discutíamos sobre este tema. Ella me decía-, «Daniel, te juro que yo deseo separarme, no es

que no quiero, pero me parece que vos no me entendés». A lo que yo le respondí: «Yo sí te entiendo, sos vos la que no podés entenderte a vos misma». Y ahí fue que se me ocurrió decirle: «Cuando alguien dice lo que quiere, pero hace lo contrario, lo que quiere realmente es lo que hace, y no lo que dice». Y es así...

Alguien puede asegurarle a un juez que no quiso matar, pero si le pegó dos tiros a alguna persona, el juez lo condenará sí o sí porque los hechos lo castigan, porque la realidad supera a los dichos, porque a las palabras se las lleva el viento», porque «obras son amores», porque «la única verdad es la realidad».

Entonces, cuando hablamos, y solamente hablamos sobre algo, estamos verbalizando una expresión de deseo y nada más. Pero, en cambio, al obrar,


al emprender las acciones necesarias para llevar a

cabo lo dicho, para mostrar con hechos lo expresado, entonces sí hemos decidido. Entonces sí podemos llamara esto una decisión, porque las decisiones empiezan donde terminan las palabras. Porque el que dice todo el tiempo: «Me quiero separar de mi marido, o de mi esposa» y se queda, y se queda, y sigue estando, en verdad no se quiere separar.

Es por eso que se siente infeliz, y además, encima, llena de pretextos sus actitudes de inmovilidad: «Lo hago por los chicos», «No sé dónde ir, «Yo nunca trabajé y ahora estoy grande para empezar», etc. Y desde ya, lo mismo ocurre con aquel que dice tener vocación de psicólogo y estudia ingeniería, o

el que dice amar el baile y cursa computación.

Sin ir más lejos, pensá en alguna de las tontas contradicciones que pueblan tu existir, detenete unos

segundos, cerrá los ojos e Imaginate cuántas cosas has querido hacer y cómo fuiste separándote de ellas por una cosa o por la otra, con un justificativo o con

el otro.

Pretextos, solo pretextos. ¿Qué está primero? ¿El huevo o la gallina? «La necesidad tiene cara de hereje», dice el refrán. Con la


cama caliente y la supuesta comodidad, las personas se quedan en la eterna protesta y la constante inacción. Viven criticando al otro (maridos, padres, etc.), pero nunca hacen. Todo es crítica. No se animan nunca a dar el paso, necesitan salir de algo teniendo del otro lado otra cosa mejor con las mismas comodidades, con igual seguridad. Y, por supuesto, que eso no

pasa. Además, si sucediera --cosa extraña-, resultaría ser lo peor, porque un clavo no saca otro clavo, y si así lo hiciese, igualmente seguiríamos teniendo un clavo: nuevo, pero clavo al fin.

Uno no se puede subir a un colectivo sin bajarse del otro. Se debe descender, cruzar la calle, caminar hasta la nueva parada. Es decir, correr riesgos, salir de la cuna. En definitiva, hay que decidir. Y para ello es imposible no pasar por esa sensación extraña, movilizante y hasta angustiante que suelen producir los cambios. Resulta dificilísimo crecer sin dolor.

Los bebés «cortan» los dientecitos con dolor, y los niños pierden los suyos de la misma forma. En definitiva, lo que quiero expresarte es que uno debe desprenderse de algo para que algo llegue, hay que vaciarse. Muchas veces, ante imposibilidad de mover una caja o un baúl, debemos vaciarlo de


contenido para poder trasladarlo de un lado al otro, y luego recién volverlo a cargar. Entonces, si tu vida está colmada de cosas, de personas, de situaciones que ya no dejan espacio para nada, y sin embargo aún existe insatisfacción, falta de plenitud o sensación de frustración, es porque has llenado tu interior sólo de cosas que no forman parte de tus verdades, de tus verdaderos anhelos.

Deberás vaciar tu vida, tu mente y tu ser de historias, hechos y compañías que se meten todo el tiempo en el espacio de tus verdaderos deseos para poder decidir llevarlos a la realidad de una

vez.

Compartamos otra historia:

Cierta vez, en un antiguo monasterio de Oriente, un

ascendido maestro se paseaba por las tardes dando charlas a sus discípulos sobre la vida, las metas, los objetivos, las ilusiones, los deseos. Le preguntaban y él respondía, y luego el sabio guía meditaba sobre las respuestas que le daban. Pero aquel maestro sentía que sus discípulos siempre se quedaban en sus deseos, que pretendían la solución de boca de otros.


Cuando las preguntas eran reiterativas, el maestro solía responderles: «Deben vaciarse», y se retiraba apenas dicho esto sin dar explicación alguna al respecto. Así, las charlas se continuaban cada tanto y siempre sucedía lo mismo. Aquellos discípulos continuaban esbozando deseos de todo tipo, escribiendo que por esto o por aquello no podían concretarlos. «Deben vaciarse», reiteraba el maestro para toda respuesta. Pero el resto no entendía el mensaje, callaban por temor a quedar en ridículo si expresaban su incomprensión. Uno de ellos, tomó la iniciativa en una oportunidad y le dijo: -Siempre reiteras la misma frase. Cuando llegamos

a un callejón sin salida exponiendo nuestra imposibilidad de seguir adelante, tú contestas, «Deben vaciarse». ¿Cuál es el significado de esa frase?

-Ahora no puedo darles la respuesta, pero mañana los espero aquí mismo. Cada uno deberá traer un

vaso lleno con agua. Al otro día, sin entender el porqué de la indicación, todos acudieron a la cita de la forma indicada. -Tomen la llave de su cuarto y golpeen el vaso -ordenó el maestro- ¿Oyen cómo suena?


«Sórdido», «apagado», «sin brillo», «sin trascendencia» fueron las respuestas que se suscitaron, cada uno a su tiempo. -Bien, ahora vacíen los vasos y háganlos sonar nuevamente -hizo una pausa-. ¿Cambió algo? -Sí -respondieron-, el sonido es más vivo, más intenso, más limpio, más musical. A pesar de describir lo sucedido, seguían sin entender el mensaje. Se miraban entre sí como extrañados.

Al notar esto, el sabio sonrió dulcemente y les dijo: -El vaso lleno no expresa la verdadera magnitud de su sonido, la mente saturada, tampoco puede definirse con claridad.

Y dicho esto, se retiró, deseándoles buenos sueños.

Así, de esa forma, se puede sentir de verdad la propia resonancia interior. Sólo vaciándote podrás despojarte de esos condicionamientos que te impiden desde siempre ser quien querés ser.

Dejá eso que es «seguro», pero que en verdad no te sostiene. Dejá de mentirte de una vez poniendo excusas para no soltar aquello que creés que sirve de mucho y en verdad sólo es útil para atarte, para limitarte.


Algún día te darás cuenta de que creíste estar a

salvo de muchas cosas, renunciando a tantas otras. Espero que cuando esto suceda no sea tarde, porque en verdad únicamente te arrepentirás de lo no

hecho, jamás de lo que hayas decidido hacer.

No te salves, no te preserves porque los años arrugan la piel, pero renunciar a un ideal, arruga el alma.


«Los SUEÑOS, SUEÑOS SON»

«La felicidad no es un deseo, es una búsqueda»

Así decía Calderón de la Barca en su poema La vida es sueño. Hay personas que viven la mayoría del tiempo creando sueños. En realidad, se trata del primer motor que impulsa una idea, pero como todos los extremos son malos, vivir sobre la base de ilusiones es como tener un coche en marcha sin moverlo nunca.

El sueño es la base de una idea, la capacidad de la mente de fantasear y crear imágenes que le ponen personas, colores, objetos, lugares, a los deseos. También es la base de un deseo, el primer paso. Es decir, el conjunto de fantasías que, sumadas,


pulidas, vueltas a sumar, empiezan a esbozar y dar forma al deseo.

De ahí en adelante, se debería empezar a dar caracterización a una idea, y la idea ya es el tercer paso de esta cuestión, la búsqueda más concreta en

la mente, de la formalización de aquel deseo basado en el sueño. Y este exactamente es el punto crítico donde empiezan los cuestionamientos.

Que si me conviene, que si me gusta tanto, que cuáles son los riesgos, qué pierdo y qué gano, qué dejo y qué adquiero. Y aquí es cuando entra uno de los peores enemigos: el miedo a qué dirán, a

que si los demás estarán de acuerdo, a no poder lograrlo, al fracaso, al éxito. Así es, aunque te parezca mentira, no solo existen los que temen al fracaso, sino también aquellos a los que les da miedo el éxito.

Siempre he considerado que no existe peor tarea que la que no se hace, y también que el verdadero fracaso consiste en no intentar concretar un deseo, porque cuando algo sale mal, eso no es un fracaso,

sino un simple resultado. Porque cuando algo no se

pone en marcha, al abortar un deseo, no se hace más que acumular una frustración.


Hay personas que viven solo en sus sueños, muchas otras que logran pasar de los sueños a las ideas. Pero lo que debería venir luego es la acción, la puesta en marcha, un conjunto de pasos que se deben dar para la concreción de aquella idea y la materialización de ese sueño. Vivir sólo una vida de ensoñación, es vivir una vida infantil, adolescente; resulta, en definitiva, no crecer.

Existen dos clases de personas:

- las que pasan la vida soñando y su vida son los sueños; o las que sueñan con logros obtienen dichos logros;

- los que siguen las huellas o las que las dejaron; las que ven para poder creer o creen antes de ver.

Cuando nos animamos a salir de la fantasía para formar una idea y poner en marcha la acción, es

importante -y más que importante, trascendente que sepamos elegir. Y cuando digo elegir, me refiero a optar con quién unirnos, con quién acompañarnos, a quién pedirle una opinión, un consejo y entender que muchas veces elegimos a la persona necesaria para no concretar; al pesimista, al derrotista, al histérico, al abúlico, al inseguro, es decir, que

aunque nos quejemos por la elección, estamos seleccionando cuidadosamente, desde nuestro inconsciente, a alguien que nos acompañe a cumplir de forma prolija con aquel objetivo de fracaso que por una u otra cosa nos hemos impuesto.

Porque desde chico nos dijeron: «No servís para nada, "Vos no vas a poder", " Naciste de casualidad" o " Siempre quisimos un varón", y resulta que vos sos nena, o víceversa. Podría citar muchas frases más, pero en definitiva, lo que quiero aclarar es que cuando, de una u otra manera, nos marcó la subestimación o el desprecio, al llegar a la edad de las concreciones solemos buscar todas las formas de fracasar o de no intentarlo para poder cumplir con

aquellos mandatos, y entonces es por eso que hacemos malas elecciones.

Debemos reparar no tanto en quiénes somos (porque, en verdad, todos tienen capacidad de concretar sus sueños), sino más bien determinar de dónde venimos y cómo fuimos inspirados y motivados para crecer; ya que padres derrotistas suelen dar hijos derrotados.

Nuestro trabajo, nuestra tarea, es darnos cuenta fundamentalmente de esto, para poder cambiar la

forma de elegir, y con quién acompañarnos en el logro de nuestros deseos, ya que también existen para esto dos clases de personas:

- las que te dan confianza y las que te la quitan;

- O las que dan sin pedir a cambio y las que te piden el cambio.

Es horrible mirar la vida desde una ventana, no

participar de ella, no transitarla, no animarse, no darse permiso, no creer en uno, no creerse capaz. Por eso el título de este apartado, pues debemos entender que «Los sueños, sueños son» y que vivir solamente soñando, resulta vivir una vida que no

existe, porque la vida está hecha de realidades, de concreciones, de logros, y los errores y los malos resultados son, en verdad, aprendizajes y tramos del camino hasta la muerte.

Los supuestos éxito y fracaso son solo resultados, el verdadero éxito es intentarlo, y el verdadero fracaso, quedarse sólo en el sueño. Porque, en definitiva, de lo único que vamos a arrepentirnos en nuestra vida es de lo que no hayamos hecho, o lo que es
peor aún, ni siquiera hayamos intentado.

LO QUE PARECE

Y LO QUE ES IMPORTANTE

Hay veces en las que vamos por la vida tomando una cosa o la otra, y creyendo que lo que tomamos es lo importante, lo que tiene verdadera significación.

Creemos que todo pasa por el «tener» mucho más que por el «ser». Pensamos que elegir con los ojos es

lo que importa y nos olvidamos del resto, de lo que trasciende.

¿No te ha pasado de enamorarte de alguien que condice con tus gustos, pero no con tus deseos?

Elegimos por lo que vemos, y luego queremos que el otro sea como deseamos. Escogemos lo aparente y dejamos lo importante. Pero luego queremos que el otro lo incorpore.
Y así hay personas que se quedan encerradas en

ese tipo de relaciones, esperando años y años que el otro sea como ellos quieren que sea. Pasan sus vidas esperando y dejan a un lado su tiempo, sus concreciones, sus merecimientos. Es decir, toman lo que creen que quieren, olvidándose de lo que alguna vez desearon tener verdadera mente. Se ciegan, rompen los modelos que habían establecido sobre «la persona ideal» y se encierran para siempre en situaciones sin salida, sin cambio.
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